FLUENCIA TRANSCULTURAL

La hora del chamán.

 

La seducción del chamanismo es directamente proporcional a la capacidad que se le atribuye en vencer a las fuerzas de los elementos reduciéndolos a la categoría de ficción. Para el chamán el mundo es una ilusión continua y los dueños verdaderos de las cosas están fuera de ellas, de sus razones y de sus propietarios temporales. La invocación a esas  instancias poderosas,  fuera del mundo de los perceptibles, convierte a los objetos tratados por la sensorialidad en una juguetería reinterpretable según otros parámetros que no deben obediencia a la ciencia ni a la lógica aparente. Con sus juegos, ritos, cánticos, colores, fuegos y escenificación crea climas envolventes a favor de curaciones fantásticas o éxtasis inducidos. No es tan importante la superchería y superstición que tenga por bagaje como el hecho de una credulidad en hipótesis inicialmente increíbles. El cuerpo-tierra y el impacto vibrátil de los ritmos en el tórax extendido celularmente a todos los rincones anatómicos funde el perímetro físico del yo con universales de pertenencia. Si todo es entelequia las formas no existen, las leyes materiales son construcciones mentales y la existencia superficial no es mas que un recorrido por sus formas visuales o táctiles. El viaje con detenimiento permitiría todos los actos que para la mente-racional son imposibles: vencer la gravidez natural de los cuerpos, atravesar materiales compactos o poder gozar de la bilocación. Lo chamánico está conectado con multitud de fenómenos no explicados –a veces ni siquiera tratados seriamente con la intención de explicarlos- que coexisten dentro de las culturas con las teorías dominantes de la verificabilidad de cada hecho.

La figura del chamán que intercede por el ser afligido ante las fuerzas de la naturaleza -o de los dioses- es llamativa. Ha pasado de ser tradicionalmente consultada  a reciclada como producto de escaparate  o evento  folclórico-festivo para consumos turísticos. Los espectáculos semiclandestinos para asistir a la macumba, umbanda o al vudú ha pasado a ser parte del repertorio de excitantes que el turista occidental necesita para consumir imágenes fuertes. Una de las vías divulgativas del chamanismo centroamericano nos vino de la mano de  Carlos Castaneda[1]. Por encima de su currículo se definía como aprendiz del chamán yaqui Don Juan Matus. Contaba que había encontrado al brujo en Arizona buscando plantas medicinales, don Juan le había llevado a Sonora (México) y allí había comenzado a enseñarle los secretos del misticismo tradicional de los indios de la frontera. Describió los viajes sobrenaturales a través del tiempo y el espacio que, bajo la dirección del chamán, le provocaba el consumo del peyote, un cactus alucinógeno de las zonas septentrionales de México que las tribus indias usan con propósitos religiosos. Dijo:  Lo que entendemos por realidad es una manera simple y ampliamente compartida de ver  el  universo  que puede ser trascendida a través de determinados rituales que exigen disciplina y concentración; los brujos pueden ver y usar la energía invisible existente en todos los seres y cosas, pero el camino hacia ese conocimiento es duro y peligroso.” Su primer y más famoso libro fue: Las enseñanzas de don Juan. El camino yaqui hacia el conocimiento[2]. Se publicó en 1968, tres años después de su periplo mexicano. Ahí están entremezcladas las observaciones del brujo yaqui con las muy diversas alteraciones de la realidad que producían las ingestiones de la datura inoxia, de una hierba alucinógena del género Psylocibe y, sobre todo, del peyote.

