FLUENCIA TRANSCULTURAL

Activismo Solidario

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Activismo Solidario y Autocompensación Personal.

El entusiasmo por la organización de proyectos  reporta una excitación psicoemocional cuyo primer beneficiario es el activista.  Tomando la figura luchadora en sí misma la  instancia por la que termina luchando es por su supervivencia de rol en el mundo. La lucha por los demás nace como un proceso reactivo a un deplorable panorama de miserias e injusticias. Luego, en la medida que se va asentando como forma de vida personal y compromiso ideológico, el luchador termina por confundir sus papeles entre la lucha por su auto perpetuación como tal y la del objeto social de su dedicación.  Ante el abanico de posturas conductuales en la extensísima gama de compromisos por cambiar el mundo no se puede dejar de estudiar las recurrencias, en el seno de las organizaciones,  de los tics y atributos de ese mundo al que se quiere cambiar. Los Sindicatos ya cayeron en el economicismo,  los Partidos Políticos se organizaron en torno a estructuras rígidas piramidales y las Ongs actúan en tanto en cuanto adoptan un perfil empresarial. La impresionante eclosión de éstas y los millones de personas que colaboran/colaboramos con ellas, en distinta cuota de compromiso,  nos hace asistir a un fenómeno sociológico, que si bien no es nuevo, ha desbordado totalmente las previsiones iniciales.  Pensemos en un supuesto que jamás se cumplirá pero que alguien podría novelarlo desde la ficción: tomemos los millones de voluntarios oenegeros con sus ideas claras sobre solidaridad humana, justicia e igualdad social, ubiquémoslos en un territorio donde haya recursos de explotación para poder vivir con el compromiso de hacer una sociedad nueva. Vayamos al cabo de unos años y hagamos un re-test. Nos encontraremos con una sociedad tan rota como la que hayan dejado atrás. Eso no sucederá nunca aunque hay precedentes de tentativas icarianas que no llevaron ni total ni parcialmente sus ideas fundamentales a término aunque pudieran quedar muescas de sus deseos. Eso ya pasó en Philadelphia/Pensylvannia. Eso hace pensar que el juego social genera confrontaciones que tienen una deriva a enfrentamientos, no siempre reconciliables, colocando las bases para nuevas hornadas de desigualdades, peleas, destrucciones y clases sociales. El nudo central de la utopía es cuestionar que esto sea una determinante antropológica de las que el ser humano no pueda librarse nunca. No pocos apostamos por ella como  una instancia teorética aunque hemos de reconocer en el campo concreto que mientras con una mano se está luchando por un futuro ideal con la otra se esta consolidando una posición  material segura dentro de un estilo de pasado despreciable. Somos seres humanos, contradictorios y mezquinos, y parece que con esto lo decimos todo. No, con esto no queda dicho todo. El valor de una persona no es solo la de sus actos, también está en la de sus no-actos. A veces no hacer es hacer más a favor de una causa que haciéndolo.

El fenómeno de la cooperación internacional desde la sociedad civil viene a hacer lo que los estados no hacen a pesar de estar comprometidos a ello. Ya esta bien que con el 0,7% del PIB de un país se pongan en marcha proyectos de recuperación de áreas devastadas del planeta. Pero mientras esta es una colaboración social subsistencial, la lucha anticapitalista pasa por impedir que ningún porcentaje de este mismo producto interior bruto tenga que estar manchado con los negocios de las armas o con los negocios anti ecológicos, tras los cuales se esconde la doble causa de las mayores mortandades planetarias. La lucha por el desarrollo en el tercermundismo ocasiona una paradoja: dar las espaldas a los problemas  primermundistas, tanto por las bolsas de pobreza crecientes en sus ciudades punta como por el imperio de sus valores utilitaristas y mercantilistas.

