FLUENCIA TRANSCULTURAL

La continuidad como espejismo

La continuidad como espejismo[1]. JesRICART

Cuando elaboré mi ateísmo no tuve la menor sensación de desamparo. Fue fácil llegar a semejante posición: bastó separar el hecho de este artefacto conceptual a sí mismo, el de dios,  alejándolo de toda la influencia cultural y de la ansiedad ajena producida por el temor a no tener una omnipotencia que lo explicara y justificara todo. Tan pronto me quedó claro que las explicaciones reveladas por la teología de ese dios obedecían a la necesidad  subjetivista del ser humano de la protección divina no admitir la existencia de este,  su, producto ideológico fue fácil.  Admito que esa pérdida  de referente  no desencadenó en mí ninguna crisis aunque sí fue uno de los efectos colaterales de otra crisis, la tópica de autoafirmación de la adolescencia. Un tiempo después, el reconocimiento  a una dimensión espiritual a la que nunca había renunciado y mis aproximaciones al misticismo y a la espiritualística  me ilusionaron con la tesis de la continuidad, es decir de la continuidad postmortem. Muy bien -me dije-  el cuerpo se extingue pero toda la acumulación energética que ha presidido a lo largo de su vida debe ir a alguna parte, aunque ese lugar  sea un estado de flotación inconcreto y en un marco interdimensional diferente al conocido. Esa hipótesis venía a tapar no sé muy bien qué que tenia a ver con el trascendentalismo del ser. Como que mis necesidades teóricas y la elaboración del crecimiento personal no precisaron de tomar postura sobre esto confieso que mi implicación en esta temática fue a menos. En la práctica relacional creer o no creer en un más allá no significaba nada. A escala mundial no es así, las hordas se siguen dividiendo entre los fieles y los infieles, no solo por lo que hace a la posición de los mahometanos también por lo que hace a la de los occidentales. Para los estados de los poderes despóticos la sociedad queda dividida entre quienes creen en sus políticas moralistas acerca del mal y quienes las rechazamos.

La experiencia cotidiana demuestra que se puede vivir toda una vida, la material y la intelectual, la social y relacional pero también la meditacional e intimista sin necesidad de  participar de la disertación teológica así como de la pertenecía a una congregación religiosa. El ritual de la oración en privado o compartido  es algo totalmente prescindible así como la invocación a cualquier otra instancia sobrenatural de fuerza para que venga a auxiliarnos en las necesidades presentes. En términos escénicos es una cuestión de leguaje, desde luego conceptual, pero con expresiones lingüísticas muy concretas. Seguimos usando expresiones lingüísticas o palabras cuyo origen se formaran con la mención del nombre de dios o de Alá y e mucha mayor cantidad otras que relacionan la mención de otros dioses particulares o menores. Cuando recibo una carta o un email de alguien que se despide con formas obsoletas deseado que me quede con dios o cosas parecidos solo veo una forma automatizada e impensada. Me pongo en el lugar de los creyentes que con su mención continuada  a su padre eterno dejan de reflexionar su actualidad y su materialidad, su ahora y aquí, su potencialidad como seres vivos por limitados y finitos que sean.

Todo eso es perfectamente superable, otro asunto es la continuidad de la dimensión espiritual. Durante tiempo las influencias de las tesis reencarnacioncitas y la necesidad (necesidad para el ego) de prevalecer ha avalado ese después con distintas versiones de cómo será. En cuanto me pude a pensar en hecho en sí mismo de la continuidad advertí que todo objeto deja una continuidad en el sentido más vulgar como fenómeno material cuando menos. Desde el momento en que la destrucción de algo nunca es absoluta y queda un resto para atestiguarlo la continuidad existe, evidentemente no en la misma forma. En varios lugares del mundo se conservan deliberadamente edificios en ruinas o maquinas destructoras como carros de combate para informar a las generaciones venideras de lo que sucedió. Una placa de mármol de alguien fallecido  hace de  memorándum que significa una continuidad.

