FLUENCIA TRANSCULTURAL

Dejar de comprar

 

Dejar de comprar. JesRICART. Este articulo inicialmente inserto en el enlace abajo transcrito de Expansión no duró mas de 1 dia y fue eliminado sin contactar con su autor. [1].

La crisis económica más exactamente es una crisis de producción sin olvidar las prácticas especulativas. Y una crisis de producción más exactamente quiere decir una crisis de superproducción. De entrada parece un contrasentido ¿Cómo es posible que una mayor cantidad de algo pueda llevar a una crisis? Pues sí, los excesos llevan a crisis. Basta cenar el doble de cantidad o de la comida para tener problemas  todo el día y el resto de la noche. Basta doblar la velocidad en una  curva peligrosa para matarse y no contarlo. Los excesos llevan directamente a la crisis. Ni el más poderoso de los barcos mercantes puede cargar con el doble de su carga máxima, tampoco puede hacerlo el TIR más  reluciente. En resumen el exceso es peligroso incluso puede serlo más que el deceso. La ventaja del exceso es que los productos acumulados que no tengan salida inmediata puede/podrían tenerlos los siguientes años, claro está si no se deterioran. El problema del sistema es que fabrica cosas para el inmediatismo, su demora en la venta es igual ya a pérdidas, entiéndase:  a no conseguir las ganancias estimadas a priori. El sistema sobrecargado saltándose sus propias leyes de una lógica de desarrollo ha taponado las salidas, las producciones se han encallado, los inversores basados en curvas de crecimiento exponencial que no se van a cumplir fracasa, se arruinan o contraen una úlcera por estrés; muchos productores se quedan sin tener que producir, las empresas cierran o disminuye considerablemente su producción. Estructuralmente todo lo que está pasando es un gran toque de atención. Lo peor  sin embargo no es eso. El hecho de que se produzca menos, echando números, solo significa que la producción ofertada se ajuste, a la fuerza ya que no lo hizo por las buenas,  a la demanda real. Primera elección de economía práctica que la elemental organización domestica de una sola boca aprende empíricamente. Pero la producción disminuida no significa realmente un problema directo para el sistema, (al contrario la naturaleza y la salud ciudadana encontrarán mejorías) le problema mayor es que la expulsión de productores de sus puestos de trabajo se traduce por una disminución de sus niveles adquisitivos y esto por la reducción considerable de la adquisición de productos. Ecuación inferida: no ser productor es igual, a la larga, no ser consumidor, Y aquí, en esto, sí que duele al enfoque del capital. De ahí que las bolsas presupuestarias para estados de crisis prioricen la importancia de la recirculación de capital. Los bolsillos no pueden quedar vacíos, todo el mundo debe continuar haciendo vida “normal” como si no hubiera pasado nada, siguiendo con su tren de vida, no privándose de placeres, gustos, lujos y pagos, por superfluo que sea todo ello. Lo peor de la crisis sería que tomara el look más dramático: que cerraran los comercios de primera necesidad y que los consumidores no pudieran abastecerse de los servicios y los productos básicos. Mientras esto funcione la verdadera crisis queda limitada al discurso alarmista de la crisis.

