FLUENCIA TRANSCULTURAL

Boadella y la Excelencia

De cómo hacer teatro excelente.

En algun lugar de Manhattan, made in Boadella.

Un texto rápido con un doble registro evidente al menos. El de una compañía bajo el mando neurótico de una directora teatral  supuestamente argentina que pierde los papeles a cada rato tratando de ensayar El Quijote al estilo heterodoxo de ésta y el de un par de fontaneros que vienen a reparar una gotera en el escenario de ensayo, residentes de una comunidad psiquiátrica. Mientras aquella va repartiéndo los papeles; éstos, que llegan con curiosos atuendos a bordo  el uno de una moto guzzi, creyéndose el caballero andante de Cervantes con el seso comido a fuerza de haberlo leído, van a su bola ajenos a la tentativa escénica de los otros. El de la guzzi con hablares del siglo cervantino y con una memoria estupenda de las páginas de El Quijote demuestra, sin quererlo demostrar, ser el mejor actor para el asunto, así mismo su operario como pareja de reparaciones lo demuestra ser para la de Sancho, con toda la ideología contenida que le caracteriza y el realismo propio de la figura conservadora. Hay un tercer registro un tanto oculto el de la autocrítica teatral en el modo de hacer puestas en escena, un tanto vaporosas a fuerza de irrealistas, repasando la relación neurótica o ninguneante entre una dirección y sus actores.

Albert Boadella en el artículo de presentación de la obra  destila un toque de humildad y revela una verdad a gritos: la de continuar tratando las cuestiones fundamentales de la cultura después de pasarse cuatro décadas llenando salas de teatro. La cultura es esto: una vuelta de distintas maneras a los mismos conceptos centrales de la vida.

El rito escénico es rápido. Es una obra de texto para no perderse ninguna palabra. Los actores van cumpliendo una a una las indicaciones de la directora cuando es capaz de precisarlas sin evadirse del trabajo y los que van de fontaneros,  ajenos absolutamente a todo, son los que imponen el auténtico discurso quijotesco en un espacio escénico en el que no termina de arreglarse nada salvo el control de la gotera que hasta allí los ha traído.

El guión es el relato de una tentativa escénica de la obra cervantina sin llegar a concretarse y que sin embargo queda expuesta en sus trazos fundamentales.

Quijote y sancho son la metáfora de una dualidad: dos maneras combinadas y seguramente complementarias de enfrentar el mundo social. La aventura del uno y la contención del otro siguen estando presentes en los debates, en los encuentros, en las tentativas y en la lucha por la supervivencia. Cada cual elige su papel. La locura no es privativa de uno sino de cualquier elección. Lo unico que es dado es pre-optar por la dosis de ella.

Se trata de una obra viva y ágil, audaz e inteligente que representa en la práctica una manera de hacer teatro excelente.

 

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