FLUENCIA TRANSCULTURAL

Cómplice de mi gata.

Tenemos un pequeño patio de unos 20 metros cuadrados que en un recuento contenía medio centenar de plantas. En su interior viven varias especies y los pájaros venían a informarme de la vida con sus cantos y sus juegos de alas. En otoño incorporamos a la unidad familiar una siamesa de ojos azules y mirada sugerente. No pudimos decirle que no. Desde que vive con nosotros es alguien con nombre propio. La llamamos Milena y emite un pequeño gruñido o hace ademán de mover su cabeza cuando lo mencionamos. Cuando está muy harta de nuestras carantoñas o está metida en plena actividad onírica, nos oye pero no hace caso, y como mínima expresión mueve las orejas en señal de estar ahí trabajando en sus fantasías o en lo que sea.

Es un animal que no araña, ronronea, duerme con nosotros en la cama y se pasa la mayor parte de su tiempo haciendo la vaga. El esquema perfecto del sujeto feliz. Está con nosotros desde octubre pasado.

Milena es otro miembro de nuestro pequeño grupo. Si le pasara algo lo lamentaríamos. Vivir con una gata te hace aprender cosas. Estará clasificada como animal doméstico. Pero en realidad sabemos que es una persona con cuatro patas. Tal vez sea una princesa que un sortilegio convirtió en animal o una reencarnación de alguien que no alcanzó el nirvana.

Milena, aunque sólo le falta hablar es un felino. Y pronto ha aprendido las artes de la caza. Cuando atrapa un animal entre sus colmillos emite un ruido especial, estentóreo, y viene con la presa en la boca para mostrárnosla. Al principio la amonesté y le di un par de tortas. Empresa inútil. Después la encerraba en el cuarto de baño cada vez que venia con el producto de su crimen. Teníamos que tomar medidas severas para que las lagartijas atrapadas sin cola, pero aún vivas, no se metieran por cualquier rincón del salón bajo los muebles.

Milena, cuando viene con su presa en verano, ya va directamente al cuarto de baño. La dejo encerrada ahí con su víctima a modo de castigo, pero al cabo de unas horas he de dejarla. Me pregunto si debería aumentar la dosis de tiempo como privación de su movimiento. Se ha cargado pájaros, lagartijas, serpientes, ratoncitos y un dragón. Antes de que ella llegara estábamos contentos con una familia de dragones que estaba ubicada en el bidón del compost. El dragón siempre me ha parecido muy simpático, no en vano mi signo del horóscopo chino lo sea; sus manos con ventosas o algo parecido perfectamente adaptadas para trepar por las paredes y techos simbolizan lo que seria un imposible para otros animales como nosotros los humanos: vencer la gravedad con el solo esfuerzo muscular.

Ahora me encuentro con una serie de cadáveres. Cada uno de ellos, es la privación de una vida en libertad. No tengo nada en contra de ninguno de ellos, ni siquiera contra el ratón. Tienen derecho a vivir sus vidas en medio de nuestras plantas. Los reptiles son cazadores de insectos, a los cuales por ser eso insectos y no verles los ojos a simple vista me parecen más animales, más distantes y no experimento la compasión que si lo hago para los de un cierto tamaño a los que les veo sus ojos. Eso me hace pensar que la compasión es un sentimiento que está ligado al tamaño de la cosa compadecida, lo cual no deja de ser una ironía de la psicología.

Todos ellos hacían su vida y respetaban la nuestra. Sólo hemos tenido molestias con los ratoncitos que en verano, al dejar las puertas abiertas que dan al patio, entraban y anidaban en la galería o en la cocina. Tuvimos que tomar medidas poniendo platitos de veneno coloreado de azul turquesa repartidos estratégicamente debajo de los muebles. No sé la efectividad que pudo tener eso: nunca encontramos ningún cadáver de ratón, pero si uno cazado por Milena a los pocos días de estar en casa. ¡mira qué bien! Pensamos, la gata hace de gata, pero una vez muerto el animal no se lo comió y la cosa no pasó de ahí. Con la llegada de la primavera la flora y la fauna minúsculas de nuestros dominios se revitalizaron y desde entonces raro es el día que Milena no clava sus dientes a algún bicho. ¿cómo hacerle entender que a unos sí y a otros no? O incluso ¿cómo hacerle entender que no debe matar a ningún animal ni maltratarlos? Si alguien sabe la manera de educarla al respecto, que nos lo diga.

Lo peor es que una vez fallecida su víctima no siempre se la come. Mejor dicho, no lo hace casi nunca. Lo ha hecho por su cuenta con algunos pájaros. Estos que han aprendido la lección han dejado de visitarnos. En cuanto a las lagartijas para que sus muertes no sean inútiles he optado por trocearlas y mezclarla con el pienso y carne de lata que pongo en su platito. Y ahí es donde me convierto en un cómplice. Tengo clavado entre mis sienes el ruido de las tijeras de cocina cortando los cuerpos de las lagartijas y en alguna ocasión haciéndolo cuando todavía estaba viva aunque herida de muerte para no prolongarle su agonía. Me estoy convirtiendo en un carnicero.

Luego mezclada con el resto de la comida Milena va engullendo los trozos. He pensado que, tal vez, si no se trata de carne no tan gustosa como la otra, eso la haga desistir de sus matanzas. Pero por el contrario el hecho de prepararle el plato de esta manera para que se dé la gran comilona la estoy reforzando en su calidad de depredadora.

Recuerdo algo de lo que estudié de Thorndike con sus experimentos con gatos pero nada al respecto en cómo reeducarlos para convertirlos en animales pacíficos. ¿He de golpearla severamente cada vez que venga con otro animal desgarrando muriéndose entre sus dientes? ¿He de chillarle para decirle no y no, hasta que se dé por enterada? ¿He de dejar de darle el suministro diario de comida y que se las arregle sola para que viva sólo de la caza si es eso lo que quiere? Y por último ¿Hemos de deshacernos de la gata para no asistir a ese terrible espectáculo?

Cuando ese suceso pasa una sola vez se puede atribuir a una serie de factores que han contribuido a la mala suerte, sí, la mala suerte de la victima que ha sido pillada desprevenida ante el cazador. Pero cuando se trata de un evento casi cotidiano no se puede mirar hacia otro lado o justificarlo como que es algo propio de la naturaleza. En la naturaleza humana también está el matar y nos oponemos absoluta y radicalmente a ello. ¿se puede corregir la naturaleza animal? Evidentemente lo que para nuestra interpretación es una muerte cruel para la gata es solo comida o un juguete que se mueve. Lo más terrible es que en lugar de dar una primera y decisiva dentellada para hacer perecer a su víctima la tiene durante un rato jugando con ella hasta que la vence por agotamiento. Y al mismo tiempo Milena es la gata más dulce de las que he tenido. No estamos preparados para tamaña contradicción. La dulzura y la crueldad compartiendo el mismo cuerpo. Experimento el fracaso como entrenador o educador de gatos. Tal vez si Milena hubiera estado en nuestra vida desde haber sido un bebé no se ocuparía de esos menesteres. Pero me temo que un animal cuando crece y se ve superior frente a otros su propia investigación le lleva a hacer destrucciones aunque su intención no se animalicida.

Una parte de mis gatos y gatas han tenido nombres que empiezan por M Michigan, Mishima, otros se llamaron Negre, Rondinaire. Milena es un encanto pero al tenerla el pequeño universo de nuestro patio está cambiando aceleradamente al haberse convertido en su dueña y señora.

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