FLUENCIA TRANSCULTURAL

La fantasía y el fantasma.

 

Mientras el fantasma es una construcción que se aloja en el pensamiento y no está organizada voluntariamente la fantasía es un diseño intencional imaginario para recrear los sentidos. El fantasma es algo a superar para higienizar la mente de temores y condicionantes que la imposibilitan razonar coherentemente. La fantasía es algo a mimar como cantera de deseos pendientes a la espera de que la realidad les dé entrada. No necesariamente tiene porque ser algo que se pueda llevar a la práctica lo cual no quitará que cumpla una función erógena para todo el sistema interactivo si se trata de una producción erótica, o una función estimulativa para interacciones sociales.

Antes que la volición decida crear una con toda clase de detalles  es posible que el inconsciente -por vía onírica- haya aportado un conato de relato con efectos parecidos por lo que se refiere al deseo contenido. La definición más consensuada de sueño es la freudiana de la realización escénica de deseos reprimidos que afloran durante la relajación de la mente algo que no es permitido durante su alerta.

La fantasía habitual, a diferencia del sueño, la produce el consciente. Se llena de un conjunto de escenas concretas investidas de diálogos. Puede haber dos grandes grupos. Aquella que incorpora rostros y cuerpos de la vida real conocida y aquella otra con figuras absolutamente inventadas en las que predomina el valor más de los actos y de lo que se dice que las referencias de personas conocidas.

La fantasía recibe el descrédito. Se suele decir que quien fantasea no es realista o quien pierde el tiempo en ensoñaciones despiertas reduce sus facultades para sacar goces a las cosas tangibles. Cualquiera con practica fantástica continuada sabe que en sus fantasías puede hacer cosas que en la realidad no se permite hacer o la realidad no le permite hacer. El individuo que fantasea puede ser casi todo en sus producciones mientras que en la realidad tal vez no pase de ser alguien melifluo a sus propios ojos. La dimensión fantástica le permite hacer lo que no consigue en la dimensión real. En lo fantástico puede volar, puede decir lo que les restringido en su verdad social, puede tener una potencia sexual envidiable, puede ocupar un centro de atención envidiable y puede imaginar todo un mundo de formas desconocidas para la realidad social. No está demostrado que fantasear sea tan negativo como las primeras objeciones moralistas obligaban a creer. Para el moralista el alumnando absorto era alguien intratable porque se hacia difícil de dominar. Poco importaba si su desatención era debida a que tenia la mente instalada en un concepto profundo o en una escena idílica. Desde el punto de vista del sujeto obligado a aguantar insoportables palizas verbales ¿qué otra salida mejor era que la de entretener el tiempo fantaseando? Fantasear es viajar, es salir del cuerpo carcelario y de los actos concretos del momento para poder imaginar cualquier otro asunto. Es hacer un viaje fantástico por el elenco de imposibles que los límites de la realidad hacen que ni siquiera se mencionen. Se puede fantasear prácticamente sobre todo: ser más alto, ser más rico, tener el compañero o la compañera más bellos, hacer los viajes más exóticos, hacer el amor cada día o hacer determinadas prácticas sexuales no practicadas con el cuerpo físico.

Fantasear, curiosamente, se convierte en una prerrogativa de la libertad personal cuando permite viajes a escenarios inventados por intangibles, impracticables e inconcretables que sean. La fantasía resultante de una decisión voluntaria construye situaciones eventuales que contribuyen a mantener los avatares de la vida material en tanto se le da una coexistencia.

No está descrita una patología segregada por la práctica abusiva del ejercicio mental fantástico. Parece más bien un alegato residual suponer que quien fantasea está menos dotado para el realismo que quien no lo hace. Cuando se trata de indagar en qué piensa o de qué imágenes se vale la gente cuando se masturba el indagador tropieza con un cierto pudor. Las respuestas son de tipo genérico. La espera de las frases termina por condicionar las respuestas. Confesar que se piensa en escenas de sado-maso o en sexo de grupo mientras se está haciendo el amor con la pareja no es una confesión fácil. Se prefiere pensar que en el juego sexual tan solo hay quien está presencialmente en él. Sin embargo la honestidad hace reconocer que se puede acudir a otras imágenes, no solo no presentes, si no además muchas de ellas que nunca se conocerán u otras sacadas del correlograma personal: unavecina,una amiga, el cuñado, el hermano,... Para la opinión que objete esto propongo el siguiente ejercicio: hacer el amor con o sin preparatorios previos, entendiendo por preparatorio el uso de videos-porno, fantasías, revistas o relatos erotizantes. Comprobará fácilmente que cuando concurre un preparatorio de este tipo el potencial de deseo aumenta considerablemente. Es secundario si las imágenes y escenas percibidas están vívidas o latentes, el caso es que incidirán en el acto sexual.

Las parejas más adelantadas introducen las referencias a sus ideaciones sexuales en el momento de sus prácticas sexuales.  Esto es anterior a la existencia de la tecnología moderna con soportes magnéticos. Históricamente las escenas eróticas han formado parte de las pinturas y las esculturas que rodeaban los encuentros de los hombres y las mujeres con sus gustos. Los espacios de encuentros y acoplamientos disponían de iconos y determinadas decoraciones que propiciaban la conexión

Podemos comparar la fantasía volitiva de la onírica inconsciente. Esta existe y sin embargo muchas veces no es memorizada. Aquella existe y generalmente no es confesada. Una relación sincera al completo las incluirá en sus referencias verbales en el protocolo amoroso cuando no hay ningun temor a su corte represivo. Cabe advertir que el recurso a lo fantástico no es ilimitado. Tras explorar todas las posibilidades imaginarias el potencial erotizante de ellas tenderá a decrecer a fuerza de sobreusarlas. Eso no hace sino remitir a un proceso de decaimiento general. También el desnudo erótico del streptease tenderá a perder potencia excitante y la desnudez del cuerpo deseado ira perdiendo función estimulativa en la  medida que el cuerpo receptivo se haya ido llenando de todo lo deseado. La fantasía es una operación mental del deseo que permite servirse de la hipótesis imaginaria cuando los límites de la realidad personal frustran la perspectiva de la escena real. La fantasía erótica quiere concretar el deseo con la belleza y sus oportunidades pero también hay un deseo opuesto, el del trueque de la belleza por la sabiduría. Alcibiades[1] coprotagonista en la tertulia de El banquete  de Platón donde le plantea a Sócrates un cambio de su juventud y belleza por su sabiduría a lo cual le replica que no le puede cambiar nada. En efecto la sabiduría no es una moneda de canje, no es un depósito trasvasable de mente a mente.

Si los deseos son múltiples las fantasías también lo son. El fantasma es un asunto completamente distinto. Es una construcción íntima de una convicción que no tiene nada que ver con la realidad. El fantasma es una obsesión. Es una figura psíquica que empaña todo el aparato y domina el sujeto, la fantasía es manipulada por el sujeto al gusto de su libido. El sujeto libre puede elegir un repertorio de fantasías como modos de concreción en imágenes de sus deseos. El sujeto no libre está condicionado por los fantasmas segregados por su inconsciente.


[1] . (450-Frigia 404) educado por su primo Pericles y alumno de Sócrates. Estratega y estadista. Luchó en Potidea donde salvó  la vida gracias a Sócrates salvándosela a él en otra parte. Fue democráta contra Nicias. Rompió la tregua con Espareta fue estratega de las costas del Peloponeso luego arrastró a Atenas a la desgraciada aventura siciliana (415).Luchó en varios bandos.

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