FLUENCIA TRANSCULTURAL

El equilátero Estructural.

Deseo, Placer y Código. 

El sujeto entero lo podemos representar en la figura geométrica de un triángulo no equilátero en la que un lado indique deseo, otra satisfacción y un tercero sea el código con el que se completa un perímetro existencial. Deseo, Placer y Código, tres dimensiones que nos acompañan a lo largo de nuestras biografías y tres palabras, contando su enorme variedad de equivalencias, que van a estar presentes en una buena parte, por no decir la mayoría, de las conversaciones que hagamos en vida. Todo pasa por el deseo. Si no hay un mínimo de estimulación por conseguir algo no es inimaginable su realización. Vivir la vida búdica sin él es impensable dentro de un formato corpóreo-material de necesidades. Todo interés necesita la energía motivacional  mínima para ser tomado en serio. No hay perspectiva de realización sin intencionalidad. No hay placer sin deseo.  A la vez, no existe ni un yo  ni un otro sin factores de regulación que lo hagan viable. La sociedad, con sus normas específicas, sus reglamentos y leyes y su macrocultura es la que pone el código en cada momento para vincular esos dos grandes constituyentes de la conducta humana. Es así, que según cada modelo social y cada grado evolutivo de las personas en relación, el deseo se mantiene dentro de unos marcos u otros y el placer pasa por unos permisos o por unas prohibiciones. El cuerpo espontáneo tiende a la averiguación. El niño pone las manos donde no debe hasta que a partir de un cierto momento deja de hacerlo porque ha sido educado, es decir reprimido o reconducido, para que no lo haga, pasando su interés hacia otra forma de obtención de placer de aquello mismo que quería averiguar.

El deseo varía de intensidad según si es dicho o callado. El lenguaje es la manera en que revierte sobre sí mismo para expansionarlo. Por otra parte el lenguaje también incide en el placer. Poder formular determinadas ideas es placentero. El lenguaje es una proveeduría de excitaciones para el campo erótico-imaginario. Cada palabra tiene un valor cualitativamente distinto y un peso proporcional en la excitación general. Atreverse a expresar el deseo en voz alta ya forma parte del ritual de placer.   Por su parte el código que regula su intensidad y por ende, la extensión realizativa de todos los deseos no viene dado exclusivamente por las directivas recibidas de la sociedad o del macro grupo de pertenencia, también hay códigos privados y subterfugiales que sirven para enfrentarse a los anteriores. En el encuentro de dos individuos también se genera un código especifico entre ellas cuyo progreso estará directamente determinado por la trasgresión al código público, la cual será necesaria para completarlo, si este no permite la expansión libre y la realización de las inquietudes en juego. La equilateriedad de los tres registros significa su perpetración  sea cual sea la cultura en la que se está, la vida que se tenga, la clase social en la que se resida, la ideología que se defienda, las creencias que se compartan o la longevidad que se alcance. Es el esquema universal que nos sirve para todo momento, persona y lugar. El esquema- estructura implica una pluralidad de versiones de cada una de sus tres partes. Son vectores universales. El deseo alcanza un campo de voluptuosidades y objetivos, el Placer pasa por distingas maneras de ejercicio y el Código, tal como ya ha sido mencionado antes, no se refiere a un solo tipo de normativa.

