FLUENCIA TRANSCULTURAL

El poema de la libertad.

El poema de la libertad y la libertad poética.

La libertad es un poema. Es el gran grito por el que musas y escritores se aliaron en pos del espejismo de unos y el supuesto apoyo auxiliar de las otras. De la libertad se ha venido hablando de todas las maneras posibles. Ha formado parte de todas las banderas, de todos los movimientos. Ha servido tanto para morir por su noble causa como por hacer morir por otras causas no tan noble utilizando su nombre. ¡Libertad! ¿Cuántos muertos mueren en tu nombre? La libertad es un proyecto, una teoría, un discurso histórico. Tiene forma de prosa y forma poética, tono de credo y expresión exigente. Sirve tanto a la filosofía como a la política, se invoca tanto desde el silencio como desde la tribuna. La libertad es la palabra que nos acompaña en todas las fases de una biografía, el concepto con el que flirteamos, la novia que tan pronto nos parece que se deja seducir como que no admite que le metas tus asquerosas manos –dirá- bajo sus faldas. La libertad es el divino tesoro. El poeta se equivocó: mal lo tiene quien ensalza la juventud como sinónimo de ella por poder hacer lo que placa. No, no es la fuerza física lo que la concede sino la fuerza mental por un lado y las posibilidades objetivas de los lugares en los que se vive.

Como siempre para la discusión de un tema hay que contar con las condiciones objetivas y con los factores subjetivos. Eso no deja de ser un galimatías porque dos sujetos viviendo en unas mismas coordenadas vivirán no solo sus subjetividades de manera diferente sino también la supuesta objetividad única en la que se hallen inmersos. Pero como esquema de reflexión para ahora y aquí, de momento, nos vale. La libertad es fácilmente medible a escala social y política por lo que hace a su legislación en cuanto si está o no adelantada, también por los estudios de sus poblaciones reclusas. La libertad suele ser tratada generalmente como concepto político pero no hay modo de entender lo que es si no se reflexiona desde el saber filosófica y no se analiza desde sus posibilidades psicológicas.  El espectro discursivo no acaba aquí, también hay que pensar la libertad en términos de posibilidad material, la más rudimentaria, la física, la del propio cuerpo. Tenemos, en este primer intro, cuatro libertades, o mejor dicho, cuatro campos para tratarla como tema.

 Empecemos por lo primero, no por orden de aparición en el artículo sino por orden de aparición en la vida. ¿Cómo aspirar a la libertad desde cuerpos limitados y mediocres? La biología nos condiciona desde que nacemos a cuando morimos. La poesía nos hace volar en alfombras mágicas i imaginar que somos seres alados, pero sabemos que al primer paso que demos fuera de la terraza o del balcón nos caemos como fardos pesados para unos segundos despues ser picadillo en el suelo. O sea que se nace y se vive con una serie de condicionantes fisiológicos: los seres alados, tanto los de la zoología como los de la mitología, también tienen los suyos. No podemos vivir sin comer, no podemos vivir sin descansar. La libertad, sea la que sea, tiene que contar con esto. La libertad del espíritu en última instancia tiene que pedirlo permiso a  los imperativos estomacales para que la conceda. La libertad, desde la más etérea y mística a la más profana y política pasa por los permisos existenciales que de la propia escena corporal.

En cuanto a la libertad política, va siendo más o menos conseguible tan pronto los países, es decir sus clases fuertes y dominantes, se dan cuenta que la libertad debe ser un derecho general y que eso facilita el progreso económico, la circulación de las ideas, la dinámica de creatividad y, en suma, el bienestar colectivo. La libertad política es sobretodo la libertad de expresar el pensamiento. Quienes la prohíben por temor a su elaboración están poniendo frenos a los desarrollos de sus países, pero –como digo- eso, más o menos, se va alcanzando o al menos se va tentando. El tercer milenio ha estrenado de la mano de los americanos, pero tampoco era tan nuevo, la extraña combinación de la libertad para unos y el palo para otros, la protección de una multitudinaria clase media de decenas de millones de personas (en el mundo cientos de millones) en contra de la libertad de otros cuantos millones. La democracia, o su aparato de estado fundado en sus preceptos, coexiste con la violación de los derechos humanos. En el panorama internacional hay que distinguir entre las dictaduras y neodictaduras que no conceden los mínimos para la expresión ciudadana y las democracias degradadas que se lo conceden a unos y se lo quitan a otros. En la escala de cada país cada ciudadano sabe hasta donde puede llevar su discurso público o tiene que callarlo. En el planeta digital nos estamos encontrando todos quienes no podemos expresarnos libremente en nuestras realidades concretas o hemos perdido el interés para seguirlo haciendo.  

