La diferencia intergeneracional

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La diferencia intergeneracional. (La antorcha cuando cambia de mano).

Una vez escribí sobre este tema desde la posición de la generación incomprendida por su generación precedente y por el conjunto de la sociedad. Las oriflamas de la rebeldía de 1968 ondeaban en el ambiente. Desde entonces lo habré referido de pasada en suficientes ocasiones como para concienciar el fenómeno de la diferenciación de ideas y de actitudes según las edades. Es un tópico decir que la gente mayor es mas acomodaticia buscando el sosiego y la gente joven es más inquieta buscando el cambio. Cada época hace coexistir distintas miradas generacionales sobre sí misma y en la gramática cotidiana la ubicación de los protagonistas de los contextos según sus edades es una constante. El sujeto lingüístico no se ha librado de estar haciendo comparaciones permanentes por lo que hace a la temporalización biográfica con una serie de duetos vocabularios que son presentados como contraposiciones: viejo-joven, antes-ahora, caduco-nuevo,..Ese reduccionismo performántico a quien antes sabotea es a la entendibilidad de quien lo emplea (por lo común todo el mundo) ya que toma los atributos en relación a la temporalidad como si de una bipolaridad positivo-negativa se tratara.

Por lo general, la biografía de cada cual aspira a ser lo suficientemente larga como para vivir todos los tiempos, vivir distintas épocas, tratar con el mundo y con el propio cuerpo desde distintos posicionamientos. Vivir es experimentar con la vida. Si por razones de edad se temen o eluden cierto tipo de contactos con individuos de otras edades lo que tal elusión indica es un temor a la amplitud de la experiencia. Hay factores ambientales y fisiológicas que la explican. Lo semejante tiende a buscar lo semejante. A un bebé tan pronto deja de serlo sosteniéndose sobre sus pies tiende a explorar a otros niños o figuras humanas de su tamaño. A los ancianos se les ve en grupos gregarios tomando el sol o mentidos en sus conversaciones en ratos de ocio. En el sociograma de un individuo durante etapas de su vida con quienes mas se relaciona es con individuos de su umbral de edad. La escolarización y el servicio militar obligatorio ahí donde todavía lo es, junta grupos con edades semejantes. La universidad y las discotecas tambien juntan edades muy próximas. Alguien que se matricula en la universidad tan solo 10 años después de la mayoría de sus compañeros de aula ya destaca por esa singularidad.

La vida social funciona en círculos que adoptan relaciones entre ellos mismos de interseccionalidad o en posiciones concéntricas. Todo el mundo pertenece a más de un círculo pero nadie pertenece ni puede pertenecer a todos. Se debería ir a localidades numéricamente muy pequeñas y con pocas actividades para que tal acceso a la totalidad pudiera ser posible. La naturaleza está detrás de esa tendencia a la alianza de similitudes, es algo prehumano. Los humanos no haríamos otra cosa que seguir pautas naturales. Sin embargo el hecho de propender a que uno busque sus iguales, a que se entienda con los hablantes de su idioma, a que le complazca estar con los de su clase, a que hable con los que están a su altura, a que se vea con quienes tienen gustos parecidos y así sucesivamente va en contra del hecho mismo de la cultura pluriformal y de una visión tolerante a favor de la reconciliación de las civilizaciones. La cuestión es que la visión progresista de un mundo heterogéneo, plural, intracomplementario e internamente reconciliado choca con la tendencia al elitismo, a la selección, a la separación y, en definitiva, a la discriminación. Ideológicamente nos autodefinimos como no discriminativos, en la práctica vivencial la misma condición de ser vivo significa seguir criterios de discriminación. No hay sujeto totalizador que lo pueda admitir y abarcar todo, tampoco ningún individuo de ninguna especie del reino animal, mineral o vegetal. La grandeza de la pluralidad lleva implícita la limitación de cada singularidad. Discriminar es una necesidad del comportamiento inherente al elegir y en la vida uno se pasa eligiendo continuamente opciones. Elegir una es dejar fuera otra. Esa danza de discriminaciones sea por el lado de aceptar una situaciones, tambien individuo, y rechazar otras u otros es lo que está en la base de las alianzas y de las coincidencias o no en lo círculos de relaciones. Cuando se pregunta la edad para juzgar en función de la respuesta si es conveniente o no esa persona en el propio círculo ya hay algo de la discriminación potencialmente negativa en la misma pregunta. La quimera del joven es presumir de un estado provisional de su biología que no permanentizará y la ventaja del viejo es la de predecir el tipo de vida que le espera a ese otro pletórico por su lozanía. La diferencia intergeneracional mas importante no es la mas evidente: es que está en relación al aspecto físico y a las limitaciones corporales sino la forma de concebir la vida, la distinta metodología de pensamiento, la filosofía existencial, La metáfora del tiempo es que en una misma época coinciden distintas nociones de entenderlo. Si bien los calendarios y los relojes marcan unas mismas cifras las formas de interpretarlos son completamente distintas: desde las que hipervaloran la fecha a las que la toman como una convención para contar un proceso ilusorio. Sea cual sea la edad personal por la que se atraviese los retos ante la sociedad tan pendiente de cambios son fundamentalmente los mismos. Lo que cambia es la actitud personal ante ellos. A mas edad hay mayor dedicación a la reflexión y a la cautela lo que no hay que confundir con esas otras actitudes amórficas y de desentendimiento de todo que no mueven un dedo para no poner en peligro el estatus alcanzado. Se tenga la edad que se tenga “en un mundo injusto -tal como dijo León Felipe- el que clama por la justicia es tomado por loco”. Lo que une -debería unir- a las personas son las ideas y la coincidencia en las valoraciones y en la manera de vivir los hechos más que las similitudes (color de la piel, la misma edad o el mismo idioma). Tan pronto alguien pregunta por la edad sospechándose que según la respuesta elegirá continuar hablando o dejará de hacerlo, ya tienes un buen motivo para descartarlo como interlocutor válido, sucendiendo u nefecto boomerang para aquella pregunta que se vuelve contra el preguntante. Por lo general quien pregunta la edad, fuera de un contexto que requiera esa pregunta, ya debe sospechar que la hace fuera de lugar. Al hacerla destapa sus atributos de prejuiciosidad o miedo. Lo cierto es que el habla no tiene edades y es posible impulsarla reuniendo las condiciones básicas en inteligibilidad e interés temático. Lo que interesa del otro, de cada otro, es su potencial de discurso que incluye su capacidad de racionalización y de información, también su maestría pedagógica. Renunciar a hablar con alguien en razón a su edad o presuponer que por tenerla ya significa estar clasificado dentro de una etiqueta de inutilidad (los viejos por carcas y los mas jóvenes por ignorantes) se vuelve en contra del renunciante que a su vez queda clasificado como superficial y de escasas luces. La discriminación que excluye el potencial de discurso del otro por su edad va en contra además de la época misma por no reconpocer y reciclar el saber de las experiencias de la/s generación/es anterior/es. “El orgullo es el complemento de la ignorancia” precisó Fontenelle y la generación mas juvenilista que desestima las enseñanzas de la anterior acaba probando el sin sabor de su autosuficiencia apresurada en plena descomposición.

Lo interesante de ver como pasan los años y el paisaje se va llenando de nuevas caras y bríos y oleajes de neonatos que vienen a componer toda la sinfonía de señales humanas es que los hijos que desestimaron las enseñanzas de sus padres y abuelos, a su debido turno tambien son padres y abuelos que viven sus propios conflictos con las generaciones que siguen. Es sorprendente como cada generacion a partir de una cierta edad, la de los 30 con toda rotundidad, tienen motivos altos de diferencia con quienes les siguen que andan estrenando adolescencia.

Aunque hay edades que ambicionan ser pasadas rápido para llegar a ser mayores la cuestión es que cada edad trae sus propias experiencias desde atalayas diferentes y con todo lo que se dice, la de la persona mayor ve compensada su falta de energía física (acompañada incluso de discapacidad motora) por su saber sin necesidad de envidiar a las generaciones más jóvenes, al contrario sintiendo por ellas una cierta empatía de compasión al saber lo que les tocará pasar y que aún no sospechan.

Desde la posición de lucha quien va perdiendo brío en el combate por la justicia por razones de edad desde mucho atrás estaba dispuesto a pasar su antorcha a otras manos que la sostuvieran. La épica imagen de ese gesto choca con maneras no previstas de tomarla cuando las llamas no son las de antes ni corren en la misma dirección. Para fortuna de la historia, de cada generación se puede decir que siempre despuntan sus hijos más lucidos que han aprendido lo esencial del pasado a través de sus protagonistas, los que ya desaparecieron y los que están a punto de desaparecer, a la vez que reinventan sus vidas para vivirlas en la mejor plenitud posible.

Eso llamado suerte.


Eso llamado suerte1.

Diciembre es el mes tradicional de la lotería. La institución que se ocupa de eso a escala de toda España sigue usando la cantinela infantil para gritar números premiados por un bombo del azar y asignar lo que toca a cada numero afortunado. El colegio St Idelfonso está fuera de toda sospecha, las niñitas y niñitos uniformados son los ángeles de esa efemérides. Cantan los premios de todas las cantidades y luego se averigua donde han sido vendidos esos números. Si son tantos los premios a repartir es porque millones de personas participan en ellos. ¿Es que hay alguien que no compre cada año uno u otro numero o participe de décimos? Yo no. Supongo que debe haber algunas excepciones como la mía pero son escasas. Como curiosidad estaría bien un sondeo periodístico alternativo de los que ponen la pera en la boca de los jugadores preguntando a quienes no gastar un duro en lotería ni participamos de ese juego. Para la mayoría, participar de la lotería en esta época del año (mucho mas que de otras lotos y quinielas el resto del año) es casi obligado hacerlo especialmente cuando se pertenece a un grupo que todos los demás lo compran. De no comprarlo “¿y si toca?” Se preguntan quienes terminan por pagar su parte o comprarla. La fama de la lotería es tanta que, incluso , los mas radicales que cuestionan las trampas de esta sociedad aceptan caer en ésta. Hay gente que se ha pasado toda la vida dedicando una cierta cantidad anual para eso, aunque nunca jamás les haya tocado nada y a lo sumo una tristísima devolución de lo invertido. Hay quien tambien le toca el equivalente a una mensualidad, que de todo hay, y hay por supuesto quien le tocan millones.

Esas caras de felicidad y contenterío que tienen a quienes les ha tocado un puñado de miles de euros ya vale la pena para reactivar toda esa industria de la apuesta y del juego. Son los reyes magos de los adultos que a su vez engañan “como siempre se ha hecho” a sus hijos con los juguetes de reyes que les esperan. Ganar dinero se convierte en signo de triunfo y de bienestar, en particular si por una poca inversión se puede multiplicar tanto. El fervor colectivo es de tal magnitud que no aparece nadie con una opinión valorativa de este fenómeno porque sería tratado como de aguafiestas. La lotería es una forma de extender a todo el público una relación de casino con el dinero. La banca nunca pierde porque una parte del dinero colectivo jugado (nunca la totalidad) es repartido a los que la suerte ha elegido. Pero hagamos un stop:¿es esto la suerte? Es cruel generalizar esa ecuación de dinero=suerte. Llevaría implícita la contraria: no tenerlo o no cobrarlo es igual a la disuerte. Y esto no es cierto, todos conocemos a solemnes desgraciados forrados de pasta y que se ahogan entre lujos.

Es verdad que el dinero, a partir de una importante cantidad de dinero, irrumpe proporcionando otras opciones que antes no se tenían. Sería una curiosidad comparar los distintos nuevos ricos por premios fabulosos que los sacaran del trabajo asalariado que ha pasado con ellos. Tengo mis dudas de que alguno demostrara poder ser mas con un capital regalado de lo que era antes de tenerlo. El dinero da oportunidades de compras y de tenencias pero lo que no compra es precisamente la suerte. La suerte tiene mas que ver con el destino que prioriza cada cual por su futuro. Si la voluntad no basta para construirlo, al menos neutraliza a que sean otras voluntades que lo dificulten. El dinero es un instrumento de cambio que permite ir al mercado y comprar no lo mejor de lo mejor sino lo más caro de lo caro. El individuo adinerado corre el riesgo de convertirse en un sujeto dinerario, en ser diana de oportunistas y cameladores que traten de llevarlo al huerto. Puede llegar a ser parte de una confabulación en el entorno para esquilmarlo. Se han contado casos espeluznantes de nuevos ricos que sus fortunas ganadas sin el menor esfuerzo (salvo el de entrar en una expenduria de boletos y comprar los suyos) se dieron a la vida despilfarradora y a su destrucción, otros que de tanta emoción alguno de sus vasos sanguíneos hizo crec y quedó para difunto con mueca estúpida. Esas imágenes con las que se complacen algunos programas cada año para ir a entrevistar a esos afortunados que saltan como potros salvajes cuando les ha tocado un premio dan que pensar. ¿por qué el dinero da tanta alegría al personal? A menudo personal con las vidas montadas y sus negocios en marcha, sin que les haga puñetera falta ese acontecimiento de ser elegidos -sus números- por el bombo de las probabilidades.

Lo que uno es a lo largo de su vida en su relación con sus fuentes de ingresos, la casualidad de ser un ganador de una cantidad suficiente que le permita cambiar de vida lo coge desprevenido, por mucho que toda la vida haya venido jugando sus décimos. Si esa cantidad lo convierte en tipo muy rico, muy, muy rico, entonces se le vienen un montón de factores a la cabeza con respecto a lo que debe hacer. ¿compartirá su tesoro con familiares y amigos? ¿de hacerlo, que porcentaje: la mitad, 1/10 parte, 1 centésima parte...? ¿desenvolverá los antiguos proyectos de juventud, sueños e iniciativas de vanguardia, que no hizo siempre pretextando porque le faltaban los medios? ¿financiará proyectos ajenos con los que simpatice? ¿hará donaciones extraordinarias a organizaciones que luchan contra la tortura y la injusticia o a las que hacen campañas contra la caza de la ballena? ¿Lo invertirá inmediatamente comprando edificios y tierras? ¿Se tomará un par de años sabáticos para dar esa vuelta al mundo que siempre dijo de hacer y nunca tuvo tiempo para ello? Un buen ejercicio de ensoñación en voz alta es el de responder a esta pregunta ¿Que harías si te tocaran 3 millones de euros? Es posible que tu economía después de media vida de esfuerzo no arroje de ahorro bancario mas allá de los 100mil euros (en las películas de ficción sobre el crimen organizado se matan o mataban por 10mil dolares o menos, lo cual esa otra cifra debe ser algo considerable) y hasta es posible que no sepas qué hacer con ellos porque ese remanente lo tienes congelado y se pudre en una cifra que tiende a la devaluación. No es una cantidad que permita grandes despegues (dado lo caro que es todo) en particular si tu tren de gastos para una vida de calidad no los necesita. Con 30 veces mas esa cantidad no te quedarían excusas para lanzarte a los altos vuelos financieros o a montar la empresa ideal que produjera productos faltantes pero...pero...¿por qué `ponerse las pilas para hacer algo que realmente no necesitas hacer en un momento en que ya no tienes la edad ni la energía para hacerlo, en una época biográfica en que tienes la vida más que resuelta? El dinero tiene sus trampas, en realidad el dinero es un espejismo tanto cuando no se tiene como cuando se tiene. Cuando no se tiene porque se le persigue como un sueño espirálico que te engulle en una persecución que nunca se alcanza del todo (el dinero se va tal como va viniendo en los asuntos de supervivencia material) y cuando se tiene porque no existe cantidad en el mundo para cambiar ese mismo mundo substrayéndolo de su perfil de fatalidad, ya que ese cambio no depende de la economía sino de la voluntad humanista en rehacer otro tipo de humano neuronal más consciente del sentido de la vida. Y lo que da sentido a la vida no es una cifra bancaria ni un plantel de propiedades.

De la lotería y de loas juegos de azar se puede seguir diciendo que tienen a toda una sociedad enganchada en esta pamplina idiotizante en lugar de pautar en otras practicas. ¿Por que no institucionalizar una cuota solidaria regular, de semanal a anual, para dedicar sus premios no a particulares sino a proyectos que merezcan la pena? La solidaridad está en crisis y la bandeja de recogida de aportaciones para proyectos humanistas no está exenta de críticas. Bueno al personal le sobra dinero para gastarlo en papeletas por si su número es el seleccionado y gastar una pasta gansa. De tocarle una cantidad media:30 o 50mil euros, la mayoría lo empleará no para cambiar de vida sino para cambiar de coche, con lo cual devolverá ese dinero al sistema y contribuirá al hiperconsumismos (hiperconsumismo es consumir objetos o trastos en un momento en el que su adquisición no es en absoluto necesaria). Por lo que hace a cuando toca la gran cifra, una biografía acostumbrada a la sumisión por décadas de trabajo propio o por cuenta ajena, que lo ha mantenido no porque le gustara sino porque es su parte en el sistema económico, dejar de ser el que se es por la sola circunstancia de ser nuevo rico es algo en si mismo problemático. Uno puede estrenar coche y casa pero no personalidad. Eso no hay tarjeta de crédito por ilimitado que sea que la pueda comprar.

En un país farandulero lo de la lotería contribuye entre tantas otras cosas a la idiocia colectiva ante el negocio que hace de esa tradición las arcas del estado. Para la mayoría, los idiotas somos los que no compramos ninguno de esos numeritos, los que jamás vamos a un bingo o a un casino y si alguna vez entramos a ellos fue para levantar acta testimonial de los adictos a la puesta para los anales sociológicos de las verdades que prevalecen sobre la indignidad humana. En fin, esa tesitura es para quien se la busca. “El bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza, el elegante se viste” dijo Honoré de Balzac, lo que da la elegancia no es poder comprar los altísimos precios sino saber quién eres y de qué vas y usar las cosas a tu servicio y no ponerte tú al servicio de las cosas. En realidad el dinero no es nunca el que da status sino eso l oda tener clase siendo tú en todo lugar y momento. Eso pasa por no hacer el memo prestándose a la farándula televisera porque te ha tocado un numero. Si antes de que tocara no eras nadie ni ninguna cámara te venia a preguntar por tu vida ¿por qué darle respuesta cuando lo hacen porque te ha tocado un premio? Las voces mas interesantes no son las preguntadas por el farandulismo y otra clase de apostadores por la vida y por la dignidad siguen en su absoluto anonimato. El día que uno de esas peñas de saltimbanquis festejando que les ha tocado el número afortunado conteste a uno de sus reporteros enviados al tajo: la noticia no soy yo ve a buscarla en los horrores de este mundo, diré chapeau. Entretanto prestaré oído a otros fondos de interés y seguiré aborreciendo esos programas navideños (una conocida decía que para ella no era navidad si no oía la cantinela de los niñatos del st Ildenfonso, vaya)y valorando otros discursos que afortunadamente los hay. “¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces?” Se preguntaba Juan Gelman.

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Gestionar la sinceridad

Gestionar la sinceridad.

La verdad necesita de la sinceridad para ser dicha y ésta de una resolución de carácter y de una personalidad decidida para expresarla, independientemente de sus efectos colaterales. Pero ni toda verdad empuja a la sinceridad militante ni por mucha sinceridad que se tenga se pueden expresar todas las verdades. Ese no poder hacerlo es por dos tipos de razones: una, porque todas las verdades no son conocidas por sujeto alguno, y dos, porque parte de las verdades conocidos por deferencia y cuidados no son dichas para no dañar. La conducta sincera rotundamente sistemática es un anacronismo o una locura. Ese posicionamiento argumental (esa ambivalencia) lleva al conflicto consigo mismo de cada hablante viéndose emplazado a dosificar su decir ahí donde vaya y según donde y con quien esté. En el proceso intelectual las verdades a las que llega la investigación científica básica tarda tiempo, (a veces siglos, algunas siguen aguardando) antes de ser traspasado al grueso de la sociedad para que sea asumido como un valor cultural colectivo. De hecho, sabidurías de hace más de un par de milenios siguen sin ser asumidas por el conjunto de la sociedad ¿o acaso creemos en la ingenuidad de que por el hecho de que hayan pasado siglos el sapiens es mas culto ahora que en épocas pretéritas? Mas bien es lo contrario, en algunas cosas no ha evolucionado.

El otro factor psico-caracterial en la gestión de la verdad (de las verdades, dada su variabilidad y multitematicidad) es que el sujeto que es sincero ante los demás con ella(ellas) si bien lo dignifica por el lado de su honestidad lo hace vulnerable ante zarpas ajenas que aprovechen las informaciones dadas para utilizarlas con pretensiones fraudulentas. La ecuación aunque terrible es simple: sinceridad=vulnerabilidad aunque eso no se puede traducir en suponer lo contrario que insiceridad sea igual a fuerza. El más poder en los correlogramas de fuerzas personales lo proporciona actitudes manipulación y de tergiversación, pero también lo que hace crecer, intelectual y psicológicamente a un ser humano en su aventura sentimental en la vida, es su capacidad de ser él mismo, por tanto de expresarse en lo que siente y como es, aun corriendo el riesgo de ser tomado como diana por sus rarezas. Entonces, ciertamente un individuo ante su crecimiento se enfrenta al revival de un dilema permanente a lo largo de sus años de consciente en el planeta de los simios: ser o no ser en el formato escénico de hablar o no hablar, comunicando sus sensaciones y sentimientos. Metafísicamente lo que le da poder es su espiritualización maximizada, por tanto la honestidad consigo mismo, por tanto poder decir lo que cree. Poder decir es ya una forma de expresar poder -y carisma- personal. En la practica social no es así: se calla innumerables veces en innumerables situaciones, no porque no se tengan cosas a decir sino porque se descarta decirlas en esos contextos, o porque un imperativo mayor lo impide. En tanto que individuos protocolizados representamos roles. La sociedad ideal sería la de la libre espontaneidad que permitiera volver al sujeto a su seidad por encima de su rol. El mundo actual nos hace callar, no en el sentido de una orden expresa que te dice: “¡calla!” (que también, sucede, basta llevar una conversación mas allá de lo aceptable por otra, sea el policía de tráfico o sea el vecino, para que se inquiete y termine por imponer el silencio que es una forma de escapada del tema) sino de maneras sutiles que enseñan la inconveniencia de hablar. Es así que se opta por callar temas cuando hay ropa extendida (niños, pequeños u otros que no deban enterarse de lo que se dicen o que no están en la madurez suficiente para entenderlo), asuntos de negocios de los que no se puede enterar la competencia, o temas sentimentales que harían entrar en rivalidad a unas personas u otras. Mientras el sujeto humano no pueda ser íntegramente sincero (por mucho que ese sea su deseo íntimo) la filosofía de la existencia seguirá chocando con impedimentos prácticos para que su contribución de el espaldarazo total que necesita el sapiens para dejar de ser la criatura atemorizada que aún es. Desentrañar este mecanismo no significa que esté de acuerdo con él. El balance de la insinceridad contable demuestra que el mundo es tanto mas difícil de vivir cuanto mas engaño existente concurra. Pero dadas las relaciones comerciales e industriales, dados los intereses de lucro y dado el gran temor a la libertad reinante la mentira sigue prevaleciendo frente a la transparencia convirtiéndonos en aves raras a los que queremos seguir practicando la sinceridad como criterio regular por extempóreo que sea. Es una batalla en la que estamos derrotados. Antes o después se opta por callar o por no entrar en según que temáticas cuando se admite que el instrumento verbal de la expresión es insuficiente para la expresion de neustras totalidades íntimas. Por eso acudimos a otros lenguajes artísticas en los que afirmar secretos que desde la voz no pueden ser entendidos. Científicamente el debate sigue por su lado mientras la sociedad va por el suyo. El coraje científico pasa por sacar a la luz todos los descubrimientos por duros que sean. Las previsiones fatídicas del cambio climático se vienen haciendo desde hace medio siglo sin que hayan evitado cambios actitudinales tan contundentes, aún hoy, como para frenarlo radicalmente. Eso ilustra como no siempre las verdades por agoreras que sean ponen freno a las inercias autodestructivas. Las verdades e imputaciones delictivas tampoco han exterminado las acciones criminales. Y en lo particular la confesión de lo íntimo ante los más cercanos puede generar reacciones adversas. ¡Cuantas veces un partner le dice al otro: si intimas con otra persona, solo tienes que decírmelo, y en cuanto sucede el doble evento, el de ir con otra persona y decirlo, la artillería reactivo-lesiva esta preparada para castigar esa libertad que es tomada como sabotaje y de paso castigar la sinceridad misma!

Las dificultades para la sinceridad son analizadas en infinidad de situaciones interrelacionales. Tratar de encajonar la propia biografía en la sinceridad permanente en todo momento y lugar y ante todo personaje deviene en una convivencialidad imposible, en la práctica se hace inmanejable. Lo mas que podemos concienciar y advertir con auto critica en el momento actual, es aquello de lo que sí hay que ser y se debe continuar siendo sincero con radicalidad y de aquello que es menos importante no hacerlo. De alguna manera la sensibilidad (la deferencia de trato, el mimo en decir las cosas) se opone a la sinceridad continua. A mi pesar descubrí a una cierta edad que la gente del entorno, desde tus necesidades subjetivistas, se dividía en dos clases de personas, aquellas depositarias del máximo de ti (una minoría microscópica) y aquellas que no lo eran ni lo serían ni les interesabas en lo más mínimo. Obviamente esas categorías predeterminan la cantidad y profundidad del discurso dado. Margie Igoa refiere que hay dos clases de personas: aquellas que les pasan cosas y las que hacen que pasen. A .los perfiles de talante sincero están colocadas en el primer grupo, sin ignorar que en sus roles sumisos de existencialidad inercial sufren el mundo tal como viene dado soportándolo desde la herida de su sensibilidad.

Hablar o no hablar.

Hablar o no hablar: ésta es la cuestión. El sujeto condicionado por el significante

El dilema hamletiano del ser o no ser tantas veces referido oculta un dilema mucho mas profano y simple: el de hablar o no hablar en las situaciones en las que el hablante se ve envuelto. Hablar significa crear el espacio sonoro de entendibilidad que permita un decir. No todo lo hablado sirve para decir algo ni todos los hablantes hablan con el propósito de entenderse o de conseguir unos resultados comunicacionales. A diferencia del escribir en que se elabora una posición de sujeto ante si mismo el hablar necesita de un interlocutor presente que a menudo falla como tal. Peter Handke desde la atalaya del escritor consumado dice que cuando se renuncia a escribir se renuncia a todo. No se puede comentar algo parecido por lo que se refiere a la renuncia del habla. Renunciar a ello no sólo no significa para nada perderlo todo sino que puede significar lo contrario, ganar mucho: paz, armonía interior, equidistancia de lo inútil, sosiego. Cuadro anecdótico: se reúne con nosotros a la entrada de un cine otos dos conocidos, uno de ellos es un sujeto atribulado que siempre carga bolsas de plástico con sus misterios, minibocatas, telas y colecciones de objetos inservibles; el otro, un tipo con sombrero de blanco impoluto, braga de lana tapándose la boca que nos suelta un speech sobre su condición de avatar o dios reencarnado en un mundo al que viene a salvar. Pronto y rápido interpreta los detalles concurrentes en el espacio. Habla y habla, enseguida en cuenta un mensaje del más allá en el título de la película que vamos a ver: Invictus, la de Eastwood. La palabra contiene la palabra Vic, una ciudad con la que tiene relación ese afortunado elegido por los dioses, y el pronombre tú, que por supuesto se refiere a él. Mas contento que unas pascuas habla y habla. Los que estábamos sentados hablando con sosiego de otro tema nos quedamos sin ninguna motivación para cambiar de tema ni hacerle caso al paranoico. Hablar o no hablar, ésta es la cuestión y si te pones a hablar de qué y para qué. Muchas de las conversaciones a las que el campo acústico te vincula un tanto por casualidad no tienen mayor interés que el del inventario de la anecdótica. Una vez coleccionados los retratos-tipo a uno, por científico y observador que sea, no le quedan tantas ganas de seguir tomando muestras de lo mismo. Muchas hablas que se convierten en contiendas verbales para hacer valer cada razonamiento particular pierden todo valor de excitación a pesar de su espectacularidad cuando es más de lo mismo y reproducen situaciones repetidas y repetidamente deplorables. Un rasgo de la sabiduría es distinguir lo principal de lo secundario, dice Catherine Rambert, esencializando lo que se dice tan pronto te ves enmarañado en conversaciones y disputas en las que se mezcla todo. De lo que se aprende en la multitud de interacciones verbales con los demás es a detectar lo superfluo de lo útil. Ese criterio que en principio se aplica al habla se extiende al hablante. El sujeto verbal tiene mas o menos valor según su decir, el valor de su referencialidad, la consistencia de su argumento y la versatilidad de su información. En cuanto se decide que habla por hablar y para ocupar el espacio sonoro, es decir para que su yo lo protagonice aunque sea sin la menor lógica ni naturalidad, lo más sensato es no tomarlo en cuenta. El problema es que a un hablante que no se le atiende cuando habla es que se le está excluyendo de la comunicación dado que no demuestra una habilidad comunicativa.

Hay muchos errores en las formas de habla. Ahí donde se ve a dos hablantes hablando es posible que la escucha no sea asociada y se comparta una performance obligada por el rito. ¿y si escuchamos a los demas en lugar de acabar sus frases? pregunta Rambert. No siempre se puede aceptar la escucha hasta el final de todos los temas. La fenomenología demuestra como la gente llega tarde y se levanta antes para irse de multitud de actos públicos, de foros y espacios congresuales. También como se escapa de las conversaciones aprovechando para largarse cuando al otro que ha estado aguantado su rollo pacientemente toma su turno de palabra. El vocabulario y la gramática son instrumentos todavía demasiado defectuosos como para seguir sosteniendo una antigua tesis pía, a saber que hablando la gente se entiende. Durante una etapa de formación más otra de pasión militante el hablante cree en el poder la palabra y en la fuerza de su persuasión para demostrar que la razón es solo una y una la conclusión. En cuanto aprende que cada locura tiene su argumentística el hablar pasa en segundo termino frente al decir y este decir no siempre encuentra un auditorio público-oral para ser dicho. Por eso se intentan otros recursos comunicativos como el de los lenguajes artísticos y entre ellos el lenguaje escrito. Wiliam James se felicitó porque su generación había descubierto que con el cambio de las actitudes mentales se podía cambiar la vida. Algunas generaciones después toca recoger el hecho pandémico de que esa lección haya sido olvidada. La voluntad organizada está en franca crisis para la dirección autogestionaria del futuro. Impera el sentimiento de resignación y los panoramas inerciales en un mundo autodestructivo. Al mismo tiempo nunca ha habido tantos recursos de todo tipo para la autoconcienciación y por tanto para el auto reconocimiento de la fuerza intelectual. Conocemos el poder de la palabra que aunque limitado, como todos, podria rehacer el mundo resignificándolo todo y consiguiendo que las interpretaciones desde la verdad fueran las dominantes.

En los actos de habla cada hablante está condicionado por sus significantes particulares, aquellos que la tradición y su entorno le han inoculado como esenciales. La cortesía no basta para la comunicación ni cualquier habla le basta a un hablante para tener un lugar ganado en el espacio de la escucha. Cuanto mas repite el hablante en posiciones no argumentísticas, dogmáticas en exceso e imposicionistas más probabilidades tiene a la larga de ser excluido de la escucha por la via de su propia autodesacreditación. Esto pasa tanto en la galería de los dictums públicos con resonancia mediática como en los salones particulares con opiniones personales. Aquí se repasa el país como lo haría un consejo de ministros o un comité central de partido y según la información y capacidad analítica de cada cual puede decir cosas muy interesantes o frases patéticas.

Una traducción altruista del humanismo nos había llevado a prestar escucha a todo. Esto fue posible mientras las posiciones racionalistas eran lo expresado al menos desde la voluntad y dejó de serlo en cuanto el habla se genera a si misma dentro del caos estimulativo fuera de toda intencionalidad de crear tesis. En cuanto el hablante pierde todo derecho a su consideración y deja de prestársele escucha se convierte en un papanatas de relleno en el espacio relacional. El primer dilema de hablar o no hablar que la rebeldía lleva a optar por no silenciar los sentimientos y las críticas la sabiduría lleva a optar por discriminar donde y con quien hacerlo eligiendo el silencio oral como otra forma de autoafirmación. Hay muchas conversaciones que vienen dadas, en ambientes progratas, que no salen del circulo verbal del marujianismo. Hay temas repetidos sobre relaciones sentimentales y de intimidad, sostenibles unas cuatas veces para pasar a ser totalmente aborrecibles cuando no salen de su cerco vicioso.

El sujeto verbal personalista se distingue por sus temas -obsesivos- de habla en los que se instala tomándolos por el nicho de su fetidez expresiva si no alcanza a salir de lo concreto para volar hacia otras envergaduras conceptuales. El poder, limitado ,de la palabra (todos los poderes están limitados) debería cuando menos permitir la autogestión del hablante de sus recursos intelectuales y de los recursos que son aportados en la conversación misma por otros para co-elaborar un saber distinto al de partida. El habla manipulada y los hablantes tan condicionados no pueden contar ni con un lenguaje perfecto ni con una precisión lingüística impecable. Nos valemos del instrumento verbal para autoafirmarnos pero a la vez los límites impuestos al decir reduce a los hablantes a poco más que mimos protocolarios.

El seductor literario

He afirmado y vuelvo a afirmar que las palabras son actos y ahora añado que los actos mas cruciales son aquellos que pasan por las palabras y que aclaran la intencionalidad de un hacer. No he caído en la trampa expositiva de contraponer los hechos a las palabras en ese tono que suele hacerse de que los unos son decisivos y los otros andan transportadas por los vientos como briznas de hierba. Al repasar los acontecimientos biográficos propios y ajenos lo que resulta llamativo de las coyunturas es los significantes que las caracterizó, lo que se dijo, el mensaje que transmitió. Hay frases que expresan toda una época histórica o/y toda una vida. Hay frases tan poderosas que son los emblemas de naciones enteras. La doble pregunta a hacerle a las palabras es a través de que agente verbal son dichos y en qué contextos son declaradas: el lugar y el quién. La misma clase de mensaje vehiculado por una persona u otra tiene impactos diferentes lo cual demuestra que el mismo texto viene con una categoría u otra según el hablante que lo comunica. Lo que lo hace importante, que es su contenido, queda deslucido en algunos seguimientos por quien lo dice. Al hablar el hablante se convierte en actor de su acto escénico. La verbalización en si misma es ya un acto verbal. Y ese acto según lo que diga, cómo se diga y a quién se diga está poblado de significaciones mucho mas allá del significado estricto de las frases expuestas. Hablantes orales negados para la escena y la dialéctica persuasiva en la dicción pueden ser los mas elocuentes genios literarios. Y al revés: verboextravertidos que crean las delicias de un auditorio en directo rayan el analfabetismo en la expresión escrita. En sus pruebas en un campo u otro cada hablante aprende pronto en qué destaca más. La ventaja de la comunicación escrita es que el comunicante presencial ocupa un lugar secundario, incluso oculto. He leído muchos libros y textos de autores de los que no supe nunca su imagen o cuando la vi años después no me llamo la atención por atractiva o por bella, tomándola solo como referencial a su discurso con el que había contactado. La sola imagen no es suficiente para intuir los atractivos intelectuales que encierra una persona. La mas fantástica de las bellezas puede ser la hablante más torpe y al revés: el mas negado en las cosas prácticas de la vida y el que mas torpezas comete en su vida social puede ser el más ilustrado. El genio tiene fama de ser un tipo problemático. Se le va el oremus de lo elemental mientras está pensando en los temas más cruciales de la existencialidad. Algunas actividades manuales permiten ser atendidas en paralelo, las intelectuales no, o es más difícil de hacerlo. Las dificultades en el hablar (no las fisiológicas sino las de inhibición personal y las restricciones sociales) llevan al recurso de la escritura. Si no me hubiera convertido en escritor no sería quien soy, no me habría constituido en lo que soy. Al decidir escribir me concedí una segunda oportunidad en la vida, una segunda oportunidad permanentemente reabierta como una segunda biografía en paralelo. Prácticamente nadie de quien me conoce en vivo y me trata solo como personaje secundario en las escenas sociales en las que participo (una parte de ellas un tanto a la fuerza o por convencionalismos) aceptaría que soy el que digo ser por escrito o me descartaría como autor válido para aquello de lo que escribo. No soy nadie y lo que soy (lo poco o mucho que sea) lo soy desde una latitud asocial.

Gradualmente, fui pasando mis textos socioideológicos de una etapa a una literatura más personalista, si bien nunca he renunciado a aquellos y desde el principio escribí textos y diarios sobre mí como objeto cercano para mi propia investigación en la vida. Al principio, me tomé el criterio de escribir como el de una forma instrumental para persuadir o convencer por las tesis en las que creía y argumentaba hasta donde sabía y podía; posteriormente fui viviendo el hecho de que escribir es una forma de vida, no es un trabajo de asalariado, no es el del antiguo escribano, es una elección de protagonizar la creatividad dándole la vuelta a todo, al mundo y al propio yo. Resulta que mientras se escribe un ose pone a salvo de las inclemencias ajenas y de las trampas del vivir. Escribir es tomar distancia de los hechos para vivir de ellos desde el puesto de un observatorio por no decir desde la huida del tránsfuga. No, no es una palabra que haya que tomar por lesiva por mucho que la evasión ha sido tradicionalmente mal vista. No se puede enfrentar todo y menos aquello que tras varios enfrentamientos sigue tan inamovible como siempre. En situaciones extremas, escribir es revivir la vida con arreglo a un parámetro paradisíaco con la que se pueda disfrutar. La literatura auxilia al ser humano de bastantes de sus males. Le permite capturar hechos representándolos de tal modo que los rehace con una interpretación diferente. Escribir es vivir las cosas como a uno le gustaría que fueran. Solo los artistas tienen el privilegio de saber que no es cierto que de realidades no haya más que una. Sin olvidar a los científicos que tambien saben de paso que la ciencia es otra variedad del arte y que no hay prodigio artístico mayor que conocer los entresijos de la materia en sus formas macro y microscópicas.

De todas las artes en paralelo y con antecedentes en la historia de los humanos sublimes gestos, la que se dedica a las letras y a la invención escrita es la que tiene más de ocultista y propone los mayores viajes fantásticos. La palabra es el instrumento más ligero con el que se hacen las aventuras más potentes. La seducción literaria es una redundancia para describir la proyección artística de la palabra oral o escrita. Werner Herzog al referir su propio libro Conquista de lo inútil recogiendo los diarios que hizo durante el rodaje de Fitzcarraldo dijo que escribía mejor de lo que filmaba y que esos textos sobrevivirían a todas sus películas. Sea cual sea la actividad que se haga en la vida,incluida la actividad artística, el texto es el que más precisa la voluntad expresiva y en consecuencia el sentimiento y el deseo. Suelo decir que lo más significativo que deja un ser humano tras su provisionalidad existencial en el planetarium de los vivos es su texto. Unos dejamos millones de palabras escritas de ese texto vital, otros, tal vez más afortunados, dejan las que caben en una pagina de libreta reunidas desde el recuerdo de su oralidad prestado por otros que se la oyeron. Por encima de triunfos empresariales, acaudalamientos e imágenes, el texto es lo que mas distingue y significa a cada persona.

En las aproximaciones por vía escrita a la intimidad de las que he participado, el deseo del ideal y las ansias de conquista se mezclan con la valoración del hecho en si de una relación naciente. La vida social me ha enseñado que nada es tan estable ni consistente como para dar por segura ninguna promesa o compromiso. He dejado de pedir compromiso e implicación en nadie, tampoco lo espero ni cuento con que suceda. Abogo por la coincidencia. Navego en el río de la vida. La mejor forma de quedar con alguien es no quedando. No forzar a ningún acuerdo, he aquí la clave para vivir en concordia. Rehuyo de las reglas lo cual no me permite desequilibrar situaciones. Ese fundamento conceptual influye poderosamente en la manera de escribir. Si bien la literatura es el universo de las proposiciones, redactarla en términos de contractualidad es de mal gusto. El seductor literario corre el riesgo de ser mal interpretado. Allí donde le habla a la vida, allí donde escribe un poema para una determinada estética, allí dónde invita a ser auxiliado por musas y meigas cada depositaria de palabras las toma por unipersonalizadas copando todo su campo de proyección. Sucede que, con el poema que se escribe a una persona lo recibe otra que le impacta en otra intensidad y al hacerlo lo universaliza.

He sido calificado de seductor literario y objetado por mi gramática de la seducción por el espejismo que genera y los desengaños con los que se encuentran posibles seducidas, al averiguar que no estoy dispuesto a ir mas allá de las palabras ante anatomías que no me ponen y biografías que son una milonga. Lo siento, soy palabras. Lo siento, soy humo, estoy hecho de viento, no creo en mayor acción que en el decir y me consta que el decir no puede llevar al cumplimiento de todo lo deseado. La incumplibilidad coyuntural del deseo no impide que sea expresado. Confidenciarle a otro ese deseo no significa que pase siempre por el cuerpo depositario que encaja su confidencia. El seductor literario seduce con el texto lo que no seduce con su propio cuerpo. Se me ha dicho que enamoro por mi intelecto no por mi epidermis. Cualquiera tiene mas atractivos físicos que yo y a nadie envidio por eso. El seductor literario no elige la seducción como estrategia de conquista, todo su ser es ya seducción y su habla contiene el carisma que seduce. No puede dejar de ser lo que es a no ser que se aniquilara. Si el hablar en si mismo contiene en algo el mentir, la literatura de la seducción inevitable construye un paraíso escapando del mundo destruido. Las palabras son el pasaje a lo eterno mientras que la realidad recuerda la mortalidad.

Control o la vida organizada.


Control o la vida organizada. Control de variables.

Control es una de esas palabras que se presta a confusión, esta emparentada con dominio, supervisión y poder (otras igualmente equívocas, en tanto nos han sido enseñadas desde posiciones a las que nos obligaban subordinarnos (la de la autoridad en cualquiera de sus versiones: la del padre, la del sacerdote, la del alguacil, la del sargento, la del marido....) pero control estrictamente quiere decir conocer los entresijos de un fenómeno o acto o conducta. De hecho no se limita a la interacción con los demás sino que forma parte de los procesos propios del vivir, por tanto de lo intra-activo, por tanto del contacto con todo. Una persona, en cualquiera de sus edades ,experimenta en distinta intensidad la necesidad de controlarse. Expresado asi parece un esfuerzo estoico o de automartirio. De hecho, su sentido se emplea en una versión más suave: la de equilibrio. El tipo descontrolado tiene una doble lectura, la del que esta fuera de ley y orden y de control del poder, y el que está fuera de si mismo haciendo no sabe qué, victima de sus alucionaciones y pulsiones. Ian Curtis cantó una canción crucial en su corta carrera: ella ha perdido el control. Perder el control desata furias internas, es la crisis de equilibrio, la ruptura de estabilidad en un momento dado. Pero control tiene otra acepción completamente distinta: la de conocer un mecanismo, las leyes que gobiernan un fenómeno determinado, significa también conocer a lo otro y, consiguientemente, al otro. A diferencia del objeto de laboratorio, inerte o sin posibilidades de reclamar daños y prejuicios (la asociación de defensa de animales todavía no ha conseguido un ministerio para que a las cobayas no les claven electrodos en el cerebro) el ser humano como objeto de curiosidad, contacto, intercambio y placer pasa a ser mas controlado (en el sentido de observado, advertido, tenido en cuenta, relacionado) según el interés que te despierta, también según la prevención o miedo que produce. De otro lado, cada cual que es preguntado hasta la saciedad (más allá de los protocolos de auto y heteropresentaciones como introducciones a la conversación o no a los que puedan dar) promueve frialdad y distancia, claro que eso es según el subcódigo implícito que opere en un encuentro. Cuando una persona quiere a otra tambien desea saber mucho, si no todo, de esa otra sin que esa indagación se convierta en un interrogatorio. Las relaciones fluidas ya traen espontáneamente la comunicación que va explicando el pasado mutuo. Eso tampoco es lo más relevante. No siempre un acto de amor pasa por dedicar a la confidencialidad de lo sucedido el máximo de atención y no deja de ser amor optar por hablar del presente desvinculándose de los lastres pasados. Unas mismas preguntas sobre el otro pueden ser tomadas como control o no según dos circunstancias: la psicología de personalidad del preguntado y según la intencionalidad en obtener esos datos del preguntador. Conversaciones que se consienten y desea hacer con unos interlocutores se descarta hacerlo de otros. La confidencialidad en tanto que una forma de transparencia que no se puede ejercer por sistema con todo el mundo es un comportamiento que suple la pulsión interrogadora para controlar en el otro. Si la disyuntiva es preguntar para conocer o dejarse llevar espontáneamente en una conversación, la elección es evidente. Las condiciones para una fluencia comunicativa terminan por proporcionar todo lo que se necesita saber del otro. Pero eso requiere una circunstancialidad madura y unos hablantes suficientemente adultos, no por edad sino por disposición. Cuando no concurre esa madurez es necesario preguntar. Con eso se pretende librar a una situacion colectiva de los posibles daños que la revelación de una información privada pueda evitar.

El control en las interacciones verbales sondea todo el espectro de intencionalidades, actos y pensamientos de un humano. Pero aquí ese substantivo se emplea como constancia de un conocimiento, de unos hechos. Tener controlado algo es saber de qué va, y controlado a alguien es conocer igualmente de qué va o donde está. No es la palabra mejor y emplearla es como tener una piedra caliente en las manos. El control es un fenómeno social creciente vinculado a la vertebración de una sociedad altamente jerarquizada que se concreta en una vigilancia permanente de todos con todos pero que pasa particularmente por especialistas uniformados y armados profesionalizados en ese control. Se nos controla en todo: desde los pagos fiscales al currículum. Pero a nuestro turno cada uno de nosotros no paramos de controlar la variables existenciales: desde que no se estrelle contra nuestro coche el conductor que viene por el carril de dirección contraria a que no nos roben el domicilio mientras dormimos.

Esa acepción más general de los gestos e instancias derivadas del controlar nos implica a todos los sujetos en multitud de nuestros actos existenciales. Para vivir se pasa por el doble papel de ser controlado y ser controlador. Las pautas educativas dadas en la escuela que quieren invertir en responsabilidad individual exigen de sus alumnandos que controlen las consecuencias de sus actos. No olvidamos que el salto del bebé al niño pasa por el autocontrol de sus esfínteres.

El sistema a través del estado y del aparato institucional ejerce un férreo control que va a más en toda la ciudadanía restringiéndole sus márgenes de maniobra libertaria por lo que hace a querer minimizar la disidencia. La industria y el comercio protegen sus intereses para que sean pagados sus productos a los precios mas altos. Las zonas residenciales ponen sus edificios tras vallas con equipos de vigilancia para garantizar su seguridad. Y en las constelaciones directas e interpersonales necesitamos saber quien es aquel con quien estamos hablando

Querer saber lo que mueve o explica un fenómeno es en el fondo tener un poder de control sobre ello. Querer saber mas de los tornados, los seísmos o los estafilococos aureus es para controlar en la medida de lo posible su irrupción como daños lamentables. Trasladada la voluntad de saber del otro al trato interpersonal: quererlo saber todo del otro para el propio archivo es un actitud un tanto policíaca. Lo importante de cada sujeto no son tanto sus datos materiales (patrimonio, curriculum académico y profesional, nacionalidad, edad o figura) como sus vibraciones intelectuales, su onda sentimental y su potencial de discurso. La mayoría de semántica gira en torno al primer grupo de temas. Lo cierto es que priorizar la fluencia de inter-información y la espontaneidad de la declaración sentimental e intelectual dice mas de una persona que el relato de la novela de su vida. Los controladores en el sentido de evaluadores de lo superficial se pierden la oportunidad de sentimentalizar con esa otra parte personal mas íntima y auténtica. El valor de los protocolos está fuera de duda, pero la necesidad de la critica de las convenciones para no profundizar los contactos sigue siendo necesaria. Para que haya intercomunicación tiene que concurrir una sintonía en el discurso, no en la identidad de opiniones, sino en el amor al discurso como creatividad y hallazgo de ideas y maneras de concebir una vida mas feliz y plácida.

La intelección con el entorno y sus habitantes pasa por el control de sus variables, de sus contenidos y modificaciones,de su circunstancialidad en marcha. Controlarlas significa preverlas y entenderlas y con eso enfrentarlas y asumirlas. Lamentablemente, del control se hace dominio implacable contra la libertad de variabilidad. Es muy distinta la pregunta que se interesa por como se está, donde se vive y cual es el motivo de tu viaje o tu fuente de ingresos dentro de una conversación fluida de aproximación mutua al interrogatorio que va a usar todo esto en contra de quien informa de sí mismo. El problema no es la curiosidad sino el plan de imposición sobre el otro al conocer sus vulnerabilidades.

Co-Pensar en voz alta

El Debate o Co-Pensar en voz alta.

Lo verdaderamente constitutivo de un debate es el aprendizaje mutuo de los/las polemistas en lo que se dice y/o va discurriendo. Se sabe cuando se forma parte de un debate por la importancia que tiene centrar el tema en sus ejes principales concatenando las distintas tesis que van saliendo y volviendo una y otra vez a ellas dentro de un proceso simbiótico en la medida de lo posible. El objetivo del debate no es el speech del conferenciante en persuadir sino el de revisar las propias posiciones teóricas y aprender de las que concurran. Si ese presupuesto inicial no es dado y la pretensión dominantes de unos o de todos es el de prevalecer a toda costa para imponer el criterio propio a toda costa, el escenario hablado más que ser el de la polémica dentro de una entente cordiale será el de una jaula de grillos en las que todos vocean y nadie se escucha (y pido excusas a los grillos como siempre que utilizo una frase hecha que implica un substantivo que nombra a alguna especie animal).

Que un debate sea fluido, correcto hasta la impecabilidad y fértil hasta la sabiduría, depende del conjunto de polemistas que participen, de la cantidad de erudición expositiva que concurra, del respeto a los turnos de habla y escucha, y, especialmente, de la finura y honestidad intelectual que se emplee. En el debate concurren distintos tipos de energías psíquicas: la emocional y la intelectual no están tan separadas aunque los protocolos implicados en el razonamiento no tendrían porque verse comprometidos por reactancias emocionales. Sabiéndolo, toca distinguir de cada hablante cuando habla (o escribe) dejándose llevar por la pasión generada por su herida o por su emocionalización repentina y cuando lo hace exponiendo desde la serenidad su saber.

En el debate con presencia oral las formas de conducta son distintas a cuando se hace impresencialmente en foros donde se escribe (aquí, inexplicablemente, aún se participa con pseudónimos, nicks enmascaradores y ausencias de fotos). El espacio presencial suele inhibir los comportamientos mas maleducados mientras que el impresencial los exacerba por el margen de clandestinidad que permite. En principio esconder la imagen y el nombre real no tienen porque ser determinantes para las malasartes. Se puede ser clandestino y ético, pero son factores que coadyuvan a un tipo de sujetos a participar de malos modos confundiendo un debate de conceptos y realidades con una discusión de lo personal.

Lo que hace a los debates (escritos u orales) fastidiosos es el encadenamiento de entradas escuetas que se van contestando las unas a las otras despegándose del tema central. Diríase que estas situaciones lo que predomina es la pulsión de intervenir más que el deseo de aclarar. Lo interesante de las aportaciones, cuando son realmente aportaciones y no regurgitaciones de fraseología hecha, es que vincula a quien la hace con lo que ha dejado escrito. No puede negar haber dicho de lo que escribiera una nota antes aunque si desdecirse y reconocer su error por un argumento superior que lo desenmascara.

En la observación de las cadenas de textos fragmentados (algunos tan cortos que su falta de desarrollo se presta a numerosos equívocos, también por las ausencias de comas o su descolocación) toca distinguir si cada aporte es por un pequeño detalle de la entrada anterior o tiene relación con la o las tesi/s que se están barajando. Además hay que tener en cuenta que si el debate oral se presta a oratorias excelsas y retóricas artísticas el escrito también se presta a potenciar literaturas que además de informar y formar buscan compartir el placer de la lectura como extensión del placer de su escritura. Es así que todo debate además de lo que debate como nodo central tambien debate colateralmente sus formas y maneras, su metodología o no, su versatilidad o su falsación. Las maneras son siempre muy importantes. Cuando alguien antepone su visceralidad a su razonamiento es porque le sobra de aquello y le falta de esto. Determinados apeamientos del trato ayudan a la discusión pero tan pronto es reemplazada por el insulto a lo que se están enfrentando los demás polemistas es a una exhibición de ignorancia. Quien no tiene nada relevante que decir se descerraja con frases hechas y palabras hirientes o bien palabras elogiosas pero que en ambos casos no contribuyen a nada salvo al malgasto de espacio. Ante líos veredictos lapidarios todo lo que puede hacer un intelectual es centrar la atención en lo esencial y prescindir de las formas. Un debate prevalece si se discute lo esencial no la multitud de subtemas derivados a los que va dando a lugar. Un sesgo común en los foros con colas de comentarios es que el ultimo que comenta algo discute un aspecto del subúltimo y así sucesivamente alejándose del planteamiento de partida.

Entendemos que hay temáticas que se prestan más a la disertación indeterminada que potras. Cuanto mas opinativo sea un tema mas cancha para el participacionismo se da, sin embargo lo intreresante de la participación extensiva es que no caiga en una pérdida fatal de calidad. Ademas de aprender los unos de los otros discutiendo posiciones incorrectas, la misma discusión lleva a informarse mejor y a formarse con el recurso a otras fuentes para desatascar una polémica viciada.

Hay temáticas como la de la condición de mortalidad del ser humano y la hipótesis de su alma viajera que no suelen dejar a nadie indiferente. Dan lugar a hablas espirálicas interminables que se podrían prolongar todo lo que se quisiera si un imperativo no las cerrara. De hecho desde que la humanidad se autopiensa como especie privilegiada con su cultura y sus credos, los rituales, las creencias y las arquitecturas que giran en torno a la vida después de la vida no se han extinguido por acientíficas que sean sus defensas argumentísticas.

Una discusión estricta que quiera evitar los derrapajes es la que plantea sus puntos de un modo ordenado e implícitamente numerado. Discutir una o dos de las n cosas que un interviniente plantea, para que el siguiente haga otro tanto con esa intervención y así sucesivamente lleva a un arrastramiento penoso de déficit estructural de la discusión por mucho que se prolongue en el calendario y en la extensión gráfica. Lo interesante de un debate no es tanto persuadir como absorber, no es tanto vencer como convencer, no es tanto imponer el propio criterio como entender la lógica del criterio del otro. No hay nadie que pueda prescindir de la sinergia intelectiva por muy alto que sea su nivel formativo y su capacidad para la discusión. El debate, a diferencia de otros espacios de habla a los que las dinámicas de relaciones nos llevan, es donde mas se demuestra la advertencia de que un hablante es dueño de su silencio pero esclavo de su palabra, trocando este ultimo término por el de compromiso con ella. Cada sentencia que afirma o que niega hace algo mas que declarar a favor o en contra de algo, tambien posiciona alguien en una u otra lista de actitudes, según lo cual se va a acetar y esperar o no su cooperación. Determinadas frases colocan tanto a sus hablantes en lo que son que aun antes de conocerlos presencialmente ya se descarta la hipótesis de hacerlo. Uno de los deseos mas excelsos es el de encontrar en nuestros semejantes maestros de la vida y personas compañeras con las que vibrar en la comprensión mutua. Cuando las discusiones revelan actitudes de sabotaje o de rabiosidad dogmática o de afirmas que no dicen mas que el porqué sí o porque está escrito, nos encontramos ante planteamientos fundamentalistas y que empujan a hacer presunción de sus peligros por la via del dogmatismo y el imposicionismo.

Para evitar la aparición de las malas energías es mejor no morder el anzuelo de las personalizaciones en ningún caso y dejar que las afirmaciones por injuriosas o calumniantes y falsas que sean, sean desbancadas por la observación objetiva de los demás. Es necesario distinguir entre la circulación de un dato inexacto o de un bulo sin intencionalidad malévola dado el desconocimiento de quien lo divulga a quien pervierte la discusión sacándola de madre. En la peor de la situaciones de desmadre quien sale fuera de juego tambien forma parte de la cancha psicolingüística. Tanto quien calla como quien dice barbaridades son interpretables por su no compromiso con los caldos verbales en plena ebullición. Decir una barbaridad es una forma de escapada coyuntural, una suspensión del raciocinio, que puede ser mas o menos grave según lo mas o menos consciente que se sea de ella quien la haga ante un desenlace en curso. Lo que menos se aprende en escuelas y universidades es la metodología científica con su proyección aplicada a la controversia. Se carece de intencionalidad constructiva y suele andar sobrada de sobrados que no emplean el principio de humildad como un componente esencial para la sinergia.

Ser siendo

Siguiendo la ronda de sutilidades  propongo separar el sentimiento trágico de la existencia , (derivado de la tragedia de la existencialidad, no por el hecho de existir sino por el de hacerlo en esta existencia en este modelo de sociedad) del pesimismo en el sentido de su compendio de desánimos. Comprobar la crisis del potencial de discurso del ser humano y el menoscabo de las disciplinas humanísticas, a favor de los economicismo y tecnodominios en los que se hace prevalecer el logro de lo material, no hay mucho lugar para las babas optimistas. La alternativa existencialista es la de vivir con el máximo de placeres (carnales e intelectuales) y el mínimo de confiabilidad en el futuro de la especie por las conclusiones a las que se llega con la empiria dominante. ¿Es esto pesimismo? No más que el del bon vivant que tras terminar con sus caldos reconoce que las botellas y exquisiteces que degustara se terminaron. Hay lo que hay y no hay lo que no hay. La/s cultura/s envolvente/s dan lo que dan y este dar no lo es todo pero sí admite la insinuación de otras construcciones por construir. Los oasis de intelección que pululan en el gran magma de las culturas -y de las que a veces forman parte como productos de consumo en excelentes auditorios- proponen constructos o sus preparativos. La temática en torno al concepto de el Ser es uno de ellos. La calificación de ser humano, utiliza de corrido este macro-substantivo desde antes de considerar todas las implicaciones del significado de ser y además serlo como humano. En la polémica en torno al ser (tambien en otros temas eje de los escenarios culturales y en mucha mas medida las salas filosóficas) se corre el riesgo que sus excesos de teorización quiten la verdad de su praxis como vitalidad. En este sentido estoy completamente de acuerdo con la lucha (conceptual) por el Ser tiene que ir en paralelo al Ser (práctico) siendo. En tanto que pululante, el individuo humano va viviendo indistintamente de su desiderátum a priori. Antes de nacer ya está viviendo. Vive y punto. Es mucho después tras años de vida que se cuestiona el significado del vivir y la necesidad de esencializarlo dándole un contenido superior a su mera supervivencia.

En la reflexión sobre el ser escapando de la angustia de la nada, la literatura producida no para de pretender nuevas modulaciones de una vieja sinfonía: la de sospechar que el ser humano esta obligado a nacer, experimentar y desaparecer sin acabar de comprender el significado de este ciclo, ni para qué se presta a continuarlo aceptando su liquidación en la nómina de los vivos pero también en la de los muertos. La rediscusión y el repaso de las frases declaradas demuestra de qué lado está cada certeza y también cada error de apreciación. El común denominador de todos los pensantes es el de que no hay uno solo que pueda prestar a la humanidad una teoria acabada con la que aplicar soluciones con tal de seguirla.

La vida en la vida humana merece la pena ser vivida a pesar de su circuito laberíntico y su falta de sentido. (La creación de ídolos y religiones siguen intentando suplir esta falta de sentido de la existencialidad conocida para posponerlo en una existencialidad posterior de la que se tiene fe, que sea dicho de paso está en contradicción con las investigaciones de fenoménica extranormal). Esa afirmación del merecimiento del vivir es absolutamente gratuita, Vivir o no vivir no es el dilema crucial, es una parte de las ocupaciones de la estadística clínica sobre mortandad o de los seguimientos poblacionales por la demografía. Vivir también es sobrevivir, pasarlo mal, prolongarse, seguir fichando en el ciclo biológico. Un cuerpo vivo es potencialmente un anciano decrépito o un cadáver preinscrito. Esa observación prematura propia de la budeidad permitiría dedicar la vida a Sidharta a pensarla más que hacerla como reto para su reproducción. Posiblemente, por eso los yoguis todavía consiguen vivir con un mínimo de alimento, una máximo de meditación y una prescindencia cardinal del trabajo esforzado por conseguir alimento o bienes. El ser ha sido contrapuesto al estar y al tener como parámetros estos últimos de la consecuencialidad con los compromisos materiales. En las observaciones cotidianas de lo simple, el estar (los protocolos para las relaciones humanas) es priorizado al ser, el hablar al decir, y los índices de lo que se tiene a la libertad proporcionada por la liberación de las cosas.

El desiderátum del ser pasa por prescindir de lo innecesario y de los retos saduceos para el más-y-más de la tenencialidad. Si vale la pena vivir para un proyecto es por el de esta construcción del ser, y su via -claro que sí- es la de estar siendo por encima del estar escénico de los roles y las conveniencias. Si hay alguna esperanza -dada la conceptualidad del drama existencial- para vivir siendo, ser siendo, es la de la lucha y rebeldía incesantes para prevalecer como autenticidad, la mismo que Zalunski Matung proponía como verdadera para los pueblos cuya existencia brillante depende de acabar con la esclavitud y su desesperanza. No hay soluciones o construcciones sin luchas ni esfuerzos, al ser humano le queda el reto de convertirse en Humano-Ser , proceso engendrado desde la lucha consigo mismo depurándose de lo que no es y de lo que no le deja ser.

Ser vs ser autolimitado

Las limitaciones del ser versus al sujeto autolimitado.

Si te constituyes en fuente de enunciados y no te limitas a reproducir los reproductos mas o menos consensuados por la tradición te arriesgas a la cita de turno con las lapidaciones. Los vendedores de piedras lo menos ovoides posible y el escuadrón de la muerte de lanzadores nunca faltan. Un consejo: si quieres evitarte problemas no enuncies nada nuevo, no innueves, no te posiciones en la critica, no seas lo que quieras ser, en resumen: no seas., pasa desapercibido, camina siempre en las sombras, no salgas nunca a mediodía, huye de la luz, deja de irradiar ideas. Acostumbrado a ser diana de pedradas mi masoquismo le encontró gusto al asunto. Un día paseando por la avenida marina de suelo de madera de Long Iland (anécdota que ya he citado en otra parte) vi a un tipo en un coso vestido con casco y escafandra que recibía los disparos de balines inofensivos de los tiradores que pagaban por eso y que se les proveía de una especie de ametralladora de juguete. Eh aquí mi oficio, me dije. No lo implementé a Europa porque descarté que una caseta de feria de este estilo encontrara segmento comercial en sus latitudes. Eso de matar o simular la matanza gratuitamente es mas propio de los estadounidenses.

Como consejero de esa clase de consejo (el de evitarse problemas) soy torpe a rabiar. Tampoco soy un atrapa-poroblemas, (tranqui: no hay porque temérseme) ¿Que es un problema realmente? ¿Un problema es un problema o un reto para las averiguaciones? Mi cuadro elaborativo actual ya no encaja la noción de problema como una especie de drama existencial. Un problema es un factor necesario para el juego de intelectualidad. Sin problemas planteados no habría una excitación, incluso entusiasta, para buscar soluciones. Un problema deja de ser problema cuando su constitución en factor de adversidad invita a vencer un límite. ¿cómo explicarle esto a alguien que entiende la existencialidad como algo circunscrito al ring de limitaciones preestablecidas? Acabo de coleccionar para las objeciones recibidas una que atiendo con la máxima curiosidad: mi problema es -se me dice- que no me he limitado a ser sino que he querido ser. (tomo nota de las sutilidades conjugacionales). Al querer ser ,uno se encuentra con todos los obstáculos ya que el planeta social ha montado los chollos para roles prefigurados y excluye de ellos a los sujetos que nos negamos a ser meras representaciones. Las obstaculizaciones al ser, al sujeto que se quiere constituir en vida creativa y genuina de su mismidad, no han parado ni paran de darse. De todas las obstaculizaciones las que prohíben al ser que sea, que le emplaza a que no se constituya en pensante, y por tanto a que no se extralimite, son las más difíciles de justificar. En casi todas los periodos de una biografía de un sujeto siempre aparece el agente que le dice: no hagas eso, no hagas lo otro, no pases por aquí, no vayas por ella, no pienses eso, no pienses lo otro... Desde los padres, a los profesores, a los amigos e incluso los colegas de debate y los camaradas de militancias nunca falta esa figura de guardia de la porra con pito, (eufemísticamente hablando ya que nuevas literaturas del esmero los disfraza de otras maneras aunque en el fondo siguen -ideológicamente- tan uniformados como siempre). El revival de esta práctica nunca falta y su objetivo es el de protocolizar al sujeto.

El grupo tiende a sospechar del individuo asintótico que se le separa, sea porque es el patito de plumaje negro frente a los otros que tienen plumas rubias o porque dice lo que no toca o lo que no suele decirse. Lo políticamente incorrecto tiende a ser borrado inmediatamente por las praxis de la politica que se cree la correcta. Eso pasa en los distintos ámbitos, no solo el de los busness comerciales o el de las políticas partidistas y de las instituciones del aparato de estado, también pasa en los ámbitos de la academia, en las asociaciones lúdico-culturales y, por supuesto, en el seno de las familias consanguíneas y de las derivado-consecuenciales. Para acabar de sufrirlo con un doble remate de tamborileo y estoque , esa descripción también se extiende a los ámbitos de filosofía y en los foros de debate donde puedes ser impugnado por querer ser en lugar de limitarte a seguir siendo. Es un antiguo postulado conservador que te mensajea diciéndote algo así como · “no pretendas cambiar el mundo ni cambiarte, limítate a reproducir la inercia tradicional”. Al crítico se le sigue temiendo como una especie de protoanticristo que viene a traer la tragedia al mundo empezando por la suya propia, porque interpretar el panorama societario como un severo revés al humanismo renacentista, solo lo puede hacer alguien que tenga una visión muy doliente. ¿por qué no admitir la hipótesis de que todo es juego y que las reinterpretaciones de las interpretaciones se plasman en el nuevo tablero de un transclasficatorio móvil donde no hay mas categoría que la revisión permanente de cada conclusión para impedir su degradación a dogma? La conjetura desde la cobardía escéptica de que al pretender ser se aleje de si mismo es tanto como decir: no te embarques que puedes naufragar, no investigues que el descubrimiento puede destituirte, no evoluciones que perderás tu estatus actual alcanzada. La utopía es jutamente lo contrario: vivir de acuerdo con la hipótesis de una posibilidad inexistencialen el presente, tanto mas cuanto los propios afiliados a esloganes de utópica no creen en ese futuro. Por otro lado el prevencionismo ante la perdida inminente de lo que se es por querer ser lo alternativo es el de proteger lo malo seguro a lo bueno por conocer. La invitación de la acracia a la eclosión del individuo como sede de creatividad ha sido una de las reflexiones adelantadas de teoría para depositar la prerrogativa del ser en el (auto)análisis de cada individuo, de cada yo, no tomándose por acabado ni por perfecto, si no como parte del proceso de sí mismo.

Sin voluntad constructiva no hay construcción ni reconstrucción posible. La prerrogativa del espécimen humano para ser una entidad que trascendiera su animalidad biológica lo llevó por los espacios del pensamiento. Para ser, en el sentido ontológico de la constitución como creación (selfcreation), hubo que pensar y al pensar se deconstruyeron otras visiones sensorialistas previas sobre la perspectiva humana. Siempre hubo una linea entre quienes les daba igual seguir reproduciendo los esquemas heredados y quienes se rebelaron contra ellos. Esa línea separadora sigue existiendo en distintas versiones reactualizadas. Yo soy aquel -puedo decir, entre tantos otros, parafraseando a Cervantes – para quien están guardados los peligros, aunque esa declaración corra el riesgo -y lo corro- de ser tildada de victimismo. El mayor peligro contra el que se enfrenta el pensante, y a la postre dicente que no se calla, es por lo poco la caída en el ámbito de la incomprensión y, en lo más, la invitación a la pedrada simbólica. Pero la experiencia victimaria tiene su lado divertido (siempre y cuando la pedrada no te saque un ojo o te saque de en medio para siempre. Mientras el ataque (o la incomprensión) se mantenga en el ámbito de las palabras no hay problema alguno. El problema de veras existe sólo cuando una fuerza superior a la tuya te impide que seas, mina tu seidad poniendo clavos en el suelo para que pinches tu andada. Mientras se limite a opinar, cada opinión desde el no entendimiento o desde el ataque feroz, incluido el perjuro, no hay por lo que temer, porque te da pretextos para seguir girando la moviola de la gramática de la reflexión. A la filosofía (conjunto de analiticidades y procedimientos conceptuales para pensar) como una akesis, ejercicio de uno mismo en el pensar. Estar siendo por estar pensando justo lo contrario a perderse la prerrogativa de ser para limitarse a un estar siendo.

La civilización circulante, insiste en su victoria ante la dicotomía entre el estar y el ser haciendo prevalecer la tenencialidad, el ahora, la supeditación y el juego de rol. Dejar de ser boca y soma de consumos para prevalecer como sede de pensamiento para probar la alternativa a la nada siendo algo (alguien) es un objeto de la catexia, para nada pesimista. No apostar por el credulismo o el esperancismo no significa ser pesimista. Ni siquiera para reunir la estadística de fatalidades y reconocer la tendencia historia de la especie humana al catastrofismo hay que tener una personalidad pesimista. Todo lo contrario: darle vueltas a los panoramas incoherentes y obsoletos (a lo que se siguen dedicando las artes) es una forma gratificante para la subjetividad si se aborda con la dosis de ironía. Pero el texto irónico pide una atención lectora mayor que el que suelta sus ases desde el primer párrafo.

La confusión a la ligera de tildar de pesimismo no creer en el sistema o en el mas allá no es una confusión más, es la confusión. Es tanto como confundir el análisis critico con la bomba lapa. Trabajar en la perspectiva de la seidad: ser uno mismo por encima de condicionantes, componendas, convencionalismos y conveniencias utilitaristas va en contra de ideologías y credulidades, incluso de clubes y el sentimiento de débitos para alcanzar los perdones. John Fowles ya dijo que dios y libertad son conceptos totalmente antitéticos y que si los hombre creen en los dioses es porque temen creer en otras cosas, las que descubran con sus ciencias, añado.

Educación para el Ser.


Educación para el Ser. Inversion formativa para crear personas completas.

Las propuestas educativas se han ido sucediendo a lo largo de las épocas. Los estados que inicialmente fundamentaron su poder en la ignorancia popular fueron abrazando la idea de que la modernidad requería la instrucción pública, que la ciudadanía tenia que compartir con voluntad expresa un destino social y económico y para eso necesitaba estar formada. Las civilizaciones se abrieron paso con códigos y pautas de conducta, con mentiras ideológicas supremas pero también con un debate sobre el sentido existencial que todavía no ha cesado. Desde las culturas pretéritas documentadas ,la necesidad de Saber (saber más y descubrir más verdades) se constituyó en el emplazamiento metodológico, cuando menos para los/las pretendientes con afán de sabiduría. Desde ese saber primero ya se reconoció que la alternativa a los límites de las sociedades y a los límites de la misma vida pasaba por el conocimiento, por la superación de los estadios de oscuridad, por la extensión pedagógica de ese conocer a quien todavía carecía de él.

La inversión en educación ha ido a más desde que el mundo humano empezara a reconocer sus déficits y la necesidad de crear posibilidades de diálogos compartidos y de referentes básicos comunes. Al mismo tiempo que se sentaba la necesidad de la educación como una instancia crucial para consolidar una sociedad progresista y armoniosa se discutía los efectos colaterales adversos de la misma educación. El debate sigue. Ya no vale apuntarse a una afirmación genérica de educar (y seguirnos educando) para tener personas formadas en valores: íntegras, éticas, justas y dignas. Hay que reconocer al mismo tiempo el fracaso de muchos planes educativos y la confusión que se arrastra longitudinalmente durante la existencia de unos y otros valores pero tambien de la dedicacion a las tecnicas y especialidades. La discusión sigue: los tema corren entre educación de personas y formación técnica de especialistas.

La educación en y por la libertad choca frecuentemente con intereses preconstituídos interesados en distintas versiones de la ignorancia (colocar las esperanzas en un mal allá eterno de aquello por lo que no se lucha en un mas acá en la temporalidad en curso, es una de sus versiones). Los estados en su misma concepción de poder estructurado chocan con la contradicción de esa necesidad en invertir en cultura y de otra en quejarse de las sensibilizaciones que ésta produce. Cultura y Educación no son términos equivalentes. Algunas tradiciones culturales no son nada educadas y la educación creciente va derribando antiguos tabúes y secretos e inercias sociales. Educar es ayudar a que un educando conecte con lo mejor de si, a que se constituya en sujeto de si mismo, que pase de ser de protopersona a persona. Nadie nace con las cosas aprendidas ni con una predeteminación tal que con ayuda de fuerzas extranaturales llegue a ser algo para lo que ya está programado. Se nace en una posición de esponjosidad que puede permitir un itinerario fructífero dependiendo de los criterios de existencialidad que se incorporen. Lo fundamental de la educación es aprender a aprender, es una criteriología de carácter potenciador para enfrentar situaciones y novedades. El conocimiento bancario no es tan importante. (menos en la actualidad que las respuestas a las incógnitas de datos concretas se consiguen sin levantarse de la butaca y con un par de clicks) Recordar los textos de memoria es lo de menos. Guardar mil datos, un millón o un billón en la cabeza no es lo mas relevante (aunque desde luego quien mas datos maneja en sus conversaciones más deslumbrante resulta y más demuestra que sabe de lo qué habla) lo que mas vale es saber emplear los datos que se tienen o que van concurriendo en una sala de palabras. Dicho en plata: se pueden tener muchos datos (también muchos títulos) y no poder crear una intervención situacionista útil y al contrario, se pueden tener muy pocos y saber emplear éstos para superar una situación límite. Pero la educación verdadera no es la que atiborra de infos al alumno sino la que le proporciona herramientas para pensar y para destilar las mejores conclusiones existenciales posibles. El objetivo educacional es -o debería ser- el de crear personas soberanas, capaces de distinguir entre su individualidad y el mundo que habitan, capaces de enfrentarse a su entorno y superar la dependencia. En lugar de eso predominan los programas de enseñanza instruccionistas para que los seres sean civilizados de acuerdo a las normativas a seguir. No es que no sea importante contar con que el rol en la interactividad publica de cada cual lo haga predecible, pero si el coste de eso es su automatización o su comportamiento organizado sobre la perspectiva de un miedo al castigo el balance no es el de nuevas personas sino el de una nueva saga de autómatas.

Cuando las iniciativas educativas han planteado formas de crecimiento en libertad y espacios de libre discusión y formación autodidacta el sistema los ha querido desacreditar. Afortunadamente el propio sistema viene demostrando que la polititulación y el superávit de licenciaturas no implica una mayor evolución intelectual ni la universidad es siempre igual a mayor formación. Nos encontramos que el sujeto educado no es siempre la persona completa en el sentido de correcta, deliberativa y justa, Puede ser también un fantoche si pone su inteligencia y su preparación al servicio de las causas equivocadas. Se puede ser fino, muy culto y exquisito y a la vez sanguinario, injusto, incorrecto y malvado.

Eso nos deja sin una alternativa magnánima o robusta para acabar con la ignorancia en el mundo si la tesis de que la cultura se puede poner al servicio de la perpetuación de los errores (desde la ablación clitoriana al servilismo religiosos pasando por la tauromaquia o el alcoholismo hasta reventar) es medianamente razonable. Lo cierto es que en toda clase de ámbitos: desde los mas barriobajeros a los más selectos el ser humano se encuentra con peleas típicas por apoderarse del dominio de territorios ideológicos o académicos. Y eso lleva a la continuidad reproductiva de personalidades sumisas en tiempos en los que la civilización regente no es la adecuada atendiendo a que corre hacia su desastre.

La propuesta de la educación a gran escala es la única que nos queda pero sin olvidar que todas las inversiones en formaciones especializadas no logra ni logrará crear seres sanos que se atrevan a independizarse de las patrañas de las supersticiones. Lamentablemente asistimos a un fenómeno que no para de extenderse: la soberbia de la ignorancia. Seguiremos combatiéndola en la medida en que nuestras iniciativas no sean encarceladas o por cada una que lo sea vengan otras dos a tomar el relevo, pero la estadística nos arrincona en el ring de las peleas ideológicas. Lo cierto es que por cada luchador/a por la justicia de los conceptos hay muchos mas., cientos, miles, decenas de miles que prefieren enturbiarlos y seguir con sus idolatrías. Educar, educarles, es una aventura fantástica que choca con inercias negativistas demasiado arraigadas. Quien no quiera aprender y por tanto ser autodidacta en cierta medida, difícilmente se le puede enseñar.

Últimamente se ha reactivado el debate sobre autoridad magistral (y de paso autoridad académica) para diferenciar que la verdad no está de todas las posiciones y que existen agentes de un saber que lo validan con su contribución. Es un recurso a un procedimiento clásico para aprender del que sabe y escuchar a quien realmente diga algo útil pero tuvo y volverá a tener conflictos con otras formas de ver e intuir el mundo.

La educación para no caer en alienaciones ideológicas es, desde luego, fundamental pero hasta ahora no ha demostrado ser una alternativa con poder de garantía. Si no concurre la subjetividad dialéctica, anti dogmática y valiente de cada estudiante, constituyéndose en estudiante permanente de la vida, los proyectos pedagógicos seguirán fracasando. Por otro lado todo lo que puede hacer un establecimiento educativo es enseñar valores no obligar a ejecutarlos. (esa obligación corre a cuenta de otra clase de establecimientos si los individuos no los cumplen y se convierten en criminales). Hasta ahora la dedicacion pedagógica ha fracasado por lo que hace a minimizar la sociedad criminógena y en cuanto a librar las mentalidades de sus tabúes y temores ancestrales. Podemos -y debemos- seguir en esa lucha sin cuartel para combatir las psicologías dóciles por un lado y los comportamientos delictivos por otro pero sin engañarnos: los valores y sus portadores seguirán siendo los grandes fracasados en este milenio como ya lo fueron en milenios pasados.

Por otra parte educar no es plantear los estudios como una carrera, que es lo que se hace, sino como un paseo (peripatético) en el que despertar la conciencia permanentemente, un proyecto que no se concluye con ninguna suma de tesis doctorales. Lo malo de hacer carreras es que se va a cumplir con un expediente en el que se deja en segundo plano que cada universitario en formación o estudiante cumpla consigo mismo. Ann Landaers decía en relación al habla, que lo malo de hablar con prisas es que se `pueden decir cosas en las que no se ha pensado antes. Vengo inspirándome en el hecho de que todo debate crea nuevas posiciones e ideas a partir de las concurrentes y de los decires a los que da a lugar y en los que no se había pensado antes. En ese sentido la interacción es muy positiva. Algo completamente distinto es cuando se da lo que él -entiendo- quería plantear: venir a hablar (añado que tambien a estudiar o a aprender las exigencias académicas) a trompicones y sin reflexión alguna en contextos en los que se acabo diciendo no lo que se piensa in situ sino lo que surge impensadamente e incluso en contra de lo que se sabe, siente y del juicio que se tiene.

En eso estamos, tratando de reaprender formas de habla que permitan comunicaciones mas adelantadas y respetuosas para seguirnos enseñando los unos a los otros en este océano de tinieblas.

Esclavitud y Fe

Esclavitud y Fe. (La Esclavitud de la Fe). La predisposición de la actitud crédula al servilismo.

No es habitual relacionar la fe con la esclavitud. Aún menos hacerlo en la siguiente tesis: el sujeto que fundamenta su ideología en la fe psicológicamente está mejor dotado para la servidumbre que el no-creyente que argumenta su poder en base a la experiencia y a las leyes materiales de la vida. Fe es el substantivo clave de las religiones. Reconocen en sus alegatos que todo el entramado necesita de un credo puro: una aceptación de lo indemostrado.

Es más fácil ver relacionada la esclavitud como una condición social que ha lanzado a los más débiles a los patios del proselitismo de las religiones. Estas ofrecían las soluciones de felicidad en un más allá paradisíaco por el que no luchaban en la proximidad temporal y geográfica. Básicamente las religiones tienen el común denominador de vender cielos. Pertenecen al gremio de las agencias inmobiliarias, (las mas fraudulentas de todas ya que ni siquiera venden algo tangible y con coordenadas concretas en las que ubicar un hogar) a cambio de soportar los sufrimientos de la materialidad, las dificultades existenciales. Las religiones encontraron el caldo de cultivo ideal en mentes enjutas, en individuos autodesvalorados, carnazas primarias dispuestas al sacrificio, serviles bajo las botas que les pisaban sus dignidades. Es comprobable con una alta significancia estadística que los países menos cultos y desarrollados coinciden en ser los más crédulos. El catolicismo lleva décadas nutriéndose de sus canteras africanas para los ejercicios pastorales en Europa. El llamado catolicismo no-practicante es una prueba de un racionalismo resistente que no acepta caer en las paparruchadas de los ritos, lo que no quita la existencia de beatas prominentes de a dos misas diarios para que su dios no las olvide.

