FLUENCIA TRANSCULTURAL

Vivir sin dinero

Vivir sin emplear dinero para las  obtenciones de las cosas

 

Vivir sin dinero es una expresion hecha que se presta a equívocos, de aquí la precisión del titulo de encabezamiento. Vivir sin dinero se sobreentiende como vivir con muy poco dinero o por debajo de mínimos; vivir sin nada de dinero, no en escasas  cantidades  sino sin ni siquiera monedas de bolsillo que permita ser utilizado para las transacciones comerciales cotidianas es otro asunto completamente distinto. También es muy distinto vivir en régimen autosuficiente en una zona rural con animales de granja y huerta a vivir en una gran ciudad sumergida en el ajetreo. Examinemos la hipótesis de vivir con dinero 0 en la sociedad capitalista actual frente a la idea generalizada de que esto es totalmente imposible. Tomemos un dia cualquiera en una ciudad cualquiera una persona cualquiera que, harta de estar encadenada al consumismo, llega a la conclusión que tomó Eidemarie Schwermer, psicoterapeuta ex funcionaria alemana de Dortmund, que decidió retirarse de su profesión en 1996 por un año para vivir sin dinero y luego la prolongó por mas años, autora de Mi vida sin dinero. Antes de tomar esa decisión había creado una asociación de intercambio. Muy bien a partir, de hoy empieza, para nuestro personaje imaginario, el momento estelar para vivir sin dinero. Seguiré redactando esta hipótesis poniéndome en su lugar: No tengo cuenta corriente, no tengo tarjeta de crédito, no tengo sueldo ni pensión alguna, no tengo ni quiero monedas, no vivo a expensas de nadie que pague por mí cada cosa y he de enfrentarme a un montón de situaciones que antes las cubría con mi potencial económico. He de subir al autobús, me detengo en un snack a tomar un té, tal vez me apetezca el sábado ir al restaurant, quiero conseguir una revista, he de comer, y asi un largo etcétera de cientos de obtenciones de las cosas. Episódicamente, intercambiar algo por un servicio o por otro objeto es una experiencia puntual que quien más o quien menos puede hablar de ella. Se puede dejar el reloj en una taquilla de la estación de tren como prenda para obtener un billete que se pagará al dia siguiente o un documento de identidad, o donar algún objeto sobrante del bolso por conseguir alguna otra cosa necesaria para continuar. Pero eso es muy diferente a adoptar el criterio por sistema de vivir sin dinero, sin nada de dinero. La vez que lo hice –esto es de verdad- duró entre uno y dos meses, pude hacerla porque tenía mi alacena llena de alimentos. Cuando fui a tomar un café con leche a un bar restaurant cercano de mi casa de campo (por aquel entonces todavía tomaba café) puse fin a aquella experiencia puesto que lo pagué con monedas. Vivir sin dinero desde luego es posible, basta organizar la logística personal de vida con ese criterio. Otro tema es vivir sin dinero en sociedad con las interacciones y transacciones ordinarias d cada día. Dentro de esta elección hay dos  maneras ejecutivas distintas de hacerlo  según el radio de acción. Es distinto elegir vivir sin dinero manteniéndose dentro de una zona vecinal en la que todo el mundo conoce a ese héroe o heroína y le da respaldo, a hacerlo extralimitándose a ella y moviéndose por otras zonas que no tienen la menor referencia de su elección.  Me centraré en la versión del que adopta el criterio, por ideología, convicción e iniciativa alternativa de vivir sin dinero pero sin renunciar a sus placeres ni a sus dinámicas fundamentales como la comodidad, viajar, la comunicación y un nivel tirando a alto de actividades.

La sociedad infraestructural actual de los países, en particular los más ricos, proporciona una vastedad de recursos por los cuales no hay que pagar nada o muy poco: las duchas y saunas de los centros deportivos, las bicis urbanas sin coste para desplazamientos dentro de perímetros municipales y los reciclajes directamente de las cosas tiradas en las basuras. Lo que sujeta a un ciudadano a la cadena de consumos y de pagos altos que le sujeta a la vez a su condición laboral a perpetuidad por conseguir el dinero que pague todo lo demás es, básicamente, su condición de propietario. Ser propietario, sea de una finca o un inmueble o de un pequeño apartamento, significa estar pagando siempre los gastos que genere aunque no se use para nada: mínimos por el equipo de la toma eléctrica o teléfono, gastos de comunidad vecinal, contribución al ayuntamiento. El ciudadano ha sido reconvertido en la sociedad contemporánea en una fuente a la que recargas de impuestos. Basta tener una nómina para tenerlos que pagar.  Escapar de todo este proceso pide además de abnegación  una inteligencia fuera de lo común y una virtud personal que raramente alcanza alguien. Para cuando una persona opta por esta radicalidad las otras que simpaticen con su causa y que acepten entrar en una dinámica de trueques con ella, sin pasar por la relación monética, no dejaran de ser los otros que no han sido capaces o no han querido serlo para dar este paso hacia la excelencia personal, en el supuesto de que vivir sin dinero sea eso, hacer una vida excelsa. La persona desdinerada a su voluntad puede vivir esta vida en tanto se pone al margen y en contra de los parámetros dominantes del vivir colectivo y en tanto encuentra el respaldo colectivo de personas que simpaticen con su manera de hacer. Es así que puede cambiar su poema por una milanesa en un establecimiento de comidas o conseguir alojamiento por una semana encasa de alguien a cambio de limpiarle el jardín o simplemente recorrer por años casas ajenas que prestan su hospitalidad por razones de amistad, curiosidad o adhesión al héroe. Esa capacidad de acogida del otro permite que el desdinerado no gaste dinero, efectivamente,  sin olvidar que sus anfitriones lo pagaran por esa persona porque sí son propietarios y consumistas y están encadenados al proceso general de gastos.

