FLUENCIA TRANSCULTURAL

Primeras (y únicas) citas.

 

Primeras (y únicas) citas. 

Hay contactos humanos que no pasan de sus primeras citas (algo es algo, hay contactos que ni siquiera llegan a construir una primera cita). Las primeras citas condensan, concentran y presentan posiblemente todo lo que va a poder dar de sí el resto de la relación, como muchas no se repiten, la relación queda reducida a ese primer contacto.  Hay una especie de prisa en evaluarse pronto y rápido para concluir con urgencia lo que se puede esperar del otro.  Por una obviedad matemática todos los contactos no pueden pasar a permanentizarse ya que no habría tiempo ni espacio material para todos ellos. Empíricamente todo el mundo tiene interiorizada esa ley de redistribución relacional. Los contactos van de ser los más efímeros (la coincidencia en el ascensor, en la sala de espera, en los asientos de un medio de transporte, la carrera en taxi o compartir la carretera con los demás conductores) a los que son citas realmente establecidas. A la cita se la ha idealizado. Tener una es tener una especie de oportunidad a conocer a alguien, con suerte a compartir el placer de la comunicación con ese alguien. Los protocolos del saludo suelen empezar con una mentira: es un placer conocerte en un instante en que todavía no se sabe si esa cita va a ser placentera o no y no pocos de ellos acabar con otra mentira: ya nos veremos o ya nos llamaremos cuando no queda la más mínima gana de otra coincidencia.

Una primera cita es una especie de radiograma, es una entrevista también que trata de serlo en profundidad, cada detalle cuenta: desde lo que se habla a cómo se habla, desde cómo se viste a como es cada gesto, a cómo evoluciona la conversación y en qué temas se detiene y en qué preguntas se insiste. Si se acude a ella con suficiente dosis observacional se podrá intuir lo esperable del otro y lo que es descartable. Es de muy mal pronóstico que una persona vaya a su primera cita cambiando de inmediato los términos de lo acordado antes por teléfono o vía email o por sms. Lo es mucho mas llevarse una impresión ingrata del aspecto físico del otro, saber que la cita no va a llegar a cuotas sensuales y esperar a decírselo una o dos horas después. En una ocasión quedé con una psicóloga de Vilassar que se  había autopromocionado diciéndome que era muy guapa. Al verla su aspecto me desilusionó, además su plan de noche pasaba por una cena de restaurant que  había decidido por su cuenta  y que compartí. Yo también la decepcioné por mis cabellos, creo que me dijo, demasiado largos. Todavía me quedó un rato de energía para acompañarla hasta su casa después de perder varias horas de conversación con ella. En otra ocasión tuve una cita con una chica que conocí el mismo día y que fui a recoger a la estación a mi localidad para estar un rato después en mi litera de vuelos sexuales. Ella se había presentado como muy liberal (lo ideal para mi desde el punto de vista den o ser exigido en una exclusividad que no estaba dispuesto a conceder). Pocos días después de esa copula emergente, necesaria para ambas partes, me dijo que se lió con alguien que le exigía exclusividad a lo que ella se sometió. Añadió que podiamos seguir siendo amigos. Dije: vale, vale, absolutamente convencido de que no habría continuidad de contacto posterior como así fue.

Otras veces he quedado con chicas que vinieron de cientos de quilómetros de distancia para conocerme, que tras un primer intercambio de pareceres epidérmicos  mi libido no estaba para seguir trotando sobre anatomías no tan excitantes. No hubo contacto posterior. A los hablantes nos toca escuchar entre voces a si como leer entrelineas e inferir las verdades ocultas de las palabras, las que no se dicen. Una mujer casi nunca aceptará reciclar una relación sensual en la que se haya sentido rechazada por una relación de amistad o de comunicación intelectual, tampoco en el caso de que haya habido intercambios informativos exhaustivos de confidencialidad personal, transacciones literarias o debate. He tenido primeras y única citas con el guión totalmente preparado, con la conexión genital casi asegurada o con la apertura para una sintonía química y que en el momento de la cita presencial aún dándose la escena erótica quedaba claro intuitivamente que no iba a dar para nada más. Estas citas son invitaciones al ejercicio imaginario del placer y al desetelarañamiento de vaginas y resequedad de penes pero que no tienen que dar lugar a nada más que a esa tentativa tanto si se consume como si no. El hecho de que alguien sea físicamente atractivo no significa que tenga el menor interés comunicativo o intelectual o artístico, tampoco que tenga sensibilidad o ternura o habilidades verbales. Las ojeadas en los antros de relación social para el contacto sensorial (locales de baile y de droga básicamente) proporcionan una casuística de la superficialidad extrema. Muchos de los flirts o contactos ajenos son para una pronto cita y una pronto consumación de las necesidades mutuas: las de reducir los orgasmos pendientes y las de creer, como mucho, el simulacro de una ternura.