La psicología abyecta de quien ha dedicado su vida a reproducir esquemas heredados sin repasarlos, que se esfuerza en no pensar para no ser, en sobrevivir vegetativamente para evitarse contradicciones es la que auto propulsa para llevar una biografía subordinada. La condición esclava no nace con los esclavistas comerciales que llevaban a las costas africanas a mano de obra encadenada para embarcarla. Viene desde milenios atrás con trabajadores gratuitos tomados como botín por los conquistadores en sus guerras. Será un sociologismo muy reduccionista el que puede pensar que los orígenes de la esclavitud fueron determinados exclusivamente por el imperio de un poder ajeno y por razones económicas. Hubo –sigue habiendo- algo de lo subjetivo que propicia a que unos individuos prefieran la servilidad a una posición por la exploración y el descubrimiento. Obedecer órdenes no de ja de ser una forma práctica que delega en el dirigente las ocupaciones en planificar, proveer, organizar y ordenar. La idea democrática de que cada persona es un individuo soberano, una voz y un voto choca continuamente contra los límites expuestos por las diferencias interindividuales. Todavía hay individuos que antes de responder a una opinión miran de reojo a la que va a dar el de al lado, antes de elegir pregunta por lo que hace la mayoría o antes de comprometerse consulta cual es el compromiso que le va a exigir menores responsabilidades. En la historia no se ha venido a nacer desde posiciones de igualdad, no ya porque todos los modelos sociales precedentes conocidos han sido clasistas sino porque las condiciones naturales de los nacientes han sido desiguales. Empíricamente queda establecido que hay personalidades dispuestas a la sumisión y otras lo son más a la rebeldía. A su vez la formación de personalidad guarda una interacción entre la elección de una posición-base u otra. En principio, la rebelión como expresión de una indisposición a lo que no gusta, o no es aceptable por su incorrección se correlaciona con una elección por mantener el poder subjetivo. Esa elección por ser una persona soberana todavía está en entredicho. Al individuo –en todos los países, clases y culturas- se le educa para ajustarse a sus roles, socialmente esperables. Dentro de estos está el de la credulidad. La sociedad ideológicamente sumisa a dioses también lo es a sus reyes. De hecho, muchos emperadores eran considerados como dioses en la tierra o su viva representación. La gran fuerza de las religiones no ha sido/no es de orden organizacional o político tanto como de orden psicológico al inocular en sus masas crédulas la idea de que todos sus actos eran observables por el ojo de dios. Los aparatos de estado y sus departamentos de espionaje y control no han conseguido tanto en comparación a lo que hicieron las religiones históricas. Aquellos metieron un policía en el cerebro de cada individuo que los reprimía desde dentro, éstas a lo mas que llegaran es a meter un chip hipodérmico para vigilar el movimiento de los ciudadanos sospechosos (no seamos optimistas: lo harán con todos nada más nacer). La diferencia está en que el dogma sectariza al dogmático haciéndolo totalmente manejable por el cuadro organizativo del que es fiel y un dispositivo electrónico de control podrá ser neutralizado por el pensante que lo lleve injertado, si no renuncia a seguir pensando sobre la vida y la libertad de la suya.

La ideología que propone con rotundidad falsedades como la vida eterna se nutre de bases sociales a creérselo todo también: a que el mundo es como es y no puede ser otro porque las tradiciones son incambiables, que los humanos están a prueba para ganarse la eternidad de un modo u otro, que se viene a cumplir una misión predeterminada y no hay otra elección. En resumen el crédulo es el que no cree en su creatividad. La de3scartta frontalmente. Descarta también su voluntad salvo la mínima y limitada para ejecutar órdenes o dictados de instancias superiores. La voluntad es una de las facultades superiores humanas mas preciadas. Sin voluntad no hay autogestión posible de la vida en presente y del destino como proyecto. Voluntad significa exactamente voluntad de poder. Y poder significa exactamente poder hacer. Renunciar a la voluntad es tanto como dejar de ser actor de la propia vida. En estas circunstancias la psicología del crédulo se coloca en posiciones deformar parte de una agenda diseñada para otro. El que va a la guerra por su dios, también lo hace por una bandera en la que no crea o por su rey sin entrar en considerar críticamente el significado de cada orden. Para el esclavo, incluso para el antiesclavismo dentro de las sociedades esclavas el enemigo está en el esclavista, olvidando que éste lo que mas le sostiene es la servidumbre disposicional de sus bases reclutadas. La propaganda antiesclavista, también la actualizada antes los nuevos tipos de segundas esclavitudes, olvida que el sujeto humano tiene que vencerse a si mismo como prioridad a la pretensión de vencer al mundo, idea que ya había coronado Descartes.

Siguiendo la referencia de prohibición de algunas sectas ideologicistas por dañinas a la salud mental, una sociedad autocrítica madura extenderá con el mismo razonamiento la limitación re determinados discursos y ritos a las practicas de las grandes relaciones porque son igual de sectarias que los pequeños corpúsculos con los que comparten metodología para proselitizar e idiotizar adeptos.

Distintos registros comunicativos

La cadena de registros comunicacionales diferenciados. Origen y su potencialidad.

La cosa hablada no es lo mismo que la cosa en sí. Por si fuera poco la cosa hablada lo es en distintos registros alterando las formas representacionales de su contenido. El lenguaje que habla de objetos a su vez es un objeto que habla de sí mismo autoreferenciándose continuamente. Vocabularmente se le da valor de cosa al objeto tangible, material, tridimensional y escrutable. Las cosas completan el mundo de lo visible pero honestamente también deben formar parte del no visible. Mucho de lo que está por conocer tambien llegará a poblar el universo de las cosas: desde tecnoaparatos que resolverán operativamente problemas que ahora no están resueltos a temáticas que tendrán el trato de cosas aunque no pasen por la tangibilidad.

Es más apropiado el termino objeto al de cosa para referir todo aquello de lo que se habla pase o no por la forma de su materialidad. Los objetos incluyen las cosas tridimensionales conocidas pero también a las bidimensionales. Una foto en la pantalla es un objeto y la pantalla misma es otro. Un signo es un objeto y la tecla que se presiona para digitalizarlo es otro. La universalidad del objeto es tan extensiva que se funde con la objetividad entendida esta como el conjunto de cosas existentes: desde una galaxia a una onda. La palabra cosa a pesar de su valor de uso tiene escaso valor conceptual por la alta polisemia que ha adquirido. La cosa es separada del hecho olvidando a la ligera que los hechos se componen de cosas. El acto se hace con gestos que tambien son valorados en funcion de las cosas que manejan.

Para evitarnos conflictos semánticos el uso de la palabra cosa en la terminología habitual es conveniente referirla mentalmente como objeto. Un objeto es una idea tan válida para manejar un artefacto intelectual como para referir cualquier expresión de la materia en la forma, color y fabricación que sea.

Las palabras mismas también son objetos de los que nos valemos para comunicarnos y para tratar de comprendernos. A la vista de tantas inconveniencias confusionistas no se puede asegurar que el lenguaje garantice la precisión y posibilite el consenso. En su lugar funcionan sensaciones de acuerdo y el supuesto de la agotabilidad argumental de un tema dado. Después de un cierto tiempo de un habla continuada los hablantes, física y mentalmente cansados, se prestan a la connivencia en parte por la seducción del argumento que se erija como dominante (que no tiene porque coincidir con el mas lógico o racional) y en parte por el embotamiento sensorial.

En cada espacio de acogida de una temática discursiva el recurso a la comunicación de lo personalístico es posible e inmediato. Cruzar la línea entre una temática de la llamada objetividad y saltar a la llamada subjetividad es enormemente fácil. Depende la capacidad del hablante de mantenerse en una posición estrictamente aséptica de aquel tema objetivo que desarrolla no permitiéndose la menor ligereza para ejemplificar lo conceptual saltando al campo de la personalización. En la clase didáctica y en la ponencia científica el hablante correcto es el que se ajusta a tema y no lo banaliza saltando a la anecdótica. Por otra parte el texto mas llano y accesible es el que saltándose el protocolo austero de la exposición la hace diáfana hablando con naturalidad de la cotidianidad y lo concreto.

Como que la mayoría de conversaciones son extra-doctas y funcionan en los campos personales la exposición de la ideas cursan en mezclas de historias narrativas sin pretensión alguna de elaboración. El peso de las impresiones sentimentales está por encima de su racionalización. Lo que es más la impulsividad desde el irracional reclama el mismo derecho a ser que la moderación participativa desde la racionalidad.

La comunicación oral maneja informaciones y conceptos que están vinculados por interpretaciones de hechos. Su trasiego en el decir de cada hablante la va condicionando. Lo que un sujeto A le dice a los sujetos B y C por separado sufre una transformación temática cuando B y C lo hablan por su cuenta. El primer nivel de infocomunicación que proporciona A se convierte en un segundo nivel en la producción verbal de B y C sobre el mismo tema. Cuando B habla con D y E vehiculando el mismo tema por su cuenta y por separado con cada uno de estos y C lo hace con F y G trasladando tambien el mismo tema se va a producir un tercer registro en la síntesis que hagan estos. Y así sucesivamente. Esa unidad de triangulación simple se complejiza enormemente ya que en la practica de la oralidad de las palabras cada hablante tiene una pluralidad de depositarios de sus informaciones asi como una pluralidad de emisores de las que recibe y cada temática no cursa como algo aislado y controlado sino mezclado con otras.

Las temáticas trasegadas son tanto mas desvirtuadas cuanta menor exactitud hay en sus referencias y menos honestidad expositiva se da. Ese factor explica porque hablando no necesariamente se entiende la gente y al proyecto comunicativo le sobreviene una perversión lingüística y deliberados equívocos interpretativos.

Si en un primer registro lingüístico (el del traslado de un fenómeno de la realidad a la verbalización que lo describe) ya concurre una traición a la cosa en sí en aras a su sustitución por el objeto lingüístico que la representa, en los siguientes registros lingüísticos -donde los hablantes ya se han separado totalmente de los materiales primigenios de la naturaleza referidos – la confusión puede ir a mas. Una parte de las comunicaciones interhumanas se basan en datos aportados por la comunidad científica (una nanométrica parte de la población mundial) que el resto de la sociedad consensúa implícitamente. De sus datos y argumentaciones se nutren millones de conversaciones en paralelo sobre las verdades de la vida y de la existencia. Eso hace que casi todos los hablantes queden situados de entrada en un segundo registro lingüístico ya que están privados o no tienen acceso directo a las investigaciones directas de la realidad fenoménica en su conjunto. Sin embargo hay unos materiales primeros: el de la sensaciones y el de las experiencias vitales, el de los sentimientos y el de la conducta por tanto, a los que pueden acceder todos los hablantes en tanto que vivientes. Al hacerlo puede comunicarlo todo de si en un estado de lucidez y transparencia tal que pueda decirlo todo. La mejor situacion para la comunicación ideal es la que no tiene que silenciar nada

por temor a herir o por temor a ser mal interpretado. Esa idealización de la comunicación implicaría la extralimitación de toda confidencialidad.

En la práctica social ordinaria lo que se dice a uno no se le dice a otro, lo que se declara en un lugar no se hace en otro ámbito. Los mismos espacios: desde las embajadas a las salas de espera, desde los bares a los asientos de un taxi, predeterminan protocolariamente los límites del habla. Confundir la gestión de la información a cada quien que le sea dable como le factor de responsabilidad en exclusiva de la hipocresía social es una simplificación extremista. El silencio forma parte de las pautas para la verdad y no todo lo hablado contribuye a esclarecer hechos o personalidades. El habla contiene unidades de significado mezcladas con cuadros expositivos que tienen por mayor significación no querer decir algo importante. En el primer registro lingüístico (el del traslado a palabras de las cosas de la realidad, las tangibles y las intangibles, las visibles y las invisibles) la honestidad intelectual es crucial para hacer una conversación fiel pero el mismo traslado de la cosa a la palabra ya la somete a una cierta desvirtuación. En el segundo registro las palabras de las palabras, es decir la referencialidad con una nueva tanda de producciones verbales la anterior tanda ya hay otro grado de desvirtuación pues sigue rigiendo el riesgo de deformación en la interpretación siguiente. Puesto que los hablantes no hablamos de un solo tema a no ser que en unas condiciones muy controladas de estudio lo exigieran así y mezclamos temas y relacionamos datos, la vida de las palabras es un continuo trasiego de combinaciones. El carisma del hablante existe a partir de sus habilidades expresivas en mezclar de maneras inusuales las palabras. Esto no puede ser al azar. La posibilidad matemática combinatoria de un cierto numero de palabras distintas y repetidas de un texto dado del tamaño que sea (de 100 vocablos o de cien mil) da lugar en el segundo caso a millones de formas organizacionales de las que su aplastante mayoría serian descartables por no tener valor de significación, serian la pura locura. De la minoría que tuvieran sentido los hablantes se distinguen entre quienes se someten a los clichés expresivos aburridos y a los que juegan con el lenguaje inventando nuevas maneras alegóricas de impactar en los egos de sus lectores u oidores.

Aunque el sujeto hablante no tenga motivos para silenciar información personal de su vida que le competa, basta que el receptivo que a su vez traslade la información a un segundo registro ordenándola de manera distintas para que la interpretación resultante sea sustancialmente distinta a la dada en su primer registro. Dos frases exactamente idénticas no tienen el mismo valor en un contexto que en un otro, tampoco en un hablante que en otro. Por eso se malogra la inteligencia cuando un criterio apto elaborado desde la lógica se convierte en un material doctrinario dándole el peso de un dogma.

La sociedad en sus complejidades trasiega continuamente con la información. De hecho es la materia prima de mayor coste. Se pagan impresionantes fortunas para saber a tiempo datos antes de que lo sepan los competidores. En el momento de escribir esto todavía se esta discutiendo acerca del despilfarro para pagar informes de estudios urbanos1. No dudo de tales despilfarros con cifras impresionantes. Las inversiones en estudios superfluos con minutas supercaras de gabinetes que se podrían llevar a cabo con la misma eficacia o mayor de maneras económicas ejemplifica como la información además de trasladar datos trafica en si misma con influencias.

A los habitantes de una sociedad no transparente en la que se oculta casi todo ante casi todos (siempre hay ropa tendida a tener en cuenta antes de hablar) nos ha tocado movernos dentro de culturas restrictivas y condenadamente hipócritas. La definición más simple de hipocresía es la de pensar una cosa y decir otra. Se distingue totalmente de la inconsecuencia (pensar una cosa y hacer otra) aunque el decir es una forma de hacer y eso lleva a convertir en aliadas la una de la otra. Hay otras razones no especulativas ni de cobardía para callar informaciones, en particular en el campo sentimental. El no deseo de A por C comunicado a B en el primer registro lingüístico como una información sincera puede convertirse en un impacto catastrófico cuando B en una total falta de delicadeza y no sabiendo corresponder a la confidencialidad que la ha depositado A se lo comunica a C ,anticipándose a la prerrogativa de que lo haga A. Es como si el psicoanalista llamara tras la sesión con su consultante a figuras de su constelación para decirles lo que piensa o siente realmente aquel de estas. La triangulación de la confidencialidad en la que está presente el rol del psicoanalista sirve para ilustrarla mejor que nadie. La imposibilidad de hablarlo todo y en partricular de sus síntomas graves a las personas del contexto habitual llevan a la personalidad trastornada a constituirse en analizante para plantearse una cura que en parte pasa por la construcción -o recuperación- de su autodominio por lo que hace a la información que necesita y con la que trasiega en su vida. Un consultante que depositara información personal en un profesional (el elenco de roles se extiende a otras profesiones: abogado, notario, cirujano...) el cual faltara a su código deontológico saltándose el secreto profesional se autodeslegitimaria automáticamente. No han faltado las lecciones de quienes han enseñado como socializar informaciones para el bien común. Jonas Edward Salk descubridor de la primera vacuna contra la polio no hizo negocio con el hallazgo. Al ser preguntado en una entrevista porque no lo había hecho contesto con una pregunta ¿acaso se puede patentar el sol?

A partir de ese principio, en otra etapa posterior totalmente desvirtuado y pervertido, la sociedad vive de espaldas a si misma ocultando información para que patentes, inventos y conocimientos no sean socializados de tal modo que todos tengamos que pagar por repetido por ello. Actualmente la tecnología ya esta permitiendo la existencia de una internáutica autogestionada sin tener que pasar por operadores intermediarios a los que pagar mas allá de sus inversiones ya amortizadas. Volviendo a los datos en sí y no a los espacios o modos de darlos, el sujeto hablante se mueve filtrado por dos grupos de factores de presión distintos: por una parte su necesidad de verdad, tanto de recibirla como de darla; de otro, su consideración para que esas verdades no dañen imprudentemente.

La sociedad de la total transparencia es por ahora inconcebible y no solo por un sistema económico-político que trafica con informaciones sino también por la estructura psicolinguística. En las distintas formas de los hablares cada hablante ya sabe hasta dónde puede extender lo que sabe en los demás, la prudencia o no de hacerlo, su propia necesidad extroversiva en querer decirlo todo aunque no interese y su confiabilidad en la correspondencia del depositario. Desde una temprana edad de las relaciones verbales los prepúberes ya saben o interiorizan que todo no se puede decir y que la información tiene un coste. También aprenden que hay quien la tergiversa y eso da motivos para silenciársela en una siguiente ocasión. Esto pondrá el memorándum subjetivo para uno de los dramas comunicacionales de la existencia humana: la necesidad de decir y los problemas de bloqueo para hacerlo. Este bloqueo puede ser patológico, de origen personal, por una inhibición que somete la personalidad a los propios miedos o ajenos; o puede ser impositivo, de origen extrapersonal, por una represión sometida por figuras de control. Decirlo todo es un slogan que se cae por su propio peso cuando es el torturador el que quiere sonsacar la verdad para destruir la libertad y la vida de los demás.

Habrá siempre que distinguir entre la información dada porque es crucial para una situación y tema, a aquella que es dada para ridiculizar o herir. También de la que es soltada por un acto de impulsividad reflexiva. Quienes son victimas de su impulsividad soltándolo todo sin tener consideración por una situacion dada todo lo que proporcionan es la evidencia de su mismos, de su incotención verbal y de su pulsión buscando una comprensión que no encontraran ni a la que tendrán derecho en un auditorio. Es un revival de la típica pataleta. El loco es loco no porque lo que diga no sea o pueda ser cierto sino porque lo dice en un acto fuera de juego en una situación dada.

El origen de la pluralidad de registros comunicacionales está en las diferentes tomas de posición de partida en relación a los temas de los que se habla. La complejidad aumenta cuando cada sujeto hablante se convierte, a su turno,en objeto temático por otro, con todos sus contenidos hablados que son tantos otros objetos de referencialidad y revisión. Para que cada registro lingüístico tenga validez y credibilidad deberá pasar por encima del encadenamiento de mensajes en los que se ha aumentado su cuota de tergiversación y volver a la fuente original de la toma de datos.

La libertad de expresión apuesta por maximizar la comunicación a la mayor cantidad de ámbitos posible. Esto genera un proceso basado en un ideal. El sujeto hablante sería o es el intermediario entre toda la información que posee y los receptores a los que puede dársela. Como que la información no es una sola ni estática sino pluritemática, creciente y modificable y como que los depositarios no constituyen un parámetro único sino una pluralidad de sensibilidades y capacidad heterogéneas, cada informante lo es a su manera según lo que tiene y lo que puede dar, según cómo y de quien ha recibido datos y según quien y como los quiera. Al hablar de información, la palabra información, la refiero en su amplio sentido no solo al que se circunscribe al campo de las noticias coyunturales. La información es la manera de referir sucesos y pensamientos, el pasado y los planes de futuro, las cosas definibles y los conceptos en ascuas.

En los trasiegos informativos de lo personal una parte considerable de los conflictos y padeceres humanos pasan -siguen discurriendo- por informaciones ciurculantes que dañan. Prematuramente, un hablante pide de otro que elige como confidente a que no diga nadie mas aquello que le comunica. Vuelve a ser un esquema de triangulación en la que se define un tercero para que quede excluso de la información manejada o se elige a un segundo para que lo sepa inmediatamente después de que uno lo sabe el pack temático de lo que sea en curso. Aunque no haya alevosía en estos trasiegos el conjunto de los demás en relación a la información que poseemos se coloca en un orden dado que incluso puede ser espontaneo. No se calla lo que se sabe para esperar a tener el estadio futbolístico lleno para soltarlo. Se van diciendo las cosas conforme se van adquiriendo y según quien o quienes estén a mano para decírselas y formen parte del interés propio en hacerlo y del interés ajeno en escucharlo. Los conflictos interpersonales le deben mucho a la gestión informativa de lo personal. El hablante cuenta mas o menos de su vida a otro según si conecta con su sensibilidad receptiva. Tan pronto no la halla lo descarta como confidente aunque pueda hablar de temas neutros con esa persona y protocolice ademas de protagonizar espacios de sonoridad verbal. Descartar al otro como confidente remite a varias posibilidades: desde su condición de usuario de discurso lesivo a su falta de sentido de confidencialidad a su falta de comprensión.

En los actos de habla se dice de todo: eso le da grandeza y también bajeza. En cuanto un hablante hace afirmaciones irracionales, totalmente infundamentadas o cuando usa falsificaciones tal vez consiga hacer daño a aquellos que implica con su perjurio pero al ser descubierto a quien mas perjudica es a sí mismo porque pierde toda credibilidad. Esa perdida de credibilidad le puede acompañar el resto de su vida.

La potencialidad lingüística de la comunicación es infinita. En tanto que organismo viviente que no para de crecer (en extensión numérica del campo semántico y en intensidad cualitativa de las precisiones gramaticales) el habla es lo que seguimos teniendo para comunicarnos los unos a los otros, para indagarnos y seducirnos, para sentimentalizarnos y aprendernos. Sí, por supuesto, no es lo único pero configura los actos diarios más básicos que corroboran la posición de cada humano ante los demás, ante la sociedad y ante la historia. Cuanto mas selectos sean los hablantes en la forma de elegir sus palabras y mas cuidadosos sean/seamos con nuestros comunicantes más vacíos resolveremos en las culturas en las que nos movemos.


1Concretamente en la ciudad de Barcelona.

Vivir reciclando lo despreciado.

Vivir integralmente de la reutilización y del reciclaje[1].

La economía de la sostenibilidad suena muy bien pero si no se entiende como  una filosofía completamente distinta por lo que hace a otro modelo de organización social y aprovechamiento de los recursos va a ser una filfa demagógica más. La poltrona gubernamental trata de conciliar el enunciado de la sostenibilidad con  crear más puestos de trabajo y más industria, olvidando que el más y más del desarrollismo capitalista es antitético con la sostenibilidad.

La economía de futuro a escala planetaria  existirá en tanto en cuanto se replantee una racionalización de los recursos, entendiéndolos en su maxi sentido, el de los recursos naturales y energéticos y el de los recursos de las cosas producidas que siguen teniendo una vida útil. Los organismos de planificación que no pongan como eje en sus agendas de planning la tesis del reciclaje  no van a ser cooperativos con los enfrentamientos a las crisis periódicas y con alternativas de vida en la paz y el sosiego. Aunque cada vez hay más planteamientos empresariales en las tareas de reciclaje, este sigue siendo ideológica y masivamente rechazado a pesar de que las escenas cotidianas de los recicladores no paran de aumentar. Personas bien vestidas montan guardia ante un hallazgo encontrado al pie de un container mientras otras van a por el coche. El perfil del reciclador va evolucionado: ha saltado del rebuscador de basuras y del acumulador de trastos viejos e inservibles al superviviente inteligente que no se le caen los anillos ni se avergüenza por hacerlo.

Es conocida la práctica de ir de basuras para amueblar pisos alquilados vacíos y de temporada. El superávit de enseres despreciados y tirados ha sido y sigue siendo de tal envergadura que solo falta caminar con los ojos abiertos para encontrarse cosas útiles. Esto ha llegado a tal extremo que es difícil salir a la ciudad a pasear y no encontrar algo despreciado por otros y que siga teniendo una utilidad. Evidentemente, depende de las necesidades de cada cual en si lo recogerá o no. Una cosa puede seguir siendo útil y sin embargo no ser necesitada por el primero que se la encuentra.

Conociendo el valor de las cosas cuando son echadas empieza a extenderse el fenómeno de dejar las cosas aún útiles junto a containers para facilitar precisamente su recogida por quienes viven de recogerlas o pueden aprovecharlas.

Mi experiencia personal es doble tanto facilitando cosas de las que me he desprendido dejándolas de tal manera para que sean aprovechadas por otros como recogiéndolas al encontrármelas por casualidad. Más de una vez al ir al container a tirar cristal y basuras de plástico (la orgánica la aprovecho para las plantas de casa) recojo algún material que puede servirme. Me he encontrado lotes de libros, ropa, azulejos, maderas, viguetas de aluminio y otras  muchas cosas. Ir de shopping (de tiendas) o de reciclajes (ir de basuras) ya no guarda tanta diferencia. Ambas conductas comparten el objetivo común de obtener objetos o materiales para cubrir unas necesidades.

El origen de la tienda o comercio era para cubrir un servicio con el objeto que se compraba. Los índices de fraude y de victimidad han  puesto una buena parte del comercio entrecomillada por su falta de eficacia y sus altos precios. A veces he comprado cosas que las he visto  un par de días después tiradas, otras al ir a una ferretería a comprar algo me he encontrado de camino, también tirado, lo que andaba necesitando.  Una de las curiosidades de la modernidad es que a veces vamos a comprar objetos de trinca que ya hemos olvidado que seguimos teniendo en alguna parte del garaje o del almacén.

En la actualidad hay tanto y de todo que seguir fabricando podría estar seriamente cuestionando. En todo caso la lógica industrialista pasa por modificar formas más que superar funciones. Algunos objetos en sus últimas versiones son peores que sus primeras versiones históricas. Ya entiendo que la necesidad industrial es la de renovarse (o te renuevas o te mueres, es la oración con la que se duerme multitud de empresarios cada noche) pero a menudo se confunde eso con maquear las cosas. Uno de los fraudes internacionales más elocuentes de la industria mundial es la infinita variedad de formas de artilugios para cumplir idénticas funciones. Si las empresas y marcas no se han puesto de acuerdo- ni nada indica que lo hagan a largo plazo- en unificar enchufes o alimentadores,  ¿Cómo vamos a creer en que las negociaciones diplomáticas a escala internacional para resolver problemas de sociedad más graves: hambrunas, epidemias, armamentismo, tráfico de personas y de órganos, guerras,..tengan voluntad política para resolverlo?

Un modelo de economía sostenible pasa justamente por lo contrario: el menos pero suficiente, menos cosas y más eficaces (poliútiles y más bien construidas para que tengan una mayor longevidad). Trabajar menos en el doble sentido: dedicar menos tiempo laboral por día (posiblemente con el equivalente de una hora de producción diaria  por persona en edad de trabajar la economía mundial iría sobrada para cubrir las necesidades de la humanidad entera) y conseguir más tiempo para la creatividad lúdica, la cultura, la filosofía existencial y el placer de la existencia. De hecho, la cifra apuntada es exagerada pero no por defecto sino por exceso.

El problema a escala mundial no es el de la escasez y el déficit sino todo lo contrario, el del superávit y las políticas de presión (chantaje y extorsión) que se hace con ella, aceptando antes malbaratar recursos que facilitar su uso y consumo por la gente.  Tirar cosas para seguir con unos ritmos y precios lo hacen tanto grandes empresas sin escrúpulos como pequeñas unidades domésticas, aunque sea por razones diferentes: nos cansamos de usar la misma ropa o se preferimos cambiar de mobiliario y vehículo aun a sabiendas que todo ello puede tener un segundo uso. Lo lógico es facilitarlo.

 Mientras no se remodelen los puntos de calle donde se tiran las basuras, como puntos ya de reparto in situ para que se lleve gratuitamente objetos que le sean útiles quien se los encuentre, cabe prever el aumento tanto de rebuscadores que siguen itinerarios de basuras como personas que las recogen sin haberlo planificado porque ese día tenían que ir a comprar eso mismo a la tienda. Los grandes y pequeños comercios no se alegrarán si pierden parte de sus ventas porque parte de sus clientes se equipan con objetos reciclados de los contenedores de basuras.  Ese tipo de disgusto a escala vecinal refleja el que hay a escala de todo un sistema ante ideas de supervivencia alternativa sin gastar tantos recursos energéticos y materiales. El planeta no puede con todas las ambiciones de tantos ambiciosos. Ecológicamente tiene más sensatez el reciclaje que el despilfarro. Mientras los hábitos para reducir objetos de consumo no se implementen con mayor fuerza el reciclaje de cosas para reutilizarlas tal cual están o reparándolas o para aprovechar sus componentes seguirá siendo una buena opción tanto individual, como doméstica, como para empresas que quieran inaugurarse en este sector.

Dada la enorme cantidad de cosas que se tiran y siguen tirando, actualmente es posible vivir únicamente del reciclaje. No, no me he equivocado. Se puede, sin que eso suponga mal vivir. El reciclaje no solo incluye cobijo, materiales y ropa sino también comida. Esa idea, no lo dudo, va a ser tildada de imposible y de loca. La imagen harapienta de quienes se dedican a hurgar contenedores hace pensar en pobres gentes y no siempre cuerdas. Para demostrar la factibilidad de esta verificación se tendría que tomar como hipótesis secundada por una cierta cantidad de gente dispuesta a demostrarla durante un tiempo considerable, un mínimo de un año, con criterios estrictos con respecto al concepto reciclar, incompatible con aceptar subvenciones o limosnas y con un reto innegociable: vivir y vivir bien, no solo sobrevivir como las ratas.  

En una ocasión para demostrar las posibilidades del comercio electrónico por internet se aisló un grupo provisto de tarjetas de crédito para que compraran todas sus necesidades desde el primer día, sin salir de casa, desde el champú, a la comida. El experimento demostró esa posibilidad. El experimento que me propongo es el de demostrar que es posible vivir (desde la construcción del cobijo a la consecución de la comida) utilizando materiales desechados y solo desechados, no aceptando donativos ni actos de caridad ni solidaridades. Si tuviera dinero a raudales me constituiría en mecenas para sufragar ese proyecto, es decir para conseguir una muestra humana considerable dispuesta a llevarlo a cabo puesto que la idea anunciada no tiene por ahora la fuerza suficiente como  banderín de enganche para que el personal crea esa posibilidad aceptando dedicarse a ella.  El mecenas (por si alguno quiere hacer suya la idea) no pagaría nada directamente a los implicados pero negociaría el mantenimiento de sus puestos de trabajo o el pago de sus facturas en sus domicilios a cambio de que se prestaran a vivir sin pagar un céntimo con la condición de vivir bien, vivir para el ocio supeditando los tiempos de trabajo (recogidas de cosas y materiales) para la creación de una zona residencial digna.

Como todos los experimentos este es posible dadas las curvas de despilfarro que se dan en la sociedad en la que se vive. En otra sociedad racionalizada sin tantos materiales desperdiciados esta propuesta no daría a lugar.

A  un año colmado después de anunciar la terrible crisis en la que se metía el país se habla de la lenta recuperación. Otra crisis que se quiere archivar rápida sin aprender mucho, todo para preparar otra gran crisis, comparativamente mucho mayor, a un plazo por ver cuál será. Quizás, cuando un día la gente vea que su dinero se ha devaluado y no le sirve para comprar productos en la tienda o no haya gasolina en sus estaciones o que el agua corriente no le lleve al domicilio, empiece a reaccionar.

Roger Myerson (universidad de chicago., nobel de economía del 2007) se apunta al grupo de propuestas intervencionistas en la irracional dinámica neoliberal sugiriendo una reforma limitada y clara del sistema bancario ya que considera que el shock del sistema financiero ha estado en el origen de la última crisis, colocando en un segundo plano los estímulos fiscales o para el empleo.

Para otros puntos de vista, el sistema capitalista vive permanentemente en crisis y ante cada una de sus crestas no se puede dejar de observar que para cuando a unos les llega la crisis otros vienen viviendo en ella desde que nacieron porque son los más desheredaros que nunca pudieron aspirar a nada.

 



[1] http://foros.expansion.com/showthread.php?p=769074#post769074

Conciencia y Actos.

La colisión entre conciencia y estilos de vida y consumos.

La conciencia no es algo que se pueda tratar independientemente del comportamiento de cada día. Al referirla en su formato abstracto no le quita cuestionarla -persona a persona- en su escenificación concreta. De la conciencia se hizo un paradigma único como si la conciencia pudiera ser una sola. Incluso hubo vanguardistas que se expresaron como puentes para la extensión de la conciencia de la sociedad en toda la sociedad.

Conciencia es conocimiento de los hechos, comprensión por tanto de los mecanismos que generan los estados de las cosas, entre ellos injusticias y desigualdades, y, también es,  actuar en consecuencia. La conciencia lleva -o debería llevar- a un estado permanente de crítica para preservar la libertad y cualificar la vida social.

No es así, de la conciencia se hacen interpretaciones distintas y no de todo conocimiento de los sucesos se desprenden las mismas conclusiones. El caudal de subjetivismos explica una diversidad tanto por lo que hace a interpretar lo social como lo individual. Ocurre, pues, que a niveles de conciencia alta no siempre les corresponde formas efectivas de lucha ni tampoco cambios personales de vida. A eso se le llama incoherencia.

Los comportamientos de la mayoría de las personas pasan por las contradicciones. Ya es un gran adelanto reconocerlas pero cuando concurre su reconocimiento no siempre lo acompaña el deseo de superarlas, tampoco concurre la posibilidad siempre de hacerlo. Predomina, en lugar de eso, la instrumentación de teorías y prácticas para vivir lo más confortablemente posible a pesar de toda la disonancia ideológica. Es difícil encontrar una sola persona que no la padezca. Pensar de un modo y actuar de otro es lo más común, no por una intencionalidad cínica en el decir a sabiendas de la imposibilidad del hacer sino por las limitaciones existenciales dadas por las coordenadas tiempo-espacio en las que se vive.

Algunos pensamos que hemos nacido en un mundo para el que no estábamos ni podríamos estar nunca identificados. O nacimos mucho antes de una época ideal (que estará por ver si nuestros congéneres la disfrutarán en los siglos futuros) o nacimos mucho después de épocas pretéritas, en las que muy probablemente la autenticidad era mayor y el trato entre semejantes era más humano (donde, en todo caso, las bacanales orgiastas romanas pudieran hacerlo pensar por su mayor liberalidad).

El deseo de una conciencia universal, solidaria y digna, con la libertad como primera institución de todas lleva a la colisión continua con las formas más concretas de vivir. Mientras los conspiradores por un mundo nuevo hablan de sus reivindicaciones atiborrados entre borrascas de humos, nicotinas y alcoholes; el observador duda que de esas palabras pueda salir algo realmente nuevo. Mientras las personas se organizan por un lado para reclamar el fin de las desigualdades acepta empleos no éticos para intoxicar a la sociedad con productos superfluos y dañinos. Mientras hay gente que habla de amor fraterno y de acabar con el capitalismo se enreda con sus depósitos bancarios en entidades sospechosas por sus apoyos al armamentismo.  Los combinados antitéticos son continuos. Tenemos portavoces del ecologismo que se desplazan generando grandes consumos de combustible intoxicando la atmósfera, apólogos de la libertad que prohíben a sus partners a que tengan contactos íntimos con otros, parlamentarios lúcidos que se saben atrapados en las encerronas palaciegas donde no se hace puñetero caso a sus propuestas, hablantes obsesivos de sexo que lo practican más bien poco, amigos que apuestan en contra de tu libertad relacional…Entre el creer y el actuar hay grandes distancias, las que hay entre el pensar y el hacer. Ese desajuste indica que la conciencia no se limita a una suma de conocimientos y datos verificados aportados por el análisis sino a una forma de ser que los integra y que actúa o tratar de actuar consecuentemente con ellos. En vez de eso, la conciencia sigue su ritmo mientras que el comportamiento sigue el suyo. La conexión no es tan corresponsiva como en principio se pudiera pensar.

Es tan constante la evidencia contradictoria entre el deseo y la posibilidad que se ha naturalizado el abismo existente entre el decir y el hacer. Al conformista se le descubre antes de que pasen 5 minutos de una conversación cuando te dice que si lo que hace (lo cual es algo reprobable y lo sabe) no lo hace él lo hará otro, puesto que es inevitable prefiere ser él el oportunista a que otro le arrebate la función para que se quede con los dividendos. Del otro se espera algo más, bastante más, que un saber extraordinario, y un despliegue de su conciencia por el conocimiento de todas las actualizaciones de los grandes problemas del mundo. Se espera que viva de acuerdo con ese conocimiento para formar parte de las soluciones de las cosas, y no de los problemas.

La ética empieza por la gestión del propio tiempo y energía no poniéndolos al servicio de actividades negativas o fraudulentas por mucho que el mejor postor esté detrás contratándolas. La multiaspectalidad del perfil del consumidor moderno requiere una auto vigilancia total para no ser cómplice del sistema con el que no está contento. Detrás de cada acto de producción y de cada acto de consumo se participa de cadenas y procesos con implicaciones internacionales. El poder del consumo pone el énfasis en esta poderosísima arma individual de no emplear el propio dinero para lo injusto: desde comprar carne envasada a comprar artículos del otro lado del planeta despreciando los del vecino. Ni siquiera las nuevas empresas etiquetadas como comercio justo están fuera de las observaciones críticas en contra de las prácticas neoliberalistas.

En una imaginaria lista de actividades laborales reprobables y de funciones productivas a eliminar no serían pocos los empleos o puestos de trabajo que se deberían recalificar con recalificaciones que conducirían a su supresión.  Por lo que hace a los actos sociales la cultura no ha filtrado las  formas de estrés y velocidades existenciales totalmente enfermas. Basta tener la mala suerte de encontrarte atrapado en un atasco de tráfico encerrado en tu coche para advertir el tipo de hilaridad a la que llega la gente dándole al claxon frenéticamente sin saber a lo que le está pintando. La sociedad enferma está más enferma de lo que se le reconoce. Su autoconcienciación -que queremos suponer que va siendo creciente- no lleva a resultados tan positivos a corto plazo ni se les prevé a medio ni largo plazo a pesar de que los compromisos intergubernamentales dedican más esfuerzos económicos para las curas por lo que hace a los impactos ecológicos lesivos.

El reto crucial tanto para la sociedad como para cada uno/a de nosotros/as  es implementar la ética en cada acto de vida, en cada detalle, en la forma de manejar el dinero y en la forma de relacionarnos con las cosas, en la forma de tratar a los demás, a los que queremos y a los que nos son indiferentes, a quienes están cerca y quienes están lejos, a los clientes y a los socios, a los amigos y a los enemigos. Hay un gran trabajo de reflexión práctico por hacer en cada acción, ya que cada acto de vida es un acto de significado, según actúas así eres interpretado, según lo que hagas así haces mover el mundo en una dirección u otra.

La conciencia no es la suma de los textos escritos o leídos (eso forma parte del proceso de intelección pero no lo que la demuestra) sino una línea de comportamiento, la que sabe  estar en el mundo, la autentificación de las relaciones, la lucha por acreditar la postura ética frente a los comportamientos vendidos que aceptan el ultraje y la injuria a cambio de los privilegios de la supervivencia.

No hay ninguna biografía que no tenga sus pifias y anécdotas para la vergüenza. Pero avergonzarse de lo que se hizo es un factor a favor de la conciencia de quien ha tenido tal sentimiento por su sensibilidad. Avanzar en conciencia significa estar en permanente conflicto con los demás que se oponen a ella o que no quieren actuar en consecuencia con ella. No falta la tesis de quien ve una equivalencia entre conciencia y sufrimiento. Olvida que tomar tal ecuación como una relación inmodificable no permite ver el sufrimiento como parte de la enseñanza y etapa transicional. La conciencia es el aliado integro para la felicidad, la ignorancia lo es para la alienación en la superficialidad.

El ser consciente no puede ignorar lo que sabe, no puede librarse de las conclusiones a las que ha llegado. Su conciencia es el resultado de haber desentrañado los secretos del mundo y en particular del sistema socioeconómico en el que vive, pero también de haberse transparentado ante sí mismo lo que es, en lo que se mueve, su trayectoria de futuro, el valor de sus compromisos. Dependiendo de su disposición espirita también conciencia su sentimiento de fusión con la totalidad, su interatomización con todo lo demás: lo que ha existido y lo que está por existir, lo material y lo inmaterial, lo visible y lo invisible, lo explicado y lo no explicado.  Concienciar pasa por indagar y por pensar, por enfrentar los datos con un método que los combine y esencialice. El placer del saber no es igualado a ningún otro, aunque Eric Hoffer ya filosofó la semejanza del placer producido por la excitación  entre manejar e ideas y el placer de la sensorialidad erótica.

He oído decir varias veces en medios intelectuales que la conciencia está más conexa al sufrimiento sentimental (por la impotencia que se experimenta frente a las necesidades de cambio que no se concretan) que la ignorancia ya que el ignorante piensa que vive en el mejor de los mundos posibles justificando todo el fárrago de errores que sigue arrastrando. No estoy de acuerdo, la conciencia da una amplitud y una visión existencial que no proporciona la no-conciencia. El tiempo de cada minuto y el valor de cada experiencia vienen multiplicados en el nivel de consciencia, algo que se priva quien carece de ella quedándose o pegándose en/a la forma de los estímulos que le van llegando.

Lo cierto es que a más conciencia mayor exigencia ética personal. Tener conciencia y no adoptar una conducta ética da lugar a monstruosidades y a monstruos psicopáticos capaces de las peores barbaridades. No hace falta alcanzar roles de gendarmería en la institución del mal para vivir severas colisiones entre lo que se sabe y de lo que se es consciente y lo que se actúa o hace por los estilos de vida y de consumo. Cuantas más acciones protagonice una persona contrarias a lo que piensa y en contra de la lógica y los valores humanos mayor disonancia, mal estar y patologías vivirá en su biografía y menor utilidad tendrá para los demás, así como para la historia y para la ciencia

La protesta política general

Ante la convocatoria de la protesta política general1.

Es un clásico el slogan de un acto político definitivo con el que quebrantar un gobierno y dar paso a una alternativa de gestión social y política para la solución de los males generales. Durante las dictaduras se convocan huelgas generales para acabar con un régimen caduco. En el franquismo hubo varias de esas convocatorias con el flamante título de huelga nacional política. La titularidad gubernamental del PSOE se está enfrentando a manifestaciones masivas por distintos asuntos y también por responsabilizarlo por su incapacidad de sacar al país de la crisis. En el mundo ha habido una cierta tradición de movimientos masivos conservadores que ponen el punto de mira de las responsabilidades en los individuos de la galería de turno en lugar de ponerlo en la estructura del modelo. E esto se desprende que no todo movimiento social es una escuela de enseñanza en quienes lo secundan, lo puede ser de alienación.

Es una manipulación convocar a la clase media a la gran y definitiva manifestación para tumbar un gobierno en un momento histórico en que sabemos que no hay una oposición alternativa para la gestión global. Hay una conexión en este tipo de convocatorias con aquellos razonamientos que durante la transición en los años 1975-1983 apelaban con morriña a la dictadura desmantelada con su famoso predicado: con Franco se vivía mejor.

El derecho a la protesta está recogido constitucionalmente y es una libertad fundamental para atenuar dominios y llegar a acuerdos pero no toda protesta es legítima ni racional. Venimos padeciendo una colección de ellas por leyes innovadoras y evolucionistas (la del aborto, la universitaria, contra la homosexualidad,...) y por supuesta en todos los regímenes, en el aznarato también, acciones contra el paro laboral. Desde que tengo memoria nunca hubo pleno empleo rotundo, siempre ha habido una considerable parte de población pasiva y muchos sectores (el estudiantado y las mujeres con trabajos domésticos) fueron considerados como parte integrativa de esa mal llamada pasividad.

Haciendo números es una minoría social directamente comunicada con la activación de inversiones y generación de producción real que está implicada con trabajos de riqueza, la mayoría lo está con trabajos de control. El funcionariado en su conjunto (mas de 3millones de personas en Spain) no es generador directo de riqueza sino una organización para controlarla y para obtener -para la clase dirigente- bastante más que sus diezmos. En el país se estima que hay menor cantidad de empresariado en toda la gama de empresas activando inversiones y organizando trabajos.

Una alternativa a la crisis no pasa por sacar un gobierno y meter otro que se dedicara a crear empleo ficticio (hay una larga tradición en los países de leste europeo en los que se garantizaba empleos para todo el mundo sin que eso correspondiera a la dinámica lógica de la economía real llevando a inventar puestos de trabajo para actividades que no necesitaban tantos) sino apoyar a quien proponga un nuevo modelo de vida. A esta idea se la acaricia pero nadie dice que un modelo económico alternativo pasa por acabar con los paraísos fiscales y por recortar la ambición de los mas ricos asi como de sus posesiones. En resumen, un nuevo modelo no es concebible sin acabar con la misma esencia del capitalismo y reeducar a la sociedad en formas no ególatras de vida social. Inevitablemente las proposiciones hacia un modelo alternativo van a pasar por una antipopularidad rotunda habida cuenta que una parte de la población cae en el alarmismo al perder sus fuentes de ingreso sin preguntarse la larga trayectoria que explica esa pérdida.

Las crisis estructurales periódicas no las producen los gobiernos, o al menos no las producen como causantes directos. Las formas gubernamentales en sí mismas ya son indicadores de crisis permanente de la humanidad en tanto que delegan resposnabilidades colectivas a unos gestores que les permiten que a sus espaldas hagan cosas no autorizadas. En principios los gobiernos actúan con el respaldo gubernamental pero de acuerdo con las formas de votaciones por mayorias simples hay maneras de manipular parlamentos. Por su parte los partidos políticos se presentan ante la sociedad como feudos personalistas. Los hay (PP es muy representativo de eso) que no tienen la menor vergüenza en que sea un líder el que se presente a los medios como amo y señor de toda la organización.

Las formas de habla en política son tan bajas de contenido, tan poco respetuosas por no decir saboteadoras, que también lo son, que en el lugar de los debates se prodigan los golpes y contragolpes a base de titulares. Una sociedad madura no se pasaría toda su existencia siguiendo a sus clases políticas (unos cientos de individuos consentidos y caprichosos en todo el planeta) en sus partidas de ping-pong. De las clases políticas lo menos que se puede afirmar es que son parte de la estructura parasitaria a la que alicientan y de la que viven. No se puede justificar de ninguna de las maneras seguir aguantando un doble discurso: el de supuestas medidas anticrisis por un lado y el de unos sueldazos e ingresos reconocidos brutales por otra. La titularidad gubernamental actual volvería a tener la simpatía del público en 24 horas tan solo reduciendo a sueldos razonables los de los diputados y ministros, también reduciendo el porcentaje de funcionariado superfluo, y dentro de este lo dedicado al ejercito y a las policías. Solo haciendo esto además de conseguir simpatías sobradas convertiría la actual etapa de crisis en un veraneo confortable para esa masa de parados angustiada y desorientada.

De la crisis económica del 2008-2009 no se está aprendiendo tanto lo cual la prolongará al 2010 y se habla también del 2011. Para el modelo de acumulación de capital en todo el sistema mundial no es la primera ni será la última. En particular no se aprende la lección crucial: que el planeta tiene recursos sobrados para todo el mundo pero el modo de sacarles partido sigue siendo a favor de minorías, lo que explica que siga siendo casi la mitad de sus habitantes que lo pasan mal. Eso explica que no exista legislación restrictiva para el enriquecimiento a ultranza de los mas listos, es decir de los más oportunistas. Teóricamente en una sociedad dineraria lo más fácil debe ser conseguirlo ya que absolutamente todo: desde la ideología de la ambición a las prácticas comerciales del engaño. Si bien las medidas anti-corrupción con su saldo de imputados por especuladores y traficantes de favores e influencias esta en la linea de la reparación histórica del mucho daño que se hace a un país con esas inversiones incorrectas y, de ser estrictas, caerán en dominó otros muchos especuladores que en localidades pequeñas han priorizado sus bolsas a los intereses comunitarias, esta misma persecución tardía y tras males hechos demuestra que el sistema no se autorregula para evitar lo que periódicamente va produciendo: una extensa saga de ciudadanos vendidos al mejor postor.

Eso ha pasado y seguirá pasando con un gobierno u otro. El PSOE, en realidad los partidos socialistas, vienen defraudandando a las ciudadanía que los votan. Un día u otro sucedería pero eso ya fue advertido -ya lo advertimos desde la primera campaña legislativa de la que salió elegido F.González- ante lo que solo se desengaña quien aceptó ser engañado y autoengañarse. En cierta manera toda esa base ambigua que ahora no entiende el programa del gobierno al que ayudó a elevar al poder tiene lo que se merece. Pero de haber votado a la derecha seguiríamos mucho peor reproduciendo esquemas predemocráticos con menos control de la estafa social. ¿o acaso se ha olvidado como se hicieron las grandes fortunas en este país? El problema es que las bases electorales de los socialdemócratas ahora defraudadas no resolverán las cosas cambiando su orientación de voto a sus oponentes conservadores o centroderechistas. Tan solo participaran del juego de la bipolaridad social sin cambiar a fondo las cosas.

La imagen de una gran huelga para acabar con una resolución de estado ya ha pasado a formar parte de los idealismos sociales por no decir leyendas urbanas. Las dimisiones toca pedirlas por razones solidas y objetivas y con una opción alternativa, alguien que además de promesas explique un programa para acabar con el estado de debilidad económica. La verdad es que para construir un programa alternativo hay que asumir otros valores sociales, otro modo de entender el trabajo y la cooperación dentro de los países ricos, otra forma de relacionarse con el planeta, en definitivo acabar con la jungla neoliberalista en la que todo vale a cambio de inflar los dividendos de unos aún a costa de la miseria y sufrimiento de otros. El hecho es el siguiente: ni la derecho ni la izquierda de la parasitaria casta de supuestos dirigentes que no saben qué ni como dirigir se han puesto de acuerdo ni se pondrán nunca de acuerdo en acabar con el modelo del capitalismo salvaje. Si hay un espacio para la alternativa es el de la base social con iniciativas autogestionarias creando programas de gestión de los recursos con protocolos éticos serios y mantenidos con rigor. Mientras esto no se haga con suficiente potencia de lanzamiento, las próximas décadas tendremos que seguir aguantando las broncas interpartidistas que esterilizan la eficacia por falta de colaboración y la casa seguirá sin barrer.

Ante la convocatoria a una manifestación general en contra del paro cada seducido por ella que desee ir debe pensar no en lo que el país puede hacer por él sino lo que él puede hacer por el país (idea muy a lo Kenedy pero que viene al pelo). A quien no tenga su puesto de trabajo y lo necesite se le puede proponer que piense en una actividad viable para si mismo y para el mercado, pero no solo para el mercado (buscar un espacio en el mercado es una semilógica) sino para la sociedad, para la humanidad. Es comparativamente mas alternativo eso que los gritos de gallos de pelea en las avenidas principales.

Manuel Rivas sostiene que la literatura aun tiene una capacidad subversiva. Se refiere a un tipo de literatura. No todas subvierten, las hay que confirman y defienden el mundo del caos y de la irracionalidad. Cuando es referida la literatura en palabras mayores es difícil escrutar a lo que se está refiriendo exactamente quien usa esta palabra. Concurre una profusión de literatura oral en platós de habla que lejos de cualificar el arte de la palabra lo sabotean. Es como si estrellaran bolsas de pintura indeleble contra obras pictóricas. Para muestra, algunas de las chácharas en Radio Intereconomía, un nido de víboras (con mil perdones pedidos a los ofidios que no atacan de maneras tan furibundas) donde cada vez que -por error- la sintonizo me pregunto el uso perverso de la cancha democrática por los sedicionistas sistemáticos. Entre nosotros: literatura no es todo lo que pasa por el texto, lo mismo que el habla no implica siempre el transporte de un razonamiento y el porte de un decir. Literatura es la propuesta para ir más allá de las palabras dichas recomponiendo el pensamiento tras sus lecturas o sintonizaciones.

1http://es.globedia.com/la-portesta-politica-general

Llamamiento al voluntariado Social

Llamamiento al volutariado social1.

El voluntariado social se ha convertido en un fenómeno amplificado,tanto que se podría decir que entre los 18 y 30 años quien no colabora con alguna clase de programa de ayuda puede resultar extraño y puede ser justamente calificado de conformista. Desde las plataformas de difusión se insiste en ello. Hay llamamientos al voluntariado social para hacer un mundo mejor, tan deseado y voceado que da pena que no sea una certeza teniendo en cuenta los millones de personas que se dedican a colaborar en esta perspectiva. Me pregunto qué pasaría si todos estos millones de cooperantes, soldados de la utopía, militantes de partidos y militantistas por libre, agitadores sociales, oenegeros y solidarios múltiples en pos de ideales nos reuniéramos en una isla desierta (o un territorio imaginario que fuera un vergel y que permitiera las posibilidades de subsistencia y desarrollo) para construir un mundo nuevo.

Caben dos hipótesis: la idealista que sostiene que tanta riqueza de subjetividad bienintencionada reuniría las condiciones suficientes para crear ese mundo y la gafe que sostiene que eso no sería suficiente ya que en un mismo individuo concurre un factor evolucionista y otro retrógrada, lo que llevaría a que desde las mismas bases sociales de ese nuevo mundo convergerían fermentos disuasorios para hacerla o actitudes para sabotearla. No hay que olvidar que los gestores del mundo capitalista actual, (los que hablan de insuflar dividendos a la banca y a sus desastres desde un discurso político paternalista que dice Antoni Abad2 ) son, en una parte importante, hijos de la generación que impugnaban desde la radicalidad ese mismo capitalismo. No hay que se profeta para predecir que el mundo de la segunda mitad del siglo XXI y aun desde la segunda tercera parte estará gestionado por los que empezando hoy desde tímidas sensibilidades y practicas voluntaristas de solidaridad lo harán bajo presupuestos del mercado de la competencia feroz y del arruinamiento de la naturaleza y de las clases desfavorecidas. Un antiguo póster que hacia referencia al encuentro hippy-rebelde en el festival de una isla, reproducía las mismas figuras bien vestidas en un cóctel de high society unas décadas después.

Aquello por lo que se lucha con ahínco y convicción en una generación deja de ser defendido desde tanta rotundidad ante la generación siguiente. A diferencia de otros tiempos de compromisos en programas políticos para acabar con los aparatos de estado como condición previa para cambiar el modelo social, el voluntarismo social se distingue por parcelar su dedicación a las ayudas y reformas. Más de un millón de organizaciones dedicadas al bien común y bastantes millones de voluntarios que dedican parte de su tiempo a la causa de un mundo mejor no son garantía suficiente para que la línea histórico-evolutiva se mueva en esa esa dirección. Algo debe estar pasando para que el sistema siga venciendo a pesar de tanta energía dedicada a la oposición. Las causas hay que buscarlas en las mismas formas de intervención. Las formas internas de las nuevas asociaciones y organizaciones de intervención social reproducen esquemas de la sociedad que dicen o quieren combatir. El panorama de la solidaridad organizada se ha convertido en un mercado en el que los funcionamientos de grupo contemplan divisiones, castas y usurpaciones de funciones, cuando no corrupciones (Anesvad, Intervida,...). Las inyecciones de ayudas en especies, en capital y en trabajos o objetivamente vienen a contribuir al consumismo sin dotar de capacidad crítica para saberse relacionar de una manera mas inteligente de lo que han hecho las sociedades más desarrolladas.

Si bien participar activa y entusiastamente en proyectos para solucionar las realidades concretas es una convocatoria a la que no se puede dar la espalda, hacerlo sin conciencia crítica puede ser fatal. Ha florecido un voluntario aquiescente que se presta al propagandismo y a la colaboración sin interés económico de proyectos sin analizar en lo que se mete. Mientras no haya una auditoria instrumentada por una agencia externa a los programas de solidaridad, sean de ONGs asi como de instituciones gubernamentales, no se podrá saber con seriedad las implicaciones de cada intervención.

Cuando las ayudas generan dependencias y acriticismos cada voluntarista que da el pescado por no la caña de pescar debe replantearse su función. En distintas partes del mundo he visto como jóvenes europeos entusiastas recorrían miles de kilómetros para ir a hacer trabajos manuales elementales quitándoles la oportunidad a los nativos a que los asumieran por su cuenta.

Al voluntariado social en una etapa en la que sigue eclosionando asociaciones dedicadas a la ayuda de los pobres (por cierto, desde que hay solicaridad a escala mundial en los últimos 50años la pobreza no ha parado de aumentar y la riqueza concentrada en pocas manos, incluidas las de las castas dirigentes de los países auxiliados, no ha parado de crecer) hay que convocarlo al debate crucial: el de reunir los propios recursos para cambiar el mundo en 3 cosas cruciales de la practica y la psicología de las relaciones: 1.contribuir desde los trabajos y empleos a producciones y bienes generados éticamente, esto incluye que no agredan a la naturaleza. 2. Contener la inflación y el encarecimiento del dinero, creado formas de pago y de consumo que impidan las prácticas especulativas. 3.Priorizar el tiempo de ocio (placer y creatividad) al del puesto asalariado o laboral. 4. instaurar formas sociales de cooperación alternativas a la sociedad capitalista.

El eje de tales propuestas se basa en asumir la responsabilidad de cada conducta en uno mismo y curiosamente, ahí donde vive o está. Irse al otro lado del planeta a cambiar el mundo sin cambiarlo en uno mismo, luchando en los tú a tú que vaya estableciendo en sus constelaciones, es una coartada psicológicas para creerse que está haciendo algo sin cambiar lo esencial.

Si el voluntarista en campañas de desarrollo y solidaridad no participa en su propia superación personal, lo que por una parte ayuda por otra lo derrumba con otra clase de negatividades. El campo de las ONGs vienen a repetir en sus relaciones internas lo que una estructura verticalizada y dirigista de los partidos politicos reformistas y antisistema producida en procesos discriminatorios.

Mientras el volumen de personas en el mundo actuando éticamente en cada una de sus acciones e ideas no supere aplastantemente al volumen que no lo hace, la perspectiva de un mundo mejor seguirá siendo un cuento fantástico ya que los procesos de degradación globales tendrán mas peso que los de superación. Esto compromete directamente a las personas más exquisitas en su sensibilidad que se dedican a ayudar a los demás. Esas ayudas son cuestionables sin la transformación radical de las propias conductas auto excluyéndose de la complicidad con el sistema. Cambiar de conducta exige planteamientos muy radicales de vida: desde no aceptar hacer trabajos no éticos por mucho que urja el dinero a hacer objeción fiscal a ejercer el poder del consumo no adquiriendo o comprando aquello que no haya sido ético o justo en su fabricación.


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2Presidente de la patronal catalana CECOT



En el debate de la incompletud.

El otro como auxiliar en el debate de la incompletud

El debate sobre el vacío, la nada y el deser ya nos está dando la opción de cargar las tintas para ser algo. La mirada observante aprende y crece ante la cosa observada aunque ésta sea un producto imaginado. La reflexión del ser y la nada se cortocircuita puesto que la reflexión al comparecer ya está siendo algo. El habitante del desierto no puede afirmar que está en medio de la nada aunque está pueda ser una frase poética -con una exageración literaria que se puede momentáneamente perdonar- y seguramente instruirá al visitante ocasional o perdido que no sepa orientarse en él. Podemos hablar de déficit de la realidad enfrentada, de la incompletud situacional o del otro, de la degradación circunstancial, de la extinción de unas formas u hechos; podemos hablar del desequilibrio de los entes, de la provisionalidad existencial como circunstantes, del sujeto transicional condenado a la finitud pero no es concebible la nada total. La diferenciación entre nada y vacío es crucial. Desde el mismo momento en que nos podemos permitir utilizar signos y manejas simbolizaciones,denominar y conceptualizar, estamos en medio de trasiegos. . La filosofía ya se separó de la physis as suficiente distancia para declarar que el universo contenia lo tangible y lo sensorialmente sentido junto a lo no tangible y lo intelectualmente asumible.

Eso no impidió la duda a la intelectualidad sobre si todo eso de lo que hablamos y tratamos es realmente existente o simplemente imaginado. A efectos prácticos de consumo elaborativo del sujeto perceptivo si la calle que ve, la planta que crece, el gato que le dice miau, la compañía con la que comparte la cama o su numero de cuenta bancario son ciertos o no, no es tan catastrófico. La divisoria entre ser y no ser, entre lo que existe y lo que no existe no es tan clara. Incluso actualmente una linea fronterizada históricamente aceptada entre vida/no-vida ha dejado de ser clara a partir de las distintas muertes del cuerpo. Lo real que es contrapuesto a lo imaginado no existe más que los productos de la imaginación. La existencia incluye tanto lo sido como el plan de algo por ser., tanto lo realizado que se toma por un hecho o construcción como lo que está por ser pero que de momento es solo su enunciado potencial en tanto que constructo o visión. Uno se pasa una parte de su vida hablando de lo que no existe (l discurso de la utopía en este registro) pero que a fuerza de darle cabida mental y darle escena en el espacio conversacional le confiere una entidad como si su posibilidad imaginada estuviera a la vuelta de la esquina como realidad efectiva.

La vida vivida y la que está por vivir siguen parámetros hipotéticos. Una hipótesis es que el ser humano es una entidad que tiene necesidades y que organiza su existencia para cubrirlas. Otra hipótesis es que cualquier cosa que pueda haber hecho o por hacer no existe porque en realidad no existe nada. Su aglomeración molecular es solo la ficción o la entelequia de algo que no se es. Si el ser humano es un espectro o es real no va a justificar el dejar de hacer de esta reflexión. Si se viene haciendo desde siglos es porque el reto existencial de la inteligencia es vivir sin tener todas las seguridades ni conclusiones. No es una cuestión de formación o de cultura sino de limites consubstanciales a la propia vida. Por lo que sé de los saberes en curso no creo que la humanidad del futuro (la de dentro de cien mil años, si para entonces existe alguien dispuesto a seguir hablando) pueda resolver el tema de la existencia condenada a la finitud individual dentro de un proceso plural de morir-revivir continuo. La antorcha del sol que esta alumbrando por una temporada de unos miles de millones de años al planeta tierra un día se apagará. Alguien habrá dejado de pagar la factura o la compañía eléctrica habrá entrado en quiebra. Antes de eso los planetas que orbitan a su alrededor como saprofitos habrán dejado de hacerlo, los vivientes dejaran de vivir.

Todo eso es una gran conjetura, fantástica (el tema ideal para una película que quiera jugar con las angustias de la platea) pero con ello no te traes el plato diario a la mesa ni construyes una filosofía unitaria con la que vivir en concordia creativa con tus vecinos en tu planeta. El gran sentimiento de vacuidad tiene por contrapartida del de contigüidad sentimental al de tantos otros hablantes que pasan por lo mismo. La construcción del ser cuenta con la confrontación a su propio deser (una lucha intra-sujeto sin tregua) y la confrontación al deser de los demás, que en casos extremos caen en patologías mentales y en severas disfunciones de comportamiento.

En un mundo de incertezas y de crisis de referentes estables o modelos que seguir en los que no hay objetivos comprobados que funcionen, el otro, cuando menos, hace de auxiliar para las exploraciones conceptuales y los debates temáticos aunque estén condenados a la incompletud. Lo mismo que la cura psíquica pasa por dar paso a la voluntad para que tome el mando e lfin de la melancolía pasa por darle opción a la felicidad. La felicidad es una resultante en la que el sujeto se confiere un poder para hacerle espacio en su vida no poniéndola en función de la infelicidad ajena.

Lo ajeno nunca está tan lejos de uno en tanto que somos formas participativas en el conglomerado general del universo. Los átomos de los que etamos compuestos son sustancialmente los mismos de los que son compponen otros tejidos de vida y otros objetos inertes.

Si hay una clave para seguir participando en la discusión sobre el todo y la nada, sobre el ser y el no ser es que al hacerlo nos recargamos de partículas de energía para seguir siendo lo que seamos aunque sea una condenacion a la incompletud que no por eso deja de ser vivible en su divers ocolorido y sus ofertas degustantes. Mientras escribo esto la trompeta de Mile Davis en el álbum Ascenseur pour l' echaffaud llena mi espacio en un itnerludio entre un silencio y otro. El proceso hacia un final no quita el placer del viaje aunque no haya fin ni propósito. Mientras los unos nos sigamos haciendo de auxiliares de viaje de los otros, de apoyos tácticos para la discusión y el reto de comprendernos la suerte del vivir seguirá estando de nuestra parte.

Catarsis y cura

Catarsis y Cura.

La discusión formalista sobre el modo de decir las cosas suele estar vinculada a una posición conservadora de la apariencia que coloca en un segundo plano lo más importante. En según qué ambientes aristocratizados era de mal gusto elevar el tono de voz y es conocida internacionalmente la postura flemática en la que se dicen las peores cosas sin perder la compostura del rictus cínico. De las múltiples observaciones de la vida cotidiana y de la empiria de los interactos con los demás, he desprendido una conclusión que para mí tiene categoría de axioma:quien prioriza la atención en la forma y no en el fondo es que quiere eludir la conexión con lo real impidiéndola implicitamente por la vía de la hipervaloración del semblante. Las interactuaciones que se llevan la mayor parte del tiempo hablando de la forma es que consciente o inconscientemente no desean llegar al fondo de la cuestión. Muchos procesos (también los judiciales ¡como no!) son abortados por cuestiones de forma, demorándolos o eternizádolos.

La catarsis no atiende tanto a la forma como a la pulsión expresiva y tampoco tanto a los protocolos del hablar como una necesidad inaguantable del decir. Teniendo en cuenta que el hablar se ha convertido en el arte del no decir, -algo absolutamente distante del arte de la conversación así como el de la oratoria que no perdían de vista la intencionalidad comunicativa- cuando hay una eclosión verbal todo lo que ha estado inhibido por autocensura o por deferencia al otro, cuando surge lo puede hacer abrupta y desconsideradamente.

En esa escena hay que preguntar ¿qué es lo más importante el decir a pesar de saltarse el protocolo y las llamadas buenas maneras o por deferencia a no herir con verdades irrefutables seguir tratando a los demás con algodones?. Las verdades se digan cuando se digan y en la modalidad que se emplee para decirlas dañan, pero si bien son un daño para quien las recibe parapetado en no quererlas saber puede ser un acto de liberación en quien, al fin, las saca de su escondite para con ellas poner en claro problemas incrustados.

Los conflictos de comunicación son de un tipo o de otro según el posicionamiento subjetivo que se adopte ante el mensaje y según si el hablante cree de sí mismo ser mensajero autentificado o simplemente protocolario ritualizado. Lo dominante en las sociedades hipócritas es la subordinación del sujeto a su rol (obligado o autoelegido) lo cual le da una perspectiva de evolución filosófica personal escasa.

El radiograma de un sujeto, así como de su constelación, gira en torno a un eje de unos cuantos núcleos conflictivos, tampoco tantos. Su vida entera pivota o ha quedado estructurado en torno a unos temas céntricos. Por años que pasen no significa que se resuelvan. Antes bien, en el lugar de la solución lo que la neurofoisiología de la supervivencia impone es un olvido, una amnesia voluntaria fragmentalizada de aquellas cosas que se borran del consciente que no eran soportables. Pero el hecho que un acto sea olvidado, otro puede ser la referencia de permanente recuerdo mientras se viva. Eso distribuye el arco de hablantes con los que se trata. Hay interlocutores que dejan de serlo, es decir que se les descarta como válidos (ni útiles ni interesantes) a partir de un cierto momento en que su posicion psicologica o sus ideas les llevaron a actitudes tan conservadoras, tirmoratas y falsas que ya no dieron lugar a la hipótesis de encuentros posteriores. Esto viene pasando tanto con personalidades muy vinculadas al ámbito de la cultura como otras que prefieren no leer nunca ni participar de discusiones intelectuales; ambas están tocadas por sus bioquímicas emocionales con respuestas asombrosas cuando prefieren no saber a exponerse que ese saber les ponga en evidencia sus mentiras. Flaubert ,que retrató con equivalente mordacidad la idiocia conservadora con la idiocia revolucionaria, afirmó que hubo hombres de ingenio que se volvían cretinos de golpe y tal cretinismo les duraba el resto de sus vidas. Es difícil encontrar un intelectual que no objete la degradación de otros que le tocó soportar en confrontaciones en su misma época. En todo ámbito de la palabra (instrumento crucial para la comunicación más precisa) nunca faltan figuras detractoras de los decires que hacen a veces de peso contrarrevolucionario a la innovación y otras de rompedoras de moldes proponiendo mentalidades de puertas abiertas para abrazar nuevas formas de contacto. Cuando el mensaje es ofensivo -aunque sea cierto- y se produce una reacción represiva, este hecho se convierte en un factor de regulación para moderar posteriores intervenciones. Posiblemente el interlocutor que no quiere escuchar la verdad acaba recibiendo posiciones superficiales en quienes lo tratan en su delicadeza quebradiza.

Ante lesiones graves -así tomadas por informaciones dadas- y sus sutorias, sigue habiendo distintas posturas teóricas y formas prácticas de encajar las. Situaciones Una sostiene que lo mejor es olvidar lo ocurrido y eso permitirá pasar al perdón. Otra posición sostiene que sin un análisis del suceso es difícil que el sujeto obtenga la plena consciencia del daño ocurrido o que ha ocasionado. Una biografía se llena de muchas cosas, también de afrentas, descuidos y desconsideraciones, con las que se va cargando y aceptando como un flujo de normalidad. Efectivamente la norma de comportamiento dominante en sociedad no es la sinceridad o el contacto honesto sino las elusiones, las evitaciones, los micro rechazos cuando no los marcro-rechazos. Las situaciones de abandono y de engaño, incluso en aquellas situaciones biográficas duras pero que permiten un margen de elección, son difíciles de aceptar. El caso de las madres -o padres- que se deshacen de sus hijos/as en una edad prematura por no poder ocuparse de ellas por razones económicas, o por ejercer la prostitución, dejan una satisfacción pendiente difícil de explicar. 50 o 60 años después de este acontecimiento si la relación materno-filial existe porque los protagonistas siguen vivos y siguen con sus contactos, el conflicto que generó no ha terminado aunque haya una relación de cordialidad o su simulacro funcional. Las relaciones materno-filiales piden una atención especial en el universo de todas las relaciones sentimentales. El amor de madre puede ser una falacia tanto como el amor de hijo. Hay, un vinculo sentimental, eso sí. Amor es una palabra demasiado maximizadora para darla por validada para todos los vínculos sentimentales. La obligación o débito que siente una persona por haber dado a luz y haber traído a otro ser al mundo presiona psíquicamente para generar culpa cuando impone una separación porque se desprende de su criatura durante su infancia (otro caso particular era el de las madres que abandonaban los bebés a las puertas de conventos nada mas nacer). Este mundo en el que se cultiva la apariencia va dejando la suciedad sentimental debajo del felpudo sin llegar a barrerla del todo. Terricabras refiere que la sociedad que se ha montado esta basada en la simpatía pero no en la profundidad.

La catarsis es una condición necesaria pero no suficiente para la cura, entendiendo la cura de una relación y de sus emociones enrarecidas. La catarsis es un decir voluptuoso en el que es secundario si aparecen los gritos (aunque lo recomendable es no hacerlo para poderlo decir todo con serenidad y seriedad) que permite poner en contacto con una verdad callada, a veces por décadas, al responsable de unas heridas. A menudo, a los ancianos se les disculpa de pasarlos por ese trato en deferencia a su avanzada edad, olvidando que el aparato psíquico que tenían una o dos generaciones antes cuando cometieron sus grandes errores en la tenencia y trato de sus hijos sigue siendo el mismo. La edad biológica no añade nada, absolutamente nada, a la evolución personal sino hay una voluntad ideológica en el cambio de valores y una honestidad en las formas de pensar. El paso del tiempo suma edad pero no saber si no se va con el registro despierto para su adquisición. En muchas relaciones con personajes confrontados que no entraron en el juego de verdades, si la relación ha de continuar por condicionantes ineludibles (si se trata pues de relaciones políticas o interesadas) lo que queda de ella es una leve sombra. Su substancialidad ha sido excluida. Eso lleva a tener un gran circulo de relaciones distantes -pero también sucede con algunas próximas- en las que todo va bien si no se aborda nada realmente importante. Ese circulo incluye parentela familiar y figuras significativas biográficamente pero a las que no se ha reescalado para un significante o una importancia mayor en su interiorización.

Si la catarsis directa no es posible (no poder decir lo que se siente ante quien produce ese sentir por ser una actitud temeraria) toca recurrir a la indirecta (diario terapéutico, letrapéutica, rol playing, desensibilización, alternativas sentimentales, intelectualización..). La cura pasa por esa proyección en un campo u otro o en los dos combinados en la medida que sea posible.

La violencia es una forma particular de catarsis con daños colaterales y el encadenamiento de su prolongación en terceros que requiere otra reflexión separada.


Meditaciones ante el fuego.

Meditaciones ante el fuego.

Una chimenea fue la evolución del fuego concentrado en un a parte de la casa. Debió ser el paso siguiente de la organización domestica tras los fuegos en las cuevas o de campo u hogares. Si el fuego de chimenea no existiera debería inventarse. Las casas de campo todavía tienen la gran suerte de disponer al menos de uno. Las grandes mansiones contaban con fuegos en cada habitación. Como posibilidad domestica para escalfar las estancias tiene sus discusiones. En el mejor de los casos deja una enorme cantidad de cenizas que recoger con el consiguiente trabajo de limpieza. Aún así el urbanita que va de fin de semana a una casa rural lo reclama, le recuerda la infancia o remotos avatares metidos en los recónditos de su memoria.

El fuego tiene una magia especial: el crepitar de la lecha y las llamas continuas propician la meditación sobre lo efímero de todo y la continua forma en movimiento aunque sea una forma condenada a extinguirse. La física dice que ese fenómeno de evidente destrucción no lo es mas que de transformación y que cada uno de los átomos en juego reaparecerá en otro objeto o cuerpo. Si es así el continuo juego de construcción-destrucción nen el que andamos metidos los humanos pero también la vida natural, solo que a escalas mas proporcionadas, no sería mas que una ficción. Nada puede desaparecer nunca del todo por el solo hecho de su indisolubilidad absoluta. Para la fidelidad a la continuidad, he aquí una: todo prevalece solo que de una forma tan distinta que se hace inidentificable en comparación a la forma anterior.

El fuego además de proporcionar calor en las noches tempranas a partir de otoño otorga la imagen de un movimiento continuo que conjunta la singularidad de cada llama. El crepitar de la leña es un ruido particular aunque cada madera quema de manera distinta según sus resinas, su corteza y su consistencia. Los inviernos que pasé viviendo como neorrural hubo periodos en que dedicaba una parte del día a preparar la leña para consumirla por la noche. La operación así calculada no resultaba muy económica. La justifiqué como parte del rito. Recuerdo las dos actividades: la de preparar la leña y verla consumirse como algo placentero. Se había dicho que el fuego de la chimenea era el televisor de los pobres. Ahora los mas pobres prefieren infectarse con programas fraudulentos que pasar buenos ratos de conversación o simplemente estar en silencio ante el fuego antes de irse a la cama.

Cuando tengo oportunidad de una chimenea encendida no me resisto a repetir la experiencia. Retozar ante un buen fuego echados en la alfombra junto a tu pareja o tumbados en el sofá en zigzag dedicados al masaje mutuo de pies y otros masajes es una de las razones por las cuales merece la pena haber nacido. La práctica se puede repetir cada noche. Mirar el fuego es incomparablemente más nutritivo que seguir la tele-basura. Es el acompañamiento visual y calórico ideal para el solitario falto de caricias pero también para quien las tiene aseguradas. Es el final del día, un momento para balances y reposos. Si se medita con honestidad uno reconoce que el día le pudo colmar pero las cosas pendientes serán muchas más que las hechas. La meditación tampoco es una agenda de planning, aunque la lista de las cosas concretas no parece de acechar. La meditación profunda es sobre el ser y la nada, es decir el ser abocada a su vaciedad. El fuego que calienta y llena de sombras fantasmagóricas la escena no para de recordar que todo es efímero y que el propio pensamiento también no lo es. ¿que decir de cualquiera de los objetivos cumplidos del día en el plano de lo material? Todavía es más extinguible.

Mi memoria sobre el fuego se pierde en mi niñez. Las llamas siempre me atrajeron poderosamente. Era la fascinación de su calor y esplendor lo que me atraía porque ambas cosas estaban basadas en un proceso de extinción, al menos en apariencia. Los troncos y ramas quemados convertidos en cenizas no podrían volver a ser quemados ni estas cenizas volver a ser encendidas aunque eso sí servirían para el compost o la huerta.

Toda combustión desprende anhídrido carbónico a la atmósfera y el fuego de chimenea no es una excepción pero no es una razón de peso para no encenderlo, en particular si se tiene en cuenta que en determinadas áreas boscosas los restos de los árboles caídos por temporales y las ramas muertas proporcionan material combustible suficiente para no tener que cortar expresamente arboles para convertirlos en leña. Eso si que no justifica ninguna meditación. Una casa bioclimática preparada en una zona de bosque tiene materias primas sobradas para su calentamiento y energetización. Una cocina de metal activada con leña puede proporcionar calor para toda ella y ademas tener permanentemente agua caliente. Como desventaja el fuego está encerrado y no se ve. Las chimeneas de metal con ventanas de cristal resistente al calor también encierra el fuego y disminuye el recibo directo del calor de las llamas pero al menos permite ser visto aunque tiene el inconveniente de la opacidad de los cristales por el humo pegado. Lo ideal es la chimenea clásica con buen tiro de aire y sin peligro a que rebufe el humo. Una gran chimenea también permite meter troncos de una cierta tallar sin andarse con remilgos para cortarla a medidas pequeñas.

La meditación ante ella lleva a pensar por lo pronto a la finitud de todo y a la funcionalidad de esa terminación. Desaparecer es dar paso a otras circunstancias.

Las grandes catástrofes han ido unidas al fuego. La cinematografía de terror y de acción no se puede abstener de usarlo incluso atribuyéndole propiedades que no tiene. La perspectiva de morir quemado es una de las mas atroces. Por eso el catolicismo y otras terribles doctrinas lo usaron para imponer su dominio sobre los infieles a los que llamaron endemoniados. El fuego es el elemento crucial para con los otros tres (tierra, aire y agua) hacer de la tierra y de los espacios vivos una maravilla. El fuego es la luz,,la radiación, el nutriente reina que permite la configuración de los demás. El sol, la estrella reina, no es más que una gran bola de fuego. La vida es fotoinducida. Sin la luz es difícil propulsarse para una vida sumida en la oscuridad aunque toda luz proyecta sombras.

Frente al mundo holocáustico que intenta disminuir al individuo, el sujeto se recrece desde su soledad. Meditar es un ajuste de cuentas con una realidad excesiva de superfluidades y sobrada de proteccionismos para rescatarse del fondo del vacío personal no porque la plenitud sea un objetivo posible ni siquiera sea reto sino porque justamente es el vacío que nadie te puede quitar.

Ante las llamas devorando materia que fuera viva no hay posibilidad de decrepitud mayor. Pero toso deja un resto y tras las ascuas también lo hay. Las cenizas son las partículas apropiadas que convenientemente humedecidas sirven para pintar la figura nigromante. En la escena más apasionada los amantes del sofá podrían saltar a la mañana siguiente sobre el lecho de las cenizas tibias para copular consigo mismo y con la tierra. El fuego es la insondable continuidad que conduce a la extinción de lo que quema y con ello de si mismo. Es la actividad que se propone sin continuidad. La llamarada se apaga y el meditador se desdibuja en la misma oscuridad a la que da a lugar. No ha podido amar al fuego más que como transición a la nocturnidad definitiva en la que se diluirá en sus sueños -o pesadillas-. De haber amado la perpetuación del calor y el tintineo de las llamas habría torcido su funambulismo meditacional. Nada se puede pretender como objetivo a alcanzar ni siquiera el horizonte (una manera de nombrar el espejismo). Derek Walcott dijo “haber amado el horizonte es insularidad,/ciega la visión, limita la experiencia”. Podría sumarme a su poema añadiendo que quedarse con la conclusión de una noche para pretender la misma limita el pensamiento y hace prisionera la elaboración de una premisa propuesta para doctrina.


La no-juiciosidad del juicio precipitado

La poca juiciosidad del juicio precipitado.

No es difícil cazar al hablante inválido para un habla substanciosa. Basta con prestar atención a la manera con que combina los datos y particularmente premisas y sus conclusiones. En cuanto  alguien emite un juicio precipitado (incluso enmascarándolo en forma de pregunta) el fracaso en haberlo elegido como interlocutor para la aventura intelectual –o la aventura relacional- es algo patente. Del hablar y de los hablares nunca faltan hablantes de todas las raleas y realezas que emitan sus opiniones. Si todo lo que se busca es un entretenimiento o distracción cualquier tema y cualquier ponente ya sirven. Si uno se muere de aburrimiento ante hablas estandarizadas y tópicos repetidos lo mejor que puede hacer es escapar hacia el territorio de la soledad a faltar de interlocutor sustituto que sea realmente un interlocutor. La constatación del aburrimiento refleja un déficit situacional pero tampoco es suficiente para tomar como el motivo definitivo para impugnar una opinión, falta que concurra la improcedencia de tal opinión. Al Pacino que declaró que ser actor es un sentimiento admitió que no se podía creer lo insufriblemente aburrido que era un rodaje de la época de sus inicios, algo que no impidió el resultado creativo y positivo de sus trabajos tras el montaje. El campo de la imagen tiene un valor multiinterpretativo mucho mayor que el campo lingüístico.

Las conversaciones sirven para muchas cosas pero a través de ellas no siempre se exponen ni se expanden los juicios correctamente. ¿Qué decir de una maliense ayudada puntualmente por un persona, amante de hacer favores y que la ayudó con su pequeña criatura, que tras recibirla le aseguró que lo hacía porque se sentía culpable? ¿qué decir de una universitaria de filosofía que al ser informada de una relación de pareja en la que uno de los dos tenía una minusvalía física severa, conjeturó que la otra estaba con aquella para lavar sus culpas? ¿Qué decir de una amiga postal en un país desarrollado que a las pocas semanas de no recibir noticias tuyas desde un país africano y con dificultades de conexión internáutica ya supone que no quieres tener ninguna relación? ¿qué decir de tantos contactos electrónicos que a partir de la demora de una respuesta ya han juzgado que el otro no existe? ¿cómo entender esos pronto-juicios entre un tipo de portavoces de la farándula política que ates de que les dé tiempo de toda investigación y consulta ya tienen esa pronto-respuesta para dictaminar una situación?

