FLUENCIA TRANSCULTURAL

Lo profano y lo sagrado.

 

Todo encuentro con lo mistérico no se hace al margen de lo profano. Los espacios  del rito, de la meditación, de la concentración congregacional o de la contemplación son otros tantos lugares de representación, de cita física con las formas, de performance. La oración va unida a la forma, al mantra a una sonoridad, la canción devocional a una rítmica reiterativa. El encuentro sagrado, propiamente dicho, no es el del rito compartido por los fieles de una confesión sino la interiorización mística que cada uno pueda hacer de su noción de lo divino. La solemnidad pedida en el interior de los templos, argumentada por la reverencia debida a la casa deífica, nos enfrenta a una primera contradicción: la de elegir un domus dei cuando lo divino totaliza las presencias y lugares. Las religiones están plagadas de predicados que se contradicen a cada momento. El veto de entrada de los no-musulmanes a las mezquitas del Islam antepone la infidelidad de los que no practican sus formas a la tesis de que todo es dios.

Si todo es dios también lo es quien no cree en esa interpretación deísta. Lo sagrado es una forma de nombrar lo innombrable. Lo profano es todo lo demás. Pero la invitación a lo sagrado pasa por lo profano. Desde las vestiduras sacerdotales a los cánticos religiosos todo es profanable. No hay nada del orden de la forma que no pueda serlo. El boato con el que se invisten los profesionales del rito no les quita que sigan limitados por sus cuerpos, sus  dimensiones corpóreas, sus obediencias a las leyes de la naturaleza fisiológica.

De la totalidad de espacios de los que podamos hacer inventario los específicamente religiosos no están exentos de contradicciones, dolor, suciedad, especulación y luchas por el poder. Los campos santificados para los cadáveres de católicos o las iglesias no son especialmente lugares más sagrados que  otros lugares proporcionados espontáneamente por la naturaleza. Donde sigue habiendo catedrales magníficas es en los reinos mineral y  vegetal. Las góticas han constituido un ejercicio de orgullo del humano pre-renacentista resuelto a salir de los oscuros rincones del románico. La elección misma de un lugar asignado para lo sagrado se rige por un criterio profano que contradice el mismo sentido de la totalidad. La humanidad ha  necesitado de recursos de contacto con el más allá: desde el oráculo al lugar de la ceremonia episódica, desde el altar de los sacrificios al lugar del sosiego. Un templo como espacio de concentración y silencio puede ser un buen sitio, desde el punto de vista material más utilitarista, para la calma. Los templos están por todas partes mientras que las cuevas de retiro no lo están tanto. No creo que haya ningún inconveniente en utilizarlos para encontrar un momento de calma y mantener contigo mismo una sesión de silencio. Los devotos de Guadalupe en México utilizan las iglesias para todo: incluidas las siestas.

Sus imágenes y su arquitectura pueden ser obviadas. Lo principal es el sosiego que proporcionan lo de menos sus zonas escasamente iluminadas, la distribución del espacio interno o incluso su belleza escultural. Dejé de ser católico con la crisis de adolescencia tras reconocer la estafa socio-cultural a la que me habían llevado mis instructores desde la infancia.  Nunca más me he visto empujado a reconsiderar la posibilidad de volver al catolicismo. Eso no me ha impedido visitar y usar, en la medida en que sus horarios restrictivos lo permiten, los templos en el curso de mis viajes. Una parte considerable de las visitas del viajero internacional se las sigue llevando el recorrido por los centros religiosos. Aparentemente tal avalancha puede ser interpretada como devocional. No es así, hay motivaciones artísticas para visitar los sitios e  indagatorias para explorarlos y estudiar  las formas adherentes a los ritos y al hecho congregacional. La solemnidad, es decir, el silencio en el que suelen estar les inviste de una función añadida. Cualquier espacio  definido como lugar sagrado es un sitio con unas coordenadas y características materiales muy concretas. En tanto que recurso material puede cumplir otras funciones distintas. En las primeras discusiones religiosas en lasque participé, nos preguntábamos qué hacer con las iglesias o como reciclarlas  tras  las revoluciones, en las que se supondría que las gentes se librarían de sus neurosis colectivas con la fe. Parecía claro que su conservación estaba fuera de toda duda como sedes asamblearias o de reuniones culturales. Era evidente que su destrucción no  facilitaría ninguna comprensión social además de ocasionar la pérdida de patrimonio histórico. Los actos vandálicos en los que participaran ácratas españoles en destrucciones de conventos no tuvieron ninguna razón de ser para la revolución que pretendían. Hubiera habido más carga simbólica en el intento de superación de las religiones devolviendo los espacios religiosos al control de la sociedad.

La división de lo profano y lo sagrado es del todo artificial. Obedece a los intereses del gremio profesional que se adueña de las instalaciones de las que excluye a los que no pertenecen a su confesión. Lo sagrado no tiene nada que ver con el rito ni con el lugar donde éste su ubica. Todavía ahora hay algún párroco disidente con una visión distinta de la praxis  de la caridad y de la trascendencia, que ha sido  excluido por su superior eclesial viéndose  obligado a hacer sus ritos en un espacio abierto fuera de su parroquia. No hay religión que no  tenga  sus disidencias y  sobre todo, sus luchas intestinas por el poder. La religión se ha  apoderado de lo sagrado y sus profesionales gremiales son los que determinan lo que es y lo que no es sagrado. A fuerza de utilizar un lenguaje altamente ambiguo e incomprensible generan una adhesión acrítica más concentrada en el sentir y lo intuicional que no en la comprobación y el viaje por la verdad. En el campo de lo profano, la realidad en su conjunto, lo sagrado queda muy lejos de lo que las  religiones explotan bajo su denominación. De lo que entiende la sociedad es  de lo que ve y comprueba en lo que hacen pastores y administradores de templos. Por encima de lo que pueda decir cada ministro o imán, la atención de su vecindad se centrará en lo que hace, en su consecuencia en los actos o no. Desafortunadamente la necesidad de amparo (una demanda neurótica masificada) es tan masificada que desde el punto de vista del fiel a una idea se tiende a disculpar todo decir y hacer de los profesionales de la religión con tal de que sigan manteniendo abiertos los templos de plegaria y la acogida y sobre todo la garantía del paraíso. El absurdo es total cuando para el rezo se acude a una imagen y luego se vive sin el menor respeto a los demás y al planeta. Es así que la religión hace de coartada y el vínculo con los ritos sagrados hace de alelamiento para no plantearse cambios personales. La explicación de fondo del por qué las religiones siguen existiendo en todo el orbe conocido es porque no son realmente exigentes en la transformación de lo personal, antes bien disculpan todo tipo de personalidad porque todo es perdonable.

Ante el templo privatizado para un determinado credo de una confesión en concreto caben dos consideraciones: una, ponerlo al servicio de todos, seglarizandolo y multiculturalizándolo, otra socializándolo fuera del control de cada. Se viene hablando desde hace tiempo del poder de la iglesia pero no hay nadie en los modelos parlamentarios que se plantee la recuperación de sus bienes y su paso al poder civil. Esa forma particular de profanación del patrimonio eclesial proporcionaría la posibilidad histórica de su función pendiente de ser patrimonio de todos.

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