FLUENCIA TRANSCULTURAL

La abuelidad

 

La figura del abuelo/a pareció entrar en crisis a partir de la familia nuclear separada de la compleja familia patriarcal en la que podían coexistir 3 o más generaciones. Biológicamente sigue existiendo de una forma ineludible pero su rol social e intervencionista en el futuro del nieto es completamente distinta a la antigua. Se ha descrito el síndrome de la abuela esclava cuando la figura materna de la persona que ha tenido un hijo pasa a ser rescatada para usarla por razones instrumentales más que sentimentales. También se puede describir todo lo contrario: abuelos/as que tienen muy claro no someterse a esa manipulación ayudando en todo lo que pueden al neonato y a sus padres sin dejar de ser ellos personas o renunciar a sus actividades. Mientras la abuela utilizada (que suele ser la figura predominante) es emplazada a jugar un rol unidireccional para ocuparse de la nueva criatura sin recibir suficientes compensaciones, los abuelos independientes no renuncian a sus vidas personales por la criatura naciente que en su crecimiento va a necesitar mucha dedicación y entrega, cuya mayor parte corre del lado de los padres. Los hay, dentro de estos, que, por vicisitudes y limitaciones severas, han optado por entregar sus criaturas a los abuelos paraqué estos se ocupen totalmente de ellos, en la crianza y educación. Los hijos de padres derivados a los padres de estos son un caso particular que merece otra atención. En principio son la excepción, pero no son pocos los hijos de madres solteras o de madres todavía niñas que pasan, en la práctica, a tener dos madres, la biológica real y la abuela, más adulta y generalmente mas responsable.

Dejando de lado esta región del tema centrémonos en la abuelidad desde la condición recibida de tal. Recuerdo la escena de una película en la que una mujer estrenada como abuela acude a la casa de su hijo (o hija) a saludar a la nueva criatura y por la llamada de  aquel que anda un poco perdido sin saber qué hacer. Tras un rato de visita le da una lección magistral volviendo la abuela a sus quehaceres y dejándolo al mando de la situación quien la ha creado o se la ha buscado. Posiblemente este es el perfil del abuelo/a moderno y no el que, como antes, llenaba de babas y carantoñas al neonato sin dejarle respirar.

 La condición de abuelidad se recibe sin buscarla a diferencia de la de paternidad/maternidad en las que, en principio, hay una implicación más directa y un par de voluntades en juego. El futuro padre suele ser informado cuando menos si no consultado para asumir la procreación como una cosa de pareja. El futuro abuelo o abuela no lo son o sería sospechosa su consulta por parte de los que van a ser padres. Más bien es al revés, la persona que tiene a su hijo/a en condiciones de procreación y se demora en tener hijos le pregunta cuales son sus planes o a qué está esperando.

Cuando la abuelidad es anunciada de forma indirecta con la noticia de un nieto en espera se disparan las hipótesis que hasta este momento estaban guardadas en alguna alacena o congelador. Desde el momento en que una pareja informa sobre el nacimiento que espera se genera un montón de conversaciones al respecto. El neonato antes de nacer ocupa un considerable espacio atencional y reflexivo en los que lo esperan. No solo tiene ya un nombre elegido que le será dado sino todo un programa de previsión. No hace falta caer en los casos extremos, casi patológicos, de antiguas generaciones que buscaban y tenían hijos para asignarles roles a priori dando lugar a sagas familiares en las que todos ejercían el mismo oficio, fuera el de monarcas o el de viñeteros. Aunque no se quiera influir en la libertad del nuevo ser por lo que hace a sus elecciones de futuro cuando sea mas adulto, desde el momento en que se incide en su educación desde el primer dia de nacer, se le  esta condicionando para ese futuro. Es discutible que la influencia empiece a partir del parto. Ya desde antes, en el modo de llevarlo, se le está influyendo por lo que hace a pautas de relajamiento o de inquietud. Recomendaría a las mujeres en estado de gracia, que se llamaba antes, que desde el mismo momento en que tienen la verificación de estar embarazas piensen en términos de ser dos. Su individualidad queda enriquecida por la perspectiva de la nueva vida que están engendrando y cada uno de los días de lso que se componga ese proceso se debe contar con el feto que se está formando de tal modo que las actividades, además de la nutrición adecuado y los auto cuidados, cuenten con eso: un horario reglado y espacios de actividad relajantes que incluyan paseos por el bosque o audiciones musicales son formas de estar ya influyendo en el neonato.

Una vez que nace las distintas figuras relacionadas con el acontecimiento, pero especialmente la parentela consanguínea se reunirá en torno a la nueva figura estelar que agasajará y dirá lo bonita que es. En segundo lugar en la escala de importancia estará la madre que será tratada de heroína por haber sabido parir tan bien y en tercer lugar, casi en las sombras, estará el padre que hizo su contribución. La mayor parte del tiempo la mamá le dará el calor a la criatura y el padre hará un tanto de subalterno. Otras figuras familiares las madres de la pareja (es decir las abuelas) o las hermanas de ella se ocuparán de pañales, ropita, comentarios etc. Los hombres, generalmente, serán lso primeros que salgan al pasillo a platicar o ver el partido de futbol por algún monitor de tv accesible. El despliegue familiar se desarrollará de acuerdo a la perspectiva del guión dominante sobre este tema.

