FLUENCIA TRANSCULTURAL

Juana de Arco

Escrito por jesusricartmorera 14-06-2007 en General. Comentarios (0)

La monopolización de dios y su corte.

Robert Bresson en El proceso de Juana de Arco, (Procès de Jeanne d´Arc, 1962), se centra en los últimos momentos de esta mujer martirizada por la iglesia Católica y llevada a la hoguera después de un interrogatorio construido para simular una comedia de justicia. La hoguera estaba ya pedida y decidida. Sus seguidores no la salvaron. Los gritos eran en contra de la “bruja” no a favor de la heroína. Las preguntas de las sucesivas vistas fueron en torno a las supuestas voces celestes: de santos, santas y del propio dios, con las que estaba en contacto Juana. Sus  declaraciones perturbaban a las altas esferas eclesiales. Una curiosidad histórica del catolicismo ha sido su temor a posibles contactos con el más allá que hayan tenido sus feligreses por libre. Cualquier tipo de interpretación de lo misterioso y lo desencarnado por otras personas no vinculadas a los intereses del poder eclesial eran sospechosas.   Esa ha sido la paradoja: desde siempre la iglesia se ha hecho intérprete del reino de los cielos nombrando a un extenso santoral pero nunca, evidentemente, puso la representación directa de tales figuras con sus voces sino a lo mucho creó leyendas en torno a ellas con reliquias, templos  y memorias.

En el caso de Juana de Arco (originariamente Jeanne Darc) contra su afirmación convencida se fisuró la estructura que quiso someterla. Murió antes de cumplir los 20 años (Domrèmy 1412-Ruán 1431).Desde sus 13 años estaba oyendo voces que le pedían que liberara a la ciudad de Orleáns del asedio inglés. Se entrevistó con Carlos VII al que le dijo que tenia la misión de hacerle consagrar y coronar rey. Fue armada caballero en Poitiers y liberó a Orleáns en mayo de1429. Carlos VII reanudó una política de negociaciones con los invasores. Juana fue hecha prisionera por los borgoñeses y vendida a los ingleses. En esa transacción ya intervino un obispo. Fue trasladada a Ruan que estaba todavía en poder de los ingleses. A puerta cerrada,   el obispo Cauchon, el mismo que la había entregado y el viceinquisidor Jean Lamaitre, sin presencia de ningún abogado, iniciaron el proceso en su contra por herejía sin ajustarse a las mismas reglas inquisitoriales: estaba detenida en una prisión laica y vigilada por soldados ingleses.aunque los nombres de sus asesinos principales Cauchon y Lamaitre  han quedadodenunciados a los ojosde la historia no ha sido menos grave sus cómplices de gremio que desdela ignorancia les dieron apoyo. No todos, algunos religiosos abandonaron el proceso por considerarlo injusto aunque no lucharon para abortarlo.

De las respuestas de la procesada se deriva que eran correctas, firme, no ofensivas y no precisamente sospechosas de una alucinada pero  también fueron contundentes asegurando que los ingleses serian expulsados de Francia, predicción que, desde luego, no les gustaba. Declaró preferir el estandarte que no la espada y que nunca había matado a nadie en su tiempo de combatiente en la defensa de Francia. Carlos VII no intentó,  hasta donde sé, ninguna acción para rescatar a Juana de sus enemigos a la cual debía en cierta manera su corona pero cuando rescató Ruan,  unos 20 años después, ordenó que se abriera una indagación de lo sucedido. A partir de los documentos encontrados se hizo un proceso de rehabilitación de la ejecutada. La iglesia, en uno de sus actos típicos de increíble demora y sin autocrítica, la proclamó santa en 1909

La historia fílmica es montada a partir de los propios documentos dejados de la época. La trama es austera: viajes continuos de la celda a la sala de audiencias sometida siempre a una misma clase de preguntas acerca de la verosimilitud de su información. La doncella d´Orleans se mantuvo firme en sus declaraciones. Su agilidad mental y sus respuestas firmes sin embargo no doblegaron la voluntad de sus inquisidores en asesinarla. Era tan cuestionada por afirmar estar en contacto místico con seres desencarnados como por vestir ropas de hombre y tener un comportamiento inusual para una mujer de su época. Puntualmente accedió a vestir ropas de mujer pero ante el peligro de ser violada por sus carceleros volvió a ponerse ropas varoniles. Esto seria interpretado como una falta de sumisión a la curia. Solo frente a su inminente ejecución con la leña acumulada en torno al poste del suplicio accedió a leer un documento preparado de sumisión a la iglesia, lo cual tampoco le salvó la vida porque su suerte ya estaba echada y a sus jueces lo que más les interesaba era la prevalencia de su poder y que no fueran cuestionados sus dictados.

Ha habido otros casos de apariciones de vírgenes y de beatificaciones de sus elegidos para darse a conocer que no han pasado por tamaño despropósito. El caso de Jeanne es especialmente llamativo por su fuerte resolución en una edad biográficamente temprana y por ser portadora de mensajes concretos lo cual no pudo gustar de ninguna manera ni a los propios, los franceses, ni a los enemigos extranjeros, los ingleses. Su fe en lo que decía era total. Se sabía acompañada por las voces que le hablaban y fue eso lo que le dio valor hasta el final. La curiosidad de su ejecución radica en el hecho de serlo por herejía no por enemiga de los ingleses. Su muerte podía haber sido preparada de otro modo, en tanto que enemiga apresada el ejército invasor la  podía haber liquidado sin tanta parafernalia. La inquisición, representando la iglesia, no podía permitir que nadie se apropiara de las vías de contacto mistéricas que solo la cúpula de poder se podía permitir. La iglesia católica tenia un entreno de milenio y medio en monopolizar los designios celestiales. La interpretación de la Biblia, tras las mutilaciones de otros textos inconvenientes, era suficiente para explicar el mundo postmortem y la promesa de la resurrección. Cualquiera que hiciera una interpretación por su cuenta y distinta del libro sagrado así como hablara de un contacto directo con aquellos seres de los que sus fundamentos religiosos no paraban de hablar se constituía en un adversario a exterminar.

La psicopatología sostiene que oí voces son alucinaciones acústicas y subproductos del psiquismo. Los estudios de esquizofrenia documentan la casuística con tal síntoma. Por su parte en la historia de las religiones y de las armas, acude o da cuenta de señales sobrenaturales que fueron  recibidas por grandes líderes que siguieron con absoluta convicción y de las que dependieron sus victorias. Independientemente de si las voces de Juana fueron productos de su naturaleza o ella fue intermediaria de instancias espirituales ni lo ni lo otro realmente cuestionaba frontalmente el poder de la iglesia ni sus declaraciones tenían conexión alguna con tratos con ninguna representación del maligno. Su muerte podía ser perfectamente evitada. Los ingleses sin embargo, respetando el poder eclesial, lo presionaban para que acelerara el proceso y acabara de una vez con ella.

La bici robada.

Escrito por jesusricartmorera 13-06-2007 en General. Comentarios (0)

 

Beijing bycicle de Wang Xiaoshuai. Sigue habiendo bicicletas en Pekín a pesar de su acelerado desarrollismo urbano y la implantación gradual de los vehículos a motor. Para mucha gente es su único medio de transporte para una ciudad con grandes distancias.

Un chico extremadamente introvertido consigue un trabajo como repartidor de mensajera. Le proporcionan una mountain bike flamante que va pagando poco a poco a medida que va haciendo entrega de mensajes y la pague valorada en unos 600 yuanes. La bicicleta le es robada y eso le supone la pérdida de su trabajo al no poder entregar un mensaje a tiempo. Esa brillante historia fílmica es un recorrido por zonas de la capital china a través del argumento de ese muchacho tratando de localizar su bicicleta, cosa que finalmente consigue con lo cual es readmitido a su anterior empleo. Recupera la bicicleta de un estudiante de su edad que parece que la ha conseguido en el  rastro. La historia es el conflicto entre los dos muchachos. El uno por recuperar su bicicleta el otro por mantenerla ya que considera que también la ha pagado. Deciden compartirla. Eso crea una nueva situación entre ambos de una cierta camaradería. Después de mucho tiempo se preguntan el nombre y hasta esbozan una sonrisa.  Ese otro chico es un tanto taciturno también. Es preguntado pro sus amigos si se trata de una bici robada y  amonestado por su padre por tenerla el cual, a su vez, es criticado por le hijo por no cumplir con su palabra de otras veces en comprársela. Tener una bici es tener un signo de estatus y poderse relacionar con la cuadrilla que ya la tiene. El chico le  replica que es suya pero nunca dice donde la ha comprado ni lo demuestra, tampoco demuestra el mensajero que es suya: le basta decidir que es una biciestándar en laemporesa para la que trabaja. Gracias a ambas omisiones deliberadas se va creando toda la tensión argumental y la complejidad de la historia. En cierto momento, la niña con la que se acompaña del cole a casa con el muchado que ha comprado la bicicleta en el rastro, empieza a salir con otro chico algo mayor que él y que ha demostrado sus proezas con bici acrobacia. En un momento dado lo sigue y le da un ladrillazo en la cabeza. La pandilla del agredido persigue al agresor con tan mala suerte para el mensajero que también persiguen a este, golpeándolos a los dos.   Antes de ese episodio el estudiante le ha dicho al mensajero que se puede quedar con ella y que no la quiere por más tiempo.

