FLUENCIA TRANSCULTURAL

La agenda de contactos.

 

El potencial de una hipótesis.

Debería preguntarme por qué despues de tantos años de acumular  direcciones y teléfonos que representan miles de contactos humanos todavía no tengo una agenda en condiciones. Agendas sí tengo y de distintos tipos. Cada una representa épocas distintas con actividades y relaciones diferentes. Hemos llegado a la época digital, la de los contactos por email y por blogs o sites, sin que haya dejado totalmente organizadas las de la época anterior.  Ya es tarde para hacerlo. Los contactos actuales pasan más por el correo electrónico que por el teléfono y el envío postal es casi un arcaicismo aunque algunas inercias tradicionales insisten en seguirlo empleando.  Me he puesto a organizar la lista de emails donde concentrar todos los datos de localización de todo tipo de entornos, recursos, amistades y relaciones de toda clase que me ha traído y me sigue trayendo la vida. No es necesaria ninguna justificación para hacerlo. La misma espontaneidad trae los contactos. Las personas nos los ofrecemos para que la conversación que una urgencia obliga a interrumpir pueda ser continuada en el futuro, o para que un asunto de coincidencia y mutuo interés pueda seguir siendo tratado. Pedir u ofrecer el contacto es un gesto de hospitalidad y mantener la hipótesis de un potencial de relación a partir de ese contacto. La verdad estadística va por otros derroteros. Solo una minoría de contactos apuntados en la agenda va a ser reencontrados en el futuro a no ser que un planning de actividad lleve continuamente a la insistencia del encuentro o la renovación del contacto.

La masificación de contactos de una agenda privada la convierte en una especie de listín de recursos, antes era un listín telefónico ahora puede serlo de direcciones electrónicas además de los teléfonos. Actualmente cuando alguien ofrece su contacto a menudo declino el numero de teléfono y mucho mas la dirección postal. Por mi parte solo suelo dar mi email o a menudo uno de mis blogs personales donde también hay el email apuntado y la manera de conectar.

Con pocos contactos basta la agenda electrónica dentro de la memoria del teléfono celular, para una cantidad que supere el centenar se hace necesaria una lista bien organizada. Yo he construido la mía de la siguiente manera: una doble indexación de entrada por temas. La primera ordenada alfabética y la segunda por zonas sectoriales. Es así que en el campo de las Relaciones Personales están los flirts, los consanguíneos, los amigos, los epistolarios, el grupo de salida, los chats; en el campo de los Recursos están las agencias de viajes, los reciclajes, las compañías de vuelo; en el campo de lo Profesional están los clientes, los inquilinos, los busness o en el campo  de los Proyectos están enumerados los  distintos grupos de ellos. Hay otros muchos campos clasificatorios y cada usuario puede crear los suyos a conveniencia. En seguida son docenas de apartados los que van dividiendo los distintos contactos. Puesto que muchos de ellos, dentro de la masividad, no son recordados siempre por sus nombres  o éstos pueden ser olvidados, el modo de localizarlos es por sus ubicaciones geográficas o por sus especialidades.

El modo de clasificar en sub-listas a los demás no es un trabajo cualquiera. Pronto se presenta la dificultad taxonómica. Clasificar es categorizar y esto es evaluar. ¿Es amigo o conocido? ¿Ha sido un flirt o va para historia de amor? Hay personas más clasificables que otras. El grupo de compañeros de la banda musical o de senderismo o del  curso equis son fácilmente localizables. Es un modo técnico muy válido de localización sin tener que recategorizar a nadie en función de una virtud afectiva. Lo cierto es que cualquier clasificación solo obedece a una razón administrativa de localización no a un interés epistémico de valoración de nadie en tanto que persona. Si el objetivo de la agenda es localizar los datos de una persona lo más importante es que cumpla esa función y no la manera concreta de hacerla. Un mismo contacto puede estar por repetido en distintas secciones de acuerdo también con las diferentes maneras o motivos de contactar con ella.

Sabemos y reconocemos que hay una conexión directa entre el olvido de un nombre y el desinterés por su persona. El lapsus de olvido también tiene algo de castigo y venganza contra la persona nominalmente olvidada. Una agenda bien organizada puede subsanar  la inclinación a la desmemoriada que la saturación de estímulos está generalizando como síntoma endémico.