La denominación de continuidad es banal. La continuidad es la permanencia de algo diferenciado tras el cambio de su estado presencial o material. La memoria histórica des una forma continuista de lo extinguido. La hipótesis del  alma viajera, buscado reencarnarse o donde meterse en la vastedad cósmica, es atractiva para la mentalidad humana que o acepta la posición filosófica de la vacuidad y del sin sentido. Un alma, aunque no pese ni sirva para gran cosa, aunque no recuerde su pasado ni su procedencia, aunque no pueda gozar de la sensorialidad ni ejercitar el pensamiento, es la coartada ideal para creer en un más allá perfecto donde haya desaparecido lo material, el deseo y el sufrimiento. Lo que no dice el cuento es la desaparición de todo lo demás: la voluntad, la consciencia, el placer, la comunicación. Dicho así lo de menos es la continuidad sino su consistencia. Un ser humano sabe que o pocas de las cosas más rudimentarias que se haya valido para vivir lo sobrevivirán. Quienes los conocieron lo recordarán también por estos objetos pero nadie se le ocurrirá confundirlos con su alma.

La continuidad –lo demuestra la Física- es un hecho. La muere corpórea no significa la liquidación de todo lo que contiene el organismo, este se trasforma o se recicla. Puede tener distintas suertes, desde continuar viviendo en parte e cuerpos ajenos a pasar a integrar otros tejidos y variables de la naturaleza. Está claro que no es esa la continuidad por la que se entusiasma la credulidad en el más allá, sino el de la perpetuación de los signos de identidad. Para el reencarnacionismo las señales de identificación del alma habitando en un nuevo cuerpo (es el protocolo que siguen para que los tibetanos elijan un nuevo lama) no significa que el niñito venga con la sabiduría del anterior. O sea, que en el mejor de  los casos la continuidad de la misma entidad anímica viene con una merma considerable. Algo parecido se pude hipotetizar con respecto a los espectros de los fallecidos o las almas divinizadas que desde su nueva posición quedan separados de la anterior no quedando para nada claro si esas nuevas coordenadas espirituales son mas evolutivas que las anteriores en la dimensión corpórea.

La objeción a la continuidad ya está presente en otras latitudes de la reflexión que no tienen nada que ver con la espiritualística. Continuidad es todo proyecto de prevalecer. La pretensión de continuar con lo que sea: una empresa de negocios, un viaje, un matrimonio, la responsabilidad en el cargo. Continuidad es equivalente a futuro y físicamente remite al principio de persistencia de todo objeto inerte o vivo que ocupando un espacio desea prevalecer en el con o sin razones. En ese sentido un animal inteligente y una simple piedra comparten una misma dinámica que busca la permanencia. Querer continuar y querer que continúen las cosas (las relaciones, los estatus, las posesiones, el amor, la devoción, la lealtad, la estabilidad) es propio de la voluntad de poder personal y de la necesidad de la estabilidad subjetiva. El elogio de la continuidad es en el fondo uh auto apego al yo, una incapacidad psicológica para el desprendimiento definitivo de lo material y de todo lo que supone la corporeidad. Una de las razones por las cuales deseamos creer en la trascendencia es por no perder el sentimiento de control sobre nosotros mismos, lo que somos, lo que hemos sido, tal como podemos continuar influyendo en la vida. Pura entelequia ficciosa.  Por otra parte la continuidad más burda existe. Casi todo el mundo puede ser recordado después de muerto aunque sea por su imagen, por una frase o por un detalle anecdótico. La cuestión es que ese recuerdo puede ser tergiversado, nada que no suceda ya mientras se está vivo. Uno en memoria ajea no deja de ser un material susceptible de tergiversación. En el mejor de los casos de recuerdo respetuoso y objetivo. Ambas situaciones no dejan de representar la continuidad, la continuidad de uno que fue en otro que sigue siendo, del pasado que se extinguió en un futuro que integra unidades de su legado.

El Corán lo deja claro: 87/88y89. “Si el muerto es de los allegados de Dios, tendrá reposo, perfumes y un Paraíso de ensueño” pero  91/92-94 “si está entre los embusteros, los descarriados tendrá alojamiento en agua hirviente y luego fuego lento en el invierno”[2]. Espeluznante es para poner los pelos de punto. No pertenezco a la región de los embusteros pero sí de los descarriados aunque ese libro de amenazas coloque ambas conductas en el mismo lote, espero estar en lo cierto en lo del espejismo de la continuidad, de lo contrario voy a estar muy caliente.

 



[1] http://foros.expansion.com/showthread.php?p=730985#post730985

[2] Eñl Corán editorial Planeta Barcelona 1983 con una traducción de Juan Vernet.pag. 578

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