La película arroja información sobre pandillas y códigos de honor en ellas, sobre ataques y venganzas, todo eso en medio de un notorio silencio comunicativo. El silencio es extensivo a otros personajes. La críptica en las caras potencia del imaginario aunque también la decepción posterior. El mensajero visita o vive con alguien que tiene una pequeña tienda desde la que puede ver una casa cercana en la que hay una doméstica a la que confunde con la hija de la familia. ésta se pone los vestidos de su ama y luce su figura juvenil haciendo de mujer por la calle. Cuando lo descubre la dueña y la echa se sorprenden de haber caído en la trampa de su imagen

La película tiene de fondo una nueva china emergente en la que las formas juveniles copian las de otros países que económicamente nunca dejaron de ser capitalistas. Tiene también de fondo el tema de un cierto chabolismo y formas de vivir precarias en medio de los grandes y suntuosos edificios.

Hacer de esposa.

Escrito por jesusricartmorera 13-06-2007 en General. Comentarios (0)

 

La provinciale,1952, adaptación al cine de la novela de Moravia por Mario Soldati (1906-1999),Gemma es una mujer (Gina Lollogibrida) que está casada con un professóre que  vive uno de sus momentos más amargos coincidiendo el momento en que  a él le conceden una destino profesional en Roma. El y ella  se casan tras el fracaso de su  proyecto de relación y matrimonio que ella tiene con  Paolo, el hijo de un conde . Ella lo pretende, eso representa cambio de clase social, otro estatus, otra vida. Ella corteja con él al ser una de las invitadas de veranos en la mansión de la familia pudiente. Todo se viene abajo cuando la madre le confiesa que ella había sido amante del conde y tuvo un hijo, con lo cual la relación con Paolo es imposible porque es su hermano El professóre es un hombre com el que las  primeras coincidencias son ariscas. Se deja seducir por él como alternativa menor no sin despreciarle en secreto. Llegan pues  las nupcias con el professóre, que a la postre es inquilino de su madre que alquila habitaciones, como una opción no deseada. Vive a su lado. Ambos metidos en mundos aparte: él en sus libros y sus lecturas, ella tratando de aparentar lo que no es. Tiene un flirt con uno de los amigos de Paolo que dura quince días con los auspicios de una auto llamada condesa rumana oportunista para ver que puede sacar de la situación. Esta mujer, muy relacionada y de prosa verborrágica, termina por manipularla haciéndole chantaje para que haga de prostituta para ella. Además se instala en casa de ellos con el pretexto de estar unos días. Ante el traslado inminente a Roma por un nuevo cargo concedido al professóre, estas intrusa pretende acompañarles. Durante las vísperas de ese viaje en la cena, ella se abalanza y la acuchilla en el hombro. Cuando vuelve en sí Gemma, decide contarle toda la historia al marido que hasta este momento ha sido un ignorante de todo lo que pasaba por la cabeza y la vida de ella. Inmediatamente el marido echa a la condesa a pesar de las amenazas de ésta en denunciarlos por la agresión del cuchillo. Gemma es un figurín que vive para su figura. Las tareas de su casa y del negocio de la pensión lo lleva su madre. Ella ha crecido para gustar y ve en los hombres lo que tienen de buen partido, si no uno que sea otro. Le puede más el valor aparente de ellos que no el real. Por su parte el professóre es un intelectual desexualizado o en el punto mínimo de sensualidad que no le perturbe sus trabajados académicos. Por su parte Gemma, en su relato, cuenta que no empezó a darse cuenta del valor de su marido hasta que no vio una foto de le saliendo en el periódico.  La belleza de Gina es descomunal, su poder de atractivo incuestionable, justo lo que necesita su personaje. Lo interesante del marido a pesar de su permanente aire absorto es la radicalidad de actuación en poner las cosas en su lugar no mostrándose en ningún momento desconfiado y tomando partido por su esposa, creyéndola sin cuestionarle su infidelidad. Por otra parte ella nunca llega a hacer realmente de puta ya que ante el primer cliente, éste, caballerosamente, al advertir su falta de experiencia decide no seguir adelante exigiéndole una respuesta sexual.

Las historias fantásticas de conseguir príncipes azules o sus versiones más realistas de partners bien posicionados están llenas tanto en la vida real como en la literatura. Por cartas  de deseos  que no quede. Gemma acata su destino haciendo una vida anodina que no la hace feliz, mucho menos cuando era mujer de altos vuelos y presuponía alcanzar una posición que supuesta sí la hubiera hecho. La imposibilidad de seguir adelante con la relación con Paolo forma parte del tabú. El incesto entre hermanos niega toda posibilidad. Permitir que el argumento siguiera por este camino significaría explorar uno de los límites mejor trabados socialmente. Si bien, tradicionalmente, el incesto tenía cuantiosas razones para no ser practicado por las malformaciones reproductivas, su tratamiento conceptual no ha sido modificado en un tiempo en que la sexualidad y el amor tienen un valor en si mismos independientemente de toda pretensión de tener hijos.

