FLUENCIA TRANSCULTURAL

Las Formas de Hablar

 

Uno de los espectáculos más fascinante es el de acudir  a una confrontación desbordada entre dos hablantes en el  que sus respectivos arsenales de palabras son empleados para taparse mutuamente. El observador neutral de los actos verbales encadenados no lo tiene fácil. A diferencia de la observación etológica, que por compleja que sea en medir conductas (numero de veces que se lleva algo a la boca un chimpancé para comer, o numero de veces que se aparea, o las que sube a un árbol o las que se rasca)puede irlas calculando con la ayuda de una plantilla de entradas de datos; el observador de actos de habla se encuentra antes que nada con la dificultad de elaborar esa misma plantilla para categorizarlos y diferenciarlos con agilidad sobre la marcha mientras se van produciendo.

El análisis verbalístico como parte del análisis del comportamiento no está suficientemente instrumentado o no lo está en modo alguno. Parece que la  ciencia no quiere avanzar en este campo no sea que las conclusiones a las que llegara fueran tan alarmantes que desbancaran la presunción superlativa que tiene el ser humano de sí mismo. Un análisis de productos verbales se puede aplicar a cualquier situación, momento y figura dicente con cualquiera que sea su clase de discurso: desde el más tecno al más sentimental. Cabe decir que un discurso será tanto más difícil de estudiar dependiendo de la mayor  abstracción del que se dote, siendo así que el poético, el sentimental o el filosófico presentarán más complicación que el descriptivo, el didáctico o el jurídico.

Un análisis de lo verbal puede demostrar cosas como que no por mucho hablar más se dice, algo que popular e intuitivamente sabemos, y que no por mucho citar a autores se conocen o comprenden. El analizado suele generar una ansiedad asociada a los resultados en espera de su análisis. ¿Qué dirá la analítica de sangre?  ¿qué encontraran las pruebas radiológicas? ¿qué dirá el psicoanalista al preguntarle su consultante si es normal o no? o ¿qué dirá el director del banco tras el estudio de las finanzas o avales de su cliente  para concederle o no un crédito?  Los análisis son innumerables para pedidos concretos. El mercado entero no solo pasa por las transacciones de capitales y los transportes de mercancías también cursa por las auditorias y los estudios situacionales para juzgar convenientemente la entrada en un país, en una zona o en un gremio. El análisis verbal también existe implícitamente, posiblemente es el primer análisis que existe. La fisiognomía quiso tener rango de ciencia a partir de la observación de la cara de los interlocutores. Un comerciante experto sabe el grado de interés de su cliente por la expresión de su cara además por las expresiones verbales que usa, en función de eso puede mantener el precio más alto o se vera inducido a bajarlo.

De las formas verbales lo más inmediato que se puede decir es que no son unívocas. Una misma oración, exactamente la misma, con el mismo tipo de orden de las palabras y acentos, idéntica a sí misma en otra parte, puede tener el significado completamente contrario según el contexto  en que es dicho. La ironía es el manejo de las frases inductoras de interpretaciones distintas. Así pues una afirmación completamente exagerada e inapropiada relacionada con alguien o algo en lugar de validarlo es una forma de desautorizarlo. Estos dejes verbales forman parte de las prácticas comunicativas de todo el mundo. Depende de la inteligencia de los interlocutores si se captarán más o menos los matices.

Las formas verbales suelen ser las que de inmediato marcan  la aproximación o la distancia. Tienen una carga eléctrica para la atracción o el rechazo además de lo que deseen significar. De hecho toda significación de mensaje pasa por su esencia y su formato al ser dicha. Hay juegos verbales que  se han extralimitado en los cánones ordinarios acudiendo al surrealismo[1] para expresar algo distinto a los dictados marcados por el realismo  tratando de aflorar todo un submundo psíquico que se mantiene en la subvocalidad o a sottovoce sin valor para decirlo. El arte ha podido gozar de distintos registros verbales y la literatura del futuro pasa por el neologismo y las neo expresiones  si quiere hacer otras aportaciones con otros atractivos.

En principio todas las frases se remiten a conversaciones que se remiten a contextos. Hay formas de hablar que recogen  aquellas de las que son los objetos que las redicen no para afirmarlas sino para desafirmarlas. Isabel Pantoja canta:”soy la perdición de los hombres”. A muchas autoafirmaciones se llega rescatando el artefacto verbal que se recibe como descalificativo para recalificarlo como atributo positivo Cuando la cantante dice. ” yo soy esa” en lugar de autodesacreditarse desacredita a quien ha utilizado ese pronombre  para referirla despersonalizándola.

Sin duda alguna las formas verbales son las que van a dar paso o no a conversaciones posteriores de una cierta categoría y longevidad. Con alguien que no escucha e interrumpe cada frase no se puede ir más lejos que  un hola-adiós hasta la próxima vez que hayas aprendido a hablar. Con alguien que utiliza categorías obsoletas repletas de afirmaciones absolutistas tampoco se desea demasiado escuchar por el presupuesto de tener que aguantar un texto dogmático o moralista.

Pero las formas verbales también sirven de pretexto para no entrar en un tema. Es un contrasentido que un interlocutor le diga a otro “no me gusta como hablas pero tienes razón”. Es el momento de la retirada. El otro te ha tenido durante una hora defendiendo otro punto de vista a rabiar pero te da la razón en el propio. ¿Para qué perder el tiempo con alguien que no sabe de lo que está hablando o no escucha lo que le están diciendo?