El sujeto humano tiene un problema consigo mismo cuando le puede la prisa y antepone cualquier afirmación con tal de no quedar callado. Al igual que dos gallos de pelea que se reparten el turno de picoteos en cuerpo ajeno, en las peleas verbales el disco automático de afirmaciones no pensadas (un insulto suele ser  la expresión vulgar y simple de una afirmación no pensada para un momento dado). Si los juegos verbales no carecen de inteligencia antes de pasar a las descalificaciones o a los contrajuicios automáticos resulta más prudente elegir el silencio, es decir la no-respuesta.

Embrionariamente el juicio ya está contenido en el enunciado ordinario. En las formas de descripción y relato ya están contenidos una cierta cantidad de pre-juicios siendo así que el juicio precipitado es más usual de lo que se estima. De hecho algunos de los juicios precipitados son los que sirven para solventar situaciones de peligro. Sospechar de quien  tiene la intención inminente de matar te pone en fuga o te permite eludir su sable. Sospechar por sistema de quien te recuerda al anterior contribuye a un enorme síntoma paranoico que te pone en fuga de todo, incluido de las experiencias magníficas y de las ventajas soberbias para tu vida. De ningún acto se puede decir que sea indispensable para todos los actuantes. Las variables de circunstancialidad, temporalización y  plantilla de reparto de otros intervinientes son las que permite juzgar correctamente cada momento. Esas variables son bastantes más de las que se estiman a primera vista.

El umbral de efectividad de un contacto comunicativo sobre un tema dado o consultado es el que se pone en función de una exploración exhaustiva de todos los factores en juego. El criterio de corrección lo da una metodología aprendida por la misma existencialidad. La falta del tiempo y el urgentismo cargan  la artillería de las simplezas y de las conclusiones infundamentadas. Evidentemente todo el mundo puede opinar pero las opiniones de mayor valor son las que tienen una solida argumentación y documentabilidad. La libertad de expresión puede dar alas a las memeces pero la crítica racionalista no y será su cometido desbancarlas. La eficacia no tiene un consenso sobre su significado. No en economía i en psicología relacional. La economía clásica ya estaba dividida entre quienes sostenía el crecimiento de capital por el crecimiento de consumo (la tesis de Keynes) y quienes creían lo contrario (obviamente engañados por los datos sensoriales) de que había más capital a menor consumo. La actualidad y con la enseñanza de sucesivas crisis sabemos que el umbral de efectividad existencial no guarda una relación directa con el incremento de bienes sino con su calidad y su gestión. En psicología relacional la diversidad de contactos proporciona multiplicidad de recursos pero no necesariamente una mayor profundidad en cada contacto. El objetivo relacional (tanto para los asuntos productivo-materiales como para el mantenimiento de la amistad) tampoco es siempre la conquista de la efectividad. El entretenimiento existencial contra el aburrimiento o los bloqueos ya es razón suficiente para mover ficha o tomar iniciativas. Lo mejor para cada momento biográfico no tiene porque pasar por ideas o conductas en sí mismas eficaces. Los dislates y los errores también ayudan a experiencias vitales significativas aunque eso no signifique se las tenga que buscar pero en cuanto se tropieza con ellas tampoco hay que tomarlas como una debacle. En su campo David Chipperfield, arquitecto inglés, demuestra que las posibilidades constructivas no se limitan al high tech, dice que “no siempre lo más eficaz es lo mejor para la vida”.

Me pregunto si la emisión de opiniones precipitadas y por tanto irrazonadas cuando no irracionales y por ellas mismas lesivas por juicios cerrados sin fundamento pueden ser útiles para la vida. Su eficacia para la comprensión, el conocimiento y la verdad es prácticamente nula y su valor para la vida al menos relacional es igualmente inútil. Las conductas tienden a buscar el máximo de eficacia posible pero a costa de pelearse contra las que tienden a reiterarse por inútiles y peligrosas que puedan ser, como la del conducto cuya prisa la antepone al ritmo del pedestre cruzando un paso cebra.

En las formas de conversar nos averiguamos lo que somos por encima de lo que decimos ser. No hace falta esperar unos años después para saber qué se hizo de aquel proyecto y su proponente, de aquel modo de vivir y su viviente, para sospechar por su propia estructura mental lo que va a dar de sí.

Muchas relaciones personales quedan severamente condicionadas en el primer o primeros sondeos recíprocos de opinión. Lo que lleva a la distancia en el contacto con los demás es la verificación de maneras personales del hacer e ideas concretar del pensar.

La coexistencia pacífica y una propuesta de vida armónica nos lleva a tratar de compartir experiencias (la conversación es uno de los formatos de experiencias más reiterado)integrando todas las variables diferenciales sin tener que contar con la unanimidad ni el consenso en lo crucial. Para la mayoría de contactos bastante el consenso, incluso sólo tácito, con lo cotidiano para poder compartir espacios, temas, reuniones y placeres, aunque en lo esencial no haya coincidencia. No existen ni existirán dos personas que se entiendan absolutamente en todo y coincidan en las mismas ideas por mucho que se muestren como almas gemelas.  Lo que sí podemos encontrar y por lo que podemos luchar es por la coexistencia creativa desde las personalidades diferenciadas. En ese proyecto, la poca juiciosidad de los juicios precipitados es una razón sobrada para excluir a sus postulantes nada ponderados de temas cruciales, a la vez como aliados activos en los que confiar para investigaciones científicas.

Tras auditar a muchas personas se pasa del criterio magnánimos democrático de todas las opiniones tienen el derecho a ser consideradas por un igual a un criterio mucho más selectivo excluyendo de ese umbral las insensateces, los antiargumentismos, los dogmatismos y los conclusionismos infundamentados.

Lo peor que se le puede decir a alguien es que no se le puede hacer caso por su incapacidad argumental y por su precipitación en las conclusiones, víctima de sus dificultades en pensar y ponderar las cosas. La vida relacional lleva a tratar con muchos hablantes que están en esa categoría pero que se les perdona por los vínculos sentimentales que se tiene con ellos, lo cual no significa que en la práctica se les haga caso. Si bien todo el mundo tiene derecho a la palabra por amparo constitucional y por las dinámicas conversacionales de las que se participan no a todo el mundo se le hace ni se le puede hacer el mismo caso. No hay ley ni sistema de habla que garantice esto, ni siquiera en los espacios congresuales en que los repartos de tiempo para el habla son equitativamente garantizados. Lo que acredita a un hablante es la consistencia de su decir, si no la tiene antes o después su habla no será más que tomada como ruido ambiental.

 

El hombre gramatical restituido

El hombre gramatical restituido.

Se ha dicho abundantemente que a la gente se la mide por sus hechos olvidando a la ligera que los hablares y los decires son también hechos. Por otra parte, una cierta cantidad de hechos naturales están biodeterminados, por tanto garantizados. Estrictamente, es imposible vivir sin constituirse en hecho y es imposible seguir viviendo sin protagonizar una sucesión de hechos. Las acciones forman parte del ser y del vivir  y ubican las energías  que hacen a un ser humano como fuerza de trabajo y de creatividad. En esa funcionalidad le toca hablar, preguntarse y explicarse, hablar y hablar de sí, hablar actuando y actuar hablando.

 Rehabilitar al humano a su condición de ser es restituirlo como sujeto gramatical, esto es el sujeto que tiene capacidad para nombrar sus deseos, sus búsquedas, sus hechos y sus entornos, sus objetivos y su pasado.  El hombre gramatical es el sujeto vivo que se pasa la vida circulando entre palabras y significantes, entre sintaxis y semántica, entre la novela con la que se describe y el mundo que panoramiza. Esto le ha llevado a reconocer que tener palabras es el más maravilloso de los hechos pero también el más contradictorio ya que por las palabras pasan los deseos y los análisis, pasan los romances y las descripciones, pasan las fantasías, pasan también los engaños y las trolas, pasan las afirmaciones y las negaciones. Si un hablante pudiera concienciar en un instante dado todo lo que ha dicho durante toda su vida se valoraría a sí mismo como un caos. Un hablante puede llegar a decir cosas opuestas para un mismo tema según el contexto. El principismo mas radical: el de decir siempre lo mismo  toda la vida convierte ese decir en un dogma y a su dicente en un feligrés de su invariabilidad. El aviso preventivo por mantener la dialéctica de los procesos no la asegura (a esta dialéctica)  tanto como seria el deseo de la superación permanente. El sujeto contextual (el circunstanciado derivado a circunspecto) olvida que es u sujeto por y para el texto, sacrificándose a los actos protocolarios. El resultado es  una mezcla explosiva de un hombre con su alma rota, por los actos que desea hacer y no hará y por su subvocalidad que no se atreve a decir en voz altar.

Nuevas formas comunicacionales desde el anonimato insinúan posibilidades de exploraciones y descubrimientos antes condenadas por la moral, además convocan al discurso atrevido. Huyo ante la palabrería archivística que antes que nada quiere ubicar la figura, la forma, los detalles policiacos, el curriculum y prefiero el discurso etéreo aunque se pueda confundir con el surrealista. Del otro el acto más digno que espero es el dominio preciso y elegante con el lenguaje. Luego puedo esperar todos los demás eventos del placer, pero el de la palabra, el gusto por escucharla, es uno de los primeros placeres que pertenece a la lógica demanda del adulto maduro.

Habitantes sin retos ni objetivos cualquier propósito de enmienda ya llega tarde y cualquier inercia de acumulación no puede llevar muy lejos. De los ayeres y sus experiencias queda bien poca cosa aunque los programas televisados insistidos de recordatorio de las masacres de la segunda guerra mundial quieran hacer de antídoto para una no repetición semejante (algo que Milosevic y sus etnocidas olvidaron pronto). Se diría que la gente de ahora  tiene muy poco respeto por el pasado y poca esperanza ante el futuro. Tal vez no es más que una presunción superlativa de cada generación con respecto a la anterior. En todo caso la afirmación es de  Hipócrates y cada etapa histórica,  desde entonces, debe tener al menos un sabio que la repite. Tal vez, ese sujeto gramatical lleno de verbos para nombrar sus acciones y de elipsis para no olvidar lo ausente y de perífrasis para seguir con su inercia de haceres, lleno de substantivos y nominalística para no olvidar parámetros ni representantes de su especie  todo lo que puede ambicionar en lo esencial es un saber cuya paradoja mayor será la dificultad de su transmisión.

Cada humano alcanza las verdades hasta donde quiere investigarlas como condición primera.  Lo interesante de la verdad es que es una forma de poseer los elementos que refiera sin tenerlo que tenerlos bajo la custodia de la caja fuerte. Para poseer algo hay que entenderlo, la verdadera posesión de las situaciones y de las cosas pasa por su comprensión. Para la comprensión holística es indispensable la trascendencia de las ideas fijas y con ésta conseguir el mestizaje de las etnias y culturas. La transculturalidad es la autopista para el recorrido de formas universalmente útiles a las parcelas de las privacías obsoletas. A pesar del amor por lo propio que se pueda sentir y la adhesión a los orígenes confundiéndolos con la identidad se puede apostar por la transculturalidad como embarque sin clases ni discriminaciones. La seguridad de las tesis conocidas no puede cerrar las puertas a las tesis por conocer[1]. Pertenecer a una cultura dada tiene la ventaja de sus referentes, el idioma y la tradición como proceso constructivo pero crea un cerco para abrazar otras culturas  y formas existenciales. El sujeto gramatical está por encima del idioma contextual que le diera sus primeras lecciones para la expresión. Adquiere y aprende a pensar a través del lenguaje y a hacer de sus actos prácticos actos de significación insertos en el horizonte simbólico.

Si un hablante no corresponde sus hechos con lo que dice su deshumanización es creciente. Y, opuestamente, lo que hace al ser es su compromiso con el decir no permitiendo que su hacer lo desmienta. Como que la estela contradictoria es abundante una dosis de auto disculpa viene a atenuarlo todo. El hombre gramatical deja sus verdades o sus mentiras según cuál sea su perfil y la capacidad de autoengaño que tenga. Ninguna historia futura lo absolverá en cualquiera de esas dos tomas de posición. El que llene de autenticidad su biografía habrá contribuido a un mundo mejor o a un desenlace más brillante de su especie, quien la haya llenado de engaños habrá aumentado la cantidad problemática concúrrete. Lo grave de la gramaticalidad existencial es que todo acto termina por encontrar palabras con qué excusarlo. El lenguaje por sí solo no predetermina la consciencia. Es necesaria la comprobación práctica de su significación, el correlato de certeza o no con cada unidad real del mundo fenoménico.

Me gustaría suponer que el hombre gramatical restituida lo será en la figura vencedora del que no callará sus anhelos ni dejará de cuestionar las trampas y mentiras con las que se enfrente ahí donde le toque ser beligerante con ellas.



[1] Lyell Charles.  Principios de geología (1832) todavía creia en la fijeza de las especies de acuerdo con el sentido “común” de la época. Reunido con Darwin en 1856 le persuadió que debía publicar un resumen de sus puntos de vista sobre evolución.

 

Grandes y pequeños errores

(Mis) grandes y pequeños errores.  JesRICART

A diferencia de la opinión generalizada que he escuchado renovarse en toda clase de personas y lugares, yo tengo –reconozco tener- un buen fajo de errores, de los pequeños y de los grandes de los que arrepentirme. Ante la declaración grandilocuente de alguien: o me arrepiento de nada, este alguien deja –para mí- de ser un interlocutor válido y alguien a quien darle tiempo de escucha.  Tantos que de no haberlos cometido mi vida habría sido otra completamente distinta, A diferencia de esa otra opinión solida y robusta yo no diré que no me arrepiento de nada de lo que hice y  que de repetírseme las idénticas circunstancias yo también repetiría mi posición. No lo diré, ni puedo decirlo De mi vida tengo cosas de las que enorgullecerme pero  otras por las que todavía puedo sentir vergüenza al recordarlas.

Creo que a la vida se viene a aprender ¿para qué? para saber vivir. Una aporía que me deja sin fuelle y sin estación terminal a la vista. ¿A dónde va una vida? Si lo respondo por lo que hace a la misma diré que  justo a donde he llegado. O sea, a ninguna parte. Pero no es la clave de la fatalidad la que recarga mi cartucho gramatical para este tema de autoanálisis o al menos no quiero que sea el fatalismo lo que se desprenda de su exposición, todo lo contrario, creo ser un alumno aventajado de la ironía y cargo mis artillerías con el sarcasmo. El humor y la risotada con la propia sombra (también con la imagen de espejo) es todo lo que queda después de circunloquios y metafísicas. No sé, en estos momentos de alto descrédito pero no absoluto, si es  una cuestión de tiempo que el ser humano termine sus millones de años como especie predadora sobre el planeta sin dejar rastro  salvo por sus calamidades pero sí sé que cada individuo es responsable de sus actos individuales. Ninguno puede justificarlos en modo alguno aduciendo atenuantes o presiones externas. Detrás de cada bala disparada o mina estallada lo que hay es alguien que la disparó o la puso. Esa es la primera instancia de responsabilidad. El que diera la orden es otra. Del doble error de ese cromo de esquirlas el error es el del soldado que dispara y del tipo que acepta serlo para obedecer órdenes sin cuestionarlos. En segundo término y muy en segundo término está el error del que las da. Al hablar de error nos estamos refiriendo a lo que se equivoca, a lo que está equivocado, a lo que necesita rectificación. La suma de pequeños errores es el sustrato de grandes males que afectan a dosis distintas a quien los comete y a los demás que no tienen nada que ver con el asunto. A diario las noticias nos informan del índice de  victimidad por errores. El horno no está para celebrarlo con cohetes de fiesta y confeti. Distintas voces autorizadas han conectado la existencia del mal que se puede interpretar como la consecuencia de muchos errores concatenados con la ausencia de intervención para evitarlo. Quien no castiga el mal, ordena que se haga dijo son posibilidad de error Leonardo Da Vinci. Para que el mal triunfe, basta con que los hombres de bien no hagan nada apoyó Edmund Burke. Es conocida también la idea en esta línea de Einstein: El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad. Para Publio Terencio cuando se puede evitar un mal es necedad aceptarlo.  No hay posibilidad de equívoco. El mal ha sido cuestionado siempre, lo que no se ha explicitado tanto es el mal del error concreto, o el potencial de mal que encierra la equivocación o suma de equivocaciones hasta la saciedad. No es que haya engaño, para Chateaubriand los bosques preceden a los pueblos, y los desiertos los siguen y con la elegancia de esa simple constatación confirma la sensibilidad ecologista. Detrás de los errores hay mal factores, si cuesta tanto reconocerlos es porque es tanto como reconocer vidas perdidas o elecciones equivocadas con resultados de grandes desastres. El número de malhechores no autoriza el crimen dijo Charles Dickens. Conviene recordarlo en tiempo que las actuaciones erróneas parecen dominar grosso modo a las acertadas. Como que cada mal factor en la dosis que lo sea ampara su comportamiento por la abundancia de problemáticas en su entorno la categoría de lo incorrecto tiene todos los estándares de la normalidad.





Vuelvo a lo particular: el error es consubstancial al ser humano pero no afirmaré que lo sea como algo congénito. La idea ciceroniana del error reconoce una fase segunda de sin razón al persistir en él. A fuerza de inventariar errores sabemos que todos los hacemos y con esto una leve mueca infantil insinúa la demanda de disculpa. Hay errores  o actitudes que no se perdonan. Perdonarlos iría a favor de su exculpación y propagación. La ciencia penal, que tampoco es una ciencia, no ha resuelto el fracaso de la alternativa de la rehabilitación de los penados, es decir de los socialmente castigados y políticamente perdonados. De los pequeños y los grandes errores se levanta la pirámide de una jerararquía societaria de mutuas disculpas. De los míos puedo dar fe: hice toda una carrera universitaria sin apenas objetar nada durante 4 años  en la didáctica y los contenidos de las clases in situ sumándome a las huestes de los que toman apuntes y callan. Acepté hacer un servicio militar obligatorio en el que hice una jura de bandera obligada para evitarme el arresto sin declararme objetor para vestir el uniforme y empuñar armas. Admití que continuará el embarazo no planeado de una mujer de la que me enamoré a pesar de estar en contra de la paternidad en una edad que teníamos otros proyectos en la vida. Regresé al hogar paterno después de haberlo abandonado en la adolescencia mintiéndome al creer que era un refugio familiar. Admití continuar viviendo en uno de los países de mentalidad más atrasada de Europa en una época que podía haber  buscado otras experiencias en otras latitudes. Admití trabajos laborales sin concurrir las condiciones de seguridad ni estar justamente pagados.

Todo eso fueron grandes errores que me cambiaron la biografía totalmente. Estoy  seguro que la vida no está predeterminada  a priori pero en cambio lo va estando en la medida en que uno va metiéndose en trampas por cobardía a su independencia o por creer las mentiras que más le influyan.  Me he dicho que todos los errores dependen de uno anterior: el de haber nacido. Pero ese es un error compartido, el que lo comete al nacer no pudo hacer otra cosa ya que le obligaron a ello. Desde el momento en que se forma parte de un mundo equivocado es difícil vivir instalado en la pureza. El encadenamiento de equivocaciones en el que se va a meter es de tal naturaleza que perderá la cuenta.

Los pequeños errores tiene por marco el tipo de vida que se lleva. Sigo cometiéndolos con una cierta frecuencia. Cada vez que entro en un local de consumo condicionado por la persona acompañante suelo arrepentirme (precios altos y calidad pésima). Aumentaré un grado más las rarezas que me caracterizan y declararé no entrar a locales públicos al azar, optaré por fuentes si tengo sed o por llevar mi propia botella de agua en el bolso dorsal.  Sigo comiendo más de lo que necesito cuando las exquisiteces de una cocina bien preparada hacen que me olvide que soy algo más que un estomago con piernas y un paladar sobornable. Dejo participar en las reparaciones domésticas del edificio que comparto tras decidir que es demasiado tiempo el perdido en un vecindario que no se lo merece. A veces acepto ir a conferencias, presentaciones o actos escénicos de los que no me he informado suficientemente y compruebo que he ido a perder el tiempo como un tonto pasivo.

De los grandes errores puedo dar fe de haber pasado a la fuerza por una escolarización en colegios de curas (un total de 7 años) dejado a merced de proselitistas sin escrúpulos y maestros acientíficos más preocupados en conseguir alumnos obedientes que personas formadas. También fue un gran error llegar a la descubierta y placeres de la vida sexual compartida a una edad tardía. Pasaron diez años antes de que salta de mis auto caricias a las heterocaricias.

De los pequeños errores todavía puedo informar que eludo críticas personalizadas para eludir sus consecuencias reactivas que vengan a complicar las relaciones aunque prevalezca una declaración en la verdad.

En conjunto debo estar volviéndome más acomodaticio de lo que supuse. Un sentido del honor pasa por el reconocimiento de lo que se es y se hizo pero también y sobre todo, de lo que no se será nunca y no se hará.

Sigo viviendo pero sin vivir en mí, es decir sin vivir en aquel tipo de sujeto yo había diseñado desde el ideal de mi fantasticidad, diseñado para las hazañas de la rebeldía y la misión de cambiar las equivocaciones por las certezas. ¿Si apenas consigo depurarme en mis deseos de sujeto etéreo cómo esperar de mí una función misionera a la que renuncié en el momento oportuno? Pero esa elección también puede ser un gran error. La retirada de los rings de batalla es darse por derrotado. Uno puede elegir entre la violencia recibida por los demás o su propia violencia consigo mismo al auto prohibirse ser quien podía  ser o estaba llamado por sí mismo a serlo. Gandhi define la violencia como el miedo a los ideales de los demás. De mis grandes y pequeños errores queda un tipo irrelevante en una tarde gris de septiembre preguntándose si a alguien le puede interesar el balance de sus equivocaciones particulares en un tiempo en que la cifra del paro y la falta de gestiones para la enseñanza de la/s crisis lleva al escándalo, a la ansiedad por la incerteza y a un temor creciente ante el futuro.

El conocimiento: pásalo

 

El conocimiento y su modo de pasarlo.

Desde la época del teléfono, el de hilo y bacalita, el que estaba enganchado en la pared y no era inalámbrico; la idea del “pásalo” fue siendo instrumentada como forma de difusión. Cuanto más potenciada era una noticia que fuera correcta más se facilitaba la conciencia general. No había razón para sospechar que no todos los individuos facultados mentalmente  tenían porque estar dispuestos a aprender y hacerse correa de transmisión de aquella noticia recibida. Las actuales nuevas formas de hedonismo cultural están indicando que la selección del saber expresa ya una forma de saber y que no todos los ecos merecen ser reproducidos. Para quienes nos comprometimos con la creación y extensión de pequeñas y disminuidas ventanas culturales porque no había posibilidad de otra cosa en tiempos de rigideces institucionales y de oscurantismos ideológicos, heredamos una especie de hupervaloración de todo lo que era información útil o defensa de la denuncia social. Nos costaría tiempo entender que no todo lo que circula por pantallas y con grafías es indicativo de conocimiento.  David Hume,[1]tuvo aversión prematura por todo aquello que no fuera conocimiento lo que, en su caso.,  le llevó a no tener en gran estima la carrera de derecho para la que fue predeterminado por su familia. Efectivamente todo lo que pasa por texto escrito, tampoco como noticia, no lo es y todo lo que pasa por la escritura no es ni literatura ni tiene utilidad para la reflexión.

En una época de ecos y resonancias de toda clase de basuras informativas, la contra información y la calidad de la transmisión de los hechos lo está pasando mal. Para suerte de los marginales voluntariamente autoexcluidos de las patrañas de este mundo de filfas y operetas,  que no entramos en los entretenimientos pictográficos de una sociedad estética con superávit de implantes, ya no somos cuatro pringados que no tenemos otro remedio que aguantar la avalancha de insensateces sino que nos podemos encontrar por decenas de miles en otros ámbitos de cultura y de placeres intelectuales. Cuando llegas a la conclusión que la mayoría de ítems de entrada en tu vida (en tu buzón electrónico o en tu campo acústico) son unidades del gran basural llamado mundo, buscar a interlocutores válidos para la comunicación y para la complicidad con el conocimiento se parece a la antigua alegoría de ser agujas buscadas en un pajar. A fuerza de irnos buscando nos hemos ido encontrando y advirtiendo con reflexiones y criticas que aunque o somos todos los que estamos en las sintonías para un conocimiento en crecimiento sí estamos todos los que podemos para activarlo y aunque no andemos sobrados, a menudo lo que uno consigue pensar por su cuenta justifica a la humanidad para que otro millón sea incapaz de hacerlo.

El conocimiento pasa por el pensar y su transmisión pasa por la tecnología difusiva pero eso ya no es tan crucial. De siempre los mensajes más ordinarios son los que han llegado más lejos y el comercio se ha ocupado de idolatrar la vulgaridad. La creación de conocimiento es multifactorial y está repartida por las sedes de reflexión y los ámbitos que miman y cuidan el saber. El mundo está repartida en sus distintas esferas según los campos de intereses que tengan sus habitantes. La antigua interpretación de la sociedad en su división en clases sociales dejó de servir para entender las contradicciones mundanas. El mundo se divide según las tomas de posición ante la realidad de sus habitantes, En última instancia el conocimiento es el saber de orden objetivo al que se decide acceder o no. El más grotesco de los síntomas de los modelos democráticos es que han puesto en igualdad de condiciones y de derechos tanto a los ignorantes como a los sabios, como estos son minoría su sufrimiento está garantizado. La mayoría se nutre de titulares sensacionalistas y de antiguas bocinas dogmáticas. Todavía son muchos los que supeditan la comunicación o su tentativa a la imagen, la pregunta de la edad a la respuesta a un saludo.  Para la sensibilidad humana, la poca que va quedando, tiene categoría de crimen en contra de ella seguir encontrando humanos impostores que aunque llevan anatomías humanoides no tienen nada que ver con los valores humanistas reunidos en los últimos milenios. No nos engañemos: la evolución histórica de la especie como tal no existe. Hay quien evoluciona en sus laberintos y hay quien no evoluciona o mejor dicho quien decide emplear las cuatro reglas aprendidas para involucionar. De eso se infiere que personas de la antigüedad a miles de años vista estuvieron mucho mas evolucionadas que sus descendientes que siguen abundando en la actualidad. La impresión general es que hoy ya nadie tiene vergüenza en proclamar su no saber. Los espacios de relax o de flirteo son para tontear y demostrar el máximo de estulticia. Cuanto más ignorante sea uno más se identifica con el perfil promedio dominante. A rio revuelto ganancia de pescadores. En ese panorama de absortos de sensaciones (estéticas de mentiras y discursos caducos) el conocimiento o quien se haga su valedor lo tiene magro.

Hay que diferenciar entre tener un conocimiento y tener la necesidad de comunicarlo. Los esfuerzos por transmitir las lecciones de la historia van chocando con las paredes o los cerúmenes de quienes no se quieren enterar. De lo que se habla mayoritariamente es de aquello que  tiene poco interés para la exquisitez y para el saber. Es así que el conocimiento es no solo un caudal de saber sino un planteamiento de vida. Quien quiera conocer las leyes de la vida y la verdad del ser humano se colocará en la tesitura de encontrarlo. Quien no quiera conocer el árbol de la vida podrá seguir inyectándose petróleo en sus venas y hacer el panoli la temporada que arrastre su crisma por la tierra.

En principio el conocimiento divulgado va a favor de la liberación humana de sus lastres e ignorancias pero esa divulgación choca sistemáticamente con las chusmas no interesadas en el saber. En demasiados espacios las propuestas de seriedad o de indagación son ignoradas. Es observable el fenómeno de la vanidad de los que menos tienen que dar y enseñar a los demás.

Mientras el personal se sigue entreteniendo con sus fanfarrias, el conocimiento progresa en aquellos ámbitos que se especializan en hacerlo. No es extraño que el que sabe no pierda el tiempo en didácticas invertidas en el que no sabe, pero no porque no sepa sino porque decide continuar sin saber. Para fortuna de la observación quien vive de espaldas al conocimiento se detecta a corto plazo, a veces inmediatamente. La tesis de la divulgación sigue siendo importante (por eso escribimos y plataformamos argumentos) y es lo que va a reclutar nuevos pensantes a favor del saber con el que van a contribuir pero es más importante que cada cual en su aprendizaje no deje de seguir en su desiderátum a pesar de no ser entendido por el entorno. Esto ocasiona un incremento del decalage entre quien conecta con el conocimiento y quien no quiere conectar porque le aburre o le produce jaqueca.

Del conocimiento hay ideas distintas. No todo lo que entra en la cultura lo esencializa ni la sistemática del anecdotismo periodístico contribuye a su crecimiento. Puesto que sigue habiendo públicos para todo no hay problema. En u mismo espacio de palabra coexisten los argumentos del conocimiento y los trasncriptores de la mediocridad.  Lo que facilita o no la transmisión del saber es su recibo o no por parte de la sociedad, incluida su fracción más culta. La impresión es que la gente está menos interesada por la lectura, por la reflexión y por el debate prefiriendo seguir con fetichismos absolutos y cuadros maniacos supervivenciales.

Del otro ya no interesa que acuda a una cita manifestativa como carne de cañón o figura de protesta. En un momento dado el sistema de comunicaciones por hilo o por ondas puede reunir a un millón de personas en una cita dada para un tema dado, pero eso tampoco significa gran cosa si cada una de esas personas o se dedica a pensar sobre su vida y su destino. Del otro lo que interesa es que sea sede de pensamiento crítico, aval de lo más lucido de la humanidad.



[1] (Edimburgo 26 abril 1711-1776)

En la condición del acreedor

En la condición de ser  acreedor.   

Nunca creí que la vida me regalara la experiencia de ser acreedor al recibir el compromiso de pagos no satisfechos. Se suponía que era lo bastante inteligente para no caer en la trampa de serlo. Me equivoqué y mucho, parece que sigo equivocándome porque cada año o cada dos años aumento la lista con algún otro nombre de alguien que no satisface su deuda. La experiencia en cuestión no es propiamente un regalo de recibo agradable sino una imposición a la fuerza por ser sometido a la morosidad del otro. No deja de ser una particular relación humana en la que se da una vuelta de tuerca más a las profundidades ruines de la psicología del personal.

 Seguramente cada una de las cantidades que dejé de cobrar no son de suficiente peso como para perder tiempo en pesquisas o en insistencias o mucho menos en denuncias pero sí de suficiente envergadura como para aprender del mundo comercial y por añadidura del mundo todo en el que los más espabilados  pueden darte el sablazo en cuanto menos lo esperes.  Seguramente todo parte de la presunción de palabra a cumplir y de la responsabilidad del otro al que le entregas tu confianza. Hay gente que deja de pagar lo que dijo que pagaría sea por un servicio o trabajo que le has hecho o por una cantidad dada para que resuelvan un mal momento y nunca más se supo ni de la cantidad en si ni de esa persona que presa por su vergüenza –cabe suponer- no es capaz de dar la cara y prefiere vender tu relación por una, generalmente, exigua cantidad económica. 

Una vieja leyenda hispana aconseja no prestar ya que es una fuente de líos y que arriesga a perder dos cosas: tanto lo prestado como la persona a quien se lo prestas. Es el néctar de una literatura social que dice mucho de la psicología generalizada según la cual no poca gente antepone el interés material al de la relación humana.

Potencialmente cualquier persona puede ser un acreedor impagado desde el momento en que contrae una relación de tipo comercial, también personal, con otra y no cobra aquello que ha sido pactado o lo pactado no ha quedado suficientemente claro como para que el uno se ampare en el umbral de confusión para no pagar al otro lo que le debe. En el mejor de los casos documentar un pacto contractual reduciría el margen de confusión aclarando las responsabilidades vinculantes de cada parte pero no garantizaría absolutamente la evitación de problemas si de una o ambas partes concurre una disposición al aprovechamiento fraudulento o manipulación de la otra. Esa complejidad conceptual no lo es tanto en la casuística concreta.  Dejé de cobrar clases particulares o sesiones psicoterapéuticas por la sencilla razón de que dejó de venir la otra persona y no satisfizo su deuda. Como digo eso son cantidades de poca monta pero que una vez, ya hace años. Las sumé y calculé  que podría vivir varios meses, casi un año, con su devolución.  Una relación comercial simple y clara  puede convertir a dos personas una en un deudor que no dejará de serlo y otra en un acreedor que tampoco dejará de serlo. El interregno entre ambos, la no coincidencia y la falta de tiempo para perseguir al incumplidor dejan un residual consolidado de reserva, es decir, de desconfianza por si no queda claro, para posteriores transacciones. Puestas así las cosas, la disposición posterior para dar confianza queda dañada. Está claro que no tienen que pagar justos por pecadores y que al principio una persona incumplidora es solo una, a la siguiente solo son 2 y a la otra son 3, pero cuando la historia se repite para un número mayor (docenas o cientos) y sobre todo se comprueba que está presente en distintas  latitudes, culturas, lenguas y calendarios se acaba infiriendo que es mejor prevenir situaciones a priori. Con el tiempo y con una caña de pescar anécdotas el más lerdo acaba espabilándose. Después de hacer el primo en algunas ocasiones opté por no caer en trampas del mismo tipo que anteriores veces. Hubo un punto de inflexión que demostró eso. Un amigo del oeste africano  me pidió una pequeña cantidad que le resultaba urgente para tomar un avión. Frente a mi extrañeza que pidiera ese dinero a tanta distancia me dijo que tenía a quien pedírselo en sus relaciones africanas pero que tal cosa estaba mal vista. Me quedé de piedra. No le envié lo pedido a pesar de estar dispuesto a hacerlo en un primer momento. De haberlo hecho lo más probable es que no la hubiera devuelto. En mi vida he dejado pequeñas cantidades a personas junto al número de mi cuenta bancaria para que las devolviera en cuanto pudiera. Muchos no lo hicieron. Comprendo que en situaciones difíciles uno necesite endeudarse para enfrentar un problema urgente (yo también me acogí a préstamos de gente conocida en algún momento) pero no deja de ser un indicador de una falta de cálculo y de previsiones.

En una época en que callejeaba más y era menos habitante doméstico salir a pasear por el cetro urbano me ponía en contacto con gente que pedía dinero. De tarde en tarde sigo encontrándome gente que me aborda en la calle para pedírmelo. Observo la situación de estos limosneros profesionales que van bien vestidos con ropa de marca que yo no uso y que fuman durante su tramite solicitante. A veces les comento la paradoja de pedir dinero con una argucia (el consabido no tener nada para comer) cuando lo que gastan en tabaco (por no citar otros consumos más caros) les daría de sobras para vivir. La mayoría de solicitados que no lo dan dicen no tenerlo. Si los limosneros les mienten sobre sus necesidades estos bien pueden mentirles sobre el hecho de que sí lo tienen pero no están dispuestos a dárselo. Raramente un limosnero es un tipo de necesidad real. Es alguien que se ha profesionalizado en eso. Los organismos de asistencia social no permiten actualmente e los países ricos que nadie muera de hambre, lo que es mas pagan además de la comida sus alojamientos. No consideraré si es por razones de solidaridad humana o por razones de estética urbana para que los más miserables no se vayan cayendo por las calles y se queden para ser destripados por los perros o para descomponerse, el caso es que hay un sistema que neutraliza los efectos más dramáticos de la indigencia.

Ese leve paseo referencial a ese mundo guarda una conexión con los préstamos directos o las deudas generadas por servicios no pagados (o no cumplidos). Una vez hice una lista de mis deudores y me maravilló su extensión. Personalmente prefiero donar, dar o regalar a prestar. El préstamo genera una deuda en reserva que incomoda a distintos grados a quien la tiene y a quien lo ha convertido en parte acreedora. Algunas veces, pocas, dediqué un email o una nota de correo para reclamar lo que se me debía, sin obtener respuesta, por supuesto. La psique humana tiene un gran arco de registros que puede camuflar sus perversiones y justificarlas. En un tiempo en que  creía en la gente, es decir, en su palabra dada, creía que la amistad y la cordialidad son suficientes para ayudar a alguien si lo necesita, lo que no sospechaba es que la gente fuera capaz de vender el afecto y desresponsabilizarse del compromiso por menos de 30 monedas.

La cultura se ha ido desarrollando con anécdotas sobre compromisos rotos. La cordialidad se abre paso contando que el otro (el amigo, el pariente, el vecino…) pueden fallar en un momento dado y de hecho falla. Eso pasa en todos los ámbitos. Ir a vivir a una zona residencial con casas de medio millón de euros no garantiza una seguridad con el vecino de la cerca medianera de al lado que por poco que pueda se escaqueará de pagar su cincuenta por ciento de esta cerca. Esto también es una deuda aunque la forma de préstamo directo haya sido pagando unilateralmente una instalación que es necesaria para las dos partes y pagable por ambas.

Se podría decir que solo estudiando el tipo de deudas que uno no cobra o que otro genera en su haber en números rojos se puede estimar su personalidad y prever lo que esperar de esa persona. Como que hay que dar un margen de confiabilidad no se puede ser tan estricto de entrada y contar con la buena voluntad de los demás (¿buena, qué?). La nueva cultura de la desconfianza mutua ya no permite colocarse en posición de pedir ni en la de prestar por lo que hace a cantidades económicas salvo quienes se dediquen a eso profesionalmente como inversores/especuladores.  Las transacciones materiales son a otro nivel concediendo la hospitalidad, pagando las invitaciones o regalado cosas.

En casa tenemos tres cajones inferiores,  de una de las estanterías de teca,  siempre llenos con cosas para dar. Son cosas que hemos comprado de nuestros viajes para regalar o cosas que nos sobran y que pesamos que pueden irles bien a algunos conocidos. No quiero hacer una apología del regalo (de hecho estoy en contra del regalo de efemérides, opto por el espontáneo) pero lo cito como una práctica de donación dentro de una homeostasis de repartos y desprendimiento de lo que sobra. En cambio reacciono muy mal ante ayudas económicas que se nos piden o damos a parentela y conocidos que luego no devuelven. Simplemente no devuelven. Suponen que nosotros somos ricos a perpetuidad y ellos son pobres también a perpetuidad.  La pregunta es ¿Por qué hay personas que se acostumbran toda la vida a pedir y otras que no saben superar su costumbre de dar? A veces el prestar hace un flaco servicio a quien pide ya que no  se esfuerza en superar su situación. Las pautas civiles frente a la indigencia es la de no aceptar sus demandas de limosna porque consolida el fenómeno en el que han caído. En cuanto al amigo jeta, al conocido que se pasa de la raya, al utilitarista que te ve con cara de tonto que aprovecha la segunda frase por no decir la primera en pedirte que le pagues la minuta de su día por el solo hecho de verte  hay que tener un no preparado con razonamientos para su irrupción.

En la condición de ser acreedor se aprende que lo mejor es no aumentar las posibilidades para incrementar la cuota de deudas impagadas. Claro que cada vez que alguien te pide algo te puede coger desprevenido, especialmente si lo hace alguien que sabes que tiene dinero y tan solo pretende aprovecharse de ti.

En mi experiencia biográfica he aprendido que se puede compartir el dinero, en su totalidad, con muy poca gente. En mi caso particular solo ha sido con mi compañera convivencial, ni siquiera con mi amante y con relaciones de intimidad importantes o con los hijos.  Esto no es una curiosidad banal: la familia que es una unidad empresarial y por tanto económica que administra sus recursos económicos y patrimoniales no de una forma autogestionaria sino privativa según las cuotas de poder que tienen sus distintos miembros en el organigrama compartido.

Si bien me han devuelto dinero prestado en algunas ocasiones, las menos, he olvidado y perdonado otras deudas con el criterio apuntado de no volver a prestar salvo a personas muy concretas y seguras. Por de pronto informar acerca de la cantidad de dinero del que se dispone es un tremendo error ya que el confidente puede aprovecharse de esa información para solicitarte un préstamo. Sé de casos que gente con dinero líquido pero sin propiedad alguna ha prestado cantidades que no le han sido devueltas por otras personas sin dinero líquido pero con propiedades importantes. El más pobre tanto en el momento del préstamo como años después es el de quien no tiene propiedad pero quien la tiene no tiene el menor sentido de vergüenza al o devolver al deuda contraída.

Vivimos en un mundo de desconfianzas mutuas en las que hay detalles que es mejor no comentar. Por eso de lo que se gana y de lo que se tiene como reversa económica no son los temas tocados fuera del ámbito privado mas intimo.

Preferiría que nadie me debiera nada así como prefiero no deber nadie a nada. Prefiero no pedir para no entrar en esa impredecible dinámica de obligaciones mutuas contraídas por favores concedidos. Eso lo llevo al extremo de objetos como libros. Había perdido tantos libros prestados que tuve que jurarme a mi mismo no volver a prestar ninguno mas, sin embargo sigo regalándolos.

Lo grave de ser acreedor de alguien que se sabe tu deudor, es que este se lleva para sus adentros una especie de rabia al conocer que su conducta no es perdonable. Se inventará cualquier cosa con tal de justificar su treta y su opinión adversa, pero en su interior no olvidará que se ha comportado como un sujeto sin honor y ruin. Como eso es muy generalizado en el mundo no pasa nada, los malos son los que pasan inadvertidos.

Herencia y legado

Herencia y Legado. JesRicart

La herencia configura institucionalmente la posibilidad de trasmisión patrimonial de testamentarios a herederos. Para tratar el significado profundo de la herencia hay que reconsiderar el valor de la transferencialidad de la propiedad. Un repaso ligero del sentido y perpetuación de ésta recolocará la opción de transferirla bajo otro parámetro distinto del mantener su titularidad dentro de una familia. Una teoría de éxito explicó la propiedad privada como la consecuencia por la imposición de los dictados de los  más fuertes contra los más débiles arrebatándoles sus pertenencias. Eso habría dado  lugar a dos grandes clases sociales: la de los poseedores y la de los desposeídos. Con el desarrollo económico y la explotación de los recursos resultó ser que ni los poseedores los poseían todo ni los desposeídos no poseían nada. En la actualidad del siglo XXI en que en el mundo entero no se han superado los errores y tragedias acumulados por los siglos anteriores la propiedad privada es uno de los fenómenos más significativos de los regímenes económicos. Es tanto su causa como su consecuencia. No es concebible el sistema económico sin el interés creciente por la propiedad privada, tanto a escala de las grandes cifras como de las pequeñas.  Quien más y quien menos hace girar su vida en torno a sus pertenencias y concretamente a su propiedad patrimonial. Masivamente los consumidores caen como moscas en planes crediticios en forma de hipotecas que los mantienen por décadas vinculados a un estilo de vida y de producción para terminar por pagar su propiedad. Puestos a pagar alojamientos la muchachada prefiere pagar hipotecas que al menos dejará un saldo nominal en propiedad. La propiedad ha sido y es considerada como un atributo crucial del valor de las personas. Es la forma de tener más significativa que simboliza lo que es o ha querido hacer en su vida una persona. La condición de propiedad crea la ilusión de la soberanía. De la propia casa es del único lugar que uno no va a ser echado y que nadie de afuera le puede decir qué hacer o dejar de hacer, o al menos eso es así en apariencia.  La propiedad no es tan segura como se supone y si el esfuerzo por comprarla y mantenerla sabotea las opciones de disfrutarla dejando tiempo suficiente para disfrutar de la vida fuera de ella posiblemente su inversión no es tan estupenda como puede parecer al principio.

En la sociedad actual se ven continuamente casas recién estrenadas en urbanizaciones nuevas que se ponen en venta porque sus dueños han cambiado de idea y ha dejado de gustarles el lugar o han disuelto la sociedad matrimonial. Como que se supone que la propiedad, pase lo que pase, siempre es una inversión que se podrá rentabilizar, comprar una y tener que cambiar de domicilio al cabo de dos años tampoco es una tragedia mayor. No, no lo es pero mete a los propietarios en senderos de compra-ventas que les lleva a implicar una buena parte de su energía. Mientras uno se preocupa por la venda de su casa o la tiene en stand by sin usarla está gastando doblemente la energía de su vida: la de ir tras una zanahoria que no se ha podido comer y la de buscar a otro que se la coma. 

Además hay que contar con compradores que invierten en ampliar su propiedad patrimonial como fondo especulativo para ganar. Con lo cual cosas recién compradas las ponen inmediatamente e venta o en alquiler. El sistema económico de bienes lo permite y el lucro sigue siendo bien visto por la sociedad. Quien más dinero gana más reputación tiene entre su vecindario y quienes les conocen. Lo de menos es en qué lo ha ganado. Por supuesto, si su fortuna ha sido fraudulenta o no ética, el triunfador no lo explicará y dejará a los que sospechen de él de cejijuntos con el interrogante entre ojo y ojo.

En una sociedad de circulación de capitalistas y de inversiones continuas en las  que la preocupación principal es la de aumentarlos, su materialización en patrimonio es la consecuencia más lógica. Tener un espacio propio en forma de piso, y los más afortunados en forma de casa, es lo menos que se puede y debe tener para vivir. Hay un derecho a la vivienda digna que está escrito por ahí. El chabolismo lo desmiente, pero los mercedes (algunos)  aparcados junto a las chabolas también desmienten la tragedia de la no-vivienda en condiciones.  El caso es que todo el mundo trata de resolver lo del cobijo como imperativo.

 Cuando al fin, ya tiene algo totalmente a su nombre con todo lo que le ha costado llega un momento en qué se plantea la cuestión de la herencia, si es que tiene hijos o familiares herederos para esto.  Su turno también es posible que heredere algo de sus predecesores difuntos, aunque le llegue tarde o a destiempo. Ya ha sido discutido que la herencia, tal como está montada, de padres a hijos sirve de muy poco a no ser que el hijo sea el último de la saga y se lleve mucha diferencia de edad con los padres y estos fallezcan a una edad en que aquel pueda aprovechar la donación con tiempo o de vida suficiente. Las herencias que se hereda con los 60 o los 70 cumplidos tienen algo de burla biográfica. Mucho más cuando se las ha pretendido por décadas y eso ha generado un deseo del fallecimiento lo antes posible de los testamentarios.

La familia que funciona con el código de todo lo que hay  de patrimonial es para los herederos y esos están constituidas por la parentela  genera, aunque no sea la pretensión, un tipo de relación que se tiene que mimar para no enfadar al testamentario no sea que cambie de idea. Deploro los herederos potenciales que van detrás de los testamentarios no por razones sentimentales o de identificación sino por conveniencia. Hay cuantiosas experiencias de desheredados o de herederos discriminados negativamente que descubren, a veces tarde y mal, la autentica realidad psicológica y emocional de los testamentarios, generalmente sus padres. 

Los testamentarios por su parte juegan durante toda la vida con la idea de qué donaran lo que tienen a sus hijos y a la hora de la verdad hacen repartos lesivos por los cuales hay tensiones con peleas abiertas o no. Puesto que la propiedad privada simboliza y estructura como instancia capital los procesos internos de una sociedad ambiciosa la sola idea de su superación se hace casi inconcebible, mucho más cuando las experiencias de comunas de producción no fueron tan satisfactorias como se conjeturó al principio. Paralelamente la sola idea de que esa acumulación de la privada no tenga la opción a la herencia y pasea a manos de la sociedad a trabes de sus vías institucionales o de mecanismos de donación proyectivos para que sea el pueblo quien lo disfrute, tampoco encuentra el colchón de madurez en una mentalidad públicamente tan rematadamente egoísta.

Para el testamentario tener a quien donar todo lo que acumuló (su biblioteca, su colección de sellos, sus discos, su mobiliario selecto, sus álbumes de fotos, su correo o sus diarios personales) es quitarse, literalmente, un peso de encima, aunque desde su lugar postmortem no se entere de lo que se vaya a hacer con todo esto. La donación es una forma de concretar el gran amor que se tenía por el heredero. Pero no siempre es así la herencia que más llama la atención es la de alguien que está en cualquier parte del mundo y que a la hora de fallecer ha pensado en un nieto remoto el cual ni siquiera estaba al corriente de la existencia de aquél. Puestos a recibir herencias de tíos de América, lo mejor es recibirlas pronto, antes de cumplir los 18 años para poder funcionar en la vida del capital con un poder adquisitivo alto y por lo cual no se haya tenido que hacer esfuerzo alguno.

De hecho, esto es un acto de injusticia porque el que uno pueda recibirlo pro pertenecer a una familia de ricos y otro no por pertenecer a una de pobres, no hace sino perpetuar los divisionismos sociales, los enfrentamientos violentos de las personas entre si y las envidias y odios.

¿Qué pasaría en una sociedad en que prohibiera la transmisión patrimonial dentro de las familias por motivos de deceso? De una parte se pondría veto a la acumulación de las grandes fortunas ligados a las familias más poderosas del mundo, de otro plantearía el problema de qué hacer con las acumulaciones. Los finados podrían optar e vida por reconducir sus cosas como legado a entidades o representantes sociales que mostraran la escrupulosidad y honestidad para llevarlas de acuerdo con sus voluntades y dentro de la línea de proyecto en la que estaba en vida. No siempre los albaceas tienen esa honestidad y tergiversan la voluntad del muerto y no siempre el que va para muerto se asegura en vida que sus tesoros sean respetados postmortem.

Para el punto de vista del que va a morir tiene más valor el legado de lo que deje como mensaje y como enseñanza de su biografía que no las cosas en sí, para el punto de vista del que va a heredar suele interesarle mas lo contante y sonante que no los amores intelectuales o artísticos del finado, que puede que los interprete como rollos o historias complicadas. Ese no es un pequeño detalle que pase inadvertido ya que el heredero que toca por linaje puede ser el más palurdo e inadecuado para recibir la herencia  si solo está interesado en su crematística. Bajo esta consideración el testamentario puede buscar otros campos de donación para sus cosas. Raramente el que recibe la herencia la declina o la transfiere automáticamente al patrimonio artístico del país. En algunas situaciones es lo mejor que se puede hacer no solo  para el usufructo público de la ciudadanía de aquel patrimonio sino también porque su mantenimiento en manos privadas puede tener un coste considerable. Algunas de las colecciones artísticas que hoy son patrimonio cultural de la humanidad saltaron de manos privadas a gestiones públicas. Es una transacción razonable. El que dona a la institución del estado, sea la administración local del municipio o a otras instancias provinciales, departamentales, regionales o generales, no es suficiente con hacerlo sino en convenir el trato que desea que se le dé a lo donado. Lo mismo con las instituciones privadas. Hay bibliotecas que tienen problemas de acumulación con las donaciones de las bibliotecas privadas de ciudadanos que las legan por pensar, justamente, que es el mejor lugar donde pueden estar cumpliendo un servicio público, y que sin embargo no tienen dónde meterlas.

La verdad es que la donación como legado (las colecciones de las cosas) no tiene el camino allanado. La donación para convertir lo donado (sean muebles o inmuebles) en dinero contante lo tiene más fácil.  He tenido la suerte de la doble experiencia en un periodo de unos pocos años de ser desheredado (o ser discriminado negativamente en la herencia) y a la vez de no encontrar ninguna lógica e dar e herencia a mis descendientes de lo poco que he acumulado. Me gustaría, sin embargo, que las cosas de valor que tengo por lo que hace a libros cumulados  y creatividades que tuvieran un depósito de protección. Como que por ahora no tengo suficientes medios para   una casa o de una arquitectura excepcionales en las que ubicar un centro de lectura y de debate a la vez que espacio museo y plataforma de conferencias y asambleas tengo la idea estacionada sobre lo que va a pasar con mis propiedades. El estado no tiene resuelto esta cuestión y el mundo de lo privado  tampoco. Las cosas que pasan de padres a hijos sirven como decorativos o como demostraciones de estatus que, a veces, no tienen ninguna utilidad práctica salvo la decoración, eso incluye la bibliofilia de rarezas éditas.

En una situación hipotética en que la generación falleciente donara sus herencias para el usufructo público, solo este criterio haría de las ciudades lugares más abiertos y socializados, más recursivos para todos, más fáciles para vivir que revertiría a favor de todos liberándolos de tantos tiempos dedicados a obtener salarios y cumplir con sus ambiciones. A diferencia de la propiedad privada, la pública requiere de menos de todo para satisfacer las necesidades de los más.

Entiendo que lo que tiene de más valor una persona para donársela a otra que la sobreviva es el mensaje, el recuerdo y en todo caso el objeto concreto que fije eso otro. También entiendo que lo que tiene de menos valor o mas mezquino otra es urgir el fallecimiento del testamentario para disfrutar de sus bienes.

Sin una herencia en perspectiva muchos conflictos entre hermanos, que empiezan a apuntar prematuramente, con sus primeros vuelos de independencia del hogar familiar, se esfumarían y sanearían al descartar que  la relación filioparental  tuviera que  dejar un saldo de bienes. Eso la  autentificaría. Desgraciadamente, los intereses materiales vienen a complicar los campos de los afectos. La conflitividad de intereses es una cantera de enseñanzas de alto valor para averiguar la magnitud de la condición humana. Goethe se sobrepasó al afirmar que solo aprendemos de quienes amamos, también lo hacemos, no paramos de hacerlo, de los enfrentamientos producidos al margen del amor empañados por intereses materiales. Lo que es más, estos vienen a sustituir la espontaneidad sentimental en muchas ocasiones.

 

 

En el lugar del huésped

En el lugar del huésped

En La anfitriona se describe  el retrato de una persona ligada a su feudo organizándolo todo: desde lo que se va a comer a lo que se va hablar, ejerciendo su poder de mando para gestionar las conductas de sus invitados y la relación que vayan a  tener entre ellas. Uno de los huéspedes convertido en personaje de la resistencia al dominio sutil en el campo de la gentileza enmascarada, a la postre autor del relato, se rebela graciosamente al no darle la mano a esa anfitriona a su grito de ¡chócala! por coincidir en un dato curricular menor.

Si el ejercicio del rol de anfitrión responde a otros muchos detalles y no solo al de la apertura de puertas para compartir la propia casa con el visitante, el de visitante no es menos complejo emplazado a adaptarse a las implícitas leyes que rigen en un espacio ajeno  en el que está de paso o ha sido llevado  un tanto condicionado.

En casa ajena toca hacer lo que está pautado en su ambiente. No hay ninguna casa, castillo, chabola, choza o carpa que tenga a la puerta la hoja de instrucciones de uso. La excepción son las habitaciones hoteleras o los bungalows, en los otros casos se infieren y en todo caso el dueño o el usuario habitual ya están ahí para ir explicando cada cosa. El buen estar recomienda que tanto quien invita como quien es invitado se sientan cómodos mutuamente y que cada cual tenga su espacio sin perder la noción en ningún momento de quien es quien. Para que el invitado no se sienta como un convidado de piedra haciendo de relleno ocupando un lugar en la mesa o en las estancias pero sin que se le haga el menor caso el anfitrión tiene que procurar  que la estancia le agrade. Como que no hay situaciones relacionales puras y en lugar de ser un trato de uno a uno la situación numérica dada es más de dos (una pareja que invita a otra, una familia que comparte el week end o las vacaciones con otra) la nueva constelación configurada apunta pronto a decir quién es quién y cuál es la danza de roles que coexiste.

Ocupar el lugar del huésped no tiene mas recomendación que el de dejarse llevar por las circunstancias. Es distinto estar invitado a una cena en una casa a estarlo varios días. Mientras el protocolo de una sola comida es bastante pronosticable con un número limitado de variables, la convivencia de varios días va a presentar tiempos muertos e individuados en los que cada cual  va a hacer sus cosas. Cuando voy a casa ajena trato de seguir con mis constantes diarias (seguir con mi dieta, un rato de ordenador diario, otro de lectura  o mi tabla de gym,) para reducir al mínimo mi pérdida de hábitos. No es fácil ya que las invitaciones a la gula ante los manjares o el cambio de horarios son factores de trastorno.

Renuncio a tipificar un prototipo de huésped. La condición de invitado varía según cada visitante y la gente visitada,  el comportamiento también es distinto si va solo o acompañado. La ventaja de compartir una visita con otros visitantes es que la atención anfitriona queda repartida y la carga de excesiva atención a uno solo queda repartida entre otros. El huésped que va a casa ajena tiene una serie de débitos no escritos que contrae desde el momento en que acepta protagonizar esa visita. Cuando alguien va a cena o es invitado a comer lleva el vino o los postres como presentes y exquisiteces para dalas e degustación o darlas a probar por primera vez. Trata de agasajar a sus invitadores con experiencias gustativas de las que están desconectados o que no han probado nunca. Si va para varios días se acomoda a las circunstancias de la casa de recibo. Donde se ven más las coincidencias y las diferencias es durante las conversaciones en las comidas. Es la cancha de juegos de sondeos y declaraciones. Como que no es un espacio neutro si no la casa de alguien las opiniones propias hay que llevarlas más lejos o más cerca según el peligro de confrontación que se sospeche. No está de más  preguntar a priori (al contrario, es muy recomendable) a dónde se va exactamente y qué clase de gente se va a conocer. Esto permite calcular qué temas será mejor no seguir si se sospechan posiciones opuestas sobre cuestiones a visceralizar.

Las arenas para la discusión política es mejor dejarlas en otra parte. La cuestión es que el huésped por su sola condición no es el amor del lugar que visita o en el que ha sido invitado. Su supervivencia como tal depende de la alianza empática funcional para esas coordenadas.  Se puede ser invitado sin ser amigo ni siquiera conocido por ir de paquete de otra persona que sí es amiga y conocida. El arte de la aproximación de cada cual solventará las diferencias o sospechas de las mismas. Una cierta cantidad de visitas (posiblemente la mayoría) no se repiten nunca más. Otras tienen una continuidad que permiten desarrollar una relación de cordialidad o amistad. El feeling de coincidencias no depende solo del tiempo dedicado a convivencialidad sino a la forma de transmitir la información de lo personal. Yo, .que sigo sin dedicarme demasiado a la oralidad verbal- sigo flipando con los pequeños egoísmos cotidianos de quienes están dispuestos a llevarte con sus temas informativos y no lo están en actuar cortésmente en su turno de escucha. No me gusta elevar el tono de voz para imponer la mía o hacer un solapamiento con mi voz a la de otro si insiste en seguir hablando en vez de escuchar con lo cual soy yo el que callo. Lo hacía en la adolescencia y lo sigo haciendo en la madurez. Lo he hecho toda la vida. He aprendido que contra los que necesitan hablar y hablar no se puede hacer otra cosa. Lo  mejor para este tipo de personas es hacerse acompañar por  alguien durante la visita con educación y paciencia suficiente para aguantar rollos ajenos.

Existe un tipo de verborreros/as que una vez ubicados son inofensivos si se les deja de escuchar. Por lo general, alguien que habla mucho al segundo día repite parte de lo que dijo el día anterior. Consecuentemente aunque te pierdas algo de su producción verbal en una vez la recuperas a la siguiente.

Hay visitas que se sostiene por razones no personales: el cambio de aires y de ambiente son suficientes como motivaciones poderosas para ir a una casa ajena. Pretexta un viaje corto o medio o largo y  por supuesto siempre está el interés de descubar a alguien en su mundo privado del que aprender cosas que no aprendiste en otras situaciones. La idea de cómo es el otro queda bastante esbozada en el primer encuentro, los días o veces siguientes suelen confirmar esa visión inicial. Las relaciones sociales son el arte de sostener relaciones ajenas que conocidas por otras vías no serian aceptadas o consideradas. En el lugar del huésped toca mantener una cierta deferencia y galantería. El anfitrión da más señales de su personalidad y de cómo es que el huésped, ya que aquel pone la casa  y todo lo que representa (un test proyectivo, con las fotos colgadas en la pared, la decoración, el mobiliario, la organización doméstica, los cacharros de cocina, lo que hay dentro de la vitrina, la licorera, el mueble especial con los libros heredaros de la familia, el tipo de relación con la/s teles y el/los ordenador/es que en conjunto indican el tipo de vida. El anfitrión cuando recibe a su visitante le hace de guía turístico por la casa enseñándole las dependencias. Esa primera incursión da mucha más información del anfitrión del que este sospecha estar dando. Las fotos y sobre todos los cuadros con pinturas originales de los antepasados de la familia así como los títulos y otros documentos gráficos enmarcados ayudará a completar el perfil. En los dos roles, el de visitante es más el de observador y el de visitado es más el observado. Hay gente que no acepta visitas por esta razón. Recuerdo de mi casa paterna que a pesar de tener siempre una habitación para huéspedes en todos los años que viví en ella solo vino una persona (mi abuela9 una vez por año un par de noches opacas más, nunca jamás fui tuve amiguitos que vinieran a casa y no recuerdo más de una vez de haber pasado una noche e casa ajena salvo en una ocasión en la de mi primo a 50 metros de la casa anterior y ni siquiera estoy seguro de que este dato fuera verdadero.

En la  forma de invitar y ser invitado tiene mucho que ver la tradición biográfica personal de cada cual, el tipo de familia en la que se ha tenido la suerte o disuerte de hacer, la ideología de los padres, su cultura y su propio cuadro de relacionabilidad. De mi infancia recuerdo que  lo que se me decía era que el mundo era lo extraño y duro que empezaba de puertas para fuera yo  experimenté las extrañezas mucho más cerca de mi mismidad, de mi cuerpo, para fuera. De alguna manera eso me marco para pasar por inadvertido y por no darme por interesado por muchas situaciones en las que me veía mezclado. Podría subscribir lo que afirma Elio Vittorini[1], “veía unos cuantos amigos por una hora, dos horas, estando con ellas sin decir una sola palabra” si no fuera porque pinta a su personaje como un tipo disminuido de si mismo incapaz de comunicación en todos los ámbitos. El caso del huésped degradado a convidado de piedra es que el tema en el que no acierta a participar o en el que no tiene cabida no le quita que sí tenga un papel en otros temas. De hecho su falta de performance en un habito lo puede contrarrestar en su participación en activo en otro. Eso no significa que haya una recurrencia del rol sea cual sea el ámbito. O hay que olvidar que un huéspedes o tiene oportunidad de ser también anfitrión con lo cual tiene la experiencia interiorizada de ambos roles. Se supone que el huésped que se siente fuera de lugar en el ámbito al que se ha sido llevado como tal tratará de no repetir lo mismo pero al revés en cuanto tenga invitados en su casa. Reconozco haberme sentido disgustado como anfitrión cuando he tenido huéspedes en casa que han hecho el mutis, que se han pasado más horas en la cama que con los demás o que no han mostrado interés por los temas que le he hablado pero también reconozco que en mi condición de invitado puedo hacer exactamente lo mismo o peor aún si el ámbito al que voy o soy llevado no me cuadra totalmente.

De hecho no hay ningún ambiente tan perfecto que pueda complacer en su totalidad al visitante. Eso tampoco es lo que se busca, basta que cuadre con la perspectiva mínima de una estancia agradable. Un encuentro puntual no tiene porque ser el comienzo de una gran historia, basta con que sea una historia que empieza y termina en sí misma como suficientemente divertida o agradable. Mis experiencias como visitante/huésped por varias casas de todas las condiciones y varias clases sociales ha formado parte de las exploraciones de campo (todas las coordenadas de relación humana son campos de exploración) de las que he aprendido mucho de los demás, de las psicologías en juego y de mi mismo, de mis inhibiciones y participaciones. Al segundo día de estar en un lugar doy muestras de que me puedo pasar más tiempo hablándole a un ordenador que a una persona si es que las condiciones para la comunicación con esta no son  correctas, no hace falta que sean excepcionalmente brillantes, basta que sean educadas. En cuato detecto  una persona interesada en hablar mucho y e escuchar poco un servoatuomatismo me pone en guardia para pasar de ella salvo los mínimos. La frase más genial de la cinematografía que vi cuando era niño era: “discúlpenme, tengo jaqueca”, o alguna parecida para excusar la presencia en la sobremesa y escapar a la habitación asignada. Creo que este tipo de frases son totalmente vigentes y hay que adecuarlas a situaciones actuales. El huésped siempre tiene la posibilidad de escapar a su habitación a siestear o a dormir o a hacer lo que le apetezca, pero eso es a determinadas horas.  Ahí se puede reunir con su pareja o con su libro de lectura o de notas si es que la convivencia no es lo suficientemente complaciente.

Como somos seres civilizados los protocolos para el agasajo está bien establecidos. El interés en que el huésped se quede atendido es un interés del anfitrión. Por el lado del huésped tiene que medir si va a pasar una velada o unos días si renunciar a sí mismo o va a tener que seguir ritos que no le apetezcan. Sin duda hay costumbres propias que no se puede imponer en casa ajena. Aunque soy nudista practicante uso el slip en la piscina de unos amigos que no les gusta el cuerpo desnudo ni siquiera el propio ni cuando esta solos. Aunque no soy fumador comparto la convivencia puntual con alguien que fuma en la mesa mientras estás desayunando. La vida se llena de pequeñas curiosidades pobladas de concesiones.

Si el huésped se siente fatal o incómodo por detalles de desatención  siempre puede optar por acortar el tiempo de estancia con cualquier pretexto. La sociedad moderna proporciona un extenso vocabulario para la discretividad de los sentimientos reales. El huésped que no esté seguro de sentirse cómodo al sitio que va por lo que hace a la comunicación verbal lo mejor es que vaya acompañado de otra persona que haga de persona-esponja de toda lo vertido de información o cháchara que vaya a recibir. Sin duda parte de  lo que se diga va a ser muy interesante pero no todos estamos dispuesto a hacer de filtros de toneladas de palabras. Quien no esté dispuesto pude pedirle a la persona esponja que le haga el resumen de lo interesante. Del lado del anfitrión que tiene espacio o recursos infrautilizados y que le gusta recibir visitas para tener público que le preste atención toca reconocerle tal necesidad. No deja de ser una transacción: una estancia a cambio de una confidencialidad. Suena a muy utilitarista. Sí, lo es, las relaciones humanas son más utilitaristas de lo que se reconocen. Es un detalle muy curioso que la misma palabra utilitarista se la considere peyorativa como una forma para no mencionarla y así de paso no reconocer las intenciones utilitaristas de no pocos contactos. El hecho de tener a un depositario de cháchara advenedizo o incondicional ya es una forma de utilitarismo elemental.

En las constelaciones los gestos y acciones de inclusión y escapada son continuos. Por lo que me toca sigo siendo un reservado por lo que hace a mis sentimientos y los entrego o confidencio a quien creo que es alguien que escucha. Un fenómeno cultural, muy extendió y muy latino por cierto, es el de la no-escucha. Existen grandes volúmenes de transacciones de palabras pero el que las da no siempre está dispuesto a recibirlas o auditarlas de otros. Esa no-escucha es un síntoma de infra-culturalidad que, afirmo, guarda una conexión con el trastorno atencional tan detectado en las escuelas y que está detrás del fracaso de los métodos de enseñanza actuales.

La atención es relativa, requiere el arousal y la percepción activa, también se supedita a la selectividad y el campo de interés. Hay temas en los que, sencillamente, no se entra por aburrimiento y eso no es patológico. Hay gente que habla de muchas cosas y s muy descriptiva y profundiza en muy pocas y al revés: hay gente que habla poco pero lo poco que dice es muy relevante y merece la pena no perdérselo. Lo esencial de la condición de huésped es lo que le es dado comunicar y lo que está dispuesto a comunicar de sí mismo y de su currículo, también lo que está dispuesto a recibir de su anfitrión. Puede avisar a priori de cómo es y cuáles son sus hábitos para evitar confusiones o roces posteriores, también para ayudar a interpretar las conductas por lo que son y no por lo que se suponen. Desde siempre he tenido un mundo particular al que retirarme (los libros que leía o los que escribía) y siempre ha quedado más o menos clara visualmente esa preferencia por esa soledad con el texto (que tampoco es tal ya que quien escribe no para de estar con figuras mentales que le rondan o convoca) que la verbalidad con hablantes del entorno que no complacen tanto. Expuesta la situación así ha sido, para mi propia extrañeza, un porcentaje minoritario de personas las que se han interesado por aquello que me dedicaba a escribir mientras ellas estaban de palique. Lo han integrado escénicamente como mi rareza (de la que tampoco reniego). Lo más curioso para quien no es muy dado a las letras escritas es que no trate de indagar como alguien puede preferirlas a las orales. Eso tampoco es tan exacto. El arte de la conversación oral puede superar a la literatura escrita pero para eso hay que dar con artistas del habla considerados y educados, que sepan hablar sí, pero también escuchar.

Como criterio supervivencial  -y no lo presento como modelo- e cuanto detecto que alguien no escucha, es decir no está dotado psíquicamente para la escucha sostenida, a no ser de que sea un cliente de pago que presenta este síntoma para corregirlo, lo abandono a su suerte y de paso me separo de todo posible apadrinamiento de su déficit. El huésped, en su posición de observador, puede medir si tiene que aguantar  y hasta donde su lugar secundario en un espacio o puede pasarse de la ralla y en qué cosas y en qué términos.  Si cada persona es un mundo, cada casa es una galaxia en la que cada detalle de la convivencialidad cuenta para acomodar posiciones. Es necesario tiempo y muchas charlas para destilar las suculencias de cada quién. El huésped  va viendo  lo que da de sí la relación y si concurre o no relación empática y para qué.

En las culturas más individualistas (la catalana, entre ellas) abrir las puertas al de afuera  va en detrimento de la comunicación general pero también a favor de la supuesta seguridad particular. Se dice que una vez se abren las puertas es para toda la vida. (una exageración). El huésped tácitamente contrae una deuda para que la visita que ha hecho se la devuelvan pero las condiciones varían, las inercias en la casa de cada cual son distintas, y las posibilidades de espacio y materiales también. Eso está detrás de la desigualdad de las experiencias, hay quien es más dado a ser anfitrión y menos huésped y al revés: hay  quien practica mucho como visitante y poco como visitado. He tenido visitantes en casa a los que nunca visitaré en la suya porque la relación ha pasado a otro registro y  he sido visitante de personas que no me visitarán nunca. Entiendo que son posiciones de sujeto que se adoptan según circunstancias y caracteres. El mejor anfitrión es el que deja que el huésped se sienta como en su casa y el mejor huésped es el que no trata de modificar las interioridades de la vida de nadie pudiendo librarse de los ratos abusivos de cháchara o de exigencia de atención escapando al espacio particular en el que uno ha sido alojado (el dormitorio). Al huésped que se siente invitado-acompañante puede compartir ratos de charla con los demás y devolverse a sus particulares o encontrar algún aliado del ambiente para hacer lo que le guste, una conversación fuera del campo de las dominantes o una partida de algún juego exótico.

El huésped para sobrevivir puede acudir  a distintas estrategias: llegar proveído de una cierta cantidad de historietas para contrarrestar su falta d carisma u ofrecerse a hacer una de las comidas con una receta exótica. Es una situación de grupo el juego verbal da, en principio, opciones a todos para participar. Otro asunto es que la inapetencia lleve a la retirada cautelar. Personalmente me cuesta mucho sostener la atención de los demás durante toda una convivencia. Invariablemente me refugio en mis dedicaciones personales (viajando llevando mi oficina conmigo) lo cual me convierte en un tipo raro. No tardo mucho en poner en evidencia mi rareza. Mis anfitriones podrían ponerse de acuerdo que estuve en sus casas compartiendo ratos de cháchara  (los mínimos) con mis propios ratos recluidos en mis meditaciones elaborativas.  Cuando hay una disposición para la entente la peculiaridad de cada cual queda integrada en la capacidad de aceptación reciproca.

 



[1] En Conversa a Sicilia. Eds 62 i la Caixa Barcelona 1990

Ante el momento F. F de fin.

Ante el momento F. (F de fin).

Prevención ante las propias  exequias.

Es difícil citar otra ceremonia que no sea la de la despedida mortuoria en la que el protagonista principal sea el que menos decida los pormenores de la situación. Los que somos futuros cadáveres y nadie -hasta donde sé y estoy puesto por lo que hace a pócimas para la eterna juventud- absolutamente nadie pude evitar ser un fiambre un día u otro, no puede dejar de pesar en la cuestión aunque crea que le queda lejos. No tiene nada que temer, la industria de la carne humana no es legal y la probabilidad de ser parte del bocado de perros callejeros y hombres lobo es remota. La cuestión principal es que el protagonista de la efemérides, de cuerpo presente en el templo de turno, convenientemente maqueado por el tanatoarte, es el menos consultado para que la ceremonia se organice de acuerdo con sus deseos. Claro que la viuda o viudo u otros seres cercanos que se acercaran al féretro semiabierto para preguntarle al infrascrito mantenido a temperatura ambiente, ¿Qué te parece cariño, te ha gustado el evento? seria tomado como excesivo. Aunque el maestro de ceremonias hable de ángeles y pergeñe el perfil del muerto, por ateo que fuera, no está bien visto en sociedad que nadie vaya a hablar con el alma del muerto que se supone que seguirá en el acontecimiento para controlar quienes han venido o no a su entierro. El papel otorgado para los allegados es el de vestir de negro y el de lagrimear que buena falta le hace a los ojos para su lubricidad. Las lágrimas tienen un sabor combinado de dulce y salado y testiguan las dulzuras y amarguras de la vida. Llorar de vez en cuando no está tan mal. Para quien no sabe hacerlo existía la posibilidad de  las plañideras contratadas para tales ocasiones en una época en que los familiares directos ya no les quedaban lágrimas que soltar por el muerto esfumado que no movía a tales pasiones. Reivindico la reactualización de ese oficio. Una oficina de contratación podría ir a las salas de cinematógrafos con temas muy tiernos para ver quiénes del público van a soltar lagrimitas. El atrezo de vestidos de negro y matillas compondrían el resto. En el acontecimiento de despedida del cadáver,  el grupo de plañideras (también plañideros por eso de la igualdad de sexos, es decir de oportunidades de los sexos a ejecutar las mismas tareas) ocuparían su rincón, lo mismo que el coro ocuparía el suyo, los monaguillos y el de la casulla el altar y, público y curiosos en general la platea.

Aun definido en otras ocasiones la efemérides mortuoria como el acto social más real de todos, ante el que bautizos, bodas, despedidas de solteros y todo lo demás no pasan de la filfa de la falsación, toca redefinir con seriedad que todos los actos sociales forman parte de la sociedad del espectáculo, Ir a un entierro es una forma de relacionarse con quienes no se ve desde hace tiempo. También sirve para pasar el rato y reactualizarse con respecto al rito.

Se ha demostrado que el muerto por el que se mueven un pequeño montón de personas interesadas en su situación: desde el que lo viste al sepulturero, desde el ceremonioso al familiar que le pone la inscripción en una corona de flores, es no solo el más muerto de todos sino el que se le ningunea a la descarada. No se tiene en cuenta sus creencias o lo que fue y dijo en vida. Lo urgente es acondicionarlo por el rol que ha de cumplir. El muerto es la única figura humana que sigue cumpliendo un rol social a pesar de sus intereses y valores contrarios. Al menos cuando se está en vida el viviente puede oponerse con firmeza a las interpretaciones ajenas de lo que es o a los mandatos de amos que le exigen que cumpla aquello con lo que no está de acuerdo. Pero como muerto solo le puede esperar que le trasieguen a conveniencia de los profesionales de turno.

El alma flotante en el templo, en el supuesto de que exista y si existe le apetezca quedarse para la hipocratada parroquiana, podrá hacer balance de quien ha venido y quien no a su último adiós. Podrá hacer un inventario de los que  están reunidos, a los que trató y le trataron en vida, aunque maldita falta le haga. Las cosas mundanas son del mundo y las de los muertos ya no están para los trotes callejeros y los enfrentamientos por todo en una sociedad repleta de injusticias. Mientras esa alma bosteza ante el rito que se le concede al cuerpo que  acaba de abandonar, el personal que lo sobrevive tiene un pretexto para verse las caras, escaparse de la misa si no son eclesiásticos o mirar lo bien que quedan las señoras vestidas de luto. Si el alma es un alma que se precie a si misma  dejará pronto y rápido la situación para volar por el cosmos o reencarnarse en la punta de una sequoya para tener mejores vistas. Lo más probable es que esta alma no salga del cuerpo porque no la tiene ni la tuvo nunca y el cadáver con sus sentidos machacados, inerme e indefenso ante el rito haya iniciado su proceso de descomposición aunque la mueca sonriente contrarreste el rigor mortis.

Después de las oraciones correspondientes, el séquito de acompañamiento, el panteón o nicho que le esperen, cada cual se devolverá a sus asuntos y el muerto si ha preferido la compañía de los gusanos a la incineración se quedará en la más absoluta oscuridad. La vida seguirá fuera de su sarcófago o emparedamiento aunque bien mirado también dentro (los gusanos se pondrán las botas y es famoso el memorándum de que los cabellos y las uñas siguen creciendo). Esa vida postmortem es evidente sin necesidad de infierno al que ir ni alma que tenga que preguntar cómo se llega. El detalle no puede pasar desapercibido ya que la filosofía que cuestiona la finitud puede impugnar que esta exista desde el momento en que todo se transforma.

Expuesto hasta aquí un panorama más o menos estándar el vivo que sabe que le espera la función de muerto, muerto social por añadidura para las fauces de curas y parroquianos que decidan darle la ultima botadura, puede reflexionar hasta donde dispuesto a hacer de comparsa de lo que preparen para su cuerpo según la tradición y la capacidad de manipulación que a bien o mal tengan hacer los supervivientes con sus restos.

Deseo confidenciar los resultados de mi reflexión al respecto. A la vista de tanto hipócrita suelto en el mudo y tanta discontinuidad relacional, tantos intereses creados y tanta mentira circulante, me he declarado desadepto a tal adiós último. Reconozco que por algún tiempo tuve curiosidad por organizar mis propias exequias, una especie  de guión adjunto al testamento señalando exactamente lo que quería, Elegí una música para mí, la de Saint james nurserie,  la exclusión de toda perorata religiosa de la religión que fuera, mucho más de la católica, uno de los peores sectarismos de la historia internacional, un amigo con un clarinete tal vez y un refrigerio para los asistentes. Tal vez una contaduría de historias y anécdotas y punto. El decorado lo tuve interiorizado pero me faltaba llenarlo de caras. La verdad es que cuanta más gente voy conociendo y más voy profundizando con ella menos me apetecería que viniera a ese adiós último, en el supuesto de que me sobreviviera. Obviamente de todas las personas que uno conoce un vida, unas fallecen antes y otras después, o sea que indudablemente alguien de quien conozco me sobrevivirá´, especialmente desde que prefiero conocer gente de menos edad que la que yo tengo.  A esa falta de caras con la que rellenar la escena le tengo que añadir que no es una invitación agradable la de sacar a cualquiera de su vida diaria para que venga a meditar un rato mientras te facturan para el otro barrio. Especialmente si son familiares con los que no tienes nada que ver o personas con las que hace tiempo que no te tratas. Me gustaría proponer entre paréntesis un estudio sociológicos de la efemérides de los fallecimientos para ver quienes componen su asistencia, cuáles van para invertir en relaciones para que a su debida hora cuenten con presencias ajenas o porque otras razones van. Mientras este estudio se lo plantea alguno tesinando para su doctorado yo he empezado a sospechar que de todas las efemérides sociales en las que uno se ve envuelto, generalmente a la fuerza (el bautizado lo es sin consultarlo, pero el casado también esta forzado a serlo, el invitado va por condicionamientos sociales). Lo único verdadero en  un entierro es el muerto que va a ser enterrado/incinerado, es el único que se ajusta a la perfección a su papel, el único que no miente a nadie. No importa que fuera un gran mentiroso en vida, e la muerte la verdad más suprema lo engulle sin contemplaciones.

Si estando e vida uno se las ve y desea para hacer prevalecer el propio criterio sin conseguirlo, sufriendo por injurias y manipulaciones de sus circunstancias a conveniencia de toreros de todas clases, de muerto la perspectiva segurizante es mucho menor. Puesto que no soy nadie importante, un nombre desconocido en los anuarios, he considerado que nadie, salvo la/s persona/s más inmediatas (eso excluye a la mayoría de los familiares y de contactos sociales reunidos), le afectará mi desenlace fatal. Me anticipo a este pidiendo a mi compañera que en caso de ingreso hospitalario de urgencias por algo grave no lo comunique a nadie de mi heterogéneo y curioso mundo relacionario. Tampoco que avise a nadie por mi fallecimiento cuando suceda. Eso significa cargarle el muerto a esta persona y no repartir su pena y sus gestiones con otros. Ya somos adultos para gestionar la muerte de alguien como eso: una pequeña colección de trámites.

Pero como tampoco quiero cargar el muerto, cuando yo sea ese muerto, a la persona con la que comparta cama e intimidad biográfica hasta este día, recuerdo que tengo pendiente hacer la donación de mi cadáver a una universidad médica (el hospital clínico en Barcelona) para que se ocupen de todo: trocearlo y meterlo en una piscina de conservación para que los estudiantes aprendan como tratar los vivos con los despojos que dejan los muertes. Pueden jugar a wáter polo si lo prefieren. Lamentablemente parece que esa opción es contraria a la de donación de los órganos (cosa que he hecho con mis riñones, corazón y ojos) para reimplantarlos en otros cuerpos que quieran seguir experimentando la vida en el mundo de los vivos. Debe ser un problema de coordinación entre ambos intereses. Tengo pendiente averiguarlo. Al parecer de la donación de órganos dejan el resto del cuerpo para la/s personas allegadas para que se ocupen del resto y en el primer caso no, porque no hay efemérides última que se haga ni cadáver haciendo su actuación estelar de tal en ese encuentro para la retirada.

