FLUENCIA TRANSCULTURAL

Necesidad Metafísica

http://jesusricartmorera.blogdiario.com/img/torsodesnudodibujo.jpg 

 

 

La necesidad metafísica y la continuidad en el futuro.

Cuanto más desintelectualizado y menos formado está un humano más necesidad tiene de ser consumidor de más-allases. El más allá admite una multitud de formas descriptivas y de conjeturas teóricas. Desde los cielos fastos de la felicidad permanente fuera de las vicisitudes materiales a las promesas para concretar en décadas, generaciones, siglos o milenios venideros. Son dos clases de futuros completamente distintos: el de la materialidad en unas condiciones mejores y el de la espiritualidad también en unas condiciones mejores. Ambos son completamente distintos, el uno es funcionalista, instrumentalista, especulativo; el otro es intuitivo, espiritual, para físico. A la metafísica se llega desde la materialidad, con el enfrentamiento a sus contradicciones, El debate clásico entre idealismo y materialismo ha perdido su potencial de clarificación. La prudencia con afirmar verdades supuestas lo mismo que negar verdades pendientes de demostrar, lleva a tomar con cuentagotas cada tesis, cada idea.  Por lo general las teorías metafísicas acuden al fortín de la convicción personal. La intuición privada y no los razonamientos son los que apuestan a favor de un presentimiento o conocimiento místico sin experimentar la necesidad de su argumentación. El verbo diferenciador es el de creer, sí o no. La creencia se dota de fe y esperanza pero puede cursar sin análisis ni razonamiento a no ser que se tome la necesidad psíquica del individuo, de un amparo como un valor razonable. El más allá queda fuera del campo examinado por la mitocrítica como objeto central de consideración. El coleccionario mitológico no para de referirlo desde su parapeto de la inserción iconográfica en las culturas. Las sociedades han necesitado de héroes y dioses de los que tomar modelo y de los que conseguir regalías. En última instancia implorar a las deidades ha sido una transacción no exenta de intencionalidades materiales: el ruego a las fuerzas sobrenaturales para colmar las necesidades más especificas de los descontroles naturales: pedir la lluvia para las cosechas en las épocas de sequia o pedir el fin de las catástrofes en las épocas de guerras, dolor o tragedias.

La conciencia humana se ha ido construyendo en su debate y negociación mental acerca de lo que es o no es cierto, de lo que es humano y lo que es extrahumano.  La supuesta evolución mental que va r dejando atrás las ideas crédulas hace pensar en   conclusiones antisupersiticiosas  consolidadas Toda idea antigua deja un resto y una marca  Holtz  afirma acerca de lo que es conciencia  y la experiencia interna que supone, que las imágenes mentales pasan por una asistencia al retorno de las desterradas. En ese sentido en los dos extremos del arco de las ideas en relación a la continuidad existencial postmortem, tanto el ateísmo radical como las posiciones creyentes  pueden admitir hipótesis verosímiles de la parte contrario. Su antagonismo radical tiene cargas de artificiosidad.  En las sociedades que se han declarado masivamente religiosas en función de la religión de sus estados, el pensamiento público si se ha supuesto y ha sido unitario y unánime ha sido por razones de supervivencia. El individuo se adapta a la norma comportamental para no entrar en colisión. En cuanto las sociedades que hicieron revoluciones para derrocar antiguas creencias y clases privilegiadas no consiguieron a fuerza de decreto y de coacción eliminar los vestigios de la credulidad. No solo eso, con su nueva aparatología burocrática e iconográfica crearon el culto a la personalidad y la devoción a un entramado que no admitía crítica ni discusión. Curiosamente los países más católicos del planeta con los más ateos (la Urss y su área satélite) tuvieron concomitancias en los ritos de las masas en sus credos. Finalmente creer en un magnatario, padre de la patria o en un héroe de la antigüedad, tienen un enrome parecido. La necesidad metafísica del más allá es sustituida por la necesidad del padre social que conduzca como maestro y guía a sus súbditos que toman prestado el nombre de hijos.