Es difícil pensar que el comportamiento desdinerado se pueda transpolar a tal escala que un porcentaje cuantioso de una ciudad lo pudiera hacer. El estado ya se ocuparía de decretar no tener dinero como un delito. No es que no sea posible una sociedad hipotética sin su manejo, si no porque este modelo vigente no lo va aceptar. Una sociedad desdinerada implicaría/rá una persona renovada que haya superado su rol de especulador dentro de un sistema que promueve el enriquecimiento  económico por encima de la dignidad personal. A título individual el sujeto desdinerado puede seguir su itinerario que podrá ser perfectamente confundido con el de un indigente o un limosnero a primera vista, aunque la diferencia con estos comportamientos será crucial. El desdinerado no aceptará dinero alguno sino que impondrá el intercambio de energías mientras que aquel se pondrá en la posición de sólo  recibir ayuda. El desdinerado seguirá el eslogan de tomar y dar ya que el mundo y la naturaleza suelen proporcionar mas de lo que se necesita y en realidad el problema económico mundial es más el del superávit que el de la escasez a pesar de que la organización de las distribuciones condena a la miseria a unos y al enriquecimiento desmesurado a otros.

Vivir sin dinero, sin un céntimo literalmente no impide el movimiento ni la comida. Basta hacer autostop o hacer continuas transacciones con los demás, proponiendo cubrir una necesidad propia a cambio de una ajena. Te cambio dos clases de mi idioma por una del tuyo y una comida, te escribo un artículo por el alojamiento para esta noche, trabajo en tu oficina por unos días a cambio de que me pagues el vuelo al siguiente país al que voy. Y así sucesivamente. Está claro que la energia que obliga a desplegar la elección de vivir asi no permite el estancamiento, continuamente hay que idear y diseñar el día inmediato con un sobreesfuerzo extra que no permite tan fácilmente la relajación. Si bien tener dinero con el que pagar el confort y la seguridad mantiene encadenado a la víctima que lo tiene, pasando a ser su juguete (la persona es  la prolongación del dinero y no al revés), no tenerlo no evita la falta de seguridad. No saber donde dormirás mañana o donde comerás no es precisamente lo más segurizante que hay. Pero sin duda elegir prescindiendo de tener un poder adquisitivo implica vivir teniendo la alternativa de tener un poder recursivo. Mucha gente con menos nivel económico en cuanto a ingresos contantes anuales realiza más actividades y demuestra tener más habilidad recursiva para acometerlas. Desde el punto de vista de los ministerios del trabajo lo fundamental es la creación de puestos de trabajo en el marco industrializado o en otros sectores sin advertir que el puesto de trabajo es una idea que remite a una propiedad de unas coordenadas para las que no todas las personas están dispuestas por no sacrificar su libertad y no por eso dejan de trabajar por libre. Para los estados las iniciativas extraoficiales y espontaneas son sospechosas. Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra dijo Antonio Gala descalificando  involuntariamente al nogal.

Proponerse vivir sin dinero y conseguirlo es una forma de poner en ridículo a todo el sistema económico basado en la acumulación de capital, en el ahorro y en el terror permanente a no tener nada. Las que conducen y arrastran  el mundo no son las máquinas sino las ideas dijo Víctor Hugo. La idea de vivir sin dinero es altamente seductiva; una idea, que en la práctica, se experimenta periodos breves de la vida cuando la energia física es superlativa y no se tiene miedo a nada. La fuerza  ejemplar de Eidemarie   es la de su edad, no fue una elección caprichosa de juventud  sino la de una persona  de edad, en una etapa biográfica en la que se supone que el sentimiento de inseguridad aumenta. Demostrar que no es así o no tiene porque ser así ya es extraordinario. Otro asunto es que el desdinerado pueda llevar consecuentemente su elección hasta el final, ya que su cobertura social, las personas que la quieren y la admiran no van a permitir su deterioro o que le falte lo esencial. Desde otro punto de vista, el de la indigencia, hay no poca gente que se pasa la vida de transeúnte de acogida en acogida pro albergues no gastando nada, lo que no quita que no generen gastos a la comunidad.

El valor fundamental de vivir sin dinero es el de demostrar que es posible en una sociedad que lo pontifica e idolatra tanto. Estrictamente el comportamiento desdinerado no sería totalmente exacto si no fuera cambiando de situación ubicacional o geográfica de tal manera que obligara a una renovación permanente del trueque entre desconocidos, La  permanentización ubicacional permite un colchón solidario. En otras épocas otra gente ha hecho esta elección y ha vivido (Manfred en la costa da norte gallega o los gurús con su cuenco vacio esperando ser llenados en el Himalaya). Sí, vivir sin dinero es posible, aunque hay que valorar las renuncias que implica o lo que se deja de hacer que se quería hacer por no tenerlo junto, claro está, a sus ventajas: dejar de ser cómplice del sistema al no pagar los gastos de tantas acciones no éticas.

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