El que da su cadáver a la ciencia o como material didáctico para la enseñanza de la anatomía humana no es que se auto desprecie a sí mismo, sino que conciencia la cruda realidad de aquello en lo que se va a convertir (polvo y cenizas). En lo que no cree es en la necesidad del acto efemérico que lo despida. Ya sabemos que es muy bonita la escena de los más allegados leyendo un poema y una voz que diga devolved a la tierra lo que es de la tierra, pero no lo es menos el acto solitario de los conocidos repartidos que al enterarse de tu muerte te evoquen un rato o te lean –en mi caso al menos por todo lo que vengo escribiendo- repensándote. Al menos tendrán que reconocer la discreción de la partida sin prestarse a la ceremonia de bombos y platillas, esquelas y demás parafernalia al uso. Ya sé que la cultura humana tiene sus albores al detectar la deferencia por los muertos enterrándolos a veces con sus utensilios y con determinadas formas respetuosas. Tras la vida no necesitare mi cuerpo, todo lo que puedo desear es que la tierra me digiera sin estragos. Mi falta de presencia no supondrá ninguna crisis de ausencia. Sería capaz de resucitar para demostrar que ese sentimiento no vendría a cuento. Si paso en vida desapercibido no veo que de muerto tenga que tener una atención especial salvo para las mortisecciones y el wáter polo.

Con la donación postmortem el futuro cadáver quita muchos problemas de en medio: no es necesario avisar a nadie salvo al porteador de cadáveres para su conservación y su reciclaje para la pedagogía o ambivalentemente para rescatar sus materiales que puedan servir protésicamente a otros vivos. No es necesaria ninguna ceremonia. Creo que es un momento F del más alto romanticismo en especial para quien no cree en la sociedad y en sus mentiras de toda clase. Los demás problemas como buscar un féretro de cartón alternativo para no pagar las burradas de precios de las funerarias, discutirse con el párroco para que no monopolice el acto; desaparecen.

Hablar del tema de la muerte siempre genera una reapertura de la herida. Todoas tenemos muertos en nuestras vidas a los que recordar y morir no siempre es una tarea fácil. Hay muertes injustas y supervivientes que no consiguen superarlas nunca del todo. Sé, me consta y he sentido muchas muertes ajenas, también de quienes no he tenido el menor trato personal. Sin embargo soy un sentimental cuya sentimentalidad no me impide tomar distancia irónica de todo  el fenómeno de la mortalidad que no tiene porque  tomarse como un drama irreversible.

De lo alternativo a lo escatológico.

De lo alternativo a lo escatológico.JesRICART

Aunque la noción de  alternativa total  ya ha tenido tiempo de ser desacreditada por alternativos que no han conseguido superar en sus coordenadas lo esencial del rabioso individualismo competitivo, no deja de ser comprobable un extenso fenómeno de personas que eligen otras formas de vida al margen de las ciudades y de los circuitos del consumismo a ultranza. En esas otras formas de vida concurren críticos del sistema económico y de los valores tradicionales y licitan una alternativa de facto a titulo de individuos que escapan de las servidumbres ordinarias de existencias de lujo. Desde la observación fenomenológica es necesario distinguir entre lo que es alternativo para individuos evadidos de los ritos urbanos librándose de pagos y robotizaciones a lo que trata de ser alterativo como propuestas de progreso.

La elección misma de vivir en regímenes utilitaristas, reciclando espacios que han quedado fuera del circuito de la especulación (las acciones squatter) o provisorios eligiendo instalaciones precarias en zonas periurbanas (el chabolismo) o la de buscar lugares no urbanizados (vivir en los bosques), pone en segundo lugar el discurso para encontrar un modelo trasportable socialmente. El antiguo esquema a favor de desconcentrar el alto índice de densidad urbana y de urbanizar las zonas rurales ha quedado obsoleto y la manera con que ha venido dándose el crecimiento desarrollista ya ha generado una inmensa extensión de las formas urbanas en los espacios rurales (ahí está la enorme cantidad de urbanizaciones enfilando laderas y destruyendo zonas boscosas) sin poner término al crecimiento urbanístico.  De hecho, las casas en las urbanizaciones son segundos domicilios en la inmensa mayoría de casos con lo que no obstaculizan el crecimiento urbanístico sino todo lo contrario.

Por lo que hace a exploradores de lugares en los que vivir mejor o al menos de una forma más natural sin pasar por los peajes de la vida urbana tópica (hipotecas, fundamentalmente) no significa que sus exploraciones sean de u orden tan crítico que ensayen modelos colectivos de convivencialidad distintos a aquellos de los que se separan o escapan. La primera década del tercer milenio no ha proporcionado experiencias innovacionistas en esta orientación y comparándola a los sesentas o setentas de finales del segundo milenio. Su balance arroja un saldo desfavorable a las iniciativas radicales para proponer modelos de vida, y de valores, que permitan crear nuevas ilusiones colectivistas.

Ahí donde hay espacios marginales (antiguos caserones, en playas o bosques) en los que se reúnen viajeros o posicionarios no necesariamente hay procesos colectivistas para dinamizar debates y mucho menos proyectos sólidos. Depende, claro está, de los protagonistas de cada lugar para hacer de ese la plataforma para experiencias estupendas o las coordenadas para ir tirando sin más proyecto que el de la continuidad supervivencial.  Si bien la escapada de esos imperativos de vida aceptados por una  mayoría social (aseveración contra la que tanto nos resistimos creer) no ha dejado de darse cubriendo una estela de comportamientos no todas las escapadas forman parte de un proceso tan consciente ni mínimamente revolucionarias.

La discusión que ya se hizo  a  los neo rurales como evadidos de los principales frentes colectivos donde se concretaban las contradicciones capitalistas (en los barrios y en las fábricas) ya es obsoleta y en su momento tampoco paró quien desde el hartazgo urbano se buscó mejores formas de vida en sitios más tranquilos. Hoy ya no hay quien pueda otorgarse el derecho a discutir a nadie si adopta posturas por la lucha social y la liberación de los demás de sus alienaciones. Todo está tan revuelto y es tan contradictorio que los vocacionales del activismo no son mejores que los del pasivismo y lo mismo se puede decir de ese saldo expuesto al revés. Pero las posturas son completamente opuestas por lo que hace a sus potenciales de energía dedicados al mundo aunque en la práctica sean reconciliables. Ya nadie puede decirle a nadie lo que debe hacer o no por lo que hace a dejar su contribución al mundo. ¿Oh sí? ¿Hasta qué nivel se puede intervenir en la conducta ajena? Respuesta: en todo aquello que esa conducta perjudique la libertad propia. Pero eso es por lo que hace al territorio de lo concreto, a la racionalización de la cotidianeidad, a la construcción de una ratio lógica entre la convergencia vecinal en un territorio pero ¿cómo objetar la filosofía existencial global de cada sujeto? ¿Cómo culpar a tantas personas que se han desentendido del mundo social, se han apartado de la lucha política, incluso de la ecologista o pacifista, por fracasar una y otra vez en proyectos o dejar de ser fénix tras ahogarse en sus balances de frustraciones y fracasos? De los submundos a los que han dado lugar se puede dar con escapadas en toda regla más que contraculturas de nuevo tipo aunque haya una cierta parafernalia de un innovacionismo.

De casi todo se puede levantar acta  y del escapismo de lo social también. Ninguna objeción a las escapadas siempre que no sean a costa del medio ambiente y sin dejar impactos desfavorables en los lugares ocupados. A diferencia de la época comunera en la que se sostenía un debate ideológico a favor de una pureza en los hábitos, el individualismo predominante en las opciones de escapada va en paralelo a mezclas supervivenciales que de hecho no tienen dada de alternativo sino de alternancia entre unas formas de consumo de las que se escapa y otras de simplificación que se abrazan. Antes de que se den cuenta los escapados pueden emular posiciones indigentes y, peor aún, antiecologistas en las nuevas zonas que ocupan.

Ya se vio en su momento que la evolución de los squatters y ocupas no creó redes sociales conscientes para hacer ofertas ideológicas o de crítica continuada a las ciudades. En una parte considerable han derivado a formas baratas de alojamiento con la pancartita, eso sí, de zona ocupada o el slogan a favor de la reutilización de los abandonos sin que haya un trabajo alternativo al completo por seguir cuestionando la propiedad privada. Esas formas usufructuarias, sea de infraestructuras o sea de espacios de la naturaleza,  podrían dar mucho de sí para una perspectiva revolucionaria siempre que sus habitantes no se limitaran a librarse de los pagos de facturas, las del consumismo dominante, sino que además el tiempo libre dejado por no someterse a trabajos esclavos se reciclara como tiempo dedicado a  la concienciación propia y ajena.

Cuando el discurso crítico que subyace en el escapismo de lo social, absolutamente justo y razonable, no supera en los mínimos su adaptación a lo concreto y los grandes discursos de la liberación humana se hacen entre porquerías formando parte de escenarios escatológicos, el alternativo supuesto termia por parecerse más al indigente que no al ser evolucionado que demuestre saber vivir fuera del dominio del sistema. La curiosidad de  un tipo de  alternativos biográficos que han aprendido a vivir sin la obligación del trabajo asalariado con el que no se identificaban es que todo su saber no consiguen concretarlo en formas solucionarias no ya para el mundo en general sino para su propio bienestar particular. Queda por ver si la simplicidad tiene que llevar a la indigencia o esta no es más que otra forma de complicarse la vida pero ¡eso sí! sin pagar por sus complicaciones.

En las propuestas que presenta Ingrid Mozetich dtora en cc biológicas,  a modo de respuesta a medio ambiente hay una[1] que habla del impacto medioambiental y de su evaluación. Es lo que sirve para medir las consecuencias de los actos  humanos por lo que hace a la transgresión de la naturaleza. Es una broma de mal gusto que en proyectos en marcha de vida en los bosques o reutilización de pueblos abandonados no se tenga resuelto temas tan básicos como el de los detritus que generan convirtiéndose en grandes potenciadores del parque faunístico de moscas y mosquitos. Ningún planteamiento revolucionario está reñido con la higiene y las escenificaciones escatológicas están mas emparentadas con hábitos de negligencia no autocorregidos y personalidades instaladas en la desidia.  El mismo tipo de personas al mando de puestos de poder en la sociedad con toda seguridad no lo harían mejor que la trayectoria de magnatarios abusivos del espacio comunitario. L diferencia esta en que estos se supone que no se formaron en ecologismo y respeto a la libertad y aquellos sí.



[1] La numero 82, p.124 100 Respuestas en Medio ambiente. Colección Libros ¨Çutiles. Ed. Olalla. Madrid 1996

De los terceros ausentes

De los terceros ausentes. JesRICART

De los terceros ausentes es de lo que más se habla. No podemos evitarlo, el  mundo de los demás llena, de charlas y referencias, al mudo privado de cada uno. Sin panorama de lo ajeno de lo que hablar uno se queda en silencio. Como que al silencio se le teme se habla de esto y de aquello, de aquel y del de más allá, de quienes se ha conocido y de quienes se tiene por conocer. Y al hablar de todo eso, al hablarlos, inevitablemente se les evalúa, se les tasa, se les juzga, se les pone una equis o se les circula, se les tacha o se les subraya y recomienda. Después de primeras citas los amigos/as pregunta ¿qué, que tal es, cómo fue? El balance no se hace esperar. Una amiga que lleva unos diez años coleccionando telarañas me viene hablado los últimos contactos que tenemos de cómo progresa la relación con su flirt. Cuando conoces a alguien se le pregunta por cómo le va con sus relaciones, con sus hijos, con sus ex. Por activa o por pasiva participamos de las conversaciones sobre terceros que no están. Unas veces porque nos preguntan y otras porque preguntamos.

 De esos terceros ausentes no solo hablan quienes han tenido tanto directo con ellos, también lo hacen quienes no los conocen ni los conocerán nunca, quienes se nutren de comentarios intermediarios y chupan de informaciones no comprobadas. ¿De qué se iba a hablar si no de lo ausente? Por elegancia cultural hablar de quien no está presente para ponerlo a parir o pasarlo por la lavadora de la propia crítica no es lo exquisito. Quien elige tal exquisitez en el trato se queda haciendo el panoli mirando con cara intrigada las opiniones que vayan circulando de los demás sobre estos ausentes. Si a tu turno te abstienes de opinar sobre los ausentes argumentando que no es tu estilo o no te parece correcto participar en una merienda de negros zampándose los despojos triturados del que no se le da la opción a defenderse no solo  se van a sentir agredidos los demás que participan de esa comilona verbal sino que vas a ser inconsecuente ya que no hay nadie que deje de referir lo ausente y por tanto a los protagonistas ausentes de los actos que se les pase revista. O sea que mentirás. La cuestión está en la dosis y en la forma. La mayor parte de los análisis que tratan de personajes públicos están manejados por analistas que saben que nunca conocerán a aquellas que citan o examinan, ni falta que les hace, Un analista no es un fan que busca un autógrafo o se despierta en plena noche con un apnea sobresaltado por soñar con su ídolo; simplemente es alguien que analiza datos sea cual sea el mohín del sujeto del que se los analiza (aunque desde luego el rictus y otras puntas protuberantes de su figura no dejan de ser datos).

El tercero ausente remite a distintas categorías o grupos humanos: gente conocida, parentelas y familiares, ex amantes, vecinos, colegas y socios, flirts en curso, el chofer del último bus tomado, el tendero que te ha atendido en el ultimo súper que has entrado, las caras bonitas que has visto, el poli que te ha hecho parar el coche...también de gente conocida y que se ha esfumado, de autores leídos y citados. Casi es imposible hablar sin hablar de los que no están presentes en la conversación. Eso se puede entender y explicar porque el mismo hecho del habla ya convoca figuras ausentes en tanto que el mismo lenguaje es representacional de lo que no está físicamente presente en el lugar en el que se emplea. Ese poder de evocación de lo ausente es una de las grandes virtudes lingüísticas pero que deriva hacia el chismorreo y a las malas artes de hablar negativamente a espaldas de los demás. De lo ausente se puede hablar de destinas maneras siendo lo conceptual un recurso inevitable y la personalización totalmente evitable en particular si es lo contubérnico, la injuria y la destructividad lo que acalora el tema.  

Como medida profiláctica cuando alguien por exceso de pasión o de imprudencia quiere convertir un encuentro coloquial en su monotema basado en lo que le pasó con tal o cual persona que no está presente, se puede reconducir la conversación hacia temas más neutros para evitar aguantar la ducha fría de sapos o implicarse en opiniones que no se desean dar. Curiosamente los temas neutros tienen por canteras políticas y políticos o bien los personajes de la farándula artística o deportiva siendo estos tres campos los que están más a mano. Sus personajes ya cuentan con que se habla de ellos. Cuentan con eso. El farandulero más apto por su condición es el que prescinde totalmente de todos los dimes y diretes de la gente que comparte habladurías sobre su persona. Hablar de la farándula no deja de ser una  táctica de  evitación para no hablar de la gente conocida que no está presente, pero en ambos casos se habla de personas ausentes. Se dice que a nadie le disgustan cuando suenan campanas con sus nombres si son a su favor. Eso no es tan fácil. Puestos a hablar de alguien que sea por sus contenidos reales, esa es la justicia mínima exigible en el trato. Lo malo es que al referir los terceros ausentes se hace a menudo desde posiciones despectivas. Lo ideal sería la oportunidad de hablarlo todo con los implicados referidos pero eso deviene un imposible práctico. El individuo humano referido así como cualquier otro individuo o cosa es objetado al ser hablado y se le trae a colación sin necesidad de llamarlo para qué venga a la reunión. El procedimiento mental que explica este hecho no tiene porque ser reprimido a no ser que el uso de los terceros sea para evitar enfrentar a los presentes, de los cuales hablaran cada uno de ellos por separado cuando los otros estén devueltos a sus condiciones respectivas de ausentes.

La elusión del enfrentamiento directo es un epifenómeno determinado por las dificultades inherentes a la comunicación cuando esta no es aceptada por los comunicantes blindados. La cuestión es que la demanda de condiciones ideales de comunicación, la de poderlo hablar todo con todos, no se puede cumplir y no hay perspectivas de que se cumpla a ningún plazo a la vista. En consecuencia si la comunicación se desarrollo lo es o lo va a continuar siendo en condiciones no ideales, ahí donde sea posible, a pesar de sus detractores por un lado y los personajes citados en ella, por otro.

La tesis de hablar/no hablar de los terceros ausentes evoluciona y se adapta según quienes sean esos terceros. Es obvio que de los autores que se citan para vincularlos con sus citas a los textos propios se habla en su ausencia, estén vivos o muertos, sin pensar que haya otra posibilidad de hacerlo porque la elaboración sería interminable si pasara  por pedirles que reactualicen sus referencias publicadas que en sí mismas son autorizadas a ser redifundidas. En cuanto al grupo de la farándula, a menudo hablarlos pasa por proponerlos o no proponerlos para irlos a ver. El tercer grupo, el de la gente conocida y con la que se comparte experiencias, es el que más conflictos de interpretación genera cuando determinadas o emitidas circulan e inciden en los constelogramas modificándolos por indisposiciones o malentendidos. Como criterio salomónico lo mejor es no hablar de los terceros ausentes de asuntos delicados que se pueda tratar con ellos en directo. Hay excepciones del criterio  anterior por urgencias o por temas inevitables. Cada vez que se da paso a esas excepciones la conversación corre el riesgo de devaluarse en particularidades anecdóticas discriminando el tema central. J.M Terricabras dice que es necesario recuperar el nombre de cada cosa y volver a aprender hablar (y razonar) si es preciso, La palabra enraonar en catalán tiene los dos valores. Aprender a hablar además de hacerlo re aprendiendo el valor de las palabras pasa también por reaprender el valor de las situaciones y de los hablantes, de sus roles y de sus funciones. Ese aprendizaje está muy ligado a la educación en valores que tiene mucho cartel pero pocos resultados. La educación es un aprendizaje de las distancias e interconexiones en el mundo de los demás. Insistir en el valor del respeto sin traducirlo en las formas lingüísticas correspondientes ni aplicándolo a los ausentes por el solo hecho de no exigirlo con su presencia significa que fracasa como tal valor.

Hablar de los demás como hablar de todo pasa por hacerlo con cuidado y prudencia. La diferencia entre los hablantes queda establecida por los detalles. El hablante que pontifica se auto desacredita y el que modula y modera su habla para emitirla cuando está totalmente seguro de lo que dice se le heteroacredita, o al menos esta es la presunción metodológica.

Del habla hay muchos temas con que llenarla sin necesidad de personalizaciones para objetar a uso o reírse de otros. Los estilos en boga de hacerlo (el periodístico es uno de ellos ya que con el pretexto del análisis coyuntural los articulistas también escrutan a nombres faranduleros) detallándose pierden de vista las marejadas de fondo.

Ante la ignorancia

 Ante la ignorancia[1].

Nadie (ningún humano) nace sabio ni con todos los conocimientos en su haber, tampoco tiene la suerte de que sus procreadores lo sean o los tengan. Tiene una vida por delante para paliar ese déficit, Unos 3/ 4 de siglo después, o desde antes, la gente se pone a morir y cada cual concluye lo poco o mucho que aprendió. Hay de todo: quienes hacen de su vida un recorrido por la ignorancia y quienes lo han hecho por el estudio, la reflexión, la destilación de sus experiencias  y el saber. La verdad es que andamos escasos de sabios. O inferimos que una vida es un plazo demasiado breve para saberlo o que aún siendo suficiente la mayoría opta por divorciarse del conocimiento. Propongo la segunda idea. Si es así, el homo sapiens es la especie humana que menos individuos inteligentes produce.

 Cuando necesitamos enmarcar los orígenes de la mayoría de temas filosóficos seguimos acudiendo a una antigüedad lejana. Hace más de dos mil años ya se pensaron las cuestiones cruciales de las tesituras humanas, la de la ignorancia también. Podemos tratar de añadir algo más al respecto que no se limite a los estándares que recojan los deseos por combatirla y reducirla. De la ignorancia lo inmediato que hay que decir es que cada cual es responsable directo de la suya, lo mismo, sea dicho de paso, que de su higiene corporal o de ingerir su alimento. Nadie puede comer o evacuar por nadie. Tampoco puede aprender por nadie en el sentido de substituirle el aprendizaje que le toca hacer. Ante quien no quiere aprender toda la sociedad fracasa. Ante el caso individual del desconocedor el problema pasa a ser de todos. Basta que haya un solo individuo en la ciudad que no sepa interpretar las señales de tráfico, que no sepa comportarse en público, que no sepa manejar su auto, que no sepa beber, que no sepa hablar, que no entienda, que   no  haya aprendido los protocolos del respeto para que el resto de los ciudadanos estén en peligro. Uno o muchos van a topar con aquel fichaje y se va a encontrar con problemas. Esa suposición es un tanto benigna ya que parte de la idea de un no saber cómo (des)atributo del ignorante confeso cuando para todo lo dicho lo que predomina es un no querer. Lo diré pronto y rápido no aprende a vivir quien no quiere aprender. No aumenta sus conocimientos y saberes quien se niega en redondo a hacerlo. No hay ser más involuto que el que no quiere evolucionar. Algo de eso nos dejó un legado remoto: no hay más ciego que el que no quiere ver. Esa tesis no por ser tan popularizada fue más eficaz y es que las huestes de la ignorancia pueden aprender frases hechas pero no se enteran de la dimensión de sus contenidos.

La ignorancia no es un hecho consubstancial a la vida ni a la sociedad, es propio de la mediocridad de la que hacen ostentación los individuos  que confunden sus limitaciones de partida con sus características a perpetuidad.  Como otros déficits existenciales lo peor de la ignorancia es no ser concienciada por el ignorante. Es así que se puede pasar la vida con 4 verbos escasos un par de cientos de palabras y la reincidencia en hábitos existenciales que no lo van a sacar nunca del arroyo en el que vive como una ameba sin demasiadas ambiciones de superación. Desde los albores de la especie siempre hubo individuos indispuestos a aprender de las cosas y que convirtieron los acontecimientos en motivos de temor corriendo a esconderse ante los rayos o la llegada de la noche. Para contrarrestarlos siempre hubo tipos que se extasiaron ante el espectáculo de la naturaleza, sus transformaciones y colores, tomaron notas y aprendieron de ellas. Lo único que explica el nacimiento de la ciencia es la capacidad de observación primero y la de entendimiento después, de unos individuos que se preguntaron los por qué de las cosas. Fueron una minoría, pero gracias a esta minoría hoy disponemos de ordenadores, bibliotecas o teléfonos. Por esta minoría que se fue perpetuando e insistiendo a través de los siglos, hoy una mayoría se puede valer de sus hallazgos. La actualidad sigue siendo así; ante fenómenos que no entienden las huestes ignorantes siguen corriendo para esconderse bajo el felpudo o se parapetan con frases hechas o con insultos. Un articulo largo pero sencillo cortocircuita sus escasas entendederas, pero otras pautas aún más simples (las señales de tráfico antedichas o la lectura de los índices económicos) tampoco sabe interpretarlas, o solo eso, hacen de su no conocimiento un elogio a la estulticia, algo de lo que Erasmo ya nos previno.   Ya no importa si han tenido muchos o pocos años de escolarización, si han ido a una  escuela de pago o a otra de “caganers”[2], que se decía en catalán, refiriendo a la escuela primaria en la que no se pagaba. Tampoco es tan significativo si han terminado una licenciatura universitaria o han pasado por un programa de intercambio de cursos en el extranjero; o no lo es, desde que la masificación de títulos universitarios no es garantía de una extensión de la capacidad intelectual elevando el índice medio de intelectualidad de la población. El prototipo del ignorante es el que se hace a sí mismo, el que se empeña en seguir siendo un zoquete toda la vida sin aceptar las oportunidades que le son ofrecidas para aprender lo básico. Es quien se niega a estar abierto a la información, mucho más a relacionar críticamente los datos de los que dispone. Es el que se queda a dos velas ante conceptos manejados por otros, es el que se aburre en una conferencia o toma un asiento cercano a la puerta para escapar tan pronto el humo asoma por sus oídos.

El perfil del ignorante es el que lleva a conmiseración. En el fondo se siente agredido por no entender ni jota, por calentarse los cascos a la lectura de la tercera frase que le supera, el que sabe que lo escrito no es para su mentalidad, que su capacidad es débil y no puede interpretar los ímputs que recibe. El ignorante, digámoslo ya, es un deficiente intelectual, que o tiene la menor justificación de ser a no ser que tenga por substracción su debilidad mental.

La frontera entre debilidad intelectual y debilidad mental es conceptuada  correctamente pero imperfectamente definida. El débil intelectual es quien no usa su voluntad para dejarlo de ser, el débil mental es quien su substrato neuronal no está en forma como para permitirle intelectualizar la vida. Hay síndromes neurodeficitarios con más voluntad y más interés por la vida que otros que teniendo masas encefálicas en principio impolutas su comportamiento indica que son cerebros planos. Por esa expresión “cerebros planos” nos referimos a los que no piensan. Toma la imagen plástico del so encefalogramas planos. A diferencia de otro órgano corporal con problemas (un miembro amputado por ejemplo) el individuo humano con cerebro plano tiene algunas capacidades resueltas: puede conducir, llevar una máquina en su fábrica, manejar incluso el ordenador, chatear, pasar exámenes, cumplir un horario de oficina, seducir, comer y otros muchos detalles cotidianos aparentando ser un humano completo sin serlo en tanto su capacidad de interpretación de la existencia es nula o cercana a cero. En el ámbito del déficit sensorial y motor se dice que el concepto de minusvalía que se ha empleado abundantemente para una minoría de personas con problemas de locomoción, ha sido un empleo equívoco, ya que la más mayoritaria de las minusvalías (la intelectual) no es socialmente reconocida. Esa minusvalía, insisto, depende más de la voluntad, es decir de la no voluntad del sujeto afectado por superarla, que de causas exógenas como sí concurren en el caso de la polio o de parálisis cerebrales, espinas bífidas  o esclerosis múltiples.

Si el ignorante es un minusválido en la práctica hay que tratarlo en consecuencia, explicarle mejor las cosas, ayudarle con atenciones especiales, también reeducándolo, reforzándolo. Todo este sería el método si no fuera porque el ignorante lo es a rabiar por convicción y proclama. Lo es no porque tuviera las fuentes de información cerradas o porque se pasara toda la vida encerrado en una gruta (por cierto hay pastores rurales  y eremitas  aislados que tienen más saber y han desarrollado mas su inteligencia que urbanitas sobre estimulados que siguen clavados en sus agujeros metafóricos de no querer aprender) si no porque no acepta la enseñanza ajena, no aprende nunca un método de análisis y vive la vida lo más mecánicamente posible.  Tiene suficiente con vegetar y dejarse estimular por las cuatro tonterías espectaculares de cada día. A fuerza de tontear es más tonto que nadie y su cabeza poco a poco se va configurando como el balón que contiene aire (al menos un balón contiene aire, hay  descerebrados que no contienen nada) y que solo sirve para recibir patadas. La etiqueta nos obliga y no vamos a usar las cabezas de los ignorantes para los juegos de pelota (no porque no se lo merecieran sino porque olerían mal y su esfericidad tampoco es la adecuada) pero sí nos toca considerarlos en su función lastre en la sociedad que nos toca compartir con su abundante presencia.

Un ignorante es un enemigo social, un enemigo público declarado. En tanto prefiere no enterarse de nada, obliga, indirectamente, a que otros trabajen para él, le saquen las castañas del fuego, se preocupen por la planificación y por los análisis. Es un contra-evolucionista por definición. Su frecuencia pone en aprietos la teoría del humanismo incondicional y desalienta al filántropo más abnegado, es el arma secreta de los grandes poderes para desmotivar las militancias revolucionarias.  Es cierto que la mayoría de ignorantes acaban aceptando sus roles sociales de subalternos, de supervivientes y punto, de acríticos y de tullidos fácticos. Son los impostores que siempre hubo por no saber lo que por ética y obligaciones prácticas es exigible saber en cada momento. En la cotidianeidad presencial el ignorante trata de esconderse. En seguida queda expuesto como tal en los primeros minutos de conversación sobre temas de la llamada cultura general. El problema en los protocolos sociales es para que no se queden fuera de debate (pobrecitos) es no hacerles sentir mal. La vida diaria nos pone continuamente en contacto con ellos y lo peor de un ignorante es que ignora el daño o el prejuicio que ocasiona a los demás. Su tasa de comprensión es baja, no solo para lo científico o lo conceptual, también para asuntos concretos, incluso los relacionados con su propio oficio del que supuesta es especialista.

Quien quiere aprender aprende, parta de la situación que parta, sea cual sea su estatus social y sus medios. Ya ha sido calculado que todo el mundo puede formarse en más de una carrera universitaria solo utilizando los tiempos muertos de sus desplazamientos en buses/trenes. Si no lo hace es porque no quiere. Si no se lee es porque no se quiere no porque no se pueda. Ese no querer está en la base del drama existencial. La comedia humana se recrecenta cuando al amparo del anonimato el psicoperfil del ignorante es el de celebrar su ignorancia como lo mejor que le haya podido ocurrir, cuanto menos consciente es con más derechos a la brutalidad se siente, cuanto menos sabe más desprecia a quienes saben. Históricamente los incendiarios de bibliotecas y de libros eran esos pobres palurdos que se sentían afectados por no entender nada del saber tomándolo como un ultraje contra sus limitaciones. Su lema siempre ha sido “lo que no entiendo no existe”. A lo cual añadían “…y si insiste en existir yo acabaré con ello a la fuerza”. El ignorante no es pues solo el tontito, que también, que no se entera de la gramática, ni traduce el valor de las palabras, si tiene paciencia para seguir una historia que le cuentan, sino también el protofacha lesivo que puede ocasionar daños serios a una cultura y al patrimonio de una comunidad. Hay que acabar con su figura. Voto por tal conclusión contundente ¿cómo?

Durante siglos las propuestas educacionales han parecido las más inteligentes para enseñar al que no sabe. Tales propuestas no contaron que el que no sabe se convertiría en una figura instituida y pontificada en que ya la iría bien no saber. Aquellas propuestas no contaron con la involución de la raza humana, entiéndase de su capacidad intelectual. La especie humana, debido a su crecimiento demográfico, ve mucho mas aumentada su población infra intelectualizada que no la intelectualizada. Las nuevas culturas lejos de ser exquisitas pasan por los videojuegos y por la insistencia en argumentos de violencia. No es nada extraño que los cerebros planos sean multitud (un instrumento estadístico del futuro demostrará que es la mayoría). Las instancias de especulación de industrias de explotación interesadas e esclavos sumisos estarán de suerte porque estos ignorantes se limitaran a vender sus idas por dinero y nunca les discutirán su esclavitud. Para la ciencia ficción, esas huestes de ignorantes del ahora serán las huestes de soma del mañana, es decir que nacerán sin inteligencia pero con corpulencias preparados para el trabajo. Sería (sería)  la sociedad al fin perfecta: la activida por fuerza de trabajo absolutamente mecánica de las no-personas, es decir de los no preparados para el discurso racional, trabajando para que vivieran a sus anchas la sociedad selecta viviendo en el total hedonismo. Hummmm, la escena es suculenta, ni Assimov llegó con su imaginación a tanto. Antiguamente la sociedad griega del pensamiento ya tenía el sector de la producción al cargo de los esclavos y la filosofía al cargo de unas élites que sabían vivir bien. Ambas imágenes no nos sirven para la actualidad no por un principismo ético mal entendido (la crisis conceptual del humanismo es de si ha de defender incondicionalmente a todos los humanos incluyendo a los antihumanos) sino porque algo de la tesis anterior (el individuo como único responsable ante su ignorancia) está contradicho por los múltiples factores externos que lo condicionan. A fin de cuentas el individuo más deficitario intelectualmente puede acudir a la escusa de ser rencoroso ante una sociedad en la que ha nacido que lo ha condicionado totalmente para ser un ignorante. En efecto, incluso en los tiempos modernos que tanto elogio se ha hecho del libro y que tantas veces se presenta el estado paternalista como facilitador del saber popular, la ignorancia sigue siendo el principal aliado de las castas dominantes que han hecho creer al populacho desde que aquellos eran dioses encarnados a que estos tenían que obedecerlos en todo. La ignorancia es la que sigue siendo responsable de la sumisión de los unos a los otros en sus versiones modernas, la ignorancia está detrás del hacinamiento y las patologías en muchas partes del mundo, la ignorancia es la responsable de no saberse alimentar, de tener hábitos patologizantes o de no saber analizar el mundo. Lo que ocurre es quela ignorancia no se encuentra en estado puro metida en una probeta, la ignorancia se manifiesta ay vehiculiza a través de los ignorantes, de las masas ignorantes, cabe decir, con las que compartimos edificios, carreteras, playas, locales de música, autobuses, aceras. Aparentemente todo el mundo parece que sabe a dónde va y lo que es. Hagamos la siguiente prueba de campo: pregunta directa a los transeúntes que opinan de la ignorancia. Segunda pregunta: hasta donde creen que llega la segunda. Hipótesis: la mayoría situa(rá) la ignorancia como algo ajeno a su persona.

Estrictamente la ignorancia es un fenómeno universal. Nadie lo sabe todo, somos sujetos atómicos, el renacentista ha desaparecida hace siglos. El orgullo de la especialidad de cada especialista ha ido en contra de su humanismo particular aparte de sabotear el humanismo de todos. Esa atomicidad reversiona continuamente el mito platoniano de la caverna. Pero no es de esta ignorancia de lo que está por conocer de lo que hay queja, sino de la ignorancia deliberada de lo conocido que convierte a los ignorantes en pesos pesados que impiden el progreso de los demás.

En términos cotidiano cuando un paseante tiene la mala suerte de pisar un excremento en la acera no pierde el tiempo discutiéndose con el producto. Si la mala suerte le lleva a tropezarse con un ignórate no puede dedicar su tiempo a ilustrarlo en particular si el ignorante hace elogio de su ignorancia, se le deja, es un subproducto con el que no tiene nada que ver.  ¿Eso es desprecio? Sí, es desprecio. Nos elogiamos y valoramos los unos a los otros por nuestros valores, quien no los tienes se le puede reciclar o abandonar en el charco dada su pasión de seguir haciendo de ameba.

Esa actitud no es más que autodefensiva, la inteligencia se tiene que auto defender de la imbecilidad, y la sabiduría prescinde de lo que se diga desde el desconocimiento. Dentro de las faltas humanas una muy crónica es la de de  ras tafari en su sentido denominacional originario ( head creator), admitámoslo: hay individuos que se nos parecen que nunca saldrán de su burbuja sensorial, nunca crecerán, nunca aceptarán entender la historia ni el mudo en el que están. Sin embargo ocuparán espacio, comerán, circularán y tendrán los mismos derechos que los demás (la democracia ya ha sido definida como el sistema de decisiones donde las justas e inteligentes en minoría se sacrifican por la injustas y estúpidas de la mayoría). Pero el ignorante convencido, el que le va bien serlo y continuará siéndolo, no es un cero absoluto, puede hacer unas cuantas cosas que sean útiles, puede tener unos chistes en su caudal que hagan reír, incluso pueden tener un cierto atractivo visual o sex apple. Mira, hagamos el amor pero no digas ni una palabra porque corremos el riesgo de que me deslibidinices y echemos al traste el polvo. El ignorante no significa que no pueda ser reconducido para un conjunto de hábitos sociales correctamente: parar su auto ante un paso cebra en el que están cruzando los peatones o usar el camarín del ascensor sin fumar dentro ni pintarrajear cruces gamadas, otro asunto es si puede servir algo más que para cumplir con los mínimos. Profesores y estudiantes avanzados de la vida vienen fracasando desde siempre con inútiles que no quieren enterarse de las cosas. No es extraño que en cada aula una experiencia prematura de la profesión educativa es la de dividir su atención (aunque eso sea mal de reconocer) entre quienes se interesan por la dinámica de clase y quienes van a ocupar fraudulentamente un asiento que otros podrían rentabilizar mejor. Ante el análisis y suma y sigue de los ignorantes, el analista está obligado a preguntarse si el movimiento reivindicativo a favor de una educación pública, gratuita y de calidad para todos acertó en sus objetivos. Unas décadas después de esa conquista nos encontramos que a la masificación universitaria no se le corresponde con un incremento de los niveles de inteligencia individual, tampoco los de conciencia social. El tema no se va a resolver con propuestas elitistas pero hay algo constatado: aprende, crece, progresa quien se dedica a eso y por el contrario desaprende, involuciona, se estanca y se auto inutiliza quien no está por la labor.

Puesto que la ignorancia en forma de sus representantes la encontramos continuamente en todas partes cuando hacen sus comentarios, por inadecuados que sean, cumplen con una función de tanda de enganche en el que  meter la cuchara.  El que dice una estupidez evidente mueve a una reacción de signo contrario para neutralizarla, pero eso genera una pérdida de tiempo considerable que va en contra de lo principal del evento: la tesis contra la que el estúpido se enfureció por no entenderla. Las colas de comentarios de los artículos se retroalimentan entre ellos separándose sin darse cuenta del núcleo o núcleos temáticos presentadas en un exposición, también pasa en foros de oralidad. El criterio observacional mas practico para evaluar la rentabilidad de un acto cultural es el índice de deriva acerca del tema planteado. Si los oyentes de una conferencia se convierten en un racimo desparramado asambleizando el acto por subpuntos secundarios en lugar de cuestionar las ideas principales planteadas además de hacerle un feo al conferenciante se lo hacen a sí mismos demostrándose no estar al nivel de la comprensión de lo conceptualmente propuesto, prefiriendo ejercitar la glotis con temas menores. Al ignorante ya se le tiene a caldo, no hace falta seguir perdiendo el tiempo con sus comentarios. Lo mismo que cualquier excremento pegado en la suela del zapato, cuanto antes se deshaga de él antes dejará de oler mal.

Alberto Manguel exagera al decir que todos los actos humanos son violetos y todas sus artes contradicen esa violencia. Dice que en el XXI se escenificara algo así como la última lucha moral universalista. Pero su exageración no lo es en absoluto aplicada a su idea  a esos actos de la ignorancia en la que con las neuronas mal agrupadas bajo el ala, hay quien tira la piedra sin decir quién es ni argumentar nada (el nick lo ampara en toda su irrespetuosidad) y, lo que es peor, cree que todo lo que no entiende no existe. Eso es una protoactiu para la violencia. La ignorancia ha sido históricamente la cuna de muchos desastres. Antes de la responsabilidad de un ejército tratando de exterminar a los judíos las masas alemanas votaron al partido inapropiado que llegó a urdir eso. Seguimos en las mismas, hay países en los que se vive que parte de sus ciudadanos experimentamos vergüenza por la pervivencia de paisanos en hábitos preconstitucionales y subculturas que alimentan espectáculos de la crueldad. Cada vez que uno se encuentra con un estúpido tiene dos opciones o quitarse de en medio o quitarlo de en medio, como el tierra trágame todavía no es operativo lo mejor que se puede hacer es eludir al ignorante. El problema es que la libertad de elección no da para tanto y si bien se puede hacer desaparecer al inútil cuyos comentarios no tienen la menor utilidad se corre el riesgo de sustituirlo por otro. Jean Genet dijo en una ocasión que la dificultad del autor es una cortesía con el lector. Entiendo por esto que es una forma de descartar lectores que no son aptos para su literatura y centrarse en otros que sí lo son, los cuales a su vez quedan a salvo de aquellos otros.

Todo lo que puede hacer la cultura (entendida como el saber crítico, no la que pretende avalar toda tradición) es hacer proposiciones para aumentar. A priori se puede apostar en que hay personajes que nunca las seguirán ni querrán seguirlas, no pasa nada mientras no molesten, se esté quietecitos y no saboteen. Alain[3] publicó más de 5000 propos o charlas sobre los acontecimientos. Es un buen modelo de trabajo aunque su recibo fuera desigual y no siempre rentable. Toda propuesta ha de correr con ese doble riesgo: la incomprensión  y su consiguiente rechazo, pero basta que alguien la tome como su antorcha para que haya merecido la pena. Es por esta vía que la ignorancia va/irá perdiendo terreno aunque estoy de acuerdo en que el tiempo futuro no es ilimitado para este hacer y es posible que si en el siglo en curso la raza no mejora en lo que es, es posible que triunfe la ignorancia absoluta para los siguientes. 

Ante la ignorancia  no cabe ignorarla. Su presencia es tan aplastante que impregna cada actualidad de toda ella. No existe más alterativa que la de individuo a individuo que trabaje por vencerla dentro de sí mismo. Como eso es demasiado duro por los deficientes intelectuales cabe protegerse de sus negligencias para que circunscriban el daño a sí mismos tratando de eludirlo. Hablándolo fríamente la sociedad entera podría prescindir de sus huestes ignorantes sin pestañear, el resto superviviente seria más feliz. Pero eso no se puede articular de ningún manera y toda propuesta de pureza de la raza encierra un totalitarismo criminal. Nos queda aceptar la coexistencia lo más pacifica posible con los ignorantes lo cual lleva a una paradoja ya que para asegurar esa armonía no se puede hacer mucho más que ignorarlos, deshacerse de ellos, tenerlos en el panorama paisajístico y no contar con ellos para nada. Eso lleva a que la sociedad vaya a distintas velocidades y mientras hay gente que está habitando el tercer milenio con una filosofía de superación otra sigue anclada en comportamientos obsoletos.

No, no hay una solución práctica salvo el de ignorar en lo concreto al ignorante  por inútil y por experimentar vergüenza al tener contacto con su figura, pero lo que no se puede ignorar  es la ignorancia creciente como la peor de las pandemias sociales.



[1] inserto e inemdiatamente desalojado por la web en/de http://foros.emagister.com/mensaje-ante_la_ignoranci-12903-879333-1-3233812.htm

[2] Literalmente: cagadores. Los que se defecaba encima por no ir al cole en condiciones higienicas suficientes .

[3] Pseudónimo de Emile Auguste Chartier (1868-1951),que  rehuyó honores pero fue un trajador  ifatigalbe.profesor de filosofía que influyó en S.Weil.

Primeras (y únicas) citas.

 

Primeras (y únicas) citas. 

Hay contactos humanos que no pasan de sus primeras citas (algo es algo, hay contactos que ni siquiera llegan a construir una primera cita). Las primeras citas condensan, concentran y presentan posiblemente todo lo que va a poder dar de sí el resto de la relación, como muchas no se repiten, la relación queda reducida a ese primer contacto.  Hay una especie de prisa en evaluarse pronto y rápido para concluir con urgencia lo que se puede esperar del otro.  Por una obviedad matemática todos los contactos no pueden pasar a permanentizarse ya que no habría tiempo ni espacio material para todos ellos. Empíricamente todo el mundo tiene interiorizada esa ley de redistribución relacional. Los contactos van de ser los más efímeros (la coincidencia en el ascensor, en la sala de espera, en los asientos de un medio de transporte, la carrera en taxi o compartir la carretera con los demás conductores) a los que son citas realmente establecidas. A la cita se la ha idealizado. Tener una es tener una especie de oportunidad a conocer a alguien, con suerte a compartir el placer de la comunicación con ese alguien. Los protocolos del saludo suelen empezar con una mentira: es un placer conocerte en un instante en que todavía no se sabe si esa cita va a ser placentera o no y no pocos de ellos acabar con otra mentira: ya nos veremos o ya nos llamaremos cuando no queda la más mínima gana de otra coincidencia.

Una primera cita es una especie de radiograma, es una entrevista también que trata de serlo en profundidad, cada detalle cuenta: desde lo que se habla a cómo se habla, desde cómo se viste a como es cada gesto, a cómo evoluciona la conversación y en qué temas se detiene y en qué preguntas se insiste. Si se acude a ella con suficiente dosis observacional se podrá intuir lo esperable del otro y lo que es descartable. Es de muy mal pronóstico que una persona vaya a su primera cita cambiando de inmediato los términos de lo acordado antes por teléfono o vía email o por sms. Lo es mucho mas llevarse una impresión ingrata del aspecto físico del otro, saber que la cita no va a llegar a cuotas sensuales y esperar a decírselo una o dos horas después. En una ocasión quedé con una psicóloga de Vilassar que se  había autopromocionado diciéndome que era muy guapa. Al verla su aspecto me desilusionó, además su plan de noche pasaba por una cena de restaurant que  había decidido por su cuenta  y que compartí. Yo también la decepcioné por mis cabellos, creo que me dijo, demasiado largos. Todavía me quedó un rato de energía para acompañarla hasta su casa después de perder varias horas de conversación con ella. En otra ocasión tuve una cita con una chica que conocí el mismo día y que fui a recoger a la estación a mi localidad para estar un rato después en mi litera de vuelos sexuales. Ella se había presentado como muy liberal (lo ideal para mi desde el punto de vista den o ser exigido en una exclusividad que no estaba dispuesto a conceder). Pocos días después de esa copula emergente, necesaria para ambas partes, me dijo que se lió con alguien que le exigía exclusividad a lo que ella se sometió. Añadió que podiamos seguir siendo amigos. Dije: vale, vale, absolutamente convencido de que no habría continuidad de contacto posterior como así fue.

Otras veces he quedado con chicas que vinieron de cientos de quilómetros de distancia para conocerme, que tras un primer intercambio de pareceres epidérmicos  mi libido no estaba para seguir trotando sobre anatomías no tan excitantes. No hubo contacto posterior. A los hablantes nos toca escuchar entre voces a si como leer entrelineas e inferir las verdades ocultas de las palabras, las que no se dicen. Una mujer casi nunca aceptará reciclar una relación sensual en la que se haya sentido rechazada por una relación de amistad o de comunicación intelectual, tampoco en el caso de que haya habido intercambios informativos exhaustivos de confidencialidad personal, transacciones literarias o debate. He tenido primeras y única citas con el guión totalmente preparado, con la conexión genital casi asegurada o con la apertura para una sintonía química y que en el momento de la cita presencial aún dándose la escena erótica quedaba claro intuitivamente que no iba a dar para nada más. Estas citas son invitaciones al ejercicio imaginario del placer y al desetelarañamiento de vaginas y resequedad de penes pero que no tienen que dar lugar a nada más que a esa tentativa tanto si se consume como si no. El hecho de que alguien sea físicamente atractivo no significa que tenga el menor interés comunicativo o intelectual o artístico, tampoco que tenga sensibilidad o ternura o habilidades verbales. Las ojeadas en los antros de relación social para el contacto sensorial (locales de baile y de droga básicamente) proporcionan una casuística de la superficialidad extrema. Muchos de los flirts o contactos ajenos son para una pronto cita y una pronto consumación de las necesidades mutuas: las de reducir los orgasmos pendientes y las de creer, como mucho, el simulacro de una ternura.

A la primera cita por razones sensuales se va con la hipótesis de una conexión química. Eso pasa por la observación del cuerpo, de la voz, de la boca, de los ojos. Ir con posiciones tiquismiquis a ella lo más probable es que la aborte y que no haya una segunda oportunidad. Las mujeres –no todas- suelen esgrimir el alegato de que no se van a la cama a la primera de cambio con cualquiera, aunque aceptan que su potencial amante pase por el rol de que las conquiste, que las inviten, que presenten las insinuaciones, que se ocupen de la logística. Algunos hombres no están dispuestos a conceder una segunda cita si en la primera los blindajes ya no tuvieron razón de ser. No es que la intencionalidad de una cita sea exclusivamente la sexual pero el modo de posicionarse ante el contacto sexual es una forma comunicativa extraordinaria para conjeturar todo lo que va a darse después. El hecho de que haya primeras citas en las que se sabe seguro por ambas partes que va a haber sexo no quiere decir que vaya a haber una pauta posterior de reencuentros. Por razones distintas personas que se encuentran una primera vez deciden no hacerlo una segunda.  Una chica sospechó de mí porque en lugar de estacionar mi coche en la calle en que habíamos quedado lo hice en la de al lado. Hace muchos años  de adolescente me cité con un amigo en el centro de una ciudad en la que al parecer su padre consideraba que solo había citas de homosexuales, vinieron ambos con el ceño fruncido. Pasan las décadas pero los miedos humanos siguen siendo atávicos.

He saltado de una posición ideológico-humanista en la que creía que el otro era una reserva de experiencia y de saber  para los intercambios y por tanto de un potencial infinito a verlo como una figura de paso y efímera. No se puede conjeturar de nadie a priori que tenga el derecho a una continuidad en la atención o en el aprecio, eso, en todo caso, lo decidirá un primer encuentro. Los observadores más exigentes sostienen que una relacion queda determinada en el primer minuto de un encuentro. Actualmente, dado que los encuentros presenciales para la relacionabilidad so en gran parte preparados desde el campo digital, los primeros contactos que no son muy sintónicos son inmediatamente descartados.

Me he visto emplazado a ocultar mi curriculum para facilitar una conexión. Un vez una mujer me dijo de entrad que teníamos poco que hacer juntos porque yo era un intelectual y ella una palurda (empleó esa palabra o una parecida). Lo grave es que tenía razón. Tan pronto alguien en, una primera cita utiliza categóricos absolutos estoy ya mentalmente descartándola para posteriores visitas aunque esa primera pase por el éxtasis de un orgasmo. Acudir a la cantera de los contactos digitales es una forma no ideal pero sí practica de accésit a citas o encuentros con los que compartir la vida por un rato o tantear compartirla para los restos. Suponer que conocer gente en el ámbito de una discoteca o de un espacio de relación lúdica es más seguro es no entender la misma dinámica intérnautica. Por supuesto hay prototipos de internautas que se inventan personajes que o tienen nada que ver con sus verdades y entran en contradicción cuando han de tener citas presenciales que no podrán sostener y que incumplirán o en las que no se podrán sentir espontáneos. La inversión más eficaz es la de la autenticidad no solo por principios éticos sino porque es la que elimina todo rastro de tensión psicológica. Es cierto que hay primeras citas cuidadosamente preparadas en el protocolo, a veces de docenas de conversaciones de chat, que se vienen abajo en los primeros segundos. Algunas veces me han cogido ganas de irme y en todo caso mi comportamiento ha sido más hedónico o menos según las crispación, hilaridad, dogmatismos y prejuicios que encuentren en el otro.

Además de las citas para-eróticas hay otras muchas que quedan en únicas y solas que trataron de establecer una comunicación por algún asunto profesional o cultural. Si bien de toda la gama de contactos por coincidencias no se espera nada y como mucho el reconocimiento visual o el del saludo, el de los contactos establecidos como citas se espera intuitivamente cuando menos una respuesta (es el caso de los que acaba con el “ya te llamaré” o “ya te diré algo”). Craso error. Los protocolos verbales están plagados de mentiras no tan piadosas.

La ventaja de las primeras y únicas citas  tanto en lo personal como en lo profesional es que no se puede esperar nada de ellas cuando no concurren los mínimos deferenciales esperables. Eso es una ventaja porque los contactos que dan lugar a relaciones no seguras pueden arrastrar su inseguridad, incluso, por años, para terminar en la nada más gélida. Aparentemente quien tras un encuentro comunicacional intensivo (también erótico por supuesto) se despide deseándole suerte al otro pero no proponiendo ningún otro encuentro, porque sospecha la falta de sintonía por las razones que sean, es arisco cuando en realidad no hace más que cumplir con un acto de honestidad impecable, por brutal que pueda parecer. Muchas relaciones conflictivas y de mutuo embrutecimiento y dolor se evitarían si se pudieran prever en sus primeros contactos no dejándolas cursar a partir de no dar lugar a una segunda cita. El problema observacional es que las conclusiones de una primera vez pueden ser precipitadas y si no lo son, el deseo del otro por algo corre siempre el riesgo de ser entendido como un deseo global por todo. No, el otro puede tener un encanto para el sexo y un desencanto para todo proyecto a compartir, un interés para un acuerdo comercial y todo interés para una relación sostenida comunicacional. Se termina por no esperar nada de nadie, lo cual es un absoluto incapacitante y una reactancia lógica a esperarlo todo de los demás o creer en sus palabras y chocar con el incumplimiento por repetido. Por tanto ir al encuentro de alguien siempre con una hipótesis de reserva precondiciona ya la precipitación de una terminación. Lo juro de nuevo: hay citas de las que hubiera escapado en los primeros 10 minutos pero que las sostuve otros 50 sabiendo que estaban ya impugnadas y no darían nada de sí. Expuesto de esta forma parece que las citas se conceden o preparan desde el instrumentalismo. No exageremos. Todos/as nos andamos buscando sin encontrarnos aunque nos tengamos delante de las narices. En la cita de dos concurren un ejército de otros posicionamientos, preconceptos, memorias, ayeres, experiencias, ambivalencias y, lo más terrible, dobles personalidades o esquicias. El hecho de que te guste mucho parte del discurso del otro no significa que tenga que gustarte todo lo demás. Eso también pasa con respecto a su territorio anatómico. Hay elementos corporales que contribuyen al sex Apple y otros totalmente desactivantes que bajan la sangre a los pies  con la energía desgenitalizándose.

Lo más llamativo de las citas primeras que acaban con desencuentro o pérdida inequívoca de sintonía es que es difícil que perdonen los déficits que concurrieron en ellas. Todo eso funciona en el plano intuitivo y generalmente no se racionaliza, pero se constata y se sabe. Puesto que el mundo es una cantera de posibilidades y combinaciones prácticamente interminables lo que no se alcanza en una cita con alguien tratará de alcanzarse en otra primera cita con otra persona distinta aunque en ambas situaciones y todas las otras réplicas que se intenten con nuevos contactos el cortejo de aproximación será básicamente el mismo. Lo peor que puede suceder al acudir a una primera cita es ir con la idea preconcebida de que va a concurrir el éxtasis. Muchas veces el error escénico deja en el más absoluto ridículo a quien lo ha protagonizado y se avergüenza de volverse a encontrar con aquella persona que la vio comportarse de aquella manera. Los pre-juicios y esquemas estancos van en contra de quiénes más los tienen. Por otro lado que presenta su perfil de liberal, o todas sus cartas desde la transparencia se arriesga a ser tasado inmediatamente y descartado. Todavía hay multitudes que pretenden convertir primeros contactos en las inversiones de sus vidas y en la garantía de sus futuros. Dar con personalidades desamparadas que buscan protectores no es una perspectiva muy edificante. El desamparo precondiciona al otro a un rol proteccionista por el que no tiene porque estar dispuesto a bregar. Hay mujeres que vienen a primeras citas con sus hijos y que te ponen al cargo de la invitación como si os hubierais constituido en familia.

Después de una cierta cantidad de contactos que se quedan en ellos y que necesariamente toca calificar de efímeros se puede inferir que de seguir en las pautas aproximacionales el resto de la vida va a seguir siendo así. Lo grave no es tanto que una cita sea única y no vaya a dar lugar a una segunda sino saber el alcance de su entente o de las diferencias experimentadas.

Para el punto de vista femenino los hombres solo (atención a ese descripción de “solo”) quieren sexo y luego si te he visto no me acuerdo. No hay que tener un punto de vista masculino reactivo o vengativo para afirmar que las mujeres son tan o más utilitaristas que los hombres en sus primeas citas. Ciertamente cuando las primeras citas se quedan en lo aparente se pierden la posibilidad de una comunicación de fondo, un viaje de crucero por la intimidad. Carmen Alborch refiere la prevalencia de la existencia de la belleza y la juventud como una tiranía. Sin duda quien va buscando  prototipos físicos y comportamentales  se pierde la oportunidad de hacer otras exploraciones por otras hipótesis del éxtasis. Ante el otro negado que en lugar de poner la comprensión pone la exigencia cabe recoger los bártulos con caballerosidad y no dejarse afectar por sus despechos. Apelar a los roles supuestos antes de conocerse es ese error imperdonable que u sujeto con cultura, inteligencia, flexibilidad y mundo no se puede permitir. La deportividad de las relaciones humanas pasa por aceptar que la mayoría no llegan a ser nunca lo que se hubiera deseado que fueran desde el `punto de vista del ideal humano.

Un contrato como destino.

 Un contrato como destino. JesRICART

En Vagas noticias de Klamm[1] de Sanchis Sinisterra  una solicitante de un empleo que se presenta en una oficina de personal de una gran empresa con un supercurrículo tan fantástico como increíble es puesta a prueba por un jefe de personal que la somete a determinadas pruebas evaluativas de carácter psicodramático para decir su seleccionabilidad. La chica causa buena impresión y hasta da casi por seguro que van a contratarla, por su parte los empleadores sabe que la política de contratación responde a una estrategia para deshacerse de personal sobrante ate situaciones de crisis para complacer a los accionistas. Los encargados de la selección obedecen órdenes del mando superior de la empresa. Klamm es el nombre de alguien de la jefatura jerárquica que no aparece en ningún momento y que está en una planta superior vigilándolo y controlándolo todo. La sensación de empresa es la de la indeterminación. Su definición organísmica mas considerada es la de aquella organización en la cual quienes mueven los hilos son los que están ausentes o que ni siquiera están. El encuentro entre una asalariada en paro y un profesional asalariado que ha de decidir si facilitarle el acceso a un puesto remunerado representa el encuentro de la mayoría de seres anónimos entre quienes tienen la posibilidad de facilitar el paso y quienes solicitan pasar. La microfísica del poder es la que permite que cada individuo social detente el suyo para vetar al otro o facilitarle la vida. Esa minúscula parte en su ejercicio no significa que a su turno el intermediario con una cuota de poder no sea un sumiso sometido a otro con una cuota mayor. Las estructuras jerárquicas (desde la empresa elemental al ejército más sofisticado) son organizadas en torno a  un reparto y una delegación de poderes en el que los intermediarios obedecen órdenes aunque no las comprendan a cambio de conservar sus pellejos y sus puestos de asalariados.

El esquema se puede transpolar a todos los niveles organizativos conocidos que conforman la sociedad estructurada, es decir el sistema económico-político con sus leyes de funcionamiento muy precisas al margen, y a veces en contra, de los códigos legales En una relación de un/a solicitante de un puesto con su performance para convencer que es la mejor opción, su capacidad para exagerar (es decir para mentir) y el que la tasa, la escruta, la investiga hay, de entrada, unas coordenadas difíciles para el feeling. En el ámbito de lo laboral y lo comercial es donde más en evidencia se pone la naturaleza transaccional de las relaciones humanas, aunque de hecho no hace más que sintomatizar esa verdad sin equívocos que se da en todos los demás tipos de relaciones. La seriedad de la transacción concreta es que se mueve con cálculos y  pautas no decididas por las partes. La cita profesional es para aparentar lo que no es ante alguien que lo que ofrece siempre está en función de su lugar en el mercado. Existen manuales de comportamiento para las entrevistas por parte del solicitante y también por parte del management, existen análisis psicológicos rigurosos que permiten interpretar la fiabilidad de cada quien a través de su gestualidad o comunicación no verbal. Un fisiognomista entrenado puede saber no solo cuando miente alguien sino más fácil cuando está inseguro con sus respuestas. Técnicamente sería imposible mentir a un polígrafo (aunque excepcionalmente otras respuestas interpretadas como mentiras por alteraciones fisionerviosas no lo sean) y profesionalmente tampoco a un experto en un campo de especialidad ante un solicitante que dice ser experto en él. Eso es un campo transaccional al más puro estilo de elegir al mejor postor u oferta. Otros campos transaccionales también pasan por la evaluación del otro como posible candidato a la accesibilidad a la sentimentalidad e intimidad.

Lo interesante de la psicología industrial para la psicología general de las relaciones es que en aquella nadie se engaña con respecto a priorizar conceptos como efectividad, capacidad, rentabilidad, formación de los sujetos por encima de su humanidad, ética, sensibilidad o crítica. Lo que interesa de un empleado no es tanto su capacidad de decisión como su capacidad de sumisión, aunque claro está, hay un tipo de cargos intermedios que son ofertados para perfiles que sean óptimos para tomar decisiones, saber trabajar en equipo y saber representar los estándares de la empresa. Sí, pero con las alas recortadas para otras cosas. No hay que olvidar nunca que en una empresa (grande o pequeña) la capacidad de intervención autónoma de los empleados termina justo en aquellas funciones directas reservadas para los que representan los intereses de fondo del organismo.

En la empresa capitalista y más concretamente en la sociedad anónima  el sentido de cada individuo contratada pasa por su funcionalidad. Los temibles reajustes periódicos de la fuerza de trabajo a los que tanto se enfrenta sin éxito el movimiento sindical son la expresión lógica y esencial de la evolución empresarial. Llamar a los empleados colaboradores no cambia esencialmente la cuestión. El empleado contratado que anda buscando un contrato con su destino o su puesto definitivo nunca deja de estar sometido bajo la espada damocliana que le puede cortar los hilos de su actividad en cuanto esta sobre a la empresa. Los directivos de empresa se distinguen por su absoluta habilidad en no sentimentalizar ni empatizar con sus subordinados sin en su fuerza para desprenderse de ellos cuando la política de empresa, es decir las órdenes de mando, lo exijan. No importa que ese individuo con una cuota de poder intermediario sea un palurdo o esté menos enterado de las cosas básicas de la vida o de la formación que su solicitante, como es en el caso de este libreto, lo que importa y así es valorado es su capacidad de cumplir órdenes y de aparentar un funcionamiento organizativo eficaz aunque detrás de su pantalla no haya nada consistente e incluso la empresa tenga bastante de fantasmática.

El mundo empresarial, el de las páginas salmón, el de las entrevistas de alto nivel con terminología de club selecto, no deja de ser otro submundo más en el que unos infelices se relacionan con otros para ver si su contacto va a ser repetido o va a ser archivado, es decir archivado en la papelera. La máquina oficinesca donde sucede el encuentro tiene un aparato que parece cobrar vida propia, chirría y enciende sus luces pidiendo que los currículos de los solicitantes pasen por sus dientes para triturarlos. El gesto del jefe de personal dando de comer ese bicho mecano eléctrico concentra la verdad de toda la historia. De lo que hubo no queda rastro. Cruel como la vida misma: una inmensa mayoría de situaciones que chupan tiempos por ambas partes no dan lugar a segundos contactos de ningún tipo. La sociedad del libre mercado ha llevado a la categoría de normal las formas más despersonalizados de trato humano no haciendo acuse de recibo ni siquiera muchas veces a la solicitudes. Eso podría ser excusado en situaciones de avalancha de solicitudes pero no en entrevistas cuyo balance del resultado puede ser informado en realidad al final de las mismas en lugar de dejar creer al infeliz del candidato que tiene un puesto casi conseguido.

El sistema es esto: la vaguedad de sus responsables, la sombra de sus amos. Los cargos intermedios tienen la coartada por su falta de ética en el hecho de pertenecer al ámbito de dominio de esos poderosos a los que se doblegan. Hacen como ese profesor académico que negó su corresponsabilidad de lo sucedido en Alemania tras su participación como miembro del partido Nazi (Heidegger por supuesto, un caso único de pensamiento brillante conciliado con una falta absoluta de visión histórica y de ética personal).



[1] Representación vista en la Sala Beckett de Barcelona en juio del 2009

El ídolo y la fan

El ídolo y la fan. JesRICART

La fan que vitorea y se contornea en la sala de conciertos frente a su ídolo que canta y se mueve en el escenario está dispuesta a todo: le lanza sus bragas y le dice que le haga un hijo. Todas sus reservas para con otros hombres desaparecen ante la figura de esa estrella. Forma parte de la histeria colectiva femenina de otras cientos o miles que harán o harían lo mismo que ella. Entre ellas apuestan por quien será la primera que conseguirá acostarse con el gran marajá de las sensaciones. Todo por un polvo. La fan es una perseguidora de la experiencia única. En el fondo de su psique no pretende ser la musa de su ídolo. Sabe que forma parte de la explanada anónima, le basta con conseguir un trofeo que demuestre haber estado con su becerro de oro: un mechón de su pelo, un poco de su esperma, algo con que traficar en sus conversaciones, algo con qué demostrar lo lejos que ha ido.

 El tigre sinfónico recrea una situación posible en la que el ídolo accede y concede su intimidad a una fan, una más en una interminable lista de cientos o miles de ellas. El encuentro es en una cama: único objeto de mobiliario del escenario, convenientemente inclinada para permitir la observación de los detalles del público y con espejos murales por los tres costados y uno encima para que no se pierda detalle de sus acciones corporales. Es una conversación entre el cantante famoso y una chica muy mona y sexy pero con cabeza de chorlito que se pirra por estar con él y poderles decir a sus amigas que lo ha hecho. La chica lo tiene claro: quiere follar con el mago de la escena del pop, y él también, tiene la condición privilegiada de ser solicitado por muchas mujeres con las que se acuesta una sola vez y nunca más volverá a ver. El disfruta del placer de la diversidad y ella de la conquista de un trofeo. Contra lo que pueda parecer él es el hombre objeto y la chica, aunque sea mas joven y menos experimentada, la utilitarista. A el ya le va bien poder elegir entre tantas chicas y a ella lo que menos le importa es el goce o lso detalles sexuales sino el hecho en si mismo de su conquista. Es como uno de esos chicos que cuenta la cantidad de ligues que tienen pero no si han disfrutado mucho o poco con ellos, porque eso se supone.

En el caso de la fan que el ídolo consiente en que sea su compañera de cama por una velada tras uno de sus conciertos se dan cita dos cuerpos y dos mentalidades distintas en un lugar tan real como la sexualidad real signifique. El cantante que brama con sus canciones y que es todo fuego en sus versos musicados no es mas que un hombre desnudo y limitado en la cama, la fan que es toda devoción al discurso de aquellas canciones como si de una nueva pócima religiosa se tratara resulta que en su desnudez en la cama no solo experimenta un tu a tu, de igual a igual, sino que pronto se da cuenta que es superior en muchos aspectos. La anatomía perfecta de la chica, su exuberancia, su espontaneidad, su energia derrochada superan con creces el cansancio del cantante, su aburrimiento existencial, su repetición en los escenarios, sus excesos y repeticionismos sexuales.

El diálogo entre ambos no tiene desperdicio. Entre  las palabras interludios para las caricias y las cópulas. No tantas, el héroe se da por vencido a la segunda intentona. Ella quiere más, él no se lo puede dar. El pasa de la media edad, ella no ha alcanzado los 20. Es una chica más que una mujer que cree que el tiempo es infinito, él es un hombre que sabe que no hay una finitud que no hay poder sobre la tierra que lo venza. Él tiene la experiencia del cantante que se nutre de la energia de un publico ávido de ritmos pero no de tanta energia como para que lo rejuvenezca. Ella solo quiere placer y la memoria de haberlo tenido. No se preocupa por el futuro, sabe que no existe para nadie. El también creía que no existía futuro hasta que forma parte de él. La relación de esta velada tiene algo de gerontofílica, él es mas viejo psicológicamente de lo que aparenta físicamente y ella aun mas joven de la juventud que irradia cada parte de su cuerpo.

La obra de teatro es una conversación en la intimidad ante un público pero también los actos sexuales no disimulados. Ambos se montan recíprocamente, paran y vuelven a empezar; se besan, se chupan, se mueven y entre tanto hablan. Ella no para de preguntarle por sus hazañas musicales, por los motivos y maneras con que ha compuesto sus canciones. Como sonido de fondo van sonando sus letras.

Un repaso de la actualidad del deseo y de su perversión por seguir un icono en lugar de una verdad preconocida. El ídolo hace de factor consumo de los caprichos de una sociedad que va tras los divos no por las personas que lso sustentan sino por su valor de cambio en la sociedad mercantil. Deja en ridículo tanto al perseguido como a la perseguidora. Ninguna objeción a la práctica sexual y al deseo de experiencia ávida de sensaciones y placeres.

Una obra que hace un canto a la belleza del encuentro entre desconocidos como si fuera una cita pendiente que únicamente esperaba el dia oportuno. Un canto a la belleza pero no sin reflexión en la que ambos protagonistas chocan contra sus propios roles, el uno por ser elegido como ídolo de una época y la otra por creer que un ídolo es lo máximo.  Aunque André Maurois dijo que lo bello es aquello que es inteligible sin reflexión hay algo de la belleza que escapa a los sentidos y solo lo advierten tras una meditación prolongada.

 

Visita sin avisar

Visita sin avisar.

Quiso sorprender a Aurora y fue directamente a su apartamento con la intención de preparar una cena y pasar  otro rato con ella antes de seguir con su programa de adquisiciones, contactos y preparación del viaje de retorno a Lesbos Iland. Llegó a la casa a una hora en que suponía que ella todavía estaría en la librería. No obstante no fe así, estaba acompañada y lo estaba por  tres hombres, por los cuales  se estaba haciendo follar. El disponía de un juego de llaves y tenía toda la libertad de ir cuando le apeteciera para usarlo para lo que fuera. Entre los dos, había establecida  mucha confianza. El ruido de cama y los jadeos lo llevaron hasta el dormitorio y asistió en silenció por unos minutos a la escena. Aurora se lo estaba pasando en grande y Jonath se limitó a ser un espectador para no interrumpir. Cuando la mirada de uno de los amantes se cruzó con la suya, le hizo señas de que callara y no se interrumpiera y siguiera hasta el final, cosa que sucedió pronto llenando la boca de ella de una pasta blanca. Cuando hubieron terminado y  aurora se incorporó Jonath la saludó calurosamente.

-No quería interrumpiros.Hola.Veo que estás superbien.

Aurora se mostró algo cohibida y buscó  una bata china con la que taparse. Los tres hombres jóvenes saludaron al saludo de Jonath y todos se vistieron. A continuación ella los acompañó a la puerta  y les entregó algo, aparentemente un sobre con dinero.

-Hasta la próxima le dijeron. Y Aurora eludió la mirada de Jonath por bastante rato.

-Bien se supone que toca preguntar ¿desde cuándo vienes haciéndolo? y ¿por qué?-dijo Jonath- pero no voy a hacerlo. Vine dispuesto a darte una sorpresa preparando la cena y es lo que voy a hacer, preparar la cena, la sorpresa creo que ya te la he dado. Cuenta conmigo, ya lo sabes. Dime lo que quieras, cuando quieras, mientras tanto seamos felices juntos.

-Quiero decírtelo ahora-le dijo  ella con tono de avergonzada- Pienso que desde que me dejo influir por ti, por tu literatura y por tu experiencia en la isla, me ha despertado una furia pasional que nunca he experimentado antes. Tú  estás lejos y no puedes satisfacerme en lo cotidiano y en mis necesidades. Me he ido haciendo perversa y deseante de lo que un solo hombre ya no puede otorgarme. Así están las cosas. Me he degenerado tanto que pago para que los hombres me follen por todos los agujeros, se derramen en mi boca y hasta me peguen cuando necesito ser castigada. Soy una viciosa y estoy en un círculo del que no puedo salir.

-Cálmate, ¿un circulo del que no puedes salir? Esto es una definición autopunitiva. Estás en un círculo que tú mantienes. Saldrás de él cuando no lo desees. Ahora tu deseo pasa por estas escenas. Cúmplelas. Ya llegarás a otras. No seas tan implacable contigo misma. Permítete vivir en paz contigo misma aunque los demás no lo entiendan.

-¿tú lo entiendes?

-La verdad es que estoy más acostumbrado visualmente a escenas sexuales de grupo de lesbianas entre ellas, que no de una mayoría de hombres con una mujer, pero la verdad es que quedabas muy bien para la foto y  eres muy excitante.

-¿Harías el amor todavía conmigo después de lo que has visto?

 -por supuesto, cariño mío, sigues siendo más deseable que antes.

-Dame tu esperma en la boca después de follarme ¿de acuerdo? La cena puede esperar.

Y Jonath siguió con su balance de cópulas para el récord personal, sin poder usar el continente como descanso de su actividad sexual desmesurada en la isla.

Aurora y Jonath consolidaron aun más su amistad después de esa confidencia. Ella se sentía a salvo de sus contradicciones hablándolas con él.

-¡Contigo todo es tan sencillo! Basta pedir una cosa para que se cumpla, eres dios, eres el genio de la lámpara, eres un mago.

-No me tengas tan encumbrado. Solo sigo mis deseos y al hacerlo he comprobado que mis deseos se cumplen en mí sin demasiado esfuerzo.

-Yo no estoy a tu altura. Me he pasado toda la vida entre libros, es ahora que experimento en directo lo que tantas veces he leído en los relatos de otros. El sexo libre es la puerta grande a un universo completamente nuevo para mí. Tal vez creas que no te he sido fiel –dijo Aurora casi a punto de hacer pucheritos-

-No tenemos ningún pacto de fidelidad. Nadie lo tiene. No hay ceremonia que lo pueda certificar ni juez que lo pueda fallar.  La libertad pasa por la experimentación de las sensaciones cuando sea posible con quien sea posible. No te exijo ninguna fidelidad Aurora. Cuantos más penes y bocas pasen por tu vagina más sabia serás y por tanto más me podré beneficiar de tu saber y más te querré.

-¿De veras que la escena de antes no te ha descolocado ni siquiera un poquito?

-No. creo que desde antes de vivir el isla, cuando vivía en la civilización de la gran urbe, en los distintos apartamentos que tuve, siempre me auto instruí acerca de esta posibilidad con mis parejas al abrir la puerta viniendo desde la calle. Lo mismo que ellas yo también había hecho el amor en el lecho conyugal con terceras que ellas no conocían. El deseo del placer siempre nos pone en aprietos con los compromisos establecidos más que con los pactos explícitos. A menudo es mucho peor un sentido del rol implícito que no el mismo ejercicio de la transgresión. Yo te quiero como amigo no como una pareja sometida a mi control. Me gusta haber contribuido a sacarte de tu bunker profesional y dedicar tiempo a las experiencias directas de placer. No le pido a nadie su fidelidad. Nadie es quien para exigírsela a otra persona. En cuanto a tu lealtad sentimental para mí no está en duda por mucho que folles y te hagas follar por quienes desees.

-Tal vez hablas así porque tienes cientos de mujeres que te esperan y estas en un hotel con más de una docena con la que practicar sexo cada día. Me pregunto si no estarías furioso en ese momento en el supuesto de que yo fuera el único cuerpo de mujer donde calmar tus erecciones.

-prefiero no entrar en el terreno de los hipótesis y disfrutar este momento contigo. Cena y amor.

-de acuerdo.

Aurora y Jonath pasaron aquella noche juntos en la que ella se hizo amar más veces que en otras ocasiones para estar seguro que él no la rechazaba ni le asqueaba su promiscuidad y que no se había bloqueado por la escena con la que la había encontrado al llegar.

 

 

Una novela sobre el Edén

Una novela sobre el Edén. JesRICART

El Edén es un cuento de las culturas para tener a sus súbditos enganchados  tras la idea de una realidad remota a la que puedan escapar de los infortunios de sus anodinas existencias. Según cada  tradición es pintado de una u otra forma. Muchas coinciden en describirlo como el lugar de las ausencias de problemas. Por lo general un problema es lo que se define a aquello que implica un conflicto con algún otro con el que se está en pelea. El Edén es también el nombre del paraíso perdido, el de la tierra maravillosa de frutos regalados por la naturaleza perdida de un día para otro a causa de la insubordinación humana y de su mala cabeza por no seguir haciéndole la pelota al todopoderoso que se lo regaló. El edén, finalmente, es una palabra que sobrevive en la selva de otras muchas para pedir un s.o.s de emergencia en situaciones en las que a uno le  gustaría estar muy lejos disfrutando de la desnudez, los rayos acariciantes del sol, la comida frugal, la no necesidad de esfuerzos y trabajos y la inexistencia de trampas en la iniquidad y la mentida. En algún tiempo podía haber sido un lugar físico, un lugar del mundo, tal vez en los Mares del sur, aun no descubierto por los exploradores y fuera de las rutas navieras. Un lugar en el que la gente fuera amable y la naturaleza benigna.  Desde que la geografía ya no guarda misterios para la modernidad, los libros de aventuras de la literatura cordial del siglo XX constituyen un ring cerrado en el que se adivinan todas las figuras en juego dándose puñetazos. Ya no hay expediciones en pos de esa latitud de la felicidad. Y por no haber tampoco hay una literatura que exacerbe  esa perspectiva tan increíble como escasamente imaginativa. Intuitivamente el paraíso no se lleva bien con las costumbres del consumismo que convierte a los consumidores, por extensión, en partes del engranaje siendo consumidos a su turno por la vorágine de la industria. Un paraíso es un lugar en el que no se trabaja, no se corre, no se tiene prisas, no se tiene necesidades. De hecho esa sería su definición; el país donde no hay necesidades, donde el placer viene dado por espontaneidad y donde los odios y las rivalidades son desconocidos. Eso de buscarlo habría que hacerlo en cualquier otra parte lejana de lo conocido. Pretender hallarlo en reuniones confabularias de amigos que discuten los fines de semana lo que hacen el resto de ellas o en reuniones conspirativas en que los alternaturos (esos alternativos testarudos) no se paran de especular sobre el futuro sin cambiar sus presentes, es un mal consejo. El Edén sólo tiene un refugio, el de la imaginación. Ninguna clase de poder puede privar que alguien en sus juegos solitarios piense en ese mundo deseado o en un lugar perdido que las brújulas no señalan y ninguna clase de transporte de turismo en masa contamine. Su encuentro en la realidad parece un imposible perdido. A lo sumo las empresas de animación y de inversión en ocios crearán sitios, supuestamente idílicos y desbordantes de sensualidad, robando impunemente el nombre para embrujar clientelas.

Para quien tuvo muy claro lo que era  un paraíso terrenal no le valdrá ningún sucedáneo y cansado de no encontrarlo en parte alguna de la civilización conocida se verá convocado a crear el suyo propio para satisfacción de su ego herido.

El mundo de Edenia es la hipérbole del paraíso robado a los humanos pero va mucho más allá del retrato de dos seres bellos perdidos en medio de la ignorancia y burlados por una serpiente más lista. Es un mundo fantástico de mujeres que viven por y para el placer y que no necesitan nada para vivir cómodamente en sus existencias de lujo. Nada salvo la posibilidad genética para perpetuarse como pueblo singular ubicado en una isla ajena al resto del globo terráqueo. Lo cual tampoco representaba un drama, tan solo una predicción: la desaparición de esa raza humana particular y con ella de su leyenda y sus virtudes.

La situación cambia de improviso cuando aparece un varón portador de semen al que salvan de morir  y dulcifican con todo lo necesario convirtiéndolo en un ser doblemente significado dentro del grupo: por ser el compañero de juegos con el que ampliar la dimensión erótica y por ser el portador de semen, de vida. El náufrago  es elevado a la categoría de dios en vida y encarna una arcaica pasión masculina: la de poseer innumerables compañeras. Una novela sobre el Edén tenía que explorar esa posibilidad, la del goce sin tabúes y la del hombre sin rivales. Pero sólo temporalmente. Los hijos de las mujeres también serian hombres y el gran reto de la cultura de todos sería poner a prueba si entre ellos volverían a pelear por la exclusiva de las vaginas, y por extensión, por la propiedad de las cosas.

La tesitura del náufrago

La tesitura del náufrago JesRICART

En el secreto recóndito del náufrago o del accidentado, junto a  la extinción de su último esfuerzo por vivir, queda revelado el deseo potente de vida. Pero no de la misma vida de antes, de la que entre túneles de luz blanca se deslastra la conciencia cansada de abusos, sino de otra vida adornada de guirnaldas esplendorosas. Y si eso no es dable ¿para qué resucitar de nuevo, citado por los asuntos pendientes o por los protocolos de la agenda? En el sumario oculto de una navegante atrevido y algo desmedido, emergía  desde su delirio de moribundo el deseo de una llegada a un paraíso, de los que le habían contado de niño, para aprender una nueva organización social, para hablar con las plantas y los animales, para crear una generación de hijos sanos y felices, para viajar por las aguas y por sus profundidades, para viajar por las almas  y por los cielos. Una impresionante cantidad de imágenes asaeteaban el cráneo contusionado del náufrago. Allí tirado por las olas, devuelto por Neptuno para otorgarle otra oportunidad y de respirar y de ser. Extenuado sobre la arena de una playa desconocida y en la última hora de su vida. De esa vida, que está contada por unas matemáticas y que siempre, para todas sin excepción tiene una hora final, un instante mayor y preceptivo, donde ya no cabe un hálito de energía para un saludo cinematográfico o para una palabra que inscribir. Notaba levemente como sus pies flotaban en el agua a cada arremetida pero sin advertir que se trataban de los suyos. Su cuerpo. Víctima de mareas y posiblemente de sí mismo esperaba la expiración. Su cabeza estaba hundida parcialmente en la arena. Apenas si conseguía introducir aire por un solo orificio nasal. Su cabeza estaba quieta, sus párpado pegados, sus labios lacerados, pero los dedos de sus manos estaban clavados en la arena, forcejeando sutilmente, amarrando su cuerpo inerte a un suelo, tan inseguro como él mismo. Quizás sus leves movimientos fueron lo que le salvaron.