Las Ongs, en tanto que empresas dedicadas a la solidaridad (un sector del mercado de inversiones que mueve considerables sumas de capital), funcionan con un estudiado paralelismo al de cualesquiera otras empresas con ramificaciones en el extranjero y con intereses concretos. Si bien una empresa clásica pretende el lucro de quienes la montan, la ONG es una empresa de nuevo cuño que su objetivo es dedicar los beneficios a la zona y temas parcelados para su atención. La solidaridad es un mercado creciente y hay que decirlo con esta palabra. Ciertamente salva vidas, levanta escuelas, orfanatos, casas de acogida; reparte medicinas y en general recicla material sobrante de los países ricos para que sea aprovechado por los países pobres. ¡Qué mejor que una reutilización directa de productos: vehículos, ordenadores, ropa, alimentos que no un reciclaje por sus componentes y piezas sueltas! Esa actividad tiene el visto bueno social pero la reflexión sería mediocre si se quedara solo en ella. Además del pescado hay que evaluar el estado de las cañas o de las redes y la dedicación de sus pescadores. No hay que olvidar que las zonas depauperadas del planeta deben su actualidad todavía a un pasado colonialista de los blancos que fueron a imponer sus ritmos, sus normas y sus imperios. Aquel colonialismo  pre y decimonónico dio paso a otras formas de ocupación de los mercados sin que unos estilos made in Usa y made in UE hayan desaparecido. Actualmente la palabra nos es útil para denominar un neocolonialismo solidario. Sus resultados no se hacen esperar: se higienizan zonas, se salvan vidas, se reconstruyen lugares devastados, se levantan nuevas fuentes energéticas, se generan lazos de devoción permanentes e indestructibles por la vía de la ayuda. Estos registros son altamente satisfactorios para las zonas pero también para los cooperantes: tienen causas justas a las que dedicar sus biografías. Ya que los estados nativos ni los extranjeros resuelven los problemas cruciales, a veces contra las epidemias y la subsistencia elemental, lo justo es intervenir para ayudar y salvar situaciones. Eso crea un estilo de hacer cosas y una satisfacción personal inigualable. Un cooperante puede concentrar el perfil en una sola pieza de Sta Clous-Reyes Magos de Oriente y Aladino en un mismo pack. Otra cosa es que su intervención sea efectiva para dar las herramientas para la soberanía personal de sus asistidos. El mismo método nos toca aplicar en nuestras realidades autóctonas en nuestras zonas origen o de residencia. El trato con la marginación social y con el cuatrimundo da cuenta de unos subproductos y subculturales del sistema del capital que éste  no puede evitar y cuyos paliativos no hace más que engrandecerlo. La intervención en cualquier sujeto y área depauperados pasa por instrumentar recursos autónomos que les permitan salir del atolladero y auto gestionar sus recursos para finalmente autofinanciarse. Eso el estado no lo hace. (Es desde el despacho particular o de la agencia privada de intervención que se establece la dialéctica a favor del yo autónomo.) Las Ongs tampoco. Siempre encuentran zonas en las que invertir en solidaridad, proyectos pensados desde fuera, lo mismo que los canales de Suez o de Panamá fueron pensados desde afuera. Invertir en solidaridad significa llevar un montón de productos pagados por un descomunal movimiento solidario de particulares con sus aportaciones regulares o espontáneas además de los presupuestos para la subvención que están previstos por las múltiples administraciones.  El hermano solidario dice al pequeño hermano envuelto de moscas y pústulas lo que debe hacer para tener una calidad de vida. Hasta aquí el gesto es impecable, deja de serlo cuando involuntariamente inocula en sus zonas auxiliares los principios del capitalismo, que es la sociedad de su pertenencia. La ayuda llega con sesgos desde el principio. Los invasores españoles en el continente americano sur diezmaron la población llevando hasta allí la gripe y enfermedades venéreas. Toda Latinoamérica todavía esta pagando la intervención nada civilizada de culturas armadas superiores que la colonizaron. El movimiento oenegero actual también transpola, aunque esta no sea su intención, los valores de funcionamiento de la sociedad capitalista. En otro supuesto imaginario: el de igualar el nivel de vida de los países africanos y asiáticos aun no de economía emergente a los niveles europeos y norteamericanos y de los otros países punta como Japón, China ya empieza a serlo también; lo más que es esperable con la ideología de esas ayudas es reproducir una sociedad a semejanza de la que se esta enviando toda la ayuda: un capitalismo salvaje de voracidad incontenible en el que  lo que menos importa son los valores humanos.  La segunda paradoja de la ayuda en acción es la de que la solidaridad se puede convertir potencialmente en un revulsivo en contra de ella como concepto.

Hay una tercera curiosidad del movimiento solidario de los países ricos: después de tantas décadas de práctica creciente, de aparición de nuevas organizaciones y nuevas siglas, de aumento de capitales, de asociacionismo múltiple, de coordinadoras y congresos; la dinámica de parcelación de cada una por separado le hace perder de vista el fin último de la lucha social. La intervención en una lucha y un tema particular entra en colisión con otras luchas particulares sin compartir una perspectiva común de alternativa al sistema. Lo que ya viene ocurriendo dentro del movimiento social en cuanto a la profunda escisión que hay entre acciones reivindicativas sectoriales; entre el obrerismo y el ecologismo, o el feminismo y el igualitarismo, también seguirá ocurriendo dentro de Ongs que entran en relaciones de competencia mutua para obtener la mayor parte de tajada de la financiación y poner en marcha lo que sea con tal de mantenerse en el candelero. El paralelismo entre las pyme y las coordinadoras oenegeras salta a la vista.

Todo esto no quita el valor concreto de cada acción concreta. Detener una epidemia, salvar la vida a alguien o luchar por sus derechos son actividades dignas en quien las hace. Son mas dignas si no pierde la consciencia que junto a ellas puede propagar involuntariamente la ideología atroz que está detrás en la responsabilidad de los crímenes de un sistema mundial.

Subjetivamente quien presta una colaboración financiera o activa, desde sus cuarteles forrados en su país, donde tiene una buena posición adquisitiva, está pagando simbólicamente  la cuota de sus privilegios. Sabe, por poco que sepa, que el estatuto social del que goza es por una larga trayectoria detrás que ha posicionado su país en el lugar predominante donde está. Es el beneficiario indirecto de atropellos y faltas de ética al por mayor. Justo es que pague por ello. A la sensibilidad social hay que añadirle este sentimiento de vergüenza por haber nacido en el lado favorable del planeta. Lo mismo pasa en una sola ciudad. Nacer en un barrio u otro predetermina la biografía. Las clases pudientes tienen una coartada para serlo: aducir que son más sibaritas, más  listas o que tienen más derechos adquiridos. Las clases desposeídas saben que son eso, que nacen marcadas por la desposesión de lo que otros les quitaron.

 La solidaridad económica así como la prestación de tiempo de voluntariado indirectamente es una manera de lavar culpas, sino las propias las de los ancestros. A la postre proporcionan un ticket directo a algún cielo si se cree en él o cuando menos induce a una autoexcitación compensatoria por ese sentimiento adquirido de la tarea altruista bien hecha,.

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