FLUENCIA TRANSCULTURAL

El rencor del expaciente.

EXPACIENTE[1]  Y SU RENCOR

El mundo de la clínica ha construido  un laberinto de pasiones y sin lugar a dudas  constituye un sector social que mueve mucha expectación y economía. Concretamente la gremialidad médica viene siendo tan controvertida como solicitada. Lo segundo porque la gente no puede vivir sin la interpretación de sus síntomas de dolor y lo primero por la pluralidad de metodologías de tratamiento además de por la eterna réplica contra procedimientos lesivos de cura. Paralelamente la psicología clínica de diagnóstico y de tratamiento viene a estar presente como disciplina y ciencia de la salud, con actuaciones en casos que no resuelven la hospitalización psiquiátrica ni la intervención somática. Y dentro de las psicoterapias también hay controversias y solicitudes. Lo segundo porque el índice de salud mental comunitaria necesita ser más atendido,dada la creciente demanda asistencial; y lo primero porque a caballo de la psicología y lo psicológico, resulta fácil añadir el calificativo sin tener formación ni credenciales que lo atestigüen.

El sector de la profesionalidad médica recoge  abundante casuística de demandas de pacientes y expacientes o sus familiares que no están de acuerdo con los protocolos administrados. Sin duda no pocas veces las demandas son completamente justas y la autoridad judicial condena a inhabilitación de l ejercicio profesional a indoctas figuras cuya negligencia ensombrece más de lo que ya lo está la medicina oficial.

El sector de la psicología en tanto no está dotada legalmente de la recetación de psicótropos no corre riesgos de ser acusada.Porque sin descartar la posibilidad de su negligencia[2] , su instrumento fundamental es el del discurso oral. Y Eso con parecer poco es mucho, porque la palabra conduce al paciente a través del espejo y contribuye a que vea las cosas de otra manera,desangustiándole de sus desarreglos emocionales y vivenciales.No todos los pacientes entienden que la cura conversacional pasa por pautas de reconocimiento de la conexión entre valores-hábitos y crisis, ni que todas las cosas se pueden arreglar volviendo a  un pasado que no es intacto. Por eso, una relación terapéutica ocasiona cambios importantes en la estructura psíquica y en el sistema ideológico de una persona, en particular si sus síntomas de desarreglo presentados ya eran los de una personalidad caóticamente desestructurada. Y los resultados dela misma pueden conducir a rompimiento de relaciones personales cuya conservación se ha hecho imposible, por dolorosa y patologizante. Eso comporta animadversión desde el punto de vista del partner de quien es consultante hacía la figura del rol del o la psicólogo en tanto que es un depositario de confidencias a las que él o ella no accede. La cuestión es particularmente rival cuando el consultante es hombre y va a una psicóloga o mujer y va a un psicólogo[3] .  Unas sesiones iniciales pueden ser toleradas para una pareja rival hasta que los cambios de conducta y de actitud empiezan a ser manifestados, en particular  cuando el o la consultante empieza a enfrentar temas cotidianos y domésticos a su pareja si hay entre ambos un conflicto latente. Desde ese momento el/la psicólogo/a puede heredar un/a enemigo/a en alguien que no entiende el proceso. En un enfoque sistémico la relación con los dos componentes de la pareja y una propuesta de tratamiento  de ambos, aunque sea significado el partner-síntoma, puede suceder que quien se crea en la posición de normalidad solo trate de encontrar en el/la terapeuta un aliado en quien depositar el encargo de corregir a su partner”descarriado” para que se lo devuelva como en los viejos tiempos.[4] 

Evidentemente la función del psicólogo no es la de dar la razón al uno o al otro sino intervenir en una dinámica subjetiva propia de quien está padeciendo unos sucesos de vida que no sabe elaborar por cuenta propia. El tratamiento se puede hacer tanto más largo cuanto más incumplido esté por el/la propio/a demandante.Y no todos los tratamientos alcanzan una terminación con éxito de cura estable.

