FLUENCIA TRANSCULTURAL

Invitación a la transculturalidad.

 La transculturalidad es una palabra que se las trae. Suena a dura. El uso o abuso de los prefijos tras y trans les ha dado valor de equivalencia. En el caso de la palabra que nos ocupa se refiere a un saber que se va destilando a través de las culturas. Por tanto, a un saber por encima de cada una de elas en concreto. La cultura no es la referencia tan segura de la que podamos valernos para indicar la existencia de una civilización hegemónica o unitaria. En realidad lo cultural ha dejado de ser sinónimo de lo educado o de lo correcto aunque en nuestro vocabulario habitual nos metamos en laberínticos galimatías al tratar de definir o de decir quien es culto y quien no. No pretenderé resolver esta cuestión de entrada. Forma parte de las contaminaciones verbales predominantes y evalúo tal o cual elaboración de culta y tal o cual persona de otro tanto, o bien de sus opuestos. Sin embargo cada vez que empleo estas formas evaluativas me quedo con la sensación de estar haciendo trampa. Lo que para mí puede ser culto para otro intérprete puede ser todo lo contrario y al revés. Lo que para unas culturas es el no-va-más, para otras son reliquias del pasado y del atraso. A pesar de las diferencias interculturales cada tradición en los hábitos y en las formas de hacer de los pueblos tienen sus atractivos y su potencial llamativo está fuera de toda duda. El turismo internacional justifica sus desplazamientos para ir a encontrar o a hacer las fotos en lugares lejanos de lo que no hay en los suyos cercanos. Las culturas con sus colores, sus gentes, sus avituallamientos, sus gastronomías, y sus creencias y sus lenguajes son reclamos para tener fuentes exóticas a las que acudir y en las que, en definitiva, tomar chutes de otras sensaciones.

La transculturalidad es el concepto que trata de relacionarse de otro modo con el mundo y sus culturas, contactando con lo esencial de ellas y no tratando de adoptar ninguna como la mejor. Viajar a través de ellas, impregnarse, contribuir con las interacciones a los panoramas por los que vamos. La transculturalidad no es la alternativa a las culturas sino la colocación a un plano manejable de la relación a tener con ellas. Es el antídoto a sus tradiciones quitándoles el poder de continuidad por la fuerza del tiempo en que se vienen realizando.

Es también la concepción que permite la sinergia entre diversas cosmovisiones, diferentes formas de pensar y actuar. Eso permite librarnos de la devoción a una sola clase de pensamiento, de ritos, de ideas y de líderes.

La afirmación nacional o étnica de pertenencia a unos orígenes siendo importante para la construcción identitaria de cada ser también lleva la trampa de tomar -o dejar que tomen partido por uno- posición por un pueblo, una nación, una ubicación o una geografía en detrimento de las ricas oportunidades que dan todas las demás que se colocan en segundo plano. La transculturalidad más que otra opción cultura sugiere vivir sin el parámetro predominante de la cultura puesto que viene fracasando repetidamente. Los modelos de civilización no han resuelto la represión y los seres humanos siguen enfrentados a la tesitura de su falta de libertad sea el modelo social cualquiera que sea en el que viven.

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