A la primera cita por razones sensuales se va con la hipótesis de una conexión química. Eso pasa por la observación del cuerpo, de la voz, de la boca, de los ojos. Ir con posiciones tiquismiquis a ella lo más probable es que la aborte y que no haya una segunda oportunidad. Las mujeres –no todas- suelen esgrimir el alegato de que no se van a la cama a la primera de cambio con cualquiera, aunque aceptan que su potencial amante pase por el rol de que las conquiste, que las inviten, que presenten las insinuaciones, que se ocupen de la logística. Algunos hombres no están dispuestos a conceder una segunda cita si en la primera los blindajes ya no tuvieron razón de ser. No es que la intencionalidad de una cita sea exclusivamente la sexual pero el modo de posicionarse ante el contacto sexual es una forma comunicativa extraordinaria para conjeturar todo lo que va a darse después. El hecho de que haya primeras citas en las que se sabe seguro por ambas partes que va a haber sexo no quiere decir que vaya a haber una pauta posterior de reencuentros. Por razones distintas personas que se encuentran una primera vez deciden no hacerlo una segunda.  Una chica sospechó de mí porque en lugar de estacionar mi coche en la calle en que habíamos quedado lo hice en la de al lado. Hace muchos años  de adolescente me cité con un amigo en el centro de una ciudad en la que al parecer su padre consideraba que solo había citas de homosexuales, vinieron ambos con el ceño fruncido. Pasan las décadas pero los miedos humanos siguen siendo atávicos.

He saltado de una posición ideológico-humanista en la que creía que el otro era una reserva de experiencia y de saber  para los intercambios y por tanto de un potencial infinito a verlo como una figura de paso y efímera. No se puede conjeturar de nadie a priori que tenga el derecho a una continuidad en la atención o en el aprecio, eso, en todo caso, lo decidirá un primer encuentro. Los observadores más exigentes sostienen que una relacion queda determinada en el primer minuto de un encuentro. Actualmente, dado que los encuentros presenciales para la relacionabilidad so en gran parte preparados desde el campo digital, los primeros contactos que no son muy sintónicos son inmediatamente descartados.

Me he visto emplazado a ocultar mi curriculum para facilitar una conexión. Un vez una mujer me dijo de entrad que teníamos poco que hacer juntos porque yo era un intelectual y ella una palurda (empleó esa palabra o una parecida). Lo grave es que tenía razón. Tan pronto alguien en, una primera cita utiliza categóricos absolutos estoy ya mentalmente descartándola para posteriores visitas aunque esa primera pase por el éxtasis de un orgasmo. Acudir a la cantera de los contactos digitales es una forma no ideal pero sí practica de accésit a citas o encuentros con los que compartir la vida por un rato o tantear compartirla para los restos. Suponer que conocer gente en el ámbito de una discoteca o de un espacio de relación lúdica es más seguro es no entender la misma dinámica intérnautica. Por supuesto hay prototipos de internautas que se inventan personajes que o tienen nada que ver con sus verdades y entran en contradicción cuando han de tener citas presenciales que no podrán sostener y que incumplirán o en las que no se podrán sentir espontáneos. La inversión más eficaz es la de la autenticidad no solo por principios éticos sino porque es la que elimina todo rastro de tensión psicológica. Es cierto que hay primeras citas cuidadosamente preparadas en el protocolo, a veces de docenas de conversaciones de chat, que se vienen abajo en los primeros segundos. Algunas veces me han cogido ganas de irme y en todo caso mi comportamiento ha sido más hedónico o menos según las crispación, hilaridad, dogmatismos y prejuicios que encuentren en el otro.

Además de las citas para-eróticas hay otras muchas que quedan en únicas y solas que trataron de establecer una comunicación por algún asunto profesional o cultural. Si bien de toda la gama de contactos por coincidencias no se espera nada y como mucho el reconocimiento visual o el del saludo, el de los contactos establecidos como citas se espera intuitivamente cuando menos una respuesta (es el caso de los que acaba con el “ya te llamaré” o “ya te diré algo”). Craso error. Los protocolos verbales están plagados de mentiras no tan piadosas.

