FLUENCIA TRANSCULTURAL

Epistolaria

Es un género o una forma expresiva en la que me he sentido muy cómodo. Es el traslado en la latitud gráfica de lo que es la polémica oral. Si ésta es, comparativamente a la función de la ponencia y del/de la ponente, mucho más fácil  porque permite la espontaneidad y la improvisación; la carta personalizada también resulta mucho más fresca que el articulo pensado para conservar como un producto terminado. La carta se escribe como una carta entre varias o una carta que puede dar a un proceso de ellas. La verdad es que la mayoría de las veces no es así. La mayoría de cartas se quedan en una sola o en un par de ellas cuando de la otra parte no se encuentra recibo o creatividad suficiente para crear una relación larga y sostenida. He llegado a la conclusión de que una de las razones por las cuales no hay continuidad en el correo es por falta de imaginación y por escaso dominio expresivo en la escritura. Eso deja la posibilidad de la relación humana a distancia un tanto hibernada con aquellas personas que carecen de dotes comunicativo-escritas. Ubicadas en tales términos se trata de buscar interlocutores postales más adelantados si un epistolario quiere ejercer su deseo de comunicante a distancia, el género como tal o, lo que es más importante, seguir con la amistad o la pasión de contacto con alguien.

En distintas etapas biográficas y con distintos tipos de personas y niveles culturales he tratado de tener relaciones postales de larga duración. Aunque lo he conseguido con algunas confieso que nunca me he sentido totalmente expansivo con ninguna de ellas. Por distintas razones, el dialogo se ha mantenido en derrotas ya obsoletas o en discursividades entrampadas. Tengo la enorme suerte de haberme escrito con distintas tipos de personas y capacidades mentales, admitiendo como pruebas de ejercicio estilístico interlocutores, incluso,  totalmente majaras o instalados en la majadería paranoidea como la persona destinataria de las recogidas en Discurso Surrealista donde me escribí con una paranoica[1] o en Cartas a una Esquizofrénica[2], con una persona de estructura personal esquiza psiquiatrizada.

Una apuesta Comunicativa[3] fue el resultado de haber encontrado por chat  una corresponsal formal en las pronto-respuestas que puso el pretexto suficiente para discutir formas prejuiciosas y hostiles de concebir las relaciones humanas. Un correo que quedó decidido por esa formalidad y no porque pudiera  contar con su condición de  interlocutora cómplice para los paseos intelectuales que nunca tuvo ni trató de tener. La apuesta, claro está, quedó en eso, una apuesta que no gané. La comunicación resultante no fue gran cosa y no dejó ningún tipo de relación de continuidad.

En Teoría de D[4], traté de trasladar al campo de la palabra  escrita la rivalidad esencial entre dos pretendientes de la misma mujer. El tipo al que destiné los textos jamás los contestó aunque me consta que sí los leyó resolviendo odiarme para siempre, no por haberme quedado con la chica de la película, la cual no pasó de utilizarlo sin hacerle puñetero caso en sus sentimientos de amante de migajas, sino por haberle descubierto en su nulidad humana de la que no mostró mucho interés por salir. Este libro demuestra, como ningún otro,  que para escribirle a alguien no es necesario tenerlo a la altura del diálogo, basta tenerlo ubicado como pretexto para hacerlo.

Entre el amor y la amistad[5] recogí el correo antes, durante y despues de una relación personal muy querida que empezó como amiga y amante platónica para serlo en el real y regresar al campo de la amistad.

En Correo desde la Ausencia[6] reúno las cartas que fui enviando o escribiendo para mi hijo desde que era niño.

En Correo de Amor y Convivencia[7] reúno las cartas en los cortos periodos de separación durante mi historia sentimental y convivencial más larga hasta el presente.

En Cartas p ara una Musa[8] recojo las cartas más apasionadas y amorosas y filoliterarias que haya enviado nunca a alguien. Cartas intelectuales pero sobre todo pasionales.

Una relación pausada[9] es un correo que trata de la espiritualidad y de los fantasmas personales sin ninguna pretensión seductiva.

Debate sobre la forma Debat sobre la forma[10] es un dossier de cartas dirigidas a distintas personas con las que he compartido reuniones y conversaciones, no diré que proyectos y anhelos.  Inicialmente titulado como Debat filosòfic fui advirtiendo que una parte importante de la discusión se queda en la prediscusión, el tema apenas es anunciado y abortado en sus inicios para dejar que la palabrería se vaya por las cuestiones formales.

Estafeta Confidencial recoge distintas cartas puntuales a distintas personas a las que ocasionalmente pude depositar información y valoraciones en un trato de amistad o suficiente confiabilidad.

Sobrevivir al Desencanto[11] es un correo de mutua retroalimentación con mi interlocutor sobre la alternativa desesperada y la existencialidad circunstancial.

Correo de la Seducción recoge cartas de aproximación sensual con pretensiones inequívocas e interlocutoras puntuales. Es un correo para aula.