Si damos la vuelta al razonamiento se puede inferir que la reducción de los consumos innecesarios puede llevar a un trabajador a pleno rendimiento y en perfecto uso de sus facultades mentales a dividir por 2 o por 3 o por 4 o por 5 o incluso por 10 su tiempo de contribución diaria, semanal o anual al trabajo si con esta porción consigue cubrir sus necesidades reales. De eso ni se habla ni se quiere oír hablar porque trabajar menos significa ganar menos y si ganando lo que se gana ya se tienen problemas para llegar a fin de mes en muchas  familias, ¿qué decir de la entrada de menores ingresos?. Vindico tal discusión. Dejar de comprar como opción no es una castración por el lado de la privación sino una evolución por el lado de la prescindencia. La cuestión no es pasar hambre, aunque ya que lo menciono ninguna comida debería concluir sin que el comensal se quedara con un poco de hambre, sino pasar de un infinito número de cosas innecesarias. Cada cual sabe los artefactos de los que se rodea y de los que no puede prescindir (yo podría prescindir del coche  pero no del ordenador, otra persona dirá lo opuesto) pero todo el mundo carga con sobrantes, todo el mundo menos quienes vivan en condiciones de miseria.  El gran fantasma de quien pierde el trabajo es que le ve los colmillos al lobo (los acreedores) y que no va a poder asumir su anterior tren de vida. Sí, es un problema. Pagar al jardinero para que recorte el césped, las facturas de agua para renovar el volumen almacenado en la piscina, hacer el millar de kms al menos por semana en cada unos de los coches del garaje, pagar el club de tenis, el hipódromo, tomar el puente aéreo cada 3 días, ir al restaurante más caro de la ciudad, ir de copas todos los viernes a los lugares de lujos, ah, y no olvidarse de comprar el abrigo de pieles. Pesemos en otro perfil más mayoritario. No cobrar ni siquiera mil euros al mes significa no poder pagar los 600 de alquiler, privarse de restaurantes y todos los demás gastos, ir de compras al Lidl o Dia como almacenes baratos que ofrecen calidad y dejarse de otras exploraciones comerciales. No tener dinero significa no poderse pagar unas vacaciones en un hotel aunque sea de pocas estrellas y sin estela, o poder asumir cursos extraescolares para los niños o sudar para poder pagar sus cuentas de cada mes. En caso extremo o tener dinero es hacer cola en el despacho de asistencia social para  ver lo que pueden hacer por ti sin que nadie te vea, aunque en el momento de la despedida ya en la puerta de salida no del despacho sino de la oficina el capullo que te ha atendido te diga a la despedida: no te preocupes que todo se solucionará, con lo cual si un vecino te ha visto sabe a lo que has ido u no puedes decirle que hayas tenido una cita profesional.

Las cosas no están tan mal pibe dejar de comprar es recurrir a lo que ya tienes comprado. ¿Acaso no habías trabajado duramente durante muchos años pensando en el día de mañana por si te faltaba alguna cosa? Pues bien, ese día del mañana es hoy. Hoy necesitas acudir a tus silos, cocinar los granos que estuvieron esperando durante 7, 14 o 28 años  para ser comidos. Acabo de echar una ojeada a mi armario antes de escribir esto: tengo más ropa de la que voy a poder usar el resto de mi vida (puedo prescindir de la moda, otra chorrada más), tengo más portafolios y maletas de viaje de las que se me va a estropear, tengo más ordenadores de los que me dará tiempo de romper (aunque la tecnología anda tan rápida que antes de terminar el año compraré el tercero (el de este año) y el numero, ni se sabe, de lo que llevo de vida informática, estoy sobrado de muebles y a cubierto con los techos de los dos apartamentos de los que dispongo; tengo libros de sobras para leer un rato el resto de mi vida, tengo una lista interminable de ideas sobre las que escribir con lo cual no pararé de autogenerar mi propio trabajo mientras viva, tengo mil sitios a los que ir y otros cien mil que me faltan conocer (no me falta entretenimiento). En fin soy un privilegiado, aunque esté sin trabajo asalariado y mis ingresos sean escasos. No todos los casos son iguales. El mío es este porque ya inicié la andadura como residente de la sociedad capitalista prevenido de que era –sigue siendo- la sociedad  del engaño más gigantesco.  Sé de otra mucha gente que no se lo toma con tanto sentido del humor: las facturas los acosan, no puede pagar todos los enredos en los que se ha metido, ha tenido hijos sin poderles garantizar la estabilidad básica no se ha puesto en negocios sin garantía. Sus declaraciones son de otro signo distinto. Respeto profundamente el dolor generado por la miseria pero no justificaré la irresponsabilidad  de nadie metiéndose en ella. Por otra parte ser pobre no tiene porque significar ser miserable. Nunca he valorado a nadie por sus rentas anuales, ni las pregunto ni me interesan, cuando alguien por error táctico al elegirme a mí como su escucha me habla de lo que gana o de sus éxitos empresariales  no le escucho o cambio de tema. No me interesa en lo más mínimo. Para sobrevivir se necesita en primer lugar un gran saque para la ironía y en segundo lugar una pequeña cuenta económica con la que pagar lo básico. Se puede prescindir totalmente de todo aquello que se compra, se guarda y no se usa nunca o se usa una sola vez. La mayoría de compras están orientadas a la apariencia y a tener segurizantes, pero ningún objeto material proporciona la seguridad cuando uno psicológicamente no está autoafirmado.