La inmensa mayoría de contactos verbales se mantienen en sus aledaños protocolarios. Cuando pasan a abordar temas de envergadura no hay modo de entenderse si se entra en ellos desde la autodefensa o el prejuicio porque se cree o sabe del otro que está en el bando contrario. He tenido citas verbales arrolladas por el desencuentro desde el principio al final porque el otro ha creído quemí posición teórica era inaceptable y peligrosa para su propia posición teórica, profesional o lo que fuera. Desde el momento en que el objetivo verbal es silenciar el discurso ajeno la posibilidad del debate es totalmente imposible.

El prejuicio ajeno es una invitación al silencio pero éste va en contra de la necesidad expresiva. Sin habla o expresión de lo personal, de las ideas por tanto, no hay crecimiento intelectual que pueda darse. Un tipo de personalidades son mas dadas a auto silenciarse que otras, pero no necesariamente quienes capitalizan el espacio sonoro dicen cosas mas interesantes que quienes no lo hacen. El espacio verbal además se extralimita a su sonoridad y a su oratoria. En principio sin habla o sin expresion comunicativa de una forma u otra no hay catarsis, con lo cual los procesos elaborativos quedan abortados y pueden destruir el equilibrio interno. Cada vez que alguien niega la expresión ajena pasa a formar parte de sus factores represivos con lo cual adopta una conducta no amiga.

. David Kissen[2] estableció un perfil de personalidad  con pruebas psicológicas caracterizado por el bloqueo de la expresión emocional, predominante en enfermos de cáncer de pulmón. En 1964a, b, relacionó cáncer de pulmón y falta de neuroticismo. Por lo tanto los individuos que daban puntuación baja en la dimensión N tenían más probabilidad de producir tumoración que otros.

En 1963 estudió de campo con enfermos de cáncer de pulmón y otros con una enfermedad menos grave. Con un cuestionario de desorden de la conducta en la infancia y el Maudsely  Personality Inventory, observando que los de cáncer habían vivido tensiones o disminuciones de sus descargas emocionales. En resumen conectó la pérdida de un motivo de amor y la represión con la patogénesis cancerosa. Aunque la inhibición no esté detrás directamente de las patologías manifiestas el hecho de que tenga fuerza protagonista contribuye a la fenomenología sociopática al impedir que la libertad de opinión siga su curso. Desde el marco constitucional la ley que autoriza a hablar de las propias ideas por cualesquiera de los medios posibles abarcaría si no la totalidad de las formas verbales, sí muchas de ellas. Ese presupuesto marco luego queda circunscrito por los códigos legales concretos con los que se administran los mensajes.

Las formas de hablar no se pueden comprender tan solo desde el análisis de la gramática cotidiana o este sin apoyarlo con el análisis psicológico. Detrás del hablante que hace de interruptor continuo hay, además de un maleducado, un problema de estrés que a su vez esta determinado por una inseguridad con las propias posiciones. Tan pronto alguien hace una afirmación absolutamente irracional en su discurso suenan las alarmas preventivas sobre su grado de fiabilidad. Si los siguientes  minutos añade otras la hipótesis de que se está con alguien que no sabe lo que dice aunque lo manifieste con una cierta contundencia (quien menos sabe más grita) cabe plantearse pronto reciclar el propio tiempo personal para otros menesteres. Kaplan y col (1983)  relacionaron depresión y estrés. Relacionaron el auto rechazo con déficit de recursos para resolver problemas. Las dos cosas se pueden relacionar con formas verbales absolutistas. El tirano (en este caso verbal) más autoritarista es posiblemente el individuo más inseguro en la historia. El modo compensatorio de su falta de autoestima es protagonizando grandes empresas que lo magnifiquen.

En los tratos verbales que van más allá de lo protocolario para  entender un tema lo más importante no es ponerse de acuerdo en él. Quien tiene prisa en llegar a acuerdos suele no seguir impecablemente un proceso de razonamiento, bastándole la empatía y afinidad que encuentra o presume, a veces, instantáneamente. Quien prioriza la verdad no aceptará cualquier clase de interlocutor, desestimando a quien no cumpla con su función crítica. En realidad no son tanto las formas verbales lo que cuentan, a pesar de que algunas puedan resultarnos terriblemente inadecuadas, como las funciones que cumplen. Seguramente el modo de decir las cosas pasándolas por el grito es un indicador subintelectual pero ¿quién no ha necesitado gritar alguna vez para sobreafirmar la seguridad de lo que estaba diciendo? Por lo general, quien te discute la forma de decir las cosas pero no lo que estás diciendo es porque no tiene argumentos en contra de ello pero no por eso deja de estar en contra.

Tener en cuenta esto es lo que convierte la comunicación verbal en una danza y en un arte de la expresión donde el decir va pasando por distintas clases de tentativas hasta hacer diana consiguiéndolo.  A menudo he comprobado que la mayor parte de los tiempos conversacionales están dedicados a aclarar lo que se está pretendiendo decir y la menor parte a sus mensajes proposicionales específicos.



[1] Los surrealistas generan enemigos y no siempre tuvieron porque serlo a pesar deformar parte de una escuela así clasificada . De Luis Buñuel, Bello dijo “ no era un surrealista sino un irracional, era un machista casi patológico” Pepín Bello.Mi ultimo suspiro  (libro de memorias).

 

[2] (1966) cirujano torácico del Brompton Hospital

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