La inmensa mayoría de contactos son puntuales o efímeros. No tienen un bis con que  continuarlos pero quedan ahí apuntados. Crean la sensación de mucha recursividad aunque en la práctica es una minoría los contactos que se mantienen más allá de unas primeras veces. Depende de las dos partes si esa continuidad se va a producir y con ella se va a consolidar una amistad, un clientelismo, una frecuencia de trato o una colaboración mutua. Lo más habitual es que de ambas partes quede la presunción de ese recurso pero no tanto su utilización a no ser, claro está, que la actividad profesional obligue continuamente a tratar con personas de la lista que se tiene sin que eso lleve a ningún contacto presencial ni  necesidad de encuentro en lo personal.

En el mundo empresarial una persona tiene tanto más valor para su trabajo cuantos más contactos tenga. Tener contactos, he aquí la clave. Para tenerlos no solo hay que apuntarlos como modos de localización en una lista sino mimarlos, dedicarles tiempo y atención. Eso es toda una táctica-plan de trato humano no exento de especulación. Muchos de los contactos registrados que crean esa apariencia de mundanalidad cuando al paso del tiempo se intenta localizarlos es posible que te hayan olvidado o, en todo caso, una primera parte de la reconexión tiene que pasar por un acto de rememorización. Si el que contacta esta de suerte de dar con alguien que tiene buena memoria puede haber incluso una alegría si no es como tratar con un desconocido y se tiene que volver a empezar de cero.

Las listas generadas a partir de contactos de chat han caído en la trampa de acumular muchos nicks y tras un tiempo, a veces solo unos días o al dia siguiente, en la coincidencia posterior se vuelve a pasar por las mismas preguntas por el caos mental en el que se ha caído confundiendo las conversaciones de unos contactos con las de los otros.

Para el sujeto relacionario el reto es éste: saber quien es quien y con quien está. Tenerlo en memoria o tener la forma de consultar los datos de quien se trata. Para algunos contactos además de su ubicación geográfica y su ocupación apunto el contexto en que adquirimos nuestro contacto.

La agenda que los reúne puede ser un instrumento de actualidad o solo un memorándum, en el mejor de los casos que se sepa quien es quien, que quede como puro dosier testimonial.

No hay que hacer ningún esfuerzo especial para tener contactos. La sociedad masificada y las probabilidades de coincidencias los trae a diario.  Viajando no se para de recibir contactos y ofrecer el propio con el deseo, en principio, de una coincidencia posterior. La verdad es que cuando hay miles de quilómetros de distancia entre dos personas que coinciden en un punto, darse sus coordenadas  deja para una hipótesis remota un contacto posterior. Además para proponer el siguiente se ha de tener una base razonable para ello. Ideas comunes y proyectos donde coincidir lo facilitan. Intercambiarte el email con alguien en principio no significa tampoco grandes cosas, salvo intercambiar un par de saludos en un par de líneas para responder a alguna pregunta escueta. Toca aceptarlo la mayoría de gente no admite una relación de larga duración por correo desarrollativo que es lo que permite el contacto por email. Predominan las notas cortas aunque estemos en una época muy posterior a la del uso del telégrafo.

Es una verdadera lástima porque disponemos de la tecnología, disponemos del tiempo, disponemos del otro como contacto al otro lado, disponemos de los recursos comunicativos pero en cambio se carece de voluntad comunicativa y de deseo discursivo. Eso reduce la plataforma de emails para las relaciones epistolarias  a muy pocos, lo cual no es mas que un indicador estadístico de por donde anda la cultura sub-alfabética actual, lo que no deja de ser una ventaja porque esto permite dedicar mas tiempo a la comunicación escrito-digital a quien está por una cultura mas expansionista con criterios de profundis.

Las distintas secciones clasificadas indican cada contacto en cada para qué. Basta esto para que la agenda cumpla su función en cuanto procurar infos o encuentros para cada asunto. Tener contactos significa lo que significa, tenerlos; tener pues recursos y fuentes informativas, también plataformas de difusión y fuentes de obtenciones o posibilidades gestionales. Todo eso no significa ni tenerlo todo ni tener muchos amigos, parámetro éste cuantitativista que cuadra con el deseo acumulativo del consumidor de todo lo que sea con tal que sea consumible. Una agenda de contactos no tiene nada que ver con la visión esteticista del “quiero conocer chicos guapos y salir de fiesta”, que rezan algunos anuncios para subnos que se anuncian en algunas webs de contactos o de la llamada amistad. Es un instrumento de organización y de hecho de auto organización existencial.

Para terminar no hay que olvidar que el valor de cada contacto es bilateral. Tener un contacto valioso pero no serlo para el/ella es posiblemente una quimera. Si la bidireccionalidad no funciona lo mas probable es que la iniciativa fallida por una parte para reconectar no sea insistida y con ello solo quede un nombre en una agenda pero no la manera de conexión con una persona que esté a la altura de una demanda informativa o de una comunicación.

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