FLUENCIA TRANSCULTURAL

La criticabilidad del crítico

 

La condición de criticabilidad la tiene todo viviente que no se libra de la metáfora o del escarnio según le toque y del análisis denunciativo de sus incoherencias y gapazos. El crítico en relación a lo criticado y al agente portador de la conducta criticada no hace más que adelantarse a lo que éste hará en relación a aquel si tiene la oportunidad. De hecho todo crítico por su condición de actuante incurre en actuaciones objetables y, a la que se descuide, muy reprobables. No es cuestión de andarse con susceptibilidades por decirnos los unos a los otros  las fallas e inconsistencias aunque es cierto que hay medidas profilácticas para tampoco hacernos demasiado caso. Hay que filtrar muy fino para encontrar las pepitas de oro. Sé de escritores que no leen nunca las críticas de sus nuevas publicaciones, directores de teatro que viven de espaldas a lo que dicen de ellos, articulistas que prescinden de los comentarios formalistas que generan sus artículos y creadores en general que prescinden lo que dicen de ellos para no dejarse afectar. Se diría que los discursos coexisten sin tener porque congeniar. Cada uno va a lo suyo y se reconoce en lo que es pero no se interesa en detalle por lo que hace. La excepción a eso es la de la figura del crítico que estudia lo que objeta, lee lo que critica o acude al espectáculo que luego evalúa. Se sigue diciendo después de los estrenos aquello tan socorrido de “éxito de crítica y de público”. Está conectado. No está de más leer el comentario crítico (no confundir con los reclamos publicitarios) de una nueva performance antes de arriesgarse a desplazarse hasta ella para perder el tiempo. El crítico es alguien que habrá ido antes y dará sus opiniones. No deja de ser un informador. Si es un crítico independiente su análisis no tiene porque coincidir ni favorecer con la compañía, con la sala de distribución, con la claca o con los actores. Si es acertado puede resultar desagradable pero inexpugnable en lo que diga. Antes sospechaba que el crítico de teatro o de cine era alguien que se agazapaba en la última fila en el sitio más discreto para tomar sus notas para no perderse detalle. Luego aprendí que cualquiera que se interese por la calidad de los consumos evoluciona a crítico si antes no ha muerto en el intento de empachos indigestos de productos adulterados, tanto los que se introducen por la boca como cualesquiera otros asumidos por el sistema perceptivo.

El crítico lleva delantera. Su forma de captar, ver y gozar un espectáculo, una conferencia, una lectura es ya desde una posición analítica. Su modo de percibir es dual: de un lado hace de espectador y otra de observador, No se le pasan por alto algunos detalles y además de impregnarse de imágenes, escruta mensajes, se detiene en detalles, inventaría despistes y vacios o subraya lecciones y gestos magistrales. Luego, ante su ordenador, le saldrá a chorro lo que podía haber dicho de viva voz, si tras el foro, la película o lo que fuera se hubiera dado esa posibilidad. Como lo tiene por la mano presentará su análisis, lo  enviará el mismo día o lo publicará  en cuanto pueda y luego pasará a otra cosa. El crítico es el tipo que mete el dedo en la llaga o en  el recto para saber el estado de la cuestión. A fuerza de entreno enseguida descubrirá si está ante una obra de arte o algo que quiere parecérsele.

La crítica artística cumple una función indirecta: mantener el nivel de intelectualidad alto y lúcido ya que lo que es permitido hacer en arte hasta la demolición si es necesario no es permitido hacerlo en política. (glosa marginal: los políticos vocacionales deberían ser enviados una temporada al inicio de sus carreras a sesiones duras de psicodrama, teatro amateur, lecciones de oratoria y confesionarios de sinceridad para tener una buena dote con la que enfrentar sus carreras con más éxito). En política basta la menor crítica para que la gente abandone el foro con la típica reacción infantil de no aceptar que el otro –que por supuesto es criticable- se tome la arrogancia de criticarte. Véase el boicot de 9 paises (Usa y algunos de la UE sobre todo) a Ahmadineyad y de paso a toda la cumbre internacional sobre racismo por acusar a Israel de racista (la prensa se ha hecho eco de ello diciendo que ha sido por insultar a Israel). El premier iraní no puede presentarnos un país que sea el país terrenal y desde luego tiene mucho retraso histórico por lo que hace a las garantías de los derechos humanos pero eso no impide  su derecho a la crítica. BanKi-moon, el secretario general de la ONU, lamentó esa reacción pero no fue más allá haciendo su propia crítica al abandono. Por cierto “lamentar” es uno de los verbos diplomáticos más en alza.

El problema del crítico es que puede decir la verdad. Eso asusta tanto que la diplomacia e bloque se ha convertido en un nuevo espectáculo para dar vidilla a la mediática y no resolver nada. todos los estados tienen cosas que esconder, por eso forman parte de la complicidad común en no decirse las verdades para no perder los favores. Si alguno lo hace puntualmente es que se equivoca y es inmediatamente proscrito por el resto de la comunidad de juego, se le echa del club por no respetar las normas de juego. Con el crítico que funciona de francotirador se hace lo mismo, se le aísla o se le ignora. En particular si no representa una posición de fuerza y no es miembro de un grupo que lo avale. Lo que menos importa, como suele suceder siempre es el qué, y lo que más, el cómo, el momento, el poder de divulgación, el impacto de resonancia.  El crítico más experto y ético no por eso deja de ser criticable, pero la criticabilidad del crítico no lo anula como tal. Eso es lo que está olvidando la industria de la información y de la imagen. Por su parte el crítico pillado in fraganti en su propia salsa de errores (nadie es tan inmaculado como para no tener sus propios déficits y agujeros) si no está preparado puede autoexcluirse por no poder soportar la presión. Todo seria mas sencillo si nos aceptáramos en la volubilidad humana y hubiera una disposición constructiva al aprendizaje mutua y a la superación colectiva de los traumas humanos.

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