FLUENCIA TRANSCULTURAL

El discurso indeterminado

 

Enseñanzas del Maestro de Sundar Singh[1] (1889-1929) nacido en Rampur del Punjab y que vivió una vida de renunciante como sadhu, es presentado por la editorial como “una inspirada obra maestra del pensamiento religioso” consigna, ésta, para inducir a la compra y que frustra con toda seguridad a los lectores atraídos por su exageración promocional.

 La cita de encabezamiento de (San) Agustín sobre creer lo comprendido y no tratar de comprender lo que se cree tiene suficiente ambivalencia como para justificar cualquier clase de prosa posterior. El libro se refiere al Maestro en todo momento y deja para el lector que infiera que se trata de Cristo. Sundar Singh se presenta como su valedor y fiel intérprete. El libro está estructurado en una primera parte que incluye el dharma, maya, shanti y jnana: devocion, ilusión, paz y conocimiento;  y una segunda parte constituida por conversaciones entre el hombre que busca y el autor que responde sobre el Dharsana (la divina presencia), el avatara (la encarnación), el karma (la esclavitud), el moksa (la liberación) Dhyanam (la contemplación),  Dyva vileenam (la unión con dios), Seva (servicio),Tapas (sufrimiento), amrita (eternidad). El valor del libro está más en el recorrido de estos campos que en su explicación, que queda diluida en un magma de parábolas o relatos, cuasi infantiles. Tienen valor las preguntas centrales ¿porqué lo ilusorio tiene poder en mi?

Es un clásico libro de fe y de creencia negando la capacidad propia para comprender lo que solo puede ser dictado pro la fe. Dios es un “Él”, insuperable e inalcanzable pero para el que hay que rendirse en todos los designios que se le suponen.  Esa existencia por encima de todo y de toda comprensión lleva a cuestionar la necesidad de dedicar un tiempo a ello, si la teología emanada sólo puede ser una disertación vacía y acientífica. ¿Por qué insistir en un tema multisecular y no dejar el espacio intelectual que quita para ocupaciones más ventajosas para la felicidad humana?

El libro, o la suma de sus partes, insiste una y tantas veces, como capítulos hay, en recurrir a dios para toda respuesta. Ese dios, que en ningún momento es definido, algo propio de la literatura de divulgación religiosa, no importa bajo que iglesia se presente, es la alternativa a la ansiedad o el vacío humano. Proponer el agua como bebida o la meditación como práctica de recogimiento o  el paseo por el bosque son, comparativamente, soluciones prácticas más eficaces a una existencia atormentada o falta de sentido que la fe en un concepto, en sí mismo, idólatra.

Discute la idea budista del deseo como fuente principal de toda aflicción y reivindica el deseo de dios como la luz de toda oscuridad. Con la lectura avanzada y una cierta cantidad de tiempo dedicada, el autor reconoce que “las enseñanzas del maestro no pueden ser recogidas en las páginas de un libro”[2] , lo cual revela la estafa de haberle comprado éste, aunque un lector sistemático como yo decida seguir recorriendo sus páginas hasta la última palabra de la última línea.

La falta de contenido esencial del libro, la falta de tesis y aún más: la falta de demostración alguna o de enseñanza concreta no quita que tenga algún rato de relato entretenido y algún ejemplo a reciclar, como que la cobra no deja de serlo por muchas veces que cambie de piel o que el océano por vasto e inalcanzable que sea se puede identificar saboreando una gota de sus aguas o la preciosa anécdota de ver un pájaro-madre acudiendo en auxilio de sus polluelos indefensos en el nido de un árbol ardiendo en llamas para sucumbir todos con el fuego.

 La obsesión deífica que coloca en una instancia omnipotente la autoría de todo, en el fondo, justifica que cada persona se desentienda de sus haceres y sus responsabilidades existenciales. La definición del Maestro como el que vino a liberarnos del pecado y a anunciarnos el perdón es otro modo de generar creencialidad en lugar de saber y conciencia, en este caso en una figura histórica sin convocar a su reactualización. De hecho, no hay religión que le pueda interesar un Cristo re-vivo en el siglo XXI: impugnaría todas las iglesias existentes, como institucionalizaciones de otras perversiones.

 Teoriza con precisión el valor del sufrimiento. Con la imagen de que la perla es el resultado del dolor coloca plásticamente como la belleza está estrechamente conectada con el esfuerzo.  Después de esta  máxima no es capaz de perdonar al pecador al cual le atribuye la continuidad como tal después de muerto.

De los cuentos que relata el del “rey y el granjero” es de los más preciosos. Un rey vestido de paisano recorre las aldeas para conocer  la vida real material de su pueblo. Habla con un granjero que le cuenta su tragedia de injusticia por los soldados de estado al  culpar  y encarcelar a sus hijos por un crimen no cometido, del cual fallecen. El Rey apiadado lo resarce. Se trata de otra historia infantil más, para hacer creer en la bondad de unos que acaban con la maldad de otros, sin que, realmente, nada cambie en el ámbito de estructura social y de actitud mental ante la vida.

La promesa, o conclusion, final es la de la eternidad. Después de todos los avatares queda vivir eternamente al lado de este dios magnifico aunque no se diga que sea en ninguna parte, cómo ni para-qué. En resúmen, un libro del que se puede prescindir. Y que desinmacula la biografía de su autor. Al que se le califica –al menos en esta editorial- de nexo de fusión entre cristianismo y hinduísmo y presentado como el maestro oriental más conocido en Occidente.



[1] Eds 29. Barcelona 2002

[2] p.64

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