En cuanto a la vida marital del professóre  y su esposa, ambos comparten casa viviendo el uno de espaldas a los intereses verdaderos del otro. La esposa no empieza a reaccionar hasta que no empieza a darse cuenta del valor de su marido como hombre público. Queda la duda de sí sigue valorándolo por él mismo, lo cierto es que  ella al valorarlo lo hace con apreciaciones prestadas no con las suyas propias. Ella queda fuera de toda valoración. Simplemente es la esposa que quiere ejercer de esposa consentida en espera que se le dé todo sin que nada la satisfaga.

No ser único

Escrito por jesusricartmorera 13-06-2007 en General. Comentarios (0)

La insoportabilidad de no ser única.

François Truffaut en La Piel Suave ejerce como maestro en el escrutinio de la crueldad.  Investiga una situación argumental aparentemente rica, compleja pero interesante, termina en resultado de destrucción sentimental y muerte. Un autor conocido y editor de una revista literaria toma el avión desde Paris donde vive hasta Lisboa para ir a dar una conferencia sobre Balzac y el dinero. Se trata de una persona correcta, pulcramente vestida, sosegada y ampliamente reconocida. Ya en el avión se fija en la azafata con la cual coincide luego en el ascensor del hotel. Decide llamarla por el teléfono interior e inician una relación. A su vuelta a casa no da cuenta de este hecho, Vive con su esposa y su hijita con un nivel de vida alto. La relación con la azafata prosigue no resultando fáciles sus encuentros amorosos ya que ella tampoco quiere ser vista con él por la portera subiendo o saliendo de su apartamento. El escritor acepta dar una conferencia en una ciudad de provincia que normalmente hubiera rechazado para tener la ocasión de pasar un fin de semana con su amante. Una vez ahí se ve envuelto en agasajos e insistencias de las que se le hace difícil escapar. La amante advierte que él se avergüenza de ella o que no la integra a la situación. A la vuelta a casa la esposa sospecha que hay otra mujer en la vida de él y le propone el divorcio. Él acepta. Esa misma noche se traslada a su despacho a dormir. Notifica su nueva situación a la azafata y hacen planes de buscar un apartamento juntos. Mientras tanto la esposa salta de su radicalidad en la ruptura a su seducción para recuperarlo sintiéndose fatal con su orgullo roto. Hacen el amor una vez más y ella sondea volver a estar juntos pero él le asegura que hay que ser firme en la determinación que han tomado. Entretanto la relación con la azafata deja de tener la perspectiva en la que había confiado. Ella no quiere continuar por haberla tratado de una manera marginada. Le propone un encuentro de tarde en tarde pero él le dice que no. No, es la única palabra para todo su discurso. Sigue con su vida. No hay discurso expresado. El espectador tiene que inferir su estado de ánimos, no hay nada que hable por él. Desde el restaurante en el que suele clientear con su esposa trata de localizar a esta para proponerle una vuelta a la convivencia. No alcanza a encontrarla en casa. Por su lado ella ha ido a buscar el revelado de unos carretes de fotos con el resguardo que olvidó en el traje que ella se ocupó de enviarlo a la tintorería como gesto típico de ama de casa. Las fotos solo confirman lo que ya sabía: La existencia de otra mujer, es decir la existencia de alguien que estuvo pero que ya no está puesto que el marido y ella han dejado de ser amantes y ya no volverán a verse. Ella toma una decisión terrible y se dirige a encontrarlo al restaurante al que suele ir. Él está en su mesa leyendo una revista aparentemente absorto y lejos de sus problemas. Ella le dispara y lo mata. Se queda en el lugar esperando a que venga la policía a detenerla. Fin.

Truffaut presenta una situación, la describe con un máximo de esquematización. No hay ninguna voz en off, ninguna parte del discurso por ninguno de los personajes que teorice esa correlación de tres con conflictos distintos por las tres partes.

El hombre es culto, lector, reflexivo, escueto, sus ponencias son elocuentes y esperadas. Su intelectualidad atribuida no le sirve para enfrentar la triangularidad en la que se mete. Ni se le ocurre defender la existencia de otra mujer en su vida. La esposa, celosa, está amparada por el código cultural general al cual su trasgresor principal, él, es el que debe abandonar el hogar y buscarse la vida en otra parte. Sus quince años de matrimonio y la existencia de una niña pequeña no son razones suficientes para sobrellevar la nueva situación ni reconsiderar la afrenta recibida por la esposa. Por su parte la azafata se siente feliz por ser seducida por un hombre destacado como él pero su verdad personal y sus vacilaciones concretas lo desautorizan a sus ojos. El hombre se mete en una trampa de la que no va a salir con vida. Es el culpable por la infidelidad a su esposa y el timorato por no implicarse mas por la segunda mujer a la que le declara su amor.

