FLUENCIA TRANSCULTURAL

Paraísos Terrenales

 

Afrique a, encore, les paradises; l Europa,est condamnée au la follie de l’ argent.Cartel de pizarra que hemos llevado expuesto por algunos países africanos. La idea de un paraíso terrenal que fue perdido por la desobediencia del hombre al mandato divino tiene un fondo de advertencia para rescatar. Si cambiamos esta desobediencia a los supuestos caprichos de un todopoderoso, tras cuyo incumplimiento la primera  pareja humana fuera condenada a vagar con su sufrimiento,  por la de una falta de respeto a las leyes naturales nos encontramos exactamente con el mismo resultado. Ni la omnipotencia falsamente atribuida al dios hebraico pudo evitar que los humanos actuaran por su cuenta, ni la lógica de la Naturaleza ha podido impedir que los humanos como hijos de la tierra y de la evolución animal se vengan comportando cada vez más en contra de ella.

En otras referencias a la manzana prohibida he  preferido la apuesta a su simbología como la necesidad de la desobediencia para alcanzar al conocimiento enfrentando toda prohibición que lo limite, mucho mas, como es el caso, con el arbitrio gratuito de un dios un tanto neurótico. La manzana de Eva como el fuego de Prometeo no serían más que formas distintas que comparten la idea de enfrentarse a lo superior que actúa de restrictivo para alcanzar por otra vía lo sublime. Sin embargo , los huéspedes del paraíso terrenal lo pierden por su lado y la humanidad entera está condenada a recibir el odio de los dioses por siglos o bien  a pagar las consecuencias de  la naturaleza desbocada que le hace sufrir las consecuencias de sus insolencias  antiecológicas y repetidas.  Todas las geografías del mundo sufren de manera desigual las consecuencias de los desastres. Sus estudios demuestran que una parte de ellos son atribuibles a causas humanas. En realidad la naturaleza física del planeta choca contra la naturaleza humana de las ambiciones y las irracionalidades. Las especies menso inteligentes son mas cuidadosas con el entorno y con los recursos que la especie humana que corre en su frenética carrera de destrozarlo todo. El futuro, sea el que sea, va a ser el resultado de una suma aritmética simple, por un lado, juntando la gente cuidadosa con la tierra, y por otro, restándola de la gente que actúa como destroyer del bien común. Ese doble comportamiento ha sido recurrente a lo largo de la historia. El proceso disparado de una vida material y enriquecida en Europa h llevado a idealizar otros sitios más remotos donde el industrialismo está por hacer y las prisas por la acumulación son menores.

El texto del slogan tiene una deliberada carga de idealismo al presuponer que un continente por sus etnias y sus ritmos legítimos conserva aún los paraísos. Ciertamente los lugares paradisiacos lo son tanto menos han pasado por la especulación humana y la codicia de explotarlos pro encima de lo que podían dar sus recursos. Dividir los continentes en términos de los que tienen todavía espacios naturales de aquellos otros que los han perdido o los tienen más destrozados se hace difícil. En prácticamente todas las partes del planeta humano ha llegado la zarpa de la especie dominante para explotar sus materias primas a menudo a costa y en contra de sus habitantes y poseedores legítimos. Pero el desarrollo o infra desarrollo en términos de renta per cápita y de política estatal económica no significa que el capitalismo sea menos esencialmente capitalista en los países pobres, en los que por tanto el móvil dinero hace también de dios atrapa creyentes y genera todo un proceso de acumulación tanto a escala de país como a escala individual o de familias. En realidad la locura del dinero es universal  salvo minorías etnias muy asiladas y no está parcelada por territorios continentales. El slogan peca doblemente de triunfalista al suponer que en Europa todo el mundo padece de la alienación tras el Money-money cuando en realidad en África también la mayoría de africanos sucumben a ese objetivo o necesidad.

Es difícil concebir en términos de paraíso natural lugares que reciben distintas presiones especulativas para sacar a bajo precio lo que contienen sin planificar su reposición. Los paraísos que le quedan a África además de las reservas intocables para la reproducción animal salvaje son debidos al infra desarrollo continental. Su previsible progreso acabará con ellos. La tesitura de los países que van al carro de la historia capitalista es que no renuncian a lso derechos que se han tomado precisamente  los países que se han adelantado en cuanto a consumos exagerados. La tesitura es que el mismo ritmo de vida de todos los ciudadanos del planeta sería insoportable para este y para toda la humanidad. Hay algo de la codicia colectiva y no solo de la especulación de financieros y patrones que está detrás de la responsabilidad del malbaratamiento de lso espacios y de los recursos. Lo que hace un lugar en espacio paradisiaco es unos cuantos árboles, fuentes de agua, el sosiego y respeto humano a todo esto, recursos alimentarios y de desarrollo para todos, ausencia de violencias y enfermedades. La lista no es tan larga pero a fuerza de repetirla y no conseguirla se nos antoja cada vez como más imposible.

Otro mensaje críptico del slogan es el de desautorizar las supuestas virtudes europeas. Su vida manicomial abre las puertas a las avalanchas de inmigrantes dispuestos a renunciar a sus miserias relativas pero también a sus ocios a cambio de sumergirse en biografías estresantes apuntándose a otro registro de miserias a la occidental. Especialmente interesante este segundo  concepto en un momento en que muchos africanos miran a Europa como el nombre de su salvación personal en una época en que su entrada en términos absolutos está ya decidida y controlada.

Toda idea de paraíso se agoto con las sagas literarias de aventuras, islas formidables, tesoros escondidos en cuevas, barcos piratas o gente que no vestía sus cuerpos en la Polinesia. A fuerza de buscar y recorrer todos estos sitios el blanco ha dejado sus improntas y sus marcas que en el mejor de lso casos no ha podido evitar su personalidad frustrada de hombre huido de sus orígenes. Los nombres exóticos de la colección imaginaria que suspira en la cabeza de todo aventurero no pueden evitar que se encuentre con los paraísos etiquetados a gusto del consumidor. En el lugar más remoto también habrá quien ofrezca una cerveza embotellada y quien quiera saborearla a pesar de estar rodeado de zumos de frutas exóticas.

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