A parte de estos hay otros muchos títulos, cuyo peso en cifras concretas de número de cartas y número de personas relacionadas realmente es abrumador. Muchas de las cartas hablan de proyectos parcialmente hechos y otros que están por hacerse, algunos no se harán nunca porque mi vida ya no va a dar para tantos deseos ni cuento con socios o cómplices para ello ni me pongo a buscar nuevas posibles tandas de estos. El conjunto total de dosieres, algún dia libros, que me atreveré incluso a poner en la red o catapultarlos de alguna manera, es un indicador por si mismo del valor que le he dado a la confidencialidad escrita aunque nunca me haya sido del todo correspondido por ella, incluso con el recibo de cartas extensas y sostenidas.

 

El correo personal tiene algo de diario de intimidades, aunque no es tan rotundo como el que este pueda registrar. Siempre que hay un otro externo al que va dirigida hay algún tipo de autocensura o de construcción textual sutil de tal manera que le de alas al campo de la interpretación. Para que no la haya en absoluto quien escribe solo debe hacerlo para si mismo en forma de diario de referencias o detallismo intimista para su propio consumo elaborativo o apoyo memorístico. Comparadas las cartas a los correos, éstos, en principio, son o serían más publicables. He sido aficionado desde siempre a leer dosieres de cartas publicadas de autores que he leído o por lso que he tenido interés debido. En algunas ocasiones me ha sorprendido que la presentación de algunas como las de Lawrence hayan sido presentadas como de muy atrevidas o intimistas. El mismo prologuista ante algunas de  las mías se  hubiera quedado al borde del síncope.

Las cartas se escriben en un doble sentido para quien van destinadas en estado presente y para quien las leerá, tal vez, algún día en el futuro. Lo que es seguro es que la supervivencia de una suficiente cantidad de ellas dicen mucho de la vida de quien las escribiera y de sus vicisitudes. Si además están apoyadas con diarios o crónicas personales  el cruce de datos y referencias de ambas fuentes ponen al descubierto las verdades biográficas por mucho que se quisieran disimular.

 Al dejar muchas cartas duplicadas o en su memoria digitalizada diríase que el autor –yo- quiere dejar suficientes pistas de sí mismo para que no haya ninguna duda de sus conductas y declaraciones. No negaré que inconscientemente uno de los factores que me empuja es una cierta prevención a las injurias y tergiversaciones que se puedan decir de mí. Según recuerdo el punto de inflexión que tuve en mis relaciones con la gente fue a partir de pasar por varias desagradables experiencias de sufrir mentiras agresivas y ataques injuriosos infundados. Colocados no pocos individuos en ese dudoso lugar de credibilidad me he venido afanando más en el texto escrito que en el oral.

Desde hace años sigo manteniendo el criterio de escribirme con alguien nuevo cada mes. Sigo fracasando. Si bien es cierto que siempre tengo con quien hacerlo no lo es menos que mi deseo por la comunicación escrita no es seguido la mayoría de las veces.  He observado que aunque no he encontrado a nadie en el planeta que no se constituya en personaje que literaturizar sí he encontrado mucha gente incapaz de literaturizar sus emociones y circunstancias.

La mayoría de esos nuevos contactos postales no llevan a ningún objetivo salvo a la inmediatez de una respuesta informativa aunque por mi parte me siguen llevando lejos si lo he de juzgar por la magnitud del correo que he producido.

Es un criterio de crucero existencial o de ruta de vida. No veo porque no he de seguirlo practicando aunque sepa a priori que mi conversación no tiene porque gustar, mi nivel expresivo pueda asustar y mi cuota sea considerada incluso como una intrusión si es leída en todas sus palabras con todo el tiempo de dedicación que eso implique.

En alguna época había escrito cartas personales a diario durante días seguidos. Siempre he experimentado algo extraordinario: el de sentirme al lado de la persona a la que escribo en el rato en el que estoy haciéndolo por distante físicamente que pueda estar. No me avergüenza de recomendar a la gente que escriba cartas al mismo tiempo que aseguro que el contacto telefónico o las notas breves de email no son sus sustitutorias.

Pienso que mientras haya cosas que decir seguirá siendo importante el texto escrito para decirlas y la carta personalizada para hacérselas llegar con quien mas interesado estés para que las sepa.



[1] Carmen Valencia, una francófona en Barcelona.

[2] Cartas a Esperanza Manzano de Reus.

[3] Unas 60mil palabras. Enero-junio 2007.Correo dirigido a Pamen Bringas, cuyo nombre real  era Carmen Rodriguez , profesora de música en Andorra.

[4] Titulado Juego de Rivalidades.Un ensayo sobre el cuarto(D) en un constelograma amoroso y 4 cartas destinadas a un transeúnte en nuestra relacion particular llamado Antonio Caralps.

[5] A Josefina Oller Anthony, mi amiga desde 1968.

[6] Cartas a Isaac Ricart Campos, mi hijo nacido en 1974

[7] Cartas a Victoria Martinez Alés.

[8] Esditas en catalán Lletres a una Musa  dirigidas a Misse Hinojosa Medina.

[9] Cartas dirigidas a Maribel González Valderas, de Cáceres, residente en Tarragona.

[10] Una buena parte de su correo está dirigido a Lluis Alegret Bioscas de Barcelona ya fallecido.

[11] Correo a Carlos Schiaffino de Montevideo y residente en la Toscana.

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