Cuanto más originales sean los planteamientos de deseo y más distinción tengan los de placer y realización más rupturista será el código personal que los asume. Podemos pensar que el gran equilátero que estructura una sociedad contiene otros muchos equiláteros distintos que la discuten o complementan. Dicho así todo código encontrar a su lógica de ser, cuando sabemos que los códigos de unos son antagónicos a los otros y por eso se acude a un macro código que nos regule a todos. Conducir por un lado de la calzada o detenerse ante señales rojas son códigos consensuados y perfectamente razonables que sin embargo siguen siendo no totalmente aplicados con la consiguiente siniestralidad. Su no-acatamiento no tiene nada que ver con una trasgresión progresista sino con un sabotaje regresista al caos. Hay otras muchas sutilidades del código público que se mueven entre protocolos tácitos. Un determinado texto poético romántico  no va a ser leído en una boda pero una perorata soporífera de un juez de guardia que va a cobrar su hora extra, sí. El código público no es algo estático. Hay que distinguirlo del código escrito que regula las relaciones entre los ciudadanos. No se concreta en una enumeración de medidas escritas. Eso son los reglamentos, las hojas de instrucciones o la leyes. El código social refiere roles tácitos, maneras de habla y de contacto, la gestión de la deferencia y de la indiferencia. El código tiene más de implícito que de explícito. Cuando se explicita se hace a través de portavoces que se erigen en representativos de una generación, una clase de gente o de la sociedad entera. Tal circunstancia hace que se ponga en duda la existencia de un solo código. De hecho cada código dominante tiene sus impugnadores tan pronto se les deja impugnarlo. Su noción es completamente distinta para estados políticos universionales a otros que permiten las pluriversiones. En la frágil y discutible democracia española encontramos repetidamente como con el gobierno ZP es el estado el que está mucho más a la izquierda de mentalidades rancias que ponen el grito en el cielo cuando desde el estado se fallan disposiciones a favor de matrimonios lésbicos o de introducir el saber sobre sexualidad desde edades infantiles en la escuela, Históricamente suelen ser sectores de la sociedad que reclaman aceleración evolutiva a los estados lentificados, en determinadas coyunturas democráticas resulta que nos encontramos con el fenómeno inverso que la sociedad más retrograda se resiste a toda mejora. Afortunadamente la sociedad no renuncia a su evolución -poca o mucha- por sus partes menos comprensivas y ancladas en el pasado.

El esquema del equilátero estructural sirve para entender el funcionamiento mental y conductual de las personas sea cual sea su inserción dentro del progresismo. El código privado sirve de coartada psicológica para la otra bi-relación deseo-realización. Evidentemente no todo acto es admisible aun en el supuesto que proporcione placer por un código que lo justifique supeditando cualquier efecto colateral en función de un fin perseguido. Un código privado, personalizado, secreto incluso, es el resultado de un pacto que se va negociando y renovando entre dos o más co-relacionados  y que sirve para sobrevivir o enfrentar a otro código externo, imperativo, global que es el que suele coincidir con la posición dominante de una sociedad y de sus principales diseñadores.

El código es el intermediario entre inspiración y acto, entre planeamiento y marcha, entre proyecto y ejecución, manejando en ese salto estimulaciones y placeres de orden psíquico personal que pone a los protagonistas manos a la obra de lo que quieren. Toda actuación tiene detrás un código que la avala y en los casos patológicos extremos de quien hace las cosas sin saber porque se podrá rastrear quien lo manipula sabiendo el sentido de su comportamiento en su diseño de instrumentaciones. En los espacios informáticos y pedagógicos no se para de propagar códigos. Los distintos nombres de las reformas educativas tratan de puentear la tesitura del individuo como un absorbente de conocimientos necesarios y la asunción de valores con los que enfrentar un mundo violento y duro. Ese conjunto de valores podrían resumirse dentro de un solo parámetro: la pedagogía de la libertad cuya existencia es lo que  puede hacer posible las condiciones de justicia social permanente.  Paolo Freire[1]  acuñó el concepto de pedagogía de la liberación. Ésta deja de funcionar cuando lo formativo sigue poniéndose al servicio del especialismo y de la técnica en lugar de valorar como un fin en sí mismo por la iluminación que proporciona el saber. Marchessi, uno de los padres de la reforma educativa española, todavía habla de la autoridad del educador en lugar de la autoridad del saber. En las resonancias mediáticas sigue sonando más la idea del fracaso escolar que no la del fracaso de la metodología didáctica. Si las premisas  de la verdad plural indican que no hay un individuo igual a otro ni un currículo personalizado que tenga que ser idéntico a uno modelo estándar, ¿por qué seguir insistiendo en dinámicas de mutua competencia –todos estudiar y hacer lo mismo- en lugar de dinámicas individualizadas?. El currículo personalizado está conectado con la construcción del código privado. La facultad genuina del yo en ser y realizar su Self pone en segundo plano el superyo social. Por el contrario la condena del yo a ser la aplicación del dictado publico lo convierte en nadie.

 



[1] Paulo Freire. Creador de la pedagogía de la liberación. la FEUP la federacion española de universidades populares propuso la candidatura de Freire al Premio Principe de Asturias que son fallados ebn 8 modalidades .Desde 1980 enseñó en la Universidad Católica de Sao Paulo en Brazilia donde regresó tras el exilio  a causa del golpe  de 1964. En 1986 fe galardonado con el premio Unesco de Educacion para la paz, e investido honoris causa por la UB.

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