Infos no deseadas.
Emails regulares de recordatorio de actividades se van dando. Eso te mantiene al corriente de novedades. También hay quien te recuerda que ha hecho incorporaciones a sus web sobre sus artículos o informaciones. La tenacidad persistente de algunos es asombrosa Te informan de cada paso cado una y cien veces aunque no contestes ninguna vez o no des muestras de interés. Estamos ante un síntoma de autoafirmación, una de las formas de existencialidad sutil a costa de la paciencia pública. Comprendo perfectamente el fenómeno y es por eso que en cierta manera que perdono a quienes me envían infos no deseadas, unas veces porque son personas conocidas y otras porque en algún momento formaron parte de una proyecto común. Yo mismo en una época anterior utilizaba correos masivos de los que recibía para rebotar mis propios anuncios, artículos o textos. Dejé de hacerlo al comprobar que eso raramente generaba debate o intercambio de opiniones y me enfrentaba a un incurable síndrome de saturación.
El correo electrónico, ahora, lo mismo que el teléfono, antes, no da derecho a nadie por mucho que se le haya proporcionado voluntariamente los datos para que te localicen para que te interrumpa con su avalancha de palabras. Hay otros espacios donde dejarlas para libre disposición de los consumidores de lecturas; desde las paredes hasta los blogs. He experimentado una cierta saturación cuando alguien te envía cada dos por tres noticias de su grupo, de sus proyectos, de su trabajo o de sus artículos. El solo recibo del email aunque ni siquiera lo abra me obliga a recordar un nombre que tal vez no me apetezca.
Periódicamente he de poner en correo no deseado a varios emisores para desatascar mi bandeja.
Quien se mantiene en la discreción sabe que no puede abusar de envíos. Además estos generan una carga de tiempo considerable. No me refiero únicamente al spam. Hay otra clase de gente que abusa de tu confianza y paciencia. Incluso, lo que es peor, solo te tiene en cuenta como un email más dentro de una lista de cientos de ellos –o miles- sin ninguna deferencia personal, ni siquiera un hola. La era tecno corrompe las formas elementales y automatiza los dejes de internautas sobre estimulados.
Si además se da el caso que tu dirección pertenece a la lista o base de datos de un antiguo conocido que solo te tiene en cuenta como propagador de sus ideas es mejor reconsiderar el contacto. Si a eso se le añade que cuando ha habido oportunidad de debate directa o de confrontación franca a escurrido el bulto lo mejor es tratar al mendigo de tu tiempo como lo que es, poniéndolo bajo el typex simbólico.
Vivimos un tiempo de máxima sutilidad en el rechazo mutuo. Nadie queda al margen de la doble experiencia de rechazar y de ser rechazado. Incluso hay un programa de soft vinculado al msn que te informa de quienes te han borrado de su lista y sugiere maneras de venganza dándolos a conocer a tu lista de contactos. Hay muchos motivos por los que pasar de alguien. Prescindir es un verbo central para la sabiduría. En realidad prescindir de alguien es alejarlo por el manejo de sus objetos. Teóricamente todo el mundo es recuperable para una cosa u otra, para un debate u otro, para un acuerdo u otro; prácticamente ésta es la mentira más tramposa que existe.
Tengo una amiga virtual de hace años con la que no hablamos nunca: siempre la veo aparecer en el msn porque es un asiduo- -no sé si adicta- .Es una bellísima persona pero nada iluminada para la comunicación escrita, sin embargo es muy atenta por lo que hace a enviar pps y circulares de reenvíos. Tengo un conocido de la Universidad de Gerona que siempre me envía puntual información de los nuevos artículos que ha colgado en su pagina y de lo muy visitada que está. Cuando tuvo que hacer de filósofo real no participó del debate. Los 10milloens de palabras que pueda escribir en su vida productora de textos difícilmente lo rehabilitarán de aquello.
Hay infos, que a pesar, incluso, de su interés, pueden no ser deseadas. En todo caso dejándolas en espacios de consulta quien las necesite terminan por alcanzarla. Las maneras supuestamente deferentes de hacértela llegar a veces ocultan móviles de captura atencional con las consiguientes molestias ocasionadas. Cabe objetarles la idea de que nos dejen que libremente las alcancemos en lugar de que nos insistan sobre ellas. En definitiva insistir a alguien para que recuerde algo, se aprenda la lección, tenga en cuenta el dato es desconfiar de su posibilidad de que lo obtenga por si mismo.
Uno de los mayores problemas actuales de la internáutica no es obtener información sino discriminar entre ella para destilar la más interesante. Quien más promociona la suya no tiene porque corresponderse con las fuentes de enunciados de mayor calidad o más seguras ni, por supuesto, más sabias.