En los casos de parejas conflictuales que basculan entre el amor y el odio y entre la unión y la disyunción,puede suceder lamentablemente que traten de evacuar desesperadamente su conflicto hacía quien les ha estado tratando.En particular cuando la transferencia analítica ha sido confundida con enamoramiento correspondiendo contratransferencialmente por el/la profesional.  Ante una historia rota de pareja cabe el riesgo no solo de heredar a un partner como enemigo sino también a un expaciente instalado/a en el rencor por no haber salido del trauma en el que estaba.

Ese rencor puede incluso tratar de ser conducido judicialmente siguiendo la analogía que ya se da en la corporación médica. ¿pero cual puede ser el alegato de un/a expaciente con una suma de horas de confidencia verbal, en la que el/la consultante hablaba en torno a sus obsesiones fijas y el/la escuchante se limitaba a hacerle la devolución-resumen de lo que decía? ¿Y cual puede ser el del partner rival que solo  acudió tal vez a una cita puntual para pretender pactar un contrato servicial o una alianza con el terapeuta,dimensiones ambas que no están previstas en un tratamiento?

La cuestión es que un/a expaciente instalado/a en el rencor, añade un síntoma más a su cuadro. Tiene otra diana a la que derivar su negatividad y sobre todo tiene otro factor exógeno al que culpar y librarse de toda responsabilidad central en su conflicto. El prototipo de un expaciente rencoroso es el que venía con una expectancia inicial que no ha sido cumplida: la devolución del partner, una cura milagrosa o instantánea, poder seguir una terapia impagada, o recibir el beneplácito de alguien cuya formación le permite comparar  la conducta del/de la solicitante a unos comportamientos estudiados.

También puede darse en quien tras meses o años de visitas, tenga recidivas obsesivas o sea manipulable por un tercero y de pronto después de tanto tiempo  interrumpa unilateralmente las sesiones porque se sienta con mayor perturbación.

Es difícil que con sinceridad honesta alguien  “pueda descubrir” que al cabo de un año una cita semanal de confidencias le hacía un terrible daño, en partícula cuando cada encuentro validaba el valor delas mismas. pero no es extraño que alguien con una personalidad decaída y muy vulnerable a la manipulación pueda interpretar caóticamente todo lo que le ha sucedido.

En cualquier caso la experiencia del/de la expaciente con rencor es una enseñanza para el ajustador de la relación terapéutica. Lo cierto es que tras todos los alegatos transferenciales que se puedan decir por una parte y escuchar por otra. Un paciente es un portador de síntomas cuya presentación como objeto de atención y análisis es lo principal. Puede suceder que la intervención  elimine estos síntomas y libre a la persona de ellos entendiendo lo que ha sucedido, pero puede suceder también que se vean incrementados por otros factores no controlados.Ante lo que el profesional no puede más que razonar una casuística y lamentar profundamente que un expaciente errante siga con su caos y su sufrimiento y tienda a extenderlo ahí donde vaya.

El reto psicológico profesional es el aprendizaje de soportar los no éxitos y  ser objeto de rencor es un indicador de un no éxito de alguna manera. Pero dada la actualidad traumática extendida, no todas las patologías son curables, y desde luego los desórdenes mentales no lo son a plazo fijo por una voluntad pretenciosa de la misma persona sintomática o de su cónyuge.



[1] el vocablo se refiere fundamental al tipo de consultante que ha seguido un programa de visitas, pero en el artículo también es sobreextendido a aquél/la  que ha solicitado una o dos, o tres entrevistas sin iniciar propiamente un tratamiento.

[2]  No hay ningún sector profesional exento de arribistas y negligentes en sus propias filas.El de psicología no es una excepción y dada la artesanalidad de las psicoterapias,pueden darse casos y de hecho se dan, de profesionales  cuyos métodos no les evitan caer en las trampas colocadas por las neurosis y psicosis que pretenden tratar.

[3] Lo que no quita otras variantes de rivalidad con olas otras combinaciones posibles.

[4]  Esa actitud no es exclusiva de miembros de una pareja, también se da entre padres e hijos.Los segundos como sintomáticos y los primeros autopresentados  como supuestos inocentes

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