FLUENCIA TRANSCULTURAL

De los terceros ausentes

De los terceros ausentes. JesRICART

De los terceros ausentes es de lo que más se habla. No podemos evitarlo, el  mundo de los demás llena, de charlas y referencias, al mudo privado de cada uno. Sin panorama de lo ajeno de lo que hablar uno se queda en silencio. Como que al silencio se le teme se habla de esto y de aquello, de aquel y del de más allá, de quienes se ha conocido y de quienes se tiene por conocer. Y al hablar de todo eso, al hablarlos, inevitablemente se les evalúa, se les tasa, se les juzga, se les pone una equis o se les circula, se les tacha o se les subraya y recomienda. Después de primeras citas los amigos/as pregunta ¿qué, que tal es, cómo fue? El balance no se hace esperar. Una amiga que lleva unos diez años coleccionando telarañas me viene hablado los últimos contactos que tenemos de cómo progresa la relación con su flirt. Cuando conoces a alguien se le pregunta por cómo le va con sus relaciones, con sus hijos, con sus ex. Por activa o por pasiva participamos de las conversaciones sobre terceros que no están. Unas veces porque nos preguntan y otras porque preguntamos.

 De esos terceros ausentes no solo hablan quienes han tenido tanto directo con ellos, también lo hacen quienes no los conocen ni los conocerán nunca, quienes se nutren de comentarios intermediarios y chupan de informaciones no comprobadas. ¿De qué se iba a hablar si no de lo ausente? Por elegancia cultural hablar de quien no está presente para ponerlo a parir o pasarlo por la lavadora de la propia crítica no es lo exquisito. Quien elige tal exquisitez en el trato se queda haciendo el panoli mirando con cara intrigada las opiniones que vayan circulando de los demás sobre estos ausentes. Si a tu turno te abstienes de opinar sobre los ausentes argumentando que no es tu estilo o no te parece correcto participar en una merienda de negros zampándose los despojos triturados del que no se le da la opción a defenderse no solo  se van a sentir agredidos los demás que participan de esa comilona verbal sino que vas a ser inconsecuente ya que no hay nadie que deje de referir lo ausente y por tanto a los protagonistas ausentes de los actos que se les pase revista. O sea que mentirás. La cuestión está en la dosis y en la forma. La mayor parte de los análisis que tratan de personajes públicos están manejados por analistas que saben que nunca conocerán a aquellas que citan o examinan, ni falta que les hace, Un analista no es un fan que busca un autógrafo o se despierta en plena noche con un apnea sobresaltado por soñar con su ídolo; simplemente es alguien que analiza datos sea cual sea el mohín del sujeto del que se los analiza (aunque desde luego el rictus y otras puntas protuberantes de su figura no dejan de ser datos).

El tercero ausente remite a distintas categorías o grupos humanos: gente conocida, parentelas y familiares, ex amantes, vecinos, colegas y socios, flirts en curso, el chofer del último bus tomado, el tendero que te ha atendido en el ultimo súper que has entrado, las caras bonitas que has visto, el poli que te ha hecho parar el coche...también de gente conocida y que se ha esfumado, de autores leídos y citados. Casi es imposible hablar sin hablar de los que no están presentes en la conversación. Eso se puede entender y explicar porque el mismo hecho del habla ya convoca figuras ausentes en tanto que el mismo lenguaje es representacional de lo que no está físicamente presente en el lugar en el que se emplea. Ese poder de evocación de lo ausente es una de las grandes virtudes lingüísticas pero que deriva hacia el chismorreo y a las malas artes de hablar negativamente a espaldas de los demás. De lo ausente se puede hablar de destinas maneras siendo lo conceptual un recurso inevitable y la personalización totalmente evitable en particular si es lo contubérnico, la injuria y la destructividad lo que acalora el tema.  

