FLUENCIA TRANSCULTURAL

Escena y Espectáculo

No todo lo escénico es espectáculo.

Si bien todo pasa por la escena no todo lo escénico constituye un espectáculo. Por error o por un sosiego personal, que se traduce en la autovigilancia baja, unoa puede ser arrastrado a espacios, con taquilla y todo, para asistir a sesiones de estridencias ruidosas o, a veces, a gimnasias de gorgoritos y desinencias gramaticales. Toda propuesta puede entrar en el circuito de los ofertorios, con programa de mano y todo, imprimido y subvencionado por la institución de turno que debe de cumplir con el mandato de lo cultural (¿cuándo  tendremos el valor de redefinir cultura?) y colocado en el centro de atención para cautivar público o al menos para  tratar de tenerlo. El football y los toros y el cine de acción han perdido su poder de dar el pelotazo a todos los públicos. Hay gente que por eso no pasa y va, vamos al jazz, a las conferencias, a los recitales de cantautor y a nuevas versiones del arte no académicaa.  Por su parte, el sistema tendencial ha reciclado cualquier asunto que se preste para concentrar públicos y hacerles creer que son públicos pulidos amantes de la conciencia. Mientras la gente se sigue matando a balazos, o lo ques es peor, con esquirlas de metralla, a unos quilómetros de casa; la gente sosegada de letras quedamos para tomar cervezas e inventar una historia entre todos con la mixtura de palabras de azar. La tragedia humana es la de los otros y los aristócratas contra el aburrimiento nos felicitamos los unos a los otros con el acto escénico como si fuera el peaje indiscutible al cielo de los beatos. Puesto que hay gente para todo, la hay para quien se cree partícipe aportando una palabra para que el poeta estrellado (que no estelar) del momento construya con ella un texto improvisado. Los hay genios medulares que ni siquiera necesitan una calculadora de bolsillo para acertar con la raíz cúbica. Luego, con el ambiente apropiado y el refrito de todas las intenciones concurrentes en una sala, el producto final abrirá las carnes de los adictos y hará orgasmar a los que descubran la poesía por primera vez. Para otros, hartos de tanta performance, y tanto último grito, escribir un texto con palabras de todos para destruirlo en rito final parece una chorrada más en un mundo de déficits de estimulos en los que todo consumidor busca algo original. A fuerza de originalidad como demanda, la gente de la profesión escénica cambia la forma sin alterar el contenido. Para quien necesite palabras oriéntesele al diccionario enciclopédico más cercano o si las quiere espontáneas que aguce el oído en los bares tras jornadas de trabajo o en los locutorios de visitas en las prisiones. Allí encontrará realidad, las palabras pedidas como regalo no pasarán de ser simulacros de texto sin contenido, como el de aquellos poemas por encargo que algunos hacen por radio pedidos por radiooyentes o aquellos destinos radiofónicos transcritos de lectoras de cartas del tarot que se burlan en público de la ihgenuidad de radiooyentes atontadas. En fin,  que cada uno haga lo que quiera y mientras haya un salón de gentes que ponen el oído puede haber un hablante sin decires que ponga el habla para seducción perceptiva de la gente pasmada.

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