FLUENCIA TRANSCULTURAL

El Otro Efímero

 

La psicología de las relaciones pasa por una sólida teoría del otro. No depende tanto del yo como de los protagonistas de los panoramas. No es una cuestión resultante de la mismidad como  de un análisis de la externalidad.  Hay un factor propulsante de toda relación que pasa por un interés existencial en cubrir una necesidad dada, sea la huir de la propia soledad o la de conseguir una colaboración para una asunto determinado. El futuro de cada relación queda determinado desde el primer momento por el móvil que lleva a ella. Una vez queda satisfecho queda también condicionado el potencial de otras relaciones posteriores. Una fórmula de cálculo de las relaciones por venir tiene que contemplar una división en la que el divisor contemple las relaciones consolidadas. La existencia de estas, por tanto la consolidación gregaria dentro de un grupo o un tándem, minimiza el potencial de las siguientes. El otro en general es tanto más efímero u ocasional cuantas más relaciones previamente constituidas y aseguradas haya.

La condición congregacional del ser humano, por sus distintos registros de inserción en espacios colectivos, le lleva a estar en contacto con múltiples posibilidades de relación. De hecho, las relaciones vienen y van con una fluidez pasmosa, mucho más cierto en las extensiones urbanas. Los aislamientos extremos son casos raros, dados por catástrofes, accidentes o eremitismos voluntarios. En los rincones climáticamente más duros hay colectivos humanos que permiten un abanico de posibilidades relacionales alto. La constatación de ese flujo abierto de relaciones deja en el lugar de lo efímero cualquier otro potencial que no termina de concretarse en una relación continua. Una relación supone una serie de contactos en distintos contextos. Aunque estrictamente un solo contacto humano puede ser de una riqueza tal que procesa en un periodo intenso y único  partes de una relación.  Se suele decir que hay personas que conoces de toda la vida con las que nunca estableces una comunicación y otras, que sin conocerlas, puedes establecer una intensa. Prefiero el segundo tipo que el primero. Lo primero forma parte del decorado, lo segundo de lo creativo. Es la diferencia entre lo que está y lo que es. Hay personas que están donde tu y otras que son seres con los que te comunicas. Una mayoría de gente que forma parte del campo visual y sensorial son Otros efímeros que a menudo ni siquiera son reconocidos o cuando lo son apenas si pueden dárseles atributos concretos. Es una casi insignificante minoría la parte deferente con la que se establece contacto, comunicación con las palabras y con los sentidos. La vida relacional sondea continuamente esta posibilidad. Las cartas de sondeo son instrumentos en esa dirección. Puesto que nadie está psicológicamente preparado para recibir cartas confidenciales y si antes no pasaba de la postal de viaje ahora no pasa del email escueto y generalmente técnico, cuando se encuentra con una de ellas sencillamente no sabe lo que hacer o se encuentra desnudo o sin respuesta. Para mi tipo de escritura he llegado a pensar que produzco complejos de inferioridad sin quererlo.

Una carta por su condición dice varias cosas, puede plantear distas variantes de un tema. Es difícil que no haya algo de todo ello a lo que replicar o por lo que protestar. A menudo he oído decir que mis cartas han provocado respuestas o borradores de respuestas pero que no se terminaron de enviar. No importa. Las cartas de sondeo son las que sondean las posibilidades de un interlocutor. Lo hay o no. Existe o no. Es o no es. Si la respuesta es no a las tres cosas lo mejor es no esperar nada y dejar  una carta en el lugar de única. La no respuesta o la no-continuidad de ellas no significan que no haya alguien valioso al otro lado. Simplemente no hay una disposición, un entreno, una prioridad por la otra parte para entrar en el juego de la correspondencia postal.

