FLUENCIA TRANSCULTURAL

Los Objetivos Biográficos

 

Si bien es irreprochable que una vida se viva sin objetivos en el sentido de sin retos o grandes metas pudiendo ser una vida con contenido y auto satisfactoria no lo es menos que una vida con ellos. Mi análisis autobiográfico puso en evidencia que haber vivido una larga etapa con objetivos colectivos, supuestos objetivos colectivos, se había traducido en no tener objetivos personales propios o en poner estos en función de aquellos. Aquellos: una sociedad justa, igualitaria e ideal, nunca se cumplirían y me fueron pasando las décadas sin poder volver a atrás, desandar el proceso y empezar de nuevo como si no hubiera pasado nada. En aquella  condición de militancia y de dedicación de entrega a los demás (los demás entendidos como masas amorfas o  como sociedad sufriente a la espera de vanguardistas que le iluminaran el camino de la liberación) sí había objetivos tácitos pero nunca explicitados del todo públicamente, los de alcanzar una categoría, un prestigio en la dirección del proceso histórico, un saber reconocido, un liderazgo. Pero todo eso era lo suficientemente vago como para que no supiera exactamente lo que quería decir. De alguna manera pensar en uno mismo estaba prohibido por el catecismo socialista y todo planteamiento de  individualidad era considerado individualismo. Cuanto más tiempo pasaba tras los presupuestos idealistas de una revolución que, supuestamente, engendraría sino un nuevo mundo sí un nuevo país, más evidente resultaba que tratábamos con una quimera que a diferencia de la imaginación literaria se traducía en una pérdida de sentido existencial. La revolución solo fue amortizada por quienes hicieron carrera con ella, los demás, la inmensa mayoría de revolucionarios nos quedamos para nutrir las filas de la desesperanza. Mientras tanto, el resto dela sociedad que ya no había creído en si misma, es decir en sus potenciales de un futuro alternativo, ni por supuesto en nosotros, sus supuestos representantes ideológicos vivió perfectamente integrada en la objetividad dada. Fue así que nuestras generaciones se espabilaron para ocupar los puestos de trabajo y de direcciones políticas. De todo ello quedaría algo positivo, toda experiencia proporciona la positividad de un saber por desalentadores que hayan sido los resultados.

Lo que diferencia a las personas en sus formas de restablecerse tras experiencias  compartidas de  finales deplorables, es lo que a priori esperaban de ellas. Siendo completamente distinta la relación de quienes la tomaban como juego a quienes la tomaban en serio. Las militancias dedicadas a las grandes ideas suelen dar enseñanzas muy frustrantes, todo lo contrario a las representaciones dedicadas a actuar desde la hipótesis permanente. Se pueden hacer cosas y vivir vidas dando por supuesta su certeza de predicados aunque no estén ni demostrados ni reconocidos. Es así que el triunfo de un revolucionario nunca estuvo tanto en llegar a un complicado objetivo social, arrebatando el poder político a otros como en vivir la revolución en sí mismo, en tanto que  sujeto concreto expulsando los amos impuestos de su cabeza.

Los objetivos biográficos suelen pasar más por las apariencias externas que no por los logros personales en el campo de los sentimientos y de los valores. Socialmente el significado de conseguir lo que se quería pasa por conseguir puestos relevantes, casas caras, cuentas de banco rebosantes… El triunfo pasa –bajo este punto de vista-  por el currículum dotado de reconocimientos sociales y de objetivos materiales muy medibles. Los triunfadores se muestran los unos a los otros el alcance de su poder y de sus logros por sus distintivos adquiridos: vehículos, joyas o empresas. También por el mundo de relaciones al que pertenecen.

La condición de desiguales permite que cada cual individue sus objetivos biográficos particulares sin que tengan que pasar por el reconocimiento de los demás. Lo que para unos es un gran objetivo (conseguir dinero) para otros no es más que un problema de estreñimiento simbólico. Cuanto antes una persona sepa los objetivos que quiere alcanzar en su vida antes los alcanzará. Cabe reconocer la estrecha relación entre objetivo planeado y objetivo conseguido con felicidad personal. Al ser preguntado Marcel Maréchal, actor y director de teatro en su tournée representando Moliére por el oeste de África, porque hacia de tal, respondió sencillamente que siempre quiso hacer esto. Quien sabe lo que quiere hacer con su vida, en que ocuparse, a qué dedicarse, a donde llegar, y tiene la mitad de su proyecto realizado. Un objetivo no es exactamente un deseo, pero sin duda no tener vergüenza por los propios deseos, por lejos e inalcanzables que parezcan, de alguna manera se van convirtiendo en objetivos con estrategias y metodologías.

Siempre quise ser escritor pero en realidad nunca empecé a serlo del todo hasta el dia –muchos años despues de estar escribiendo- que decidí que lo era. Ese serlo priorizó mi auto-reconocimiento saltando de un indeterminado lugar en la espera del hetero-reconocimiento. Nadie te dice que eres un ser vivientes para saber que lo eres. Ni nadie te autoriza a respirar para respirar. Pasa algo parecido con los objetivos de vida. Los consigues o no dependiendo de si tu dinámica está organizada tras ellos.

A diferencia de la lista de los deseos, la lista de los objetivos tiene que ser concebida con criterios sensatos y consecuentes, con valoraciones razonadas y con una estimación racional de sus posibilidades. Un deseo puede escapar de la racionalidad sabiendo que lo hace, un objetivo no. Sin embargo hay una concomitancia entre ambos: tener objetivos pasa también por el deseo de tenerlos sin convertir no conseguirlos en una hecatombe.

Sigo con mi rito anual cada enero de apuntar en mi agenda la lista de cosas que quiero alcanzar este año o en los posteriores. La lista suele ser más extensa de lo que podré conseguir y muchos de sus ítemes se repiten de año en año, pero eso no me desalienta. Lo primero es saber lo que quieres conseguir lo segundo es montarte en los ritmos para conseguirlo, si no lo alcanzas este año será el siguiente. Dentro de los objetivos cabe distinguir los de tipo concreto material (conseguir un determinado tipo de ordenador, o una mejor máquina de filmación, o un mejor sistema de grabación,…) a los de tipo personal, los de alcanzar nuevas atribuciones de sujeto, los que podemos definir como objetivos del ser. Las personas suelen ser confundidos con sus oficios. Es así que uno no hace de comediante sino que es un comediante, no ejerce de psicoanalista sino que es un psicoanalista, no trabaja como  empleado sino que es un empleado, y así sucesivamente. Es cierto, la función suplanta al ejecutante especialmente cuando la identificación de este con ella es total.

 

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