Evidentemente es mejor habitar países que permitan la libertad de opinión por los medios de lso que se dispongan sin injuriar a nadie que no estar bajo la picota de aquellos –que no son pocos- en los que todavía no se puede decir ni mú porque el tirano de turno y sus amigos se aficiona al asesinato de sus disidentes. Lo primero es vivir y el ingenio ha demostrado que lo que no se puede opinar en un determinado tiempo se puede hacer en otro, lo que no se puede presentar ante un público se puede hacer ante otro.  La libertad poética es una forma de registro de expresión que reconduce opiniones y en particular sentimientos no expresables en otros contextos. Todavía, preguntar a alguien por si lee o acepta leer poesía es estarle preguntando, sutil pero eficazmente, por si tiene habilidad de poner en la voz o piel de un discurso ajeno y tiene capacidad para interpretarlo. Tiendo a rehuir de la gente que no tiene tratos con la poesía o no la ha leído/lee nunca. Me consta que la gente que rehúye la poesía y a los poetas nos superan numéricamente con creces. La libertad política lleva directamente a la reflexión también a la libertad de los medios. La ley puede decretar lo que sea en cuanto a derechos comunitarios pero sin duda las posibilidades económicas de cada individuo social determinan el alcance de su libertad particular.

Tenemos una tercera libertad, la psicológica. Una persona puede tenerlo todo: casa, medios, familia,  poder adquisitivo, posibilidades de movimientos, goces, círculos de relación y sin embargo no poder disponer de todo en toda su extensión si su estructura psíquica está poblada de fantasmas carcelarios. Un fantasma intrapsíquico es por definición un carcelero cuando los miedos que incrusta impiden la libertad de movimiento en cualquier propósito que se pretenda. Los fantasmas vienen generados por traumas pero no necesariamente por shocks inevitables sino por una cultura que de tan represiva se haya convertido en traumática. Todo arquetipo interiorizado inhibiendo el propio desarrollo, la osadía de ser, genera un fantasma con un saldo de esterilidad en la línea de conducta del sujeto al que habita.

Tenemos por último la libertad filosófica o  la libertad tratada desde la filosofía. No es exactamente lo mismo.la libertad tratada desde la filosofía que la libertad filosófica pero tampoco puedo despejar eso todavía. La libertad en todas sus dimensiones solo se puede concebir desde la atalaya filosófica que enlaza el significa de su holismo, presente en todas los aspectos existenciales. En su intento sumativo y globalizador, lejos de integrar las distintas libertades concretas puede chocar con algunas de ellas. El filósofo cuestionará a la política las concesiones de libertad para unas cosas (derecho de asociación de reunión y de palabra) pero en cambio no el derecho de pensar para dotar  de contenido los derechos anteriores. ¿Cuántas veces los espacios de la palabra son sancionados o reprimidos porque aquello que se dice no gusta a los mandos presentes por mucho que estén obligados a aceptar la democracia representativa?

La libertad poética ocupa un marco particular de la expresión. Es la que se entrega con un formato particular, el que no busca audiencia ni la pide, por tanto no tiene el peligro de la política; el que no necesita razonar las tesis ni las analiza, por tanto no es una propuesta psicológica; el que no contempla las leyes del fisicalismo y las limitaciones de la vida corporal, por tanto es mágica y desprecia la finitud predeterminada por la biología; tampoco se debe a la comprensión aportada por la filosofía. Tiene su propia dinámica en un combinado de intuiciones y de seguridades futuras.

La libertad poética sería la síntesis de todas las libertades y la que completa los déficits de cada una. Curiosamente en la libertad poética, más que en ninguna otra, se terminan por decir las grandes verdades, eso sí con suficiente cripticismo como para que no las entiendan todas las lecturas. En la libertad poética el sujeto, reconstituyéndose como poeta, vuelca sus críticas de los límites de todas las demás libertades, también sus excesos cuando la naturaleza se lo permite, los encuentros con el otro lo aliciente, y sus propias desinhibiciones lo arrojan fuera de las mazmorras existenciales.  

 

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