 Su vida pertenecía al mar y a la nada, lo mismo que sus compañeros de navegación, posiblemente troceados por tiburones y dentelleados por otros peces. Su vida ya no era de él, ya no era, a no ser por la magia de suerte que vino en forma de unas manos salvadoras. No reconocía los rasgos de la muerte ni los distinguía de los de la vida y entre sueños de delirio y alucinaciones desordenadas por su borrachera de agua salado, sintió y notó como alguien, varias nos, recogían su cuerpo maltrecho y trastornado y como lo transportaban hacía el interior de una jungla. Los ruidos de las olas fueron sustituidos por los de las cacatúas y tucamanes. Se trataba de una senda larga y difícil, o así se lo pareció. Balanceado en su desvanecimiento, pudo advertir en segundos intermitentes de lucidez que era transportado  por un grupo de numeroso de indígenas, sobre dos cañas de bambú a modo de camilla. Aunque se esforzaba por despertar, cada intento no superaba más allá de un minuto. Si había algo parecido a la muerte, aquello era la muerte. Se sabía a merced de gentes que lo transportaban: quizás al infierno de las hogueras o a los descensos del mismo centro de la tierra. En lo poco que advirtió, pudo advertir que  las caras de sus porteadores eran gregarias, rígidas y mirando en el sentido de su marcha. Aparentemente había muchos brazos transportándolo sobre las cañas, por el ruido de los pasos, y todavía más acompañándolo. No quiso razonar con sigo mismo y apenas se insinuó preguntas de donde estaba o quienes eran aquellas personas. Alguna de las caras que le devolvió la mirada, no emitió ninguna voz ni ninguna señal. Era una cara de gravedad. Probablemente la lividez de él presagiaba el desenlace final. ¿Y si era así qué sentido tenía  aquél ajetreo por un camino inhóspito? en realidad, no sabía si estaba vivo o muerto. Pero si era lo segundo, ¿no había oído en alguna parte, que la muerte es liviana y crea una sensación de paz? Lo poco de razón que le quedaba, le decía que ningún náufrago puede contar un naufragio como el que había sufrido, posiblemente dos días antes ¿o quizás habían sido tres? en medio de una tormenta oceánica y sin tierra conocida a  menos de 300 millas a la redonda. Pero el resto de la sensibilidad que le quedaba informaba a su cerebro que era transportado con bastante prisa por gente que sabía a dónde iba. En su posición apenas si podía avistar el techo de verdores bajo el que discurrían y apenas unos vocablos con voces agitadas en una lengua que desconocía, pero que se le antojaba llena de preocupación. Estuviera donde estuviera, no sentía ningún pánico. Si aquella era la antesala de la diosa de la guadaña, bien venida fuera. Un resto de pudor le asaltó: la cuidada del cuerpo. La imagen última, la del rigor mortis. El había sido un aventurero y lo lógico era morir como tal: con la ropa puesta, con las botas sin sacar, con la memoria sacrificada.

En comparación a las horas precedentes en el mar, con las olas embravecidas y luchando a brazo partido contra lenguas de agua que fueron arrebatando uno a uno a sus compañeros de tripulación, ahora se estaba sintiendo mecido y atendido como un bebé. Llevado al corazón de una tierra fuera de las cartas náuticas, se encontraba dispuesto a todo. Aunque ya no supiera si le quedaba cuerpo para tal disposición. Estaba bastante seguro de haber conocido la muerte, de haber trascendido el cuerpo u de estar visitando el más allá. Pero si así fuera ¿qué sentido tenía esa imposibilidad del menor esfuerzo? Ya no existían secretos ni angustias. Tan solo se disponía a recibir con gozo lo que su destino le deparara.

No tuvo la menor noción del tiempo, pero le pareció una eternidad la incursión por la selva. También le pareció que el viaje fue continuo y que en ningún momento paró la marcha, aunque  intuyera unos relevos en los brazos que lo porteaban. Partes de su vida, como al parecer suele pasarles  a los candidatos  a abandonar la existencia en breves momentos, desfilaron por su memoria embotada, y las imágenes de quienes más quería de sus hijos, de su mujer, fueron las que más se prodigaron. Una sensación de dolor muy íntimo le hizo brotar una sola lágrima desconsolada, por no tener en ese momento tan decisivo a quienes más quería en el mundo. Quizás ese instante precioso del adiós final, puede ser la clave de todas las palabras dichas en toda una vida. Reo de un final trataba de asumir su papel para ese acto. ¿Pero cómo hacerlo siendo balanceado, casi zarandeado y en un momento en  que a nadie se le ocurría parar aquella prisa, a donde fuera que marcharan? Para morir-se dijo-hay que estar detenido. No se puede morir en movimiento. Necesitaba la solemnidad. El sosiego de la quietud, y tal vez con suerte, las miradas conmiserativas de quienes fueran. La muerte siempre es un fenómeno respetable. Siempre ha sido algo sagrado, por lo que sé, que  devociona en todos los pueblos. Aquél no podía ser una excepción.

Vertiginoso en su delirio, prefería apostar mas por el fin, que no por la posibilidad de renacer. De pronto algo le hizo pensar que no tenía por qué darse por muerto, que se debía a la vida, que tendría que rescatar a sus amigos de travesía, que habría que contar lo que pasó a  alguien, que no podía dejar esperando a los suyos en el continente. Un repentino exceso de fervor, le hizo pedir que pararan aquel recorrido: ¡deteneos, deteneos! dijo apenas con un hálito de voz, pero siguieron caminando a toda prisa. Inmediatamente el cansancio y la inconsciencia lo sumieron en una oscuridad profunda y en un sueño poblado de imágenes de todos los sueños soñados en su vida: de capitanes y jabatos, de islas perdidas, de tesoros rescatados, de sirenas, de piratas, de globos, de mujeres  y de edenes.

Se encontraba estaba en todos los argumentos: unas veces mandando en las situaciones y otras recibiendo los golpes de la vida. Aquellos sueños le sumieron en operetas y cálculos de toda especie: envuelto en peleas imaginarias y en luchas fratricidas contra sí mismo y contra sus demonios, que lo convulsionaban mientras su temperatura febril aumentaba peligrosamente. Quienes le rescataron lo sujetaron firmemente a las cañas para que no se cayera al suelo y  una vez llegado al lugar donde iban, empezaron el tratamiento con rituales, llenos de cánticos, ungüentos por  la piel, inciensos y escoriaciones. Fue sometido  a un encuentro con los ancestros y con los dioses de tribu, que serían quienes decidirían sin ninguna posibilidad de réplica, si debía vivir o debía salvarse. Fue la agonía y al mismo tiempo el diálogo con los espíritus. En sus sueños, Jonath se veía a sí mismo, dentro de la ballena tan pronto como flotando en el espacio sideral platicando con uno y luego platicando con otro, ajeno a cualquier sensación corporal, más liviano que nunca y librado de todo dolor. Ecos de voces provenientes de varios planos lo invocaban a todas las propuestas posibles, repartidas entre las del ser, y las del no ser, las de volver a la respiración o las de detenerla para dejar el cuerpo al ritual de las llamas. Como hijo desnudo del universo giraba sobre sí mismo sin poder asir ninguna estrella, ni distinguir que voces pertenecían a que personas. En su delirio el emitía todas las voces en las lenguas que había aprendido.

 

Lecciones de la muerte.

Lecciones de la muerte (la de los demás).

Las lecciones del morir siempre son las que pasan por la muerte de los demás. Obvio. De la muerte propia el muriente no puede hacer uso de su aprendizaje. Un esoterismo ha querido encontrar en la reencarnación la continuidad del alma transmigrante y un caudal de identidad y saber trasegados a través de los siglos de cuerpo en cuerpo. Eso hubiera estado muy bien porque al nacer el individuo humano nacería sabio con una sabiduría acumulada a lo largo de sus vidas anteriores. No es así, el individuo humano nace con un máximo de indefensión y un máximo de interés en la exploración. Lo primero está en la base de la inseguridad y la ansiedad y lo segundo en la base de la inquietud y el descubrimiento. Luego al morir, deje o no un alma, en el supuesto de que esta vuelva a cometer la torpeza de seguir aferrada a la materialidad y a la tierra renacerá con la misma indefensión y falta de saber. Por su parte,  un humanismo filo-teosófico ha terminado hablando de un dios en singular, en mayúscula y en masculino; principio y fin de todo lo sabido y por tanto de la fusión de todas las almas en nómina. Si la lección es para alguien es para el que se queda no para el que se va ¿pero cómo el muriente puede decir lo que siente al viviente? Las experiencias más íntimas y personales son intransferibles y difícilmente comunicables. Cada cual tiene que tener su propia experiencia para saber de lo que se habla. Se puede hablar todo lo que se quiera de las experiencias pero cada hablante tiene que haber experimentado las suyas, de otro modo no sabrá de lo que habla. De muchas cosas preguntadas solo cabe decir: experiméntalo, hazlo por ti mismo. Eso desplaza todo eslogan que pide la credulidad o la fe en lo declarado. Parece que Calígula le preguntó  momentos antes de morir tras haberse cortado las venas a uno de la corte que se sentía. Ni siquiera en ese momento sagrado su voluntad de separarse de los vivos fue respetada y el tirano ni tuvo el menor respeto lo cual ya formaba parte de su conducta. Pero ni el muriente puede decir lo que significa realmente morir ni el observador puede atestiguar nada que no sea un relatorio de síntomas concretos.

Quien conoce su cuerpo sabe o debería saber cuándo va a morir. Quien es consciente de los riesgos sabe o debería saber cuando está en situaciones de peligro real en que la muerte deja de ser la hipótesis de un acto indeterminado para convertirse en uno que ve aumentadas sus probabilidades de suceso. Hay acontecimientos luctuosos a diario y en el mundo entero que son crónicas de muertes anunciadas. Las conductas de riesgo, que viven sin tomar medidas de seguridad, son más proclives al accidente, a la muerte prematura, a la muerte violenta. Por el contrario las conductas previsoras y organizadas que toman sus medidas de seguridad lo son menos. No es cierto eso que se decía que la muerte está al acecho y que os puede pillar en cualquier momento porque se desarma una pieza de una cornisa en el centro de la ciudad o porque se nos cae el edificio encima.  La práctica totalidad de los accidentes mortales son previsibles y los estudios de comportamiento demuestran que pueden ser reducidos desde las educaciones posturales, las de desplazamiento, las de conducción y las de contactos de riesgos. Se puede hablar de unos umbrales de relativa seguridad existencial y de márgenes de peligrosidad en un gradiente creciente. Según se viva una vida, la muerte es algo que puede ser más o menos buscado semiconscientemente.  Se haga lo que se haga siempre hay que contar con reveses inesperados que surjan por parte de factores peligro ligados al otro desconocido. Así como en la carretera no se puede descartar que alguien salte de su carril y venga en dirección opuesta por el del sentido de marcha de uno o se abalance encima, en el resto de las escenas existenciales siempre puede darse el caso de que algo o alguien choque frontalmente contra ti negándote el paso y a continuar en vida.

La vida contante es un margen de probabilidad entre la energía que se tiene y las limitaciones naturales mientras no haya interrupciones que la impidan. Sigue siendo demasiada gente la que sigue muriendo por razones artificiales y factores lesivos con muertes totalmente evitables. No se suele volver del otro lado de la muerte para explicar el significado del morir, aunque los estudios que se han hecho de muertes clínicas y retornos a la vida después de minutos de desconexión material refieren la placidez y un más allá. Lo que no está demostrado es que este más allá tenga algo que ver con la eternidad. Puede ser un dossier de imágenes latentes capturadas por el sistema nervioso.

Según uno va pasando su itinerario personal en la vida lo va llenando de referencias con las que nunca tendrá un contacto directo. La farándula es una proveeduría de esos referentes a los que se conoce por sus trabajos  artísticos o filantrópicos de los que ha habido un beneficio indirecto. Haberles dado entrada en el propio campo informativo es en parte como si formaran parte de la familia contemporánea. En la medida en que va pasando el tiempo, las noticias de sus muertes se reciben con un sentimiento de pérdida. Se comunica  públicamente su edad de fallecimiento  y suele hacerse también por lo que hace a la causa a la vez que se proporciona una reseña de su obra y biografía.

Según se va viviendo son más y más los nombres conocidos, sea de relaciones particulares directas o de referencias de personalidades célebres de los que se  van dando noticias de sus muertes. Si se vive lo suficiente son muchas las personas que mueren antes que uno. Sus muertes son una invitación implícita a reflexionar sobre la finitud.

El extraordinario potencial de  la mediática y del consumo de noticias ha llevado incluso a vender exclusivas de procesos agónicos pero para chasco de todos la muerte no es algo comunicable. Lo es el proceso previo que conduce a ella, la decrepitud, la pérdida de sentidos, el dolor, el trato con el cuerpo decadente, la convicción de desaparecer, el temor ante el después,…pero lo que no es transmitible en primera persona es ese acto del fallecer, la parada cardio respiratoria, la línea plana en el medidor de las constantes.

Hemos especulado mucho sobre la muerte. Llega a ser un tema recurrente sin tener porque ser obsesivo. Morir o no morir es el dilema complementario al de ser o no ser. No ser ya es una forma de morir en vida aunque se siga respirando, comiendo o andando. A diferencia del análisis clínico la concepción filosófica de la muerte es distinta. Hay muertos en vida y vivos que para lo que hacen o van a hacer más les valdría estar muertos o que no hubieran nacido. Dejémonos de remilgos no todo el mundo es un candidato idóneo para la vida, muchos vivientes vienen a estropear las vidas ajenas. Lamentablemente no hay modo de hacer predicciones a priori sobre esto.

La experiencia del morir es tan incomunicable como la del nacer. Para cuando el muerto es muerto ya no puede comunicarlo, ya no es, no puede ni tiene nada que decir. Su alma, si la tiene, estará en otros negocios. Por su lado, mientras los de los reality Shaw no exploten esa cantera, nadie va a preguntarle al neonato lo que siente al nacer y no se le recibe con un aro floreado hawaiano. Son experiencias demasiado intensas como para andar perdiendo minutos para satisfacer la curiosidad concurrente. El común denominador entre el que nace y el que muere en edad avanzada es el cambio de estado sin saber lo que le espera. Eso promueve una cierta ansiedad en el adulto, dependiendo de cómo haya sido sus tratos intelectuales con la metafísica y su evolución espirirtualística. El salto de un estado a otro, el del viviente al del muerto también es el que va de un estado de conciencia a la –sabemos mientras no esté demostrado lo contrario- a un estado de no conciencia. El cambio de estados no es explicado aunque tenga infinitud de especulaciones. Hay otros saltos de estado que no son tan fáciles de explicar. Los observadores de la clínica del sueño pueden establecer exactamente en qué momento un sujeto observado pasa de la vigilia al sueño y de este al sueño profundo, pero el propio sujeto sigue sin poder informar sobre eso. Uno sabe que se acuesta y conoce si le cuesta poco o mucho dormirse, así como si se despierta durante la noche, pero no se sabe exactamente en qué momento y que pasa en el salto de la vigilia a la inconsciencia total. Puede informar de cómo se acurruca, de la postura que más le gusta, de la hora en que se acuesta, de si se duerme inmediatamente después de hacer el amor o no. Pero el cambio concreto de estado en tanto que concurre una pérdida de conocimiento no puede ser informado. En cuanto al observador podrá informar de ese cambio de estado por la presentación de unos ritmos distintos en la respiración y en la frecuencia cardiaca.

Si entre el vivir y el morir hay un cambio de estado –para la consciencia- parecido al que va de la vigilia al sueño no hay porque preocuparse, irse a dormir cuando se está muy cansado es una de actividades, precisamente no actuando, más placenteras. Se ha informado que uno se pasa la tercera parte de su vida de durmiente.  Durmiente es también una palabra de despecho empleada para las personalidades inconscientes que se pasan la vida sin enterarse de gran cosa.

La gran lección de la muerte que cabe inferir es que libra al muerto de continuar viviendo, mezclándose con experiencias que ya le sobran, con gente a la que ya no aguanta, con la dependencia de los energetizantes materiales y ligado a la rueda supervivencial como si darle vueltas a una rueda de molino se tratara.

Los muertos nos llevan una gran ventaja con respecto a los que seguimos vivos. Tienen una acción adelantada y, lo que es más importante, no tienen ningún compromiso para continuar citándose con la materia y con los humanos. Admiro a los murientes que asumen su desenlace sin el patetismo de muchos hospitalarios de ucis/uvis que tienen ataques de miedo y regresiones infantiles no parando de llamar a las enfermeras dando espectáculos deplorables además de incordiar con esa papeleta. Me gustaría morir junto a alguien que amara o amara o con quienes experimentara, como recurso de última hora, un flujo de cariño y simpatía, cogiéndole la mano y notando la presión de la suya sobre la mía. Para nada me gustaría morir despanzurrado en la carretera porque un asesino al volante me tomara por su diana de aquel día o de un balazo o una esquirla de metralla. Me gustaría morir sereno y tranquilo y con la posibilidad de despedirme y no atiborrado de morfina para que no me enterara de la situación.

Si hay una elección a aprender ante el desenlace de la muerte es  la de la dignidad. La de aceptar el retorno a la tierra como el desagregado inminente en el que un cadáver en descomposición o incinerado se convierte. La vida es muy divertida, una invitación a la lujuria de los placeres y un proceso intelectual envidiable hacia metas comprensivas. Tan pronto los dividendos en lo uno y en lo otro ya no son los que eran y la fuerza corporal se va agotando el paso siguiente a dar toca razonablemente que sea el último. Daniel Penac dice que el humor permite ejercitar una forma superior de dignidad humana. Es una idea operativa que también se puede aplicar a la situación que nos ocupa. Todo el bombo y platillo que se aplica a los muertos ya en sus féretros tanatorialmete dejados a punto no está exento de curiosidades que rayan el ridículo. Las medallas al mérito por morir están llenas de falseamientos de los detalles. El responso para el muerto que no tiene nada que ver con el real de lo que hiciera en vida es para pasarlo por consulta (censura) previa. Un muriente con días de agonía suficientes debería contratar un bufón para que le acompañara en sus exequias y prohibir terminantemente que se aprovecharan los vivos –a menudo demasiado vivos- para reclutarlo para una causa u otra. Como el muerto sabe que tiene poco que decir en tal estado, si además se supo obediente de tradiciones y reglamentos cuando estaba vivo, no tiene tantas opciones.

Las efemérides para las despedidas de los muertos deberían ser invitaciones con listas cerradas y no convocatorias a la iglesia con esquelas en las que se puede colar cualquiera. Pongámonos en el lugar del alma flotante junto al cadáver viendo como acudían al evento enemigos, traidores incluso sus `propios asesinos `para disimular arrepentimientos que no sentían.

Lo interesante del muerto, lo mismo que del neonato, es que tiene garantizado su nombre para alguna clase de registro. En un canal pasan en el horario nocturno los nombres de los muertos de cada día de los servicios funerarios. No son pocos. Nombres y dos apellidos para que no haya confusión. Nada más, y nada menos.  Es la lista de los impresentes. Un par de segundos de gloria de su nombre publicado por televisión. Es la lista de los que aquella noche no tienen necesidad de saltar de la vigilia al sueño porque han saltado de la temporalidad al sueño perpetuo.

 

 

 

Vetllades de Lectures

Vetllades de lectures.  JesRICART

Episòdicament he experimentat el gaudi de vetllades de lectures però en conjunt haig de dir que han resultat escasses i encara ara les experiències de fer lectures senceres compartides  amb algú altre de llibres han estat mínimes. Antigament la gent molt devota a la casa familiar feia actes de contrició i lectures conjuntes de la bíblia com text pràcticament únic. En altre ordre de la literatura oral s’explicaven contes o els pares i mares en llegien alguns a les seves mainades abans de que acluquessin els ulls al llit. Rarament, a les nostres contrades al voltant de la taula algú de la família feia lectura en veu alta. De fet,  llegir s’ha vist i es continua veient com una activitat solitària i silenciosa o bé vinculada a activitats escolars o a cenacles quasi sectaris. L’estri que conjunta a un grup en una activitat compartida és encara l’aparell de televisió i el llibre rau a la prestatgeria o a la tauleta de nit però serà tractat com un  foll el pare de família, el germà, l’amic al grup que proposi dedicar una estona de les trobades a  llegir un llibre duna manera continuada.

Reconec el meu fracàs al respecte a pesar d’haver imaginat aquesta situació en grups. Es més senzill llegir fragments puntuals, un poema, un paràgraf d’un article o  una part d’un capítol que proposar una lectura, una estona cada dia o a cada trobada, d’un determinat llibre. La resistència a aquesta experiència es total. Sembla que la gent se sent intimidada per la prosa escrita convertida en sonoritat motora d’un espai. Potser es que posa en evidencia el poc que saben els contertulians? O és que no se li vol donar cabuda a un desconegut en el clan, en aquest cas l’autor de nom més o menys desconegut? Però el cert és que els texts en general no van de   perdonavides i tenen prou cura  estilística perque les seves llicències no siguin insultants per ningú. Es possible que algun mot altívol pugui enfadar però no tant com per pensar en una prosa agrest pensada per ferir. Els llibres , en tot cas, estrenen perspectives imaginàries, convoquen paratges i sensacions diferents, conjunt al grup que en fa una lectura compartida en un poti poti d’imatges gratificants i tot això al menor cost de materials possible. Cal posar l’orella, el temps i algú que posi la veu. Estic segur que si la gent i les famílies s’acostumessin  a dedicar cada dia del seu temps una part a la lectura i a prendre-la com ritus això les faria mes felices i sòlides internament. Una vetllada de lectura permet acabar un dia amb una completud excel·lent.

No falta el neula  que creu que la lectura és una manera de vagarejar i que per fer-la cal repantanar-se allunyat de tota urgència laboral. La lectura és una activitat que pren la postura física de la quietud i això fa creure que el lector és passiu. En realitat l’ activitat de la que participa no precisa de l’ aldarull i les imatges que li promouen no tenen que passar per les guspires incendiàries de la passió descoberta. Llegir és un plaer bàsicament intern que no necessita la demostració performántica i que foragita les ganes de tenir que fer declaracions radicals per demostrar res.

Un aplec de lectors i comentaristes compartint  una lectura acota un camp temàtic i d’ intervencions. Res a veure amb un seguici de fans entorn a ,un ponent, o el d’ una oïda silenciosa entorn al que se’ ls hi pugui dir. Si els deures estan fets (el de la lectura del text) el seu comentari es pot anar fent sense entrebancs. Certament, un llibre comentat podria donar lloc a la transcripció d`un altre que es fes al voltant del que es deriva d’ aquell.

El plaer de la lectura i els aprenentatges que conté alenteix a continuar-lo amb altres títols i altres autories. Han brollat a dojo tallers de literatura i presentacions de llibres de noms coneguts i reconeguts però no tant reunions auto dinamitzades pel plaer de llegir. Hi ha dues maneres de convocar-les: una donant per suposat que tothom té la lectura feta del text escollit a l’ hora de trobar_se per comentar-lo, Una, altra anar-lo llegint reunió rere reunió i comentar-lo per parts o capítols si amb una sessió no n’ hi ha prou. El primer procediment és el més habitual. La lectura atès que es bàsicament solitaria no li cal a ningú al costat per anar-la fent. El cas es que el dia de la trobada per col·legiar-ne l’ experiència no tothom l’ ha fet o pretexta que no li ha donant temps fer-la.

El concurs d’ aquesta circumstància fa coixa la reunió doncs qui pot parlar amb ple coneixement de causa es qui ha fet la lectura completa, ha pres les seves notes i apunts, fins i tot qui s’ ha documentat tot recorrent a informacions extres sobre aquells punts mencionats de passada en el llibre però no desenvolupats. Vet aquí que amb el sol exercici d’ una lectura es pot desentrellar tota una tecnologia per exprimir materials que ajudin a eixamplar el saber.

El lector empedernit pot dir: digue’ m com llegeixes i et diré qui ets. I por insistir amb aquest com, a part del què. En la manera de llegir hi ha una manera d’ estar al món. El relat representa a escala una novela de vida, la de qui sigui i de la que es tracti. Pot, ben bé, represetar qualsevol altra relat existencial. Si a un lector se li passen coses cabdals d’ una lectura, i no està a l’ alçada del comentari de texte que li pertoca, se li pot inferir que tampoc estarà a l’ alçada dels estímuls vivencials amb els que es vagi topant a la seva existencia. Hi ha lectors que ronsegen davant  textes voluminosos i fant esgarips davant el volum que els hi espera, d’altres que no tenen por a ronquejar amb la veu per acabar d’ enfilar o endrapar tota la trama fins la darrera paraula.

La segona manera de dotar de cos la vetllada literària es tot fent la lectura in situ que es pot fer de manera rotatòria a la mateixa reunió o anant canviant de veu a les successives reunions. Un llibre per voluminós que sigui té un temps de lectura, poden ser poques o moltes hores, però mai ho són tantes, si bé es cert que la seva lectura en veu alta requereix més temps que fer-la en silenci. Qui posa la veu, també pot posar la prosòdia, segons es vagi topant amb diàlegs, tot combinant entrades en off(o propiamet de realt)  i entrades protagonistes (les dels diàlegs en curs).

Aixì com es fant lectures teatrals dramatitzades que estalvien la memorítzació  dels textes per part dels actors també es poden fer lectures col.legiades del que sigui i als àmbits que s`escolleixin. Es una técnica que es pot iniciar des de les primerenques edats escolars i seguir-la fins qualsevol altra edat.

El monopoli d’altres formes d’ espectacularitat tant a l’ àmbit privat (la tele fonametalment) com a l`àmbit cultural de fora de casa (anar a l’ espectacle muntat per  un establiment: teatre, cinema o estadi) no dona lloc a que ni tan sols la gent pensi que l’ espectacle és quelcom a l’ abast de tothom des dels seus propis recursos personals. Una sola conversa ja genera espectacle. Una trobada de coneguts per compartir una lectura d’ un llibre triat encara més.

Com estri de la didáctica de la literatura és voluptuós i com eina de fusió interpersonal es inmillorable. Hi ha grups familiars que comparteixen (a part dels tiberis comuns) espais de fusió com fer música conjunta, llegir poesía, comentaris de notícies. Del llegir, tot i que es  fa  molta apología, no ha generat com una pràctica habitual grups de lectura. El potencial d’ aquest tipo d’ encontré permet la multiculturalitat, la integració de nouviguts a unes contrades linguïstiques i assegura lectures que sempre es van deixant de banda.

Les proeses d’ aquesta pràctica no es limiten a les culturals. L’ exerci d’ oralitat té una gimnàstica de les cordes vocals extraordinari. Fa de teràpia foniàtrica reforçant la veu, pauta la rítmica respiratòria  i contribueix a les dots expressibes del lector en veu alta.

El sherpa

El sherpa.JesRICART

El sherpa, éste del que voy a hablar un poco, soy yo. Los sherpas son un grupo que fue conocido por su colaboración con los escaladores de los picos del Himalaya.  Estos se llevaban la fama y su nombre circulaba por revistas especializada;  aquellos,  conocidos como montañeros natos  eran los encargados de portear los materiales y no  se atribuían meritos especiales por eso i por alcanzar alturas.  Empecé a usar la denominación para mí en mi doble condición de compañero y ayudante de Vic, mi compañera, que en su situación de minusvalía por secuelas de polio necesita/ba atenciones especiales. Al principio nos elogiábamos mutuamente por la relación delicada que teníamos. Yo cultivé mi paciencia por acomodar mis pasos a su ritmo y ella apreció mi colaboración. No sospechaba que con el tiempo mi rol derivado de esa situación me fuera cargando tanto en una pesadez de acciones y tempos más y más insoportables para mí. Vic sumaba años, los mismos que yo, y perdía agilidad física. Yo había sospechado siempre que un día u otro quedaría definitivamente postrada en una silla de ruedas y debería ocuparme de todo de ella. El salto de su verticalidad –se ha valido siempre de muletas a pesar de tener unas piernas descarnadas de musculación- a su –para ella- postración en una silla no le ha gustado en modo alguno. Por su parte lo que más amaba era su independencia y sus decisiones de compras de aparatos iban en esta dirección.: hasta 3 sillas de ruedas manuales, una moto eléctrica, más de media docena de parejas de  bastones, varios  bitutores para reforzar sus piernas que se quedaron infradesarrolladas y débiles, un triciclo manual  usado que no usó más de 3 veces y que le advertí de no adquirirlo por poco práctico y que le costó 2000euros. Muchas de nuestras discusiones venían  y siguen viniendo dadas  a propósito de compras inadecuadas, sin haber valorado sus ventajas técnicas.

Para ella cada aparato  -el peor del mercado  también- simboliza la independencia, aunque detrás haya un fabricante malévolo que la limite al slogan de propaganda pero no lo asegure en el diseño y en los materiales empleados. Por mi parte valoro las dos cosas su independencia y su eficacia para los dos. Mover una moto eléctrica en los trasiegos de cargarla y bajarla del vehículo,  para el sherpa  con un episodio ya severo de lumbalgia que lo tuvo inutilizado por 3 semanas o algo más es más complicado que usar una manual, pero mientras la manual coloca a la usuaria en el  sentimiento de ser un paquete de transporte porque yo la empujo, la eléctrica la hace sentirse  directiva.  No son pocos los enfrentamientos a propósito de los objetos domésticos. Según va pasando los años advierto, a mi pesar (jamás creí que pudiera estar escribiendo o confesando algo parecido), que cada vez que tropiezo con sus aparatos y su parafernalia me produce molestias. Cuando se lo digo y declaro que me siento maltratado por ella porque a costa de imponer su autonomía impone mi condicionjmiento acude a la opción de la separación. Esta idea es a menudo mencionada entre nosotros por ambas partes. Sabía que cuando una pareja acude a esa idea una vez le toma gusto y la va repitiendo hasta que un día u otro la ejecuta. Hablar de separación no es más que poner distancia a las causas de los problemas.  Me siento exhausto tanto físicamente por estar acarreando siempre cosas como psicológicamente por no poder compartir mi sentimiento. Sabía a lo que me exponía pues ahora me lo estoy encontrando en toda su crudeza. He estrenado este año con una deformación en mis manos, más exactamente e mis dedos, que atribuyo a mis portes repetidos y continuados y a mi forma de hacerlo, cargando más de lo que, evidentemente, puedo.  La epicondilitis que tuve unos años atrás en ambos codos también la atribuí al gesto de levantar -a modo de palanca- la silla con ella a bordo para sortear los bordillos. Eso se hace  haciendo la palanca con las manos ya que o una y pedal para hacerlo con el pie, mucho más práctico. Esa silla más ligera y bonita la impuso ella, pero es menos práctica para el que empuja, yo.

Vic es una persona de temperamento autoritario. Nada más levantarse por la mañana está dándote indicaciones de lo que  debes de hacer. Exagero, claro que exagero, pero hay muchos días que es así, lo vivo así. Mi psicología se ha rebelado desde siempre a la obediencia y no paro de vivir situaciones en la que experimento tensiones por un dominio ajeno. No está tan lejos la lucha por la libertad de la que me sentía orgulloso participar  como un objetivo macro a la lucha por poder ser tú en el marco privado de lo doméstico y personal. 

Siempre había creído en mi dedicación al otro, a los demás, como algo característico de mi naturaleza  que no necesitaba ser revisado. Era algo suficientemente pensado. En lo fundamental sigue siendo así. Abracé el altruismo como lo más lógico y el principio de solidaridad como la condición crucial con la que cambiar las cosas del mundo y este mundo. Llegué a creer que todos los males desaparecerían de un plumazo si cada persona dedicara un poco de tiempo, un minúsculo tiempo diario de su vida, adoptando una actitud deferencial pues, a la solidaridad. Ese era el nombre de la alterativa. Evidentemente me equivocaba, cuando tuve los números en mis manos vi que esa dedicación altruística no contrarrestaba en absoluto las supuestas minorías dedicadas con consciencia o no a hacer el mal. Posiblemente vivimos en la actualidad en el mundo más solidario en comparación a otras épocas anteriores, pero todo el voluntariado internacional y todas las inversiones millonarias, todas las campañas de ayuda no consiguen frenar el imperio de una tendencia autodestructiva de la fatalidad de la condición humana.

La solidaridad es de distintas tintas según sea dedicada a las grandes causas (las que hablan de millones de hambrientos, enfermos, represaliados, refugiados y explotados) o  las causas de tamaño menor, aunque en lo esencial es lo mismo: una forma de concretar el amor al prójimo. En cuanto a la primera versión son muchos los estudios –refiere Luis Rojas Marcos[1] citando a varios autores[2]- que demuestra que el voluntariado actúa como paliativo del dolor crónico y de la depresión, es decir de dos enfermedades universales y generalidades generadas desde causas físicas y psicológicas. Antes de ser estudiado científicamente la observación empírica ya indicaba que el rol de la intervención en la ayuda ajena tenia por correlato una autoafirmación del yo del altruista creándose una curiosa relación de retroacción mutua. En última instancia el pobre, el menesteroso, el enfermo, represaliado justificaba la razón de ser del misionero, del colaborador, del voluntario, del filántropo. ¿Qué hubiera sido del humanismo abnegado sin todos esos motivos para  las dedicaciones de ayuda? En muchos tipos de ayuda la dialéctica subyacente es la de un intercambio de necesidades: el que necesita ayuda material o comprensivo-psicológica y la recibe, a su vez ayuda con su cromo a que quien se la da, que necesita encontrar una razón existencial de su vida, encuentre la horma de su zapato en ese ayudado para, a su vez, ayudarse a sí mismo. Las imágenes que se convirtieron en leyenda de los misioneros colonizando las mentes de pueblos indígenas, significándolos con el bautismo en los ríos y cubriéndolos sus desnudeces son muy demostrativas de esa dialéctica. Unos venían a salvar a los otros a cambio de imponerles su cultura y su dios y con eso ganar su cielo ¿Quién ayudaba a quien? Se sabe que la ayuda en muchas latitudes ha convertido a los ayudados en indigentes a perpetuidad, contaminándolos y desnaturalizándolos, desproveyéndolos de su dignidad. Las empresas petroleras en la Amazonia (Repsol por ejemplo) pueden dar lección de psicología social práctica desde esas posiciones de la manipulación.

Volvamos a la relación de ayuda del tú a tú en el caso particular que nos ocupa. Cuento con la premisa de que las ayudas unidireccionales no son tan útiles como se podría pensar y que de hecho las relaciones humanas, todas, son transacciones e intercambios a un nivel u otro. Lo que está siempre en discusión es quién da más y qué da cada quien. La relación con una persona que requiere atenciones especiales debido a su movilidad reducida genera una gama de sutilidades por ambas partes. A quien empuja la silla porque puede tomar decisiones de control no consensuadas y a quien es empujado sobre ella por sentirse como un fardo que es trasladado de un sitio a otro sin ser consultado.

Generalmente las reflexiones que se hacen han sido desde el punto de vista del protagonista con necesidades evidentes pautando a la persona auxiliar (al sherpa) a que tenga en cuenta un prodigioso numero de detalles tanto por lo que hace a seguridad física como a deferencialidad, en cambio hay pocas reflexiones sobre el lugar que ocupa ese ayudante que a la que se descuide puede quedar a la sombra por el protagonismo o imperatividad del otro.

Mi condición de compañero de intimidades y de biografía de una persona con secuelas de polio ha marcado también mi rol así como las limitaciones físicas de ella ha marcado el suyo. Pasear con alguien que se vale de unas muletas para mantener el equilibrio determina el ritmo de desplazamiento, hacerlo cuando va con una silla de ruedas manual que necesita ser empujada marca una serie de diferencias. Cualquier pequeño detalle cuenta para crear una sensación de igualdad dentro de la diferencia. (explicaré un poco esto: todas las personas somos individuadas y por tanto distintas pero queremos ser tratadas desde la igualdad de oportunidades y derechos. Esto vale tanto para quien con todas las evidencias corporales padece una minusvalía o déficit funcional como para quien no tiene tales evidencias pero tiene sus propios déficits ocultos). 

La deferencia creciente por la persona con minusvalía en culturas que han cuidado esto a veces choca con la indiferencia total hacia la persona auxiliar que la acompaña. De hecho esa auxiliariedad ya la coloca en un segundo plano. Una vez hicimos el estudio rudimentario de campo de observar la mirada de todas las personas que nos cruzábamos por la calle  mientras mi compañera iba en la silla y yo empujando (algo que por cierto hago poniéndome a su lado manejando la silla desde una de sus empuñaduras con una sola mano siempre que sea posible, en aceras llanas y sin obstáculos) para determinar cuanta gente la miraba a ella y solo a ella, quienes pasaban sin mirar, quienes me miraban a mí y solo a mí, y quienes nos miraban a los dos, primero a uno y después a otro. Resultados: una minoría pasaba sin mirar, la mayoría solo la miraba a ella, casi nadie me miró solamente a mí, y una pequeña minoría nos miró a los dos. La calle es un laboratorio barato que proporciona muestras heterogéneas que permiten ser estudiadas para comportamientos elementales de este tipo. No tengo la menor duda que el mismo estudio, metodologizado y con el control riguroso de todas las variables, con muestras elegías por sectores y por culturas, confirmarían esas cuatro categorías  precisando, eso sí, los porcentajes exactos.

La imagen del sujeto imposibilitado -o que así la tiene retratada el inconsciente colectivo-  no deja de ser una imagen mas llamativa (a pesar de su generalización) que la del acompañante. La sensibilidad de este puede ser tocada por esa deferencialidad mayor para la persona que, en principio, mas la necesita no por las atenciones especificas que necesite sino por la discriminación atencional.

En la lucha por la supervivencia y adaptación de una persona con  déficit motriz severo, lo que no consiguió con el movimiento lo suplió con su fuerza de carácter. Ahí donde no llegaban sus manos para obtener cosas llegaba su voz para hacer que las manos de otros se las trajeran. Hubo también toda una configuración de personalidad carismática para ocupar el centro de la escena. Si alguien no puede  ir a los lugares hay que ingeniárselas para que los lugares vengan a uno. He tenido la suerte y el privilegio de conocer, amar y convivir con una de las personas más fuertes que he conocido y si lo pienso detenidamente he de decir: la más fuerte. Es una paradoja: alguien con la inestabilidad corporal que se ha caída varias veces por que le fallaron sus bitutores o sus piernas con fracturas de sus huesos frágiles tiene más fuerza que otras personas con una musculatura impresionante y una corporeidad indiscutiblemente sólida.

Eso que es un valor indiscutible pudo tener riesgo de convertirse en una amenaza para la convivencia por actitudes de imposiciones continuadas. La lucha interterritorial también es cuerpo a cuerpo y no hay una sola pareja convivencial que no pueda informar de sus pequeños (o no tan pequeños) problemas por el modo de tratarse entre si y el modo de tratarse con el espacio que comparten y lo que contiene.

En la relación particular de una pareja con ritmos físicos completamente distintos el uno del otro atendiendo a esas limitaciones crónicas a las desavenencias tópicas de las parejas hay que añadirle los pluses derivados de la condición limitativa. El único modo de vivir (que no sobrevivir) con una limitación tan dura, en el que cada día el solo hecho de levantarse, vestirse y ducharse es ya de un tamaño esfuerzo tal que la agotaría a la mayoría de los mortales y les haría tirar la toalla, es con una extraordinaria dosis de alegría y triunfalismo, saber que todo es posible. Si alguien ha conseguido vivir con una polio, moverse y no dejar de hacer nada en su vida (una carrera universitaria, postgrados,30 años de profesión como docente, deporte de élite, viajes por el mundo, tener parejas y gozar de la vida y del cuerpo) colocándose en esa privilegiada atalaya que proporciona tener más de medio siglo memorizado en cada rincón del cuerpo es porque por encima de la anatomía está el sentido del ser, por encima  del movimiento corporal restringido está la inquietud viajera de la mente, por encima de la noción dominante de los límites de los demás permanece el poder subjetivo de la extralimitación. Todo eso es un canto a la libertad que el sherpa no puede por menos que atestiguar un día tras otro y un año tras otro en el que apenas hay desfallecimiento y donde los peores momentos se salvan con una frase comprensión, una sonrisa o una mirada serena. El síntoma que no hace el sujeto limitado lo puede hacer ese otro, que por cansancio y trasiegos desfallezca.

Después de haber hecho muchos quilómetros por todos los paseos y avenidas marítimas de un impresionante número de ciudades, después de haber ido a todas partes, superando barreras arquitectónicas, subiendo a metros y aviones, con una furgo-camper por carreteras estropeadas; después de haber acarreado con fardos, arriba y abajo en todos los alojamientos, haciendo de brazos y piernas de la persona auxiliada, el sherpa se convierte en el brazo mecánico-articulado de aquella. Su elección en ese papel de apoyo se puede convertir en una losa. Es distinta la relación de una persona que se hace acompañar por otra a la que contrata, imagen que los últimos años se  está generalizando. Ahí hay un rol de mando claro y otro de asistente asalariado. En la relación de pareja hay dos poderes que concurren y que pueden tener chispas no por cuestionar el hecho de las ayudas  en sí mismas sino por  el margen de libertad de cada uno. Sin que lo advierta la persona con minusvalía, por paradójico que sea, puede quitarle el protagonismo a la otra (nos encontraría en el reverso de lo que sucedió en otra época en que la figura imposibilitada no se la tenía en cuenta y antes de dirigirse a ella, como si de una mema se tratara, se preguntaba a su acompañante).

El crecimiento de la tasa de minusvalía es un hecho. Los países subdesarrollados la siguen teniendo por patologías víricas o contagios o uso profesional negligente de la medicina (pinchazos equivocados en el sistema nervioso por intrusos o falsos expertos no formados) y los países desarrollados la tiene por el incremento de accidentados por irresponsabilidades en la conducción. En esos segundos se ha generado toda una industria de nuevas maquinas que vienen alternativizando con las clásicas sillas de ruedas manuales y también las eléctricas.  Concurre todo un abanico de iniciativas proponiendo formas de locomoción en las que la forma tópica del minus tiende a ser disimulada. Varios de esos ofertantes se aprovechan de la gran necesidad psicológica que tiene el minus para  conseguir su autonomía y aparentar una normalidad, que  lleva a colocar productos en el mercado no suficientemente comprobados, excesivamente caros y que no dan el resultado esperado. El sherpa vive consigo mismo el conflicto de su rol perpetuándose como un sujeto subsidiario pero también el de no ser requerido como tal por  otras formas de autonomía, las cuales, a pesar de sus defectos técnicos, contribuyen a cambiar la escenografía. Es incomparablemente mejor ir al lado de una persona con un triciclo eléctrico que se autopropulsiona que no tener que ocuparse de empujarla. Para ella también es lo mejor porque se detiene en cuanto quiere y para lo que quiere sin tener que pedírselo a nadie. Esa necesidad psicológica de la autonomía personal sin embargo lleva a querer hacer más de lo que realmente puede con percances concretos como consecuencia,  incluso en el incremento de su accidentabilidad.

La auto denominación de sherpa es, por supuesto, una exageración pero aclara los conceptos y los roles de cada cual. Hay personas que aceptan la relación con quienes ruedan en silla pero no es gusta empujarles lo que no significa que no sean deferentes con ellas y al revés, hay abutacado-rodantes  que no tienen problemas en relacionarse con otros andantes y no aceptan ser empujados por ellos. Como que para la posibilidad de esa segunda elección se necesitan espacios sin barreras y una buena forma física no siempre es posible ir a todas en partes. En realidad  todavía una mayoría de minus se ven limitados para ir a una mayoría de lugares. El sherpa es la figura puente que neutraliza barreras y ambos hacen de tándem para discutirlas a los responsables de las mismas ahí donde las haya que estén en su camino. Hacen de pareja combinada cuya entente depende siempre de la finura particular en la comprensión del otro. De hecho, el respeto estable y garantizado es posible cuando hay una comprensión de las necesidades y deseos reales del otro, sea cual sea su condición física o su rol concreto. En la particular y estrecha relación de pareja entre una persona con minusvalía y su compañero que termina por hacer de sherpa, (a no ser que contrate  a algo  que no solo pueda permitírsela sino también quiera para que se ocupe de esos menesteres) toda la deferencia al límite de uno no va a impedir la discusión al extralimite del otro por las necesidades extraordinarias del primero.



[1] En Corazón y Mente. Claves para el bienestar físico y emocional. Con Valetín Fuster como coautor.Planeta España Barcelona 2008 p.180

[2] Arnstein, Vidal, Wells-Federman, Musick,John Wilson,..

Taquisverbia

Taquisvérbicos.De la oratoria  y elocuecia a la palabrería insulsa.

En una película que ensambla como cortos el trabajo de taxistas durante la madrugada en distintas ciudades del mundo, recoge a un cura al que trata de obispo desde el primer momento y que insiste en confesarse. El pasajero no se encuentra muy bien y su tímida protesta porque o es la forma apropiada no disuade al  chofer, que no puede ser otro que Roberto Benigni, un prosaorálico imparable que no para de sacar patatas calientes de su saca de pecados. De pronto se da cuenta que se ha quedado solo hablando, mira por el retrovisor y teme que el pasajero haya muerto, algo que efectivamente confirma después. El chofer no para de repetir: lo he matado, lo he matado. Al taxista no le queda la menor duda que su verborragia irrefrenable ha sido la causante del desenlace. Estaciona el coche para sentar el cadáver en un banco de una plazoleta donde lo deja recostado y con sus gafas de sol puestas para disimularlo. Luego se va. Los hablantes rápidos no dan respiro, ni siquiera para respirar, ese es el caso. No sé si hay casuística real de un hecho de este tipo pero su ideación permite suponerlo. Tal vez sufrir un infarto por una escucha forzada cuando todo lo que se desea es calma no quede noticiado pero sí que se muere por peleas verbales, en las que no intervienen las manos ni ningua arma agresiva. La tensión en las polémicas ha propiciado ataques cardiacos. El que habla todavía tiene la posibilidad de vehicular lo que desea decir pero el que calla tiene que aguantar el chubasco del otro aguantándolo a la intemperie. La estrategia es oír y no escuchar pero eso no siempre se sabe hacer.

De cuando en cuando, el taquisvérbico (aquel que habla palabras a mayor velocidad de lo que las piensa) es el tipo de persona que te pasa la mano por la cara  y decide pronto y rápido quien eres y lo qué haces en la vida con su ojo de matadora. Gracias a su comportamiento verborrágico imparable el observador tiene la oportunidad de que la verbalización es ya una forma de poder entre hablantes y oyentes. Antes del lenguaje articulado se supone que las onomatopeyas y los sonidos cargados de furia eran lo suficientemente imponentes como para paralizar la acción del otro. La cultura verbal ha suavizado eso pero básicamente el monopolizador de la palabra verbal lo que hace con ese rol es colonizar o invadir el espacio sonoro con su discurso. No está de más preguntar como primera pregunta si el otro que está de oyente tiene tiempo o ganas para recibir todo el saco de patatas calientes con que el hablante compulsivo tiene ganas de repartir. Esa pregunta previa, respetuosa y correctamente protocolizada facilitará que la demanda de atención sea correspondida con una atención activa, con una escucha real.  He podido observar que las personas taquisvérbicas que llegan a escena y dicen muchas cosas, a veces con pseudobalbuceos y faltas de vocalización, consiguen que una buena  parte del auditorio retenga menos información.  A menudo he podido comprobar que de aquel que habla sin parar en una velada no te acuerdas apenas nada de lo qué dijo y en cambio de aquella otra persona que solo abrió la boca para decir una cosa y sólo una sí la recuerdas.

Hablar es bonito si eso facilita la comunicación, por tanto si permite la combinación de voces sin que se solapen. Cuando alguien habla tan rápido que no da tiempo con sus pausas para que el otro oyente pueda hacer de hablante suceden dos cosas; una que no averigüe nunca si realmente es escuchado y/o comprendido; dos, se pierde la oportunidad de enriquecerse con lo que el otro diga. Admitamos que hay personas que solo viven para su espejo y para sí mismas con una inconmensurable egolatría y lo que menos les interesa es aprender, tampoco enseñar, pero sí y mucho imponerse.

Los sujetos áfonos o con la voz debilitada están obligados a aprender estrategidas de supervivencia en unas coordenadas sonoras en las que se habla alto, demasiado alto, propiciando los alto hablantes por una cultura que sigue teniendo más de primitiva y poco de sofisticada.

Los espectáculos de las jaulas de grillos siguen siendo bochornosos. La calidez de la entrevista (entrevistador más invitado) permite una conversación en profundidad sobre el tema convocado, algo que los arcos de gentes citadas con cachés de pago para pelear sin reparar en gastos de saliva ni gritos  no lo hayan entendido todavía, Asistimos a un fenómeno de eclosión de la estupidez humana. La comedia de la raza sigue cursando igual de mal como en los peores tiempos solo que ahora como todo es mucho mas agigantado el error multiplicado por millones de plagios del mismo se convierte en  la tasa común de normalidad. Los más avispados saben que la guerra social se extiende al campo digital y por añadidura al imaginario. Todo el mundo anda construyéndose un personaje (o dos, o varios) sin el menor sonrojo y quienes se revelan con lo que realmente son, declaran a gritos sus burradas aceptando incluso con orgullo que sus cascos no dan para más. Asistimos a un nuevo fenómeno de la incultura, que no de la subcultura, que es la inculta en su fase tecno. Así como en grandes megápolis como la londinense hace décadas un pobre en la bancarrota absoluta tenía que ser lo suficientemente rico como para pagar si viaje en metro hasta el aeropuerto donde pasar la noche, ahora nos encontramos que un pobre cultural, empobrecido de palabras pero también de conceptos puede declarar sin el menor rubor que odia la poesía porque no la comprende o no la entiende o pe una paciencia que no tiene y a la vez reconoce que le falta romanticismo en su vida sin advertir que las razones que alega a su odio se le vuelven en contra de si mismo ya que un sujeto que odia lo que no comprende es potencialmente un cero a la izquierda porque ese odio lo puede extender a cualquier parámetro que le resulte intelectualmente inalcanzable. La cuestión observacional es el desparpajo con que se declara la poca cultura pero se oculta con abocamientos verbales a chorro de lo que sea y multitemáticos sin dar tiempo para hablar de todo tal como va viniendo y con calma.

Lo mas llamativo de todo es ese orgullo propio de descerebrados  por formar parte de una incultura creciente pero eso si tecnologizada al máximo. Hay otro orgullo impagable y no superado por nada, el de ser libre. Es el orgullo de una libertad que permite enfrentar al de la auto negación a ser y a aprender y a superarse diciendo a los candidatos a la ignorancia a perpetuidad en las filas en las que están y a lo que se arriesgan. El problema es que el resto de la población sufre y seguirá sufriendo por aquella otra parte más dada a su supervivencia fósil y poco más.

El mundo no se divide entre los que saben y los que no saben sino entre los que aprenden y los que no aprenden, los que quieren aprender y los que no quieren aprender. Detrás un proceso intelectual y en general creativo hay miles de horas y muchos años de duro trabajo de perseverancia en la indagación de la vida. Rosa Montero tiene razón al decir que el artista se parece más al perseverante picapedrero que no al iluminado. Si no trabajas cada día, si no insistes, si no te hurgas, rebuscas y recreas  entonces no es posible que crees.

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Libertad y Psicolingüística

 

Libertad y Psicolinguïstica[1]. Jes RICART

Sigue y seguirá la libertad como tema  de referencias y ensueños (otro asunto es que lo sea como praxis con la que dar contenido a los días, los años y las biografías) y sigue  la psicolingüística como el teatro de fondo que permite ser hablada o por el contrario la confunde. Dime como hablas de la libertad en general y de la tuya en particular y averiguaré si puede comprometerme contigo para aventuras en globo, paseos por unos ochomiles o paseos en terreno llano de minutos o proyectos de relación profesional o íntima. Por hablarla, se puede hablar de cualquier manera y hacer todas las afirmaciones o negaciones posibles ¿todas? Veámoslo durante un rato si os apetece.

Si nos tomáramos la  molestia de buscar todas las citas, referencias, teorizaciones, retratos que de ella se hace por libros, periódicos, cancioneros, poesías, reclamaciones, instancias, protestas y demás actos performánticos de la tesitura existencial nos encontraríamos –hipotetizo- con que la mayoría de veces es mencionada como reivindicación o como lamento por no tenerla y las menos lo serían como celebración de su conquista o garantía de su consolidación. La libertad de lo particular necesita una buena dosis de voluntad personal, por tanto voluntad de poder intransferible, para vivir de acuerdo a su principio. Ser libre puede significar también caer en rarezas, ser asintótico, fuera de serie, estar fuera de lugar, deplorar los espectáculos sociales deplorables encerrados en la alienación. También significa dejar de pertenecer a los códigos normales, apartarse de los dictados y de los clichés. Pero eso no es todo, también significa trascenderse, auto superarse como el monigote que pegaron a una caseta de feria, dejar de cumplir con los roles obligados o auto obligados que no apetecen porque hay que vivirlos como impositivos. Interiorizar una noción de libertad de este tipo forma parte de la revolución de sujeto, con consecuencias mucho más radicales que la más eclosionada de las revoluciones políticas. Una persona libre se nota que lo es. No se deja victimizar por los demás, no solo por los látigos de otrora sino tampoco por los timos, los enredos ideologicistas, los dogmas,  las zanahorias del consumo o los curriculums vitae como objetivos para dar el pego.

Junto a la voluntad de poder, por tanto, de autoafirmación del ser en esa misma propiedad insustituible de ejercer la liberación soberana de prejuicios y morales obsoletas, la libertad como autoconstrucción existencial  requiere de un concurso psicolingüístico particular. El leguaje no solo la expresa, también la garantiza o puede obstruirla. Dime hasta dónde eres libre de hablar sobre la libertad para saber si no pasas de ser un sujeto lexo-libertino o eres una persona laxo-libre. El propósito de la libertad o esa fuerza de tu poder no te autoriza a la tergiversación, a un run-run de grafías que no dicen nada, a tener el pito en el pre frontal en el lugar de los genitales, a utilizar el debate o algo que creas que lo es como una forma  de flirteo enmascarado, a hablar sin dejarte entender, no por la altura de tus conceptos sino por la incorrección de tus expresiones.

Ordenar una polémica de este calado admite momentos de lasitud en los que nadie es culpable si se le va la olla por un rato. No lo es siempre que vuelva a la tarea de pensar y reflexionar sobre conclusiones ajeas y propias para no permitirles su rubricación con tintas dogmáticas.  Un estado de liberación tal que ningún condicionante de los conocidos ponga límites al pensamiento del ser y al ser pensado es difícil de imaginar como seres  vivos y terráqueos. Por eso la historia de las ideas ha inventado almas y cielos en los que estar la mar de bien y supuestamente la mar de libres (mentira, porque ahí done haya una amo al que obedecer el alma más pura seguiría teniendo algo de esclava). La poesía, más dramática, ha puesto la opción teórica de las realizaciones heroicas, las de las utopías, las de los sueños rebeldes, las de las mujeres fecundas de iniciativas y las de los hombres no castrados, e la terminación corporal-existencial. Después de ella lo que cabe conjeturar es el vacío, o mejor dicho el trueque del absurdo de una biografía vacía circunscrita en el cerco de tantos límites por el  vacío sin biografía. La muerte no es tanto la libertad como la liberación de un cuerpo-lastre que si bien da muchos placeres, también obliga a muchas conductas ritualísticas de repetición. Al final de una vida hay un balance numérico que puede ser calculado por los demás o por el propio candidato a ser un finado: ¿Cuántas toneladas han pasado por mis intestinos? ¿De cuantos orgasmos he gozado? ¿A cuántas historias de amor me he entregado? ¿A cuántos países he ido? ¿Cuántos libros habré escrito? ¿Cuántas de mis ideas ha circulado?¿Cuanto dinero he ganado?¿Cuantas casas he llegado a tener o en cuatas he vivido? Esas preguntas se pueden aplicar a todo y sea cual sea la cifra que arrojen es lo de menos. Pintores famosos estiman el precio de las cosas que tienen en relación a telas pintadas o esbozos hechos habiendo dejado de lado la precisión de la cifra económica. Tal vez estuvieran en buen camino. Lo que cuenta en una vida no es tanto el encastillamiento como saber recoger con serenidad, humor e ironía también, los naipes cuando se han caído de su entelequia. A fin de cuentas el sujeto que anhela su realización y su libertad no deja de estar sumido en su espectro a pesar de que tenga la total seguridad de hacer lo debido, o apartarse ni un pelo de la ética fundamental. Por eso la libertad es bastante más que una palabra y cada actor que, antes o después se le descubre como un impostor redomado, hace uso demagógico de ella se le reclasifica donde toca: el paquete de la degradación. Lo que Cristina Fallarás señala[2] con precisión de mira telescópica  la decadencia del cinismo[3] forma parte de los recuestionamientos en los que el vasto campo de lo libre está metido. No hay que olvidar que las grandes tragedias genocidas empezaron con discursos sobre la libertad bajo cuya nebulosa se justificaron los peores crímenes. A mucha distancia, -esperemos-, de nuevas oleadas de progroms, castigos y ataques de ,los poseedores de cualquier nueva fe  pura  de turno la libertad forma parte de las transacciones diarias. En cada relación comercial, en cada episodio conversacional, en cada acto de compra y de elección de lo que sea, se está a favor de ella o se está en contra. Los resultados de las últimas elecciones europeas (la derechización constatada por todos los observatorios sociales) son un indicativo de un deseo popular masiva de pérdida de grados de libertad. La elección de la no-libertad del prójimo influye en la pérdida de libertades concretas propias por mucho que se tenga interiorizar vivir mental y actitudinalmente como un ser libre.

La psicolingüística permite entender el mecanismo de la mente a partir de la inferencia de los usos del lenguaje. También sirve como estrategia, desde la PNL, la programación neurolingüística, para el uso de uso conceptos, unas formas sintácticas, una expansión vocabular no privada de neologismos para extender la libertad propia al campo de todo lo que se toque y haga. Mencionando los marcos de libertad con la palabra, conceptuándolos y teorizándolos con el pensamiento, imaginándolos con el deseo también se cristalizan como espacios físicos concretos donde gozar lo mencionado, lo hipotetizado y lo soñado.

 



[1] http://foros.emagister.com/mensaje-libertad_y_psicolinguistic-12903-865268-1-3166571.htm

[2] E la columna the End de ADN 6 noviembre de 2008 a propósito del espectáculo político del premier estadounidense sucesor de Busch junior.

[3] en una época de una población famélica de esperanzas dispuesta a aceptar a alguien con un discurso renovado tal como el nuevo titular negro de la casa que sigue siendo tan blanca, peo manchada por sus crímenes, como antes sin dejar el cinismo como la profesión aunque se ejerza desde la ingenuidad presidencial.

 

 

Libertad y Justicia

 

Libertad y Justicia.1]  Jes RICART

Las definiciones de libertad son tan multivariadas que si hiciéramos el ejercicio de preguntar a los componentes de  un aula, de una sala, de todo un paraninfo de toda una facultad o de todo un estadio olímpico, cada cual, papel en mano, proporcionarían  resultados diferentes,  Si embargo el escrutinio atento de las respuestas permitiría su clasificación en grupos de acuerdo a los conceptos que manejaran. Las definiciones de libertad ligadas al sentimiento subjetivo de su ejercicio adolecen de una argumentística que la evalúen como algo estable y objetivamente independientemente del estado subjetivo de cada individuo en el grado que sea que esté su libertad concreta. Es así que la libertad no pasa por la equivalencia de la felicidad o por el mero sentimiento de saberse libre. La libertad es una potestad medible. ¿Eres libre, en el sentido de consentido y aceptado,  de ser un/a amante plural? ¿Lo eres como profesor siguiendo tu propio método de enseñanza, ejerciendo libertad de cátedra, independientemente del manual de curso? ¿Eres libre para votar a quien quieras en un país en el que la ley de partidos excluye a algunos? ¿Eres libre para opinar y declarar públicamente tus oposiciones al estado de las cosas sin recibir por ello persecución policial o castigo social?¿Eres libre para no aceptar trabajos que consideras éticamente reprobables?¿eres libre de hacer una critica constructiva y honesta a tu colega/compañero/comerciante sin ¿eres libre para decirle a tu partner o amigo o boss lo que realmente piensas de cada uno de ellos? ¿Dónde está tu libertad si estás obligado a un cumplir con un servicio militar para una defesa nacional que te la suda? ¿Dónde, si obedeciendo, ordenes  reprimes a seres débiles porque sus manifestaciones no convienen al dictum de un estado?...

No se puede confundir el sentimiento de libertad con los recursos íntimos personales para sentirse bien, o tal estado de beatitud con la felicidad. De hecho, la libertad si implica una lucha por ella puede generar muchos reveses y problemas haciendo de la felicidad una hipótesis más lejana.. Conceptualmente un ser libre es o debería ser inmensamente feliz, también una sociedad entera que la tuviera institucionalizada como praxis diaria en todas las latitudes. La verdad social dice otra cosa. En el lugar de la felicidad hay distintos teatros de varietés y de juegos de alegrías. Por eso al hablar de felicidad las conversaciones más sensatas no utilizan respuestas absolutas. La felicidad es un posible en tanto que consecuencia de premisas previas en las que esta la libertad de ser, la libertad de actuación como una de las cruciales, pero  esa felicidad no es el indicador biunívoco con ella. Hay sujetos que pueden ser o creerse muy felices y si embargo estar obligados a una sumisión permanente en la que hay una falta de libertad personal. Si esta tiene un algoritmo es el de la justicia, en tato que lo justo es algo externo, medible y comprobable, mientras que lo felicísimo o el sentimiento de bienestar es algo personal, subjetivista y difícil de medir.  La justicia es exactamente lo que pone  límites o extralimita la cuota de libertad para rehabilitar a cada sujeto reprimido concediéndole la oportunidad de crecer en lo que es y puede ser con un solo límite: o aprovechar su expansión para la sumisión ajena. Evidentemente los dos parámetros son lo bastante abstractos para que no quede tan clara, e un sentido expositivo-verbal, su ratio, pero sí hay una interiorización perceptiva aquí según la cual todo el mundo sabe cuando comete un acto injusto o que deriva consecuencias injustas para sí mismo o para otros y cuando comete un acto que se toma libertades inaceptables o agrede al concepto de libertad. Por otra parte, la libertad no es tanto un don natural (sea en la condición de vitalidad con la que se nazca el ser vivo choca con los límites del medio pero a su vez puede aprovecharse de sus recursos) como un talento para conceptuarla, reconstruirla, ensancharla y disfrutar con ella. La libertad es también una decisión que pasa por la voluntad. Querer ser libre es un desiderátum de la conciencia libertaria. No querer serlo o descartar que pueda ser es un infra deseo de los predicados de la sumisión. La libertad pura es conceptualmente inconcencebible y poéticamente absurda (el vuelo del Ícaro tiene  por final el derretimiento de sus alas al aproximarse al sol, objetivo de su vuelo). Lo que le es dado al ser humano en el mejor de los casos en su tesitura existencial es instrumentar su libertad, es decir los grados de libertad de los que va disponiendo y aprendiendo a disponer, para realizarse como ser lo más íntegramente posible. Como una propiedad crucial del ser es el de ser justo consigo mismo en su individualidad (por lo que hace a todas sus potencialidades de gozo y de sabiduría)y serlo con los demás en su externalidad (e tato que sujeto social e interactivo con los juegos de la vida y las exploraciones de los demás).

El absoluto de la inexistencia de la libertad por los condicionantes biológicos es tan absurdo como el absoluto contrario de su existencia porque supuestamente  el ser humano es el animal más esplendoroso que  existe. La libertad es relativa tanto en su concepto como en su ejecutabilidad y no es posible indagarla en toda su complejidad sin vincularla al otro gran eje del itinerario humano en su historia y en su futuro: el de la justicia. Si la libertad de uno es a costa de la injusticia contra otro aquel uso queda demolido. En cambio el revés de eso es distinto. Para la garantía de la justicia lleva a la limitación de la libertad, es decir de sus excesos, de quienes han actuado en contra de la libertad ajena.

La profusión de literatura diaria desde hace décadas, sin que haya un solo día en que no falte una noticia luctuosa del comportamiento sanguinario de los humanos,  es una interminable proveeduría de casuística a la visión más jurista del tema para circunscribir la intolerancia de unas prácticas a recintos penitenciarios. El acto de reparación de una víctima (el ejercicio de la justicia) lleva a la restricción de libertad o incluso a su total anulación (en el caso de los estados en los que hay vigente la pena de muerte) del autor del crimen.

Lamentablemente la praxis de reparto de la justicia incurre en procesos incorrectos en los que los protocolos para la libertad de la demostración de pruebas o defensas tampoco funcionan impecablemente. La dinámica discursiva entre justicia y libertad va a continuar sin que los códigos o normas de regulación sean suficientes para prototipificar un comportamiento modélico, plenamente justo y plenamente libre  ya que cada individuo solo puede ser plenamente íntegro si acepta autorregularse desde su propia conciencia ética. La abundante literatura para discutir y explicar situaciones que todavía producen enredos interhumanos por principios tan básicos como los que venimos tratando es por las tendencias inerciales del ser humano a vorágines fuera de los valores fundamentales. Hay algo en la educación básica que sigue fallando y algo de la misma naturaleza de los individuos referido a inercia hacia el dominio del otro que sigue prevaleciendo. Cada vez que un individuo, un niño incluso, acude al lenguaje de la violencia para imponer su dictado, esta fracasado toda la sociedad como civilización cultura y comunicativa y sosegada.

Para esos grades retos: ética, justicia, libertad y conciencia cada sujeto es el primer responsable de su futuro y de su biografía para lo cual permitirse el conocimiento y el saber es lo crucial si quiere salir de su pozo de exigüidad, disminución física y mental, para andar hacia el Edén que al menos teóricamente sería posible. La lucha por la libertad en su dimensión más preciada, la personal, no pasa por las decisiones de la jerarcocracia de un país sino por el repaso década individuo de su déficit en virtudes. Sucede que así como la realidad es esa cantera de noticias diarias espeluznantes el itinerario personal de cada cual también es una cantera que demuestra en qué se está a la altura de la demanda de evolución personal dentro de los parámetros antedichos o se está muy por debajo del ser que se puede ser. Nos conocemos los unos a los otros aparte de por nuestras guapuras o looks u oficios, por nuestros decires y saberes, nuestras formas de argumentar y nuestras cuotas de inteligencia. Ciertamente la expansión de la libertad pasa por la expansión del conocimiento y por el sentimiento de fusión a un proceso humano comunitario.

La historia de lo política está abarrotada de ejemplos contra la justicia y contra la libertad al unísono. Desde  antes de lo de Dreyfus[2]  a la criminalización actual que se hace con toda clase de protestas antisistema o antiestado indican que el gran reto de la libertad es y continuará siendo imposible si la verdad no florece. 20 años después de la masacre deTiannamen los jóvenes estudiantes pequineses de la actualidad desconocen lo que pasó. El gobierno chino no ha publicado nunca el balance de verdad de aquel ataque con el ejército a los estudiantes reivindicativos. Sin verdad o con las verdades encerradas en los archivos inaccesibles la libertad y la justicia tampoco pueden ser conseguidas. Desde la particularidad de cada cual, le vaya como le vaya su vida profesional o personal, según sea su vinculo con estos grandes conceptos así también será lo que se puede esperar de él/ell o este/esta de si mismo/a.



[1] http://foros.emagister.com/mensaje-libertad_y_justici-12903-863828-1-3160077.htm

[2] Dreyfus.Militar del ejercito francés acusado injustamente y condenado sin pruebas,debido a su origen alsaciano y a su linaje judío en la época en que  Francia estaba muy insegura frente a su vecino alemán

La continuidad como espejismo

La continuidad como espejismo[1]. JesRICART

Cuando elaboré mi ateísmo no tuve la menor sensación de desamparo. Fue fácil llegar a semejante posición: bastó separar el hecho de este artefacto conceptual a sí mismo, el de dios,  alejándolo de toda la influencia cultural y de la ansiedad ajena producida por el temor a no tener una omnipotencia que lo explicara y justificara todo. Tan pronto me quedó claro que las explicaciones reveladas por la teología de ese dios obedecían a la necesidad  subjetivista del ser humano de la protección divina no admitir la existencia de este,  su, producto ideológico fue fácil.  Admito que esa pérdida  de referente  no desencadenó en mí ninguna crisis aunque sí fue uno de los efectos colaterales de otra crisis, la tópica de autoafirmación de la adolescencia. Un tiempo después, el reconocimiento  a una dimensión espiritual a la que nunca había renunciado y mis aproximaciones al misticismo y a la espiritualística  me ilusionaron con la tesis de la continuidad, es decir de la continuidad postmortem. Muy bien -me dije-  el cuerpo se extingue pero toda la acumulación energética que ha presidido a lo largo de su vida debe ir a alguna parte, aunque ese lugar  sea un estado de flotación inconcreto y en un marco interdimensional diferente al conocido. Esa hipótesis venía a tapar no sé muy bien qué que tenia a ver con el trascendentalismo del ser. Como que mis necesidades teóricas y la elaboración del crecimiento personal no precisaron de tomar postura sobre esto confieso que mi implicación en esta temática fue a menos. En la práctica relacional creer o no creer en un más allá no significaba nada. A escala mundial no es así, las hordas se siguen dividiendo entre los fieles y los infieles, no solo por lo que hace a la posición de los mahometanos también por lo que hace a la de los occidentales. Para los estados de los poderes despóticos la sociedad queda dividida entre quienes creen en sus políticas moralistas acerca del mal y quienes las rechazamos.

La experiencia cotidiana demuestra que se puede vivir toda una vida, la material y la intelectual, la social y relacional pero también la meditacional e intimista sin necesidad de  participar de la disertación teológica así como de la pertenecía a una congregación religiosa. El ritual de la oración en privado o compartido  es algo totalmente prescindible así como la invocación a cualquier otra instancia sobrenatural de fuerza para que venga a auxiliarnos en las necesidades presentes. En términos escénicos es una cuestión de leguaje, desde luego conceptual, pero con expresiones lingüísticas muy concretas. Seguimos usando expresiones lingüísticas o palabras cuyo origen se formaran con la mención del nombre de dios o de Alá y e mucha mayor cantidad otras que relacionan la mención de otros dioses particulares o menores. Cuando recibo una carta o un email de alguien que se despide con formas obsoletas deseado que me quede con dios o cosas parecidos solo veo una forma automatizada e impensada. Me pongo en el lugar de los creyentes que con su mención continuada  a su padre eterno dejan de reflexionar su actualidad y su materialidad, su ahora y aquí, su potencialidad como seres vivos por limitados y finitos que sean.

Todo eso es perfectamente superable, otro asunto es la continuidad de la dimensión espiritual. Durante tiempo las influencias de las tesis reencarnacioncitas y la necesidad (necesidad para el ego) de prevalecer ha avalado ese después con distintas versiones de cómo será. En cuanto me pude a pensar en hecho en sí mismo de la continuidad advertí que todo objeto deja una continuidad en el sentido más vulgar como fenómeno material cuando menos. Desde el momento en que la destrucción de algo nunca es absoluta y queda un resto para atestiguarlo la continuidad existe, evidentemente no en la misma forma. En varios lugares del mundo se conservan deliberadamente edificios en ruinas o maquinas destructoras como carros de combate para informar a las generaciones venideras de lo que sucedió. Una placa de mármol de alguien fallecido  hace de  memorándum que significa una continuidad.

La denominación de continuidad es banal. La continuidad es la permanencia de algo diferenciado tras el cambio de su estado presencial o material. La memoria histórica des una forma continuista de lo extinguido. La hipótesis del  alma viajera, buscado reencarnarse o donde meterse en la vastedad cósmica, es atractiva para la mentalidad humana que o acepta la posición filosófica de la vacuidad y del sin sentido. Un alma, aunque no pese ni sirva para gran cosa, aunque no recuerde su pasado ni su procedencia, aunque no pueda gozar de la sensorialidad ni ejercitar el pensamiento, es la coartada ideal para creer en un más allá perfecto donde haya desaparecido lo material, el deseo y el sufrimiento. Lo que no dice el cuento es la desaparición de todo lo demás: la voluntad, la consciencia, el placer, la comunicación. Dicho así lo de menos es la continuidad sino su consistencia. Un ser humano sabe que o pocas de las cosas más rudimentarias que se haya valido para vivir lo sobrevivirán. Quienes los conocieron lo recordarán también por estos objetos pero nadie se le ocurrirá confundirlos con su alma.

La continuidad –lo demuestra la Física- es un hecho. La muere corpórea no significa la liquidación de todo lo que contiene el organismo, este se trasforma o se recicla. Puede tener distintas suertes, desde continuar viviendo en parte e cuerpos ajenos a pasar a integrar otros tejidos y variables de la naturaleza. Está claro que no es esa la continuidad por la que se entusiasma la credulidad en el más allá, sino el de la perpetuación de los signos de identidad. Para el reencarnacionismo las señales de identificación del alma habitando en un nuevo cuerpo (es el protocolo que siguen para que los tibetanos elijan un nuevo lama) no significa que el niñito venga con la sabiduría del anterior. O sea, que en el mejor de  los casos la continuidad de la misma entidad anímica viene con una merma considerable. Algo parecido se pude hipotetizar con respecto a los espectros de los fallecidos o las almas divinizadas que desde su nueva posición quedan separados de la anterior no quedando para nada claro si esas nuevas coordenadas espirituales son mas evolutivas que las anteriores en la dimensión corpórea.

La objeción a la continuidad ya está presente en otras latitudes de la reflexión que no tienen nada que ver con la espiritualística. Continuidad es todo proyecto de prevalecer. La pretensión de continuar con lo que sea: una empresa de negocios, un viaje, un matrimonio, la responsabilidad en el cargo. Continuidad es equivalente a futuro y físicamente remite al principio de persistencia de todo objeto inerte o vivo que ocupando un espacio desea prevalecer en el con o sin razones. En ese sentido un animal inteligente y una simple piedra comparten una misma dinámica que busca la permanencia. Querer continuar y querer que continúen las cosas (las relaciones, los estatus, las posesiones, el amor, la devoción, la lealtad, la estabilidad) es propio de la voluntad de poder personal y de la necesidad de la estabilidad subjetiva. El elogio de la continuidad es en el fondo uh auto apego al yo, una incapacidad psicológica para el desprendimiento definitivo de lo material y de todo lo que supone la corporeidad. Una de las razones por las cuales deseamos creer en la trascendencia es por no perder el sentimiento de control sobre nosotros mismos, lo que somos, lo que hemos sido, tal como podemos continuar influyendo en la vida. Pura entelequia ficciosa.  Por otra parte la continuidad más burda existe. Casi todo el mundo puede ser recordado después de muerto aunque sea por su imagen, por una frase o por un detalle anecdótico. La cuestión es que ese recuerdo puede ser tergiversado, nada que no suceda ya mientras se está vivo. Uno en memoria ajea no deja de ser un material susceptible de tergiversación. En el mejor de los casos de recuerdo respetuoso y objetivo. Ambas situaciones no dejan de representar la continuidad, la continuidad de uno que fue en otro que sigue siendo, del pasado que se extinguió en un futuro que integra unidades de su legado.

El Corán lo deja claro: 87/88y89. “Si el muerto es de los allegados de Dios, tendrá reposo, perfumes y un Paraíso de ensueño” pero  91/92-94 “si está entre los embusteros, los descarriados tendrá alojamiento en agua hirviente y luego fuego lento en el invierno”[2]. Espeluznante es para poner los pelos de punto. No pertenezco a la región de los embusteros pero sí de los descarriados aunque ese libro de amenazas coloque ambas conductas en el mismo lote, espero estar en lo cierto en lo del espejismo de la continuidad, de lo contrario voy a estar muy caliente.

 



[1] http://foros.expansion.com/showthread.php?p=730985#post730985

[2] Eñl Corán editorial Planeta Barcelona 1983 con una traducción de Juan Vernet.pag. 578

Dejar de comprar

 

Dejar de comprar. JesRICART. Este articulo inicialmente inserto en el enlace abajo transcrito de Expansión no duró mas de 1 dia y fue eliminado sin contactar con su autor. [1].

La crisis económica más exactamente es una crisis de producción sin olvidar las prácticas especulativas. Y una crisis de producción más exactamente quiere decir una crisis de superproducción. De entrada parece un contrasentido ¿Cómo es posible que una mayor cantidad de algo pueda llevar a una crisis? Pues sí, los excesos llevan a crisis. Basta cenar el doble de cantidad o de la comida para tener problemas  todo el día y el resto de la noche. Basta doblar la velocidad en una  curva peligrosa para matarse y no contarlo. Los excesos llevan directamente a la crisis. Ni el más poderoso de los barcos mercantes puede cargar con el doble de su carga máxima, tampoco puede hacerlo el TIR más  reluciente. En resumen el exceso es peligroso incluso puede serlo más que el deceso. La ventaja del exceso es que los productos acumulados que no tengan salida inmediata puede/podrían tenerlos los siguientes años, claro está si no se deterioran. El problema del sistema es que fabrica cosas para el inmediatismo, su demora en la venta es igual ya a pérdidas, entiéndase:  a no conseguir las ganancias estimadas a priori. El sistema sobrecargado saltándose sus propias leyes de una lógica de desarrollo ha taponado las salidas, las producciones se han encallado, los inversores basados en curvas de crecimiento exponencial que no se van a cumplir fracasa, se arruinan o contraen una úlcera por estrés; muchos productores se quedan sin tener que producir, las empresas cierran o disminuye considerablemente su producción. Estructuralmente todo lo que está pasando es un gran toque de atención. Lo peor  sin embargo no es eso. El hecho de que se produzca menos, echando números, solo significa que la producción ofertada se ajuste, a la fuerza ya que no lo hizo por las buenas,  a la demanda real. Primera elección de economía práctica que la elemental organización domestica de una sola boca aprende empíricamente. Pero la producción disminuida no significa realmente un problema directo para el sistema, (al contrario la naturaleza y la salud ciudadana encontrarán mejorías) le problema mayor es que la expulsión de productores de sus puestos de trabajo se traduce por una disminución de sus niveles adquisitivos y esto por la reducción considerable de la adquisición de productos. Ecuación inferida: no ser productor es igual, a la larga, no ser consumidor, Y aquí, en esto, sí que duele al enfoque del capital. De ahí que las bolsas presupuestarias para estados de crisis prioricen la importancia de la recirculación de capital. Los bolsillos no pueden quedar vacíos, todo el mundo debe continuar haciendo vida “normal” como si no hubiera pasado nada, siguiendo con su tren de vida, no privándose de placeres, gustos, lujos y pagos, por superfluo que sea todo ello. Lo peor de la crisis sería que tomara el look más dramático: que cerraran los comercios de primera necesidad y que los consumidores no pudieran abastecerse de los servicios y los productos básicos. Mientras esto funcione la verdadera crisis queda limitada al discurso alarmista de la crisis.

Si damos la vuelta al razonamiento se puede inferir que la reducción de los consumos innecesarios puede llevar a un trabajador a pleno rendimiento y en perfecto uso de sus facultades mentales a dividir por 2 o por 3 o por 4 o por 5 o incluso por 10 su tiempo de contribución diaria, semanal o anual al trabajo si con esta porción consigue cubrir sus necesidades reales. De eso ni se habla ni se quiere oír hablar porque trabajar menos significa ganar menos y si ganando lo que se gana ya se tienen problemas para llegar a fin de mes en muchas  familias, ¿qué decir de la entrada de menores ingresos?. Vindico tal discusión. Dejar de comprar como opción no es una castración por el lado de la privación sino una evolución por el lado de la prescindencia. La cuestión no es pasar hambre, aunque ya que lo menciono ninguna comida debería concluir sin que el comensal se quedara con un poco de hambre, sino pasar de un infinito número de cosas innecesarias. Cada cual sabe los artefactos de los que se rodea y de los que no puede prescindir (yo podría prescindir del coche  pero no del ordenador, otra persona dirá lo opuesto) pero todo el mundo carga con sobrantes, todo el mundo menos quienes vivan en condiciones de miseria.  El gran fantasma de quien pierde el trabajo es que le ve los colmillos al lobo (los acreedores) y que no va a poder asumir su anterior tren de vida. Sí, es un problema. Pagar al jardinero para que recorte el césped, las facturas de agua para renovar el volumen almacenado en la piscina, hacer el millar de kms al menos por semana en cada unos de los coches del garaje, pagar el club de tenis, el hipódromo, tomar el puente aéreo cada 3 días, ir al restaurante más caro de la ciudad, ir de copas todos los viernes a los lugares de lujos, ah, y no olvidarse de comprar el abrigo de pieles. Pesemos en otro perfil más mayoritario. No cobrar ni siquiera mil euros al mes significa no poder pagar los 600 de alquiler, privarse de restaurantes y todos los demás gastos, ir de compras al Lidl o Dia como almacenes baratos que ofrecen calidad y dejarse de otras exploraciones comerciales. No tener dinero significa no poderse pagar unas vacaciones en un hotel aunque sea de pocas estrellas y sin estela, o poder asumir cursos extraescolares para los niños o sudar para poder pagar sus cuentas de cada mes. En caso extremo o tener dinero es hacer cola en el despacho de asistencia social para  ver lo que pueden hacer por ti sin que nadie te vea, aunque en el momento de la despedida ya en la puerta de salida no del despacho sino de la oficina el capullo que te ha atendido te diga a la despedida: no te preocupes que todo se solucionará, con lo cual si un vecino te ha visto sabe a lo que has ido u no puedes decirle que hayas tenido una cita profesional.

Las cosas no están tan mal pibe dejar de comprar es recurrir a lo que ya tienes comprado. ¿Acaso no habías trabajado duramente durante muchos años pensando en el día de mañana por si te faltaba alguna cosa? Pues bien, ese día del mañana es hoy. Hoy necesitas acudir a tus silos, cocinar los granos que estuvieron esperando durante 7, 14 o 28 años  para ser comidos. Acabo de echar una ojeada a mi armario antes de escribir esto: tengo más ropa de la que voy a poder usar el resto de mi vida (puedo prescindir de la moda, otra chorrada más), tengo más portafolios y maletas de viaje de las que se me va a estropear, tengo más ordenadores de los que me dará tiempo de romper (aunque la tecnología anda tan rápida que antes de terminar el año compraré el tercero (el de este año) y el numero, ni se sabe, de lo que llevo de vida informática, estoy sobrado de muebles y a cubierto con los techos de los dos apartamentos de los que dispongo; tengo libros de sobras para leer un rato el resto de mi vida, tengo una lista interminable de ideas sobre las que escribir con lo cual no pararé de autogenerar mi propio trabajo mientras viva, tengo mil sitios a los que ir y otros cien mil que me faltan conocer (no me falta entretenimiento). En fin soy un privilegiado, aunque esté sin trabajo asalariado y mis ingresos sean escasos. No todos los casos son iguales. El mío es este porque ya inicié la andadura como residente de la sociedad capitalista prevenido de que era –sigue siendo- la sociedad  del engaño más gigantesco.  Sé de otra mucha gente que no se lo toma con tanto sentido del humor: las facturas los acosan, no puede pagar todos los enredos en los que se ha metido, ha tenido hijos sin poderles garantizar la estabilidad básica no se ha puesto en negocios sin garantía. Sus declaraciones son de otro signo distinto. Respeto profundamente el dolor generado por la miseria pero no justificaré la irresponsabilidad  de nadie metiéndose en ella. Por otra parte ser pobre no tiene porque significar ser miserable. Nunca he valorado a nadie por sus rentas anuales, ni las pregunto ni me interesan, cuando alguien por error táctico al elegirme a mí como su escucha me habla de lo que gana o de sus éxitos empresariales  no le escucho o cambio de tema. No me interesa en lo más mínimo. Para sobrevivir se necesita en primer lugar un gran saque para la ironía y en segundo lugar una pequeña cuenta económica con la que pagar lo básico. Se puede prescindir totalmente de todo aquello que se compra, se guarda y no se usa nunca o se usa una sola vez. La mayoría de compras están orientadas a la apariencia y a tener segurizantes, pero ningún objeto material proporciona la seguridad cuando uno psicológicamente no está autoafirmado.