Como medida profiláctica cuando alguien por exceso de pasión o de imprudencia quiere convertir un encuentro coloquial en su monotema basado en lo que le pasó con tal o cual persona que no está presente, se puede reconducir la conversación hacia temas más neutros para evitar aguantar la ducha fría de sapos o implicarse en opiniones que no se desean dar. Curiosamente los temas neutros tienen por canteras políticas y políticos o bien los personajes de la farándula artística o deportiva siendo estos tres campos los que están más a mano. Sus personajes ya cuentan con que se habla de ellos. Cuentan con eso. El farandulero más apto por su condición es el que prescinde totalmente de todos los dimes y diretes de la gente que comparte habladurías sobre su persona. Hablar de la farándula no deja de ser una  táctica de  evitación para no hablar de la gente conocida que no está presente, pero en ambos casos se habla de personas ausentes. Se dice que a nadie le disgustan cuando suenan campanas con sus nombres si son a su favor. Eso no es tan fácil. Puestos a hablar de alguien que sea por sus contenidos reales, esa es la justicia mínima exigible en el trato. Lo malo es que al referir los terceros ausentes se hace a menudo desde posiciones despectivas. Lo ideal sería la oportunidad de hablarlo todo con los implicados referidos pero eso deviene un imposible práctico. El individuo humano referido así como cualquier otro individuo o cosa es objetado al ser hablado y se le trae a colación sin necesidad de llamarlo para qué venga a la reunión. El procedimiento mental que explica este hecho no tiene porque ser reprimido a no ser que el uso de los terceros sea para evitar enfrentar a los presentes, de los cuales hablaran cada uno de ellos por separado cuando los otros estén devueltos a sus condiciones respectivas de ausentes.

La elusión del enfrentamiento directo es un epifenómeno determinado por las dificultades inherentes a la comunicación cuando esta no es aceptada por los comunicantes blindados. La cuestión es que la demanda de condiciones ideales de comunicación, la de poderlo hablar todo con todos, no se puede cumplir y no hay perspectivas de que se cumpla a ningún plazo a la vista. En consecuencia si la comunicación se desarrollo lo es o lo va a continuar siendo en condiciones no ideales, ahí donde sea posible, a pesar de sus detractores por un lado y los personajes citados en ella, por otro.

La tesis de hablar/no hablar de los terceros ausentes evoluciona y se adapta según quienes sean esos terceros. Es obvio que de los autores que se citan para vincularlos con sus citas a los textos propios se habla en su ausencia, estén vivos o muertos, sin pensar que haya otra posibilidad de hacerlo porque la elaboración sería interminable si pasara  por pedirles que reactualicen sus referencias publicadas que en sí mismas son autorizadas a ser redifundidas. En cuanto al grupo de la farándula, a menudo hablarlos pasa por proponerlos o no proponerlos para irlos a ver. El tercer grupo, el de la gente conocida y con la que se comparte experiencias, es el que más conflictos de interpretación genera cuando determinadas o emitidas circulan e inciden en los constelogramas modificándolos por indisposiciones o malentendidos. Como criterio salomónico lo mejor es no hablar de los terceros ausentes de asuntos delicados que se pueda tratar con ellos en directo. Hay excepciones del criterio  anterior por urgencias o por temas inevitables. Cada vez que se da paso a esas excepciones la conversación corre el riesgo de devaluarse en particularidades anecdóticas discriminando el tema central. J.M Terricabras dice que es necesario recuperar el nombre de cada cosa y volver a aprender hablar (y razonar) si es preciso, La palabra enraonar en catalán tiene los dos valores. Aprender a hablar además de hacerlo re aprendiendo el valor de las palabras pasa también por reaprender el valor de las situaciones y de los hablantes, de sus roles y de sus funciones. Ese aprendizaje está muy ligado a la educación en valores que tiene mucho cartel pero pocos resultados. La educación es un aprendizaje de las distancias e interconexiones en el mundo de los demás. Insistir en el valor del respeto sin traducirlo en las formas lingüísticas correspondientes ni aplicándolo a los ausentes por el solo hecho de no exigirlo con su presencia significa que fracasa como tal valor.

Hablar de los demás como hablar de todo pasa por hacerlo con cuidado y prudencia. La diferencia entre los hablantes queda establecida por los detalles. El hablante que pontifica se auto desacredita y el que modula y modera su habla para emitirla cuando está totalmente seguro de lo que dice se le heteroacredita, o al menos esta es la presunción metodológica.

Del habla hay muchos temas con que llenarla sin necesidad de personalizaciones para objetar a uso o reírse de otros. Los estilos en boga de hacerlo (el periodístico es uno de ellos ya que con el pretexto del análisis coyuntural los articulistas también escrutan a nombres faranduleros) detallándose pierden de vista las marejadas de fondo.

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