Lo imponente del argumento es la falta total de razones argumentales a favor del amor o en contra de él. A lo sumo las de la azafata al sentirse excluida, al no ser presentada, al verse dejada de lado. Todo pasa muy rápido. Ese tempo hace el tema algo increíble. En pocos días se tuerce la situación, únicamente explicable con un largo proceso anterior de erosión de la relación matrimonial.

Muchos hombres, también mujeres, que por razones profesionales están fuera de casa a intervalos o no tienen que pasar todas las noches en la misma cama se encuentran, cuando no buscan, relaciones  de intimidad complementarias a las suyas. Es un fenómeno social extendido. Todo el mundo lo sabe y el arte hace cumplido eco de ello. Las historias de tres son una constante literaria y cinematográfica. Suele hablarse de ello desde la hipótesis y en lo que le pasa a terceras personas pero se sabe o se intuye que el tema puede estar más cerca de lo que se cree. La doble moral social es ésta: por un lado reconoce la existencia de la pluralidad, del otro la castiga. En la película la esposa ofendida al no poder adaptarse a la perspectiva de no ser única para él, se erige en juez y justiciera impugnando toda libertad personal en cambiar de compañía y de discurso amoroso.

 

 

Gente Pública

Escrito por jesusricartmorera 12-06-2007 en General. Comentarios (0)

Entre la Gente  Pública y la Gente Cercana.

Dividir a toda la gente de la que se tiene referencia o se ha tenido algún tipo de contacto durante la vida entre distintos grupos puede dar lugar a algún criterio injusto. Una opción funcional para salir del paso consiste en distribuirla en dos clases de categorías generales:  una, la gente relacionada que puede recoger cientos o miles de nombres, los de aquellas personas con las que te vas  encontrando durante distintos momentos sin discernir  si son más o menos conocidos públicamente y aquella otra en que su cuota de reprografía, publicidad, escenificación es tal que pertenece a esa galería de los elegidos o de la suerte, por llamarlo de alguna manera,  en la que pueden vivir de su imagen o de su nombre con mayor o menor acierto y con más o menos éxitos profesionales o creativos pero con la que, además, no se tiene contacto directo aunque se haya podido tener ocasionalmente.  Es conocido y tópico el fenómeno de los/las fans que se asocian y se pirran por un autógrafo o por un saludo en directo de sus ídolos. Ese tipo de contacto no convierte a todos los que lo esperan como el maná sea en una u en otra  efemérides como una relación aunque tal escena pueda nutrir su imaginario por una temporada.

La gente pública es aquella que por su nombre, campo de actividad, linaje intelectual o artístico ha entrado en el circuito de la divulgación notoria de lo que hace, de quienes son, de sus itinerarios biográficos, de sus proezas, de sus bellezas. Con una insignificante porción de ellos he tenido contactos directos dada mi vocación de asistencia a los espacios culturales lo cual puede inducir que los ponga dentro de la lista de Gente Relacionada . Eso solo quiere decir lo que dice su denominación. Puesto que no  cabe considerar que el concepto de amistad sea válido para definir relaciones estrechas de las que no lo son, es mejor  optar por incluir en la lista de la pública la que pertenece a un mundo de referencias distantes con las que uno no tiene, y probablemente no tendrá, contacto personal aunque haya podido haber contacto verbal, mientras que a la lista de gente relacionada cabe la que se ha tenido la coincidencia de compartir uno o varios eventos en torno a uno o varios temas de convergencia.  La gente relacionada incluye a gente del pasado con la que te has dejado de tratar así como la pública incluye gente extinta que se ha quedado en el pasado.

La gente pública forma parte del panorama de consumo informativo de quien desee estar al corriente de ella, mientras que la gente relacionada pertenece al panorama privado con una información circulante que no trasciende el marco de una escala reducida. Desde la posición del trato parece incompatible la una con la otra. La condición de pertenencia a la galería de la celebridad obliga a unos comportamientos. La figura del famoso para mantenerse como tal, tiene que hacer una serie de concesiones: formar parte del candelero y de la expectancia, conceder entrevistas, acudir a programas mediáticos, publicar, autopromocionarse, hacer declaraciones que se constituyen en titulares de prensa, estar conectada a los estrenos, protagonizar algún escándalo o inserciones en la escena repotenciada, mantener un look y posicionarse en una clase de discurso.

