FLUENCIA TRANSCULTURAL

De la lectura a la Escena

Del Texto para leer  a la Escena  para escuchar y ver.

 

Si bien casi todas las escenas tienen por soporte un texto y  todas en un guión, el texto remite a un universo artístico completamente distinto a la performance. Esta se puede organizar a partir de la espontaneidad del gesto corporal, aquél necesita organizar las ideas y la expresión por escrito. Siempre he sabido que el texto es para reductos y contubernios: desde los más catacumbistas a los casinos de economía que no pueden perderse la lectura diaria del periódico. Lo he priorizado a cualquier otra cosa sabiendo que sus oportunidades para tener un seguimiento o un público son pocas. Un texto tiene que ser magistral para tener la audiencia de un pequeño fragmento de público, ya de por sí cansado de tantas propuestas que le quitan tiempo para darle pocos conocimientos o placeres. Tal vez la historia de la literatura ya ha terminado y yo no me he enterado habiendo tenido por punto final el final de la saga de los grandes creadores. Al mismo tiempo la noticia del premio nobel anual nos recuerda que la literatura sigue existiendo, que hay gente que sigue escribiendo y más importante que esto ¡milagro! gente que sigue leyendo. Exagero. Ya lo sé. Hay millones de lectores en el planeta de los humanos  (no tengo noticia de otros). Debe ser su instancia la que mueve a no pocos autores a probar suerte en el mundo de las letras y en ocasiones ¡zas! nuevos nombres con nuevos títulos asaltan el mercado y sus caras son reproducidas hasta la saciedad.

Comparativamente al resto del mundo artístico son los menos. Quien quiere probar suerte en el campo de las propuestas artísticas opta, generalmente, por cualquier otro formato expresivo que no sea el texto narrativo. Si ese es inicialmente el que elige es para que pueda fundar una escena teatral o cineasta. Siempre me ha sorprendido como impresionantes obras de teatro o películas destacables han tenido por texto escrito muy poca cantidad. No importa que la obra sea histórica o incluso sea un monólogo, lo que va a precisar para una o dos horas de tiempo no es demasiado. ¿Cuántas palabras hablamos por minuto en una conversación regular, tranquila? ¿200, 100, 60? Depende del quien, del qué y del como. Cada cual tiene su ritmo de producción verbal. De hecho cada palabra emitida  es un acto verbal constituido de uno o más sonidos. Además de las que se puedan decir por tiempo dado (el ritmo puede ser mayor en una lectura que en la fluidez espontánea) hay que restar los silencios necesarios. Las palabras redoblan su valor si están convenientemente emitidas entre silencios estratégicos. Tanto si son 200 palabras por minuto o 100 o incluso 300 dichas a una velocidad estresante  lo más que debería tener el texto para ser escenificado es 12mil, 6mil o 18mil respectivamente. Descartaremos la última posibilidad porque el texto seria demasiado rápido y todo actor escénico sabe que el cerebro humano, sobre todo el del público que llega por primera vez a ese texto, necesita un tiempo para asimilar lo que oye. Muy bien: un soporte escénico tiene de sobras con 10mil o 12mil palabras. Algo que se puede crear en un dia intenso de trabajo creativo. Si es así ¿Por qué sigue habiendo tan poca producción de textos para teatro en comparación a todos los que hay para narrativa? La pregunta se puede transpolar al cine. Las mejores películas o al menos algunas de las que tienen garantías de éxito son las que basan sus guiones en novelas reputadas que ya han sido probadas en el mercado y sus ventas han demostrado su difusión. Sigo sin responder a mi pregunta. El texto pensado para la escena es un texto distinto del que es concebido para la lectura. Lo he comprobado repetidamente con la poesía. Basta hacer la siguiente prueba: tras escribir un poema pasarlo por la prueba de su lectura en voz alta. Ese sencillo ejercicio significa hacerlo salto de su condición de escritura y su lectura en silencio, a su declamación convirtiendo la voz en escena. La experiencia de espectador a la de lector ante el mismo tipo de texto si es recibido en un formato u otro es completamente distinto. Hay intérpretes que tienen la gran habilidad –por eso lo son- de convertir no importa que texto en una gran declamación haciéndolo más interesante de lo que realmente es. Y al revés hay lecturas en voz alta que deforman de tal manera un texto escrito que lo descalifican por el valor que en sí mismos tienen.