Sus críticos siempre pusieron en duda la existencia de Don Juan. Como muchos indios, Castaneda se oponía a ser fotografiado o grabado porque ello es “una manera de fijarle a uno en el tiempo”; decía que Don Juan  “no había muerto, sino ardido desde dentro,” pero jamás puso en duda su propia condición de mortal. Castaneda fascinó a millones de personas en todo el planeta con sus cuentos sobre las aventuras mentales inducidas por el consumo de drogas y bajo la dirección de ese chamán con el que supuestamente trató por mucho tiempo. Esas aventuras, que se inscribían en la cultura de la apertura de las puertas de la percepción de los años sesenta, son consideradas hoy  uno de los pilares del movimiento de regreso a la espiritualidad denominado New Age. Según el antropólogo Josep María Fericgla, que ha investigado en la cultura de otros indios, los jíbaros y también consumidor de alucinógenos rituales como la ayahuasca, afirma que sus libros no eran científicamente fiables[3] . Eso no significa mucho ya que sus libros expresan un pensamiento analógico-mágico. (¿Quien aceptaría saltar al vacío por la convicción proporcionada por un chamán?) Eso no les quitó el valor en su momento como un ejemplo vivo de extensión antropológica de una sabiduría ancestral hacia latitudes occidentales, generalmente más reticentes y cuadriculadas. Su literatura sigue siendo interesante para su consulta y lectura para entender aquellas décadas y lo que movió a tanta gente de Europa y Estados Unidos a buscar las verdades del universo  bastante más allá de sus cuarteles familiares acudiendo a citas con el Machu Pichu o con Katmandú.

La actualidad mercantil ha engullido muchas maneras exóticas que en su descubrimiento por la mirada occidental fueron tratadas como posibles alternativas de vida y que ahora son objetos de consumo tras los escaparates de una nueva forma de shopping (tiendas de esoterismo y mineral terapia en abundancia después de la racha de las naturistas). No es gracias a ellas que  culturas ancestrales que siguen renovándose no estén cerradas del todo como fuentes de sabiduría y faros con los que alumbrar partes de nuestros caminos. El visitante occidental (que en su primera versión fue más colonizador que comerciante) se convirtió en el principal destructor de aquello con lo que contactaba. Innumerables formas primitivas fueron destruidas por tratarlas como salvajes. La imposición educadora de los conquistadores destruyó saberes que  se perdieron por despreciarlos a priori. Occidente-y  todas las sociedades invasoras-está todavía pagando las consecuencias de su prepotencia. El rescate actual de recursos animistas que se reclaman continuistas de viejas formas indígenas choca con los hábitos materialistas dominantes. La falta entusiasta que predomina en las vidas inadaptadas en la sociedad moderna busca en aquellos saberes ancestrales lo que no puede ser aplicado a sus actualidades vencidas por el extremismo y despótico  racionalismo deshumanizado.

De saberes antiguos queda una cierta herencia de la presunción de superar los limites de la materia.

Leonard Orr, creador y propagador del Rebirthing,  presentado como técnica de sanación y de desarrollo personal y espiritual, consiste en una práctica de respiración  circular suave con la cual,  sostiene,  se van desbloqueando los puntos emocionales que limitan el verdadero potencial del ser. Se reclama de un cierto linaje veda y yogui. Los vedas sostuvieron que la respiración circular conducía a la eternidad. La tesis de Orr habla de que la mente y la respiración detentan el reinado de la conciencia humana y que los 4 elementos de la materia: tierra, agua, aire  y fuego son las cualidades físicas de dios y los vehículos eternos de gracia.

Hay innumerables formas de trabajo físico-corporal que proporcionan una autoconciencia material no limitada a la tridimensionalidad conocida. Hay prácticas energéticas como los bailes caribeños que producen estados de éxtasis sin conectar esa transmutación  con tesituras de otras instancias existenciales. En todo caso mover el cuerpo hace mover también  la mente y desancla el espíritu de los blindajes y cada técnica de éxtasis tiene un valor en si misma para armonizarse con el todo. En cuanto al deseo de trascendencia, no es lo más importante. No hay más eternidad que cada instante auto multiplicado.


[1] Los datos sobre sus orígenes no son muy claros: según algunos registros oficiales norteamericanos nació el 25/12/25 en Cajamarca(Perú); según otros, el 25/12/31 en Sao Pulo(Brasil). Falleció el 27/3/98en su casa de Westwood(California) de cáncer de hígado. Era licenciado en Antropología por la Universidad de California.

[2] Otras obras suyas: Una realidad aparte(1971),Viaje a  Ixtlan(1972), Relatos de Poder(1974) El segundo anillo del poder(1977), El don del águila(1981) y fuego interno(1984). Todas en una línea similar de profundizar en el lado oculto de la percepción.

[3] EL PAIS 2071998.Javier Valenzuela , Ángel Harguindey y Jacinto Antón.V.

 

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