La creencia religiosa ha sido definida como una particularidad de neurosis colectiva. Cuando la creencia genera un tipo de delirio está dando lugar a una psicosis desorientadora. Por su lado la creencia en un mundo que por la vía de sus contradicciones materiales supere las miserias internacionales actuales y de una respuesta global a sus males creando un hombre nuevo no deja de ser un idealismo de la esperanza. Actualmente es tan inverosímil el paraíso extraterrenal en el que los espíritus vivan en concordia como el paraíso terrenal en que los hijos de los humanos  aprendan a vivir en paz. Jamás hubiera esperado el materialismo de las luchas sociales ser igualado a un idealismo  como el del religiosísimo de la esperanza. Ambos comparten el deseo de ese futuro: en un caso el del paraíso extraterrenal con eso espíritus desencarnados en interacción armónica y en el otro caso en la sociedad terrenal, si no paradisiaca, al menos incomparablemente mejor a la actual con humanos encarnados así mismo en paz y cooperación. Es difícil vivir con la desesperanza de una perspectiva y de otra. Su correlato sin embargo es aparente. La historia está llena de luchas religiosas y de confrontaciones del pensamiento. Vida es conflicto. Y el conflicto pasa por la reinterpretación continua de los déficits, dentro de estos los de la incomprensión total de las cosas.  Es a partir de eso que la teología suele vetar la comprensión del vulgo a las sutilezas de lo todopoderoso.

Hay que tomar la necesidad metafísica como eso, como una necesidad. El sujeto necesitado de muchas cosas: alimento, aire, espacio, cobijo lo coloca permanentemente en una autonomía relativa. Su expansión depende de sus segurizantes. Tan pronto le fallan se viene abajo toda su estructura. Las generaciones sin objetivos ni razones históricas para existir relegan al individuo a automatismos supervivenciales. El problema no es ya una persona sin moral sino el de un sujeto desmoralizado: sin norte, sin contenido, sin referentes seguros, sin elán vital por el que expresarse. Su carta hedónica no tiene suficiente entidad para proporcionarle los contenidos necesarios para hacer de la vida un proceso creativo. A lo mucho queda reducido a un proceso testimonial de lo que nunca puede alcanzar ser.  Tanto el dios del amparo en un cielo de acogida como el de una sociedad del mañana basada en los principios de justicia, redistribución de la riqueza, respeto y goce como alternativa al produccionismo está en la necesidad intrínseca de lo que hay para alcanzar algo superior. Nos enfrentamos en ambos casos a un tipo de tesis esperanzadoras determinadas por el desequilibrio psíquico reinante. Mientras los movimientos sociales y las corrientes espirítales van siguiendo su curso, los billones de interacciones humanas con las que se va llenando la humanidad dejan mucho que desear en lo concreto por lo que hace al proyecto de la persona soberana, la nueva persona individual y social con la que regenerar proyectivamente a la especie. La disociación entre las creencias de un tipo u otro por un lado y el trato humano por otro es espectacular. Desde un punto de vista clínico se ha propuesto la cura analítica para el caso de la religiosidad en sus extremos de pre fanatismo y fanatismo total; también se puede proponer para los casos de psicopoliticismo enmascarado en la supuesta conciencia política para el caso de movimientistas, altruistas a ultranza, adopcionistas y otras versiones del cooperacionismo. Huber (1987) sostiene que la psicoterapia no se puede definir de forma estática sino que es fundamental referirse a las situación especifica terapéutica. Puede estar tan fuera de lugar, fuera de su mundo, fuera de si mismo, quien lo sublima todo pensando en una excorporeidad con el perdón de sus epcados, como quien quiere ganarse el cielo utilizando la pobreza social y las clases necesitadas  como pretexto para sus heroicidades. Si cambiamos la noción cielo por reconocimiento en la historiografia es un poco lo mismo.

 

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: