FLUENCIA TRANSCULTURAL

La expresividad sexista.

 

Lo femenino y lo masculino en el texto escrito.  jesusricart@hotmail.com

feminismo ha insistido en la toma de consciencia acerca de que el lenguaje ejerce una función discriminatoria debido a su sexismo dominante inherente. Lo masculino está por doquier en la expresión verbal y escrita tanto si se refiere a situaciones exclusivamente masculinas o al plural masculino femenino, o incluso a menudo en situaciones de exclusividad femenina.  Tanto es sí que las críticas adecuadas a las torpezas de esa herencia gramatical, ha llevado a las paradojas semánticas de las repeticiones substantivas, de tal manera, que  ni “los unos” ni “las unas” se sientan excluidos de las referencias verbales además de que se sientan específicamente aludidos/as. Para unas pocas frases orales, hacer las correcciones en todo lo pertinente a ellos-ellas, nosotros-nosotras- los y las, y demás precisiones necesarias,es lo recomendable y lo propio de una manera actualizadora para acabar con el lenguajes sexista dominante. Pero ese procedimiento tienen dificultades en cuanto a incorporarse en la totalidad de las escenas cotidianas semánticas, dado que choca frontalmente con el principio de economía del habla, que tiende a la abreviatura, a la simplificación y al uso reducido de palabras para decir lo mismo. en todo caso, el habla orálica permite cuantas rectificaciones y precisiones sean convocadas in situ y en función de las amonestaciones en el mismo momento de interlocutores/as indispuestos/as con el lenguaje dicente.A diferencia de la expresión escrita, en que puede quedar más instalada una hegemonía de un lenguaje de género. de hecho depende de quien sea quien escriba si va a haber una predominancia de construcciones sintácticas y semánticas y un adecuado manejo delos artículos, además de las terminaciones en masculino o femenino. Por mucho que el relato de un discurso científico  use neutros, siempre acabará siendo necesario por una parte el recurso a los plurales, cuya preferencia al plural masculino puede ser interpretado como un agravio a la pluralidad de pensantes y lectores/as y lesivo -por omisión- a la condición femenina. Esta visión es fundamental para construir una redacción ecuánime y comprensiva de todas las variables en cada afirmación. Aunque un exceso de cuidados terminológicos en este sentido puede ir en contra a la agilidad del propio texto, ya de por sí recargado si precisa de párrafos con continuas matizaciones. Y de otro lado puede acabar resultando cacofónica una preferencia a formalidades por encima de la teoría que se está defendiendo. Pero puesto que la narración teórica puede admitir baja a la terminología de lo singular para aquellos aspectos menos consensuables o no objetivos, depende de cada autor/a la lección particular de su género.

Por mi parte he uso y uso la función gráfica de la palabra expresada primero en masculina añadiéndole la barra (/) y después sin pausa su terminación en femenino.también puedo contrabalancear la modalidad, haciéndolo al revés, primero en femenino,barra,y finalmente la terminación en masculino. Quiérase o no esa especie de cortesía expresiva acaba cuantificando el número de caracteres e introduciendo una cierta repetitividad, además de una costumbre en contra del tiempo. Vale la pena  a falta de una lingüística que permita unos plurales neutros con unas fórmulas léxicas, lo que no impide que inconscientemente salga la terminología sexista clásica en los autores masculinos.

Mi criterio es el de tener en cuenta la colectividad divisa en sexos y mencionar a ambos cuando de ambos hablo, pero me consta algunos olvidos al respecto. en tanto que la mente está estructurada en lenguaje es difícil creer que basta una corrección semántica para que el pensamiento cambie y cada hablante pase a hablar en nombre de un nosotros y nosotras. en todo caso los cuidados terminológicos a este respecto ni quitan ni aumenta la belleza del texto (aunque m´ñas bien la puedan dañar por su recargamiento)y no sustituyen su validez científica o discursiva. En lo cual por encima de la manera de hablar sigue prevaleciendo  lo que se está diciendo.

 

 

 

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