Dejar de comprar es una opción (la inmensa mayoría de cosas son prescindibles) que pide una previa, aprender a comprar mejor. Es decir, ser más críticos y exigentes con la calidad de las cosas, no aceptar artículos que vienen con envasados cuyo coste tiende a  igualar al de su contenido. Aprender a comprar es entrar con un alto sentido evaluativo de los objetos a un establecimiento. Por cierto la educación básica adolece de esta asignatura crucial: aprender a comprar, aprender a consumir. E lugar de eso toda la cultura con la que se carga al empleado, al productor, al asalariado, es el de ser  un consumidor. Consume, cuanto más consumas más estatus, más prestigio, más poder, más rango. Pero todo eso es una gran mentira. Si esperas ser reconocido por lo que tienes andas listo. Tener, el hecho de tener,  tener mucho, solo es una coartada, bastante mala por cierto, para no ser. Es mejor olvidar las acumulaciones y vivir la vida en sus contenidos fundamentales. Basta cambiar el chip y  reaprender a vivir desde el placer de la actualidad permanente de la vida sin tantas preocupaciones por el futuro, por los pagos, por el salario. Eso puede permitir cambiar la hegemónica mentalidad economicista por una lúdica.

Sege Latouche es otro objetor del crecimiento a ultranza que une su voz a la de tantos otros reclamando que cambiemos de modelo de vida a favor del planeta y –añado- de sus habitantes. Cambiar el modelo pasa por el cambio de las actitudes de los individuos, de los individuos humanos, el resto de animales y platas ya saben lo que tienen que hacer, el único que no se entera es el animal humano. Dejar de comprar o no ir de viaje a Transilvania o a Sídney e verano no es tan grave, se puede ir a recorrer las Alpujarras u otra comarca insuficientemente conocida. No tener suficiente para el combustible tampoco es terrible se puede volver al encanto de la bici (por cierto hay un modelo de triciclo con techo en el que cabe la familia) y los recuerdos de infancia estrenando la primera. No tener para comprar carne o pescado o cada día tampoco es relevante, la dieta vegetariana extensiva a gran escala evitará multitud de las enfermedades actuales. Un tiempo atrás se cantaba”… más de 100 pesetas cuesta la ternera, ni que el animal un hijo de Franco fuera”. No sé por dónde anda su precio, hace años que no la compro, tampoco clienteo en ninguna carnicería. Reducir el tren de vida es adoptar otra velocidad existencial, tal vez aprender el valor de la calma y de la simplificación. Hemos de aprender nuevos modelos, ¿Alternativa? Sí, practicar la simplificación, ganar tiempo libre para el sosiego, la filosofía y la poesía y no preocuparse por el futuro, no existe ni para el que tiene menos ni para el que tiene más. Esto no es un canto a la despreocupación sino una crítica a la preocupación inflacionada y falseada. Sí hay una sociedad por la que preocuparnos, la que se impide vivir en sus potencialidades metiéndola en callejones sin salida, la de los números y las bolsas financieras. Eso puede parecer un escarnecimiento de la crisis, ejem, bueno, no paso de ironizarla. Dejar de comprar está conectado con la tesis del poder de los consumidores. No consumir lo inadecuado, lo falto de calidad, lo supercaro y lo inútil no es más que una medida profiláctica para que el sistema se cualifique más. Al final las generaciones venideras podrán gozar una sociedad mejor que la actual con la actitud de la compra disminuida. Dejando de comprar o combinando drásticamente los criterios de compra y consumo, la sociedad mejorará ostensiblemente, también la salud  y el margen de maniobra individual crecerá considerablemente al soltar lastres.

 



[1] http://foros.expansion.com/showthread.php?p=730330#post730330

Evento y Noticia

Evento y Noticia. JesRICART

No leo periódicos o tiendo a leerlos menos. Teniendo en cuenta que en una época los leía a diario y más de uno, debo haber sufrido una involución formativa  (prefiero llamarlo des-expectación). Fui aprendiendo que ningún evento tiene realmente la categoría de noticia urgente  que necesite ser consumida tras ser publicada. Casi todas pueden esperar. A veces se me han acumulado periódicos que no terminé de leer al comprarlos y años después de su fecha de edición, antes de lanzarlos a la basura de reciclaje de papel (para que sigan con ese interminable procesos de volver a hacer pasta y soportes para otras grafías y otras noticias) los leo, verificando que  el mundo no ha cambiado en absoluto.

A fuerza de experimentar con las llamadas noticias he aprendido que una noticia es algo que se va trasladando de momento y lugar pero que viene a repetir versiones de unos mismos eventos que no cambian. Por otra parte ir a comprar el periódico, intercambiar dos palabras con el quiosquero y dedicar parte del sábado o domingo por la mañana al ritual de su lectura es sumergirse en un espectáculo. Ese mundo que no cambia y que insiste en sus epidemias, guerras, torturas, violaciones, malos tratos y mentiras proporciona caldo suficiente para pasar un rato entretenido tomando el vermú e irritándose contra los autores de los delitos, creando la sensación que con eso los culpables son los otros y uno tiene el ticket para ir al cielo de los justos. De todas las secciones periodísticas la que siempre me atrapó mas fue la de las cartas al director  (ahora correo del lector) pues era/es  lo que proporciona/ba una especie de sondeo espontáneo de la verdadera opinión pública de un país (extralimitando y enriqueciendo la opinión de los profesionales de redacciones). En la del País Semanal del 24 de mayo 2009 son interesantes las correcciones que los lectores hacen a esos profesionales cuyas veteranías no filtran errores de lenguaje y de información: A.Perez-Reverte, J.J.Millás, J.Marías. Me pregunto porque el periodismo profesional se reparte el plantel de las firmas conocidas de forma fija y no catapulta las verdaderas opiniones públicas, las de los sin nombre celebérrimo. La variedad favorecería el placer de la lectura y por supuesto el enriquecimiento de la literatura[1].

Se diría que el encumbramiento nominal de unos pocos va en detrimento del enorme potencial de la opinión pública extensiva, es decir de la legítima opinión pública. El periodismo nunca tuvo muy claro que era eso de la opinión público, el poder del estado tampoco. Se habló del poder de la presa pero al poco tiempo se descubrió que cada plataforma periodística tiene su plantilla, su línea, sus contratos privados y su forma de tratar con la verdad (y con la mentira). Desde la posición individual profesional del reportero, el corresponsal, el investigador se creó que lo que no hacia la mayoría silenciosa lo hacia él con su arte y capacidad de representación en nombre de todos. El periodista ponía las preguntas y hacia la indagación de aquello que la sociedad esperaba.  Como hipótesis no estaba nada mal. Ahora las cosas han cambiado, la gente no se chupa el dedo, ha aprendido a escribir, se expresa impecablemente, tiene capacidad de crítica y reconviene respetuosa y prudentemente los gazapos publicados de otros por muy notoria que sea la firma de éstos. En resumen la opinión pública existe pero los periódicos clásicos, los de la prensa escrita, siguen apostando por unos nombres de plantilla fija. Concurren dos fenómenos el de redactores a perpetuidad pagados por sus opiniones e informaciones y el de lectores a perpetuidad que compran los soportes para leerlas o seguirlas. Es posible que a unos ya les vaya bien esos contratados perpetuos y a los otros la posición lectoral-formativa y solo a los menos nos preocupe insistir en un entrecruzamiento de ambos para dar con un tercero: el del lector escritor del que poder gozar el nuevo estilo que tenga a bien proponer o el dato que ha pasado por alto a los más veteranos.

El oficio de escribir no es tan fácil por mucho que atrape al oficiante. Cada sílaba es una gota destilada que no siempre completa la botella. Pero la actitud de leer tampoco es tan fácil por mucho que atrape al lector, dejándose llevar por el proceso mental que propone un texto. Pensar es compensar y escribir es una forma de hacerlo poniéndose en el lugar de la lectura. Si todo lo que pretende la autoría de un texto es llenar un espacio físico dado, una página de semanario con recuadro para la foto o el dibujo incluido, con ideas más o menos ocurrentes es posible que el primer perjudicado sea el autor al saberse limitado y el segundo la propia literatura, incluida la periodística, al quedar cercada en un perímetro de mercado. La lectura en marcha no puede olvidar que lo que está leyendo está condicionado por las coordenadas tempo-espaciales a las que se rinde un redactor contratado. Mientras lee puede ocurrírsele una forma paralela de tratar el mismo tema y proponer una extensión del texto, una complementación a parte de una corrección de detalles y un aporte a sus insuficiencias. En definitiva el lector completa al escritor. Si eso es así, el lector debería tener un espacio más extenso que el  par de páginas escasas para sus opiniones cuya invitación para que sean dadas suele ser hecha pero que el periodo siempre se reserva la potestad de publicarlas o recortarlas por sus misteriosas razones técnicas.

Generalmente se pide y se esperan opiniones sobre la noticia prepublicaa o que tengan relación con la actualidad. El público es un gran coyunturalita, consumidor de momentos, pegado a las escenas de rabiosa actualidad cuanto más recalcitrantes y espectaculares mejor. Los periódicos han ido sufriendo una deriva desde sus posiciones iníciales de órganos de información veraz, al menos como principio e intención, a plataformas divulgativas de casuística, enredos, peleas, accidentes y dramas. La paz no vende ejemplares, los conflictos sí. Un mismo periódico puede estar publicando un artículo que lo honra denunciando la prostitución obligada o trata de esclavas como El País ha publicado recientemente y al mismo tiempo y en el mismo número publicar u tipo de anuncios de servicios sexuales que alimentan  los negocios de los proxenetas esclavistas. Desde el momento en que el periodismo es negocio e incide en una determinada línea de valoración hipoteca en parte la libertad expresiva de sus redactores.  No todo es tan monolítico y un mismo ejemplar puede ser plataforma de una pluralidad e incluso de una controversia pero en tanto que la política editorial se debe a un clientelismo la libertad de palabra es más que relativa.

El trabajo más duro del periodismo es el de presentar a diario el último titular, la última referencia que salpica la realidad para que todoas, lectores, escritores, observadores, analistas, echemos la dentellada y sigamos retroalimentado la fábula de que esto de estar al día significa tener cultura. Debe ser tan aburrido ir a cubrir con la pera o la cámara o el micro del móvil lo que dice el último tarambana del último affaire como tener que ir a soportar una carrera de motos o de galgos cuando no te gusta ni lo uno ni lo otro para poder entregar la reseña antes del cierre de redacción. Los comentaristas son los afortunados. Basta con leer lo que otros han publicado de las secciones de noticias para hacer un refrito y buscarles los tres pies al gato. El comentarista olvida que no entra dentro de los bastiones de lo reactivo frente a lo estimulario. ¿De qué vamos a hablar hoy? ¡As, sí! De Trillo, el impresentable, justificando lo injustificable y apoyado a un tal Navarro condenado judicialmente por darse prisas y o identificar la mitad de los cadáveres del vuelo militar estrellado en Turkia. Sí, alguien tiene que hacer este trabajo, recordar que hay gente del poder y que tiene la jeta de  presentarse en público para justificar las actuaciones no éticas. Pero la mayor investigación no es la noticia del momento, esto o lo es, si no la perpetuación de una misma clase de eventos. Gestores y ex gestores del poder que siguen mintiendo sin que nada, en este sistema dado, les pare los pies, es decir no se haga eco de lo que sale por sus bocas.



[1] Hasta aquí, fragmento enviado al semanario elPais Semanal.

El discurso ausente

De la presencialidad interrupta al discurso ausente. JesRICART

Un largo lamento desde la poesía y el romance recuerdan la partida, la pérdida de contacto, la idea o la persona lejana. La ausencia o presencia de alguien se refieren a sus formas físicas y a su contacto directo o a su falta. El discurso ausente se refiere a un fenómeno distinto que no tiene nada que ver con la escena formal, se refiere a la falta de contenido. El discurso ausente es el que no concurre a pesar de estarse hablando de otras cosas o de mantener un cierto estado comunicacional. Las cartas de un padre ausente venían a suplir su falta como figura  de proximidad y la no posibilidad de contacto directo por las distancias o las dificultades de planes para concretar convivencias o citas. Al iniciarlas no creí que un libro formado con  ellas supliera una relación pero sí que recogerían las emociones derivadas y lo que se vivía de lejos lo que no se podía vivir de cerca. Tampoco creí que un día llevaran a un cierto auto encierro sucumbiendo a los límites impuestos por la forma dominante que configuraba un no decir y continuaran siendo escritas pero no ya para ser enviadas. Fue en una época en que optar por el callar no era tanto una opción como una determinación influida por una deñada explicita de destinatarios y compañías verbales. El silencio no suele ser impuesto en modelos culturales progresistas o al menos no lo es como tal. En su lugar se suele pedir unas determinadas formas de habla tan encorsetadas y tan faltas de contenido que es mejor optar por callar. Escribir y no enviar un texto a la persona por el que ha sido escrita cumple –dentro de las producciones gramaticales- una función escénica que el pensamiento reprimido no ‘permite. Pensar lleva implícito el repensar lo que se puede decir de lo pesado. En todo discurso verbal existe algo de lo pensado que queda en la subvocalidad por estimar su inconveniencia o su impacto lesivo tanto como por temer a  su rebote. Los vericuetos comunicativos están llenos de subterfugios con los que se trata de decir cosas sin que sean dichas del todo, dejando una parte a los equívocos o jugando con las palabras para crear sensaciones distintos a lo largo de lo que se va diciendo o tratando de decir. El correo a lo largo de muchos años, el de toda una vida o casi, da tiempo para tentar distintas situaciones, referir propuestas que o se hicieron, sugerir otras que no se harán, relatar anécdotas y juegos de la vida. El escritor de cartas pone por escrito lo que habitualmente piensa pero no lo dice en su totalidad por no ser lo adecuado para un momento presencial, Si además escribe cartas que decide no enviar  se encuentra con la salsa de su propia escena sabiendo que lo que piensa tiene veto. El veto más duro de todos es el que se impone uno a sí mismo. Las cartas censuradas que entraban o salían de las cárceles con los reos o iban y venían de países tras el telón de acero no eran más graves -en términos psicológicos- en comparación a la autocensura estricta que una persona tiene que hacer para no herir la sensibilidad de alguien muy querido como es su propio hijo. El otro como destinatario confidencial puede cumplir la función de excitar una intencionalidad confidencial pero  también la de frenar la entrega de la confidencia. Se podría teorizar que cualquier otra forma existente (inerte o activa, vegetal o animal, en movimiento o quieta) comparte del parámetro estimulario que excita la reflexión pero también forma parte del parámetro disuasorio para no sincerársela. Desde que existe la sensibilidad los poetas han hecho de los parajes, los colores y las olas pretextos con los que hacer de sus sentimientos expeditos propuestas de recreación. Nada de todo eso se ha enterado del estar y del sentir de quienes han escrito sobre ello. Los humanos serian los únicos receptores de la naturaleza para interesarse en la misma igualdad de registro intelectual lo que dicen sus congéneres. Hablamos porque suponemos que nos entendemos, un humano habla a otro esperando que le entienda. Los discursos se levantan y pivotan en torno a este supuesto cuya confirmación no está tan demostrada como nos gustaría. Pero el discurso no solo se compone de declaraciones intencionales y de esfuerzos verbales para la transmisión de mensajes precisos, también queda expuesto desde el silencio, la evasión la elusión y la no correspondencia. El discurso no corresponsivo es su ausencia, por tanto la pérdida de fuerza de las hipótesis que sostengan la continuidad, el encuentro o la entente.

El concepto de discurso más generalizado es el del sostenimiento de opiniones expresadas con palabras, hay quien lo reduce a una exposición verbal, sea la que sea o una charla. Hablar no significa siempre estar diciendo algo o saber lo que se dice, con lo cual el discurso no queda garantizado por el solo hecho de hablar. La necesidad psicológica de tener por referente estable la palabra es tan alta que los sonidos verbales así como las grafías tienen que convertirse en eso: articulaciones fónicas o icónicas con carga de sentido. Un sonido sin significado no es considerado como una palabra[1] y al revés raramente es admitido ese sonido que no tiene designada una palabra que lo haga compresible. La mayor cantidad de encuentros verbales son los dedicados al intercambio de información y descripción de noticias y situaciones. Dentro del intercambio de información también está el de la transmisión de lo que se siente y de lo que se piensa. Los sentimientos suelen ser domesticados por las formas de pensar para decirlos, cuando se atreven con el lujo libertario de expresarse tal cual son severamente castigados hasta el punto de que se puede producir y de hecho se produce una interrupción del discurso para siempre si el interlocutor receptivo no se siente cómodo con ese sentir expresado. Esa consecuencia tiene tanta amplitud que todo el proceso anterior de intercambio de otras informaciones, incluidos otros sentimientos, puede quedar completamente congelado. Los discursos y su intercambio forman parte de los procesos de existencialidad y sigue en su continuidad aunque los interlocutores vayan variándolo- Lo   que más importa de un discurso válido es su continuidad y no tanto la presunción de fiabilidad del depositario transicional. En cierta medida todos los interlocutores somos limitados y no estamos dispuestos a aguantarlo todo de los demás, somos, en consecuencia, transicionales. La discusión es los motivos por los cuales se renuncia a un discurso ajeno si por su falsación o por su inconveniencia. En el mudo cotidiano, el de las ordinarieces, los ciudadanos iniciados y espabilados en el teatro de la mentira social, no están dispuestos a vivir sus vidas desde la transparencia. Renunciando a este criterio son capaces de aceptar toda clase de sumisiones siempre que un palio de cuidados ideológicos intensivos los proteja de los análisis y de sus resultados, las críticas. Tomar distancia de las fuentes de enunciado es una forma de sobrevivir en el engaño. El discurso continuará, tal vez cambie de manos porque los protagonistas que estaban construyendo una relación de cooperación y sinceridad mutua dejan de serlo para devenir antagonistas implícitos aunque no se hayan estrenado en ese nuevo rol. Si la relación con alguien muy querido no puede ser desde la sinceridad total ¿hay algo tan poderoso que la pueda reactivar para participar sólo de efemérides superficiosas?

“Cuanto más horripilante resulta el mundo más abstracto es el arte, un mundo en paz da un arte realista” dijo Paul Klee. No creo que su tesis quedara en forma hecho o que un arte más realista se haya correspondido con el mundo desarrollado después de él. Como presunción estuvo bien, como facticidad segura, no. Algo parecido se puede decir en cuanto al discurso posible en relación a los interlocutores presentes. Cuanta más blindada sea la interlocución más complejo y conceptual se hace el lenguaje y para que haya un lenguaje absolutamente transparente y directo sería necesario un mundo transparente con habitantes sinceros y sin temor. Puesto que el mundo habitado pierde puntos en el campo de lo concreto sincero. El lenguaje resultante tiende a ser encriptado y distante. Por supuesto, en el lugar de los discursos activos basados en la maximización de la transparencia mutua cabe el de las carantoñas mutuas, se sientan o no. La técnica es sencilla: basta sonreír mucho y decir una cierta cantidad de piropos al otro por minuto. Lo de menos es sentirlos, forma parte de las técnicas seductivas.  Pero este no es el tema, el tema es el discurso basado en la sinceridad si es posible o no. El precio de un discurso crítico es la interrupción del contacto, por tanto la desaparición del mismo hecho físico de la interlocución. No deja de ser un modo de poner un fin a un proceso que no haya terminado pero que desaloja un tiempo  para otros que sigan abiertos. El hecho de que se interrumpa una presencialidad o una relación comunicativa y eso genere una ausencia del discurso personalizado tampoco significa la liquidación del discurso mismo. El texto prosigue en otros espacios de contacto, desde otras miradas y panorámicas aunque nada pueda substituir la perdida  de la persona querida con la que quedo congelado el discurso mantenido.

No poder hablar de unos temas con las personas que los desencadenaron tampoco significa tenerlos que silenciar, el texto busca donde ser dicho y la extroversión busca la diana de recibo que pueda entenderla.



[1] Laura M.Mirón Conciencia sin Fronteras num 5  1998

 

La literatura dentro del arte.

La literatura dentro del proceso artístico. JesRICART

Arte y literatura es una conjunción equivocada o cuando menos equívoca que se ha empleado y sigue empleando para enunciar dos universos diferenciados que a veces incluso se contraponen cuando son referidos como arte o literatura. Si arte es todo aquello que toma distancia de la realidad para reflexionarla desde la estética y la recreación desde la alegoría y la imaginación, la literatura también hace eso, por consiguiente el universo de lo literario es un subconjunto incluido dentro del gran conjunto de lo artístico. Las conjunciones y las disyunciones en la forma de juntar físicamente palabras son responsables de significaciones completamente distintas. La copulativa y que en principio parece que viene a sumar tiene una carga temporizada de mecanismo retardado que genera confusión haciendo de separadora. A la hora de escribir y hablar la práctica totalidad de hablantes no son/mos cuidadosos permanentemente con todas y cada una de las expresiones empleados y sin advertirlo -o  incluso advirtiéndolo poco- caemos en mimetismos y en formulas verbales prestadas que ayudan a la confusión colectiva.  Somos animales de costumbres, demasiado. La evolución (intelectual, cultural, social) es el resultado de una ecuación no tan compleja e laque interviene el factor de innovación y el de dominio de los que se hace en la otra parte de la misma. Cuanto más mimético y reproductor sea el ser humano menos crítico y autocrítico es y por tanto más se deja llevar por la corriente de las similitudes contribuyendo como un peso muerto a la inmovilidad de las cosas.

La literatura es una aportación crucial a la historia del lenguaje, Muchas expresiones hechas y nuevos vocablos han sido mencionadas por primera vez desde sus plataformas. Algo que pasa a ser del dominio público y de uso generalizado se le ocurrió a alguien por primera vez. El resultado de su contribución queda aunque el nombre de la autoría se olvide o incluso no se sepa. La literatura, o más exactamente, el autor de letras, no siempre es consciente de su papel en cuanto a poder de impacto en un escenario cultural. El tiempo lo dirá, evaluaciones posteriores lo podrán o lo reconocerán en su lugar. Eso no es lo más importante. Lo que lleva a escribir es lo vocacional, si el objetivo es de empresa como una empresa en la que invertir es posible que haya una colisión entre el sentido artístico de lo literario y el libro como producto.  Posiblemente los autores de letras así como los autores de otras expresiones artísticas se pasen la vida buscando una perfección que nunca conseguirán. Javier Cercas[1] titula uno de sus artículos con un arriesgado título para preguntarse sobre el mejor artículo que ha escrito para concluir que es el que no ha escrito precisamete por eso por no haberlo escrito. Se puede transpolar a cualquier otro elemento de creatividad. Incluso cuando el balance de una vida artística ha llegado a su fin para la posición de autor/creador lo mejor está siempre por hacer y de todo lo hecho ponerse a comparar cada unidad, cada parte, es más propio del observador objetivo especializado en arte que del  creador subjetivo especializado en su obra carente de otros referentes objetivos para las comparaciones a las que tampoco tiene porque prestarse. La vida es proceso y el arte también lo es como no puede ser de otro modo. Una propuesta literaria puede seguir un itinerario de proyecciones a otros campos: la escena teatral, la danza, la ópera, la puntura en el cuadro, el salto a otro género escrito. Se hace difícil entender la compartimentación de cada sector artístico como si fuera el único legítimamente representativo de todo el arte.

Está por averiguar hasta donde alcanzan los litigios antiartísticos y las adaptaciones de cada iniciativa a otros sectores. No siempre los autores de libros reconocen que su salto a las pantallas o a la escena plástica recoja lo esencial del texto escrito.

El acercamiento a la literatura desde posiciones pretendidamente creativas parece en principio más accesible que a otras artes que requieren técnicas de dominio soberbias. Es evidente por lo que hace a la voz operística  o al ballet. E cuanto al libro todo el mudo puede/podría escribir el suyo si lo pretendiera. La historia comercial de las ediciones (a no confundir con la historia de la literatura) ha catapultada a plumas noveles que apeas si habían tenido tiempo de terminar las lecturas de sus primeros libros descubiertos. Hay muchas razones que catapultan unos títulos y otros no. La fauna de autorías de lo escrito no para de crecer. Es lo natural, todo el mundo tiene cosas que decir, en particular cuando en su campo de intervención directo verbal no se siente reconocido o suficientemente escuchado.

S diferencia de otras obras artísticas, un libro aparentemente es igual a otro libro, lo ojeas y las páginas se parecen. No es hasta la entrada en la lectura que se puede diagnosticar si vale la pena continuar con ella. Hay otro tipo de propuestas mas directamente lanzada a la vista que pueden impactar o pasar del todo desapercibidas. Hay exposiciones de arte en galerías particulares que no necesitan más de un minuto en ser recorridas, otras que piden mucho más tiempo sin que haya variación en la cantidad de cuadros expuestos. La percepción es un veredicto implacable aunque pueda ser injusto. Hay cosas que entran por los ojos y otras que no te llegan por ninguna parte. Pero eso no es un motivo de desespero sino un detalle para reajustar las propuestas. Al fi y al cabo toda propuesta artística no es más que una unidad integrativa de una macropropuesta dispuesta a recibir más pinceladas en su camino a la genialidad.



[1] “El mejor artículo que he escrito.”El país semanal 3 de mayo de 2009

Los nombres citados

Los nombres  citados.  JesRICART

Antes si necesitabas datos  bibliográficos acudias a una enciclopedia de autores, si lo que precisabas era el significado de una palabfra acudias al diccionario, si lo que te hacia falta era una referencia histórica acudias ala enciclopedia correspondiente. Ahora, en una adicción a la butaca y a la pantalla sin precedentes, si necesitas algo vas al icono de acceso directo a un buscador y presentas tu consulta y  mucho por no decir todo lo que esté internautizado con respecto a lo que buscas se te ofrecerá en una extensa lista. Todo va camino de formar parte de las tramoyas, los archivos, los cortinajes del mundo digital. Todo significa todo. Ates si necesitabas localizar el paradero de alguien lo buscabas en los listines telefónicos ahora puedes conseguir su vida y milagros, hasta donde la haya filtrado, buscándolo por el mismo procedimiento. Todos acabaremos engullidos por la imparable capacidad almacenadora de la archivística internáutica. La previsión es que el caudal nominalístico de internet superará el número de habitantes del planeta. Es cuestión de tiempo. Lo superará porque además de los individuos humanos vivos van a ser referidos los no vivos, los que nos precedieron a lo largo del proceso histórico. Los internautas presentan al mundo o a sus redes a  sus hijos recién nacidos con foto, balbuceo y nombre. Los neonatos de ahora serán famosos hacia sus pubertades y recibirán premios honoríficos antes de cumplir los 30.Esa popularización de todoas contrarrestará el boom de la celebrity galery o la llevará a evolucionar a cuotas de humildad.  Los periódicos ya no podrán camelar a nadie con titulares subrayados totalmente insubstanciosos de los dixit de tales o cuales famosos. Posiblemente lo mejor este en las junglas anónimas de la eclosión de otras informaciones, otras visiones, otras opiniones, otras teorías dentro de un flujo de trasculturalidad que antes no había salido con suficiente fuerza de la latencia. Ese proceso de propuestas artísticas y discursivas que tiende a maximizarse, en el que todo el mundo está convocado a presentarse en el gran foro democrático, mientras no sea destruido como ya se hizo con la biblioteca de Alejandría y otros feudos del saber, está creciendo más rápido que la capacidad de interpretación de lo que está ocurriendo. Uno de sus efectos es la citación de los nombres, no ya la de los nombres de autores o nombres publicados, sino las de los nombres que vienen a colación con infos, descripciones y discusiones.

Hay personas que se sienten incómodas con sus nombres publicados, incluso cuando lo son sin ser cuestionados, simplemente vinculados a un hecho. Para mi sorpresa, al  contextualizar una información citando nombres relacionados con ella  he observado una indisposición, incluso una reclamación exigiendo que las personas de esos nombres sean consultadas antes de ser citadas. Bueno, forman parte de los contextos, todos formamos parte de ellos, es decir todos formamos parte de todos. Si nos venimos atreviendo desde siempre citar a nombres públicos de personalidades a las que no llamamos para preguntarles si les parece bien o no vamos a las tumbas de autores muertos para preguntarles la misma cuestión o importunamos a autores vivos para hacer otro tanto, ¿por qué –pregunto- hay que hacerlo con el resto de los mortales? Bueno los individuos públicos ya juegan con esa posibilidad de ser citados. La gente que se dedica a su vida privada no. Vale, parece convincente, sin embargo o hay nadie que sea tan clandestino que o viva en una parte u otra en interacción con los demás, por tanto en un espacio público. Todoas formamos parte de decorados sociales, de ámbitos de relación, de escenarios. Inevitablemente si estos son referidos, estudiados, analizados aunque no queramos podemos formar parte de las alusiones. Si estamos en la foto de una panorámica sin que nos enteremos también lo podemos estar como referenciados en una anécdota.

 El pudor y el respeto exigen no contar según qué cosas de los demás pero eso es tanto en relación a los individuos de efemérides y espectáculos de masas, de política o de farándulas, como de cualquier otro. La literatura oral de la que se nutre internet y su espontaneidad generativa va a ir dando paso a las menciones de referencias nominales en la medida en que tengan que ver con contextos. Presumo que en el futuro en una misma página se compartirán nombres muy conocidos de los que se habla mucho con nombres absolutamente desconocidos de los que no se hable tanto o casi nada. Antes, desde las protuberancias académicas no se podía citar en igualdad de condiciones gráficas unos nombres con otros, me temo que la novelística práctica está superando los remilgos de una intelectualidad estrecha al respecto de este punto. Todos somos citables desde los más sabios a los más ignorantes, desde los más guapos a los más feos. Los parámetros estéticos de la selectividad de los encumbramientos están variando y las necesidades elaborativo-descriptivas pasan por potenciar la transparencia.

Los demás siempre son citados. En cada conversación de dos hay nombres de terceros que van desfilando para los que no se les consulta si les apetece o no serlo ni mucho menos si están de acuerdo en la interpretación que se haga de ellos. Si bien las conversaciones de dos que se nutren del tercero ausente suelen ser lastimosas la cultura práctica sigue discurriendo por esas formas. Llevar esas menciones a los artículos o a la disertación teórica no es más que una evolución lógica de las figuras de las que se vale una construcción comunicativa o su tentativa. Nadie puede negar su asociación a un contexto o a un hecho a cuyo protagonismo está vinculado si eso sucedió. Referirlo no es más que parte de los utensilios narrativo-descriptivos de una circunstancia dada. Las cosas se complican cuando el hecho deja en mal lugar a la persona que es su responsable. La denuncia es eso: personalizar a alguien de la comisión de un acto lesivo en contra de los intereses sociales o de un colectivo o de los derechos de otras personas. Sin denuncias concretas no hubiera habido un progreso en la calidad de las relaciones humanas trocando los roles de explotación y humillantes por roles respetuosos. Eso ha generado una invitación continua a la denuncia por malos tratos o crímenes. Una parte de la literatura critica en sociología y en ciencias políticas, no digamos en criminología, es el resultado de la aplicación de ese criterio. Eso ha levantado una cierta caza de brujas y ciertamente en la sociedad de querellantes se han imputado autorías de crímenes a personas que no tenían nada que ver pero ese es otro asunto. La mala ejecutabilidad de un criterio no invalida que siga prevaleciendo su necesidad. Cada vez que somos indebidamente atendidos por los servicios públicos, en la sanidad o en la burocracia, existe un protocolo de reclamación para subsanar el error. Cuantas más reclamaciones argumentadas y razonadas se hagan más perspectivas de mejora se consiguen. Es una forma concreta de crítica personalizada. Publicar el texto en un lugar de consulta colectivo (una web de denuncia ciudadana) no es más que ampliar el ámbito de información no dejándolo circunscrito a una fuente cerrada. Eso nos convierte a todoas en elementos objetivables por todos los demás. La denuncia es un caso particular de objetivización informativa. La mayoría de nombres citados son para ilustrar una referencia útil que sirva para la síntesis de una elaboración o texto trabajado. Los que lo son como denunciables es un caso particular que necesita una atención reflexiva mayor. En cuanto a la generalidad de referencias contextuales para explicar una historia hablar de testimonios circunstanciales o ligados a un fenómeno comentado o hay porque ir pidiendo permiso para cada cosa. Eso haría interminable, en realidad imposible, un trabajo concreto o seguiría manteniendo en la inconcreción determinados temas. Poner nombres de personas y de lugares, fechas y descriptores concretos circunstanciales hace de una información, una información más útil que si se deja en su vaguedad. El protocolo pide (pedía más bien) usar las iníciales de detenidos, presuntos criminales, y se podían publicar sus nombres completos cuando tenían una sentencia en firme. No hay nada que se oponga a citar a alguien como personaje secundario o de relleno en una referencia circunstancial como parte de la descripción si con ello queda mejor documentado de lo que se habla.

Se arrastra un lastre de inseguridad por lo que hace a las referencias nominales. Hay quien no quiere ser visto ni citado ni recordado en pintura. Vale.  Existe un pudor no siempre comprendido ni respetado. Pero esa actitud va en contra de la transparencia global.  Por lo que hace a citar a alguien o no desde una posición crítica no hay mucha diferencia con el nombre señalado o sin señalar si la persona en cuestión se ve pillada en el objeto de la crítica sin autodefensa posible.

Mientras la previsión de los nombres citados siga in crescendo las nuevas tecnologías informativas nos convierten a todos en objetos de mención y en sujetos observantes que mencionan a los demás. Si impera la ética y la deferencia en las citas no hay porque temer nada. La fiesta sigue.

LLuis Alegret Bioscas.Postpanegíric

Més enllà del Panegíric. JesRICART

Desprès ja d`un cert temps del traspàs d’en Lluis Alegret Bioscas amb qui tantes hores havíem passat junts en debats a l’ Ateneu  barcelonès i en lletres des de l’ escriptori de cadascú  trobo adient aquest  nou text en relació a ell, més enllà del panegíric i que vinguí a fer de presentació de les cartes que li vaig  enviar .  Vaig induir-lo, més que proposar-li,  a un correu de debat sobre la forma malgrat la seva poca disposició a escriure el que no foren articles o conferències. A favor d’ ell haig de dir que va contestar totes les lletres que li vaig enviar  a excepció de la darrera en la que jo les donava, unilateralment   per acabades atenent el poc que avançàvem en la nostra posada en comú d’ opinions. Era una experiència més que venia a confirmar que la comunicació no en té prou amb les paraules per avançar i que el llenguatge és un estri d’ aproximació comunicativa però que no l’ assegura gens ni mica. Parlant –contra la dita popular-  no s’ entén la gent, el que més pot fer es trobar punts de concomitància i localitzar les àrees de diferencia, també avaluar tímidament les tenebres en les que es mou tot plegat.  Des de la psicolingüística que es poden esbrinar les lleis restrictives de les conductes verbals i la seva manipulació per venir a justificar interessos de classe, casta o domini. Pels amants de la literatura i de la filosofia que es desplega i s’ estén des de plataformes d’ edició saber que l’ estri fonamental d’ expressió del que es val (el llenguatge) és un utillatge deficient no és una bona noticia. Es possible que dos o mes contrincants es posin d’ acord amb els termes que emprin i en cavi continuïn amb un desacord substancial. Això fa pensar que tradicionalment l’ ésser humà es dota de literatures magnes des les que regular la seva praxis social i continua ficat en un pantà existencial ple de malentesos, paranys, traïcions i incompliments de la cosa dita. Les formes reguladores de les que es dota un sistema social i que instrumenten cartes magnes han d’ avisar a alguna banda de la mateixa declaració documental que queda derogada tota disposició anterior (hauria de dir també que posterior) que s’ oposa a aquesta declaració. La vida intel·lectual té poc de jurisprudent i les seves prudències per evitar malentesos porta a vegades a callar massa per enfadar poc. El primer enemic de l’ intel·lectual es ell mateix quan prioritza les apariències a les essències i la contemporització a la confrontació.

L’ amabilitat i deferències  amb els que vaig conèixer a aquest company de lletres i pol.lèmiques amb qui la confiança sense arribar al grau d’ amistat sí va anar prou lluny com per esbrinar el seu patiment pel detallisme formal al que supeditava tot el demés, van ajudar a mantenir una temporada al contacte oral i per escrit fins que resultava evident que podia més el que es podia interpretar que el que ell podia interpretar. Amb el seu auxili em vaig reactualitzar en quant a les pors pel que diran més que el què del que es feia. Hi ha una antiga tradició molt catalana referent això. A altres latituds culturals el semblant és el deu de la forma que està pel damunt de qualsevol altre consideració. Mentre aquesta sigui la predominança els debats i les controvèrsies no avançaran tant encara que la producció de texts o para de créixer en una mena de cosificació (fossilització) del discurs sense arribar a l’ enteniment. L’ experiència d’ haver parlat una temporada llarga amb l’ Alegret i haver-lo escoltat dotzenes de vegades en l’ àmbit dels col·loquis i polèmiques a diverses aules i sales de conferències em va permetre inferir de la vora l’ esforç que havia de fer per donar les seves opinions en veu alta i els seus límits per traspassar les fronteres del pensament establertes pel llegat històric dels autors de referència. Pertanyia a un grup de professors que es creien selectes per portar les converses de filosofia a l’ horari extraescolar al que puntualment també s’ hi apropaven alguns dels seus alumnes o professorat d’ una altra generació. Va tenir el mèrit de ser el mentor i dinamitzador d’a quest grup per una colla d’ anys sense arribar-se a comprometre més enllà d’ una publicació anual de les seves ponències. La seva vida professional, dedicada a la didàctica de la filosofia no es va destacar com a pensador independent que brillés per compta pròpia. Possiblement representava una manera de fer i pensar les coses que porta a una jerarquia no sols dels conceptes, que ens toca acceptar, sinó a una jerarquia de les referències nominals, les dels autors reanomenats, que  tenen un lloc merescut a l’ Olimp de la memòria. Llàstima que aquets noms i referents històrics li castressin el propi critèrium d’ una elaboració pròpia. Compartia el símptoma generalitzat de no pocs docents de la filosofia, que ensenyen al que ha aprés dels autors clàssics als estudiants però no ensenyen perque ells mateixos no ho han aprés a pensar per compta i llum pròpia. La filosofia o serveix om estri per descobrir veritats, ensenyar-les i augmentar la felicitat personal enfront un món de paranys i enganys o és un material de vitrina per fardar que el tens.

Les seves lletres em van incitar a elaborar part del meu pensament en respostes més que llargues que tinc les meves dubtes que entengués en la seva totalitat. Aquesta sospita de dificultats subjectives amb conceptes que no li eren familiars ja ho havia endevinat quan em discutia frases d’ algun dels meus articles dels que no s`havia enterat del que estava dient quedant-se en l’ erroneïtat de les meves pròpies dificultats d’ expressió, les quals mai han estat un motiu per deixar d’ escriure, de la mateixa manera que tenir l’ accent català a l’ hora d`emprar el castellà no ho ha estat per continuar parlant també en aquesta segona llengua. Amb en Lluis Alegret i amb la resta de col·legues del club de filosofia que  va muntar des de l’ institut Joan Maragall de batxillerat del que era professor o catedràtic vaig aprendre durant varis curs seguits no  tant la seva apologia de la forma pel que feia a la i9mpecabilitat de la sintaxi i l’ ortografia com la por a altres formes gràfiques d`expressió. El criteri dominant era: o parles i uses els termes que jo o el nucli de correcció considera que son els empleables o no escrius. No sols això, tampoc parles. El fet de ser censurat tant en les meves propostes de texts escrits com en algunes propostes de conferencies de parla directe van convertir el company admirat del que havia aprés unes quantes coses en les pol.lèmiques en un  home de lletres decebedor en el seus criteris i en, paradoxalment, les seves formes.

 Em va saber greu haver-li endevinar-li la gestació  de la seva malaltia fatídica quan no estava assabentat  gens ni mica de cap diagnòstic. Hi ha una connexió entre pensament rígid  i malaltia somàtica. La ostra confrontació no es va reduir al camp de les diferencies no ja formals sinó conceptuals pel que feia al tractament del debat  que ell sempre supeditava al rictus academicista, també ho va ser la forma, però no sobre la seva forma, (en quant a la manera d`escriure) sinó a una hipocresia intel·lectual que passa per alt el codi ètic fonamental de seguir-se lligant a les proposicions de veritat con tal de que triomfi l`aparença. Ell confonia la idea de forma quedant-se en el mes aparent de la forma (més concretament la lingüística)  tot desvalorant la forma en totes les seves conseqüències. Parlàvem del mateix tema però des de registres tan diferents que no hi havia manera d`entendre’s. les cartes que li vaig enviar formen part de la col·lecció del dossier titulat Controvèrsia sobre la Forma en el qual ‘ hi ha d`altres envidades a altres persones, algunes també del mateix club de trobades. Em van ajudar per una recerca privada i en silenci, el de tractar aquest tema de tantes pelleringues  amb gent de postures molt formalistes o que feien de la forma una de les seves creuades intel·lectuals però que no deixaven de ser absolutament informals amb les coses que se'ls hi escapava de les mans. En aquell període vaig confirmar que quan més exigent és una persona en les formes dels altres, e el vestir, en el parlar, en l’ escriure, en el fer, menys autoobservant és de les pròpies i més s’ acostuma a creure’ s que són les millors quan no les úniques. En resum quan mes formalista es una persona en lo seu més informal és amb lo de les altres. La psicologia de la forma i l' introducció artística a la forma ensenyen que no hi ha res que no tingui una forma. La filosofia i la teologia es lliuren de l’ afer  d' altres disciplines que necessiten capturar imatges per parlar de coses. E el seu favor haig de dir que va correspondre formalment amb totes les seves respostes però la seva falta d’ interès per la creativitat  filosòfica em van induir a no guardar-la però sí a recollir les seves afirmacions centrals i critiques en vers a mi en la meva col·lecció d'entregues. Per molt que vaig intentar escollir-ne alguna com representativa del seu tarannà no la vaig trobar. Es van estendre en el temps i en els continguts que li vaig expressar quan estava lligat a aquell espai de trobada.  Possiblement des del principi vaig intuir la remota improbabilitat d’ arribar a un acord d’ algú tan afamat de la forma i de procediments d’ un classicisme pedagògic. Si sabia el desenllaç en una no-entente de tot  l’ intercanvi postal per email l’ únic que cal deduir sobre el meu sosteniment del seu correu va ser unes ganes d’ enxampar a una figura que es pensava quasi excel·lent en la forma una incapacitat per discutir les coses en elles mateixes. També es clar perque la controvèrsia com a mètode és un dels aprenentatges més formatius i efectius. D’ ell vaig aprendre unes quantes coses i per damunt de totes una paciència considerable. Recordo una vegada que a una de les conferències del dissabte al mati va arribar una persona assistent per primera vegada. Va arribar tard i venia amb cadira de rodes que no li entrava e el camerí de l’ascensor antic de l'Ateneu abans de fer la reforma. Era uan convidada d’ una altra companya, la Fina Alguersuari, que em va avisar que baixés ates per veure que es podia fer per ajudar a pujar la  convidada. Tan bon punt la vaig trobar embolicada amb una pallissa verbal en contra nostra per la falta d’ accessibilitat a l’ edifici (de la qual no érem responsables) vaig tocar el dos. L’ Alegret es va quedar allà aguantant-li la bronca amb una infinita parsimònia que jo no li vaig concedir. Va ser una lliçó d’ humanisme en la forma sense cap solució pràctica.

  Tradicionalment, qui es queda en el semblat s’ autojustificativa per no anar més enllà de les coses. No era l’ únic ni el darrer. En el futur els intel·lectuals encara es continuaran debatent sobre com parlar i com expressar-se els que tingui mig grau de poder, sigui a la seva aula, a la direcció d’ una revista o on parin avant posaran el com al què, mentre això passi el pensament il·lustrat seguirà endarrerint-se. No deixa de ser curiós que l’ imperi de les formes lingüístiques amaguin també una forma de pensar i així baixin la barrera per altres pensaments. Junt a l’ elogi de l’ home d’ empenta i la del docent dedicat a les lletres amb ve l’ imatge d’ una intel·lectual espantat davant les altres formes d’intel·lectualitat per les que no estava psicològicament preparat. Es una llàstima perque la principal víctima del formalisme –i ell ho va ser a dojo-  es el formalista que es nega avançar com explorador per altres terrenys no segurs. El segon gra problema del formalista -.i és el que més el deslegitima- es que ho es en la forma a la que defensa aferrissadament no a altres formes que ni tan sols contempla com dret a l’ expressió. Burxa dins un formalista i trobaràs un subjecte amb faltes d’ ètica considerables.

Pronóstico y autoría del desenlace

 

En la gama de vinculación del sujeto con el objeto, la evaluación de la responsabilidad de la parte actora en el acontecer de los sucesos es indispensable para un análisis compresivo del drama existencial. Es completamente distinta la actitud subjetiva que culpabiliza a lo ajeno de sus avatares, a la que admite su parte de causalidad en los eventos con los que se encuentra. Teóricamente es bastante aceptable reconocer la interrelacionabilidad subjetiva y la corresponsabilidad colectiva en la sociedad como macrofenómeno de todos. Pero esa premisa se hace añicos cuando se trata de dirimir culpas específicas para efectos concretos.

Los litigios y confrontaciones pasan por interpretaciones irreconciliables sobre la responsabilidad en los actos cometidos. Es eso lo que lleva ante los tribunales casi todo: desde un accidente automovilístico del  que quede algún accidentado para contarlo a una problemáticas por las lindes entre terrenos. Desde que el hombre saltó de su condición de habitante y usuario del planeta a ser posesionario de sus recursos las fuentes de conflictos intervecinales no han parado de crecer. Dado ese contexto co-existencial los pronósticos de futuro han de tener en cuenta los intereses materialistas que están detrás y durante las relaciones.

Una antigua objeción a hacer un pronóstico de un desenlace fatal es el de mal agorero. Nadie quiere oír hablar de un futuro oscuro y por eso la esperanza tiene tantos adeptos. La objeción se refuerza asegurando que quien hace una previsión de un desastre está pasando a formar parte del mismo, coadyuvándolo o, incluso, determinándolo. La pregunta es si el pronóstico es completamente independiente de la intervención actoral o esta puede alterarlo. Habrá que precisar la magnitud y proyección de esa actoralidad y la relación entre un comportamiento subjetivo con las circunstancias de las que se esté haciendo una previsión. Si el médico aconseja que a su paciente fumador deje de fumar o de lo contrario puede tener insuficiencia respiratoria y engendrar un temor es evidente que la autoría va a incidir en ese desenlace, evitándolo o permitiéndolo. Pero en ese ejemplo hay dos actores que hablan del tema, el enfermo y el profesional. Mientras para el uno el campo de predicción (sus pulmones, su propio cuerpo) está al alcance de su voluntad, para el otro no lo está. Su predicción es distante, incluso gélida y brutal: si se sigue cumpliendo la premia de intoxicar al cuerpo, el cuerpo enfermará.

La mayoría de pronósticos son del segundo tipo. La posición analista hace estimaciones de futuro de acuerdo con los elementos informativos de los que se dispone. Afectan a temas objetivos y distantes para los que como individuo asilado y limitado poco puede hacer salvo pronosticar. Un posible temor al análisis  que conduce a un diagnóstico es pensar que lo precipita pero eso es tanto como creer que las piedras lanzadas al aire caen al suelo porque alguien descubrió la ley de la gravedad. No se puede decir que todos los pronósticos sean inocentes en relación a aquello que pronostican pero tampoco que un pronóstico es un factor para determinar el futuro. Por consiguiente el pronosticador puede ser decisivo en el desenlace del pronóstico que hace si es tomado como una orden y afecta a su área de influencia directa.

Hay una relación interactiva y permanentemente dinámica entre condiciones subjetivas y condiciones objetivas, entre el poder subjetivo de intervención en la vida y la vida misma, pero esto no es decir nada si no se acotan los ámbitos de influencia. El pronóstico es algo que va desde la intuición más primaria  y el visionismo más extra perceptivo a la estimación científica  mejor elaborado con todos los datos  hasta el último de los que se pueda disponer. Es difícil convertir a visionarios o estudiosos en parte responsable de aquello que predicen pero no se puede descartar que siempre exista un efecto  colateral de incidencia entre el observador y lo observador, el científico y la cobaya. En la metodología de ciencia empírica para corregir los sesgos derivados de la intervención en lo observado el mismo fenómeno es estudiado por dos o más observadores para que los informes de sus observaciones sean cotejados y se pueda afirmar con mayor objetividad las conclusiones sobre la cosa estudiada.

No es tan distinto con lo que se hace en el campo de observación de lo personal. U n sujeto `puede predecir de si mismo algo que le acontecerá en el futuro como consecuencia lógica del proceso que se va a seguir dada la concurrencia de unos elementos predominantes. Esta conclusión puede ser confirmada por otro/s observador/es neutral/es que no tenga ninguna implicación directa o personal en el asunto.

La diferencia entre tener o no tener un pronóstico de futuro que afecta al ámbito de lo personal  del observador (del pronosticador) es que va a ver reducida su implicación.  Destacados visionarios anunciaron con mucha anticipación sucesos que ocurrieron. Es legendaria la referencia de quienes previeron el hundimiento del Titanic. Hay distintas clases de pronósticos: desde los más esotéricos como este a los más racionalistas. La crisis económica actual, también otras, estaba prevista y escrita pero sin embargo no fue prevenida ni ha sido evitada.  Esto  se puede transpolar a multitud de acontecimientos históricos. Parece que hay más propensión a olvidar esa conexión neutral y ajena del pre-visor con el acontecimiento que  prevé cuando el acontecimiento del que se trata pertenece a su ámbito personal. No debería ser pero se responsabiliza a quien anticipa un desenlace con su padrinazgo aunque no tenga nada que ver con lo que pase. Si sabes que el futuro de tu relación con una persona va a ir de mal en peor no porque no intentes recuperarla sino porque de la otra parte no hay señales de respuesta por mucha disposición que tengas a un pronóstico más favorable te estarás engañado, perderás tu tiempo y encima aumentará tu frustración.  

Valorar en su justa medida cuando el pronosticador se convierte en factor de determinación de lo pronosticado o solo ejerce el rol de testimoniarlo requiere análisis muy serenos y rigurosos para cada caso en concreto. Es cierto que algunos diagnósticos (la oncología arroja casuística denunciativa de ese fenómeno) pasan a  complicar el síntoma que diagnosticar. Es cierto que la persistencia de una convicción de un evento puede convertirse en un foco energético que emita alguna clase de influencia que condicione las circunstancias para que se cumpla ese evento. Pero no es menos cierto que muchos sucesos predecibles: tumores, accidentes, enfermedades, rupturas sentimentales, comunicaciones bloqueadas o engaños estén preinscritos desde el principio de procesos, aun los muy longevos, y sean pronosticables también desde ese principio sin que tenga responsabilidad alguna quien se encarga del pronóstico.

Infortunadamente no caen bien los pronósticos y se acusa a quien hace una previsión de un acto grave  con quien lo comete (es el caso de los que advierten sobre la radicalización del terrorismo internacional confundiéndolos en sus apologista o incluso en sus autores). No, la historia tiene sus episodios  previsiblemente hipotecados desde mucho antes de que se desarrollen.

En determinadas circunstancias duras de asfixia por presiones y por un bombardeo de factores limitantes contra los que no se puede hacer nada salvo comprenderlos,  la premonición es lo que salva al intérprete de malgastar su vida tras relaciones o propósitos no compensatorios. Para Anish  Kapoor, el pintor indio que sostiene que el color es una sustancia, un valor físico; dice que lo oscuro se relaciona con lo futuro. No lo culparemos ¿verdad? del nuevo oscurantismo de siglo que nos espera.

El lenguaje sms

 

El lenguaje sms es un fenómeno comunicativo que ha nacido de los más jóvenes que optan por sus contactos escritos por ser más baratos que los orales. Puede ser equiparado a un nuevo tipo de argot en el que predominan neologismos determinados por las abreviaturas. Lo importante es entenderse no la manera dirían los protagonistas de esa nueva gestualidad que consiste en ir andando por la calle o  estar sentado en alguna parte con el careto metido en la pantalla del celular  y con dedos de las dos manos apretando su teclado ajenos a todo cuánto pueda suceder en el entorno. Para los usuarios de este procedimiento, en edades púberes, se puede rastrear la consolidación de un lenguaje no ya sólo cargado de abreviaturas sino de palabras subalfabéticas con errores notorios y abreviadas lo cual las hace intraducibles para quien no esté entrenado en ese nuevo lenguaje de contacto. Tras algunos intercambios de mensajes con representates de este medio que deben estar entre los 11 y los 15 años me he dado por rendido. No tiene demasiado objeto corregir palabras mal escritas cuando parece que lo menos relevante en sus tentativas comunicativas es la comunicación en si misma sino la apariencia de hacerla.

Si el móvil se ha convertido en un aparato destacado de la actualidad y en uno de los iconos más característicos de ésta época, el móvil en manos de un púber o un adolescente es la prolongación de su otro yo con el que comunicarse, supuestamente, con el mundo entero desatendiendo los mensajes de la realidad más clásica y más cercana.

 

 

 

Estudio de la mirada

 

Para un estudio observacional de la mirada.

La mirada es un indicador de atención observacional. Observar la observación es fascinante. Al observar esa parte de la conducta manifiesta según la cual se infiere la intencionalidad se sabe del otro lo que el otro no dice por otros gestos. Lo estudia la etología y la psicología humana. La mirada no es de competencia exclusiva de las prerrogativas humanas. Forma parte de la vida natural y de todas las especies con ojos. La mirada de las mascotas es uno de sus atributos más apreciados. Con todo su repertorio de miradas  hablan distintos significados: esperan, piden, se lamentan, miman, comprenden (al menos lo parece).La mirada tan apreciada en los perros es difícil encontrarla en intensidad y constancia en las personas.

Mirar la mirada es extraordinariamente potente. Mirar la mirada consigue tomar  no pocas muestras de la no mirada. Distinguiremos la obtención de registros distintos entre mirar y ver. Ambas funciones son proporcionadas por los órganos de la visión. Estos son terminales de captación de los cromatismos y figuras panorámicas pero la visión no se limita a ser una función mecánica de órgano sino que se completa como resultante psíquica de los procesos mentales que computan los detalles adquiridos. Lo que el órgano proporciona como apuntes de una forma, el cerebro los completa como una forma entera. La mirada humana viene determinada por la dotación de sus órganos de visión perceptiva  que proporcionan un campo visual con una profundidad de alcance. Inevitablemente muchas cosas pasan por el campo visual, basta tener los ojos abiertos pero  no todas las cosas que pasa por ese campo son computadas con precisión. Aún peor muchas ni siquiera son recordadas un rato después. Es así que pasan los nombres de las placas en carretera de las ciudades que se atraviesa que no se recuerdan al minuto salvo las más importantes. Para recuperar sus nombres hay que acudir al mapa si los proporciona o al apunte gráfico. Es así que se ven muchas cosas, gentes, gestos para inmediatamente pasar a ser una amalgama de detalles.  Es paradójica la capacidad fisiológica para la mirada y la escasa rapidez de reflejos o la reducción atencional notoria. En ese mirar pero no ver residen no pocos problemas del ser humano y de sus relaciones. La inteligencia de una persona se mide por su capacidad de retención y de relación de los detalles que contempla. A mayor capacidad de detección y retención de detalles mas propiedades subjetivas para el análisis y para reducir la injusticia interpretativa. Si bien todos los animales con órganos de visión pueden mirar no todos saben ver lo que miran. Del animal humano empezó a sorprenderme su forma de ir por el mundo sin enterarse de los sucesos. Luego estudié la metodología observacional como disciplina en la facultad de psicología en la que demostraba que dos o más observadores, incluso entrenados, mirando lo mismo da cuenta de observaciones ligeramente diferentes. Eso que dio lugar a la psicología diferencial no solo demostraba que los objetos observados son distintos según la posición del observante sino algo más relevante que cada observante  hace observaciones diferentes según sus pre concepciones, entrenamiento, condiciones o apriorismos.

Durante mi descubrimiento del mundo, es decir del mundo de los demás ya advertí que el andante estándar se desplaza de un punto a otro con escasas dotes telescópicas llevando puestas una especie de orejeras de caballo para solo mirar enfrente y no distraerse con bifurcaciones, panoramas colaterales o interferencias ajenas. El andante urbano ha adquirido gran destreza en moverse en medio de las multitudes sorteando a cientos de personas por día sin tropezarse con ninguno y también, lo que es más extraordinario, sin ver a nadie. Es así que o se recuerda caras, a lo más algunos gestos o vestidos. Aunque la vida urbana es un espectáculo continuo ponerse a mirar fijamente a alguien esta mal visto. Si por azar dos miradas se cruzan ambas tienden a apartarse. Vengo practicado la mirada observacional desde siempre. Eso me hizo llegar a una conclusión terrible: la gente no quiere ver. Sale a la calle para no ver, salvo lo indispensable para no tropezar con un árbol o caerse por una alcantarilla. Ha decidido que lo menos importante de una calle poblada son los demás. Se detiene ante escaparates a los que dedica minutos o se pasa un buen rato ante un mapa del suburbano si atreverse a preguntar o aparta la mirada de su guía de turismo. El otro desconocido lo trata como nadie. Eso se explica por inhibiciones resultado de fetiches culturales (“no hables con ningún desconocido”, una orden, mala, sin duda, para niños, que retumba en la caja craneal del adulto) pero también por algo peor: la saturación del otro, sea quien sea, de cualquier otro, no importa su color, su cultura o su idioma.

Observación mientras escribo este texto en una cafetería-restaurant marroquí en la costa atlántica. Llega una furgo  de turistas extranjeros dando un tour por la zona. Entran en  tropel al salón. No dicen nada a nadie. Piden cocacolas o refrescos (es media mañana y la temperatura es baja). Los observo detenidamente y por repetido a varios de ellos. Ninguna mirada se fija en mí. No me ven. No existo. Mejor lo digo en plural: no nos ven, no existimos, tampoco miran los detalles del entorno salvo los refrescos que piden. No se trata de ninguna prepotencia de los hijos colonialistas. Es una forma de ser: visitar el mundo sin querer tratarlo solo para reproducir formas conductuales que hacen en la demarcación de sus barrios antes de tomar el avión. El estudio de la mirada del turista da para  varios volúmenes por ella sola. Las miradas son distintas según los tipos psicológicos de personalidad. La mirada fija suele ser interpretada en una mayoría de sitios como una mirada provocativa. La insistencia incluso puede ser tomada como un despecho o una agresividad. Basta llegar a un sitio y ser rodeado por gente que te mire sin decir nada esperando un regalo o simplemente examinando los detalles del recién llegado (experiencia que tantas veces se repite en el África negra) para que este se sienta incómodo. Esa incomodación tiene que ver con un sentimiento de desnudez. La observación de cualquiera, la sola observación atenta, proporciona muchos más elementos de su personalidad de lo que se cree en un principio. Su sospecha es lo que le inquieta. Un observador neutral atento puede saber mucho de alguien por su forma de andar y por su esquema corporal además de por su forma de vestir.

Puede argüirse que la mirada glauca, (mirar sin ver como si las pupilas estuvieran fuera de órbita) viene determinada por la saturación de los parámetros estimulares. No se puede fijar la mirada en detalle de todo lo que se ve y se opta por el campo de visión genérica sin posarla en nada en particular (salvo los escaparates y los artículos de venta). Solo que excepcionalmente dos miradas que se cruzan se posan la una en la otra por un rato sostenido para pasar a otros gestos con los labios, la nariz, el conjunto facial o las manos. La conducta humana no es más que la expresión de un sistema nervioso que la lleva. Su capacidad observacional remite al algoritmo operacional de su psique en la que interviene la fisioneurología pero también la ideología. Si la gente viaja y se mueve por el mundo pero sin embargo no mira para ver sino que mira para no tropezarse y poder decir que estuvo en tal o cual lugar es porque hay un conjunto de valores  (o anti valores) detrás  que la determinan en esa perspectiva. Desde el momento en que el sistema `perceptivo humano es mediocre (el estudio de la escucha de los sonidos y de los significantes así como de los otros sentidos, en especial los del paladar,  olfato y el tacto, también pueden arrojar conclusiones de apoyo a lo que pasa con la mirada, con el tocar y no sentir, el comer pero no degustar, el oler pero no distinguir). En esa mirada distante y despersonalizada hay algo del sentido de autoprotección o autodefensa innata. No ver realmente a nadie para que no se sienta invitado a lo que no se le quiere invitar, no ver realmente las situaciones para no asumir con plena consciencia su realidad intrínseca.

En el no ver se le corresponde también la ausencia de interpretación. El ver se corresponde con el detallismo: la percepción del os colores, de las formas, de las presencias. Si bien proporciona fundamentalmente colecciones de semblantes y de panoramas, su compendio es importante para examinar mas detalles. La facultad del oído tampoco garantiza la escucha exacta como la de la lectura la comprensión total de lo leído. El debate tras la lectura de un libro o de un texto, incluso corto, pone  de relieve la atención prestada. En el fórum de una película otro tanto sobre lo visto. En el paseo por una calle emblemática o principal de una ciudad también la experiencia que se ha obtenido y así sucesivamente.

Un mundo repersonalizado, donde la gente se tuviera en cuenta como personas posibles y ejercitara de tales habría mas dedicación atencional perceptiva, mas baños mutuos de imagen sin pasar por las calles y por la vida por encima de todo o queriendo mezclarse con los detalles ajenos, en sus formas y en sus propias miradas.

Cuando se pasa al habla, la forma de mirarse o no a los ojos, o si se desvía la mirada a los labios o a otros puntos, ya es un poderoso indicador de lo que se puede esperar del otro. En alguna ocasión he renunciado a seguir hablando con una persona porque distrae su mirada en otros puntos externos sin fijarla en la mia o se dejaba interrumpir por estímulos continuos. No es que alguien con la mirada fija sea garantía de una total atención pero suele serlo más que quien la tiene constantemente desviada. Si además es huidiza es que tiene bastante a esconder.

En el (auto)inventario de incompletudes del sujeto humano el de no ver y observar atentamente sus entornos y a los demás lo coloca en una posición indiferente ante su mundo y su época donde lo prioritario pasa por la consolidación de su egoísmo y de su interés. En paralelo y contradictoriamente puede hacer muchas conductas supuestas de interés humano (visitar museos o visitar memorándums o recorrer miles de kms sin detenerse en los detalles ajenos). Recomendaría un rescate de la mirada para ver y no solo para no tropezar con el otro, sino para tenerlo en cuenta como fuente de experiencia y de enunciados, por tanto de mirada atencional y de escucha, pero está muy claro que esa recomendación llega tarde en una especie animal en la que hace del autismo su mayor sentido de la autodefensa.

La criticabilidad del crítico

 

La condición de criticabilidad la tiene todo viviente que no se libra de la metáfora o del escarnio según le toque y del análisis denunciativo de sus incoherencias y gapazos. El crítico en relación a lo criticado y al agente portador de la conducta criticada no hace más que adelantarse a lo que éste hará en relación a aquel si tiene la oportunidad. De hecho todo crítico por su condición de actuante incurre en actuaciones objetables y, a la que se descuide, muy reprobables. No es cuestión de andarse con susceptibilidades por decirnos los unos a los otros  las fallas e inconsistencias aunque es cierto que hay medidas profilácticas para tampoco hacernos demasiado caso. Hay que filtrar muy fino para encontrar las pepitas de oro. Sé de escritores que no leen nunca las críticas de sus nuevas publicaciones, directores de teatro que viven de espaldas a lo que dicen de ellos, articulistas que prescinden de los comentarios formalistas que generan sus artículos y creadores en general que prescinden lo que dicen de ellos para no dejarse afectar. Se diría que los discursos coexisten sin tener porque congeniar. Cada uno va a lo suyo y se reconoce en lo que es pero no se interesa en detalle por lo que hace. La excepción a eso es la de la figura del crítico que estudia lo que objeta, lee lo que critica o acude al espectáculo que luego evalúa. Se sigue diciendo después de los estrenos aquello tan socorrido de “éxito de crítica y de público”. Está conectado. No está de más leer el comentario crítico (no confundir con los reclamos publicitarios) de una nueva performance antes de arriesgarse a desplazarse hasta ella para perder el tiempo. El crítico es alguien que habrá ido antes y dará sus opiniones. No deja de ser un informador. Si es un crítico independiente su análisis no tiene porque coincidir ni favorecer con la compañía, con la sala de distribución, con la claca o con los actores. Si es acertado puede resultar desagradable pero inexpugnable en lo que diga. Antes sospechaba que el crítico de teatro o de cine era alguien que se agazapaba en la última fila en el sitio más discreto para tomar sus notas para no perderse detalle. Luego aprendí que cualquiera que se interese por la calidad de los consumos evoluciona a crítico si antes no ha muerto en el intento de empachos indigestos de productos adulterados, tanto los que se introducen por la boca como cualesquiera otros asumidos por el sistema perceptivo.

El crítico lleva delantera. Su forma de captar, ver y gozar un espectáculo, una conferencia, una lectura es ya desde una posición analítica. Su modo de percibir es dual: de un lado hace de espectador y otra de observador, No se le pasan por alto algunos detalles y además de impregnarse de imágenes, escruta mensajes, se detiene en detalles, inventaría despistes y vacios o subraya lecciones y gestos magistrales. Luego, ante su ordenador, le saldrá a chorro lo que podía haber dicho de viva voz, si tras el foro, la película o lo que fuera se hubiera dado esa posibilidad. Como lo tiene por la mano presentará su análisis, lo  enviará el mismo día o lo publicará  en cuanto pueda y luego pasará a otra cosa. El crítico es el tipo que mete el dedo en la llaga o en  el recto para saber el estado de la cuestión. A fuerza de entreno enseguida descubrirá si está ante una obra de arte o algo que quiere parecérsele.

La crítica artística cumple una función indirecta: mantener el nivel de intelectualidad alto y lúcido ya que lo que es permitido hacer en arte hasta la demolición si es necesario no es permitido hacerlo en política. (glosa marginal: los políticos vocacionales deberían ser enviados una temporada al inicio de sus carreras a sesiones duras de psicodrama, teatro amateur, lecciones de oratoria y confesionarios de sinceridad para tener una buena dote con la que enfrentar sus carreras con más éxito). En política basta la menor crítica para que la gente abandone el foro con la típica reacción infantil de no aceptar que el otro –que por supuesto es criticable- se tome la arrogancia de criticarte. Véase el boicot de 9 paises (Usa y algunos de la UE sobre todo) a Ahmadineyad y de paso a toda la cumbre internacional sobre racismo por acusar a Israel de racista (la prensa se ha hecho eco de ello diciendo que ha sido por insultar a Israel). El premier iraní no puede presentarnos un país que sea el país terrenal y desde luego tiene mucho retraso histórico por lo que hace a las garantías de los derechos humanos pero eso no impide  su derecho a la crítica. BanKi-moon, el secretario general de la ONU, lamentó esa reacción pero no fue más allá haciendo su propia crítica al abandono. Por cierto “lamentar” es uno de los verbos diplomáticos más en alza.

El problema del crítico es que puede decir la verdad. Eso asusta tanto que la diplomacia e bloque se ha convertido en un nuevo espectáculo para dar vidilla a la mediática y no resolver nada. todos los estados tienen cosas que esconder, por eso forman parte de la complicidad común en no decirse las verdades para no perder los favores. Si alguno lo hace puntualmente es que se equivoca y es inmediatamente proscrito por el resto de la comunidad de juego, se le echa del club por no respetar las normas de juego. Con el crítico que funciona de francotirador se hace lo mismo, se le aísla o se le ignora. En particular si no representa una posición de fuerza y no es miembro de un grupo que lo avale. Lo que menos importa, como suele suceder siempre es el qué, y lo que más, el cómo, el momento, el poder de divulgación, el impacto de resonancia.  El crítico más experto y ético no por eso deja de ser criticable, pero la criticabilidad del crítico no lo anula como tal. Eso es lo que está olvidando la industria de la información y de la imagen. Por su parte el crítico pillado in fraganti en su propia salsa de errores (nadie es tan inmaculado como para no tener sus propios déficits y agujeros) si no está preparado puede autoexcluirse por no poder soportar la presión. Todo seria mas sencillo si nos aceptáramos en la volubilidad humana y hubiera una disposición constructiva al aprendizaje mutua y a la superación colectiva de los traumas humanos.

En la libreta de los versos

 

Un poemario de viajes no es otra cosa que la recopilación de textos versados motivados por experiencias interactivas por un recorrido geográfico. No habría otra diferencia con cualquier otro texto de poesía desde la quietud de un puesto de escritura. Un poema es un fijador de memoria que hace de radiografía de una emoción en un  momento dado en cualquier contexto atravesado. Su facilidad orgánica permite ser escrito en cualquier parte e incluso en cualquier momento. He llegado a utilizar el reverso de billetes de metro para escribir una ocurrencia o el dorso de un recibo o incluso una servilleta de papel esponjoso en un bar. Cualquier cosa sirve para atrapar a la musa que te ronda cuando quiere. Lo habitual cuando viajo es llevar un cuaderno o una libreta donde meter textos de pretensión poética, que si bien no logran siempre serlo sí cumplen con la función de un recuerdo vivencial. Muchos poemas son instantáneas  de momentos cruzados de los que se puede desdibujar el ambiente físico pero no la emoción que los engendró.

Los textos de In-quietudes han sido reunidos a lo largo de distintos años y de la suma de un cierto número de lugares.  Están reunidos bajo un título deliberadamente equívoco. La inquietud se refiere a lo no quieto, en este caso al sujeto móvil que va de una parte a otra mirando lo que no le es dado al sedentario; y también a las motivaciones para pensar. El sujeto inquieto es el que no permanece impasible ante las cosas de su mundo.

Dentro de los atuendos indispensables del viajero  que tiene curiosidad por las cosas, no podía faltar la libreta donde caligrafiar estrofas sin más lucro que su relectura inmediata.

Me he encontrado una y otra vez a lo largo de mi vida en  folios a menudo y   en la libreta de los versos  con intención de convertirla en libro. Ahora que me atrevo en tal envergadura caigo en la cuenta de que los textos reunidos abarcan una década entera y fragmentos de otras dos. Tiempo suficiente para dar por cerrado este poemario aunque no el poema del viaje en sí que es lo que quintaesencio en la vida. Viajar no significa solo moverse de una ciudad a otra. Es también la evolución del pensamiento. Vivir es viajar por las reflexiones y por las ideas. El viaje poético es un atributo de la mirada esencial y no un producto de geografías. El poema de no importa que latitud exótica no es mejor por haber sido concebido en ella que el poema hecho en casa. En todo caso la poesía es una de las pocas cosas que acompaña al viajero cuando no tiene nadie a quien expresar su sentirse dice[1]  de Dámaso-Alonso[2]  que solo la poesía podía saciar su sed existencial. La poesía es quizás tanto más hipervalorada cuanto menos opciones artísticas y culturales alternativas se encuentren pero lo que es seguro es que una existencia sin ella resulta más atávica y difícil de gozar. La instancia poética permite el control de la realidad cuyo atributo principal es el de la imperfección e insuficiencia. El poeta se hace viajero del imaginario, marchando más allá de los límites sociales y políticos establecidos. Y el viajero se hace poeta cuando no hay nada en parte alguna que lo pueda colmar si no es con la reinvención del mundo desde sus palabras. En una época ultra-tecno como la actual hablar de poesía  parece que es estar fuera de onda y escribirla resulta sospechoso. Desde la entrada al mundo de la triple dobleuve  con Bervers-Lee[3] se diría que lo poético está fuera de lugar. No es así. Mientras haya alguien que se exprese en clave poética y alguien que se identifique con ello desde la lectura la poesía tendrá larga vida. Escribirla tiene bastante de riesgo y en todo caso no es posible hacerlo sin una vida arriesgada. El trovador de antes recorría  lugares el de ahora sigue recorriendo corazones. Mercè Rodoreda decía que ”hay que vivir peligrosamente”. Lo poético es la expresión de esta vida llevada al límite de sus posibilidades. Para Carmen Martín Gaite[4] cambiar de casa supone creer cambiar de vida. Para el poeta de los viajes cambiar de lugar es cambiar de poema y trucar los sentidos.

El poemario de viajes reunido en in-quietudes  gira en torno a la eterna demanda de un mundo en un planeta que no lo tiene, de una humanidad en una gente  que no la engendra, de una filosofía en un pensamiento que no la concibe, de un amor en unas circunstancias no siempre posibles. Es por eso que cada texto queda sin terminar. Todos quedan en suspenso como si tras su último vocablo hubiera  puntos suspensivos. No hay conclusión posible. Sólo hay formas que giran en torno a sí como el  torbellino de un tío vivo dando vueltas en toro al mismo eje. No importa cuantas vueltas se haya dado, el giro siempre gira en torno al mismo eje: lo poético gira una y otra vez en otro a sus mismos temas centrales y quien lo hace entretiene la vida y sus aventuras disimulando la vida clavada a la materia y la constancia de un espíritu preso en la condena de su destino. Lo importante es que en la libreta de los versos me encontrara y me encuentre y que siga formando parte de los útiles de viaje porque eso querrá decir que todavía hay motivos en los panoramas de los que hablar, miradas en los ojos de la gente que me cautiven, voces de cualesquiera partes de las que saque nota, verdades del mundo por las que afilar mi lápiz.

 



[1]  tomado de Victor García de la Concha, crítico.

[2] Ex director de la Real Academia. amigo de V.Aleixandre, de Lorca, y de Rafael Alberti.

[3] Bervers-Lee, Tim fue el creador de la World-Wide-Web

[4] (Salamanca 1925-) Irse de casa. Anagrama. Es su novela más ambiciosa y lograda en su momento de publicación. El título tiene que ver con la idea del cambio personal al hacer un cambio de morada.

Entre la distancia y la ausencia.

La distancia y la ausencia son palabras que han llegado a ser confundidas presuponiéndose que la una implicaba la  otra. Ambas nociones están variando sustancialmente en los últimos tiempos. Estar/no estar había sido siempre la doble característica binaria para describir la ubicabilidad ajena, la accesibilidad a otra persona. La disposición del otro pasaba por su presencialidad. Trabajar significaba acudir a un centro de trabajo (costó mucho tiempo admitir que había un trabajo doméstico, que también significa trabajar  y además uno de los más multifacéticos, también costó un cierto tiempo crear redes de colaboración sin la concentración de los colaboradores en el mismo espacio físico) y estar con los demás pasaba por salir y reunirse con ellos. Salir se convirtió en uno de los verbos que más se usaban en relación a la vida social y a las relaciones con los demás.

 El planeta digital  viene cambiado el concepto de coordenadas porque la noción de espacio está en profunda transformación. Ya no se refiere a un lugar únicamente físico, sino a un lugar de encuentro o una tecnología que lo facilite. La cita virtual  ya ha dejado su periodo infantil de pruebas y experimentación para pasar a una de perfeccionamiento y considerable importancia. No solo tiene pleno derecho a su reconocimiento en toda su entidad para el valor del contacto humano, sino que puede superar en eficacia a las relaciones presenciales. El potencial de esta verdad es tal que todo el discurso de la ansiedad (el de la queja contra el otro por no estar) se encuentra descolocado por no tener coartada. En una época en que la telefonía móvil todavía o había desarrollado los celulares de bolsillo, una amiga me cuestionaba que nunca estaba localizable. Le propuse que me comprara un móvil, por aquel entonces muy caro en comparación al abaratamiento  que  experimentó ese artículo. A partir del momento en que  se va disponiendo masivamente de  celular o de ordenador portátil cada persona es una terminal de una gran red, también una fuente de emisión, un generador de imágenes e infos, y sobre todo un interlocutor posible. Otro asunto es que se articulen las condiciones  para la conversación y el entendimiento.

Había heredado los conceptos de viejo cuño de la era predigital de tal manera que los correos personales con personas queridas estaban marcados por esa doble noción de la distancia (en el sentido geográfico literal) y de la ausencia (en el sentido de la no presencia). Los últimos tiempos están demostrando que la no presencia física no tiene porque comportar la ausencia. De hecho hay reencuentros con antiguas relaciones en el espacio digital, en alguno de sus recursos comunicativos, que restauran relaciones bloqueadas o distanciamientos emocionales  e incluso pueden adelantar a la intimidad que se consiguiera antes en la época del contacto presencial.

Mi experiencia de no estar en casa o estar en otra ubicación o país me costó ser interpretado en mi falta de interés o en mi ausencia permanente. Mi paradoja biográfica me ha indicado es que desde lejos (expresión de viejo cuño) podía estar tanto o más interesado que estando cerca. La verdad es que las cartas y con ellas un registro de comunicación mayor se suelen escribir desde la distancia. Una carta simbólicamente contiene un acercamiento mayor que la  oralidad permitida por la proximidad cercana.

Los viajes y las exploraciones por el mundo me demostrarían que la distancia ha dejado de tener el peso espectacular que tuvo en el pasado. Hoy día, prácticamente, todas las distancias son  fácilmente superables por la enorme red de transportes que existe pero  también lo son sin necesidad de desplazamientos ya que de las cuatro razones de ellos (transporte de mercancías, exploraciones geoculturales, contacto físico humano y comunicación) la comunicación se puede hacer en perfectas condiciones a distancia siendo además ésta la que  propicia, prepara o informa de las posibilidades de las  otras tres.

Quedar para verse las caras ya no es tan importante o lo es tanto más  si la comunicación escrita falla. Verse las caras también implica condicionar al otro para que dé la suya en el sentido metafórico de hablar, explicarse, decir, comunicar, destaparse. Pero todo eso no es nada que no se pueda hacer por webcam y por comunicación escrita con, evidentemente, las variables específicas de cada forma de contacto.

En Correo de un padre ausente/Correo desde la distancia fui reuniendo todas las cartas que envié a mi hijo de niño -del cual fui separado convivencialmente a una edad prematura- a las que también fui agregando las que le seguiría enviando de adulto. Si no estaba yo físicamente a su lado al menos que estuvieran mis palabras escritas.  Por supuesto las palabras escritas no iban a sustituir mi presencia convivencial pero al menos me representaban y demostraban mi pensamiento continuado para con él desde cualquier parte en que pudiera estar. Después de mucho  tiempo de corresponsal de no poca gente he llegado a la conclusión que casi nadie tiene tiempo para el correo escrito salvo una rara saga de amantes de la comunicación intimista expresamente volcada para que quede constancia. En esa  manera de información de lo personal queda al descubierto todo: lapsus, verdades dichas, deseos de todo tipo, los cumplidos y los que no, experiencias tenidas, las que han valido la pena y las que nos han hecho perder el tiempo… La comunicación escrita tiene entidad propia no quedando relegada solo a una información complementaria a la que pueda ser oral. De hecho hay relaciones en las que lo escrito tiene un peso más considerable que las oportunidades dadas a la oralidad.

La ausencia en la actualidad  es una construcción de la voluntad en lugar de una imposición por los limitantes materiales del contacto. Sea cual sea la distancia hay maneras para la relación virtual. Esta virtualidad permite rescatar el virtuosismo  comunicativo que ni siquiera la oralidad presencial lo proporciona.

Actualmente, mientras la distancia es un concepto objetivo determinado por imperativos externos la ausencia es algo que forma parte de las sensibilidades de cada cual. No está más ausente de tu vida aquel que está lejos sino aquel que elude la comunicación, la demora o no la corresponde debidamente. Personalmente no soy –no suelo ser- quien interrumpe la comunicación con los demás, (el mundo ya lo encontré muy disoluto e incomunicado cuando me estrené en él como para incrementar esa lacra) pero sí  he pasado –y continuaré pasando- por no pocos episodios de disrupción de la comunicación cuando el vertido crítico no ha gustado a la otra parte. A mi pesar  el mundo está muy bloqueado y a pesar de toda la tecnología todo termina por volver al silencio cuando a falta de palabras se opta por callar o a falta de argumentos se opta por insultar.

El correo de un padre a su hijo (seguramente la idea también me vino dada por  las noticias que recibí de otros escritores/as que lo hicieron con los suyos pero sobre todo por la determinante insalvable de la separación) no deja de seguir las pautas de todo correo o al menos de la mayoría de experiencias de correo postal (que luego sería digital), el de una parte más dedicada (la mía) y la otra menos interesada en las respuestas e incluso en hacer acuse de recibo de los envíos. De niño, de  mi hijo tan solo recibí una carta  en Alicante, que además había sido el resultado de  un trabajo de clase en su colegio. Si con los años saqué adelante mi correo hacia él fue para que lo recordara y para que quedara un testimonio de los avatares de nuestra distancia.

Escribir cartas a alguien supone hacer un libro que dura toda una vida. El correo personal es uno de los géneros más intimitas que existe. Quien las escribe no es totalmente consciente de su coherencia o no lo es  mientras no las relea todas de golpe como libro avanzado o terminado, algo que nunca he hecho con ningún libro mío, ni  los epistolarios ni  los otros. En ese sentido el escritor de cartas si ha sido sincero y espontaneo con ellas es una de las personas más trasparentes que existe porque no tiene temor a que sean usados como documento para revelarlo tal como es. Al revés al sospechar eso hay gente que no escribe nada para que eso no lo comprometa. Siempre hay el peligro de tropezar en el mundo con ultra legalistas que se acogen a la literalidad de una frase sin entender el contexto en el que ha sido escrita.

Después de vivir  distintas clases de distancias físico-geográficas con personas queridas y luchar contra la ausencia para superar  tanto mi sentimiento de soledad como  la no correspondencia de la otra parte  no pude por menos que reconocer sus ventajas. La ausencia del otro permite trabajar en lo propio desde el aislamiento. En cuanto a la distancia ya ni siquiera tiene sentido comentar, que tomar distancia de lugares permite entrar en otros capítulos biográficos, otros contactos y otras fuentes de saber.

Demora y fosilización del mensaje.

El silencio es parte integrante de la comunicación y la distancia es además de un espacio físico que diferencia dos puntos tridimensionales una separación sentimental que tiene a dos personas en vibraciones distintas. Lo que más caracteriza esa separación es el tiempo del contacto, la diferencia reactiva en los encuentros, la misma frecuencia de éstos. He visto como que todas las experiencias de vida giran en torno a estos tres ejes: tiempo, espacio y mensaje. Desde la no-habla la comunicación sigue su curso. La inferencia es parte de ella. Hay mucho que leer del silencio, mucho que aprender de la distancia, mucho que aceptar del tiempo. El otro esperado se va haciendo espectro en la medida en que su presencia no es segura y cuando se da se recibe con tardanza. ¿Cómo explicar al ausente que su compás de espera, lógico en su proceso, puede ser totalmente fatal para la relación con el otro? Yo traté de vivir la relación con cualquier otro siempre en estado presente, no importando el tiempo que hubiera transcurrido entre una cita y la siguiente. La realidad limitante me enseñó (es decir la impaciencia ajena me enseñó) que pasado un cierto tempo de espera quien te esperaba no solo deja de hacerlo sino que además te borra de su memoria. Eso yo no lo entendí  del todo pero acataba sus consecuencias aceptando la distancia irreversible, la desmemorización progresiva y finalmente el olvido. Con las décadas sumadas he aprendido que he olvidado nombres de personas que para mi habían sido muy significativos en unos momentos dados. (Es posible que esa desmemoriada esté demostrando lo contrario). He aprendido que lo que más se puede valorar no es tanto la presencia a perpetuidad de alguien (algo absolutamente risible aplicado a la totalidad de contactos humanos) como su lección dejada, su predicamento que haya podido ser tomado como propio, su hábito que haya enseñado algo.  Es así que el comportamiento resultante es un sumatorio de aprendizajes e ideas tomadas de mucha gente sin que haya vuelto a saber nada más de ella ni espere saberlo. Poco a poco me he ido acostumbrando al silencio y al habla subvocal, a un interiorismo meditacional y a la mismidad, por encima de formar parte de algo colectivo o de algo grande. La cultura envolvente sin embargo marca los roles a seguir cuyo recordatorio va reapareciendo. Es así que con todas las contradicciones me encuentro sentimentalmente en conflicto. Mi ética y mi elección existencial me han llevado a enfrentamientos y a la pérdida de relaciones. Por otra parte no estoy dispuesto a renunciar a mi pensar y a mi identidad para complacer las filigranas y ñiguiñoguis de mis relaciones para conservarlas. Ordeno mis relaciones sentimentales (un tema nada fácil), y llego a la numeración de los ordinales porque las `personas también adquirimos cuotas de importancia según las cuales estamos antes o estamos después. Auto observo mis sentimientos y mis deseos sabiendo que no quiero renunciar a mi programa de vida, a un proyecto en el que cada día me implico un poco más y hace que esté interesado en lo externo un poco menos. Tras pasar  por mil momentos extraños de tratos humanos he llegado a la conclusión más antitética de todas (contraria a mis propias tesis iníciales también): la de que el ser humano no cambia, se inhibe y reprime, modifica su puesta en escena, pero esencialmente no cambia. Es el mismo una y otra vez. Se repite en revivals interminables. Y esa visión penosa es aplacible tanto como especie a escala global y en su itinerario histórico como a escala particular y en cada itinerario biográfico. El problema de aceptar esto es que en consecuencia el silogismo lleva a reconocer que si el ser humano no cambia luego entonces el intérprete de esta tesis tampoco cambia. Exagero deliberadamente ya que en el fono sí admito leves cambios y modificaciones a lo largo de la historia aunque no se me escapa que éstas han sido más relacionadas a la técnica y a las maneras que no a la esencialidad existencial. La metáfora de la vida humana es la de un ser rígido que se opone a sus propios saberes e inteligencia. Eso lleva a que el trato que tenemos los unos con los otros sea dentro de este marco genérico y de esta previsión. Cada uno vivimos nuestras vidas en función de presunciones que tomamos por certezas. Posiblemente nos equivocamos en la presunción pero el futuro nos da la razón convirtiéndola en certeza.

Después de tratar con muchas escenas equivocadas en mi vida y advertir que es contada la gente, víctima por lo general de sus pronto-reactancias y de sus orgullos, capaz de volver sobre sus pasos y corregirlos además de reconocer públicamente sus equivocaciones y pedir perdón, infiero que el porcentaje mayoritario de individuos insisten en sus trece con tal de que prevalezcan sus egos. Por eso muchas expectancias de modificaciones de conducta ajenas son compases de espera irrentables o quiméricos y contar con la autocritica como instrumento de autorregulación es desmedido. Más bien los individuos conductuados se posicionan en sus inercias que les satisfacen lo suficiente como para caer bien en su círculo inmediato sin importarles todo lo demás. Es así que la comunicación queda reducida como recurso instrumental. Si sirve en su funcionalidad para obtener cosas y sobrevivir parece que se anda sobrado. Puestas las afinidades y las diferencias, el mundo externo se gestiona por una geometría de la distancia interpersonal. Basta con adaptarse a este principio motor, todo lo demás queda fuera de pensamiento. Claro que esta elección incluye a quien tiene tal pesar en estar también fuera de ética. La comunicación discursiva que pretende el entendimiento acerca de las coincidencias y los encontronazos o acerca de lo aceptable pero también de lo denunciable suele tener problemas por sistema. Al final de cada frase y de cada idea que pueda herir al otro o a alguna escucha habría que recitar la cantinela de las buenas intenciones a pesar de las palabras usadas. “Mais naides se crea ofendido/Pues a ninguno incomodo; /Y si canto de este modo/Por encontrarlo oportuno/No es para mal de ninguno/sino para bien de todos”.  Termina diciendo José Hernández  en Martin Fierro. No es verdad. No hay discurso  ni canto quirúrgicos que salga bien parado sin recibir la pedrada del que no tiene dudas en lapidar al irredento. Reivindicar la comunicación desde la sinceridad es el trueno; practicarla, el rayo. Después de probarla de todas las maneras posibles y recoger resultados adversos o de incomprensiones, queda el artilugio de las maneras mimosas, sino el subterfugio de los sucedáneos, finalmente el sortilegio invocando las mancias.

De acuerdo con el principio de que no todo es decible por factores inhibitorios y formalidades, además de por no concurso de receptividad o de inteligencia, -aunque estimativamente todo lo pensable es pasado a lenguaje en un contexto u otro-, es legendario que se mide a priori si una persona es o puede ser receptora de lo que hay a decir. Optar por no hacerlo en un momento dado de máxima sensibilidad, crispación o debilidad intelectual y demorarlo sine die, no significa que el futuro vaya a poner fecha para hacerlo. Tener que callar por miedo a las reacciones de ahora significa tanto socialmente como en lo personal una auto inhibición que va en contra de la libertad, de la personal por no decir lo que se cree, y la del otro para permitirle que siga sumido en su cobardía para enfrentar las cosas. En definitiva, dejar de decir el mensaje en el contexto que lo produce va en contra del contexto mismo, ya que lo mantiene tal cual sin contribuir a cambiarlo, y en contra del mensaje ya que queda como un testimonio mudo para, tal vez, otras lecturas literarias lo puedan aprovechar para otros contextos. En conclusión, la demora del mensaje genera su deriva y su fosilización, cualquier cosa que lo aparta de su función.

Las enfermedades ante el ordenador

 

conferencia en SNVB

jesusricart@hotmail.com

 

TV y Ordenador Personal

Al principio del aparato de tv también surgieron serias dudas de que un monitor pequeño pudiera llegar a sustituir el contacto directo con los grandes escenarios del espectáculo. No tuvieron que pasar demasiados años para que aquel aparato acabara convirtiéndose en una figura polar en cada hogar. Y sigue siendo uno de los primeros objetos de adquisición en la preparación de un nuevo apartamento o habitaje. La referencia a la tv es obligada frente al fenómeno del ordenador: ambos cumplen una presencia electrodoméstica. Ambos tienen una pantalla, ambos son trasladables y transportables con relativa facilidad. La diferencia es que uno aliena al espectador o lo coloca en una posición pasiva y abutaca y el otro le permite la interactuación o se la exige en tanto que instrumento de trabajo.

 

El ordenador como  factor intelectual.

El PC vino a poner orden en los procesos crecientes de las burocracias de la administración pública y en las gestiones administrativas del empresariado privado. El volumen creciente de datos y de documentos gestó la necesidad de la informatización de los referentes con los que se trabajaban. Fue así como se siguió un largo proceso que fue pasando de las carpetas a las fichas perforadas y de éstas a los dígitos binarios. Para los trabajos de despacho la antigua terminología[1]  ya no evoca los muebles o los archivadores metálicos o los folders o las estanterías correderas, sino sus iconos o directorios  en la pantalla de un monitor. El ordenador es la máquina indispensable para los negocios y las actividades intra e interempresariales. También para todo  aquel que necesite comunicarse de un modo  eficiente con los demás.es especialmente condensador de saber o de recursos de saber. En un mueble relativamente pequeño caben fuentes de información que tradicionalmente necesitarían miles de metros cuadrados de expansión física. También se ha convertido en un estimulador de la imaginación infantil y un juguete que no lo es que facilita la ordenación mental i la aceleración de la dinámica intelectual.

 

-El ordenador como figura electrodoméstica y central en la vida  profesional y privada. Esta centralización en una casa o en una empresa se ha ido consolidando en la medida en que los viejos procedimientos de elaboración y de administración se fueron convirtiendo en obsoletos. Ciertamente hay quien sigue aferrado a las viejas formas y lleva sus tiendas o sus pymes sin haber adquirido un ordenador, lo cual se presta a una polémica que mezclará el romanticismo con la ingenuidad técnica.  Hay escritores ilustres que no se despegan/ron de su pluma estilográfica Lo que no quita que el marchamo de los tiempos modernos pase por él y  constituya tanto una necesidad social como  un instrumento de desarrollo personal que se concreta como  demanda  prematura desde el marco infantil.

 

-Actitudes de objeción. Oigo hablar de la objeción a un  aparato de consumo de esta envergadura desde hace 20 años, es decir desde un momento en que sus prestaciones eran infinitamente inferiores a las actuales. Esas posturas que objetan la novedad per se  auto condenan a  continuar con las viejas dinámicas de siempre en las que no caben ampliación de resultados e incremento de los recursos. Nos toca admitir un tipo de personalidades bloqueadas ante cualquier tipo de innovación y negadoras de aquello  que no acaban de entender por no querer expandir sus inteligencias. La resultante de este proceso mental es que  coexiste lo nuevo con lo viejo negando hacer las cosas a más velocidad, con más eficacia y con menor tiempo. Las objeciones al innovacionismo han existido y existirán siempre y no están exentas de razones para irse retroalimentando. No obstante quien no amplia sus posibilidades recursivas seguirá sirviendo a su antiguos y obsoletos métodos de  proceder en sus trabajos y administraciones. Cabe considerar la cuestión no sólo desde el punto de vista de las necesidades personales sino de la instrumentación de procesos (sobre todo de cálculo y de diseño) que en la era- pre informática resultaban inasumibles.

 

-el impacto dentro de las relaciones personales. Pero toda innovación no se limita a aportar ventajas si no también a modificar el panorama de relaciones. El ordenador y en particular sus posibilidades comunicativas  con el mundo a través de internet  absorben un tiempo considerable en su usuario que lo quita del tiempo privado. Es así como la máquina puede ser interpretada como un objeto rival si no infernal que vampiriza la energía del cónyuge o del hijo o de uno de los padres en detrimento del tiempo reservado para ser compartido en la intimidad o  de otros asuntos de trabajo. Es por eso que hay una  indisposición apriorística de algunos padres a  facilitar tarifas de conexión a internet  de sus hijos o de algunos cónyuges a  que sus partners  naveguen en el ordenador hasta altas horas de la noche.

Es más común que sea uno de los dos quien guste de navegaciones internautitas y de comunicación digital que no los dos al unísono, con lo cual la comprensión del tema se hace más difícil y  la interpretación del hecho puede llegar a ser visceral.

 

-Indicadores de medida de la necesidad y uso del ordenador. En el marco laboral el ordenador es la máquina de sobremesa (los portátiles de portafolios además de los nuevos adminículos: microordenadores de bolsillo) para la mayoría de empleados en funciones administrativas y/o ejecutivas. Y es un aparato que hace de nexo de relación entre el mundo profesional l de la oficina y el trabajo en si mismo que pueda hacerse desde casa.

 En el marco  doméstico el ordenador va ocupando  un espacio mayor según los intereses de cada usuario. Desde los videojuegos  de los niños a los procesadores de texto de los adultos pasando por un bombardeo de nuevo soft con el que obtener música gratis, el ordenador es bastante más que  una torre+monitor para ser una fuente de recursos inagotable. Para medirlo en su realidad importancia no basta con saber de la existencia de uno-o varios- repartidos por las habitaciones de la casa, sino que es necesario  establecer un relatorio de indicadores de medida de su  espacio psicopersonal y culto-relacional en cada usuario.

a/ numero y contenido de programas de soft que se  simultanean o se suelen emplear, descartando en esta contabilidad todos los que están instalados pero son infrautilizados.

b/su uso compartido con otros usuarios de la casa.

c/su cómputo de tiempo de uso diario

d/La subclasificación de este tiempo en usos de navegación, comunicación personal o trabajos

e/la inversión en formación y reactualización el hardware y del soft

 

-El tiempo horario frente a la pantalla. de todos los indicadores el más aparente es el del tiempo global consumido frente a la pantalla. cuando de hecho un usuario puede estar haciendo múltiples actividades manteniendo aparentemente la misma posición frente a la máquina. Puede hablar, puede escribir, puede leer, estudiar, indagar, obtener información, hacer  pedidos y un sin fin de tareas más que hasta no hace mucho exigía hacer desplazamientos entre despachos, usos del teléfono o ensobrar cartas.

Para una situación familiar doméstica, el tiempo pasado frente al ordenador puede ser vivido como un tiempo de deprivación del tiempo personal  compartido. Los efectos nefastos pueden darse a dos planos:

o->El  de las personas q reclaman más atención personal que la ven substraído a causa del ordenador

o->y quien concede más espacio personal a su ordenador que a su pareja entrando en un círculo encadenado de  sondeo de estímulos -y tal vez placeres- que no le da la cotidianeidad.

El monitor del ordenador no es la primera pantalla de la casa  con lo que la experiencia de la atención absorbida por una máquina ya se dio en  anterioridad. La diferencia es que  el consumo televisivo forma parte de un consumo alienado suficientemente consensuado, mientras que el consumo de ordenador permite una  autonomización del usuario liberándolo de ser un espectador pasivo.

 

- La postura sentada. Ergonomía y proximidad. La postura predominante del usuario es la de estar sentado. La pantalla no puede reflejar los puntos de luz eléctrica de la sala  en la que esté como tampoco  Las entradas de luz natural. todo reflejo sobre el monitor pude sobrecargar el trabajo de la vista. Las pantallas policromas  han constituido una revolución frente a los  sistemas anteriores del msDos y las de fondo negro o azul de las que se destacaban los dígitos blancos...

La línea divisoria  horizontal imaginaria central del monitor ha de quedar a la altura de los ojos. Ni más arriba ni más abajo. En ambas situaciones las cervicales se mantienen forzadas y a la larga ocasionan consecuencias desagradables. Puesto que la pantalla de 14,15, 17 o más pulgadas cubre una cierta extensión, el recorrido visual por los dígitos ha de conseguirse con un movimiento ocular en lugar que con un movimiento continuamente forzado de la cabeza. Lo mismo ovale decir para el teclado cuando es necesario acudir a su mirada para apretar la tecla que corresponde y no otra.

Mirar repetidamente al teclado para escribir o no hacerlo con todos los dedos necesarios ya es una base propiciatoria de errores posturales en el acto de la escritura mecanográfica.

 

-La nitidez de la pantalla. El ordenador no es un aparato perfecto y se va cualificando en la medida en que va incrementándose su amplio espectro de usuarios. El tintineo de los dígitos en pantalla es lo más problematizante. El movimiento de las letras o la falta de resolución suficiente de  los caracteres y formas digitales obligan a un sobreesfuerzo que puede ocasionar presbicia y su incremento. en la medida en que sea posible conviene trabajar con dígitos perfectamente distinguibles y con máquinas en las que no se escatime un plus de inversión por conseguir esa mejor calidad.  Las láminas transparentes protectoras  no impiden otra dosis de sobresfuerzo. en la medida que vaya siendo posible los monitores de pocas pulgadas van dando lugar a las maximizadas y las viejas pantallas a los nuevos componentes que fijan mejor la imagen.

 

-Las radiaciones del monitor. No queda establecido que haya unas radiaciones especialmente alarmantes. O en todo caso no más que las de un aparato de tv convencional. Pero en tanto que una fuente movida por energía eléctrica genera un campo de radiación a su alrededor. Resulta obvio que hay que toma una distancia considerable del monitor sobre unos 50/60 cms.

Las afectaciones físicas más relevantes son la postural y la visual.

 

-La afectación visual. cuanta mayor fijación haya de la vista sobre un objeto mayor esfuerzo se le está pidiendo. Eso afecta a la pérdida de contraste y a la necesidad de cristales reguladores de aumento para compensar la rigidez ocular. La alternativa es la de introducir una gimnasia visual en paréntesis de trabajo y cambiar los objetos de enfoque, introduciendo intervalos en los que la mirada pase de la pantalla del ordenador a la pantalla de la vida: a través de ventanas o en el resto del salón. Desgraciadamente  el panorama global de muchas oficinas está pensado para la mayor eficacia a corto plazo y el abaratamiento de los costes de construcción lo cual suele ocasionar la ineficacia a largo plazo, el incremento de disfunciones de los empleados y la neurosis generalizada. Sin duda hay  establecimientos oficinescos que  sólo pueden contar con la autorización de apertura por la negligencia ministerial de  salud.

 

-La afectación postural. Los focos tensionales se generan a partir de actos de repetición inconsciente de posturas erróneas. Estos están inscritos en  los hábitos más ordinarios y comunes hasta el punto de tomar por correcta la actitud errónea de tan generalizada que está en los demás y de tan memorizada por el propio cuerpo. Los errores los podemos rastrear en comportamientos tan continuados como las maneras de cargar nuestras bolsas o libros, la forma de conducir, la forma de abutacarnos en el sofá, o de tomar posición en el reposo nocturno en la cama. Desde luego también en el modo de sentarnos  en un bar[2] , una aula o en el autobús y en el modo de incorporarnos al levantarnos del mismo. Este cuadro de tendencias al  error postural sistemática solo puede admitir una política personal  auto educativa y de autoconciencia corporal y el seguimiento  de ejercicios o programas de compensación.

 

-Opciones de asistencia profesional. Hay una multivariedad de segmentos profesionales que se ocupan del cuerpo y de  los impactos somáticos  creados por el tipo de vida  que se vive. Cada uno tiene su propio sistema teórico y sus técnicas de intervención en los nudos desestructurados de la anatomía. Posiblemente no es tan relevante buscar la técnica mejor o la teoría más elaborada como el profesional  con más dominio en el tema y con el cual haya una empatía suficiente que convierta las citas de trabajo con el síntoma en avances de su solución. desde la quiropráctica y la osteopatía, a la kinesiología, la Reflexología, y la terapia craneosacral pasando por otras muchas  la cultura de los nuevos establecimientos sanitarios permite  encontrar vías de enfrentamiento a cada tema de dolor.

 

-alternativas de urgencia antitensional. Como  mecanismo de autoayuda y especialmente pensado para las personas que han/hemos elegido un ritmo de vida intenso y desbordante, y que no encontramos tiempo para acudir -al menos una vez por semana a un terapeuta corporal-se puede seguir una tabla de actitudes en el mismo espacio tensional, sea el despacho laboral o el estudio doméstico.

o->elección de una buena butaca de trabajo, que sea giratoria y cuyo respaldo permita el recogimiento de la zona lumbar y que cuente con apoya brazos.

o->Desperezamientos cíclicos que permitan el estiramiento del cuello y del brazo sin necesidad de levantarse.

o->La incorporación de un segundo monitor en el área de trabajo que obligue a  un cierto movimiento semicircular de la butaca.

o->Contrarrestar un mundo de papeles, carpetas y de tenebrismo oficinesca con notas de color que recuerden la simbólica de lo que dejamos fuera: una planta, pósters y pinturas, y música ambiental suave.

o->El rito del té. La nueva concepción de las relaciones laborales en tiempos de trabajo ya contempla espacios y pausas a lo largo de la jornada para tomar café y fumar (lamentablemente) o para estirar las piernas y hablar (opciones interesantes). En el espacio doméstico  cada cierto tiempo vale la pena levantarse y tomar una infusión o  ir a mirar las planteas o  cambiar de gesto corporal. Si se rutiniza este acto puede ser un sistema de auto-regulación del cuerpo.

o->el cierre del ordenador cuando no es necesario tenerlo encendido y no se está trabajando con él.

o->

 

-Taller de autosalus como espacio de  comunicación reciproca con el cuerpo y de trabajos de respiración, relajación y reposturación. de hecho en los espacios profesionales de trabajos de administración, dentro de la nómina de personal ya debería estar contemplada la contratación de un profesional de la salud que habitualmente ayudara a la relajación y al desentumecimiento. A falta de esto los teams bien organizados pueden organizar sesiones de grupo para compensar los avatares de la función laboral. Y en último extremo hacer estos encuentros fuera del trabajo con otros colegas y compañeros que  necesiten de la relajación como  de una práctica cotidiana para obtener ventajas de revitalización.

 

 

 

 

 



[1] ficheros, folders,documentos o escritorio, ya no encuentran su correspondencia en  textos sobre papel, carpetas de cartón o  mesas de despacho, sino que se refieren a los espacios virtuales de trabajo.

[2] Una reciente experiencia de estreno del nuevo VIPs cafetería de Rbla Catalunya en Barcelona:butacas y mesas semifijas nos hizo sentir encorsetados. Es notorio el desprecio de las gerencias de estos establecimientos en los que para conseguir tres o cuatro plazas mas de sitio condenan a imposturas a su clientela.  ese dato es suficiente motivo para no repetir  el consumo en el lugar referido, que sin duda ha perdido en calidad frente a la antigua configuración del mismo almacén en el mismo local.

Buscando un dios por compañero

 

Howard Mumma[1] en El Existencialista hastiado[2] revela una parte no conocida de Albert Camus, el referente más popular, además de  Sartre, del existencialismo francés. Es un libro que dio a la edición muchos años después de haber sostenido conversaciones con ambos, aunque fundamentalmente  con el primero, con el que cual se vio varias veces a solicitud de él, y una sola con el segundo.

 Camus era un hombre atormentado que no le encontraba sentido a la vida humana y tampoco a la suya. El existencialismo sostiene  justamente que el sentido del ser humano no le viene dado de fuera sino que pasa por crearlo aplicándoselo a sus actos. La esencialidad es endógena mientras que la ideología, el dogma o el credo son exógenos. Camus no había conseguido los segurizantes personales con los que hacer frente a la historia y a su biografía a pesar de sus éxitos editoriales y de ser reconocido socialmente. Desde la altura de su literatura se acercó al cristianismo proponiedo conversaciones al autor de este pequeño libro de evocación tratado muy respetuosamente. Su aproximación como adulto al cristianismo, que no a una iglesia concreta, pareció ser la consecuencia lógica de quien nunca rompió radicalmente con la religión. No buscaba tanto tener una como encontrar el camino de la esperanza a través de una. Reconocer la existencia de un dios lo amparaba frente al no desiderátum de un vacío universal tan infinito como insostenible. Para un autor ateo como él que había interpretado tan magistralmente las artimañas del poder (Calígula), con el honor del premio nobel de literatura, buscar a un dios por compañero resultaba bochornoso para sus seguidores y extraño para la misma historia de la filosofía de la que había participado. Lo mismo que Sartre  cuando había sido  un primerizo literario con un tema sobre la navidad que ha sido un dato incongruente con el desarrollo posterior de su pensamiento, detalle pues que no es conocido de su obra; la de Camus no es presentada como la de un ser dubitativo vacilante sobre la existencialidad o no de la instancia divina, como le podría pasar durante toda su vida intelectual a Unamuno.

Los lectores tienden a pensar de sus autores favoritos que la firmeza de sus argumentos en el texto organizado se corresponde con la solidez de la presente frente a su destino.  A Camus se le puede leer con otro filtro tras las revelaciones de Mumma, el cual muestra a un pensador débil y angustiado esperando encontrar en el bautismo y en la retorno a la comunidad de creyentes un sosiego aunque no le había dado la filosofía. A diferencia de Sartre, un polo referencial y seguro, con todas las respuestas Camus seguía con todas las preguntas. José Ángel Acejas que introduce a la lectura de estas conversaciones, Camus era un literato que filosofa a diferencia de Sartre que era un filósofo que escribía. Conceptualmente creía que todos los núcleos filosóficos se referían al dilema de existir o no existir y la adopción del suicidio como única resultante de la bifurcación.

Es conocido el conflicto de Camus con la vanguardia política de la época. Renunció a seguir militando en el PC y fue cuestionado por no ser lo suficientemente marxista ni revolucionario. De su parte no estaba dispuesto a tomar partido por lo que políticamente no estaba a la altura de la exigencia ética mínima. Puestos a comparar, con los equívocos que eso ocasiona, Sartre era más ideologicista y estaba más interesado por la imagen y Camus menos galerista y más interesado por la verdad.

Para Camus era imposible vivir una vida sin sentido. La suya fue un circuito dándole vueltas a esta tesis vertebrante hasta que todo indica que se quitó la suya estrellándose deliberadamente o al menos esto es lo que sospechó Mumma cuando un tiempo después de vuelta a Francia le indicaron el árbol contra el que se había estrellado. La última vez que se vieron los dos hombres Camus le había solicitado un nuevo bautismo, una especie de actos privado entre ambos.

Sorprende que el autor de La Peste o de  El extranjero acudiera a la iglesia de Mumma a escucharle sus sermones, a marcharse un poco antes eludiendo la solicitud que otros parroquianos le hacían de sus autógrafos firmados en las hojas dominicales. ¿Esperaba encontrar qué en el discurso bíblico? ¿Algo que no hubiera jamás pensado o un sosiego a su agujero existencial? Para el punto de vista del creyente tener un plato fuerte de un ateo reconocido podría haber puesto los dientes largos a cualquiera, no a Howard que no trató de precipitar ningún proceso sino seguir de participante en él auxiliando en la medida que podía la búsqueda en la que parecía estar instalado sin hallar salida Camus. La  literatura de éste  rezuma una resistencia a la madurez, por tanto a la verdad, por tanto a la admisión de que no hay nada bajo lo sabido que sea más extraordinario que el mismo saber y el placer que se deriva de él. Teológicamente era una contradicción buscar a un todopoderoso que aliviara las dudas humanas sobre el sentido existencial proporcionando una continuidad extramatérica. Si para la filosofía y la ciencia seria antitético creer en un todopoderoso hacedor de un mundo también de males, (por mucha justificación leibiniziana que tuviera)  tras el fracaso de la contigüidad social en la tesitura existencial, para un creyente creer que esa instancia salvadora salvaría a cada humano de sus dudas tenia la fuerza de la presunción pero no la efectividad de la demostración. La búsqueda de Camus de un dios compañero era el resultado del fracaso de la búsqueda de sí mismo.

En El mito de Sísifo Camus aborda un sofisma radical de fondo: la confusión de la moral como proposición con la vida como hecho. Algo de lo que no se desprende posiblemente e su vida intelectual. Esta confusión es la que también hay entre el es que de una existencia coherente (el ideal) y el choque con la existencia lograda (la frustración). Puesto que no hay solución lógica optar por la no-vida es la única solución. El esquema camusiano olvida lo más evidente: con o sin sentido existencial la vida es un proceso sensorial que suministra placeres y un simulacro de lógica. Ningún animal se pregunta porque come y es posible que no sepa qué es lo que le ha hecho existir, sin embargo existe y cumple su función en la cadena biológica. El ser humano al preguntárselo y no tener respuestas se descoloca y entristece, algunos llevan eso a precipitar su tiempo existencial en la vida. No sabemos si Camus en la búsqueda de un compañero que lo llevara de paseo por la eternidad pidiendo un rito de reentrada en la comunidad religiosa advirtió que ni siquiera eso le proporcionaría las razones de vida que el análisis materialista no le había proporcionado, lo que sí se sabe es que no vivió hasta el final su desarrollo. Por otra parte después de los 50 y de al menos de media vida dedicada a la reflexión es posible que nadie asegure que lo que queda por vivir , sea el tiempo que sea, proporcione nuevas experiencias cruciales que haga cambiar de idea con respecto a las conclusiones que dieron las ya vividas.

Mumma hacia resúmenes de sus entrevistas con Camus de vuelta a casa. Advierte al lector que es posible que no se ajusten literalmente a las frases pero que no había trampa con respecto al contenido. Si es así, el Camus presentado es cándido, casi ingenuo en algunas de sus ideas como el del concepto de neutralidad del poder pero no tanto como para no darse cuenta que la religión resuelve un problema capital como el del mal rechazando la totalidad del debate. De lado del puto de vista eclesial el cristianismo no exonera al hombre de su angustia o dela responsabilidad que le genera el hecho de existir. Esa es una lucha de cada cual.

La paradoja de Camus así recogida por el libro fue la de buscar un dios sin identificarse con ninguna iglesia y a la vez buscarlo en forma de  congregación que se lo avalara. Su lío no podía ser mayúsculo. Mientras ese dios no se le aparecía  se función con el mundo de las tinieblas o al menos puso fin a su existencia creativa, impidiéndonos a sus lectores continuar gozándolo en las elaboraciones más maduras que ya nunca haría.

 



[1] Nacido en Ohio, pastor metodista fue invitado por la iglesia americana de Paris en distintas ocasiones.

[2] Vozde Papel. Madrid 2005

Admisión de certezas.

 

Crecimiento por la vía del Reconocimiento de las certezas.

Cada pequeña verdad te hace más grande.  Every small truth  make you greatest.

La idea no es totalmente original. Es una frase derivada que tomé del saint Peter`s School en Lamin en Gambia Su slogan bordado en el uniforme escolar dice Every small truth make you free. Efectivamente la verdad es liberadora siempre que sea asumida en su certeza y consistencia. Me llamó la atención el eslogan por su terminación arrítmica. Lo lógico era/es contraponer el beneficio de la grandeza a la aportación de lo pequeño. Por otro lado no todo el mundo que posee verdades saben emplearlas para ganar más libertad con ellas. De hecho las aparatologías de los estados dedican cuantiosos esfuerzos a trabajar para dosificar las verdades, administrándolas cuidadosamente para que lleguen a cuenta gotas, tergiversándolas o incluso negándolas. Se puede tener la verdad y estar justo en el lado opuesto: el de los enemigos de la libertad.  El elogio de ésta es muy  importante pero en un centro escolar de formato rígido (todos los alumnos y alumnas uniformados/as y con una tendencia religiosa muy marcada) ¿cómo interpretar la definición que hicieran de ella? De la verdad se ha hablado mucho. Debe ser la palabra más controvertida de todas y sin lugar a dudas el concepto más traicionado. ¿Cuántos crímenes se habrán cometido en su nombre? Los mismos o más que los que se han amparado tras los parámetros de libertad y justicia. La verdad  no la pontifica ningún ser sobreterreno que pueda asegurarla, solo lo hace un campo del conocimiento que viene destilado por la historia de los hechos cuyos analistas han vehiculado en forma de superestructura mental colocada en una  posición  por encima de las coyunturas, de los protagonismos personales de ellos e incluso de los sentidos fisiológicos. Una verdad, pues, es un enunciado que puede desbancar incluso el feeling y la sensorialidad que captura la cosa tratada. La verdad es algo más que la descripción o la hipótesis suministrada por una intuición: es un teorema que se ha convertido en ley, una certeza de máxima categoría dentro de la imposibilidad del absolutismo científico. Pero la verdad no es una sola ni hay una gran verdad en el sentido de algo único, sino que hay una gama enorme de ellas siendo que las grandes verdades, si así se pueden llamar, pasan por el encadenado de otras muchas pequeñas. Lo mismo que un gran viaje empieza por un primer quilómetro, o una gran caminata lo hace con un primer paso, también una gran verdad, en el sentido de un sistema filosófico o de pensamiento, pasa por la construcción y relación coherente entre sí de pequeñas verdades. En una ocasión, escuché a alguien[1] que presentó una ponencia sobre Nietzche que no creía que éste autor tuviera un sistema filosófico, como si eso fuera una cuestión crucial para dejar de  tomar su pensamiento como una referencia importante en su siglo y en los posteriores. Tal vez en el pasado, a un milenio vista y antes, lo más importante para un pensador fuera responder a todas las cuestiones cruciales del saber humano y a despejar las grandes verdades. Opino que no lo es ahora: ni puede serlo, ni tampoco debe serlo. Tan pronto alguien quiere decir la ultima palabra sobre una cosa ya se está equivocando para no decirla. La verdad es un proceso creativo de construcción incesante que no queda agotado por las conclusiones transicionales a las que se vayan llegando.

Cuantas más cosas se vayan aprendiendo y más reconocimientos se hagan de la verdad mas fuerte será uno ante el mundo en el que vive, ante los demás pues, y más autónomo será en su biografía. Pero la verdad no es algo que está esperando en unos grandes almacenes para lo que solo basta desplazarse hasta ella y adquirirla de sus estanterías. Es un proceso de implicación del sujeto con los objetos con los que se va encontrando, reconociéndoles su valor y función, también sus patrañas y trampas. Contra la primera impresión que se puede tener la verdad no admite el consenso automáticamente. Ni siquiera el hecho de que una comunidad científica se doblegue ante una certeza dada es garantía suficiente para que el resto de la humanidad crea inmediatamente en ella. La coexistencia de interpretaciones opuestas ante unas mismas fenomenologías sigue siendo una constante. La verdad de las verdades es por de pronto que genera interpretaciones múltiples. Eso genera un panorama de incertidumbres y relativismos en el que cabrían todas las visiones y también todas las conductas, cada una justifica y autojustificada a su manera, si no fuera porque sí podemos continuar creyendo y aceptando verdades fundamentales que no admiten discusión. Solo que, cada una de esas verdades fundamentales, lo es referida a unas premisas dadas.  Todo enunciado de ley es enmarcado en unas condiciones dadas. La física es un manual descriptivo de condiciones según las cuales permiten comprender la alteración de la materia o la atracción de los cuerpos.

Las verdades biológicas se refieren a unas condiciones de expresión de la vida material en la tridimensión que nos es dada a conocer. Todo lo que no queda demostrado forma parte de la hipótesis. El reconocimiento de la existencia de hipótesis es otra verdad pero que sin embargo no autentifica ninguna de ellas.

Cada pequeña verdad es la asunción de un sujeto de  otra pequeña cantidad de datos que retratan su entorno, desde el más inmediato al universo sideral. Depende de las verdades a las que esté dispuesto a llegar un individuo si su crecimiento personal será mayor o menor. Cuanto más viva en el mundo de la ignorancia y en la alienación de la herencia cultural recibida sin cuestionarla o más pereza intelectual tenga para dedicarse al descubrimiento de las cosas mas predeterminada tendrá una vida alienada.

Generalmente las conversaciones  coloquiales pero también la disertación megateórica está mas repleta de hipótesis que de verdades constatables, sin embargo adoptarlas en la presunción de autentificables es lo que permite avanzar hacia la transgresión de unos límites que actuaban como paralizantes. Detrás de un gran hallazgo solo había una hipótesis junto a una gran intuición.

En el campo de la medicina y del tratamiento oncológico hay una tendencia nada despreciable que coloca en la predisposición de sujeto el desenlace del síntoma. Cuando Derogatis y col. (1979) en el J.Hopkins Hospital, en un estudio de pacientes terminales de mama demostraron que las mujeres combativas sobrevivieron más tiempo que aquellas confiadas y complacientes, está contrastando la relatividad de una verdad: la del diagnóstico de fatalidad en un primer plano con la de un contra diagnóstico, el del optimismo y supervivencia, en un segundo plano, al no aceptar el primero,  Con el DSM-III estudiaron que la tasa de depresión en los pacientes de cáncer no era tal elevada como comúnmente se creía.  El síntoma prevalente puede incluir un estado de aflicción parecido a un estado depresivo sin que llegue a desmovilizar totalmente el sistema de auto prevención o autodefensa. Donde empieza y donde termina una verdad no es tan sencillo. Todo lo relativo a los cuadros psicosomáticos implican dos registros distintos: lo que dicen los baremos sobre el curso de una patología y lo que está dispuesto a conceder el propio sujeto afectado en la clasificación en la que su síntoma está incluido.

El mundo de las verdades es múltiple y cada slogan por precioso que sea en su formato escrito o que suene bien en su formato auditivo para aceptarlo o no hay  que pasarlo por la prueba de la concreción.  Cada pequeña verdad sin duda te hace más grande al hacerte más sabio, pero dentro de su coleccionario, en principio múltiple e ilimitado, no pocas de ellas pondrán en la picota creencias en las que se había creído, personas en las que se había confiado, ritos en los que se había participado, formatos de trato que se habían compartido. La verdad al detalle no es algo que deje indiferente a quien la acepta y la asume. Cada nueva entrada de verdad en el sistema mental de una persona la emplaza a auto-revisarse. Dicho de otra manera, si alojas dentro de ti nuevas verdades posiblemente será a costa de expulsar viejas mentiras. Cuanto más sepas mas fuerte serás. A mayor enriquecimiento de saberes de verdades más grande puede ser una persona pero en su grandeza también se pude encontrar que toda la libertad de pensamiento que llegue a contener le obligue a reconocer la imposibilidad de la libertad política de acción que pueda ejercer en su mundo público o la libertad personal en cuanto al sentimiento que pueda expresar en su mundo privado. La verdad te hace grande pero eso no significa que te de la fuerza para imponérsela a los demás. Cada cual deberá seguir su camino en esta perspectiva. La verdad te da la panorámica, la visión global, la explicación del no sentido de tantas cosas, pero eso no significa que te de la libertad para imponerla ahí donde estés. El concepto de libertad es más problemático que el de grandeza, elcual no deja de mencionar una sensación vaga de un parámetro multidimensionado. La grandeza, en términos físicos se emparenta con la fuerza, pero la verdad no tiene mas fuerza que el hecho de que sea comprendida, nadie puede imponerla por el lado de la potencia física o la incursión agresiva.

En resumen, la verdad como proceso nos pone por encima de una realidad blindada en múltiples mentiras pero la grandeza proporcionada no se transforma en la superación de aquella mientras una mayoría siga interesada en continuarse mintiendo mutuamente acerca de la misma.

Desde la posición más analista tratar de construir un sistema de verdades definitivo para todo el mundo tiene mas de absurdo megalomaníaco que no de interés filosófico. La dinámica elaborativa va generándose a si misma alcanzando niveles teóricos inicialmente insospechados. Por encima de dictaminar si dan respuesta a todo, algo titánico  y metodológicamente imposible, es suficiente con evaluar si dan respuestas a lagunas o vacíos teóricos previos y van sirviendo como eslabones de crecimiento. Cuantas mas certezas tenga una persona sobre sí mismo y el mundo que habita más habitará en su neo-realidad desde la que no sufrir los avatares de la realidad dominante y manipulada a conveniencia de las voces de la mentira.



[1] Se lo oí a Albert Llorca en el Ateneu Barcelonés.

La Experiencia con el cartelismo

Las militancias políticas, sean cuales sean sus signos y sus épocas, van indisociablemente unidas a las prácticas propagacionistas de sus ideas. Antiguamente los partidos leninistas hablaban de agitación y propaganda, precisando así el valor y significado de ésta, en tanto que estimulación de las sensibilidades pasivas para el incremento de la conciencia general. La propagada era para agitar con nuevos vientos teóricos el pensamiento adormecido o, peor aún, la falta de pensamiento.  La propaganda tenía sentido en la perspectiva de incidir  para el cambio de actitudes. Sigue siendo su función principal. La propaganda es un instrumento del que se valen asociaciones, grupos e instituciones de distinta índole  de la que se valen para ejercer una influencia pública.

Aquel concepto tan estructurado vinculado a organizaciones conspirativas  y que en cierta manera podía organizar la manipulación ya no tiene nada que ver  con muchas de las formas expresivas publicas del pensamiento. La experiencia del cartelismo no es ya para unificar movimientos de masas en torno a consignas, ni siquiera pretende el proselitismo a favor de engordar unas organizaciones o partidos o tampoco procura garantizar convocatorias. Es suficiente con su contribución con una idea que lleve a pensar. Por no ajustarse a un programa de propósitos ni tan solo pretende convencer de unas ideas preconcebidas. Le basta con exponerlas para poner en circulación la confirmación de su existencia.  Hay un cartelismo testimonial de un pensamiento marginal que se autodeclara como tal para al hacerlo, asegurar que se prefiere seguir estando en esa marginalidad que no en una integración en teoremas en los que no se cree. 

Una buena parte de las noticias corren por los medios dominantes de su circulación industrial pero actualmente ya no es cierta aquella tesis de que el pensamiento público pueda estar totalmente dominadp por el poder manipulativo de tales medios. Para empezar no todos son iguales y lo que unas plataformas editoriales subscriben otras no lo hacen. También podemos alegar que cada persona moderna tiene una cierta cantidad de medios para decir sus propias opiniones o publicar sus noticias. Las ventanas de su casa o de su automóvil son formas públicas manifiestas donde colgar sus eslóganes. La experiencia con el cartelismo desde que veo empleando ambos medios no es la de atestiguar que induzca a saltos manifiestos de insight o tomas de conciencia o mucho menos a acciones de protesta. Tampoco es ninguno de estos dos el objetivo. Basta que alguien ante su lectura piense la hipótesis anunciada. La mayoría de la gente no lee nada y puede estar pasando toda su vida por una misma calle y no haber advertido nunca el contenido de un texto escrito en un aparador o en una pared. No se puede pedir que retenga en su memoria un slogan escrito en la venta de un coche cuando se cruza con él en la carretera en un punto de tráfico. De todos modos he podido observar toda clase de posturas lectoras ante los míos/nuestros. En alguna ocasión me encontré con pronto-respuestas de alguien que había dejado escrito que no lo entendía, usando el polvo del mismo cristal. También me he encontrado notas manuscritas felicitándolo o rechazándolo. Aunque la reacción que genera un cartelismo móvil o en las ventanas de casa no es gran cosa, uno termina pro ser referido como aquel que lleva el coche encartelado o tiene las ventanas de su estudio con otro tanto. Espontáneamente otras personas de otras ciudades y países llegaron a la misma conclusión. De tarde en tarde veo algún coche que lleva su propio cartel o que lo ha puesta en la venta de su habitación que da a la calle. Imaginemos eso mismo multiplicado por cientos de miles de personas que son las que se quejan de que los medios de propaganda están en manos de poderes de minorías. Sin duda, seria una fuerza creativa descomunal. Antes de ese particular cartelismo, desde el mundo del comercio ya se promocionaban los establecimientos a si mismos anunciándose con lo que vendían  o los productos que tenían, algunos de ellos  apoyados con frases netamente inductoras a la compra. También otros establecimientos de carácter ideologista los tienen. Hay muchos pósteres en el mercado con leyendas añadidas. Hoy día no hay una sola ciudad del mundo que no sea una gramática pública. Basta andar por ella para recibir una enorme cantidad de información procedente de carteles de pared o de farolas. Basta leer para enterarse.

En cuanto a mi experiencia personal me pregunto si además de reunir suficiente material para publicar un libro al respecto de los eslóganes testimoniales de los que me he valido  esto va a servir de algo más. No siempre han sido de buen recibo y algunos me han creado problemas porque no fueron entendidos o porque fueron demasiado entendidos. El slogan propio es una forma de opinar en voz alta sin despegar los labios. Los demás que se lo encuentran pueden ignorarlo o comentarlo entre ellos o comentármelo. Son las tres clases de posiciones que detecto. No me pregunto si es malgastar el tiempo porque forma parte de mis muchos quehaceres existenciales que no están dotados de ninguna intencionalidad productiva.

En el 2003, después de varios años de pasar por distintas versiones de la práctica militante por libre: buzonadas, etiquetas, textos en puntos de lectura y emails, decidimos emplear nuestros escasos recursos domésticos para decir lo que pensábamos: teníamos ventanas que daban a la calle, los de nuestros coches y los de nuestras casas. Optamos por usarlas como elementos de periodismo pobre.

Imaginemos que eso lo hicieran un cierto número de apartamentos de cada inmueble ¿no sería ello en sí mismo una manifestación permanente del estado de opinión de un país en las cuestiones principales que le afectaran?

Nosotros habíamos empezado con consignas clásicas en nuestra época de militancias partidistas  para ir predominando en la elección de  los textos que inducen a la reflexión. Lo menos significativo es ya convocar a alguien para la acción de protesta pública, lo más importante es convocarlo para que reflexione y llegue metódica y conscientemente a sus propias conclusiones.

El propagandismo en todos sus suportes viene pasando por el arte en general y la cinematografía en particular. El cartelismo es una de sus concreciones, la única seguramente que está al alcance de toda la gente. Basta llevar una camiseta puesta con un slogan determinado para estar haciendo de figura encartelada móvil. Es una verdadera lástima que el exceso de inhibición y el miedo individual de no poca gente a vincularse públicamente con su idea (las manifestaciones masivas no deja de ser una forma que preserva el anonimato individual por muy públicas y callejeras que sean) mantenga el cartelismo de iniciativa particular tan lejos de todo su potencial.

La prensa que se precia raramente olvida el espacio de las viñetas las cuales con una o dos líneas da las claves de muchos artículos informativos y sobre todo consiguen entresacar lo esencial[1].

Para quien no tiene textos originales si quiere apuntarse a este compromiso público, le basta acudir a las conversaciones o a los textos de otros para entresacar aquellas frases en las que se identifique. Una vez automatice esta dedicación verá que el tiempo que se lleva es mínimo y en todo caso mucho menor a las viejas formulas del espray en las `paredes o las pancartas en los puentes que no hay porque desautorizar pero que yo ya dejé de hacer hace mucho de eso. El valor del propagandismo incluso es superior al que se estima. Conocí en una ocasión a un militante pujolista  que lleno la nacional I a su paso por el Maresme de carteles con el nombre de Pujol y textos alusivos a la Catalunya nacional. El solo reescribió consignas innumerables veces creando una sensación de una gran organización atrás. Refirió, en la presentación de su libro, de esos años de clandestinidad la alarma producida por aquel hecho en las autoridades franquistas.

No es que el cartelismo tenga que tratar de demostrar lo que no existe. Basta que quiera demostrar lo que existe aunque sea a cuentagotas o al mínimo de su potencial expresivo. Palabra a palabra se va construyendo una nueva consciencia o para no ser tan optimista una nueva conciencia necesita de cada una de las palabras críticas de las que nos podamos proveer.  



[1] En una de El Roto había dos volutnarios  recogiendo chapapote.con el siguiente comentario:lo que nadie nos ha dicho es si eso ha pasado debido al progreso o al retraso.

 

ONGs: Go home.

Las ONGs son un conglomerado de distintas inquietudes y campos de dedicación especializados. Un slogan para todas ellas peca de reduccionismo a no ser de que se refiera a aquel tipo de organizaciones que dedicadas al desarrollo desde posiciones inyectoras socavan los dinamismos autónomos aunque esa no sea su primera intención. ONGs (dos puntos) iros a casa es un texto segregado directamente por la experiencia de contacto con ellas en el oeste del continente africano. Es a esas Ongs de cooperación y desarrollo a las que va dirigida esta frase. Volved a casa es el grito que se ha dirigido a extranjeros belicosos interviniendo en suelos extranjeros. Si bien las Ongs comparten visiones y actitudes pacifistas no pueden evitar impactos colaterales equivocados en sus intervenciones de ayuda.

La elaboración precedente nos ha llevado hasta ahora a las siguientes ideas:

1. Las Ongs de la cooperación se convierten -en sus diversos campos de actuación- en la substitución de los trabajos y energías locales.

2. No cambian ni pretenden cambiar valores, actitudes ideológicas o tradiciones.

3. Con sus ayudas económicas contribuyen a generar una clase social privilegiada e indirectamente a que la élite de poder se ocupe de lo suyo y solo de lo suyo desentendiéndose de las necesidades del país.

4. Hacen de vehículos exculpatorios para las poblaciones metropolitanas de Europa y de los países ricos resultando en la práctica agencias de gestión para saldar la pretendida deuda histórica de los blancos hacia los negros.

y5.La visión nativa  predominante ante las Ongs es la de los salvadores, la de los ricos, la de los altruistas, generando estados de alienación mental y de desidia suplementaria. La psicodependencia es una pandemia africana tópica. Su síntoma cursa con una ausencia de orgullo étnico y una vergonzosa falta de dignidad.

Un asunto completamente distinto son los grupos internacionales, de condición jurídica igualmente de organizaciones no gubernamentales que intervienen discutiendo las atrocidades de los gobiernos –o de las poblaciones- contra el medio ambiente (patrimonio de toda la humanidad) o contra los disidentes encarcelándolos. Mientras las luchas y denuncias antigubernamentales contribuyen directamente a la difusión informativa de las verdades silenciadas y, por tanto, a una elevación de conciencia, quienes se dedican a hacer el trabajo de los autóctonos, permitiéndoles que sigan consolidándose en sus desidias y arritmias, vienen a consolidar sus prácticas de ociosidad por no decir  vagancia.

En el momento de redactar esto, el repaso autocrítico de la función substitutoria de las Ongs en África y la adopción de un ultimátum de abandono generaría consternación y presión para desencadenar cambios mucho más consistentes que su continuidad tal como se viene haciendo, desde la descoordinación, la sectorialización y la total falta de anticapitalismo.

Proponer la discusión sobre el peso y la función de las Ongs en los países de dedicación lejos de sus bases sociales de apoyo de las metrópolis lleva a observar  la casuística concreta de la gestación de dependencias-tipo. Lo que tiene poco sentido es la dedicación abnegada (tampoco tanto: las Ongs generan profesionales asalariados enviados expresamente a los lugares) para ayudar a sectores concretos de países (obtención de agua potable, creación de escuelas, instalación de paneles de energía solar, unidades sanitarias,…) y luego dar la espalda a inercias culturales nefastas (dejar morir a uno de los dos gemelos por tener la convicción que de adultos matarán a los padres, o la praxis de la endogamia reproductiva con las consiguientes malformaciones o la ya muy criticada corrupción del estado).

Las ONGs han encontrado el pretexto de sus existencias en los países subdesarrollados pero su presencia en estos no las ha convertido en ningún caso en polos de referencia alternativa para nuevos regímenes o formas sociales. Por otro lado se componen de voluntariado por lo general sensible al tema de la miseria pero no demasiado critico de las causas de las patologías sociales a escala mundial. Involuntariamente el voluntariado se convierte en cómplice de aquello a lo que va a ayudar perpetuando formas ancestrales de relación del hombre con el medio, consolidando su falta de dedicación al esfuerzo y substituyéndolo en las tareas más básicas, como construir físicamente sus escuelas o pintar sus fachadas, trabajos que pueden hacer perfectamente los lugareños. Si comparamos las ONGs a otras empresas, explícitamente intervencionistas como tales, las que construyen puentes, las que montan almacenes, las importadoras de productos alimentarios o tecnología, los fabricantes de tejas como la de un portugués que conocimos en Bafatá, estas contribuyen a modificar el mercado real, dentro de las pautas del mismo desarrollo capitalista, mientras que aquellas incorporan elementos de artificiosidad hinchado globos de mentiras.  Sin duda hay programas muy importantes que salvan vidas, impidiendo que la malnutrición mate niños, los contagios debiliten la población o permitiendo que los enfermos recuperen la salud, pero todo esto reemplaza las tareas del estado, su coordinación de campañas, su organización presupuestaria para ayudar a sus pueblos. Indirectamente el trabajo del voluntariado substituye el trabajo del funcioariado de estado permitiendo que este siga dedicándose a las corruptelas y a engrosar sus feudos privados.

Si se abriera un proceso de autoconcienciación de las Ongs en su función intervencionista en sus ámbitos y países de dedicación  una de las tesis que flotaría seria la de volver a casa, abandonar sus espacios, legarlos a la responsabilidad local de los lugareños (arriesgándose consiguientemente a que echara a perderlos después de décadas de mimo y dedicación). Eso sería tanto como preparar el enfrentamiento de sus pupilos a su madurez. Las ONGs bien podrían reciclar todos sus cooperantes y voluntarios a posiciones más concienciadas y criticas ante el mundo actual reciclando su tiempo personal no para exculparse sino para cambiar las cosas en lo substancial, es decir cambiado de actitudes y luchando contra las actitudes que dañan a todos los humanos (corrupciones y  faltas de plannings racionalizados).

Banca Ética

[1] . Banca Privada e Inversiones éticas.

Como se sabe, los fondos de mayor rentabilidad (generalmente packs de mixtos entre unos de renta fija de bajo interés y otros de renta variable que según los ejercicios  puede compensar la desvaloración de los anteriores) son aquellos que invierten en las empresas más rentables del planeta, es decir las empresas que suelen coincidir con las que no se destacan por su respeto a la naturaleza o a la humanidad. Los pequeños rentistas con remanentes  de dinero sobrante que los ponemos en esos fondos incurrimos en una contradicción ética flagrante. Por un lado a muchos nos molesta un mundo divido entre ricos y pobres con toda la distorsión mundial derivada de ese desequilibrio y por otro, enajenados  al problema  contribuimos a aumentarlo con nuestros ahorros No se trata de un plan deliberado ni perverso. Eso no.se trato de un efecto lógico al mismo hecho tenencial del capital guardado. Mientras el dinero se utiliza como un medio directo supervivencial y las salidas igualan a las entradas  o surge ningún´ conflicto ideológico al respecto. Mientras no haya ahorro el dinero es un instrumento inmediatista pero a partir del momento en que queda un resto y ese resto es acumulativo no hay posibilidad de autoengaño: esa cantidad será utilizada de una manera o de otra para negocios económicos desde el momento en que permanezca en una entidad financiera o sea usado en operaciones de préstamos.

La banca privada moderna ha dejado atrás la vieja imagen de la usura del judío prestamista que hacia su fortuna a base de alquilar su dinero por fuertes sumas a devolver en unos plazos pactados. Aparentemente el asesor de detrás del mostrador (o más modernamente del despacho) que nos atiende con una diáfana sonrisa y con un fuerte apretón de manos es “nuestro amigo”. En sus caras lavadas las entidades  hablan de “trato personalizado” y de  atención  incondicional y sincera. Y la verdad es que el director de la agencia más cerca de casa a la que hemos decidido dejar nuestros remanentes se convierte en una figura  próxima, identificable a la que consultamos dudas o reconducciones de nuestras sumas. Hasta podemos  caeremos en la trampa de creernos que defiende nuestros intereses y que el banco o la caja de ahorros lo tiene contratado para  hacer bonito. Pronto adivinaremos que  su discurso no pasa de ser  la palabra de la infamia cuando todo propuesta (producto financiero) no es otra cosa que un artilugio para sacar la máxima rendibilidad económica. En tanto que empleado de una firma el futuro de su puesto depende de la habilidad que tenga para ganar y conservar clientes y éstos (nosotros) por su parte se mantendrán en tanto y en cuanto vean seguros sus capitales. Lo que menos puede tolerar un pequeño inversor o un pequeño rentista es que se juegue mal con el ahorro de años de trabajo. Todo lo demás: en qué y de qué maneras se invierte su capital y el de otros muchos será secundario. Al cliente de banco le importará sobre todo recuperar su dinero y  no perderlo mientras lo deposite, y por añadidura, rentabilizarlo con unos réditos superiores al ipc anual. Lo que el banquero haga con su dinero: si lo  invierte en inmobiliarias o  en armamento eso ya será un tema un tanto secundario que le resbalará o que ni siquiera preguntará. Supondrá y querrá suponer que su dinero contribuye al desarrollo y es capital humanitario[2]  en lugar de  motivo de  empobrecimiento para terceros. Los grandes desastres de la humanidad siempre dependerán de otros: de los grandes especuladores sin escrúpulos y  el pequeño rentista en su ignorancia deliberada  y su magro capital  se verá inocente ante cualquier evento trágico dentro de la economía internacional. Pero cuando admita entrar en discusión sobre el tema se enfrentará  a una ética básica transgredida: la de apoyar con su  excedente voluminosas fortunas manejas por gente  menos  principista y más preocupada de los dividendos y los beneficios que de la justicia o de las ayudas. Lo mire por donde lo mire se encontrará entre dos frentes: el  de perder sus pequeños ahorros si no los invierte en  la mejo estrategia de rentabilidad  y el de participar  como cómplice en la organización social de las distribuciones injustas de los recursos. Tanto si deja su dinero en manos ajenas (agentes de bolsa o agentes financieros) como si decide moverlo directamente comprando acciones o  propiedades con el fin de venderlas, estará entrando en la dinámica de los juegos capitalistas donde el sentido de todo movimiento será el negocio: es decir la conversión de cualquier cantidad de partida en una cantidad mayor una vez restados todos los gastos del proceso, la especulación, la compra de materias primas y el mantenimiento de la operación.

Si tiene un mínimo de sensibilidad nuestro ahorrador se retirará de la historia o preferirá no tener dinero a verse en la tesitura de tener que jugar con él, es decir especular para no ver perder su poder adquisitivo. Si no la tiene ni siquiera admitirá la menor responsabilidad de su conducta en  los procesos económicos generales. Pero tanto si la tiene como si no la tiene será un juguete o un síntoma de las circunstancias: una vía expresión de la ideología imperante en la sociedad ambiciosa: la de ganar más y más aunque sea a costa de perder más contenidos existenciales.

Ante todo este panorama  distintas iniciativas vienen proponiendo otras reconducciones del dinero excedentario. Ya que está ahí, lo mejor es darle una salida éticamente aceptable. Es el momento en que el crítico anticapitalista devenido profesional medio estable y que ve que una parte de dinero es excedentaria, le toca decidir dónde meterlo que será honesto y no contradictorio con su filosofía de vida. Sabe que es ilógico v está llenando sus discursos de sobremesa o sus gritos en las manifestaciones contra el modelo social y por otra parte  tener una cifra suculenta en el banco por mucho que sea socio cotizante de varias ONGs e invierta  otra parte de su dinero en levantar su asociación militante o  sus campañas de protestas.

Por eso, si se desembaraza de la tónica especulativa de los banqueros, tratará de preguntar por productos financieros éticamente aceptables: aquellos que financien propuestas ecológicas, empresas energéticas basadas en el respeto al medio ambiente, proyectos de cooperativismo o promuevan inversiones  sin encarecer la circulación monetaria con el factor abusivo de la especulación.

Ese  minus ahorrador  se enfrentará ante un primer problema: las entidades financieras tradicionales ni siquiera se plantean la posibilidad de la ética en economía. Su parámetro es únicamente el de ganar dinero., haciendo de una práctica económica toda una filosofía de vida. Sin embargo, si sigue buscando encontrará otras opciones extra bancarias o al margen de las finanzas oficiales[3] . El problema inmediato que se presentará es la fiabilidad[4]  de esas otras líneas de intención. En tanto que una banca ética como tal no esté consolidada[5] . Por su parte las propias propuestas de hacer una proyección ética con un capital acumulada tal vez se encuentren con la tesitura de no tener proyectos claros que financiar y sí depositantes  que les den apoyo en la cocreación de un capital comunitario.

Se mire por donde se mire, el dinero quieto o el dinero de transición  constituye un problema ideológico y práctica a partir de una cierta envergadura. Ni el  cajón del despacho de  ningún pequeño rentista se puede permitir cargar con miles de euros, por razones obvias, ni  mucho menos el de un grupo que se plantea una banca ética puede guardar su capital en un fondo de inversión de otra banca tradicional a la espera de proyectos éticos que sean a la vez económicamente financiables.

Es obvio que no se trata de creer en que todo es financiable por muy ético que se presente, si no que lo es aquello que además de ajustarse a un código ético básico  parte de presupuestos realistas y de una viabilidad en el seno del mercado general, por lo tanto en un terreno donde lo que domina no es justamente la ética. Al mismo tiempo estamos saeteados por datos estadísticos escalofriantes[6]  y sabemos que un montón de problemas se evitarían simplemente con un tratamiento distinto del dinero, pero ese saber no convierte nuestros pequeños, moderados y privados poderes adquisitivos en un poder ejecutivo real para transformar profundamente la realidad de nuestro tiempo por lo que hace a la herencia de problemas ancestrales y endémicos. Eso nos lleva a vivir como sujetos escindidos: de una parte  vivimos una línea ideológica, de pensamiento liberal o humanitarista, de otro somos socialmente cómplices del sistema del que abjuramos.

 



[1] Este articulo trata de  enfrentar  a cada persona a lo que hace con su dinero acumulado y a las implicaciones no éticas al tomar esa opción.

[2] La propaganda empleada por el banco de España para promocionar inversiones en tesoro Público abunda en los aspectos desarrollistas y humanitaristas como nuevas estrategias de enganche para los depositantes en tanto que crean menos problemas éticos.

[3] Al asocaire de ésto se viene trabajando desde FETS (finançament ètic i Solidari)en un planteamiento para la construcción de una banca ética. Docenas de ONGs -y entre ellas algunas de las más poderosas por lo que hace al volumen de dinero manejado en planes de ayuda-son socios participativos del programa de investigación y debate sobre la viabilidad del planteamiento.

[4]Quiero citar la experiencia de haber convocado una conferencia  sobre el tema con un ponente de FETS y cuyo auditorio  estaba básicamente constituido por gente que había militando a favor de la consulta social por la condonación de la deuda externa, en su mayor parte pequeña burguesía local cobrando  sus nóminas por la banca tradicional y con  cantidades excedentarias. El desarrollo del tema sólo movió a una interés teórico (tal vez a una inquietud privada sobre las almohadas)pero no a una toma de posición ante la sugestión, ni siquiera de arriesgar una pequeña parte de capital para apoyar una iniciativa e banca ética. Obviamente el  sujeto revolucionario tiene menos resistencia a abogar por el cambio de las cosas fuera de sí que para cambiar aquellas de su familia, su casa y  sus pertenencias.

[5] Hay una larga tradición de firmas en este campo en  otros paises:Alemania, Gran Bretaña, pero no en España.

[6] El hambre en el mundo podría resolverse con  el 10% de lo que se gasta en armamentos

Seminario de Metafísica

 

El debate metafísico no queda circunscrito a la tesis del Todo-Uno o del Dios Único por encima de la multiplicidad de versiones de quienes le interpretan.Es un debate inter y transcultural de amplia envergadura que implica el repaso de corrientes de pensamiento y  el balance de proposiciones culturales en juego. No es un debate separado del  de la cultura general por mucho que la occidentalización de las formas y el ateísmo regente quieran pensar en  una superación de las creencias a cambio de hedonismos de los consumos del tiempo existencial y de sus formas. Es un debate que empaña e implica a todas las demás polémicas en curso de la vida intelectual. Si bien, en una época anterior era suficiente ponerse a un lado u otra de la divisoria entre creyentes y no creyentes, en la actualidad la fusión de las ciencias físicas clásicas con las ciencias místicas[1]   ha borrado todo parecido con  una línea que separe campos antagónicos del saber. Los exantagonistas  ante los credos, se ven reciclados por fuerzas poderosas de la historia del conocimiento e impelidos  a reconocer los distintos universos internos que encierran:los racionales y los no-lógicos, las verdades comprendidas y las verdades intuidas.  Si unos siglos atrás se podía morir por el hecho de no creer en Lo Sublime y con tal descreencia, descreer también en luna organización eclesial que sojuzgara a las gentes a partir de sacarle partido a sus miedos; la actualidad ya no divide al mundo entre  apólogos  del más allá  por un lado y sus detractores por otro,sino entre visionarios de un más allá físico y  subordinados a la realidad aparente o demostrable. El más allá físico es la metafísica que ha encontrado expectación, seguimiento y estudio,desde el campo de las religiones al campo de la filosofía, dejando ver sus efectos en el mundo de las artes, la literatura y sucesivas expresiones del pensamiento, por encima de corsés culturales concretos e incluso de épocas históricas determinadas.La metafísica es el legado de estudio que a diferencia de cualquier otra convoca la elaboración y el desideratum de entender la vida más allá de sus postulados matéricos. La metafísica, desde la teología a la teosofía, ha proporcionado un caudal  especulativo por el que posicionarse ante las conjeturas del post-ser, más allá del ser conocido como tal. Es la invitación al debate etéreo por excelencia y el que permite ir más allá de los principios rutinarios de una mecánica del sí, por el credo mismo. Y es el debate impostergable para todo correligionario amante de saber más allá de lo sabido en la conexión de su yo divino con un universo de totalidad.

Un marco de debate regular como seminario[2]  de metafísica, abierto a quien quiera aprender y enseñar  sin tener que justificar su pertenencia a un grupo espiritual o religionario determinado,y tampoco  su no pertenencia a ninguno; es un espacio de cocción de las ideas y de profundidad analítica.Un micro o maxi foro desdogmastizante por esencia. Un lugar objetivo de contraste, de co-reflexión en grupo, de co-inspiración y de fraternidad espiritual.

El solo hecho de conjugar membrecías distintas de tantos apostolados como se quiera, en son de armonía y en una paz  relente,es ya una razón suficiente para instituirlo. Pero su desarrollo dependerá del rigor e interiorización que se consiga[3]  y no de la autoconvocatoria rutinaria[4]  que se haga. El seminario de metafísica  puede ser un espacio permanente y un fondo de inversión energética a perpetuidad. Un lugar[5]  por el que pasen personalidades intelectuales[6] , abierto a las personas interesadas en esoterismo,parapsicología, espiritualística y religiosidad.Y un espacio de co-hecho en el debate interespiritualista complementario y reforzador de otros espacios divulgativos de mayor resonancia[7]  dentro de la misma  línea.  Un seminario de estas características recuperaría  discursos que se han esclereotizado  por la falta de reflexiones y estudios, o que se han mantenido bajo dominios religiosos concretos, más impregnados de proselitismo que de deseos de comprensión y comparación. Además sería el punto de fusión entre la filosofía y el espíritu, o el pensamiento y la  religión,como las caras del proceso histórico de las ideas humanas.

 



[1] Parece que la mística y la ciencia son vocablos antitéticos.Mientras la ´una cuenta con presupuestos no demostrados y la presunción de  una realidad trasnpersonal y transmaterial altamente compleja de la que la realidad matérica es tan solo la parte menor y menos evolucionada;la otra no admite más discurso  que los producidos por sus laboratorios estoicos de persecución rutinaria de todas las variables.

[2] La palabra seminario es la apropiada y alternativa a  la de curso.Mientras aquel sugiere elaboración y construcción desde la confrontación, este sugiere el de extensión de un conocimiento dominado y consensuado, reproducción del mismo y aprendizaje, sin qu la dimensión crítica ocupe el lugar más importante.

[3] Tan solo  posibilitable por un programa de actuación.Una convocatoria de 9 o 10 sesiones por año. en un formato de co-responsabilidad temática, con un enunciado troncal al que se vinculen los temas-parte.

[4] La rutina de un autoencuentro  tiene sus ventajas de cohesión de una adhesión preestablecida y un activación del ánimus de  la co-misión compartida.Y eso es un valor muy importante.Pero no es una técnica propiamente ni una garantía de trascendentalización del saber místico.

[5] suficientemente flexible y abierto pero con el protocolo de formalidad de una cierta inscripción de compromiso de continuidad. La diferencia de un seminario  troncal al de una conferencia, es que en aquel la pérdida de asistencias lleva a repeticiones de debates en quienes llegan tarde o se pierden sesiones que al intervenir obligan a abundar en lo mismo o a repetir lo ya dicho. En una conferencia independiente en cambio,cabe toda intervención derivada del tema del día. 

[6] No tanto en el sentido de personalidades de renombre como personalidades psico-espiritas que hayan trabajado su interior y elaborada su verdad  divina, o tal vez, mesiánica.

[7] Lo que son/serían convivencias universalistas de invitaciones múltiples de otros grupos y corrientes espirituales.

Espacio de metateórica

 

La metafísica, o la exploración en lo más allá de lo físico y comprobable, es una invitación permanente para ahondar en nuestros preguntas incontestadas o revisar nuestras respuestas provisionales. Convoca el debate abstracto por su propio cometido y con ello se corre el riesgo de desbarrar las conversaciones hacía predicados tan densos como insustanciales pero revestidos de aseguranzas sacrales. Plantearlo como reto de investigación del más allá (en un salto cualitativo de lo sabido a lo no sabido)así como espacio de encuentro de distintas teorías y prácticas sobre la espiritualística, requiere algo más que una cita organizada  para hablar en general sobre lo divino y lo humano trascendido. Precisa de contenidos y de programación[1] , o lo que es lo mismo de una dinámica tras unos objetivos. Eso y no la digresión espontánea es lo que garantizará la conversión del espacio en un referente amigo de otros grupos que busquen el reencuentro, la sintonía y la unidad desde sus diferencias particulares.

Cabe prevenir la divagación, como  una disuerte inherente a los conciliábulos especulativos. Si cualquier tema de abstracción la trae como un efecto colateral, tanto más recrecido cuanto más latinizante sea una  cultura,  los temas filo religiosos y para espirituales, todavía la socorren más, en tanto que divagar es una manera de escapar de las respuestas planteadas por las preguntas propias de toda controversia. La discusión  real nunca ha sido el griterío con el que se la ha revestido. Pero lo cierto es que la propia palabra discutir ha quedado desautorizada, siendo sinónimo para no pocos, de crítica, polémica destructiva y calificativos desagradables. En todo caso, donde hay dos o más partes encontradas e levanta un trayecto para saber cuáles son los irreconciliables y cuáles los datos conciliables. El espacio metafísico, más que  ningún otro, propicia una discursividad  difícil de especificar que navega de alfa a omega sin establecer referentes seguros. Las grandes afirmaciones teológicas  son un proceso poético secuencial que  calma  la rebeldía de búsqueda de los espíritus pero no satisface el vidrio racional. Y toda lógica creacionista acaba siendo la expresión de la angustia humana por seguir sin saber nada-en lo esencial-del pasado originario de la humanidad. La teología  fracasa como lógica del dios, aunque tenga éxito en sus mensajes crísticos; y no sale del laberinto de una teleológica, o una pretensión de conocimiento real de todo aquello de lo que guardamos una distancia enorme y una fisura profundas.

Pretender una explicación del sentido último de la vida terrena y dotar de una lógica al más allá, es un laberinto meta teórico formidable, ante el cual, la tentación de sentar de una vez para siempre una construcción doctrinaria, es demasiado poderosa como para no sucumbir a ella. Eso explica que todas las religiones tengan previsiones para todo: desde las explicaciones a sus porqués místicos y teocéntricos a sus rituales y calendarios de peregrinación. Ese damerograma general  viene a crear un maremágnum teocrático donde el sujeto pensante es reducido a la nulidad. Hay otra posición ante  el viaje místico y la intuición extracorpórea, la de no renegar como sujetos de lo que están tanto en nosotros como en  la totalidad de los objetos manejables. Admitida la capacidad creativa desde la condición pensante con la presunción del alma divina, cabe, consecuentemente, entrar  en una dimensión de autonomía con la que negociar   las variables eternas el destino que  se quiere, o lo que es lo mismo, negociar con el propio dios  el futuro buscado, ya que lo que está siempre en juego es el concepto de omnipotencia. El espacio metafísico es un compromiso con una clase de debate y de polémicas, no suministrable por los componentes cotidianos de la vida. Es un espacio de coordenadas en las que concurren, los intereses teóricos  irresueltos que están en la cola de los temas expectantes más los intereses  personales de sentido existencial privado en  un mundo selvático difícil de vivir. Y más que corresponderse con una ubicación determinada[2], se correlaciona con todos aquellos encuentros que quieren progresar en las tesituras del alma humana ante la habitabilidad de las limitaciones corpóreas en una existencia casi-carcelaria. siendo una suma de espacios de reunión los que van configurando unas existencias personales propensas a la meditación, la conexión angélica con otras presunciones de expresión y la construcción de valores teóricos que permitan una consciencia por encima de las teorías restrictivas vigentes por muy  hegemónicas que sean.



[1] Además de una calendarización de días, horas y lugares de encuentro, la programación real empieza con dotar a cada encuentro de un contenido previsto: un tema y un/a encargado/a de tema.

[2] aunque si no queda predeterminado un seminario de metafísica, con día, lugar hora y programa temario, es difícil que el espacio metateórico alcance una singularidad  apropiada.

Libertad de protesta.

libertad de protesta y la protesta que la restringejesusricart@hotmail.com

Dentro de las libertades democráticas está incuestionablemente la de protesta. Esta se ejerce con distintos derechos (por lo  general con paros y huelgas en el trabajo y manifestaciones públicas en la calle, también con ocupaciones todo ello acompañado de cartelismos y eslóganes) que vienen formado parte del crecimiento maduro de una sociedad. La madurez social es la que admite las actitudes diferentes tratadas civilizadamente. Es así que los protestatarios por un tema a cambio de reconocérsele su protesta tendrán que admitir el derecho a otra, a su debido turno, con la que no se identifiquen en lo más mínimo.

La protesta ha  ido evolucionando -en los países que la permiten- hacia formas de espectáculo social que cumplen más una función de testimonio identitario que no de presión efectiva. Sí, sí, es verdad que grandes protestas han hecho dimitir gobiernos o jefazos políticos o los han hecho tambalear, también ha conseguido la readmisión de despedidos o la liberación de detenidos. Puntualmente las protestas más radicales han desencadenado tomas de poder y cuadros revolucionarios catapultado tomas de poder para reorientaciones históricas. Es posible que en el imaginario socio evolucionista se siga creyendo en que a base de sumar protestas la sociedad se va concienciando y participando de ellas hasta que un día una huelga nacional acabe con formas caducas de existencia social. Esto son palabras más que el sueño de la utopía. En primer lugar hay que distinguir entre los distintos de protestas y categorizar exactamente tanto lo caduco como lo nuevo por nacer.

Los movimientos de contestación social tienen más claro en contra de lo qué están que no a favor de lo que quieren conseguir. Las luchas reivindicativas siguen siendo fundamentalmente reactivas. Las preocupaciones –desde el estudiantado- por el plan Bolonia o por las pérdidas de puestos de trabajo –desde los asalariados- por la crisis financiera, son fundamentalmente reactivas. Lo que distingue una lucha de vanguardia de una reactiva es que aquella mantiene una regularidad de la reivindicación por un modelo alternativo a construir mientras que ésta cae en un berreo ante la paternidad estatal por no hacer lo que se cree que debiera. El principal problema que tiene la lucha reactiva es que si bien nace contra un estado contra quien se pelea es con sus lacayos, los cuales cambiarían de ideología y de bando en el supuesto de que este movimiento los sobornara con dobles  salarios y más pagas extras. Un contrasentido, desde luego, pero todo un gag.

La protesta en si misma tiene toda la lógica. El solo hecho de pensar es ya una forma de protestar si revisa postulados tomados por intocables y los desbanca. La más radical de las protestas no es la que ocupa una sede emblemática de una ciudad o se enfrenta con adoquines o cócteles molotov a la policía sino la que organiza una estrategia para la victoria y consolidar otras formas de hacer la vida. En no pocas luchas se pierde de vista lo que las original para seguir combatiendo por sus efectos, generalmente los represaliados o asesinados en las represalias. Cada vez que la  policía antidisturbios carga brutalmente contra manifestantes que se van de nada se estropea algo más en el panorama de la confiabilidad social. Cada vez que alguien golpea a alguien, sea en el caso de un uniforme con el que ejerce el abuso de autoridad, sea un humano contra otro es que está fallando algo más que la paciencia, es la capacidad de dialogo la que está rota y el raciocinio lo que está en crisis. No es nada nuevo, sabemos que llevado el ser humano a una situación extrema se comporta como lo que nunca ha dejado de ser, una fiera.

La valoración política de la función de la protesta reivindicativa no se puede separar de lo que lleva dentro. Tampoco se puede confundir el grito y la pelea con el  supuesto de un planteamiento maduro. El derecho a la protesta es indispensable para no permitir que la sociedad se duerma en sus imposiciones y en la mentira del discurso único de ellas, pero por otro lado los actos de protesta callejera  pueden imponer situaciones no consensuadas por otros. Si es difícil que llueva al gusto de todos también lo es que las formas de protestar lo sean. La protesta impone situaciones que son encadenadas a imperativos de otras fuerzas para socavarlas. Son lamentables los incides periódicos a lo largo de décadas que se van repitiendo con situaciones parecidas de peleas con daños más o menos severos e irreversibles. La lucha anticapitalista no es pelearse con el tipo uniformado y perder la energía con él, a fin de cuenta un asalariado que vende su comportamiento a quien se lo paga, sino la creación de formas alternativas de vida extraoficial (cooperativismo profesional, vida neo-rural, banca ética, educación, consumos de calidad, manufacturas éticas, supresión de los bienes herenciales…). Eso pasa por construir otros espacios y seguir otros criterios de adaptación y supervivencia más que por estar continuamente declarando el “no estoy de acuerdo”.

Ya hace tiempo que ha sido afirmadlo que no cuenten con nosotros para seguir estropeando este mundo, poblándolo de crecimientos productivos anti ecológicos y de capitales de ambición, pero por otra parte no se ve que nadie cree redes sociales en nuevos territorios en los que ejemplificar un mundo alternativo, probablemente porque ese “nosotros” no es tan compacto, ni unitario, ni seguro. Sí hay un nosotros univoco en la protesta: el de no querer imposiciones que nos une, pero no para construir propuestas. El salto de la protesta a la propuesta no es tan claro. Es más fácil pactar lo primero que lo segundo. La falta de su estrategia hace que las protestas se extingan por dos razones: por la represión que se recibe tan pronto use formas ilegales (el desalojo brutal  de los estudiantes del claustro universitario barcelonés después de 4 meses preanunciado por el rector si había violencia) y por la propia inconsistencia de la lucha que reivindica algo que espera le sea dado en lugar de instaurarlo, perspectiva nada segura si el grado de compromiso solo piensa en términos político-coyunturales y los psicológico-sociales para un diseño de relaciones de futuro más autenticas.

La libertad de protesta tiene por efecto colateral no previsto un fenómeno contrario el de impedir el ejercicio de la libertad de quien no la subscribe. Algo tan simple como lo ocupación de la calle obliga a un itinerario distinto a quien no participa de ello. Los clásicos cortes de carreteras o de transportes públicos en horas punta evidenciaban un malestar pero creaban otro, el de los usuarios que llegaban tarde a sus distintas citas sin ser los responsables directos del malestar anterior.

La protesta no empieza ni acaba en los actos de reivindicación por formas sonoras y contundentes. Lo que hace la pancarta y el grito coreado es trasladar el texto expuesto moderada y discretamente en una prosa, en una revista, en un panfleto. La frase reivindicativa no incorpora mas teoría o argumentación por el hecho de ser coreada como eslogan de lo que hace al ser escrita como artículo. Lo mejor que puede hacer cada cual que cree en un ideario de vida, de relaciones, de sociedad, de saber, es aplicarlo en su ámbito en la medida de sus posibilidades subjetivas. Es importante la contestación social y anecdótica la experiencia de la pelea pero lo que cambia las cosas es también adoptar formas de vida personales consecuentes y trabajar por un mundo mejor por la vía de ser un individuo mejor.

Muchas de las manifestaciones alas que asiste una ciudad moderna es una secuencialidad de grandes individualismos colectivizados; es decir, cada sector, a su turno, protesta por su tema sectorial, siendo ignorado por los otros que a su vez lo serán cuando ejerzan su protesta. Lo que pretende una protesta masiva es presionar por la fuerza a los magnatarios que tienen los resortes para dar las órdenes. No siempre lo consiguen.  Hay tipos que llegan al poder pidiéndoles la dimisión y no lo abandonan hasta 50 años después sin que un solo año no haya protestas exigiendo que se vaya. Esos actos de constatación son tomados como lloriqueos escénicos.

 

La seducción verbal.

 

 

 El lenguaje sonoro como conquista de los sentidos.

ruta expositiva

Las palabras como instrumento de entrega desde la antigüedad.

La indeferenciación general dentro de la estandarización.

El lenguaje como lo privativo y lo personalizador.

Comunicación y seducción.

Autoventa personal y venta en marketing.

 

Sobre los distintos lenguajes corporales y su función atractiva se han corrido ríos de tinta. Ovidio[1]  en Ars Amandi[2]  ya habla de la importancia del ver y del ser visto. Ovidio en su libro clásico de psicología de las relaciones humanas se presenta como poeta del pobre y no del rico ya que aquél tiene suficientes caudales para conseguir lo que quiere mientras que éste necesita de palabras para conseguir sus conquistas[3] .No discutiré ahora su arrogancia de género en lo que no dejó de ser un manual para hombres sobre su conducta ante las mujeres y cuya relectura es perfectamente actual habida cuenta de los conflictos estadísticamente preocupantes entre ambos.

La cuestión es que el lenguaje estaba ya considerado como un instrumento de seducción y de contención en la cultura  del imperio romano. Podríamos rastrearlo en otras antiguas culturas.

 Las teorías que sostienen que se enamora con la imagen y con el gesto y que analizan la prerrogativa sensual de los actos comunicativos han dejado de ser tabúe.  Sabemos que el cuerpo y toda su versatilidad es el compendio de varios instrumentos para alcanzar o conquistar al otro. El tema es de una vastedad tal que interesa analizar capítulos de formas y de procedimientos comunicativos para ordenar una cantidad básica de ideas con las que trabajar y experimentar.

La seducción verbal de la que ahora vamos a ocuparnos es aquella parte de la seducción que utiliza el texto hablado (y escrito)para alcanzar una sintonía emocional con quien lo recibe. La seducción verbal opera tanto en soportes acústicos como escritos y silenciosos.En este momento me ocuparé solo de su campo audible.

En principio los humanos somos seres no diferenciados hasta que no tomamos la voz .Algo que  pasa tanto en el plano personal como colectivo[4] . No es que no estemos diferenciados a priori es que no caemos en la consciencia de tales diferencias. Pasamos por la vida como espectadores un tanto saturados y cada cual pasa por la de los demás formando parte de un paisaje que ha acabado por ser amorfo a  partir de la masificación de los estímulos. Ya nada llama la atención tan  poderosamente como unas décadas  atrás. Apenas nos fijamos en nadie debido al estrés y al gobierno del tiempo que marca nuestros ritmos. Nos mezclamos los unos a los otros en medio de lo que llamamos gente sin percibir la inmensa mayoría de detalles con los que nos cruzamos. Formamos parte del anonimato. Y todos sin excepción pertenecemos a una mayoría de algo que nos estandariza:el vestir, el sentarse, el andar y sobre todo en el callar. Debemos acudir a lugares muy lejanos y únicos para que aquel tal vez añorado trato humano de la deferencia entre desconocidos o el interés por lo nuevo se demuestre ampliamente como en el tiempo en que Arthur Miller fue a representar su teatro a Beijing[5] . Hoy, raramente, hagas lo que hagas, sea donde sea, se despierta un interés. Este concurre frente a la originalidad es decir la diferencia.,Y la indiferencia personal por lo que más proporcionada está es por el discurso privado y por la voz particular.

A partir de una cierta edad se alcanza una invisibilidad funcional. Nadie se da cuenta que has llegado o que estás allí. En contrapartida tú tampoco te das cuenta de muchas personas que comparten el espacio o el momento. Es estructural al hecho de vivir y de vivir en sociedad sin darnos cuenta del valor específico de lo ajeno. La percepción de los adolescentes es el de discriminar a los mayores y el de los mayores de discriminar a aquellos. En las mismas expresiones verbales el lenguaje puede ser tan discriminativo que en el os modos de hablar estamos ya segregando o incluyendo a partes de los demás. El uso del femenino o del masculino en el castellano en determinados contextos ya son maneras  segregantes.

El  lenguaje inclusivo e integrativo no viene heredado siempre de la cultura, muy marcada por intereses de clase y de poder. Es una producción subjetiva y colectiva autoconstruida a lo largo del tiempo de vida. Objetivamente es posible estar modificando nuestras expresiones siempre aunque subjetivamente acabamos instalándonos en unas que repetimos una y otra vez de acuerdo a nuestras ideas y a los impactos que ejercen y que mejor resultado nos dan. De hecho un hablante podría llegar a contabilizar la cantidad de veces a lo largo de su vida que emite tanto una misma clase de expresiones o dejes o tics verbales así como la de veces que reproduce unos mismos relatos. De lo uno y de lo otro depende de la calificación de válido o no de cada interlocutor. Sucede con todo, también con las noticias telereproducidas, los libros editados, las conferencias dadas o cualquier clase de producción textual y verbal transmitida. Siempre se da una cierta cantidad de redundancia[6]  aunque hay porcentajes lógicos de ella y otros absolutamente desconsiderados que proporcionan motivos para prescindir o pasar de aquella fuente de información.

En el contexto de indeferenciación dominante de un mundo maquinado para conductas máquina saber hablar o hablar con propiedad es una condición supervivencial emergente y sobre todo una estrategia en si misma para alcanzar el alma ajena. El lenguaje es, por encima de cualquier otra propiedad instrumental lo que nos permite establecernos en el mundo y ordenarlo como un todo.

La capacidad verbal para hacernos entender no se limita a un hecho comunicativo. Las teorías de la comunicación y del valor mensajero de las palabras son insuficientes para explicar la red que teje cada palabra en las relaciones simpáticas y/o antipáticas de cada sonido con sentido. El lenguaje personal es lo que más representa la personalidad de cada hablante.Hasta un segundo antes de su pronunciación el sujeto humano es un interrogante, una hipótesis a lo sumo o un enigma.A partir de que toma la palabra se hace familiar, accesible, sociable y comprensible. El lenguaje es una entrada en momentos pétreos que  modifica la percepción del otro. Cuando el lenguaje es incomprensible, cuando el otro tiene otro idioma que no se entiende es tanto más fácil verlo como enemigo; en tanto usa determinadas expresiones crea un flujo energético de aquiescencia. Eleuterio Sánchez[7]  cuenta como para conseguir una cierta confiabilidad de sus guardianes al ser traslado esposado en un tren  se puso a hablar con ellos en su propio acento y de sus propias cosas. Eso le permitiría en un cierto momento  cambiar la llave de ubicación en su cuerpo con la que abriría sus esposas.  El reo estigmatizado con toda clase de acusaciones se convierte en persona cuando habla una voz identificable.El enemigo no lo es tal cuando habla en el idioma de su contrario preguntándole por cosas conocidas. En definitiva el lenguaje es la maravilla de acercamiento que tenemos las gentes entre nosotras para ser algo más que mensajeras de informaciones y ser entregadoras de emociones.

En el modo de comunicar las cosas ya hay seducción o todo lo contrario si no se entiende este atributo. Prematuramente el niño aprende los gestos seductivos y los sonidos que piden comida o mimos. Hay formas sonoras y fórmulas verbales que abren puertas (o corazones) y otras que los cierran con cerraduras definitivamente bloqueadas. El lenguaje es tan importante que sin el es difícil de concebir el mundo tal como ha sido y es. Es el responsable del progreso humano, de la industria, de la planificación y de los acuerdos, de los procesos intelectuales, de la pasión y el amor. Según una persona hable se acerca o se aleja de los demás. Y cada oyente  por una infinidad de datos sutiles en su mecanismo de percepción acepta o no a quienes forman parte de su campo hablado. Lo que llamamos sociedad o mundo de lo humano se refiere fundamentalmente al mundo de significantes, de traducciones racionales de lo qué decimos y pretendemos decir. El imperio de la irracionalidad en muchos campos se nutre siempre de dinámicas lógicas verbales.Dime cómo hablas y te diré lo que eres además de saber lo que podré esperar de ti.

El lenguaje es tan preciso que una entrevista verbal en profundidad da mas datos que la batería más completa de tests de evaluación de personalidad o de aptitudes o de rasgos caracteriales, que aún así son instrumentos que computan respuestas de decisiones. Tanto en selección de personal como en psicodiagnóstico la entrevista es indispensable para saber qué y quien es el otro a evaluar.

En la vida comercial el lenguaje es lo  primero que se vende; aún antes que el articulo que elogia  sobre el que un potencial comprador esté interesado. Las  técnicas de marketing sostienen que lo primero que vende el vendedor es a si mismo.Una vez conseguido esto puede vender cualquier otra cosa que se proponga. Las famosas cenas de negocios (también en las políticas) son procesos filocomerciales o prácticas paralelas a los espacios de negociación en si mismos para sintonizar anímicamente posturas encontradas y conseguir resultados de éxito. La cena es el espacio,por definición, de familiaridad, de intimidad. Es el lugar donde se puede hablar de todo un poco, permite la relajación y la lasitud y la consolación de los sentidos a través de la satisfacción del vacío estomacal y el embotamiento parcial de la percepción.El análisis y el razonamiento preventivo da a lugar a la empatía y a una confidencialidad o su simulacro.

 El protocolo estandarizado en las relaciones personales, especialmente las que están en grado de tentativa inicial pasan primero por una cena o un restaurante y después por una habitación o una cama. Raramente el proceso es a la inversa. La cena es el lugar que proporciona dos inapreciables fuentes de datos: el gesto y la palabra. Según las ocurrencias y dicencias del otro, uno se atreve a ir a más o por el contrario decide ir a menos. De hecho se ha llegado a este espacio cuando hay un interés por el discurso que pueda decirnos una persona.

Sabemos que toda persona en cierra un discurso. Cualquier saturación que podamos tener del mundo y de los demás no ha destruido este axioma. El otro es una fuente de valor incalculable, ilimitado.Una cantera a descubrir. Ciertamente  las experiencias de profundización que han resultado frustrados blindan la actitud del querer conocer y nos sume en la indeferenciación predominante antes mencionada pero no es menos cierto que vivimos la vida sobre la hipótesis esperanzada de adquirir saber y experiencias únicas y divertidas y poderlas compartir con gente emocionalmente coincidente. Es así que cada experiencia o acto de vida por el que pasamos: excursiones, partys, comidas, encuentros congresuales, reuniones festivas o ejecutivas; estamos esperando instintualmente conseguir nuevas sintonías, otras prosas con las que vibrar.

Los actos lúdicos tienen su reverberación en los actos de habla. La hipervaloración del hecho y de la práctica realizada no impugna esta verdad. La palabra permite la re-lugarización del placer. El hecho verbal sobre el hecho físico lo reestima, lo juzga, lo apasiona de nuevo.

Para quienes siguen en la dicotomía confrontacionista entre hechos y palabras como si se tratara de dos entidades nosológicas distintas cabe contraponer la noción de que la palabra es un hecho físico en si mismo, en tanto que se reproduce a través de un aparato fónico en el caso de la verbalizada o sobre un soporte material en el caso de la escrita.El modo de emitirla, en su prosodia, su vibratilidad, sus armónicos ya está dando un boceto de la persona que está detrás.

Hay voces al teléfono que nos seducen y otras que nos resultan agresivas por estridentes o inarticuladas.

Las personalidades divas de todos los tiempos en la ópera han proporcionado elencos de héroes por su voz. Hay tonos sopranos y tenores que nos llaman la atención porque nos llevan al cielo. Hay bajos que nos envuelven y cautivan. Ya la sola posibilidad del grito antes de que tenga una articulación alfabetizada está creando un espacio de significado.

La seducción verbal es un tema que se enfrenta a una resistencia espontánea a su parcelación.Al igual que otros que se refieren a atributos inherentes, y en principio invariables, a la condición de ser;  la gente no quiere admitir que tiene unos sellos de por vida: su estética facial, la longitud de su cuerpo por su atractivo o falta de atractivo. Es fácil admitir atributos cuando aquellos favorecen a quien los tiene y muy difícil de hacerlo cuando carece de los mismos. La voz es un atributo que nos acompaña biográficamente mientras cambia nuestra edad. A menudo distinguimos a personas por su voz cuando no lo hemos hecho por su semblante que nos ha pasado inadvertido o con la transformación de los rasgos ha hecho que pasara por alto nuestra mirada. La voz tiene un tono más estático a través de distintas edades,y sobre todo el modo de administrar las palabras y la fuerza con que son puestas en ondas sonoras. Las familias genéticas uniformizan  las voces y un tipo  de expresiones más allá de lo que los mismos interesados puedan sospechar.Será a través de pruebas objetivas como grabaciones o registros en video que reconocerán tales semejanzas. La voz es así lo distintivo de cada uno pero también lo que nos inserta en unos grupos y acentos pre-clasificados. Hay voces  más melosas y atractivas que otras.  Desde el mediterráneo latino nos podemos sentir,acústicamente, más seducidos por el francés, el chino y el argentino que no por el alemán, el árabe o el castellano. Pero tal predisposición no deja de ser una trampa del mismo mecanismo de la percepción determinado por experiencias culturales y emocionales previas. Aquello que es seductivo en un tiempo y un tipo de personas puede pasar a ser incluso lo contrario para otras épocas y otras personas. Y al revés, aquello que instintualmente se ha rechazado por manejar haches i jotas  aspiradas o kas  rotundas  se puede retomar con interés y  permitirse gozarlo desde el sentido del oído. En principio no hay voces malas ni voces buenas. Todas tienen un poder de transmisión de sentido, incluso cuando no son traducidas o interpretables en su exactitud.Escuchamos canciones que no entendemos y que nos emocionan y admitimos que hay sonidos musicales relajantes o incluso curativos. La voz tiene una función sintónica por el campo vibrátil que mueve independientemente del mensaje que pueda transmitir.Claro está que hay un tipo de voces organizadas para cautivas con contenidos cretinos y nefastos. De ahí que su capacidad seductiva sea un motivo de alerta para que aquello que es dicho siempre sea puesto en las coordenadas de lo analizable. No basta un susurro para creer en un beso.No basta una frase cariñosa para creer en el cariño. No basta una dulzura acústica para creer en el artículo o la idea que desean vendernos.

Observamos que cuando hay relaciones de conflicto entre dos hablantes que guardan un vínculo sentimental, hay un momento cuando pretenden el acercamiento que atenuan las voces recurriendo a expresividad pseudoinfantil. También en una reyerta en ciernes con un desconocido la voz es aumentada o disminuida según la estimación intuitiva de probabilidades de salir bien parados de una posible pelea física.  Tales pautas no son exclusivas del género humano, también se dan entre animales y de aquél con estos: cuando queremos imponer una fuerza ante un perro que gruñe y  tal  vez vaya a atacarnos lo podemos neutralizar simulando una fuerza mayor aumentando nuestro grito; y cuando queremos hacernos amigos de un animal doméstico suavizamos nuestros tonos verbales.

La voz  y el aparato de fonación que la permite constituyen el resultado y el medio de producción con el que gestionamos la pasión y la emotividad además de nuestros puntos de vista y explicaciones. La apostación y campo vibracional de ella recoge sutilmente variantes de tonalidad y articulación que indican la seguridad o por el contrario la dubitación de lo que se está hablando. Todo esto hace que el mensaje dado sea elocuente y persuasivo o fallido y no tomado en consideración.

Su condición de atributo personal e intransferible (salvo en  el caso de expertos en el campo del humor especialmente: cómicos y ventrílocuos)lo define como una imposición biográfica que ha venido dado por la genética, el entorno fonal, la educación y la cultura.Eso aparentemente descartaría su reparación. No es así; la voz puede ser reeducada. Esto empieza por combinar adecuadamente dos prácticas simultáneas la de la respiración para la economía general del organismo y la de la emisión dosificada de aire para la sonoridad articulada  y comprensible de las palabras. Los cuadros clínicos de ansiedad originada por maltrato psicológico y personalidad discriminada tienes producciones verbales inarticuladas con una disincronía entre consumo de aire y longitud de frases dando una característica prosa entrecortada por la que sufre también el escuchante pero especialmente el hablante que cree que no va a ser oído hasta el final.

Pensar cada frase detenidamente y elegir cuidadosamente cada palabra es lo que convierte a un hablante en un comunicante sereno y seductivo que sabe prevenirse de las frases hechas y de los préstamos sacados de dictados ajenos por dominantes que sean. Pensar, en suma, lo que se va a decir antes de decirlo genera una sintonía con el espacio y con la escucha. El hablante que pauta su prosodia y se descarga de la parafernalia innecesaria acompañante de su dictum tiene más probabilidades de conectar y seducir que aquél otro que es impositivo, estridente y abusivo de la escucha ajena.  La guturalidad y la gravedad en las voces de Frank Sinatra y sobre todo Louis Armstrong o Yma Sumac generan una ilusión de confiabilidad por su, tal vez, resonancia de tonos de paternalidad introyectados. Los altos agudos como los de Gracita Morales o Fredy Mercury pueden  promover una cierta prevención, o en el caso de la primera, llevar a la hilaridad.

Admitir la prevalencia del criterio de la seducción verbal constituye en sí mismo un factor para verbalizarnos (expresarnos) de acuerdo con su potencialidad seductiva.



[1] Ovidio Nason nació en Sulmona en el 45 aC y  murió en el +17 o +18.Viajero de Sicilia y Asia. Formado en retórica  se dedicó a la política por un tiempo.Conocidop fiundamentalmente como poeta.  Finalmente fue deportado a  Tomis en el Mar Negro donde murió.

[2] Ovidio.Ars Amandi. ATE. Barcelona 1973 p.21.Considerada como su obra cumbre.

[3] “A falta de presentes, pagaba con palabras a mis amantes”   op. cit. p.57

[4] El movimieno nacionalista del pobo galego  contiene la noción de recuperar las propias voces para recuperar la identidad.

[5] Miller cuenta autobiográficamente en como cuando se detenía en la calle a escribir en su bloc de notas alguna ocurrencia u observación se veia inmediatamente rodeado de chinos curioseando lo s grafos que hacía.

[6] White,Caroline, periodista del BMJ La solidaridad profesional  en el campo de la investigación media es puesta por encima del interés público. En cuanto a lo publicado solo los textos redundantes ya constituyen un 13% del total de artículos publicados.

[7] Sanchez,Eleuterio El Lute. en Camina o revienta.

El neologismo vindicado

 

El tema del neologismo tiene dos aproximaciones diferenciadas pero complementarias; contrarias,incluso,pero simbióticas.

Es aceptado el neologismo como un indicador de psicoticidad, y ciertamente hay referencias que lo vinculan a las esquizofrenias[1] .Y de otro lado es aceptado el lenguaje como un cargamento de significantes y significaciones que más allá de su valor comunicacional,tienen un impacto simbólico con efectos instalacionistas del equívoco. La ambigüedad comunicativa es un epifenómeno inherente a las propias prácticas comunicacionales: desde las que se dan en el ámbito privado a las que se ejercen profesionalmente a través de los media.

Los malentendidos han alcanzado tales dimensiones que se han gestado cruzadas (lingüísticas o no)para ensalzar la precisión.Parece que la exactitud  tiene por feudos la lógica formal y las matemáticas, y fuera de ellos queda el imperio de la empiria es decir de la inexactitud .También los discursos orales y la espontaneidad hablada va creando nuevas palabras, que tardía  y resistentemente van incorporando las reales academias en sus archivos y consensos.el neologismo pues en lugar de ser un fenómeno aislado o una praxis del loco, es un actividad inherente a la propia habla.Tanto es así,que algunas  conversaciones metalingüísticas necesitan hacer uso in situ de determinadas nuevas palabras para avanzar en la comunicación,aunque luego no vuelvan a ser reutilizadas.

Es muy distinto el/la neologista que habla para él/ella(rasgo psicótico) sin importarle si es entendido/a o no en su habla al/a la teórico/a que propone nuevos componentes léxicos con los que ir dando su enseñanza o su comunicación. Es por esa vía que necesita ser interpretada cada nueva proposición o formulación expresiva según el contexto donde ha sido expresada. A menudo basta tener en cuenta el semantema o la parte radical de una palabra para hacer variaciones con ella.Cada familia de palabras puede tener su propio crecimiento:las hay más o menos numerosas según la necesidad en que la comunicación estimule la formación de nuevas  expresiones.Y cada innovación puede quedar establecida y puntualmente aceptado para el acto comunicacional sin necesidad de una parafernalia formal o de un consenso estricto.en cierta manera todo hablante es un neólogo en potencia. Si no se tiene la palabra adecuada en un contexto conversacional se trata de encontrar la palabra más aproximada y si no se tiene ninguna de las dos se puede optar por crear una a partir de una prerrogativa de lo híbrido, la semblanza, la homofonía o la voz que inspire lo que pretende ser comunicado. Obviamente una profusión  de neopalabras puede crear un espacio de confusión, pero una abstención de ellas,puede crear un simulacro de claridad que tapone las dudas no resueltas. Un paralelismo al acto neologista en tanto que acto inventivo,es el del recurso a otra lengua de  una expresión buscada en la que se está hablando.Tácitamente es reconocida la insuficiencia comunicacional al citar una frase hecha prestada de otro idioma.Si este empleo en exceso puede generar una cierta desazón en la parte interlocutora  u oidora que sigue la exposición, ¿porque no conectarlo a la sensación difícil producida también por nuevas palabras transportadas de otros idiomas? La comunicación en tanto que un proceso vivo que maneja  palabras como los instrumentos y los materiales (instrumento manipulador y objeto manipulado a la vez)no puede existir sin una neológica continuadamente renovada[2] .Ese proceso de innovación es una ley que se cumple en otros campos de la interacción. Bajo tal prisma el lenguaje propone,elige y establece modificaciones así como otros campos de manipulación van cambiando su comportamiento y uso de los elementos[3]  que los integran.

 

 



[1]  en cuya estructura el fenómeno no solo puede quedar limitado a una  adopción de unas cuantas palabras nuevas y sin sentido, sino a una verborragia íntegramente constituida por incomprensibles.Conocí cuando menos un caso  de máxima inteligencia que llegó a confeccionar un extenso vocabulario y su propio idioma.

[2] en ese sentido  los diccionarios y las enciclopedias vienen siendo los productos de colecciones,cuyas ediciones van quedándose periclitadas y necesitan renovaciones continuadas.ciertamente Las ediciones no son totalmente acumulativas, y nuevas incorporaciones lexicales vienen a desplazar a antiguos usos formales cuyo empleo se ha extinguido.

[3] El ebanista que trabaja con maderas y crea formas figurativas con ellas, mantiene en activo un proceso de creaciones.La misma relación con lo nuevo puede describirse en cualquier otra situación en la que pensemos a título comparativo;:el programador informático que crea nuevos operadores y nuevos nombres para ellos, el  taxonomista- indirectamente ya citado antes- que debe poner nombre a lo necesitado de clasificar o el lumpen que inventa nuevas formas de relación y expresiones lúdicas con un nuevo arsenal de palabras que lo acompañan, dentro de una infinita variedad de escenas evocables al respecto.

La expresividad sexista.

 

Lo femenino y lo masculino en el texto escrito.  jesusricart@hotmail.com

feminismo ha insistido en la toma de consciencia acerca de que el lenguaje ejerce una función discriminatoria debido a su sexismo dominante inherente. Lo masculino está por doquier en la expresión verbal y escrita tanto si se refiere a situaciones exclusivamente masculinas o al plural masculino femenino, o incluso a menudo en situaciones de exclusividad femenina.  Tanto es sí que las críticas adecuadas a las torpezas de esa herencia gramatical, ha llevado a las paradojas semánticas de las repeticiones substantivas, de tal manera, que  ni “los unos” ni “las unas” se sientan excluidos de las referencias verbales además de que se sientan específicamente aludidos/as. Para unas pocas frases orales, hacer las correcciones en todo lo pertinente a ellos-ellas, nosotros-nosotras- los y las, y demás precisiones necesarias,es lo recomendable y lo propio de una manera actualizadora para acabar con el lenguajes sexista dominante. Pero ese procedimiento tienen dificultades en cuanto a incorporarse en la totalidad de las escenas cotidianas semánticas, dado que choca frontalmente con el principio de economía del habla, que tiende a la abreviatura, a la simplificación y al uso reducido de palabras para decir lo mismo. en todo caso, el habla orálica permite cuantas rectificaciones y precisiones sean convocadas in situ y en función de las amonestaciones en el mismo momento de interlocutores/as indispuestos/as con el lenguaje dicente.A diferencia de la expresión escrita, en que puede quedar más instalada una hegemonía de un lenguaje de género. de hecho depende de quien sea quien escriba si va a haber una predominancia de construcciones sintácticas y semánticas y un adecuado manejo delos artículos, además de las terminaciones en masculino o femenino. Por mucho que el relato de un discurso científico  use neutros, siempre acabará siendo necesario por una parte el recurso a los plurales, cuya preferencia al plural masculino puede ser interpretado como un agravio a la pluralidad de pensantes y lectores/as y lesivo -por omisión- a la condición femenina. Esta visión es fundamental para construir una redacción ecuánime y comprensiva de todas las variables en cada afirmación. Aunque un exceso de cuidados terminológicos en este sentido puede ir en contra a la agilidad del propio texto, ya de por sí recargado si precisa de párrafos con continuas matizaciones. Y de otro lado puede acabar resultando cacofónica una preferencia a formalidades por encima de la teoría que se está defendiendo. Pero puesto que la narración teórica puede admitir baja a la terminología de lo singular para aquellos aspectos menos consensuables o no objetivos, depende de cada autor/a la lección particular de su género.

Por mi parte he uso y uso la función gráfica de la palabra expresada primero en masculina añadiéndole la barra (/) y después sin pausa su terminación en femenino.también puedo contrabalancear la modalidad, haciéndolo al revés, primero en femenino,barra,y finalmente la terminación en masculino. Quiérase o no esa especie de cortesía expresiva acaba cuantificando el número de caracteres e introduciendo una cierta repetitividad, además de una costumbre en contra del tiempo. Vale la pena  a falta de una lingüística que permita unos plurales neutros con unas fórmulas léxicas, lo que no impide que inconscientemente salga la terminología sexista clásica en los autores masculinos.

Mi criterio es el de tener en cuenta la colectividad divisa en sexos y mencionar a ambos cuando de ambos hablo, pero me consta algunos olvidos al respecto. en tanto que la mente está estructurada en lenguaje es difícil creer que basta una corrección semántica para que el pensamiento cambie y cada hablante pase a hablar en nombre de un nosotros y nosotras. en todo caso los cuidados terminológicos a este respecto ni quitan ni aumenta la belleza del texto (aunque m´ñas bien la puedan dañar por su recargamiento)y no sustituyen su validez científica o discursiva. En lo cual por encima de la manera de hablar sigue prevaleciendo  lo que se está diciendo.

 

 

 

De la perversión del lenguaje.

 

De la perversión del leguaje y las complicaciones comunicativas.

El elogio y  la defensa de la radicalidad, en los términos que J, Antonio Martín Pallín opina[1], ha sido  una constante en la praxis y la teoría por llegar al fondo de las cosas y acercar la sociedad a la conquista de sus soluciones. Lo radical es la operación analítica por la cual se autentifican los hechos. La radicalidad es aquél tipo de práctica que no admite concesiones ante las estrategias ideológicas de engaño. No tiene nada que ver con los griteríos en los salones de las palabras ni  con las pedradas contra los contrarios. Tampoco con la inflexibilidad o la intolerancia. Sin embargo, por obra y gracia de la perversión lingüística, la idea general que se tiene del radical es la de que es una persona violenta e impositiva.   De hecho, la postura radical es la que jamás admite concesiones a cambio de renunciar  a lo que sabe y a los datos de la realidad de los que dispone. Es la que no acepta trampas ni  busca los negocios de las alianzas para callar o reubicar sus elaboraciones en función de los dictados de la conveniencia política.

Tras una larga historia de intoxicaciones lingüísticas el discurso que se abre paso con su verdad analítica y su radicalidad expresiva choca con la necesidad imperativa de encontrar nuevos vocabularios. El idioma es un organismo vivo en crecimiento en el que nuevas células (nuevas palabras) vienen a reemplazar las que ya cumplieron su función y son desechadas.  Así como la ciencia biológica no para de aportar léxico enriquecido con el que nombrar sus descubrimientos, las ciencias sociales y la filología, en cambio, arrastran un agotamiento de las palabras por la vía de su tergiversación. Desde que un hablante es usuario del lenguaje empieza a bregar con esa experiencia subjetiva de la fatiga de las palabras. Si bien es cierto que la polisemia crece de tal manera que las consecuencias confusionistas por cada palabra crecen con exageración no es a ella a donde  hay que buscar la causa del conflicto con las palabras. Las hay  que ya no podemos usar porqué su abuso y desnaturalización van en contra de su significado de partida, y además,  del que las emplea, al no conseguir hacer entender su mensaje. Utilizar palabras como socialismo, comunismo, revolución,  rebeldía, consejismo, izquierda, hippy, bohemia, artista...  pueden dañar la imagen de su usuario o contribuir a que sea malinterpretado aunque sus definiciones de diccionario sean perfectamente aceptables por quien esté o siga en la lucha social por cambiar las miserias del capitalismo.  Eso también sucede en otro campo semántico de lo cotidiano. Palabras superutilizadas como trabajo, justicia, conciencia, verdad, información, diversión, amor, solidaridad, inversión...  tienen valores de traducción distintos a sus significados primigenios.  Es así que al especulador se le llama inversor; al turista político, voluntario de una ONG; al robo, plusvalía y a la invasión militar, guerra de defensa preventiva.  También hay un impresionante caudal de palabras del día a día que  ocultan otras intenciones fuera de lo que  la palabra, por definición,  en sí misma dice.

Eso lleva a una situación compleja en la que el sujeto hablante es una mezcla constituida por sentidos contrarios de las palabras que lo llenan según quien y cómo las emplee. Lo cual, hace que una parte importante de una conversación o de una exposición suela estar dedicada a la interpretación de lo que se quiere decir en la otra parte. El lenguaje ,que es el atributo más representativo del ser humano, tiene fallas tan considerables que demasiadas veces llevan a  poner en duda aquel adagio que hizo fortuna y que ahora está en crisis y decía que “hablando se  entiende la gente”.

La cuestión es que en la  circulación lingüística a través de los diálogos, manejos y usos de sonidos verbales se van añadiendo un plus de significados o colecciones de adjetivos que originariamente no les pertenecían. Se ha atribuido al periodismo  y a la mediática la responsabilidad de la expansión de vocablos intencionalmente manipulados.  Algo debemos estar haciendo muy mal  a lo largo de la Historia para tener que continuar dedicando tanto tiempo a desmentidos y aclaraciones.  Cuando veo a alguien que describe  situaciones con palabras inflacionadas o cuando les da un valor de armas arrojadizas me pregunto cual es mi culpa por tener que merecer el castigo de ese alguien que viene a confundir una situación o a crear enfrentamientos artificiales y a sabotear nuestra felicidad o tratar de contaminarnos con su desgracia. Sin duda, no hemos hecho lo suficiente y los agentes y factores de la educación no han actuado con suficiente rigor como para tener que soportar  esos resultados. Confucio recomendaba que cuando vieras a un hombre bueno había que tratar de imitarlo y si dabas con uno malo te tocaba examinarte a ti mismo.  El confusionista es la expresión encarnada del síndrome de una época cultural y el confusionismo algo que cala mucho más allá de las sedes que tienen por empresa la mentira sistemática. 

Trasladándolo a los discursos hablados, ya no vivimos en los  tiempos  en los que la oratoria era una arte y saber hablar era tomado como uno de los grandes saberes.  Hoy, ese saber es repudiado. A quien habla se le quita del turno del hablar con artimañas y de todo lo que un hablante dice se entresaca aquello que permite adivinarlo como un amigo o como un enemigo. Las formas verbales están impregnadas de la culturización que las dinamiza y la cultura se mueve al son de los intereses político-económicos  de cada época.

En honor a la verdad, toca reconocer que la disposición a pervertir el lenguaje, es decir a utilizar palabras con un sentido  deliberadamente opuesto a su significado originario y etimológico, también forma parte de las tendencias espontáneas de las formas comunicativas ordinarias. Se recurre a vericuetos y sondeos estilísticos para   crear aproximaciones o preparar encuentros interpersonales, también  a sutilidades e insinuaciones para eludirlos cuando no convienen. El lenguaje es un combinado de voces o sonidos, grafías y signos, donde el habla –o el texto- no siempre pretende un decir, y en su lugar impone un entretenimiento, una diletancia o, incluso, una confusión deliberada.

Apelar a la radicalidad es tanto como admitir intentar las respuestas a las últimas preguntas de cada tema. Es desvelar los datos ocultos. Es señalar con sus nombres y sus imágenes a los responsables de los actos nefastos y de los  crímenes. Es reivindicar la nominación de cada cosa para su aceptabilidad o  su rechazo.

Aplicada  como método de reflexión al  tema que nos ocupa, el uso perverso del lenguaje (o su tendencia a la pervertibilidad si fuera algo inevitable) nos vamos encontrando con un montón de eufemismos que son la manera cortés de denominar los engaños. Los actos más execrables del ser humano como los homicidios son atenuados con denominaciones light como daños colaterales o fuego amigo, como si las muertes fueran menos muertes. Lo cierto es que el agente de la destrucción (el que dispara, el que mata, el que contamina, el que bombardea) subjetiviza menos su función malévola si en lugar de ser tratado como un asesino por la sociedad lo es como alguien que tiene las medallas del patriota y por error táctico ha disparado a un objetivo civil o ha vertido al río un producto tóxico ¿No es eso a algo parecido cuando el destructor va atiborrado de alcohol o de drogas para no ser del todo consciente el daño que va a producir? Las palabras no son inocentes. La distinción cultural de un hablante pasa por la precisión con que las usa. No aceptar aquellas que ya llevan preinscrita una función apriorística de juicio es radicalizar la conversación y descolocar una posición contaminada ideológicamente. Si bien el lenguaje necesita renovarse reactulizándose con nuevas entradas y deshaciéndose de las antiguas que han perdido su valor originario, no lo es menos que hablar de la fatiga de la palabra sería una denominación eufemística más dentro de este caos de expresión, lo mismo que lo es hablar de la fatiga de los materiales, que ahora está en boga en el campo de la arquitectura y de la construcción inmobiliaria. ¿También llegarán  a hablar de la fatiga de las piedras y la fatiga del planeta? El problema no son las palabras sino el miedo que se tiene de ellas.  Theilard de Chardin dijoNosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.” Nos conviene no perder de vista esto. Hay demasiadas actitudes sueltas que no quieren favorecer la concordia y están permanentemente interesadas en sabotear la paz y el progreso.

Los seres humanos llevamos ya  miles de años hablando sin llegar a conclusiones consensuadas de lo que es la vida y de lo que debe de ser el mundo. Nos hemos metido en el siglo XXI con sellos marcados por el imperialismo que nos devuelve al oscurantismo medieval de cruzadas y polaridades de buenos-malos. Eso ha extendido la paranoia colectiva según la cual la gente teme al terrorismo (es decir, a un terrorismo sesgado) sin analizar el terror de los que urden ataques preventivos y siguen con las torturas en los centros de custodia (otro eufemismo para designar comisarías de tortura).

Si tomamos los  códigos legislados  y normativas  escritas para regular el comportamiento humano que tratan de regular o sancionar también las relaciones verbales y la caracterización de las que son lesivas para el honor y la integridad, vemos que  convierten a sus intérpretes (jueces incluidos, cabe compartir con el autor del articulo mencionado, en su calidad de miembro del Tribunal Superior) en serviles de textos y no en administradores de justicia; responsabilidad que, entiendo, queda diluída, habida cuenta de que el parámetro de la justicia se hace impractible en una sociedad con unas desigualdades tan extremas.

En la farándula general de las palabras ya no es tan claro que todo el mundo tenga derecho a expresar lo que sienta o lo que quiera. Antes tendrá que pasar por la autoselección de lo que es correcto (correcto es lo que se ajusta a verdad) y de no hacerlo por su cuenta, alguien tendrá que ponerle límites o bozales a sus bocas de llamaradas y odios. Esa perspectiva, nos dejarían sin la mayor parte de los actores de los escenarios de poder y prohibiría inmediatamente la continuidad de partidos que llevan muy mal su lugar en la oposición saboteando todo cuanto hace el ejecutivo de gobierno.

La lucha más compleja  con el otro pasa por la verbalidad y nos queda seguir acudiendo a ella para que se pongan de manifiesto las contradicciones y triquiñuelas de unos y las coherencias de otros, para que sean estas las que vayan teniendo éxito en las relaciones humanas y puedan ocupar el papel de ser la garantía de un futuro mejor de aquél otro al  que las predicciones están apuntando.

Entre tanto nos toca continuar sufriendo  las complicaciones comunicativas de la perversión del los instrumentos de significado y reconocer que no siempre es posible el acuerdo ni el consenso y cuando, aparentemente lo es, cabe siempre la presunción de que una cláusula escondida venga a deshacer lo pactado. En el lenguaje político se habla continuamente de ajustarse a los pactos que son el producto de las estrategias de alianzas. Al mismo tiempo, no hay profesional de la política que no sepa que todo acuerdo es  efímero frente a otro que proporcione más dividendos de poder. Por encima de la seguridad en el otro nos refugiamos en la autoconfianza personal como fuente de firmeza. Sí, nos queda  la confianza personal  de uno consigo mismo, que según  Ralph Waldo Emerson  es la primera condición para el secreto del éxito. Pero no abramos el cava todavía, la lucha por autentificar las palabras es decir el sentido de las cosas es tan vieja como la historia misma y más lejana que el futuro que  podamos prever.

Por delante, no hay otro remedio,  sigue, habrá de seguir, el proceso de recreación lingüística y de popularización de nuevas palabras que  permitan la expresión liberada de antiguos cuños y fanatismos, vinculando a los hablantes a mayores dosis de verdad y quitándoles de la artificiosidad y engaños ampulosos. Eso no evitará que no falten los intereses que no les guste eso, acudiendo a confundir  sus valores reales para tratar de que no prospere la verdad.

 



[1] El País, Opinión 26 sept 2006 transcirto en  http://alojamientos.us.es/foros/read.php?f=23&i=476&t=204#reply_476 donde lo he leído.

La individualidad desprotegida

 

Las nuevas formas  internáuticas de imponer presencias no deseadas demuestran que la tecnología no tiene nada que ver con la evolución ética de las personas. Ya  teníamos suficientes advertencias. Desde tiempos remotos los personajes con los mejores autores o los mejores abrigos no tenían porque ser las mejores personas. Tener no era igual ni a saber ni a ser. Se sigue sufriendo de lo mismo. El ultraje ajeno es una constante diaria que alcanza tus rincones más privados. Siempre hay un agente comercial al acecho aguantándose de puntitas en la cornisa (no importa que haya veinte pisos de altura) para colarse en tu casa y meterte cualquier cosa que no necesitas. Últimamente ese tipo de figurante grotesco, al dejar de ser cubiertos por compañías de seguros, dada la frecuencia de sus caídas mortales, ha sido sustituido por algo peor. Tipos de despachos que se las ingenian para atacar tu ordenador no tanto con videos sino con ventanas de cosas que no pides y que no se dejan cerrar de ninguna manera. Todo eso se traduce en pérdidas de tiempo ya que te bloquean el aparato. ¿No habría modo de acabar con toda esta chusma de indeseables? La peor manera de apreciar un producto es con alguien que se te cuela hasta tu casa a la fuerza metiéndotelo por las narices. El agente comercial solo tiene un eslogan: o me lo compras o te toco los huevos todo lo que pueda y más. Por muy evolucionado que sea y por mucho que exista un colegio oficial de ese tipo de profesionales (¿es una profesión verdad?) jamás reconocerán que entre tú (es decir el público en general) y ellos hay una distancia brutal. A ver, no es que un agente comercial sea prescindible (sí la mayoría de veces) lo que no puede hacer es propasarse en sus funciones e insistir en aquello que no pides y que encima te viene a estorbar. Hay informáticos que son la última orla de los agentes comerciales dispuestos a imponer compras a base de presionarte colonizando tu escritorio digital con lo que no pides. ¡A la pira con ellos! Por favor, un poco de respeto. ¿Algún pariente de Torquemada que quiera hacerse cargo del control de los susodichos?

Tal vez mis atribulaciones disminuirían si fuera más ducho en los manejos informáticos y supiera cómo deshacerme de actualizaciones no solicitadas, intrusiones de páginas que se abren sin pedirlas y cosas semejantes, ¡me falta tanto por aprender! De momento paso parte de mis horas de maquinista de ordenata peleándome con todo eso y con los bloqueos del ordenador. Nada mas conectar a internet me sale una venta que me ocupa una cuarta parte del escritorio de Hoy, algo del MSN, noticias que no me interesan con botones para ir  a páginas que no me interesan tampoco. Hasta hace poco el iconito estaba en la barra de herramientas y podía quitarlo de en medio. Ahora hay que buscarlo en el botón del hombrecito del Messenger.  Es uno de esos rectángulos emergentes que no lleva el aspa clásica en la parte superior derecha para desactivarlo. Si eso no es actuar con malasaña y malaleche que venga alguien con vocación justiciera y que lo vea. Recuerdo esas irrupciones cuando entrabas en algunas páginas que en un plis-plas o pinchabas botones-trampa que te llevaban a páginas no deseadas, ahora el problema es que te las anclan en tu propio territorio. A la que te descuidas tu ordenador lo convierten en un abocadero de las paranoias múltiples del universo. Me gustaría una vida sosegada ¡lo juro! pero en este mundo de locos no puedes. Tienes que salir a la calle con tu sable recién afilado, pero ahora ya no hay afiladores con bicicleta que se presten a esos menesteres. El caso es que uno se queda indefenso. Cree tener la propiedad de sus objetos pero no es así, por la vía internáutica le llega lo peor de lo peor. No me refiero a los virus, con los que apenas he tenido trato, sino con los protectores antivirus, los firewall y demás custodios de bien estar que se lían a hostias entre ellos y que el uno por el otro no paran de interrumpirte en sus repasos de todo tu sistema detectando errores y fallos. He optado por deshacerme de los antivirus porque me vienen creando más problemas que ventajas. Pero que nadie siga mi ejemplo, no quisiera ser corresponsable por que a alguien se le introdujera un virus y le destrozara todos sus archivos. Solo declaro que vivimos en una época de conflictos entre drivers. El soft auxiliar se ha convertido en una pesadilla de rivalidad entre programas que si bien no ocupan tanto la memoria disponible, sus auto activaciones impiden mañanas placenteras de trabajo fértil. Si fuera un usuario adelantado no me quejaría pero mi categoría es la de usuario y punto. Mientras estoy escribiendo o manejando un programa de tratamiento fotográfico todo se ralentiza considerablemente si los buscadores de troyanos o las ventanitas que se abren sin pedírmelo me asaltan una y otra vez, especialmente las que no se dejan desactivar por falta de la maldita aspa de cierre.

Llevo unos meses con el programa de reconocimiento de vez que en mala hora se me ocurrió activar. Ni funciona el activador de voz ni hay modo de desinstalarlo. Con lo cual cada mañana hay unos minutos extras, bastantes, para que el programita se dé cuenta que no lo uso y me diga que lo cierre. El aspa para hacerlo inmediatamente es falsa. En momentos de nerviosismo estoy por estrellar el ordenador contra la pared. No lo hago por encierra mi otro yo, el de mi memoria extensiva. El ordenador por supuesto se ríe de mí. Si fuera un robot ya me hubiera dado un par de hostias para que me callara. Puesto que tengo decidido deshacerme de este ordenador en breves para comprarme otro a pesar de que tiene poco más de un año de vida, no tengo la menor duda de que mi viacrucis continuará con el consiguiente, como ya me pasó con uno de los anteriores que nada más estrenarlo la barra espaciadora iba mal. Puesto que escribo con bastante rapidez todas mis palabras se enganchaban de tal modo que desengancharlas añadía el doble de trabajo para hacer un artículo. En fin soy un desgraciado. No puedo decir que mis dominios tecnológicos me permitan salir bien parado de todas esas adversidades y molestias, cuyo cúmulo me aplastan.

Es así que la gran metáfora del ordenador como símil del comportamiento cerebral, desde una visión conductual cognitivista que se estudiaba en la facultad de psicología de hace unos 20 años, tiene una proyección aun más extraordinaria de la sospechada. El ordenador personal es el tablero por el que circulan todas las grandezas y miserias de la condición humana. Lo de personal hay que revisarlo. No puedes olvidar que tu ordenador está conectado a una gran red de la que es un apéndice minúsculo irrigado por toda clase de llegadas. Basta que navegues para que te entre toda clase de cosas. Todavía no he aprendido lo suficiente para saber  dónde ir y deshacerme de programas e infos no invitadas. Lamentablemente no sé identificar todos el procesos en curso desde el cuadro de revisión de tareas en marcha que obtienes pulsando al mismo tiempo ctrl+alt+intro. Estoy por llorar pero seguiré manteniendo la pose firme para que no se diga que no lucho por mis intereses. Estos intereses son básicamente la protección de mi individualidad con la que yo y solo yo sea quien pueda disponer de ella. Bueno, fácil compadre: en un ordenador trabajas con tus diseños y tus literaturas o lo que sea, con otro navegas y te ocupas del correo electrónico. Sí, vale, lo entiendo, es como aquello de tener dos cuentas bancarias, una con fondos limitados vinculada a tu credit card (por si te la mangan o hacen abuso de ella) y otra para todo los demás y los remanentes. No es tan fácil compa: vivimos en el tiempo en que el tiempo es lo más valorado. Si a todos los contratiempos cotidianas tienes que añadir el de saltar de una butaca a otra para ir de un ordenador a otro, te pierdes actividad. Por otra parte siempre te gusta platicar un poco con alguien que te saluda pro el ms y te sale de una compleja reflexión filosófica para tu ensayo, de la que no encuentras salida. En fin, que lo quiero/queremos todo. La seguridad del trabajo digital y el placer de husmear por Digitilandia con otros digitantes como uno para vivir del goce de las palabras y de lo que sea.

La intervención educativa

Más debate sobre la intervención educativa.

¿Quién es quien para decirle a otro lo que debe hacer o cómo debe comportarse? Esa cuestión nos acompañará todavía algunos siglos. Con suerte, para el próximo cambio de milenio, las 4 o 5 generaciones que coexistan entonces podrán celebrar que nadie tenga que imponer a nadie formas gubernativas, ordenanzas o actitudes, porque el predomino ético de la raza humana habrá hecho superfluo todo control. Al margen de este pijosabelotodismo (una  parida profética, pido excusas) de  momento toca decir que esa pregunta viene de lejos y no ha parado de reversionarse en todos los espacios y lugares.

Las mentalidades se dividen según sea la respuesta. Las posiciones ideológicas se distinguen entre las de máxima liberalidad a las de máximo control. El abanico ha ido desde el sueño ácrata, el de conceder la máxima libertad; al sueño del estado totalitario, el de garantizar la máxima sumisión de sus súbditos. Según se estime la potencialidad creativa y autogestora de los individuos se toman posiciones más cercanas a una ideología u otra. Cuanto mas se desprecie el potencial de un pueblo  más se invocará la necesidad de su organización desde una intervención externa.

 Un  argumento tópico de las tiranías es que el pueblo no esta(ba) preparado para otro tipo de gobiernos electos.  Los movimientos prodemocráticos tuvieron que demostrar la madurez social para alcanzar los modelos sociales de los que la historia ha podido disponer. El ser humano es el que es y sus límites son los que son. Nadie tiene la varita mágica de la perfección pero sí la historiografía suficiente para no estar dispuesto a volver a pasados dolorosos por genocidas y descerebrados. Es así que se toman medidas severas para no volver a holocaustos y hecatombes. Esas medidas que  pasan por todas las denominaciones remiten a un parámetro crucial: el de la intervención.  La dedicación a la formación de las nuevas generaciones siempre fue parte del ideario de  las generaciones anteriores para que el mundo futuro fuera el mejor de los posibles. La educación ha sido y sigue siendo el gran proyecto reprevención para todos los males y daños, al menos para no repetir los que se sufrieran antes.

  Su proceso de desarrollo no es igual ni paralelo. Así como hay formas cuasi neolíticas  que han quedado aislados y que siguen prevaleciendo en rincones muy aislados   del planeta, también hay formas políticas completamente opuestas. Hay países dentro de la democracia y otros predemocráticos; pero no se trata de bloques opuestos (hay países cuyos tiranos en el poder son mantenidos por los baluartes de la civilización por razones de estrategia mundial). La democracia no ha renunciado a formas de control extremo aunque, eso sí, muy sofisticadas y los países no democráticos, en cuanto a que no tienen  un autentico parlamento  o sus sistemas electorales están muy amañados, desde luego tampoco. La diferencia entre los estados en todo el mundo no es la que hay medida por los accesos de participación al poder  como en lo que se refiere a formas de control ciudadano.

El siglo XX se ha nutrido de una falsa impresión sobre países libres (los resultantes de la victoria aliada desde 1949) y los países con la libertad prohibida. Todos, sin excepción, no han dejado de ejercer nunca en control sobre sus poblaciones. Eso sigue rigiendo así. El control es una categoría universal para el que, por ahora, no hay una solución alternativa.

El debate sobre educación puede ser realista al ser pautado sobre esta tesis. La educación no se limita a proporcionar información y saber,  trata de controlar variables del comportamiento humano  no dejándolas al azar. Una persona educada es aquella que se ajusta a un rol predeterminado. Los programas de educación social y las inversiones de estado en educar a la sociedad pasan por la necesidad de especialistas en tecnologías requeridas por el desarrollo material del sistema pero también para reducir, supuestamente, la alta tasa de problemas.

Ningún estado acepta el libre arbitrio de las culturas dejándolas todas a su desarrollo. Su apología de las tradiciones corre paralela a su neutralización de lo que no reconviene. Bajo este punto de vista la democracia estás condenada a ser una ficción en el fondo aunque pueda ser simulada en su apariencia.

Mientras la tesis del sujeto soberano –el que se construye a si mismo autocríticamente no dejándose manipular por intereses de pertenencia ni por roles para los que se le instruye- sea una quimera, los estados intervendrán para domeñarlo a su conveniencia. La argumentación de protegerse del individuo  consciente y disidente será la misma que la de proteger a la sociedad del destructivo. De ahí que toda transgresión, legal o ilegal, razonable o no, tiende a ser criminalizada.

Lo ideal seria contar con ese tipo de persona soberana y encontrarla encarcelada dentro de cada individuo esperando salir, extrovertirse, crecer y cambiar el mundo; pero eso es más propio de una imaginación fecunda. Lo mejor seria poder culpar de las fechorías individuales a la estructura de sistema y al estado. El problema es que no hay individuo exento, en una dosis u otra, salvo casos muy graves de delirio, de responsabilidad de sus actos

  Ni todo es blanco ni todo es negro, ni todos los individuos de la sociedad remiten a ese  perfil imaginario-idealista de la persona que se supera constantemente a si misma para ser mejor ni tampoco son canteras de delincuencia criminal que necesiten programas de reeducación intensivos.  Para el equipo de los idealistas un hábito infalible pitaría el penalty de la ingenuidad y un entrenador recomendaría menos confusión entre el deseo de la persona ideal (un constructor utópico de momento) y el balance de la persona real (una constatación que figura defraudando a diario). Para el equipo de los elitistas que quieren salvaguardar la sociedad de chusmas y sabotajes  controlándolo todo, el mismo árbitro pediría flexibilidad y calma para dar tiempo a la evolución, su entrenador enseñaría hábitos de tolerancia y desrigidificación  mental.

Un teatro supuesto de debate entre el personaje más libertario y el personaje más fascista (una idea de squetch para una velada catártica) conduciría las posiciones de ambas partes a incurrir en severas contradicciones.  El problema de las posiciones más radicales es que se fanatizan para sostenerse y al hacerlo caer en reduccionismos simplistas, en máximas totalizadoras de síes y noes incondicionales. Una posición lógica resultante de ese desenlace polémico seria proponer una síntesis que no significa una reconciliación. La apología de la síntesis entre posiciones contrarias ha sonado a subterfugio. ¿Como estar a la vez de acuerdo y en contra a conceder la libertad evolutiva? ¿Hasta donde intervenir en la libertad ajena?

La misma empiria demuestra que la intervención en lo ajeno existe desde la misma situación de pluralidad. Basta que concurran dos individuos en unas mismas coordenadas para que  se influencien mutuamente.  En el seno familiar los roles ya vienen predeterminados por el  calendario biológico en su crecimiento. Desde la horda tribal a la ciudad más populosa el reparto de roles se ha configurado de acuerdo a atributos individuales distintos: es así que quien ha tenido fuerza física ha doblegado al débil para que trabajara para él.  

La educación como transmisión del saber es altamente valorado, como manipulación instructiva, por tanto transmisión de un saber sesgado en detrimento de su holismo, exactamente rechazable. Tanto para el educador que transmite subjetivismo (el creacionismo o cualquier otro proyecto basado en creencias) como para el educando que no tiene opción a discutírselo, la práctica instruccional es deplorable. Por otra parte el grupo necesita protegerse de aquellas conductas desviadas que atentan a su seguridad, por eso tiene que neutralizar antes de que den a lugar comportamientos antisociales o destructivos. La conclusión de este tipo de debates lleva a dilemas bastante prácticos: o se invierte en educaciones para corregir hábitos o prevenir los desastrados o la factura sale mas cara reparando, marquesinas, recogiendo cadáveres picadillo de asfalto o tratando cánceres en la ontología hospitalaria en medio de una inmensa lista de problemas actuales que son la consecuencia directa de la negligencia conductual.

De cómo dar clase.

 

Alan Bennett con History boys da una clase magistral de cómo dar clase. Escenificación de un texto lúcido y rápido repleto de referencias culturales, citas literarias y escénicas, que gira en torno al aula de un centro escolar cuyo director quiere prestigiarlo preparando a sus alumnandos para acceder a Oxford. Héctor  (Josep maría Pou que hace de director de la puesta en escena en su versión catalana  como El nois d’ Història en el Teatre Goya) es el profesor un tato excéntrico que tiene un peculiar modo de dar sus clases, interactivo y colega que no duda en los gestos punitivos más simbólicos que dolorosos ante los errores (un bote en el que pagar una libra cada vez que alguien no adivina de que se trata un squetch representado espontáneamente, o zapapos con el periódico en la cabeza de los muchachos.

La escena es veloz, los estudiantes aprenden divirtiéndose. Todos saben citar textos poéticos de clásicos británicos. La forma docente del profesor no gusta al director el cual le amonesta regularmente. Para asegurar el nivel de los estudiantes el centro contrata un nuevo profesor joven con una nueva técnica de enseñanza para preparar a los estudiantes para superar la prueba de acceso a la universidad. El objetivo académico es el de medir la productividad dentro de la enseñanza algo totalmente imposible con el método iconoclasta del profesor extravagante. Con el nuevo  aprenden que lo más importante no es la verdad o tomar el saber cómo verdad sino la provocación y la originalidad, cualquier material que descoloque a un examinador. Mientras Héctor es crítico con el sistema de enseñanza, el otro profesor es un manual de astucia para sobrevivir dentro de él. Se trata de dos discursos distintos pero no totalmente opuestos. Un docente enseña a como se debe aprender en la vida, es decir a pensar y a disfrutar con lo sabido; el otro, enseña a como triunfar.

Hay otro discurso interviniente: el de los deseos latentes de estudiantes y profesores, el de la homosexualidad como algo continuamente insinuado pero no del todo exhibido. Héctor, un hombre de unos 60 años que se desplaza en moto invita cada día llevar  a un estudiante distinto. Durante la carrera mientras conduce él explora los genitales de su pasajero, esto llega a oídos del director que lo utiliza como razón para deshacerse o al menos neutralizar al profesor del que ya está harto por sus métodos pedagógicos extraños e invaluables. El centro de enseñanza es fundamentalmente varonil, solo hay una profesora y los chicos están en la edad de la exploración de lo que sienten y de sus tendencias eróticas. El nuevo profesor también esta e eso.

Este ha conseguido que toda la promoción entre con éxito en la afamada universidad de Oxford, incluso consigue entrar uno de los estudiantes cuyo padre fuera conserje de la institución, la cual, interesada políticamente en demostrar su popularización, lo admite por aquello de demostrar un interclasismo y una mayor accesibilidad.

El centro está de fiesta por el exitazo de los estudiantes. Héctor está emplazado a abandonar el centro por su supuesto vicio, algo que la cultura británica, mantiene la doble posición de hablarlo y descubrirlo pero a la vez de demonizarlo y prohibirlo. En el proceso de su exclusión es obligado a que ambos profesores compartan el aula poniéndose en evidencia las diferentes concepciones de la enseñanza y en definitiva del ser humano y la vida.

Todas las contradicciones  y el seguimiento psicológico del profesor de literatura no quitan una cierta empatía con el otro profesor que es invitado a subir en la moto por aquel. Sufren un accidente, Héctor muere y este queda en una silla de ruedas. El director de la escuela, la viva representación del rol de las apariencias, hace un sentido panegírico de todos los valores de Héctor a pesar de haber sido uno de los factores que más lo saboteó.

Durante las clases uno de los mensajes más brillantes que lega es el valor del texto escrito que fuera pensado por autores y antecesores con los que nunca un lector puede tratar y que sin embargo recogieron ya con un visionismo excelso lo que este siete en otro tiempo y otra latitud. Este es el milagro del arte haciendo del arte escrito la patria de los sentimientos y de la gramática el país de la letralándia.

El texto es ágil, escrito para un público culto y atento que es convocado a que no se pierda ni una sola palabra durante la audición. Todo lo contrario al teatro fácil de gags simples para conseguir las risas rápidas.  Es un texto que recatapulta el amor por el teatro escenificado que clava al espectador en el asiento por 2 horas y media. Un texto indispensable para profesores y estudiantes, no importa en qué nivel de clase y materia se reúna. Su desenlace supera otros guiones que abordaron los diferentes intereses concurrentes en los espacios de didáctica. Temas como Rebelión en las aulas quedan obsoletos y ridículos frente a la sutilidad y el amor por un saber.

El plantel de todos los estudiantes evoluciona a personajes triunfadores en la sociedad, en la vida comercial, industrial y académica el recuerdo del loco profesor en inextinguible.

Registros sobre la sustentación

 

Los indicadores de progreso han dejado de ser las medias aritméticas de crecimiento anual de producciones brutas o de  rentas por cápita.Así mismo las gráficas de despachos orgullosos que ostentan un saneado proceso de cuantificación período tras período han dejado de ser  el parámetro modélico que seguir. Ha habido, ciertamente, una época en que los aumentos de los niveles de consumo indicaban sin discusión un avance en el confort y una autoestima de un modelo social. Desde el momento en que  las diagonales sobre las abscisas han indicado situaciones de peligro impugnando su sostenibilidad, voces  y análisis de alarma han puesto el punto de atención en un neo concepto:el de la sustentabibilidad de un modelo que agota salvajemente los recursos y que en tal campaña hace cómplices a todos sus miembros con poder adquisitivo que puedan permitírselo.

El objetivo de comprar o vender más en cada ejercicio de lo que ha sido realizado en el ejercicio anterior,ha actuado tradicionalmente como un concepto intrínseco del  modelo de mercado ,haciendo prevalecer la dimensión cuantitativa a las ofertas cualitativas. el slogan parecía ser: a mayor número de transacciones comerciales mayores dividendos de beneficio para  quienes las operativizaran. En términos de volúmenes absolutos se siguen manejando numerosas empresas sin  valorar su responsabilidad ética en la invasión de la realidad con iniciativas y transformaciones materiales de consecuencias nefastas.

La necesidad de una planificación racional del futuro posible -no del deseable desde una compulsión por el gasto de recursos-es ineludible para hacer realista todo futuro. Es un planteamiento que involucra a todos los sectores sociales y que compromete directamente la responsabilidad de los individuos. Tanto uno a uno,así como cada agrupación demográfica,necesita contar con unos registros fundamentales que actúen como indicadores de su estado vital y desarrollista en sus aspectos fundamentales de existencia. La construcción y seguimiento de unos registros fundamentales en los campos de la energía y del consumo y de las producciones actuan-pueden actuar-como un instrumento de autoconciencia social y  predicciones y a partir de aquí como una metodología para el reajuste de los hábitos sociales y la reconducción de los presupuestos y la orientación política de inversiones.

Un conjunto de indicadores fundamentales y precisos como un chequeo a un estado de vida social o a un estado de la cuestión en varias temáticas elegidas, puede dar la medida precisa de lo que está pasando y lo que está en juego, sin sucumbir a una avalancha de datos aportados por repetidos estudios estadísticos, con sesgos conceptuales importantes acerca de lo que es el auténtico progreso.

Cada individuo integrado en un modelo social  puede a su vez  seguir sus propios registros acerca de que imbricaciones lo categorizan como un saldo negativo para las posibilidades recursivas del medio o como una actividad equilibradora o incluso devolucionadora. Quedan exentos de este criterio quienes todavia siguen responsabilizando a las estructuras y a las mayorías las responsabilidades del destino, sucumbiendo a aquellas sin auotimpugnarse los propios hábitos que las secunden.

El seguimiento de unos registros que da una cifras determinadas no tendría  mucho sentido solo para limitarlos a correlaciones entre ellos y a comparaciones entre años, pero tendría alguno en cuanto actuaría como un concienciador público de hacía donde se encaminan los colectivos urbanos y los márgenes de existencialidad que dejan con los tipos de procesos que se siguen.En ese sentido los registros continuados de indicadores clave actuarían en el pero de los casos como instrumentos de conciencia o de autoconciencia pública. Así como tradicionalmente la comunidad científicamente viene avisando de las posibilidades de riesgo a las que se encamina el planeta por el efecto-hivernadero o la elevación del nivel de aguas, los indicadores de sostenibilidad para una ciudad actuarían como instrumento de aviso y sensibilización,como concienciadores públicos y de la administración, y así potencialmente como activadores de cambios conductuales masificados en diversos planos sociales.La última década del XX se enfrenta a un ultimátum planteado por un modelo desarrollista generado en el XIX y que generó dosis de narcisismo en el mundo occidental.Los tiempos del agotamiento incuestionado de las fuentes ha pasado.El futuro  pasa por una administración razonable del presente.

 

Las Relaciones (RCs)

 

Rcs está en distintos marcos de registro, el económico, el de nuevos contactos y partys, el de la intimidad. Es una base fundamental para todo.

Es la dimensión de gasto generada por todas aquellas cantidades opcionales y variables presentes en los actos de relación social. Las más vulgares son las que acompañan citas de cafetería y las más complejas son las copas en pubs y discotecas, pasando por toda una fauna antropométrica de sitios a los que el motivo principal de asistencia es la relación lúdica con otros .Los gastos de restaurante están incluidos en este capítulo, aunque bien admiten un desglose  entre aquella parte dedicada a alimentación y aquella otra que está claramente costeada para nutrir unas relaciones de experiencias y decorados. Una parte de los gastos de relación son los de sostenimiento de la ubicación en la que se dan. todo el mundo sabe que la mayor parte de lo que se paga para una bebida o un consumo en un espacio de relación. es por el espacio mismo y no por el artículo de consumo en sí. No hay un baremos predefinido del tiempo de uso de tal espacio, aunque estadísticamente se sabe que raramente la gente aguanta más de una hora ubicada en el mismo asiento y mesa y que las conversaciones tampoco van más allá de ese tiempo.Excepcionalmente se pueden estar muchas horas en un mismo sitio con un solo consumo de bebida y antiguamente algunas tertulias de café sobrevivían gracias al permiso tácito de tal precariedad. Aún hoy quedan algunos vestigios de determinados locales en los que no prima el beneficio económico, tales como centros sociales, donde los encargados tienen otras fuentes de salario y permiten, por tradición y por estatutos, que la gente ocupe y use el lugar sin ni siquiera consumir si no lo desean.

La sociedad del individualismo ha hecho que la mayor parte de los contactos y  citas personales se originen y desarrollen en espacios no privados  que por un curioso eufemismo se les llama neutrales. Los guateques y los partys en tanto que encuentros en domicilios particulares no son lo más primado socialmente porqué es lo que menos gastos genera. resulta obvio que para divertirse no hace falta acudir a una discoteca o para hablar no es preciso encerrarse en un local lleno de ruido y de humo, sin embargo predominan antes las citas en este tipo de lugares que funcionan como puntos de evasión que no en espacio calmados y sosegados que permitan una buena comunicación. Si las relaciones humanas aplastantemente pasan por los locales de encuentro: desde los bares hispanos a los pubs ingleses, en los que la gente pasa diariamente en un momento u otro, y a menudo varias veces al dia:para el desayuno, el café o la cerveza de final de jornada no es solo por el argumento tópico de la tradición sino por una campaña perfectamente pensada para que eso funcione así.La gente presupone de entrada que para quedar tiene que hacerlo en un establecimiento público con una mesa por media y unas bebidas pedidas aunque no se tenga sed y el ambiente del local pueda ser incluso deplorable.Quedar con alguien con quien deseáis poneros al dia de vuestras vidas para ir a pasear resulta poco menos que inconcebible y de tomar esa iniciativa, incluso sospechoso. Intuitivamente la gente se siente más segura citándose en un local público que dando una vuelta por el parque.Lo cual es demencial.

Con la dimensión de gastos por relaciones he ido viendo su transformación de menos a más con el paso de los años. Inicialmente en los años 70 los gastos de relación, que literalmente significa pagar para hablar con alguien aunque tenga la cobertura o pretexto de ir a beber o a comer;los calificaba como gastos superfluos o incluso como gastos pequeñoburgueses. Con el paso del tiempo y el condicionante de los ritos sociales he ido comprobando como una parte importante de toda la egodomótica se iba a gastos de relación, puesto que otros varios capítulos de consumo: conciertos, espectáculos, restaurants y viajes  llevaban y llevan incorporados unos porcentajes que salen de su  motivo para pasar a costear relaciones.

Tradicionalmente el anfitrión agasaja a su invitado y el visitante o embajador trae sus presentes y regalos.  Es algo que se sigue practicando. Establecer relaciones desacondicionadas de todo esto no resulta fácil. La gente espera recibir presentes en el día de su onomástica y que la factura del restaurant sea una gentileza de quien propone la cita. Aunque más  ritualmente las chicas esperan a   que sean invitados por los chicos y los menores esperan que les paguen los mayores. El universo de las relaciones personales viene acompañado de sus decorados y entornos materiales que en realidad son alojamientos puntuales para ubicar aquellas. También es cierto que muchos negocios se cierran en medio de bebidas y de suculentas comidas y que satisfacer al otro con recorridos gastronómicos es un modo de acercarse a una mayor sintonía.

En la medida en que son necesarias las  citas y no siempre tienes lugares públicos como bibliotecas o centros sociales para establecerlas, aquellas pasan por el peaje de los consumos, que apuntan a  abusos lesivos.  Me complace clientear en determinados locales en los que me siento cómodo pero no soy un usuario diario y ni siquiera semanal.sigo prefiriendo los paseos o los bancos de las plazas para acordar un encuentro. Eso me libra de la tesitura de tener  que consumir algo que no me apetece o en una hora del dia inoportuna a la vez que no paso por la tristísima y muy repetida experiencia de tener que tomar consumos mal preparados como infusiones o tés frente a los que la cultura latina de los bares me ha demostrado su total incompetencia. También me libra de tener que invitar a quien no me apetece o de tener que pagar un ataque a mano desarmada por un poco de agua tiznada. Cuando voy con varias personas a locales de los que no me puedo escaquear, algunas veces me abstengo de pedir nada puesto que nunca jamás el objetivo de una cita en un local es las ganas de beber o de tomar sino las ganas de estar con quien haya quedado.

Me parece inaudito que a estas alturas de la vida social todavía no se haya aprendido a tener relaciones limpias y a practicar la virtud de la conversación sin tener que pasar por sus peajes. Un análisis en profundidad de las causas de eso estaría en las dificultades que experimenta el ser humano en mostrarse desnudo tal como es ante el otro y la pulsión imperiosa que tiene de poner cosas de por medio, bebidas, ruido, decrepitud, más gente, para sabotear implícitamente la comunicación a la que le aterra. Lo cierto es que baste que alguien hable unas cuantas frases seguidas y utilice un par de términos inusuales (sin llegar a los latinajos)para que el otro exclame  SOS. La ignorancia colectiva es tan elevada que las relaciones se mantienen en la frontera de una comunicación sesgada. Las personas se buscan para fines concretas:feelings, placer sensual, conquista sexual o saciación de los sentidos.  La industria del ocio conoce estos mecanismos y es así que los findes se desarrollan con enormes cantidades de bebidas y cantidades enormes de multitudes apretadas en los locales de moda o neurálgicos donde todo el mundo va. de todos modos los objetivos existenciales de los relacionarios no guardan una relación matemática con  sus inversiones de tiempo y dinero en los locales. No se puede decir con rigor matemático que a más inversión en relaciones mayores resultados personales en el encuentro ideal con el otro. La persona de éxito n oes aquella capaz de pagar las facturas de todos los locales y consumos y las tarifas que le abran todas las puertas sino de quien alcanza lo mejor de la vida sin tener que pasar por tales requisitos.Es difícil construir un teorema numérico para eso[1] . Lo que sé es  que a veces he pasado por gastos para mantener una conexión con el grupo que también pasaba por ellos sin ver que mis relaciones personales aumentaran por eso. Es un error pensar que una relación se pueda comprar a base de posicionarse en el rol fijo de pagar todas los consumos  y los espacios de encuentro. El invitador suele ser alguien de una mentalidad muy machista que paga sus déficits subjetivos y psicológicos al cubrir las  demandas ajenas para disimular su fuera de punto en ese momento concreto. Las relaciones personales y los espacios de ellas no pueden ser un objetivo en sí mismos. Alegar haber estado en tal o cual sitio para prestigiarse es una de las mayores horteradas y hacer otro tanto por conocer a tal o cual superdestacado es un indicador para tachar de tu lita a quien se jacta de eso. S hay un sentido de los interactos e interacciones es el de seguirlo todo como un proceso vivo en el que descubrir varias situaciones y descubrirse uno mismo[2] . Conviene reconocer que la industria del ocio de masas existe sobre la base de una demanda:la gente necesita sus espacios extradomésticos y extralaborales donde relacionarse con el mundo y hacer sus transacciones. Claro que hay sitios y localidades del mundo donde apenas se encuentran este tipo de espacios de bebidas para contactar con los demás (recuérdese Finlandia). cuando hay una demanda hay siempre quien ha invertido su ingenio para preparar una oferta que toma como oficio y negocio tratando de hacerse rico a corto plazo. Ofrecer productos que generen dividendos, sin importar su calidad o su precio abultado es la llamada de la selva urbana para especuladores y negociantes. Por lo   general se es más honrado pagando los precios abusivos de las consumiciones de los bares que cobrándolas[3] , pero ese es otro tema. Hoy se gasta por una sola bebida o refresco, incluso por agua embotellada, el precio de un menú entero de hace unos 30 años y compararlo con los precios de hace un siglo debe mover al menos a una reflexión de crucero[4] .

La necesidad de espacios de relación y su costeamiento depende de la coyuntura personal, de la agenda de trabajo y de si se está en un lugar estabilizado a otro de tránsito.Son distintas las necesidades de espacios cuando viajas a cuando estás en tu casa, cuando tienes una urgencia de infraestructura y de servicios públicos a cuando lo tienes todo contigo.

Por lo general  uso espacios públicos de consumos para amortizar algunas horas de espera. Un bar me da un decorado, y con suerte una mesa y una tranquilidad para escribir y leer, aunque me pueda parecer caro. Tengo dos problemas: uno, encontrar el local apropiado que satisfaga mis sentidos (en general predominan los locales feos, ruidosos, humeantes y de mal gusto)y dos, que pueda sentirme cómodo para bastante más de una hora. Ya he dicho en alguna parte que he podido pasarme varias horas en el mismo local acampando literalmente en el mismo.

Otro tipo de espacios: clubes de los que hay que ser socio, boleras o casinos privados se ajustan a este clase de consideraciones comunes a los locales que vas a usar una sola vez o muy de tarde en tarde. Así mismo los restaurantes son lugares en los que cumples las dos funciones de comer y quedar co alguien para hablar.Por lo general el metabolismo paga lo que la comunicación afectiva e intelectual necesita.

En una muestra de tipos de gastos el dedicado a  relaciones  es un indicador de lo que se busca fuera de casa:  a más gasto en relaciones, puedo decir, menor consolidación de los objetivos afectivos personales.

 

 



[1] Einstein, sostenia que los teoremas matemáticos  sólo son seguros en la medida en que no se refieran a la realidad.

[2]  Irene Papas decía que no hay un final solo un camino a recorrer. La entrega para descubrir cosas en una misma y en los demás.

[3] Parodiando lo que dijo Michael Caine con respecto a los pagos de impuestos. “soy más honrado pagando impuestos que los políticos gastándoselos”

[4] Josep Pla escribe que a principios de siglo se podia comer  las comidas de un dia por 1,5 ptas.

Pérdidas Materiales

 

PÉRDIDAS MATERIALES (EL PARÁMETRO DE LAS PÉRDIDAS EN EL BALANCE ECONÓMICO)

 

Sin duda alguna el concepto de Pérdida  nos lleva a un marco macro de experiencias interactivas con  los entornos de vida. Es un fenómeno  multidimensionado  el hecho de que la pérdida  es inherente  al hallazgo. Si por pérdida entendemos  erosión, desgaste, destrucción, anulación, ruptura, rotura o cualquier otro dato que  suponga la desaparición de aquello (o de aquel)que se tenía, entonces la pérdida está presente en una multitud de conductas y actividades humanas. Puesto que se trata de  una circunstancia universal y extensiva  a todos los seres vivos, conviene  desglosarla por capítulos para  entender su significado y  proponer opciones para contrarrestarla.

Vamos a hablar aquí en el próximo grupo de líneas de las pérdidas de carácter material  y de su  impacto en un balance económico.

Del conjunto de  dimensiones de control de un gasto general  (dando lo mismo si  el sujeto gastador es un individuo, una empresa, un municipio o una comunidad del tipo que sea)inevitablemente una es la de pérdidas. Propiamente no es una dimensión de gasto  en el sentido estricto.No  es un intercambio de dinero por un servicio o una mercancía, pero sí tiene una traducción de  gasto de dinero y por lo tanto opera como un restador en el sumatorio general de  las entradas y las salidas.

Todo administrador de contabilidad se enfrenta diaria o periódicamente en el cierre  de caja con desajustes que tiene que explicar. Todas las transacciones son estudiadas y si no hay ningunas falla ni siquiera  debería haber error de decimales. No obstante, un proceso económico en el que  no hay pérdidas  es ilusorio. O lo es, con los conceptos  hegemónicos presentes en los planteamientos económicos y en las actividades laborales. Por qué a menudo esas pérdidas  no son fáciles de detectar a primera vista. La caja de la oficina o  la economía doméstica sufre pérdidas de muchas maneras diferentes. No solo hay una pérdida cuando  alguien se lleva ilegalmente una cantidad determinada, o cuando alguien la pierde negligentemente por no haber cosido el agujero de su bolsillo, o también-menos negligentemente-cuando se posiciona como víctima propiciatoria en el metro para ser robado.Hay también pérdidas en todos aquellos descontroles  y malas prácticas que permiten fugas irrentables  de un potencial energético: hay pérdidas pues por ventanas y puertas mal ajustadas que hacen trabajar más los mecanismos de  calefacción o de aire acondicionado;las hay  cuando se compran  productos  de mala calidad en el mercado o incluso de buena y que se dejan deteriorar en el¡frigo y luego se tiran sin ser consumidos; las hay cuando se adquiere el libro equivocado que  termina por  fosilizarse en la estantería sin ser leído;las hay-por consiguiente-en todas aquellas adquisiciones que cumplen una función acumulativa  en un almacén o en un cajón y que están condenadas al in-uso perpetuo. La gama de vías de pérdidas es múltiple.A grosso modo conviene diferenciar entre aquellas explícitas  y directas y aquellas  otras implícitas o demoradas. Las unas  son  las resultantes de  errores subjetivos o de conflictos de responsabilidad; las otras, son resultantes de planteamientos ideológicos, hábitos estructurados o conceptos  desviados. Para lo segundo hay literatura sobre gestión de recursos y dentro de estos, gestión del conocimiento que vienen a proponer medidas de eficiencia productiva y de actividades motrices, tratando de conseguir mayores  ventajas con menores esfuerzos.Para lo primero hay  técnicas de empresa, dinámicas de grupo, tratamientos psicoindustriales o  procedimientos autovalorativos para corregir las malas prácticas personales en el hacer vital y  profesional orientadas a minimizar el volumen de pérdidas.

Estas planean como una sombra en prácticamente todas las actividades humanas  ejecutables. Según como se acometa una actividad cualquiera (desde la colocación de una alcayata en la pared a la planificación de un viaje de verano al Caribe pasando por una tarea intelectual para preparar una recensión)se  puede incrementar o decrementar el factor de pérdida de acuerdo con el método que se elija. El operario que instala  un aplique en la pared pero que luego necesita gastar una cierta cantidad de tiempo para curar la herida de su mano debida a una martillazo descontrolado está incluyendo un subproducto de pérdida de tiempo y de estabilidad corporal para resolver su desaguisado. El viaje de novios a República dominica que elige el tour inadecuado o se compromete con el hotel erróneo le va a suponer unas pérdidas de tiempo en la gestión de búsqueda de otro alojamiento.El estudiante que necesita un plus de tiempo para sus lecturas porque tiene  varios cruces de intereses en el momento de su actividad   con pérdidas de atención deberá repetir partes de su proceso. Los tres ejemplos tienen el común denominador de necesitar excesos de tiempo para conseguir lo mismo.Y el tiempo es un parámetro  traducible a dinero.

En realidad el balance económico no hace más que poner cifras a los conceptos de orden materialista. Cada error comercial, cada  desvirtualización de un producto, cada duplicidad  de tarea superflua si su primera versión hubiera sido la adecuad, cada acción innecesaria tiene una proyección en un gasto. El gasto innecesario está tan naturalizado que  es asumido acríticamente. De tal manera que  es preciso un proceso de amplia sensibilización y concienciación del tema para  que nos demos cuenta que las  coas se pueden ejecutar de otra manera y-al hacerlo-otra clase de mundo es posible ir configurando.

Desde los posicionamientos de suficiencia energética basta poner contadores en los puntos de fugas y despilfarros para que  los oficiales de máquinas adviertan que basta introducir criterios de atención y cuidado para recuperar pérdidas de 10, 20, 30 ,40% incluso o más para seguir manteniendo el trabajo con  los resultados no ya iguales sino incluso más optimizados. Los hábitos de las malas prácticas los hallamos tanto en  los planos privado y doméstico como en los planos profesionales e industriales. En un campo los lavados de dientes, las descargas de cisternas de los wáteres o el lavado de la vajilla, puede llegar a ocasionar cinco o más veces de las necesarias para ejecutar esas operaciones.en el otro, el reparto de transportistas pequeños y su hábito de dejar los motores encendidos de sus camiones o camionetas, o el de los conductores atascados que no paran sus motores, para citar escenas cotidianas supone  una emisiones de CO2 a la atmosfera que son perfectamente evitables. Solo basta que el chip de que se  puede trabajar de otro modo se encienda en sus cabecitas para que las cosas sean de otro modo y se dignifique algo más la vida urbana pero si bien hay prácticas que pueden y deben ser corregidas por normativas legales más restrictivas, otras sólo depende de la toma de conciencia de los usuarios para  ser más respetuosos y benignos con sus entornos  además de más inteligentes con sus economías.

Lo que da estatus social no  es tener mucho dinero o hacer ostentación de mucho gasto (ésto simplemente es un cromo que se marca un determinado concepto de gente guapa)sino  sacar el mejor partido posible a los recursos.Es decir, objetivizar la potencialidad de partida de cada elemento o factor de uso y de cambio. De hecho, hay objetos que ya nacen bajo la concepción del despilfarro y otros bajo la de la economización.Cabrá pensar en impuestos específicos que graven los primeros y exenciones que desgraven los segundos. aunque las tendencias jurídicas están lejos de poder hacer esta discriminación con exactitud y justicia.Antes serán necesarios profundos cambios de mentalidad. Los recursos jurídicos son vías de presión  para demostrar la necesidad de castigar las conductas punibles.son,pues, opciones  coactivas. Es mejor apostar por cambios actitudinales y abogar por  innovaciones de prácticas conservadores de las cosas y reductoras de sus desarreglos o deterioros. claro que el marchamo de propiedad sobre una cosa o una situación convierte en su detentador en un déspota potencial que puede hacer con lo suyo lo que le plazca  incluida su destrucción. Por eso lo jurídico y lo ético suelen colisionar.

En el balance concreto  de  las partidas  de venta de una empresa o un negocio  y en el análisis de cada precio de salida están incorporados,obviamente, los costos de su fabricación.dentro de estos, estás cargados-sobrecargados a veces- los costos de su despilfarro añadido. En  la salida final de un producto, además de los costes de materiales y de energía indispensables cabe añadir los materiales y las energías  añadidas por negligencia en el uso de las anteriores. Una reorientación de los procesos de fabricación y un esmero en el traslado de las materias primas así como la reconducción de los productos acabados  redundaría en una minimización general de los  gastos, y con ello, en un respeto mayor a los medios, los entornos y  la propia fuerza de trabajo. Esto que se puede analizar para el caso particular de una empresa en singular se puede traspolar a todo un proceso industrial y a toda una concepción ministerial o estatal de las maneras de trabajar. Implica pues al marco cultural y a los estilos de una época. Paulatinamente la sociedad y sus agentes de administración se dan cuenta de ello y se orquestan campañas para  ser cuidadoso con las fuentes de energía y con  los consumos programados. Todo ello parte de la base de distinguir las necesidades propias de un proceso y los impropios que acarrea, generalmente por  determinantes de las costumbres y negligencias humanas. Esas que competen a cada profesional ante la tarea de la que se hace cargo, también se trasladan a los ámbitos familiares, domésticos y personales. En el hábitat de cada ciudadano se  producen más o menos pérdidas de dinero según las maneras de consumir y las elecciones de compras-o contrataciones de servicios- que se hagan. No siempre lo más caro es lo mejor ni lo más modernizado tampoco.

Muy bien ,las pérdidas pueden reducirse y tender a cero.¿Pero es pensable que alcancen el cero absoluto? ¿Es posible una economía particular o