FLUENCIA TRANSCULTURAL

El hombre gramatical restituido

El hombre gramatical restituido.

Se ha dicho abundantemente que a la gente se la mide por sus hechos olvidando a la ligera que los hablares y los decires son también hechos. Por otra parte, una cierta cantidad de hechos naturales están biodeterminados, por tanto garantizados. Estrictamente, es imposible vivir sin constituirse en hecho y es imposible seguir viviendo sin protagonizar una sucesión de hechos. Las acciones forman parte del ser y del vivir  y ubican las energías  que hacen a un ser humano como fuerza de trabajo y de creatividad. En esa funcionalidad le toca hablar, preguntarse y explicarse, hablar y hablar de sí, hablar actuando y actuar hablando.

 Rehabilitar al humano a su condición de ser es restituirlo como sujeto gramatical, esto es el sujeto que tiene capacidad para nombrar sus deseos, sus búsquedas, sus hechos y sus entornos, sus objetivos y su pasado.  El hombre gramatical es el sujeto vivo que se pasa la vida circulando entre palabras y significantes, entre sintaxis y semántica, entre la novela con la que se describe y el mundo que panoramiza. Esto le ha llevado a reconocer que tener palabras es el más maravilloso de los hechos pero también el más contradictorio ya que por las palabras pasan los deseos y los análisis, pasan los romances y las descripciones, pasan las fantasías, pasan también los engaños y las trolas, pasan las afirmaciones y las negaciones. Si un hablante pudiera concienciar en un instante dado todo lo que ha dicho durante toda su vida se valoraría a sí mismo como un caos. Un hablante puede llegar a decir cosas opuestas para un mismo tema según el contexto. El principismo mas radical: el de decir siempre lo mismo  toda la vida convierte ese decir en un dogma y a su dicente en un feligrés de su invariabilidad. El aviso preventivo por mantener la dialéctica de los procesos no la asegura (a esta dialéctica)  tanto como seria el deseo de la superación permanente. El sujeto contextual (el circunstanciado derivado a circunspecto) olvida que es u sujeto por y para el texto, sacrificándose a los actos protocolarios. El resultado es  una mezcla explosiva de un hombre con su alma rota, por los actos que desea hacer y no hará y por su subvocalidad que no se atreve a decir en voz altar.

Nuevas formas comunicacionales desde el anonimato insinúan posibilidades de exploraciones y descubrimientos antes condenadas por la moral, además convocan al discurso atrevido. Huyo ante la palabrería archivística que antes que nada quiere ubicar la figura, la forma, los detalles policiacos, el curriculum y prefiero el discurso etéreo aunque se pueda confundir con el surrealista. Del otro el acto más digno que espero es el dominio preciso y elegante con el lenguaje. Luego puedo esperar todos los demás eventos del placer, pero el de la palabra, el gusto por escucharla, es uno de los primeros placeres que pertenece a la lógica demanda del adulto maduro.

Habitantes sin retos ni objetivos cualquier propósito de enmienda ya llega tarde y cualquier inercia de acumulación no puede llevar muy lejos. De los ayeres y sus experiencias queda bien poca cosa aunque los programas televisados insistidos de recordatorio de las masacres de la segunda guerra mundial quieran hacer de antídoto para una no repetición semejante (algo que Milosevic y sus etnocidas olvidaron pronto). Se diría que la gente de ahora  tiene muy poco respeto por el pasado y poca esperanza ante el futuro. Tal vez no es más que una presunción superlativa de cada generación con respecto a la anterior. En todo caso la afirmación es de  Hipócrates y cada etapa histórica,  desde entonces, debe tener al menos un sabio que la repite. Tal vez, ese sujeto gramatical lleno de verbos para nombrar sus acciones y de elipsis para no olvidar lo ausente y de perífrasis para seguir con su inercia de haceres, lleno de substantivos y nominalística para no olvidar parámetros ni representantes de su especie  todo lo que puede ambicionar en lo esencial es un saber cuya paradoja mayor será la dificultad de su transmisión.

Cada humano alcanza las verdades hasta donde quiere investigarlas como condición primera.  Lo interesante de la verdad es que es una forma de poseer los elementos que refiera sin tenerlo que tenerlos bajo la custodia de la caja fuerte. Para poseer algo hay que entenderlo, la verdadera posesión de las situaciones y de las cosas pasa por su comprensión. Para la comprensión holística es indispensable la trascendencia de las ideas fijas y con ésta conseguir el mestizaje de las etnias y culturas. La transculturalidad es la autopista para el recorrido de formas universalmente útiles a las parcelas de las privacías obsoletas. A pesar del amor por lo propio que se pueda sentir y la adhesión a los orígenes confundiéndolos con la identidad se puede apostar por la transculturalidad como embarque sin clases ni discriminaciones. La seguridad de las tesis conocidas no puede cerrar las puertas a las tesis por conocer[1]. Pertenecer a una cultura dada tiene la ventaja de sus referentes, el idioma y la tradición como proceso constructivo pero crea un cerco para abrazar otras culturas  y formas existenciales. El sujeto gramatical está por encima del idioma contextual que le diera sus primeras lecciones para la expresión. Adquiere y aprende a pensar a través del lenguaje y a hacer de sus actos prácticos actos de significación insertos en el horizonte simbólico.

Si un hablante no corresponde sus hechos con lo que dice su deshumanización es creciente. Y, opuestamente, lo que hace al ser es su compromiso con el decir no permitiendo que su hacer lo desmienta. Como que la estela contradictoria es abundante una dosis de auto disculpa viene a atenuarlo todo. El hombre gramatical deja sus verdades o sus mentiras según cuál sea su perfil y la capacidad de autoengaño que tenga. Ninguna historia futura lo absolverá en cualquiera de esas dos tomas de posición. El que llene de autenticidad su biografía habrá contribuido a un mundo mejor o a un desenlace más brillante de su especie, quien la haya llenado de engaños habrá aumentado la cantidad problemática concúrrete. Lo grave de la gramaticalidad existencial es que todo acto termina por encontrar palabras con qué excusarlo. El lenguaje por sí solo no predetermina la consciencia. Es necesaria la comprobación práctica de su significación, el correlato de certeza o no con cada unidad real del mundo fenoménico.

Me gustaría suponer que el hombre gramatical restituida lo será en la figura vencedora del que no callará sus anhelos ni dejará de cuestionar las trampas y mentiras con las que se enfrente ahí donde le toque ser beligerante con ellas.



[1] Lyell Charles.  Principios de geología (1832) todavía creia en la fijeza de las especies de acuerdo con el sentido “común” de la época. Reunido con Darwin en 1856 le persuadió que debía publicar un resumen de sus puntos de vista sobre evolución.

 

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: