FLUENCIA TRANSCULTURAL

Herencia y legado

Herencia y Legado. JesRicart

La herencia configura institucionalmente la posibilidad de trasmisión patrimonial de testamentarios a herederos. Para tratar el significado profundo de la herencia hay que reconsiderar el valor de la transferencialidad de la propiedad. Un repaso ligero del sentido y perpetuación de ésta recolocará la opción de transferirla bajo otro parámetro distinto del mantener su titularidad dentro de una familia. Una teoría de éxito explicó la propiedad privada como la consecuencia por la imposición de los dictados de los  más fuertes contra los más débiles arrebatándoles sus pertenencias. Eso habría dado  lugar a dos grandes clases sociales: la de los poseedores y la de los desposeídos. Con el desarrollo económico y la explotación de los recursos resultó ser que ni los poseedores los poseían todo ni los desposeídos no poseían nada. En la actualidad del siglo XXI en que en el mundo entero no se han superado los errores y tragedias acumulados por los siglos anteriores la propiedad privada es uno de los fenómenos más significativos de los regímenes económicos. Es tanto su causa como su consecuencia. No es concebible el sistema económico sin el interés creciente por la propiedad privada, tanto a escala de las grandes cifras como de las pequeñas.  Quien más y quien menos hace girar su vida en torno a sus pertenencias y concretamente a su propiedad patrimonial. Masivamente los consumidores caen como moscas en planes crediticios en forma de hipotecas que los mantienen por décadas vinculados a un estilo de vida y de producción para terminar por pagar su propiedad. Puestos a pagar alojamientos la muchachada prefiere pagar hipotecas que al menos dejará un saldo nominal en propiedad. La propiedad ha sido y es considerada como un atributo crucial del valor de las personas. Es la forma de tener más significativa que simboliza lo que es o ha querido hacer en su vida una persona. La condición de propiedad crea la ilusión de la soberanía. De la propia casa es del único lugar que uno no va a ser echado y que nadie de afuera le puede decir qué hacer o dejar de hacer, o al menos eso es así en apariencia.  La propiedad no es tan segura como se supone y si el esfuerzo por comprarla y mantenerla sabotea las opciones de disfrutarla dejando tiempo suficiente para disfrutar de la vida fuera de ella posiblemente su inversión no es tan estupenda como puede parecer al principio.

En la sociedad actual se ven continuamente casas recién estrenadas en urbanizaciones nuevas que se ponen en venta porque sus dueños han cambiado de idea y ha dejado de gustarles el lugar o han disuelto la sociedad matrimonial. Como que se supone que la propiedad, pase lo que pase, siempre es una inversión que se podrá rentabilizar, comprar una y tener que cambiar de domicilio al cabo de dos años tampoco es una tragedia mayor. No, no lo es pero mete a los propietarios en senderos de compra-ventas que les lleva a implicar una buena parte de su energía. Mientras uno se preocupa por la venda de su casa o la tiene en stand by sin usarla está gastando doblemente la energía de su vida: la de ir tras una zanahoria que no se ha podido comer y la de buscar a otro que se la coma. 

Además hay que contar con compradores que invierten en ampliar su propiedad patrimonial como fondo especulativo para ganar. Con lo cual cosas recién compradas las ponen inmediatamente e venta o en alquiler. El sistema económico de bienes lo permite y el lucro sigue siendo bien visto por la sociedad. Quien más dinero gana más reputación tiene entre su vecindario y quienes les conocen. Lo de menos es en qué lo ha ganado. Por supuesto, si su fortuna ha sido fraudulenta o no ética, el triunfador no lo explicará y dejará a los que sospechen de él de cejijuntos con el interrogante entre ojo y ojo.

En una sociedad de circulación de capitalistas y de inversiones continuas en las  que la preocupación principal es la de aumentarlos, su materialización en patrimonio es la consecuencia más lógica. Tener un espacio propio en forma de piso, y los más afortunados en forma de casa, es lo menos que se puede y debe tener para vivir. Hay un derecho a la vivienda digna que está escrito por ahí. El chabolismo lo desmiente, pero los mercedes (algunos)  aparcados junto a las chabolas también desmienten la tragedia de la no-vivienda en condiciones.  El caso es que todo el mundo trata de resolver lo del cobijo como imperativo.