La ventaja de las primeras y únicas citas  tanto en lo personal como en lo profesional es que no se puede esperar nada de ellas cuando no concurren los mínimos deferenciales esperables. Eso es una ventaja porque los contactos que dan lugar a relaciones no seguras pueden arrastrar su inseguridad, incluso, por años, para terminar en la nada más gélida. Aparentemente quien tras un encuentro comunicacional intensivo (también erótico por supuesto) se despide deseándole suerte al otro pero no proponiendo ningún otro encuentro, porque sospecha la falta de sintonía por las razones que sean, es arisco cuando en realidad no hace más que cumplir con un acto de honestidad impecable, por brutal que pueda parecer. Muchas relaciones conflictivas y de mutuo embrutecimiento y dolor se evitarían si se pudieran prever en sus primeros contactos no dejándolas cursar a partir de no dar lugar a una segunda cita. El problema observacional es que las conclusiones de una primera vez pueden ser precipitadas y si no lo son, el deseo del otro por algo corre siempre el riesgo de ser entendido como un deseo global por todo. No, el otro puede tener un encanto para el sexo y un desencanto para todo proyecto a compartir, un interés para un acuerdo comercial y todo interés para una relación sostenida comunicacional. Se termina por no esperar nada de nadie, lo cual es un absoluto incapacitante y una reactancia lógica a esperarlo todo de los demás o creer en sus palabras y chocar con el incumplimiento por repetido. Por tanto ir al encuentro de alguien siempre con una hipótesis de reserva precondiciona ya la precipitación de una terminación. Lo juro de nuevo: hay citas de las que hubiera escapado en los primeros 10 minutos pero que las sostuve otros 50 sabiendo que estaban ya impugnadas y no darían nada de sí. Expuesto de esta forma parece que las citas se conceden o preparan desde el instrumentalismo. No exageremos. Todos/as nos andamos buscando sin encontrarnos aunque nos tengamos delante de las narices. En la cita de dos concurren un ejército de otros posicionamientos, preconceptos, memorias, ayeres, experiencias, ambivalencias y, lo más terrible, dobles personalidades o esquicias. El hecho de que te guste mucho parte del discurso del otro no significa que tenga que gustarte todo lo demás. Eso también pasa con respecto a su territorio anatómico. Hay elementos corporales que contribuyen al sex Apple y otros totalmente desactivantes que bajan la sangre a los pies  con la energía desgenitalizándose.

Lo más llamativo de las citas primeras que acaban con desencuentro o pérdida inequívoca de sintonía es que es difícil que perdonen los déficits que concurrieron en ellas. Todo eso funciona en el plano intuitivo y generalmente no se racionaliza, pero se constata y se sabe. Puesto que el mundo es una cantera de posibilidades y combinaciones prácticamente interminables lo que no se alcanza en una cita con alguien tratará de alcanzarse en otra primera cita con otra persona distinta aunque en ambas situaciones y todas las otras réplicas que se intenten con nuevos contactos el cortejo de aproximación será básicamente el mismo. Lo peor que puede suceder al acudir a una primera cita es ir con la idea preconcebida de que va a concurrir el éxtasis. Muchas veces el error escénico deja en el más absoluto ridículo a quien lo ha protagonizado y se avergüenza de volverse a encontrar con aquella persona que la vio comportarse de aquella manera. Los pre-juicios y esquemas estancos van en contra de quiénes más los tienen. Por otro lado que presenta su perfil de liberal, o todas sus cartas desde la transparencia se arriesga a ser tasado inmediatamente y descartado. Todavía hay multitudes que pretenden convertir primeros contactos en las inversiones de sus vidas y en la garantía de sus futuros. Dar con personalidades desamparadas que buscan protectores no es una perspectiva muy edificante. El desamparo precondiciona al otro a un rol proteccionista por el que no tiene porque estar dispuesto a bregar. Hay mujeres que vienen a primeras citas con sus hijos y que te ponen al cargo de la invitación como si os hubierais constituido en familia.

Después de una cierta cantidad de contactos que se quedan en ellos y que necesariamente toca calificar de efímeros se puede inferir que de seguir en las pautas aproximacionales el resto de la vida va a seguir siendo así. Lo grave no es tanto que una cita sea única y no vaya a dar lugar a una segunda sino saber el alcance de su entente o de las diferencias experimentadas.

Para el punto de vista femenino los hombres solo (atención a ese descripción de “solo”) quieren sexo y luego si te he visto no me acuerdo. No hay que tener un punto de vista masculino reactivo o vengativo para afirmar que las mujeres son tan o más utilitaristas que los hombres en sus primeas citas. Ciertamente cuando las primeras citas se quedan en lo aparente se pierden la posibilidad de una comunicación de fondo, un viaje de crucero por la intimidad. Carmen Alborch refiere la prevalencia de la existencia de la belleza y la juventud como una tiranía. Sin duda quien va buscando  prototipos físicos y comportamentales  se pierde la oportunidad de hacer otras exploraciones por otras hipótesis del éxtasis. Ante el otro negado que en lugar de poner la comprensión pone la exigencia cabe recoger los bártulos con caballerosidad y no dejarse afectar por sus despechos. Apelar a los roles supuestos antes de conocerse es ese error imperdonable que u sujeto con cultura, inteligencia, flexibilidad y mundo no se puede permitir. La deportividad de las relaciones humanas pasa por aceptar que la mayoría no llegan a ser nunca lo que se hubiera deseado que fueran desde el `punto de vista del ideal humano.

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