FLUENCIA TRANSCULTURAL

Libertad y Psicolingüística

 

Libertad y Psicolinguïstica[1]. Jes RICART

Sigue y seguirá la libertad como tema  de referencias y ensueños (otro asunto es que lo sea como praxis con la que dar contenido a los días, los años y las biografías) y sigue  la psicolingüística como el teatro de fondo que permite ser hablada o por el contrario la confunde. Dime como hablas de la libertad en general y de la tuya en particular y averiguaré si puede comprometerme contigo para aventuras en globo, paseos por unos ochomiles o paseos en terreno llano de minutos o proyectos de relación profesional o íntima. Por hablarla, se puede hablar de cualquier manera y hacer todas las afirmaciones o negaciones posibles ¿todas? Veámoslo durante un rato si os apetece.

Si nos tomáramos la  molestia de buscar todas las citas, referencias, teorizaciones, retratos que de ella se hace por libros, periódicos, cancioneros, poesías, reclamaciones, instancias, protestas y demás actos performánticos de la tesitura existencial nos encontraríamos –hipotetizo- con que la mayoría de veces es mencionada como reivindicación o como lamento por no tenerla y las menos lo serían como celebración de su conquista o garantía de su consolidación. La libertad de lo particular necesita una buena dosis de voluntad personal, por tanto voluntad de poder intransferible, para vivir de acuerdo a su principio. Ser libre puede significar también caer en rarezas, ser asintótico, fuera de serie, estar fuera de lugar, deplorar los espectáculos sociales deplorables encerrados en la alienación. También significa dejar de pertenecer a los códigos normales, apartarse de los dictados y de los clichés. Pero eso no es todo, también significa trascenderse, auto superarse como el monigote que pegaron a una caseta de feria, dejar de cumplir con los roles obligados o auto obligados que no apetecen porque hay que vivirlos como impositivos. Interiorizar una noción de libertad de este tipo forma parte de la revolución de sujeto, con consecuencias mucho más radicales que la más eclosionada de las revoluciones políticas. Una persona libre se nota que lo es. No se deja victimizar por los demás, no solo por los látigos de otrora sino tampoco por los timos, los enredos ideologicistas, los dogmas,  las zanahorias del consumo o los curriculums vitae como objetivos para dar el pego.

Junto a la voluntad de poder, por tanto, de autoafirmación del ser en esa misma propiedad insustituible de ejercer la liberación soberana de prejuicios y morales obsoletas, la libertad como autoconstrucción existencial  requiere de un concurso psicolingüístico particular. El leguaje no solo la expresa, también la garantiza o puede obstruirla. Dime hasta dónde eres libre de hablar sobre la libertad para saber si no pasas de ser un sujeto lexo-libertino o eres una persona laxo-libre. El propósito de la libertad o esa fuerza de tu poder no te autoriza a la tergiversación, a un run-run de grafías que no dicen nada, a tener el pito en el pre frontal en el lugar de los genitales, a utilizar el debate o algo que creas que lo es como una forma  de flirteo enmascarado, a hablar sin dejarte entender, no por la altura de tus conceptos sino por la incorrección de tus expresiones.