 Hay un común denominador gremial no importando tanto si se ha ganado el tour de Francia o se ha protagonizado la película más taquillera del año. Se desea el premio, el reconocimiento, el éxito y, por supuesto, mantener un alto caché. Hay producciones cinematográficas con presupuestos millonarios en los que la cara famosa gana más dinero que el propio director. Detrás de eso hay una industria muy calculadora que promociona y vende figuras humanas con un marketing parecido a como lo hace otra con sus productos envasados para alimentar, embellecer o curar. A fuerza de potenciar nombres y rostros desde el anonimato se acaba creyendo en la genialidad de los divos y en la vulgaridad del resto de los mortales. Pero el famosose mantiene en el punto de mira de los objetivos reactualizándose, estando al día de si mismo, maqueándose, no parando. Todo ese tiene un coste en pérdida de goce. Algo parecido ocurre en el aparato psíquicode aquel que está máspreocupado por su belleza y su condicion de admirable que por su interaccion con el placer real. Antonio Buero Vallejo[1],  entrevistado por Joaquín Soler Serrano,  se permitió una frase dignísima “la pereza es el mas bello de todos los vicios”. Su itinerario lo han convertido en una referencia ineludbiel del teatro. Durante 27 años de creación teatral estrenó 20 obras teatrales. Durante la guerra civil español  habia sido detenido  condenado a muerte. La pereza, vagar, no hacer nada, eso incluyetambien apartarse de la responsabilidad del trabajo, de la cita con el otro social, del acto público.

 

 

 

La gente pública tiene un atributo específico y distintivo: el de su reproducibilidad para consumo más o menos masivo. Esa reproducibilidad se da en tres campos:  el del nombre, el  de la imagen y la noticia sobre lo que dice o hace. Es esta noticia o el tipo de noticia que permite que la persona famosa se filtre de ella lo que hace que el público se acerque o se aleje. Una curiosidad de las excrecencias colaterales de la cultura  mediática es que un tipo de gente pública tiene un seguimiento asegurado sea lo que sea lo que hagan. Eso explica que haya gente conocida que venda sus prevacías, los reportajes de sus hijos, de sus ceremonias matrimoniales, o que se preste a tener paparazzis revoloteándoles y cortándoles el paso y el aliento. Si las vende es porque hay quien las compra y quienes las compra es porque es un agente  intermediario que venden los productos por capítulos  de esas historietas a un público ávido de intimidades ajenas a falta de tener, seguramente, unas intimidades propias que les complazcan.

La gente pública es una mercancía circulante de amplia referencialidad. Comparte una señal excepcional: ser conocida por miles, cientos de miles o millones de personas.  Ese factor común de hecho no homogeneiza a esa vasta fauna. Un tipo famoso no tiene mas identificación con otro que también lo sea que la que pueda tener uno no famoso con otro no famoso y de estos con aquellos o al revés. Una figura reprógrafa que por casualidad acaba en la conversación de sobremesa en tu casa o con quien tienes una coincidencia puntual es alguien que puede ser perfectamente ordinario en el sentido no lesivo de la palabra. Lo que puede tener de interés el individuo público es que puede ser alguien con acceso privilegiado a determinadas informaciones, lo cual puede servir de puente en un momento dado para saber cosas que no se suelen conocer, si tal persona forma parte de la farándula política o de los centros de poder o investigación. En cuanto a su agenda ultra rebosada tal vez no tenga mayor interés. Las vidas ajetreadas no dejan de ser poses aunque, honestamente, cabe reconocer que la tienen tanto más ajetreada quien más solicitados lo estén por su carisma, su inserción en el mundo de las relaciones, su físico o su oficio público.

Para saber los detalles psicológicos de la figura pública, reconvertida de persona más o menos genial en personaje de consumo más o menos estandarizado, habría que pasar por tal experiencia. Reflexionarla estando al margen tiene más de teoricista que de documental; no por eso deja de tener interés reflexionar sobre los avatares de la fama en un doble sentido: en quien la padece en cuerpo propio que ve herida su sensibilidad por persecuciones mediáticas o bulos y en quien tiene que soportar aquel sector de las  figuras faranduleras plataformadas por los medios absolutamente deleznables e insoportables.   A fuerza de ser repetido un recién incorporado a la galería de famosos puede llegar a ser más conocido por sus detalles de lo que se conoce el vecino con quien se comparte pared con pared por decenas de años. Esa es la paradoja más curiosa. La gente pública puede cumplir una función de acompañamiento, incluso emocional, a personas solitarias que la interiorizan como colchón para sus propios avatares existenciales. Instintivamente la persona pública ha tenido éxito ahí donde la persona anónima no lo ha alcanzado.

