FLUENCIA TRANSCULTURAL

El texto diario.

La cita con el texto diario.

Cuanto más me dedico a la elaboración de texto diario más evidente me resulta la propulsión de fondo para cuantificarme como individuo. Cuanto menos tiempo biográfico me queda –por una razón evidente: porque van pasando los años- mas sistematizo esta dedicación diaria. El poema manuscrito o la idea breve manuscrita no son suficientes para colmar esta necesidad. Hace falta una porción suficientemente notoria de argumentación, unos miles de palabras digo para desarrollar las ideas que me preocupan en ese momento.

Al principio de decidir este criterio de escribir cada día un artículo (posteriormente decidí  extender la cuota también a  otro más) creí que sería difícil tener una cantera permanentemente abierta de ideas para escribir. No es así. De la misma manera que cada día hay cosas de las que hablar y maneras distintas de formular los temas de acuerdo con los interlocutores con los que te vas relacionando también cada dia se pueden trasladar estas u otras posiciones disertativas al soporte escrito. Claro que la diferencia cualitativa de técnica principal entre lo uno y lo otro es que la conversación se retroalimenta a sí misma a partir de los puntos de vista de la otra parte mientras que el artículo vive o se nutre del recuerdo de otras posiciones haciendo una disertación argumentística recogiendo otras ideas para examinarlas, adoptarlas o rechazarlas.

La cita con el texto diario tiene algo de ritual y no es más duro o menos que cualquier otra cita programada de una manera sistemática. El texto es un pretexto para pensar dejando manifestado lo pensado. Es algo a lo que atenerse que queda externalizado. No es el único instrumento con el que pensar. Desde antes del lenguaje escrito el lenguaje oral ya permitía desarrollos reflexivos que se fueron especializando. Sin embargo, el texto escrito permite la objetivación de los procesos pensados y la seguridad de lo hablado no dejándolo a sus equívocos y dudas.

El texto diario se ha convertido para mí en el trabajo más regular de mi vida. Supera sobradamente en cuanto espacio de tiempo y de importancia asignado a cualquier otro que haga en mi vida de orden material, físico, doméstico o relacional. Las entrevistas de despacho, las sesiones de psicoterapia o los espacios lúdicos tienen un valor comparativo menor en cuanto al interés que ocupan en mi biografía. Dicho así parece un síntoma grave: frente a todo lo demás escribir es lo primero. La verdad es que dedico a veces más energia a otras cosas: puedo pasarme horas viajando o hablando pero un día para mi es incompleto sin escribir aunque puedo pasar muchos días sin moverme o incluso sin hablar. El mayor goce era para Kant el descanso después del trabajo. No creo que pensara tanto- por su experiencia personal- en el trabajo en general de cualquier tipo como en el trabajo intelectual pero en el supuesto de que fuera así es cierto que una buena parte de los días se dedican a una ocupación u otra. La vida diaria sin trabajar es un tanto impensable, aunque hay vagos vocacionales que se entretienen o no y consigue vivir sin ninguna clase de dedicación laboral o creativa. En principio,  la actividad,  que casi siempre puede ser recalificada como trabajo, procura una satisfacción tanto mayor cuanto más ha conseguido hacer lo que se  planteaba. Personalmente me dedico más tiempo a la elaboración desde que lo dedico menos a la vida lúdica y en particular a la erótica. No deja de tener su aspecto curioso ver que el trabajo guarda una conexión directa con la reducción de contacto con los demás. Es tanto como decir que lo esencial del trabajo es la cuota individual que hace cada cual y no todos los ratos de planning, de saludos, de protocolos o de estímulos que comparte con los demás, sea en el mismo despacho o a través del teléfono o de la caja electrónica de los mensajes.

Para mí el texto diario en el sentido del nuevo texto a crear y a conectar con el resto de elaboración organizada es mi vínculo más evidente con lo que entiendo que son mis posibilidades creativas. Substituye y supera cualquier otro trabajo reglado. Es posible que mis largas ausencias del mundo asalariado y mi no rol de pertenencia a la población flotante de la clase trabajadora me hayan propulsado para crear mi propio puesto de trabajo en algo que, en principio, solo me interesa a mí, independientemente de contratos suculentos o elogios dadivosos.

La condición de escritor no la da nadie, ninguna academia, ninguna sociedad de autores, ninguna oficina de las que conceden premios, la condición se la da uno a si mismo cuando advierte que esto es lo que viene haciendo toda la vida  o en unos temas vertebrantes de ella. Hoy día en que la prolijidad multiactiva del ciudadano moderno le lleva a experimentarlo todo la de escritor es una profesión que se ha devaluado en tanto todo el mundo puede editar o autoeditar al menos un libro. Creo que hay algo más místico en su denominación. Escribir es trocar la inspiración reunida en propuestas y desarrollos argumentativos innovadores y accesibles.