El trabajo solitario del escritor que no para de encadenar frases pero que pasa de ubicar su creación en el espacio digital, en el foro, en el papel impreso o donde sea a una distancia sideral de su conexión con la escena, se puede pasar toda la vida proponiendo sus ideas, relatos, borradores o productos superdepurados  pasando su biografía sin pena ni gloria a no ser de que decida plataformar sus productos a las formas envasadas que la industria moderna necesite para llevar a las estanterías y a las cestas de compra de los consumidores.

Vale, la cesta de compra (ese objeto de plástico o de alambre que se localiza en las entradas de los supermercados) no es exclusiva de los establecimientos de alimentación, también las hay en almacenes con secciones de librerías o incluso en librerías-papelerías. En una ocasión batí mi propio récord, llenando una o dos de esas cestas comprando docenas de libros en un mismo establecimiento (pvps de ocasión, ¡por supuesto!). También compro latas de comida y sobres de sopa y espahettis y tarros de mayonesa o cartuchos de galletas. Como se suele decir, lo uno es para alimentar el cuerpo y lo otro para alimentar el espíritu.

Volvamos al texto en su fase de libro y solo libro (para las malas lenguas, ladrillos que –lo acepto- no distinguen de los ladrillos de las obras donde se levantan paredes) desde el lado de la autoría, confortablemente instalada en su torre de marfil, el mundo suyo deja de ser lo que pasa más allá de sus ventanas para ser por lo que pasa por su única ventana existencial: las palabras en la pantalla de su ordenador, una desviación de la forma pero ¿qué importa eso? si procura el goce creativo y la calma espiritual. En el fondo el escritor mas mediocre espero saltar algún dia a la tarima, que en Stockholmo se acuerden de él o que se literatura alcance a las multitudes. Daré la vuelta a eso último: posiblemente el escritor  mediocre tiene mas oportunidades para lo segundo, no tengo opinión con respecto a lo otro. El texto es algo fundamentalmente privado por muchas copias que se hagan. El indicador estadístico de lecturas de un artículo propio no lo hace más significativo cuando pasan de mil que cuando no han llegado a diez. Si pasan de cien mil, una cifra que ya puede ser considerable y que cualquier  video musical  puesto en la red alcanza con prontitud, no tiene porque variar la posición de autor con respecto a su trabajo a no ser que sea alguien necesitado de reconocimiento y seguimiento para seguir trabajando en lo suyo.

He intentado diversas tentativas para saltar del texto escrito al texto escénico: grabando poesía con mi propia voz o pasando por video alguna conferencia pero nunca he abundado en esa cantera porque me he enfrentado a resultados, que he considerado deplorables. Sinceramente, no me gusto en los videos, no me gusta mi voz átona y aun menos cuando la escucho en una grabación. Tengo muy claro que escribir aunque fue mi primera elección cuando no era consciente de la confesión anterior se ha convertido con los años en mi refugio porque no tengo fotogenia para la imagen ni dotes para  la declamación o al menos vivo con esa presunción. Por eso la lista de propuestas que implican ambos campos siempre han quedado en eso, en una lista.

Ahora que vuelvo a intentarlo de nuevo he empezado a sistematizar la constante, espero que siga siendo diaria,  de grabaciones musicales y poéticas. Me gustaría que mi poesía pudiera ser escuchada en voz (tengo la suerte de otras voces mejores que la mía), algo que refuerza poderosamente el significado del texto. El plan siguiente es grabarla en soportes de imagen en movimiento. Creo que el impedimento mayor del salto a la escena es uno mismo, sus inseguridades que son más obstaculizantes que sus propias incompetencias.

El salto del texto a la escena también significa algo en lo personal: salir del encierro dentro de un registro de creatividad. Pienso que cada campo de creatividad saca nuevos valores dentro de ti, te renueva, te convierte en otra persona. Pienso en Woody Allen[1] y su clarinete. En mi exageración personal por  el plan de mis cosas, relacionadas con la elaboración y la creación artística he llegado a hacer estimaciones de lo que puedo dar de mí los años fértiles de mi vida

 

 



[1] aunque ha triunfado como director cinematográfico y actor , es clarinetista y líder de un grapo jazístico.

 

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