FLUENCIA TRANSCULTURAL

Ordenador e Intenet

Entre el ordenador e internet

Vaya donde vaya, esté con quien esté, sea cual sea el motivo de mis traslados o viajes, mi vida está ligada a un ordenador. En principio forma parte de mi equipaje siendo el objeto cotidiano con el que paso más tiempo si exceptúo la cama, (aunque ha habido ocasiones en que he batido records de permanencia continuada con el ordenador superiores al tiempo de permanencia en la cama.). Llevar yo al ordenador puede ser ya un eufemismo. En el ordenador deposito tanto de mi mismo que bien podria decirlo al revés: el ordenador me lleva a mí.  Lo cierto es que viene siendo mi instrumento de trabajo fundamental y eso no es reversible: no puedo volver a las mecanográficas o al manuscrito, aunque éste lo siga manteniendo en una pequeña porción cuando viajo y escribo ideas, notas o poemas; pero no aquellas que han quedado definitivamente obsoletas aunque las conservo por razones nostálgicas y museísticas. La última vez que me llevé una máquina de escribir  portátil no eléctrica conmigo la metí en un barco de vela donde hicimos una travesía corta cuyo patrón quiso ridiculizarme por ello. La verdad es que creo que la usé una sola vez en esa ocasión y fue la última. Era mediados de los 90 y tuve que esperar todavía otra media docena de años para tener mi primer ordenador portátil.

El uso del ordenador y la actividad en internet son cosas completamente distintas aunque ambas pasan por la misma máquina. Todavía hay gente que se confunde al respecto creyendo que todo ordenador está conectado a internet. Sería el mismo tamaño de confusión creer que todo aparato telefónico por el hecho detenerlo significa tenerlo contactado a la línea o que ésta haya sido contratada. Son actividades diferenciadas aunque modernamente se pueden hacer desde la misma ubicación, butaca y ordenador personal con la ayuda de wifi o de cable Ethernet.

He sistematizado uso cotidiano del ordenador. Eso forma parte de mi esquema personal. Me acuesto por las noches pensando en el trabajo que tengo que hacer al dia siguiente en él y me levanto por las mañanas para dedicarme unas cuantas horas  generalmente tras un rito muy predecible: un orgasmo antes de levantarme si quien me acompaña está dispuesta a participar y mi libido me lo permite, mi paso por el cuarto de higiene y ducha, mi preparación de té que voy consumiendo muy lentamente mientras estoy ya tecleando a no ser de que haya un motivo para desayunar y tertuliar en grupo.

Puesto en solfa, trato de escribir un texto nuevo cada día con su propio título y objetivo, ensayístico o literario, completo otro iniciado en fechas anteriores y que se mantiene demorado en alguna de mis canteras. Si no consigo terminar el texto nuevo que pienso para ese dia completo un segundo de los anteriores. He llegado a esa conclusión despues de advertir los cientos de miles de palabras en espera que tengo reunidas pero en un estado caótico esperando su elaboración. De no seguir este criterio nunca terminaré de agilizar y reducir el volumen de estas. Esas dos redacciones son las que me llevan más tiempo y representan un mínimo de 2000 palabras, en la práctica son más. Luego, su reubicación, como textos terminados o bastante terminados, tras su corrección tecno y ortográfica pero faltos de una última lectura total, en dos documentos distintos: uno un número de mis revistas digitales y otro en el dossier-libro del que formen parte; significa hacer organización de archivo. Esta no se limita a agregarlos sin más sino a hipervincularlos internamente dentro del documento y actualizar los datos de su cv. Cada documento de los que tengo tiene sus propios datos curriculares: cantidad de palabras y páginas, peso en kbs, itinerario de revisiones/actualizaciones, fecha de concepción y fecha de inicio. No cuento las cartas personales como nuevo texto elaborativo, tampoco los textos digitalizados procedentes de los mecano y manuscritos, algo que tengo que tomarme muy en serio sino quiero que las miles de paginas que tengo de la etapa predigital se queden en el estado caligráfico de ilegibilidad en el que están. También dedico una parte menor a escribir notas de prensa que llamo Notas y Observaciones breves que no deberían sobrepasar las 200palabras cada una.

Desprendido directamente de la organización trato de montar un número completo de la batería de revistas dado el lamentable caos en el que se encuentran. En un principio las imprimía sobre papel y las distribuía sin conseguir nunca ninguna resonancia con eso. Por respeto a las materias primas y a mi propio tiempo dejé de hacerlo. En una fase siguiente las enviaba a listas colectivas de direcciones electrónicos, ahora, simplemente las voy acumulando. Es un seguro por si pierdo un fragmento dentro de un dosier para irlo a localizar en una de las revistas y reponerlo. También las conservo porque proporcionan la oportunidad puntual de  enviárselo a alguien en concreto. Ese conjunto de revistas inicialmente formaban un proyecto complejo de unidades de difusión cultura (UDC), actualmente no hago apenas nada por la difusión salvo la de colgar cosas en internet a un promedio de un texto diario como mínimo, cifra a la que trato de ajustarme aunque pasen semanas sin poderme conectar por estar ausente de mi espacio doméstico o de despacho.

En el trabajo elaborativo hay una serie de sub-actividades colaterales: coleccionismo de nuevas palabras y Banco de referencias en dos documentos específicos para ellos. Esos dos bancos son dos documentos que deben estar abiertos mientras trabajo con los textos originales. Amplio además texto en otros empezados de tipo literario o ensayístico o epistolario. Otra constante es la actualización del DT, el diario telegráfico, algo que debería haber empezado al menos 10 años antes de cuando hice el primero y ojalá que hubiera podido disponer de uno hecho durante toda la vida.

Es un instrumento fantástico muy recomendable para todas las edades como memoria auxiliar.

Otra constante es la de actualizar las entradas de datos autorreferenciales. Registros conductuales y económicos.

En todo ese proceso hay apuntes de planning en distintos soportes para ello.

Todo eso suma 14 elementos de trabajo aunque la mayor parte del tiempo se lo lleva la elaborativa. No tengo tan en cuenta un horario del dia como la función hecha. El mejor momento del dia como ya ha quedado dicho es por las mañanas. Mi mente está más fresca y todo fluye con mayor rapidez.

Si mi ordenador esta conectado a internet mientras trabajo en el puedo también hacer las funciones especificas de internet: la consulta y respuestas de emails, el envío de algún original mío a algún medio, la inserción de un texto original nuevo en alguno de mis blogs,  incorporaciones fotográficas, perfeccionamiento de la edición, infonavegación y chat. Eso son otras 7 acciones.

El total de ambos grupos puede suponer más o menos horas según la fluidez del dia, el enlentecimiento de la conexión internáutica, interrupciones externas y la propia claridad mental.

Evidentemente todo eso forma parte de un esquema diario ideal y no siempre termina el dia habiendo hecho lo deseable. Por lo que hace a internet durante los periodos de viaje deja de ser una actividad diaria para ser una  pendiente que se acumula para las oportunidades de cybers funcionales.

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