FLUENCIA TRANSCULTURAL

Entre la distancia y la ausencia.

La distancia y la ausencia son palabras que han llegado a ser confundidas presuponiéndose que la una implicaba la  otra. Ambas nociones están variando sustancialmente en los últimos tiempos. Estar/no estar había sido siempre la doble característica binaria para describir la ubicabilidad ajena, la accesibilidad a otra persona. La disposición del otro pasaba por su presencialidad. Trabajar significaba acudir a un centro de trabajo (costó mucho tiempo admitir que había un trabajo doméstico, que también significa trabajar  y además uno de los más multifacéticos, también costó un cierto tiempo crear redes de colaboración sin la concentración de los colaboradores en el mismo espacio físico) y estar con los demás pasaba por salir y reunirse con ellos. Salir se convirtió en uno de los verbos que más se usaban en relación a la vida social y a las relaciones con los demás.

 El planeta digital  viene cambiado el concepto de coordenadas porque la noción de espacio está en profunda transformación. Ya no se refiere a un lugar únicamente físico, sino a un lugar de encuentro o una tecnología que lo facilite. La cita virtual  ya ha dejado su periodo infantil de pruebas y experimentación para pasar a una de perfeccionamiento y considerable importancia. No solo tiene pleno derecho a su reconocimiento en toda su entidad para el valor del contacto humano, sino que puede superar en eficacia a las relaciones presenciales. El potencial de esta verdad es tal que todo el discurso de la ansiedad (el de la queja contra el otro por no estar) se encuentra descolocado por no tener coartada. En una época en que la telefonía móvil todavía o había desarrollado los celulares de bolsillo, una amiga me cuestionaba que nunca estaba localizable. Le propuse que me comprara un móvil, por aquel entonces muy caro en comparación al abaratamiento  que  experimentó ese artículo. A partir del momento en que  se va disponiendo masivamente de  celular o de ordenador portátil cada persona es una terminal de una gran red, también una fuente de emisión, un generador de imágenes e infos, y sobre todo un interlocutor posible. Otro asunto es que se articulen las condiciones  para la conversación y el entendimiento.

Había heredado los conceptos de viejo cuño de la era predigital de tal manera que los correos personales con personas queridas estaban marcados por esa doble noción de la distancia (en el sentido geográfico literal) y de la ausencia (en el sentido de la no presencia). Los últimos tiempos están demostrando que la no presencia física no tiene porque comportar la ausencia. De hecho hay reencuentros con antiguas relaciones en el espacio digital, en alguno de sus recursos comunicativos, que restauran relaciones bloqueadas o distanciamientos emocionales  e incluso pueden adelantar a la intimidad que se consiguiera antes en la época del contacto presencial.

Mi experiencia de no estar en casa o estar en otra ubicación o país me costó ser interpretado en mi falta de interés o en mi ausencia permanente. Mi paradoja biográfica me ha indicado es que desde lejos (expresión de viejo cuño) podía estar tanto o más interesado que estando cerca. La verdad es que las cartas y con ellas un registro de comunicación mayor se suelen escribir desde la distancia. Una carta simbólicamente contiene un acercamiento mayor que la  oralidad permitida por la proximidad cercana.

Los viajes y las exploraciones por el mundo me demostrarían que la distancia ha dejado de tener el peso espectacular que tuvo en el pasado. Hoy día, prácticamente, todas las distancias son  fácilmente superables por la enorme red de transportes que existe pero  también lo son sin necesidad de desplazamientos ya que de las cuatro razones de ellos (transporte de mercancías, exploraciones geoculturales, contacto físico humano y comunicación) la comunicación se puede hacer en perfectas condiciones a distancia siendo además ésta la que  propicia, prepara o informa de las posibilidades de las  otras tres.

Quedar para verse las caras ya no es tan importante o lo es tanto más  si la comunicación escrita falla. Verse las caras también implica condicionar al otro para que dé la suya en el sentido metafórico de hablar, explicarse, decir, comunicar, destaparse. Pero todo eso no es nada que no se pueda hacer por webcam y por comunicación escrita con, evidentemente, las variables específicas de cada forma de contacto.