 Cuando al fin, ya tiene algo totalmente a su nombre con todo lo que le ha costado llega un momento en qué se plantea la cuestión de la herencia, si es que tiene hijos o familiares herederos para esto.  Su turno también es posible que heredere algo de sus predecesores difuntos, aunque le llegue tarde o a destiempo. Ya ha sido discutido que la herencia, tal como está montada, de padres a hijos sirve de muy poco a no ser que el hijo sea el último de la saga y se lleve mucha diferencia de edad con los padres y estos fallezcan a una edad en que aquel pueda aprovechar la donación con tiempo o de vida suficiente. Las herencias que se hereda con los 60 o los 70 cumplidos tienen algo de burla biográfica. Mucho más cuando se las ha pretendido por décadas y eso ha generado un deseo del fallecimiento lo antes posible de los testamentarios.

La familia que funciona con el código de todo lo que hay  de patrimonial es para los herederos y esos están constituidas por la parentela  genera, aunque no sea la pretensión, un tipo de relación que se tiene que mimar para no enfadar al testamentario no sea que cambie de idea. Deploro los herederos potenciales que van detrás de los testamentarios no por razones sentimentales o de identificación sino por conveniencia. Hay cuantiosas experiencias de desheredados o de herederos discriminados negativamente que descubren, a veces tarde y mal, la autentica realidad psicológica y emocional de los testamentarios, generalmente sus padres. 

Los testamentarios por su parte juegan durante toda la vida con la idea de qué donaran lo que tienen a sus hijos y a la hora de la verdad hacen repartos lesivos por los cuales hay tensiones con peleas abiertas o no. Puesto que la propiedad privada simboliza y estructura como instancia capital los procesos internos de una sociedad ambiciosa la sola idea de su superación se hace casi inconcebible, mucho más cuando las experiencias de comunas de producción no fueron tan satisfactorias como se conjeturó al principio. Paralelamente la sola idea de que esa acumulación de la privada no tenga la opción a la herencia y pasea a manos de la sociedad a trabes de sus vías institucionales o de mecanismos de donación proyectivos para que sea el pueblo quien lo disfrute, tampoco encuentra el colchón de madurez en una mentalidad públicamente tan rematadamente egoísta.

Para el testamentario tener a quien donar todo lo que acumuló (su biblioteca, su colección de sellos, sus discos, su mobiliario selecto, sus álbumes de fotos, su correo o sus diarios personales) es quitarse, literalmente, un peso de encima, aunque desde su lugar postmortem no se entere de lo que se vaya a hacer con todo esto. La donación es una forma de concretar el gran amor que se tenía por el heredero. Pero no siempre es así la herencia que más llama la atención es la de alguien que está en cualquier parte del mundo y que a la hora de fallecer ha pensado en un nieto remoto el cual ni siquiera estaba al corriente de la existencia de aquél. Puestos a recibir herencias de tíos de América, lo mejor es recibirlas pronto, antes de cumplir los 18 años para poder funcionar en la vida del capital con un poder adquisitivo alto y por lo cual no se haya tenido que hacer esfuerzo alguno.

De hecho, esto es un acto de injusticia porque el que uno pueda recibirlo pro pertenecer a una familia de ricos y otro no por pertenecer a una de pobres, no hace sino perpetuar los divisionismos sociales, los enfrentamientos violentos de las personas entre si y las envidias y odios.

¿Qué pasaría en una sociedad en que prohibiera la transmisión patrimonial dentro de las familias por motivos de deceso? De una parte se pondría veto a la acumulación de las grandes fortunas ligados a las familias más poderosas del mundo, de otro plantearía el problema de qué hacer con las acumulaciones. Los finados podrían optar e vida por reconducir sus cosas como legado a entidades o representantes sociales que mostraran la escrupulosidad y honestidad para llevarlas de acuerdo con sus voluntades y dentro de la línea de proyecto en la que estaba en vida. No siempre los albaceas tienen esa honestidad y tergiversan la voluntad del muerto y no siempre el que va para muerto se asegura en vida que sus tesoros sean respetados postmortem.

