FLUENCIA TRANSCULTURAL

Los males de la historia

Una tesis de primer grado o  básica sostenía que había que aprender de los errores de la historia para no cometerlos de nuevo. Vale. Entendido. Después de muchas veces de defender esta tesis los errores históricos continúan. Las nuevas generaciones en lugar de superar los bloqueos del pasado inauguran otros nuevos. Se ha utilizado la idea del evolucionismo social como algo garantizado presuponiendo que el siglo posterior necesariamente será mejor que el anterior. Esta es una afirmación en falso. Para demostrarla hay que comparar, con una batería multidimensional en la mano,  ítem a ítem, para ver cuales son futuristas superando los antiguos y cuáles no. Obviamente, a la vista está, que la tecnología del automóvil, de la informática, de la telefonía  y de otros sectores se perfecciona. Nadie cambiaría su automóvil de motor de inyección eléctrica moderno de ahora por uno de principios de siglo pasado, tampoco su ordenador portátil por lso antiguos ordenadores de fichas o su teléfono de bolsillo por uno de maletín. Sí, no nos entretengamos en la discusión de este punto. Sí hay variaciones en positivo por lo que hace a tecnologías. Pero ni éstas alcanzan a todos los campos (los edificios para albergar en masa a residentes siguen haciéndose mal, las planificaciones de las ciudades dejan mucho que desear, un montón de objetos domésticos o de consumos envasados son nefastos) ni es suficiente valorar solo los aspectos tecno. Para saber si ha habido, si hay evolución real, toca medir y comparar las ideas, toca medir y comparar las emociones y los sentimientos. Las generaciones de ahora en términos generales no superan sentimentalmente las anteriores. Más bien parece tomar cuerpo la hipótesis opuesta. La actualidad no alcanza la categoría del pasado. Más conflictos, más fronteras, más guerras, más atropellos a los derechos humanos, una mentalidad más ruin, una perversión de lso conceptos clásicos cruciales tales como solidaridad o libertad o justicia. Ahí donde hay un agente representando oficialmente  una gran palabra podemos apostar por encontrar un gran falsificador: sea un juez o un jurista en el sector de la justicia, sea un político gubernamental, sea un mánager de una oenegé. Hipotéticamente una generación posterior debería superar a la generación anterior por lo que hace a formas de trabajo y formas de relación. No es así, hay generaciones posteriores que echan a perder los resultados de trabajos esforzados de las anteriores. En términos generales el planeta Tierra es más invivible en el siglo XXI por lo que hace a su cambio climático y a su atmósfera recargada que en los siglos anteriores. El siglo XX que fue el que superó en mortandad a los siglos anteriores con sus grandes guerras no dejaron de ser ensayos generales de autodestrucción que se practicaran con cotas más terribles en el XXI y posteriores. Una visión apocalíptica del futuro es lo menos que se puede tener. La tecnología no sirve tanto para acercar más a los seres humanos como para hacer más precisos sus disparos y sus ingenios de fatalidad y muerte.

En esa posible lista de ítemes comparados por épocas se podria crear la autentica estadística y ranking del progreso. Lejos de pensar que fuera una línea en diagonal siempre escalando hacia arriba tendría altibajos. Unos años o décadas serian perores que los anteriores en no pocos registros o temas.

¿Quién aprende de los males de la historia? No serán los historiadores y si acaso fueran ellos, no son los que ocupan los sillones de las castas de poder para redirigirla y enmendarla. La historia tiene por constante los conflictos entre naciones, la rivalidad entre los grupos que ambicionan el poder, masas populares sumisas que aguantan indecibles cotas de insultos y opresión, profesionales armados –sicarios- dispuestos a matar por mantener sus privilegios y pagas. En siglos precedentes había un futuro por el que luchar, se creía cuando menos en la posibilidad de una oportunidad histórica  para el socialismo, los más utópicos hablaban de la acracia. En la actualidad, es decir, desde  una década colmada ya, se teoriza el no-futuro. Lo que puede ser considerado como porvenir (lo que está por venir9 va a tener bastante más de lo mismo pero con la añadidura de efectos peores. Guantánamo es la permanencia de u cetro de reclusión absolutamente ilegal. Lo grave no es ya que los USA no respeten los derechos humanos, sino que las diplomacias europeas y otras asiáticas con fuerza no proteste constantemente por eso. Que no lo haga China (otro país de la larga lista de los que no cumplen los derechos humanos) tiene su explicación (los peor de la especie humana se compincha tácitamente para no denunciarse mutuamente) pero que los gobiernos europeos hagan como si no ocurriera nada  tolerado a los USA lo que hacen retrasa increíblemente una perspectiva de futuro.

No, los males (es decir, su reconocimiento) de la historia no sirven, no están sirviendo para encauzar una historia de futuro mejor. Dentro de cien años alguien escribirá que lo que estoy diciendo ahora es escasamente radical en comparación a los eventos de ese después, del mismo modo que ahora me parece que el fatalista Hobbes o que así lo consideré erróneamente en algún momento no hizo más que desenvolver tímidamente la caja de truenos. La realidad es mucho peor de lo que sospechó a pesar de su gran intuición.

Si, desde la actualidad, por deficitaria que sea, queremos ayudar al futuro lo mejor que podemos hacer es reconocer que no existe; entiéndase, que no existe en el sentido de un esplendor dela raza humana, de una liberación de  sus ancestros, de sus equivocaciones cruciales, de sus mentiras, porque todo eso pasa por liberarse de si misma, de sus engaños y miedos.

La mejor conclusión a la que llega la gente es que no puede hacer mucho o nada por lso demás, por el mudo, por la historia, por la especie. La peor de las conclusiones es que no pocas personas, millones de personas, después de biografías degradadas no son reeducables. Otra de las peores conclusiones es que los saberes destilados, en lugar de servir como diseño para  una nueva cultura universal de las relaciones humanas quedan un tanto congelados dejando que sean las determinantes económicas, los egoísmos, la malicia instintual y otras odas nefastas de la actitud que ocupe el mando de los comportamientos.

Los males de la historia no son los de los grandes poderes, los clanes asesinándose los unos a los otros o maquinando exclusiones de rivales nefastos, la codicia de las minas o fuentes de riqueza. Todo esto es una colección de eufemismos. Los males de la historia son los mismos males que tiene el ser humana. La trampa polémica entre lo que es peor si el ser humano o sus circunstancias ha mantenido los debates tras epistemes autojustificacionales. Sin duda el ser humano es expresión de su tiempo y de su cultura pero también lo es de si mismo en lo que quiere evolucionar y en lo que quiere frenar. En  primera y última instancia quien hace la historia y por tanto activa, crea o reproduce sus males es cada ser humano, desde el magnatario principal que da ordenes al último pringado que las cumple.

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