FLUENCIA TRANSCULTURAL

El ídolo y la fan

El ídolo y la fan. JesRICART

La fan que vitorea y se contornea en la sala de conciertos frente a su ídolo que canta y se mueve en el escenario está dispuesta a todo: le lanza sus bragas y le dice que le haga un hijo. Todas sus reservas para con otros hombres desaparecen ante la figura de esa estrella. Forma parte de la histeria colectiva femenina de otras cientos o miles que harán o harían lo mismo que ella. Entre ellas apuestan por quien será la primera que conseguirá acostarse con el gran marajá de las sensaciones. Todo por un polvo. La fan es una perseguidora de la experiencia única. En el fondo de su psique no pretende ser la musa de su ídolo. Sabe que forma parte de la explanada anónima, le basta con conseguir un trofeo que demuestre haber estado con su becerro de oro: un mechón de su pelo, un poco de su esperma, algo con que traficar en sus conversaciones, algo con qué demostrar lo lejos que ha ido.

 El tigre sinfónico recrea una situación posible en la que el ídolo accede y concede su intimidad a una fan, una más en una interminable lista de cientos o miles de ellas. El encuentro es en una cama: único objeto de mobiliario del escenario, convenientemente inclinada para permitir la observación de los detalles del público y con espejos murales por los tres costados y uno encima para que no se pierda detalle de sus acciones corporales. Es una conversación entre el cantante famoso y una chica muy mona y sexy pero con cabeza de chorlito que se pirra por estar con él y poderles decir a sus amigas que lo ha hecho. La chica lo tiene claro: quiere follar con el mago de la escena del pop, y él también, tiene la condición privilegiada de ser solicitado por muchas mujeres con las que se acuesta una sola vez y nunca más volverá a ver. El disfruta del placer de la diversidad y ella de la conquista de un trofeo. Contra lo que pueda parecer él es el hombre objeto y la chica, aunque sea mas joven y menos experimentada, la utilitarista. A el ya le va bien poder elegir entre tantas chicas y a ella lo que menos le importa es el goce o lso detalles sexuales sino el hecho en si mismo de su conquista. Es como uno de esos chicos que cuenta la cantidad de ligues que tienen pero no si han disfrutado mucho o poco con ellos, porque eso se supone.

En el caso de la fan que el ídolo consiente en que sea su compañera de cama por una velada tras uno de sus conciertos se dan cita dos cuerpos y dos mentalidades distintas en un lugar tan real como la sexualidad real signifique. El cantante que brama con sus canciones y que es todo fuego en sus versos musicados no es mas que un hombre desnudo y limitado en la cama, la fan que es toda devoción al discurso de aquellas canciones como si de una nueva pócima religiosa se tratara resulta que en su desnudez en la cama no solo experimenta un tu a tu, de igual a igual, sino que pronto se da cuenta que es superior en muchos aspectos. La anatomía perfecta de la chica, su exuberancia, su espontaneidad, su energia derrochada superan con creces el cansancio del cantante, su aburrimiento existencial, su repetición en los escenarios, sus excesos y repeticionismos sexuales.

El diálogo entre ambos no tiene desperdicio. Entre  las palabras interludios para las caricias y las cópulas. No tantas, el héroe se da por vencido a la segunda intentona. Ella quiere más, él no se lo puede dar. El pasa de la media edad, ella no ha alcanzado los 20. Es una chica más que una mujer que cree que el tiempo es infinito, él es un hombre que sabe que no hay una finitud que no hay poder sobre la tierra que lo venza. Él tiene la experiencia del cantante que se nutre de la energia de un publico ávido de ritmos pero no de tanta energia como para que lo rejuvenezca. Ella solo quiere placer y la memoria de haberlo tenido. No se preocupa por el futuro, sabe que no existe para nadie. El también creía que no existía futuro hasta que forma parte de él. La relación de esta velada tiene algo de gerontofílica, él es mas viejo psicológicamente de lo que aparenta físicamente y ella aun mas joven de la juventud que irradia cada parte de su cuerpo.

La obra de teatro es una conversación en la intimidad ante un público pero también los actos sexuales no disimulados. Ambos se montan recíprocamente, paran y vuelven a empezar; se besan, se chupan, se mueven y entre tanto hablan. Ella no para de preguntarle por sus hazañas musicales, por los motivos y maneras con que ha compuesto sus canciones. Como sonido de fondo van sonando sus letras.

Un repaso de la actualidad del deseo y de su perversión por seguir un icono en lugar de una verdad preconocida. El ídolo hace de factor consumo de los caprichos de una sociedad que va tras los divos no por las personas que lso sustentan sino por su valor de cambio en la sociedad mercantil. Deja en ridículo tanto al perseguido como a la perseguidora. Ninguna objeción a la práctica sexual y al deseo de experiencia ávida de sensaciones y placeres.

Una obra que hace un canto a la belleza del encuentro entre desconocidos como si fuera una cita pendiente que únicamente esperaba el dia oportuno. Un canto a la belleza pero no sin reflexión en la que ambos protagonistas chocan contra sus propios roles, el uno por ser elegido como ídolo de una época y la otra por creer que un ídolo es lo máximo.  Aunque André Maurois dijo que lo bello es aquello que es inteligible sin reflexión hay algo de la belleza que escapa a los sentidos y solo lo advierten tras una meditación prolongada.

 

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