Dejar de comprar es una opción (la inmensa mayoría de cosas son prescindibles) que pide una previa, aprender a comprar mejor. Es decir, ser más críticos y exigentes con la calidad de las cosas, no aceptar artículos que vienen con envasados cuyo coste tiende a  igualar al de su contenido. Aprender a comprar es entrar con un alto sentido evaluativo de los objetos a un establecimiento. Por cierto la educación básica adolece de esta asignatura crucial: aprender a comprar, aprender a consumir. E lugar de eso toda la cultura con la que se carga al empleado, al productor, al asalariado, es el de ser  un consumidor. Consume, cuanto más consumas más estatus, más prestigio, más poder, más rango. Pero todo eso es una gran mentira. Si esperas ser reconocido por lo que tienes andas listo. Tener, el hecho de tener,  tener mucho, solo es una coartada, bastante mala por cierto, para no ser. Es mejor olvidar las acumulaciones y vivir la vida en sus contenidos fundamentales. Basta cambiar el chip y  reaprender a vivir desde el placer de la actualidad permanente de la vida sin tantas preocupaciones por el futuro, por los pagos, por el salario. Eso puede permitir cambiar la hegemónica mentalidad economicista por una lúdica.

Sege Latouche es otro objetor del crecimiento a ultranza que une su voz a la de tantos otros reclamando que cambiemos de modelo de vida a favor del planeta y –añado- de sus habitantes. Cambiar el modelo pasa por el cambio de las actitudes de los individuos, de los individuos humanos, el resto de animales y platas ya saben lo que tienen que hacer, el único que no se entera es el animal humano. Dejar de comprar o no ir de viaje a Transilvania o a Sídney e verano no es tan grave, se puede ir a recorrer las Alpujarras u otra comarca insuficientemente conocida. No tener suficiente para el combustible tampoco es terrible se puede volver al encanto de la bici (por cierto hay un modelo de triciclo con techo en el que cabe la familia) y los recuerdos de infancia estrenando la primera. No tener para comprar carne o pescado o cada día tampoco es relevante, la dieta vegetariana extensiva a gran escala evitará multitud de las enfermedades actuales. Un tiempo atrás se cantaba”… más de 100 pesetas cuesta la ternera, ni que el animal un hijo de Franco fuera”. No sé por dónde anda su precio, hace años que no la compro, tampoco clienteo en ninguna carnicería. Reducir el tren de vida es adoptar otra velocidad existencial, tal vez aprender el valor de la calma y de la simplificación. Hemos de aprender nuevos modelos, ¿Alternativa? Sí, practicar la simplificación, ganar tiempo libre para el sosiego, la filosofía y la poesía y no preocuparse por el futuro, no existe ni para el que tiene menos ni para el que tiene más. Esto no es un canto a la despreocupación sino una crítica a la preocupación inflacionada y falseada. Sí hay una sociedad por la que preocuparnos, la que se impide vivir en sus potencialidades metiéndola en callejones sin salida, la de los números y las bolsas financieras. Eso puede parecer un escarnecimiento de la crisis, ejem, bueno, no paso de ironizarla. Dejar de comprar está conectado con la tesis del poder de los consumidores. No consumir lo inadecuado, lo falto de calidad, lo supercaro y lo inútil no es más que una medida profiláctica para que el sistema se cualifique más. Al final las generaciones venideras podrán gozar una sociedad mejor que la actual con la actitud de la compra disminuida. Dejando de comprar o combinando drásticamente los criterios de compra y consumo, la sociedad mejorará ostensiblemente, también la salud  y el margen de maniobra individual crecerá considerablemente al soltar lastres.

 



[1] http://foros.expansion.com/showthread.php?p=730330#post730330

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