Para el punto de vista del que va a morir tiene más valor el legado de lo que deje como mensaje y como enseñanza de su biografía que no las cosas en sí, para el punto de vista del que va a heredar suele interesarle mas lo contante y sonante que no los amores intelectuales o artísticos del finado, que puede que los interprete como rollos o historias complicadas. Ese no es un pequeño detalle que pase inadvertido ya que el heredero que toca por linaje puede ser el más palurdo e inadecuado para recibir la herencia  si solo está interesado en su crematística. Bajo esta consideración el testamentario puede buscar otros campos de donación para sus cosas. Raramente el que recibe la herencia la declina o la transfiere automáticamente al patrimonio artístico del país. En algunas situaciones es lo mejor que se puede hacer no solo  para el usufructo público de la ciudadanía de aquel patrimonio sino también porque su mantenimiento en manos privadas puede tener un coste considerable. Algunas de las colecciones artísticas que hoy son patrimonio cultural de la humanidad saltaron de manos privadas a gestiones públicas. Es una transacción razonable. El que dona a la institución del estado, sea la administración local del municipio o a otras instancias provinciales, departamentales, regionales o generales, no es suficiente con hacerlo sino en convenir el trato que desea que se le dé a lo donado. Lo mismo con las instituciones privadas. Hay bibliotecas que tienen problemas de acumulación con las donaciones de las bibliotecas privadas de ciudadanos que las legan por pensar, justamente, que es el mejor lugar donde pueden estar cumpliendo un servicio público, y que sin embargo no tienen dónde meterlas.

La verdad es que la donación como legado (las colecciones de las cosas) no tiene el camino allanado. La donación para convertir lo donado (sean muebles o inmuebles) en dinero contante lo tiene más fácil.  He tenido la suerte de la doble experiencia en un periodo de unos pocos años de ser desheredado (o ser discriminado negativamente en la herencia) y a la vez de no encontrar ninguna lógica e dar e herencia a mis descendientes de lo poco que he acumulado. Me gustaría, sin embargo, que las cosas de valor que tengo por lo que hace a libros cumulados  y creatividades que tuvieran un depósito de protección. Como que por ahora no tengo suficientes medios para   una casa o de una arquitectura excepcionales en las que ubicar un centro de lectura y de debate a la vez que espacio museo y plataforma de conferencias y asambleas tengo la idea estacionada sobre lo que va a pasar con mis propiedades. El estado no tiene resuelto esta cuestión y el mundo de lo privado  tampoco. Las cosas que pasan de padres a hijos sirven como decorativos o como demostraciones de estatus que, a veces, no tienen ninguna utilidad práctica salvo la decoración, eso incluye la bibliofilia de rarezas éditas.

En una situación hipotética en que la generación falleciente donara sus herencias para el usufructo público, solo este criterio haría de las ciudades lugares más abiertos y socializados, más recursivos para todos, más fáciles para vivir que revertiría a favor de todos liberándolos de tantos tiempos dedicados a obtener salarios y cumplir con sus ambiciones. A diferencia de la propiedad privada, la pública requiere de menos de todo para satisfacer las necesidades de los más.

Entiendo que lo que tiene de más valor una persona para donársela a otra que la sobreviva es el mensaje, el recuerdo y en todo caso el objeto concreto que fije eso otro. También entiendo que lo que tiene de menos valor o mas mezquino otra es urgir el fallecimiento del testamentario para disfrutar de sus bienes.

Sin una herencia en perspectiva muchos conflictos entre hermanos, que empiezan a apuntar prematuramente, con sus primeros vuelos de independencia del hogar familiar, se esfumarían y sanearían al descartar que  la relación filioparental  tuviera que  dejar un saldo de bienes. Eso la  autentificaría. Desgraciadamente, los intereses materiales vienen a complicar los campos de los afectos. La conflitividad de intereses es una cantera de enseñanzas de alto valor para averiguar la magnitud de la condición humana. Goethe se sobrepasó al afirmar que solo aprendemos de quienes amamos, también lo hacemos, no paramos de hacerlo, de los enfrentamientos producidos al margen del amor empañados por intereses materiales. Lo que es más, estos vienen a sustituir la espontaneidad sentimental en muchas ocasiones.

 

 

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: