FLUENCIA TRANSCULTURAL

Seguir Aprendiendo

 

Para escribir hay que leer y escuchar. La escritura es un producto resultante tras la combinación de informaciones obtenidas más el criterio formado previo para gestionarlas. Queda mucho por escribir pero mucho más por leer. La ecuación que incluye esas dos actividades se remite al esquema fundamental de la obtención de energía por un lado y el trabajo- producto por otro. A los autores se les supone muchas lecturas hechas. No siempre es así. Uno de los indicadores de tal suposición es la continua citación que hacen/mos de otros autores  tesis o textos. Escribir es un oficio con determinadas técnicas que incluyen la correcta citación sin que esta sea una garantía total de una lectura del libro del cual es extraída la cita tampoco de su total comprensión.

Hay autores que son mas conocidas por sus citaciones de frases celebres que no por su literatura completa. Mas vale aquello que nada. Una frase clave no deja de ser una manera de quintaesenciar todo un pensamiento. La elaboración de textos sin obtenciones informativas previas lleva a los peligros de un ensimismamiento que no avanza pero la continua cita de referencias, por su parte, puede llevar a un abuso de los textos ajenos, aunque sea fragmentariamente, que vaya en contra de la propia dinámica reflexiva.

Seguir aprendiendo pasa por leer a los demás y estar abierto a las novedades. Todo lo que uno puede decir de su vida es lo que ha aprendido no en el sentido aular o académico sino en el sentido experiencia. Las enseñanzas se destilan tras los golpes y los reveses, también tras las sintonías posibles. Lo peor que le puede pasar a alguien es sufrir la caída en picado de sus intereses por la vida y por los entresijos de las cosas. ¿Se puede decir pues que la vida es una forma de abocarse  a estar aprendiendo siempre? No creo que sea eso exactamente. Vivir pasa por aprender lo que no se sabe y una vez incorporado readecuar  la forma de estar en los sitios en función de lo aprendido. La curiosidad del saber es que no empuja a la enseñanza automática ni tampoco al proselitismo. Saber algo permite tomar distancia del no saber. Los más dotados de los pueblos han utilizado el suyo para hacerse con alguna cuota de poder. Por un tipo de relaciones económicas, en las que no vamos a entrar, ha terminado siendo la ignorancia la que ha detentado el poder mientras que el saber ha sido excluido de él. La pamplina más estandarizada es del mandamás rodeándose de consejeros que saben más que él pero que mandan mucho menos.

Suceden los dos fenómenos: el del que sabe que por su saber se anticipa a los demás y de alguna manera puede dirigirlos y el de quien sabe menos pero tiene la suficiente astucia y malicia para aprovechar su conocimiento por colocarse pro encima de los demás para su manipulación a favor de sus intereses individuales.

Seguir aprendiendo pasa por seguir estando despiertos a todas las situaciones. Las distintas acciones que suministran datos e informaciones: lectura de periódicos y libros, escucha atenta a quienes tengan cosas importantes que decir, indagaciones documentales, lecturas sobradas y, últimamente, navegaciones internáuticas  hacen de cada persona atenta o aprendiente una terminal de saberes a partir de lo que se irá convirtiendo en una fuente emisora de ellos.

Aprender es la corrección continua: deshacerse de ideas inútiles o de acciones estériles para  emplear la energia y la atención en adquisiciones mejor adaptadas al conocimiento de las cosas. El conocimiento no es algo que exista en si mismo, existe en tanto es poseído por un sujeto que lo hace suyo.

 No hay un móvil único para seguir aprendiendo aunque todas las personas motivadas por hacerlo comparten un panorama común contributivo de la adquisición y divulgación del saber. Todavía me sigue fascinando la imagen de alguien que sumerge su mirada en libracos y enciclopedias buscando el dato que le proporcione una explicación. La diferencia entre el estudiante de la vida y el ocioso que no se pregunta los por que de las cosas con las que se encuentra es que uno quiere ser dueño de su destino y el otro acepta ser su fiel aceptador. El preciosismo de Flaubert le llevaba a emplear varios días en escribir unas pocas páginas. Admiro a la gente que no se da por rendida hasta que no consigue dominar un tema, sea en su comprensión o en su expresión. Contradictoriamente no hago esta pauta mía sacrificando parte de la calidad a la cuota productiva. Hay algo del escritor que traiciona al lector, cuando cree que tiene más que decir que lo que le queda por aprender. Por mucho que sepas siempre lo que sabes va a ser una infinita parte de todo el saber objetivamente reunido. Esa proporción todavía se miniaturiza más frente a todo el saber potencial.

Es imposible una existencia colmada  sin un continuo aprendizaje. Aprender es hacerse más grande. Aprender es formar parte de una manera más segura del mundo en el que se está. La vida del sabio se diferencia de la del ignorante en tener mas recursos comprensivos e interpretativos y, por tanto, en gozar de mas dominio y poder sobre las condiciones materiales. Finalmente, el sabio puede prescindir alcanzar los objetivos del ignorante.

En la movilización de la energia y la atención para seguir aprendiendo además de razones objetivas que lo justifiquen concurre un placer personal que no se puede negar. Saber más significa gozar más. La comprensión sintoniza las células nerviosas con las leyes de las cosas. Cualquier circunstancia no explicada es mucho más dura de sufrir que una vez interpretada y conocida en sus mecanismos.  Poseer conocimiento es tanto como poseer un mayor número de verdades, es como ser el creador de las cosas que las contienen al entenderlas en su existencialidad. El Cándido de Leonardo Sciascia pregunta: “¿y si el conjunto de tantas verdades no fuera una gran mentira?”[1]Las dudas existenciales son continuas y el saber nunca supera del todo la duda ontológica de lo que es. Al fin y al cabo, con o sin saber, el reto vivencial pasa por las pautas biológicas predeterminadas.

No se puede ocultar que una parte del conocimiento sirve para crear estatus y la ficción de un modelo de dominio. Los escritores, abogados y estadistas conceden entrevistas con cámaras teniendo detrás de ellos paredes forradas de libros. A alguien que tiene libros se le supone que tiene más lecturas que quien no los tiene. A más lecturas se supone más saber. Pero los silogismos pueden fallar cuando  la ausencia de un método crítico convierte a una persona que posee  el conocimiento bancario no precisamente en un pensante si no en un recitante.

Seguir aprendiendo es seguir viviendo con calidad, es lo que asegura que la vida inteligente  no se de por vencida ante los misterios contra los que no se atreve a enfrentarse y descifrar.



[1] Cándido o un sueño siciliano. Leonardo Sciascia eds . Bruguera  Barcelona 1983 p.201

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