FLUENCIA TRANSCULTURAL

El mecenas polifónico

 

Alan Cumming en Suffering Man´s Charity, 2007, dirige y pone en escena -haciendo de actor principal-  la trama de un mecenas  que recoge potenciales promesas artísticas a cambio implícitamente de recibir el agradecimiento y el amor. El protagonista principal es un compositor que da clases   particulares de violoncelo que tiene como huésped en su casa a un tipo que dice ser escritor pero que desde hace medio año no cesa de generarle facturas mientras éste pone el lugar de sus goces en otras latitudes y cuerpos. No es la primera vez que empuja a alguien a triunfar   en el mundo artístico. De hecho su mejor amigo es alguien dotado para la interpretación musical y que ha conseguido una gran reputación gracias a su colaboración. El mecenas consiguió con él y sus dotes pianísticas aquello en lo que él había fracasado como compositor.

A iniciativa de este amigo se ponen a hurgar en la bolsa del viaje del huésped. No encontrar ningún trabajo escrito le hace sospechar que su acogido es en realidad un vividor  que no tiene nada de escritor.  Las pasadas de éste, dando la llave de casa a desconocidos o trayendo una supuesta puta después de una farra, llevan a los dos tipos a una escena increíblemente grandilocuente donde la discusión que termina en violencia física es un bello retrato polifónico de palabras y conceptos que se van alternado, entre lo que es el músico que se declara herido por el utilitarismo del otro y el escritor, éste otro, que parece que lo que menos le importa es escribir.

Hay un salto importante de la historia cuando el mecenas ata y tortura a su huésped de una forma psicodélica atándole con un cable de lucecitas continuas de las empleadas en los  árboles de navidad. A diferencia de la clásica escena de tortura en la que un secuestrador interroga a su reo para que le de datos para un botín o lo que sea, aquí el interrogador le pregunta cuestiones de cultura para canjear sus aciertos por la deuda económica que ha generado con el a partir de abusar de su hospitalidad.  Esto viene desencadenado a partir del desconocimiento que tiene su huésped de Beckett, algo que le resulta inadmisible. La historia es un diálogo continuo que se desarrolla la mayor parte dentro de la mansión del mecenas, un precioso legado arquitectónico de la familia, que destila su finura y su exquisitez intelectual. No es un simple intérprete ni didacta de la música, es un animal sensorial y apasionado que la vive en cada vibrator, en cada tono.

La definición homosexual del mecenas no se explicita  por ninguna parte aunque la latencia de su deseo por sus acogidos se supone en todo momento.  El núcleo central de la  historia: la pelea entre los dos hombres  termina con la muerte del huésped. Lo mete en la misma bolsa de viaje y lo lleva hasta el camión de basuras cuando pasa por delante de su casa. Antes de morir el escritor le dice donde guarda su novela, que sí la ha estado haciendo durante todos estos meses y para la que además tiene un contacto interesado en una famosa editorial. La novela habla de su mecenas y la primera ojeada de este es de desprecio. Sin embargo la reimprime para librarla de las manchas de sangre de la pelea y la envía a la editorial referida haciéndose pasar por su autor. La novela es inmediatamente aceptada y preparada con una cifra altísima que puede cubrir sobradamente las facturas que generó el escritor. Además se propone inmediatamente el compromiso de otras dos novelas. El mecenas alcanza el glamour y el éxito allí donde es un impostor porque se hace pasar por quien no es. Por su lado el escritor al que había tratado de gigolo, ya cadáver, no puede gozar de su fama. La artillería fuerte del discurso del mecenas en su contra es una declaración de la amargura en contra del arte que a él no le ha reconocido con toda su sensibilidad. Trata a los perdedores cruelmente al calificar que todos acuden a la mentira de ser escritores para esconder sus incapacidades.   En el  homenaje  que recibe como autor-revelación se viene abajo  todo su discurso de la exquisitez al formar parte de la falacia a la que se presta como rol y juego.  Es en esta fiesta que rescata a otro chico perdido en busca de mecenas al que le ofrece su casa siguiendo con ese patrón de ayuda entrecomillas a los necesitados con talento. El escritor-gigoló reaparece en la escena de la casa en forma de zombi o de fantasma para continuar a ratos la conversación con el mecenas.

Es una historia que  habla simbólicamente con cada gesto. Con un diálogo rápido y profuso. Su cantidad de texto está por encima de su ratio de imágenes. La interpretación de Cumming del mecenas encarna genialmente  las contradicciones del solidario interesado no consiguiendo lo que más desea: una historia de amor correspondida.

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