Hasta ahora no ha habido mes de mi vida adulta que no haya experimentado la necesidad de escribir(me) con alguien que no lo había hecho con anterioridad. La verdad es que encontrar a alguien que me mueve al habla escrita es un pretexto también para hablarme a mi mismo. Escribir una carta es una forma de escribir un diario con la garantía de que como mínimo siempre hay alguien, aunque sea una sola persona, que te va a leer. La continuidad está reservada para unos pocos. Y una continuidad de por vida resulta muy hipotética. Si todo nace, se desarrolla y muere, las relaciones postales no son una excepción. A veces es suficiente en mostrar las credenciales en una primera para que no tenga la oportunidad de una segunda. He advertido que hay gente de notas cortas que no contesta porque se autodescarta para esa contestación o no desea ponerse a prueba en sus propios límites discursivos.

A diferencia del habla donde hay subterfugios para disimular los límites propios y disculpar los ajenos, cuando el protocolo exige tapar las faltas del otro, en la comunicación escrita la evidencia de lagunas, autocensuras, incoherencias y miedos es evidente. El hecho de una no-respuesta también es una clase de respuesta. El silencio o la callada por toda respuesta han sido argumentados con dos clases contrapuestas de razones. Las unas que hacen referencia a la ética silenciosa cuando lo mejor es callar ante la insolencia ajena y las otras que hacen referencia a la idiocia o falta de recursos intelectuales para replicar cuando lo que se propone es demasiado enojoso o complejo como para contestarlo. La observación práctica de las no-respuestas, tanto en los vínculos escritos como en los ámbitos orales, hace pensar más en la desidia o la prioridad al no esfuerzo en lugar de aceptar una invitación a la dinamia conversacional. No hay que olvidar que una buena parte del esfuerzo humano está compensado económicamente por dádivas de algún tipo o por salarios remunerados. El esfuerzo laboral es el que encuentra un correlato más claro en este sentido. Todo esfuerzo que no pase por eso tiende a caer en alguna clase de desconsideración.

La relación verbal que examina conductas y reflexiona sobre ideas y valores tiene algo de revisión del síntoma o de propuesta implícita de la cura. Si Sol L.Garfield definió el marco psicoterapéutico como la interacción personal sistemática a través de la que el profesional podía ayudar a la modificación conductual del cliente, la relación comunicativa humana en profundidad cabe ser definida como una interacción no cerrada que se aparta de las reglas de juego convencionales para aceptar  los riesgos de la comunicación y sus consecuencias alterando la autoimago además del mismo sentido comunicativo de los usos verbales. En las propuestas comunicativas hay algo muy arraigado que bloquea la producción de intimidad, De alguna manera el sujeto intimista desvela y revela su verdad den total desnudez y se expone a ser vulnerable. Eso oculta un terror a la fragilidad que puede tener algo a ver con lo que teorizó Spitz con L´hospitalisme. En cuanto a que todo abandono puede provocar  déficits fisiológicos. Un sujeto con su ecce homo al descubierto se arriesga a confiar en el depositario de sus confidencias verdades para las que no está preparado sostener. Las dificultades con los manejos de la intimidad es lo que resitúa y consolida a cada cual en la distancia conveniente de los demás. A menudo nos asalta la idea de que tras unas cuantas frases de saludo ya damos por terminada la necesidad de ese otro cuya cuota de transitoriedad ha sido más que rebasado. Cualqueir otro del panorama es un transeúnte instantáneo en nuestra idiosincrasia. Apenas es un instante en nuestra retentiva.

El otro efímero es la mayoría de otros que se concretan en un contacto puntual que no es seguido o alimentado a continuar.  El mundo de las telecomunicaciones y los contactos entre grandes distancias también facilita ese tiempo de eventualidades. Escritores de cartas o no todo el mundo recala en la condición de sus sondeos de los demás. De algunos contactos de sondeo pueden quedar bellas anécdotas y hasta lecciones lo cual resuena a brillante mientras que de otros con continuidad pueden estar girando en torno al mismo tema sin dar la oportunidad a variaciones creativas o a la genialidad. Hay cartas únicas que pueden ser extraordinarias y también correos continuos que pueden ser insoportablemente monotemáticos.

 

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