Claro que la categoría entre pública y no pública es grosera. Así como dentro de los círculos cercanos de relación hay personas con las que se está más unido que con otras, también en cuanto a la pública hay una gran variedad de subcategorías dadas por  las razones de serlo. En realidad el denominativo genérico de pública es una trampa. Una persona puntualmente puede constituir una referencia pública en un momento dado de su vida y dejar de serlo inmediatamente después y pasar al olvido. También sucede que hay personas que tienen temporadas de fama por acceder a platós televisivos y después desaparecen o son desaparecidos de esa escena sea porque no interesan como productos de consumo o porque han aprendido a deshacerse de la función de mercancía con que se les trataba. Es más exacto hablar de la condición de pertenencia a una referencialidad útil, es decir a una base de datos a la que acudir. La filmografía de un director, la bibliografía de un autor o las escaladas de un montañero darán datos para hablar con conocimiento de causa de ellos y para reactualizar un interés por los temas que les interesaron. Ese compuesto recursivo de técnica informativa no evita llevar la reflexión a una cierta necesidad de la referencia pública como la de una especie de consuelo familiar. Dar con caras conocidas hace que nos sintamos acompañados. Es un juego mental.

La condición de célebre convierte al sujeto público en alguien más dado al mundo de afuera que al mundo privado, más al ellos que al . Los partners de líderes, artistas y famosos tienen el privilegio de vivir la verdad de aquellos objetos de consumo amplio. Saben las verdades a las que la gente no accede. Saben en definitiva la verdad de los límites de cada persona por codiciada que esté dada la mercantilización de su figura. No hace falta ser muy conocido/a para empezar a experimentar esta disociación entre el ritmo de las exigencias de las atenciones privadas que se da en este campo de la gente cercana y la absorción que supone el ritmo de las exigencias de la imagen. Dentro de la farándula artística y mediática hay al menos dos clases  de famosos. Los que saben mantener a distancia un tipo de cuervos ávidos de espiarlos a cada rato y los que se prestan a ellos como carnaza. Una gran parte de estos terminan por cansarse de su propio rol si antes el mismo universo mediático no se cansa de ellos. Sorprende que haya un tipo de caras que se van repitiendo por años y más años sin que sean barridas por originalidades alternativas. También sorprende a veces que personas supervaliosas se den a conocer a cuentagotas. Salvador Espriu, un hombre cuya vida transcurrió en la soledad y el silencio se declaraba como un hombre muy desvalido. Su fama no lo sacó de su meditación existencial y de su territorio privada o, si se prefiere, de su agujero. Esa fama por cierto como anécdota curiosa empezó con un primer libro de 110 ejemplares, cuyo padre editó,  del que no vendió ni un solo ejemplar. El reconocimiento posterior del peso de su figura en las letras catalanas no sustituiría el valor de ese gesto de apoyo de una persona tan cercana como su padre confiando en él. Espriu y Pla, según Espriu mismo, empezaron otra época del uso del catalán.

La lucidez creativa es una arma de doble filo. De un lado genera una ultra realidad exquisita en el campo artístico-simbólico, de otra coloca al sujeto creativo en esa instancia de consumo público. El peligro de eso es evidente. No pocos famosos sucumben a las vanidades generadas por su nuevo estatuto de nombre-cara de consumo amplio. Montserrat Roig dijo algo muy significativo de Joan Fuster (Sueca 1922-1992)que se podria trasaladar a una slecta troupe gente muy comocida que no deja consumir como productos multiseriados de estanerias, “lúcido ante su mundo, suficientemente escpético por no dejarse sobornar por las pamplinas dela vanidad de ser un personaje  ”.

Lo más público en el sentido de lo más consumido suele coincidir con un bajo nivel de calidad mientras que lo menos público en el sentido de lo más selecto y menos mayoritariamente consumido lo tiene con un alto nivel de interés. No es una fórmula que se pueda dogmatizar pero suele coincidir. No hay que extraer de ello que todo lo minoritario sea alternativo y tenga todos los honores de la crítica mientras que lo masivo sea deplorable. Cada caso pide una valoración específica. Cada persona conocida es desde luego distinta pero eso ya le viene dado por su condición de persona, sea o no-reprógrafa. Puede suceder que según sea su perfil distintivo original la fama intervenga complicándolo. Hay famas insoportables cuyas primeras víctimas son los famosos. Hay gente muy conocida que puede pasar completamente desapercibida y otra al cargo de programas de alta audiencia que no pueden salir a la calle sin ser molestada. Inevitablemente la sociedad adopta un trato familiar con aquellas imágenes que consume habitualmente. Así el famoso puesto en la vía pública no puede esperar actuar como cualquier otro desconocido sino que tiene que soportar miradas y comentarios. Si desea eludirlos tiene que esconderse. La vida célebre no debe ser tan fácil de llevar en particular en sociedades mediáticas que chupan más imágenes que palabras, más flashes que contenidos, más envoltorios que razones.

