FLUENCIA TRANSCULTURAL

No ser único

La insoportabilidad de no ser única.

François Truffaut en La Piel Suave ejerce como maestro en el escrutinio de la crueldad.  Investiga una situación argumental aparentemente rica, compleja pero interesante, termina en resultado de destrucción sentimental y muerte. Un autor conocido y editor de una revista literaria toma el avión desde Paris donde vive hasta Lisboa para ir a dar una conferencia sobre Balzac y el dinero. Se trata de una persona correcta, pulcramente vestida, sosegada y ampliamente reconocida. Ya en el avión se fija en la azafata con la cual coincide luego en el ascensor del hotel. Decide llamarla por el teléfono interior e inician una relación. A su vuelta a casa no da cuenta de este hecho, Vive con su esposa y su hijita con un nivel de vida alto. La relación con la azafata prosigue no resultando fáciles sus encuentros amorosos ya que ella tampoco quiere ser vista con él por la portera subiendo o saliendo de su apartamento. El escritor acepta dar una conferencia en una ciudad de provincia que normalmente hubiera rechazado para tener la ocasión de pasar un fin de semana con su amante. Una vez ahí se ve envuelto en agasajos e insistencias de las que se le hace difícil escapar. La amante advierte que él se avergüenza de ella o que no la integra a la situación. A la vuelta a casa la esposa sospecha que hay otra mujer en la vida de él y le propone el divorcio. Él acepta. Esa misma noche se traslada a su despacho a dormir. Notifica su nueva situación a la azafata y hacen planes de buscar un apartamento juntos. Mientras tanto la esposa salta de su radicalidad en la ruptura a su seducción para recuperarlo sintiéndose fatal con su orgullo roto. Hacen el amor una vez más y ella sondea volver a estar juntos pero él le asegura que hay que ser firme en la determinación que han tomado. Entretanto la relación con la azafata deja de tener la perspectiva en la que había confiado. Ella no quiere continuar por haberla tratado de una manera marginada. Le propone un encuentro de tarde en tarde pero él le dice que no. No, es la única palabra para todo su discurso. Sigue con su vida. No hay discurso expresado. El espectador tiene que inferir su estado de ánimos, no hay nada que hable por él. Desde el restaurante en el que suele clientear con su esposa trata de localizar a esta para proponerle una vuelta a la convivencia. No alcanza a encontrarla en casa. Por su lado ella ha ido a buscar el revelado de unos carretes de fotos con el resguardo que olvidó en el traje que ella se ocupó de enviarlo a la tintorería como gesto típico de ama de casa. Las fotos solo confirman lo que ya sabía: La existencia de otra mujer, es decir la existencia de alguien que estuvo pero que ya no está puesto que el marido y ella han dejado de ser amantes y ya no volverán a verse. Ella toma una decisión terrible y se dirige a encontrarlo al restaurante al que suele ir. Él está en su mesa leyendo una revista aparentemente absorto y lejos de sus problemas. Ella le dispara y lo mata. Se queda en el lugar esperando a que venga la policía a detenerla. Fin.

Truffaut presenta una situación, la describe con un máximo de esquematización. No hay ninguna voz en off, ninguna parte del discurso por ninguno de los personajes que teorice esa correlación de tres con conflictos distintos por las tres partes.

El hombre es culto, lector, reflexivo, escueto, sus ponencias son elocuentes y esperadas. Su intelectualidad atribuida no le sirve para enfrentar la triangularidad en la que se mete. Ni se le ocurre defender la existencia de otra mujer en su vida. La esposa, celosa, está amparada por el código cultural general al cual su trasgresor principal, él, es el que debe abandonar el hogar y buscarse la vida en otra parte. Sus quince años de matrimonio y la existencia de una niña pequeña no son razones suficientes para sobrellevar la nueva situación ni reconsiderar la afrenta recibida por la esposa. Por su parte la azafata se siente feliz por ser seducida por un hombre destacado como él pero su verdad personal y sus vacilaciones concretas lo desautorizan a sus ojos. El hombre se mete en una trampa de la que no va a salir con vida. Es el culpable por la infidelidad a su esposa y el timorato por no implicarse mas por la segunda mujer a la que le declara su amor.

Lo imponente del argumento es la falta total de razones argumentales a favor del amor o en contra de él. A lo sumo las de la azafata al sentirse excluida, al no ser presentada, al verse dejada de lado. Todo pasa muy rápido. Ese tempo hace el tema algo increíble. En pocos días se tuerce la situación, únicamente explicable con un largo proceso anterior de erosión de la relación matrimonial.

Muchos hombres, también mujeres, que por razones profesionales están fuera de casa a intervalos o no tienen que pasar todas las noches en la misma cama se encuentran, cuando no buscan, relaciones  de intimidad complementarias a las suyas. Es un fenómeno social extendido. Todo el mundo lo sabe y el arte hace cumplido eco de ello. Las historias de tres son una constante literaria y cinematográfica. Suele hablarse de ello desde la hipótesis y en lo que le pasa a terceras personas pero se sabe o se intuye que el tema puede estar más cerca de lo que se cree. La doble moral social es ésta: por un lado reconoce la existencia de la pluralidad, del otro la castiga. En la película la esposa ofendida al no poder adaptarse a la perspectiva de no ser única para él, se erige en juez y justiciera impugnando toda libertad personal en cambiar de compañía y de discurso amoroso.

 

 

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