De acuerdo con la línea biológica normal, de abuelos suelen haber cuatro y últimamente hay bisabuelos, desde que la longevidad biográfica tiene al personal haciendo de extra mucho más tiempo que en generaciones anteriores, puede quedar alguno. Los panoramas más recientes dadas las separaciones entre hombres y mujeres puede proporcionar además de los abuelos biológicos los partners de estos. Un neonato puede estar de suerte: si viven todos los padres de sus padres pueden tener además de los 4 tópicos otros cuatro añadidos si todos ellos tienen pareja. El colchón de acogida es o puede ser, comparativamente, más importante.

El cromo se desluce tan pronto cuando la condición de abuelidad en tanto que atributo biológico dado no viene separada de los valores personales, las actitudes y distancias psicológicas que hay, las rencillas o viejas cuentas nunca saldadas del todo y, en definitiva, la convergencia de universos mentales completamente distintos ante el feliz acontecimiento.

Desde el puno de visto del abuelo/a, el nieto/a representa una continuidad de su ADN, de su nombre, de su sangre como suele decirse. Se vuelca, casi por decreto, a su cariño y dedicación. Forma parte del yo extensivo. Se recibe con ilusión al naciente y se actúa de acuerdo a un rol mas o menso esperable. El abuelo no hace de padre y guarda una relajación con la crianza del crio a diferencia de cuando fue padre, más inexperto y con alguna carga de ansiedad desmedida. A parte de su relación funcional como su custodio cuando los padres no pueden ocuparse va a tener o va a poder gozar de una relación distinta, más lúdica, más dedicada a la sabiduría por encima de la instrumentación. Bien es cierto que una criatura antes de pasar a la fase del entendimiento ha de pasar por la de la estimulación y por el aprendizaje de hábitos. De hecho la estimulación es una constante que se alarga en el tiempo. A mas cantidad de ella menor madurez pero sin ella no hay evolución posible, Goethe dijo que la juventud prefiérela estimulación a la instrucción. En todo caso mientras la instrucción es más propio de tutores, padres directos y responsables el abuelo puede entretenerse en contar historias y en co-descubrir cosas juntos. Eso puede llevarle a un papel no siempre aceptable por los padres. En contrapartida cosas que le tocará hacer como dar determinadas comidas a unas horas al nieto puede que no esté de acuerdo con ellas por el tipo de plan nutricional en el que lo meten. Si hay diferencias ideológicas entre los abuelos y su hoja/a o con la pareja de este, no desaparecerán por arte de magia con el nacimiento del nieto/a sino que en el trato con este/a se pondrán en evidencia de otras maneras. Hay un conocido conflicto latente entre abuelos y la parte no consanguínea de la pareja en relación al trato con el nieto. Puede afirmarse esa paradoja que el amor que éste recibe desde distintas fuentes entra en contradicción entre sí.

La figura abuela es importante para el crecimiento, educación y objetividad de una criatura, por el solo hecho de tener unas figuras constantes a su lado con una edad biológica diferente pero también con unas formas de trato muy distintas. Ir a casa del abuelo/a puede ser igual a ir a una fiesta. En todo caso, un paréntesis dentro de la cotidianeidad.  La cadencia de ese contacto puede ser de un tipo u otro según el feeling entre los padres de la criatura  con sus propios padres. También por el lado de los abuelos quienes imponen mas su presencia.

La condición de abuelidad no transforma a la persona que lo es con unos nuevos valores que no tuviera antes. Es quien es porque era ya quien era. Puede cambiar su agenda diaria y buscarle un hueco a la nueva criatura pero todo lo que piensa y sabe de la situación previa de ella no va a variar, lo más que puede hacer es encapsularlo para que no resurja en forma de informaciones tensionales.

La figura abuela puede ser más presencial o menos dependiendo de la permisividad que los padres de la criatura permitan. Los abuelos que se imponen a toda costa tratando de dirigir la cuestión y aumentando la presencia en exceso sea positivo para nadie: no lo es para el crio en primer lugar, tampoco por la relación con la nuera o el yerno. De alguna manera estos deben permitir que el afecto de sus hijos sea incrementado por otras fuentes de afectos que tal vez no le plazcan. También desde el punto de vista del abuelo/a el amor que vuelcan al nieto/a no se detiene en el eslabón del que lo ha hecho nacer yerno/nuera si la relación anterior ya no era afectuosa. El campo contradictorio está servido.

Hay algo más: la condición de abuelidad despierta un potencial de cariño que se mantenía dormido o no reactivo ante otros acontecimientos personales, incluidos otros neonatos que nacen en la vastedad de la estela familiar en otros órdenes de parentela. En resumen, la cantidad de cariño resultante que puede manar de la figura abuela y recibir el neonato depende de la gestión de las relaciones que tienen entre sí los adultos.

Mientras el rol se regula reglamentariamente  el amor depende del código ético de cada cual y de la psicología liberal o no que se tenga.

 

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