FLUENCIA TRANSCULTURAL

Una revisión del campo literario

 

La necesidad taxonómica en dividirlo y clasificarlo todo parte de la necesidad humana de capturar su entorno. La metodología la uso para eso pasa por caracterizar comportamientos y ponerles nombre. Lo hacemos con todo, con las hormigas y los insectos en general, con los fenómenos metereológicos, con la hidrografía y con las arquitecturas; también ¿cómo no? Con la literatura. Y así es como se viene hablando de un montón de géneros. Quizás no sean tantos como los estilos musicales que a cada década sorprenden a los públicos adeptos y hacen los gozos en las salas estroboscópicas, pero sí suficientes como para que el común de las gentes culturales puedan pronunciarse ante un tipo de literatura u otro. Creo que cualquiera que sea el genero de expresión escrita, cada uno de ellos remite a la vastedad del campo literario. El campo literario es aquel que permite observaciones para hablar de ellas utilizando por herramientas la gramática y el ingenio. Un autor de obras magistrales, así como uno de artículos y relatos breves que no van a gozar del marchamo del éxito, no tiene más que meterse en las coordenadas tempoespaciales del cada día para sacar una buena tajada de sucesos. No es necesario ser un sabueso al más puro estilo periodístico corriendo tras la noticia caliente. Le irá sobrado tomar la realidad como un filón de eventos. Definición de evento para este artículo: un vecino que saca el perro a pasear, una vecino que agrede a otra tumbándola al suelo, un tendero que escatima decenas de gramos en el peso de la mercancía que le compran, el del quiosco que vende magazines sin saber lo que contienen,... todo eso son eventos. La realidad ordinaria es un campo de notas y observaciones. Basta salir al mundo con un miniblock y un grafo para regresar a casa con un montón de ideas. Aparentemente un día es igual al siguiente y un mes al anterior. No es cierto. Cada día es distinto. No hay dos iguales en toda la historia. Sin embargo es tanto más cierta esa aseveración cuanto más ágil sea la mirada  que escruta y más sagaz sea quien interprete las escenas. Lo que es más, las notas y observaciones de campo pueden encontrar personajes inverosímiles capaces de hacer cambiar la visión del mundo real. Con un abdomen absorbente se puede chupar casi todo y con una mente despierta se puede conectar con una riquísima gama de detalles urbanos o no que hagan las delicias de la imaginación. Lo observado es para el imaginario lo que el aire significa para las alas de una ave. La revisión del campo literario pasa por no sucumbir a la idea estructurante de los géneros. Entiendo que es secundario escribir prosa o poesía o teatro o guiones cinematográficos, hacerlo desde la ciencia-ficción o desde la narrativa histórica o desde la divulgación científica por encima del propósito de colocar ideas centrales. Un texto, sea escrito de una manera u otra, es el soporte de una idea. El ensayo se fundamenta con razonamientos y con fuentes algo que la novela no tiene porqué hacer. Al mismo tiempo la historiografía se valdrá de documentos primarios escritos en relaciones biográficas y en expresiones poéticas. El acto creativo de dar con un personaje, sacado de la calle o reinventado a partir de la propuesta intermedia de uno, permite diseñar un héroe que represente al autor en contra de todo lo que se vierte en la cultura pantanosa  en la que esté ubicado. Los héroes de papel tienen una deuda a saldar con los otros que les precedieron en la entelequia imaginaria y a los que no se hizo suficiente justicia, Andrés Trapiello[1] sostiene que podría escribirse un relato chestertoniano en el que Don Quijote se enfrentara a todo lo que se ha dicho sobre él o bien en el que Cervantes hiciera frente a la enormidad  de lo que sus biógrafos dieron por irrebatible o probables [2]. Se puede ser un diarista seducido o un indagador de las vidas privadas de autores y, por extensión, de la propia. Se puede ser creador de personajes para defenderse de los personajes de poder del mundo a los que no hay más remedio que tolerar aunque sean vomitivos. La literatura en todas sus variantes permite decir y dejar constancia de los acontecimientos dramáticos del mundo y a diferencia de la proclama o del texto de agitación pueden ir burlando las restricciones de cada tiempo. Todo poder en sus máximas cotas del absurdo tampoco sabe distinguir de  donde recibe el verdadero sabotaje. La literatura persuade lentamente sin necesidad de pedir tomas de partido y antagonizar las situaciones. Depende de cómo se hagan las indagaciones de los datos de campo si los relatos resultantes van a ser  creíbles o no. Fernando  Lázaro Carreter[3] declaró algo obvio que  “la gente admira más a quien habla y persuade mejor”. También saber escribir y saber poner cada palabra en su lugar se ha convertido en un motivo de admiración, aunque a veces de rencor y animadversión cuando lo escrito no es alcanzable y es tomado por retórica, metiendo dentro de ella un encadenamiento de frases mínimas con vocablos inusuales. Resulta recomendable salir al mundo con los ojos puestos en los sucesos, no en los que vienen noticiados en las paginas de unos periódicos sino en los inmediatos cuya sutilidad puede enmascararlos y cuya observación al detalle puede dar de sí textos magistrales además de hallazgos humanos importantes.

 



[1] (Manzaneda de Torío, León 1953-) autor de Salón de los pasos perdidos.

[2] Tomado de MJosé de los Santos,La vang.

 

[3] drtor de la Real Academia Española.premio Don Juan de Borbón al Libro del Año.Otorgado por la fundación Conde de Barcelona. promovida por la Vanguardia

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