Ordenar una polémica de este calado admite momentos de lasitud en los que nadie es culpable si se le va la olla por un rato. No lo es siempre que vuelva a la tarea de pensar y reflexionar sobre conclusiones ajeas y propias para no permitirles su rubricación con tintas dogmáticas.  Un estado de liberación tal que ningún condicionante de los conocidos ponga límites al pensamiento del ser y al ser pensado es difícil de imaginar como seres  vivos y terráqueos. Por eso la historia de las ideas ha inventado almas y cielos en los que estar la mar de bien y supuestamente la mar de libres (mentira, porque ahí done haya una amo al que obedecer el alma más pura seguiría teniendo algo de esclava). La poesía, más dramática, ha puesto la opción teórica de las realizaciones heroicas, las de las utopías, las de los sueños rebeldes, las de las mujeres fecundas de iniciativas y las de los hombres no castrados, e la terminación corporal-existencial. Después de ella lo que cabe conjeturar es el vacío, o mejor dicho el trueque del absurdo de una biografía vacía circunscrita en el cerco de tantos límites por el  vacío sin biografía. La muerte no es tanto la libertad como la liberación de un cuerpo-lastre que si bien da muchos placeres, también obliga a muchas conductas ritualísticas de repetición. Al final de una vida hay un balance numérico que puede ser calculado por los demás o por el propio candidato a ser un finado: ¿Cuántas toneladas han pasado por mis intestinos? ¿De cuantos orgasmos he gozado? ¿A cuántas historias de amor me he entregado? ¿A cuántos países he ido? ¿Cuántos libros habré escrito? ¿Cuántas de mis ideas ha circulado?¿Cuanto dinero he ganado?¿Cuantas casas he llegado a tener o en cuatas he vivido? Esas preguntas se pueden aplicar a todo y sea cual sea la cifra que arrojen es lo de menos. Pintores famosos estiman el precio de las cosas que tienen en relación a telas pintadas o esbozos hechos habiendo dejado de lado la precisión de la cifra económica. Tal vez estuvieran en buen camino. Lo que cuenta en una vida no es tanto el encastillamiento como saber recoger con serenidad, humor e ironía también, los naipes cuando se han caído de su entelequia. A fin de cuentas el sujeto que anhela su realización y su libertad no deja de estar sumido en su espectro a pesar de que tenga la total seguridad de hacer lo debido, o apartarse ni un pelo de la ética fundamental. Por eso la libertad es bastante más que una palabra y cada actor que, antes o después se le descubre como un impostor redomado, hace uso demagógico de ella se le reclasifica donde toca: el paquete de la degradación. Lo que Cristina Fallarás señala[2] con precisión de mira telescópica  la decadencia del cinismo[3] forma parte de los recuestionamientos en los que el vasto campo de lo libre está metido. No hay que olvidar que las grandes tragedias genocidas empezaron con discursos sobre la libertad bajo cuya nebulosa se justificaron los peores crímenes. A mucha distancia, -esperemos-, de nuevas oleadas de progroms, castigos y ataques de ,los poseedores de cualquier nueva fe  pura  de turno la libertad forma parte de las transacciones diarias. En cada relación comercial, en cada episodio conversacional, en cada acto de compra y de elección de lo que sea, se está a favor de ella o se está en contra. Los resultados de las últimas elecciones europeas (la derechización constatada por todos los observatorios sociales) son un indicativo de un deseo popular masiva de pérdida de grados de libertad. La elección de la no-libertad del prójimo influye en la pérdida de libertades concretas propias por mucho que se tenga interiorizar vivir mental y actitudinalmente como un ser libre.

La psicolingüística permite entender el mecanismo de la mente a partir de la inferencia de los usos del lenguaje. También sirve como estrategia, desde la PNL, la programación neurolingüística, para el uso de uso conceptos, unas formas sintácticas, una expansión vocabular no privada de neologismos para extender la libertad propia al campo de todo lo que se toque y haga. Mencionando los marcos de libertad con la palabra, conceptuándolos y teorizándolos con el pensamiento, imaginándolos con el deseo también se cristalizan como espacios físicos concretos donde gozar lo mencionado, lo hipotetizado y lo soñado.

 



[1] http://foros.emagister.com/mensaje-libertad_y_psicolinguistic-12903-865268-1-3166571.htm

[2] E la columna the End de ADN 6 noviembre de 2008 a propósito del espectáculo político del premier estadounidense sucesor de Busch junior.

[3] en una época de una población famélica de esperanzas dispuesta a aceptar a alguien con un discurso renovado tal como el nuevo titular negro de la casa que sigue siendo tan blanca, peo manchada por sus crímenes, como antes sin dejar el cinismo como la profesión aunque se ejerza desde la ingenuidad presidencial.

 

 

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