FLUENCIA TRANSCULTURAL

Trabajo manual y trabajo intelectual

 

Hay una especie de enemistad latente entre el trabajo manual y el intelectual. En el marco de una fábrica el uno es el que está en las naves de las máquinas de producción y en los talleres, el otro es el que está en las oficinas o despachos de planificación y dirección. En la lucha sindicalista tradicional se había creído que el sector de oficinas era el más refractario a comprometerse con las reivindicaciones salariales y de otro tipo de la mano de obra. Desde el punto de vista de la patronal, tener a sus asalariados divididos a veces por puras cuestiones formales era una ventaja. La verdad económica es que no necesariamente todos los empleados de oficina cobraban  más que los obreros manuales  de fábrica, aunque unos pudieran parecer mejor pagados. A menudo el salario era mayor en los trabajadores de fábrica ya que estos se acogían a horarios más largos o a primas de producción algo que no permitía hacer tanto el horario de oficina. Lo cierto es que la tradición de separar los unos de los otros se ha repetido incesantemente. Los trabajadores de cuellos blancos, que así se les llamó con una denominación que no sé si hizo mucha fortuna pero sí fue bastante discriminatorio, parecían saber más. Al menos empleaban las calculadoras o hacían los planos de las piezas a ejecutar por los otros, los de taller. Una cierta tensión entre los unos y los otros se daba a partir de la mayor aproximación incluso física de las oficinas a la gerencia y de las funciones de control desde estas del trabajo de los otros. Finalmente el calculador de primas de producción, de las fichas horarias de entradas y salidas,  mucho más de los tiempos de trabajo por unidades de producción, cronómetro en mano, no se granjeaba demasiadas simpatías. El simple listero de obra era ya un personaje anexo a la situación, alguien fuera de ella, que controlaba asistencias sin participar directamente en el esfuerzo productivo. La clase obrera mas manualista fue desarrollando sus trabajos por un lado y los planificadores los suyos sin que tuvieran mucho contacto a pesar de la estrecha relación en un plan global de coordinación y realizaciones.

Fuera del estrecho recinto de una fábrica el mundo ha ido evolucionando de tal manera que el trabajador manual directamente productivo ha ido a menos numéricamente mientras que el trabajador especializado en el sector de servicios ha ido a más. Es decir con un menor volumen de personas se consigue un mayor volumen de producción con la que abastecer a la población general.

Para el obrero manual alguien que ocupa su tiempo en trabajos no directamente productivos puede ser igual a alguien que no trabaja. Esa presunción se extiende no solo al trabajo intelectual sino también a la actividad artística. Se puede inferir que quien no entiende otros trabajos distintos al propio puede creer que no son verdaderos trabajos. El trabajador intelectual que se pasa  todo un horario de empleo en internet o con el ordenador puede ser tomado como alguien cuyas tareas son sospechosas porque no trabaja en maquinas contundentes que produzcan cualquier clase de productos como churros.

Siempre hubo necesidad de personas dedicadas a la planificación y que estaban más tiempo al teléfono o reunidos (con ese famoso participio pasado de verbo ligado a los ejecutivos o directivos) que no revisando las cosas en las líneas de producción. Por tanto, la intervención intelectual es desde mucho antes de la era digital, en esta todo lo que ocurre es una mayor evidencia  de su necesidad y de su tecnología sofisticada.

Pero hay un tipo particular de intervención intelectual en el campo de la teoría que está muy lejos de ser la propiciatoria de planificaciones concretas de ejecución del trabajo físico. Se mantiene dentro de una disertación elaborativa desde la que se revisa todo, incluyendo las necesidades fabriles, los trabajos concretos tal como se realizan, las producciones que se hacen masivamente y la misma necesidad de una clase obrera así como de un consumismo multitudinario de todo lo que ofrecen los almacenes. Es el punto de mayor  disociación entre una actividad y otra. Cuando alguien trabaja siguiendo ritmos, horarios e inercias que no cuestiona, una generación tras otra por no decir un siglo tras otro no solo esta metido en una actividad distinta a la intelectual sino que puede ser antagónico con esta, cuando desde el plano de la reflexión se impugnan conductas productivas por ancestrales que sean. El problema del trabajo teórico es que puede impugnar la necesidad de otros trabajos prácticos. De hecho el trabajo teórico es el mas esencial de todos porque substancia todos los demás. Está por encima de ellos, relativizándolos dentro de un plan general de necesidades lógicas. Muchas formas de trabajar son incorrectas con efectos dañinos tanto para los trabajadores como para los consumidores porque no son revisadas. El sindicalismo más pactista  ha demostrado  ser un movimiento de mejoras salariales y laborales sin plantearse serlo en una proyecto de reculturización de la existencia social y colectiva. Es desde la teoría desde donde se pueden elaborar ideas que evitan hacer trabajos además de corregir las formas ejecutivas de otros y seguramente proponer otros por hacer que antes no se han pensado. El trabajo intelectual conecta con la inteligencia mientras que el físico conecta más con la urgencia para satisfacer necesidades. He leído una falsa definición de felicidad como la máxima satisfacción de necesidades. No creo en eso. La felicidad pasa por la comprensión de los registros de vida: desde las necesidades  y carencias a los excesos de consumos y experiencias.

Para e hinduismo el aire contiene cierta cantidad de fuerza esencial que es el prana. Para la mayoría de vivientes el aire siempre es el mismo y sea cual sea la posición al respirarlo se obtiene el mismo resultado. La teoría se puede comparar a ese prana: algo que está latente en el ambiente pero que no todo el mundo alcanza mientras este sumido en el acto mecánico de la inspiración-expiración.

No todos los trabajos intelectuales conducen a puertos seguros ni todas las proposiciones revestidas de altas argumentaciones son de aplicación práctica o sirven para cambiar conductas humanas. El trabajo intelectual tampoco precisa de un alto coeficiente o disposición subjetiva para la elaboración. Basta(ría) elegir esa opción de trabajo y ser consecuente con ella metodológicamente. Robert Plomin[1] localizó un gen en el brazo largo del cromosoma 6 que presentaba cierta versión  en el 50% en los niños con alto IQ. Parecía corroborar la tesis de que en la inteligencia están implicados varios genes. Eso no significa que el trabajo intelectual dependa de los genios tanto como de las personas esforzadas y metódicas y formadas dedicadas a ellos.

 



[1]Del  Inst.de Psiquiatría .London

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