FLUENCIA TRANSCULTURAL

El neologismo vindicado

 

El tema del neologismo tiene dos aproximaciones diferenciadas pero complementarias; contrarias,incluso,pero simbióticas.

Es aceptado el neologismo como un indicador de psicoticidad, y ciertamente hay referencias que lo vinculan a las esquizofrenias[1] .Y de otro lado es aceptado el lenguaje como un cargamento de significantes y significaciones que más allá de su valor comunicacional,tienen un impacto simbólico con efectos instalacionistas del equívoco. La ambigüedad comunicativa es un epifenómeno inherente a las propias prácticas comunicacionales: desde las que se dan en el ámbito privado a las que se ejercen profesionalmente a través de los media.

Los malentendidos han alcanzado tales dimensiones que se han gestado cruzadas (lingüísticas o no)para ensalzar la precisión.Parece que la exactitud  tiene por feudos la lógica formal y las matemáticas, y fuera de ellos queda el imperio de la empiria es decir de la inexactitud .También los discursos orales y la espontaneidad hablada va creando nuevas palabras, que tardía  y resistentemente van incorporando las reales academias en sus archivos y consensos.el neologismo pues en lugar de ser un fenómeno aislado o una praxis del loco, es un actividad inherente a la propia habla.Tanto es así,que algunas  conversaciones metalingüísticas necesitan hacer uso in situ de determinadas nuevas palabras para avanzar en la comunicación,aunque luego no vuelvan a ser reutilizadas.

Es muy distinto el/la neologista que habla para él/ella(rasgo psicótico) sin importarle si es entendido/a o no en su habla al/a la teórico/a que propone nuevos componentes léxicos con los que ir dando su enseñanza o su comunicación. Es por esa vía que necesita ser interpretada cada nueva proposición o formulación expresiva según el contexto donde ha sido expresada. A menudo basta tener en cuenta el semantema o la parte radical de una palabra para hacer variaciones con ella.Cada familia de palabras puede tener su propio crecimiento:las hay más o menos numerosas según la necesidad en que la comunicación estimule la formación de nuevas  expresiones.Y cada innovación puede quedar establecida y puntualmente aceptado para el acto comunicacional sin necesidad de una parafernalia formal o de un consenso estricto.en cierta manera todo hablante es un neólogo en potencia. Si no se tiene la palabra adecuada en un contexto conversacional se trata de encontrar la palabra más aproximada y si no se tiene ninguna de las dos se puede optar por crear una a partir de una prerrogativa de lo híbrido, la semblanza, la homofonía o la voz que inspire lo que pretende ser comunicado. Obviamente una profusión  de neopalabras puede crear un espacio de confusión, pero una abstención de ellas,puede crear un simulacro de claridad que tapone las dudas no resueltas. Un paralelismo al acto neologista en tanto que acto inventivo,es el del recurso a otra lengua de  una expresión buscada en la que se está hablando.Tácitamente es reconocida la insuficiencia comunicacional al citar una frase hecha prestada de otro idioma.Si este empleo en exceso puede generar una cierta desazón en la parte interlocutora  u oidora que sigue la exposición, ¿porque no conectarlo a la sensación difícil producida también por nuevas palabras transportadas de otros idiomas? La comunicación en tanto que un proceso vivo que maneja  palabras como los instrumentos y los materiales (instrumento manipulador y objeto manipulado a la vez)no puede existir sin una neológica continuadamente renovada[2] .Ese proceso de innovación es una ley que se cumple en otros campos de la interacción. Bajo tal prisma el lenguaje propone,elige y establece modificaciones así como otros campos de manipulación van cambiando su comportamiento y uso de los elementos[3]  que los integran.

 

 



[1]  en cuya estructura el fenómeno no solo puede quedar limitado a una  adopción de unas cuantas palabras nuevas y sin sentido, sino a una verborragia íntegramente constituida por incomprensibles.Conocí cuando menos un caso  de máxima inteligencia que llegó a confeccionar un extenso vocabulario y su propio idioma.

[2] en ese sentido  los diccionarios y las enciclopedias vienen siendo los productos de colecciones,cuyas ediciones van quedándose periclitadas y necesitan renovaciones continuadas.ciertamente Las ediciones no son totalmente acumulativas, y nuevas incorporaciones lexicales vienen a desplazar a antiguos usos formales cuyo empleo se ha extinguido.

[3] El ebanista que trabaja con maderas y crea formas figurativas con ellas, mantiene en activo un proceso de creaciones.La misma relación con lo nuevo puede describirse en cualquier otra situación en la que pensemos a título comparativo;:el programador informático que crea nuevos operadores y nuevos nombres para ellos, el  taxonomista- indirectamente ya citado antes- que debe poner nombre a lo necesitado de clasificar o el lumpen que inventa nuevas formas de relación y expresiones lúdicas con un nuevo arsenal de palabras que lo acompañan, dentro de una infinita variedad de escenas evocables al respecto.

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