FLUENCIA TRANSCULTURAL

La ética de mínimos.

La ética de mínimos frente al máximo de obstáculos. 

Xavier Rubert de Ventós en Ética sin atributos[1]  introduce uno de los temas fundamentales para la filosofía tanto histórica como de los últimos tiempos: la posibilidad o no de una ética universal; su necesidad y los obstáculos que la imponen. Harvey Cos[2] en  una presentación de 1975 de este ensayo, o parte, celebra, o al menos glosa, a R de Ventós, el cual le recuerda a Soren Kierkegaard, por su osadía en estar por la crisis de identidad como un proceso permanente, en contra de las teorías de identidad de la escuela de Erik Erikson. Estamos ante un autor no seguidista, que no tiene escuela que seguir y tampoco ninguna propia que promover. Esto segundo no es una objeción sino un halago. Lo define como místico mundano, “un carmelita sin dios”.

El autor del libro aquí tratado puede generar admiración o discusión, pero su discurso no deja a nadie indiferente. Sus recursos argumentísticos destacan y en este ensayo parte decididamente  de la tesis de que la autorrealización plena y la eudaimonia o felicidad armónica no tienen porque ir de la mano. Con ello deshace uno de los mitos de la modernidad y de un cierto racionalismo al creer que la perfectibilidad del individuo o sus márgenes de superabilidad le dan la oportunidad de alcanzarlo todo.  En realidad la asumición de la verdad como un proceso de procesos relativos y fragmentarios en los que el sujeto no es más que una parte condicionada de los mismos es lo que proporciona la oportunidad de un futuro con lógica. Al sostener que la satisfacción segura y estable pasa por la renuncia de una realización total, lo que encontramos es una manera de recualificar el presente contable sin ponerlo en función del presente hipotético. La ética no depende de los códigos consensuados sino que cuenta con ingredientes sentimentales y de libre disposición al otro. Conceptúa el amor como la facultad sentimental por la cual se quiere más al objeto de amor de lo que realmente es, sobrepasándose en su función. Lo que convierte potencialmente la función amorosa en una conducta manipuladora.

Adopta la idea de Schlick sobre las condiciones subjetivas, y especialmente las emociones, de un autor que le amenazan con reducir la objetividad de su exposición. Y se desmarca de Ayer en lo relativo a la independencia completa que otorga a la ética y a la moral de las costumbres.

Define “el placer como el mejor instrumento de integración, real o imaginaria, al sistema”[3]. Objeta la acumulación de experiencias a las que desviste de un rol predeterminante de saber garantizado, en tanto que sufren una disminución de valor  o trivialización a fuerza de repetirlos similarmente a como las palabras pierden su fuerza semántica con un excesivo uso.

Se desmarca de Stuart Mill para situar la satisfacción y no el placer como el último móvil del ser humano. Entendiendo aquella como la contemplación de su objeto. El deseo es un mecanismo transitivo “de algo”, mientras que el placer lo es “por algo”. Sostiene que  “para el deseo todo son fines, para el placer todo son medios o instrumentos” esto le sirve también para objetar a Jung el  cual no entendió la líbido freudiana pensando que era una pura tendencia sin objeto. Su contraposición de placer y satisfacción no queda del todo clara. Si la diferencia entre deseo y placer. El placer para ser dado ha de cumplir con unas condiciones de satisfacibilidad.

Habla de la ética de la autorrealización como propuesta a la vez que recoge  la definición de vida como una lucha contra la entropía energética. Sin pasar por alto el hecho dramático de la existencialidad humana que “para sobrevivir y satisfacer sus necesidades los hombres han tenido que eliminarse o devorarse mutuamente” – y acudiendo a J.Fourastié con sus ensayos de moral prospectiva- con algo aún mas grave: la de no saber precisar el punto de destrucción ajena o para garantizar la existencia propia.

La ética es como una construcción narcisista a la vez que es una actividad agotadora y aburrida con su  actuación solo por principismo. La ética impone la contemplación del otro y la imposición de los límites propios. Pide una entrega. Pero una entrega no es siempre un indicador de pasión desinteresada.“Toda entrega  es una forma de autorrealización vicaria”.

La ética tampoco se puede disociar de la perspectiva de la satisfacción y de la felicidad existencial. Piensa que la religión es una búsqueda de la felicidad que no  proporciona  la tríade dinero-salud-amor sino una comunión con un parámetro inaprensible, dios. Resulta extraño ese recurso no epistémico truncando el método seguido por su ensayo con trazas de brillante.  Pienso que acudir a dios como concepto es acudir a una entelequia cuando no se tiene nada mejor que decir.

Encuentra un común denominador a todas las éticas en cuanto a su desconfianza de las emociones espontáneas y las experiencias inéditas. Así el estoicismo aconseja el no-apego a nada, el utilitarismo descarta cualquier móvil que se salga del egoísmo razonable, el hedonismo defiende la gratificación diferida, y  Nietzsche  habla de superación de la venganza. “las éticas  tratan de fundar su autonomía en la negación de las pulsiones o emociones transitivas”[4]

Pero una ética tiene un impacto conductual y una forma-y fórmulas- expresiva/s.

Cada nuevo código compendia de alguna manera a los que le preceden en el tiempo y a los que están fuera de su medio.  Un código no deja de ser una opción alternativa que arremete implícitamente contra los que le antecedieron. El problema del código es que puede convertir en quien lo sigue en una marioneta despersonalizada sin rigor objetivo ni criterio dinámico para entender las consecuencias de su aplicación. De hecho todo bagaje criterial e inercial puede despersonalizar a su protagonista. De Ventós admite que “en el mundo, acabamos  todos siendo una caricatura de nuestra profesión u oficio”.

Históricamente, la prohibición del incesto  ha sido  la primera norma  con que la tendencia natural de la condición humana era prohibida con arreglo a un orden cultural. Esta era inicialmente -y sigue siendo- una reglamentación artificial de la conducta. Lo que es un primer síntoma y control es también un primer estímulo cuando hace que la gente tenga que buscar fuera de su entorno inmediato a sus parejas. Las reglas exogámicas introducen al hombre en el proceso de la civilización.  La cultura es, a grandes rasgos, la expresión de una moral dominante y la cultura crítica de una ética de la dignidad.


[1] ed. Anagrama Barcelona 1996

[2] Del Divinity College, University of Harvard.

[3] Op.cit.,P.61

[4] op.cit., p.145

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