El texto como experiencia diaria es una de las actividades de lujo más considerables. Quien lo practica sabe que además de ser alguien que actúa, procesa, pasa, se mueve deja de sí la organización de un discurso. Puede ser mejor o peor pero deja una constatación de sí, una consolidación de su pensamiento.  No hace tanto nadie se planteaba esto. Hoy dia todo el mundo puede tomarse lo escrito como  uno de sus instrumentos, sino el principal, de autoconcienciación y de análisis y comprensión del mundo en el que vive. Escribir y la parafernalia que lo acompaña (una ubicación, un ordenador o un bloc, una posea, una gestualística, el silencio que acompaña al acto durante toda la dedicación) tiene bastante de metódico y no poco de ritualístico. Es también una forma ejemplar de estar en un lugar. Una forma concreta de trabajar y de manifestarlo aunque  los resultados de ese trabajo no sean evidentes o no se sepa muy bien para que sirvan para miradas externas que no lo hacen, no necesitan hacerlo o no tienen demasiado interés en la función de los libros. Turgot dijo, entre otros muchos, que el principio de educación es predicar con el propio ejemplo. Me he pasado la vida con los libros, con lso que he leído de otros y con los que he hecho y hago. Durante años cuando iba a una cafetería y me ponía a leer uno o tomaba el metro y el tren y hacia otro tanto, en contextos siempre que la mayoría de gente no lo hacían, pensaba que esa imagen un dia u otro se multiplicaría. Para mi pronóstico cuando ocasionalmente subo a un metro en Europa o un tren me parece que siempre hay alguien mas que está leyendo, desde luego no porque esa persona me viera a mi 30 años atrás haciendo otro tanto sino porque la gente acaba entendiendo que aprovechar tiempos obligados de desplazamiento a una actividad como la lectura les permite amortizar el gasto de horas y además pasar el rato de una forma mas entretenida.

Escribir tanto en el campo de la abstracción conceptual como en el de la crónica anecdótica te permite sacarle más jugo a la vida vivida. Escribir es una forma de no perderte los detalles de tus contextos y los que protagonizas que al repasarlos te proporcionan mas información saber. ¿Puedo atreverme a expresar aún de una forma mas comprometida? Escribir es vivir más al hacer el rito de concienciación de lo que vives.  El mundo está lleno de pequeñas alegrías, el arte consiste en saberlas distinguir dijo LiTai-po. Escribir es un puente el habla y la escucha. En el acto concreto de hacerlo se saca de la cabeza o viene a ella multitud de escenas vividas y compartidos y diálogos sostenidos. Un anónimo dice que el que habla siembra y el que escucha recoge. En el acto de escribir se esta sintetizando mucho y por tanto recogiendo a partir de las informaciones e influencias recibidas. En realidad los mansos de un autor no son más que el último peldaño de una proyección que ha empezado en las bocas, decires y manos de otras muchas personas anteriores. Creo que una de las mejores recomendaciones que se puede hacer nunca a nadie por lo que hace a sanar sus emociones y a poner en claro sus déficits intelectuales es pedirle que escriba sobre si mismo, sobre sus limitaciones o sobre los temas objetivos de su interés. Hay quien cree que la gente no puede dar más de sí de lo que manifiesta. Benjamín Johnson lo dijo claro: ser necio de nacimiento es una enfermedad incurable. Todo necio o limitado tiene derecho a imaginar reconvertirse en un sujeto si no esplendoroso al menos proyectivo y más evolucionado. La propuesta de escribir, en la medida y cantidad que cada cual elija, es tan solo incentivar un recurso aun en desuso para una sociedad que no se puede permitir continuar a grado patológico con tanta incomunicación. Desgraciadamente muchas personas acomplejadas no lo hacen por temor a revelar sus insuficiencias expresivas o sintácticas. Hasta hace no tanto los jefes de oficina llamaban a sus taquígrafas para dictarles sus cartas. Esa imagen dio paso a dictáfonos y preparaciones de sermones o discursos con grabadoras. Modernamente los programas de reconocimiento de voz, aun siendo una tecnología punta incipiente, permiten dictar textos al ordenador sin usar lso dedos. Es sabido que la literatura oral es distinta a la escrita. El futuro tecnológico no dejará fuera a nadie para el campo de la escritura. Thomas Jefferson recomendó no emplear a otro en lo que tu mismo puedes hacer. No creo que eso se pueda aplicar para todos los casos, prefiero que me preparen la comida a tenerlo que hacer yo cada día, pero prefiero escribir por mi mismo lo que pienso, obviamente, a encargarle a otro que lo haga por mi. En el primer caso el placer de la degustación no queda eliminado, al contrario puede aumentar si me pongo en manso de una buena cocinera, en el segundo pierdo la oportunidad de mi propio placer creativo.

Resumo: en el texto diario no solo me encuentro con un texto que quiere presentarse como terminado, también me encuentro conmigo mismo en todos mis repliegues y aspectos ocultos.

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