En Correo de un padre ausente/Correo desde la distancia fui reuniendo todas las cartas que envié a mi hijo de niño -del cual fui separado convivencialmente a una edad prematura- a las que también fui agregando las que le seguiría enviando de adulto. Si no estaba yo físicamente a su lado al menos que estuvieran mis palabras escritas.  Por supuesto las palabras escritas no iban a sustituir mi presencia convivencial pero al menos me representaban y demostraban mi pensamiento continuado para con él desde cualquier parte en que pudiera estar. Después de mucho  tiempo de corresponsal de no poca gente he llegado a la conclusión que casi nadie tiene tiempo para el correo escrito salvo una rara saga de amantes de la comunicación intimista expresamente volcada para que quede constancia. En esa  manera de información de lo personal queda al descubierto todo: lapsus, verdades dichas, deseos de todo tipo, los cumplidos y los que no, experiencias tenidas, las que han valido la pena y las que nos han hecho perder el tiempo… La comunicación escrita tiene entidad propia no quedando relegada solo a una información complementaria a la que pueda ser oral. De hecho hay relaciones en las que lo escrito tiene un peso más considerable que las oportunidades dadas a la oralidad.

La ausencia en la actualidad  es una construcción de la voluntad en lugar de una imposición por los limitantes materiales del contacto. Sea cual sea la distancia hay maneras para la relación virtual. Esta virtualidad permite rescatar el virtuosismo  comunicativo que ni siquiera la oralidad presencial lo proporciona.

Actualmente, mientras la distancia es un concepto objetivo determinado por imperativos externos la ausencia es algo que forma parte de las sensibilidades de cada cual. No está más ausente de tu vida aquel que está lejos sino aquel que elude la comunicación, la demora o no la corresponde debidamente. Personalmente no soy –no suelo ser- quien interrumpe la comunicación con los demás, (el mundo ya lo encontré muy disoluto e incomunicado cuando me estrené en él como para incrementar esa lacra) pero sí  he pasado –y continuaré pasando- por no pocos episodios de disrupción de la comunicación cuando el vertido crítico no ha gustado a la otra parte. A mi pesar  el mundo está muy bloqueado y a pesar de toda la tecnología todo termina por volver al silencio cuando a falta de palabras se opta por callar o a falta de argumentos se opta por insultar.

El correo de un padre a su hijo (seguramente la idea también me vino dada por  las noticias que recibí de otros escritores/as que lo hicieron con los suyos pero sobre todo por la determinante insalvable de la separación) no deja de seguir las pautas de todo correo o al menos de la mayoría de experiencias de correo postal (que luego sería digital), el de una parte más dedicada (la mía) y la otra menos interesada en las respuestas e incluso en hacer acuse de recibo de los envíos. De niño, de  mi hijo tan solo recibí una carta  en Alicante, que además había sido el resultado de  un trabajo de clase en su colegio. Si con los años saqué adelante mi correo hacia él fue para que lo recordara y para que quedara un testimonio de los avatares de nuestra distancia.

Escribir cartas a alguien supone hacer un libro que dura toda una vida. El correo personal es uno de los géneros más intimitas que existe. Quien las escribe no es totalmente consciente de su coherencia o no lo es  mientras no las relea todas de golpe como libro avanzado o terminado, algo que nunca he hecho con ningún libro mío, ni  los epistolarios ni  los otros. En ese sentido el escritor de cartas si ha sido sincero y espontaneo con ellas es una de las personas más trasparentes que existe porque no tiene temor a que sean usados como documento para revelarlo tal como es. Al revés al sospechar eso hay gente que no escribe nada para que eso no lo comprometa. Siempre hay el peligro de tropezar en el mundo con ultra legalistas que se acogen a la literalidad de una frase sin entender el contexto en el que ha sido escrita.

Después de vivir  distintas clases de distancias físico-geográficas con personas queridas y luchar contra la ausencia para superar  tanto mi sentimiento de soledad como  la no correspondencia de la otra parte  no pude por menos que reconocer sus ventajas. La ausencia del otro permite trabajar en lo propio desde el aislamiento. En cuanto a la distancia ya ni siquiera tiene sentido comentar, que tomar distancia de lugares permite entrar en otros capítulos biográficos, otros contactos y otras fuentes de saber.

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