Un estudio de la fama debería seguir los protocolos científicos rudimentarios de cualquier otro estudio. Tomar muestras de personajes públicos y estudiarlos en las variables elegidas, en particular en los impactos en sus estructuras de personalidad desde que se convirtieron en objetos solicitados. Como en todo, la fama tiene grados y depende de la clase de condición pública en la que se reside y los motivos que llevaron a ella el segmento de público con el que se va a tratar. Es completamente diferente el trato que se le proporciona al político que va callejeando con o sin escolta, al jazzman,  al científico, al escritor, al cantante de pop o a la supermodelo. Podríamos decir que cada tipo de fama se reparte el público de manera distinta. Por supuesto hay sectores de este que son completamente desconocedores de otras partes de abanicos de famosos y dentro de estos no tienen porque cruzarse nunca unas partes con otras. En definitiva, la división tópica de lo famoso y lo expectante tampoco nos sirve tanto. En la vida de cada día tampoco trasladamos los diálogos a rajatabla sacados de las películas o copiamos la manera de relacionarse que tienen los artistas.

Una paleta de idiotas que ejercen de gente pública a costa precisamente de famosos y súper famosos mueven más bien al sentimiento de vergüenza ajena y se les puede reconocer incluso las caras pero no saber sus nombres ni por supuesto optar ni siquiera por mirarlos, por su indeseabilidad, en el supuesto de coincidir con ellos en algún escenario colectivo.

La celebridad no es pues siempre sinónima de éxito. Desde hace ya una década larga un tipo de insolencia desde las imágenes en las que personajes de la cantera de los trepas se pelean brutalmente los unos con los otros a sueldo de las exigencias de guión de los programas en los que salen, viene a demostrar que dentro de las caras conocidas hay unas que pueden ser miradas y otras no pasarían de tener un interés para la diana de los dardos, solo faltarían dos condiciones: jugar a los dardos y perder el tiempo buscando una foto de un careto deplorable.

La gran diferencia entre la gente de los círculos cercanos de la mayoría y la gente de la farándula pública es que una buena parte de las conversaciones de aquella es sobre la vida y milagros de lo que hace esto. No hay bidireccionalidad en eso. El sujeto anónimo siempre tiene la desventaja de no ser conocido por el que es público. Pero la supuesta ventaja de este, de ser conocido por todos, se torna en desventaja cuando al pasar de boca en boca, no en el sentido erótico precisamente de esa expresión, es tergiversado a la medida de cada consumo verbal. Evidentemente el famoso padece de una indefensión severa ya que no puede ir controlando cada frase que se noticia de él/ella o desmintiendo  las falsedades o deformaciones informativas. Parece ser una constante la de los  famosos con  motivos de queja por ser malinterpretados. Por su lado los intérpretes tampoco representan un gremio homogéneo que se consultan las cosas antes de interpretar. Cada divulgador lo hace tratando de explotar el boom de una noticia o un tema a costa del sujeto público que lo proporciona.

Afortunadamente, dentro del campo de lo público hay muchos nombres que son muy desconocidos o que son incluso conocidos a su pesar, por haber publicado resultados de investigaciones o literaturas llamativas. Posiblemente se trata de los más preciados pero esa es una apreciación subjetiva. Y es que la fama es en si misma injusta antes que nada para las mismas personas célebres que lo son más o menos por elementos aleatorios que concurran en el momento y en sus entornos concretos. Siempre sometidos a los caprichos de las masas en la adopción de unos iconos u otros  que las protejan para sus naufragios existenciales.

La gente cercana es la que comparte la realidad de verdad, la gente pública por su condición de distancia no pasa de ser una referencia utilizable para reinterpretar la realidad advirtiendo a veces algunos ejemplos de los que tomar nota y otras, en el caso de los antimodelos a los que no seguir, no nombrar y no escuchar. No hay que olvidar que el sujeto público por su condición es una fuente nutricional distorsionada para el imaginario ajeno de tal modo que en la psicología del fan o del seguidor se crea un constructo que no tiene nada que ver con la verdad de ese icono admirado. Cuando al fin se da el encuentro entre el uno y el otro también sobreviene un inevitable  desencuentro por la decepción que comporta. La mejor manera de estar en la condición de sujeto público es conseguir el máximo de discreción de su vida privada y el máximo de selección en aquello de lo que se haga portador.

Dado el ascenso de las plataformas de divulgación, mas canales de televisión, mas radio participativa, mas entrevistas en la calle, mas blogs en internet, es cuestión de tiempo que todo el mundo termine por tener al menos su día de celebridad. Eso ya estaba anunciado. Se puede tener una hora de fama y una vida entera de anonimato, lo terrible es  lo contrario. Cuando en el futuro al fin se  aprecie a cada persona por sus valores y no por su imagen mediática veremos que hacen las industrias mercantilistas para seguir vendiendo rostros familiares.


[1] biblo->historia de una escalera (1947) el tragaluz (1967)   El sueño de la razón (1969)