FLUENCIA TRANSCULTURAL

En el debate de la incompletud.

El otro como auxiliar en el debate de la incompletud

El debate sobre el vacío, la nada y el deser ya nos está dando la opción de cargar las tintas para ser algo. La mirada observante aprende y crece ante la cosa observada aunque ésta sea un producto imaginado. La reflexión del ser y la nada se cortocircuita puesto que la reflexión al comparecer ya está siendo algo. El habitante del desierto no puede afirmar que está en medio de la nada aunque está pueda ser una frase poética -con una exageración literaria que se puede momentáneamente perdonar- y seguramente instruirá al visitante ocasional o perdido que no sepa orientarse en él. Podemos hablar de déficit de la realidad enfrentada, de la incompletud situacional o del otro, de la degradación circunstancial, de la extinción de unas formas u hechos; podemos hablar del desequilibrio de los entes, de la provisionalidad existencial como circunstantes, del sujeto transicional condenado a la finitud pero no es concebible la nada total. La diferenciación entre nada y vacío es crucial. Desde el mismo momento en que nos podemos permitir utilizar signos y manejas simbolizaciones,denominar y conceptualizar, estamos en medio de trasiegos. . La filosofía ya se separó de la physis as suficiente distancia para declarar que el universo contenia lo tangible y lo sensorialmente sentido junto a lo no tangible y lo intelectualmente asumible.

Eso no impidió la duda a la intelectualidad sobre si todo eso de lo que hablamos y tratamos es realmente existente o simplemente imaginado. A efectos prácticos de consumo elaborativo del sujeto perceptivo si la calle que ve, la planta que crece, el gato que le dice miau, la compañía con la que comparte la cama o su numero de cuenta bancario son ciertos o no, no es tan catastrófico. La divisoria entre ser y no ser, entre lo que existe y lo que no existe no es tan clara. Incluso actualmente una linea fronterizada históricamente aceptada entre vida/no-vida ha dejado de ser clara a partir de las distintas muertes del cuerpo. Lo real que es contrapuesto a lo imaginado no existe más que los productos de la imaginación. La existencia incluye tanto lo sido como el plan de algo por ser., tanto lo realizado que se toma por un hecho o construcción como lo que está por ser pero que de momento es solo su enunciado potencial en tanto que constructo o visión. Uno se pasa una parte de su vida hablando de lo que no existe (l discurso de la utopía en este registro) pero que a fuerza de darle cabida mental y darle escena en el espacio conversacional le confiere una entidad como si su posibilidad imaginada estuviera a la vuelta de la esquina como realidad efectiva.

La vida vivida y la que está por vivir siguen parámetros hipotéticos. Una hipótesis es que el ser humano es una entidad que tiene necesidades y que organiza su existencia para cubrirlas. Otra hipótesis es que cualquier cosa que pueda haber hecho o por hacer no existe porque en realidad no existe nada. Su aglomeración molecular es solo la ficción o la entelequia de algo que no se es. Si el ser humano es un espectro o es real no va a justificar el dejar de hacer de esta reflexión. Si se viene haciendo desde siglos es porque el reto existencial de la inteligencia es vivir sin tener todas las seguridades ni conclusiones. No es una cuestión de formación o de cultura sino de limites consubstanciales a la propia vida. Por lo que sé de los saberes en curso no creo que la humanidad del futuro (la de dentro de cien mil años, si para entonces existe alguien dispuesto a seguir hablando) pueda resolver el tema de la existencia condenada a la finitud individual dentro de un proceso plural de morir-revivir continuo. La antorcha del sol que esta alumbrando por una temporada de unos miles de millones de años al planeta tierra un día se apagará. Alguien habrá dejado de pagar la factura o la compañía eléctrica habrá entrado en quiebra. Antes de eso los planetas que orbitan a su alrededor como saprofitos habrán dejado de hacerlo, los vivientes dejaran de vivir.

Todo eso es una gran conjetura, fantástica (el tema ideal para una película que quiera jugar con las angustias de la platea) pero con ello no te traes el plato diario a la mesa ni construyes una filosofía unitaria con la que vivir en concordia creativa con tus vecinos en tu planeta. El gran sentimiento de vacuidad tiene por contrapartida del de contigüidad sentimental al de tantos otros hablantes que pasan por lo mismo. La construcción del ser cuenta con la confrontación a su propio deser (una lucha intra-sujeto sin tregua) y la confrontación al deser de los demás, que en casos extremos caen en patologías mentales y en severas disfunciones de comportamiento.

En un mundo de incertezas y de crisis de referentes estables o modelos que seguir en los que no hay objetivos comprobados que funcionen, el otro, cuando menos, hace de auxiliar para las exploraciones conceptuales y los debates temáticos aunque estén condenados a la incompletud. Lo mismo que la cura psíquica pasa por dar paso a la voluntad para que tome el mando e lfin de la melancolía pasa por darle opción a la felicidad. La felicidad es una resultante en la que el sujeto se confiere un poder para hacerle espacio en su vida no poniéndola en función de la infelicidad ajena.

Lo ajeno nunca está tan lejos de uno en tanto que somos formas participativas en el conglomerado general del universo. Los átomos de los que etamos compuestos son sustancialmente los mismos de los que son compponen otros tejidos de vida y otros objetos inertes.

Si hay una clave para seguir participando en la discusión sobre el todo y la nada, sobre el ser y el no ser es que al hacerlo nos recargamos de partículas de energía para seguir siendo lo que seamos aunque sea una condenacion a la incompletud que no por eso deja de ser vivible en su divers ocolorido y sus ofertas degustantes. Mientras escribo esto la trompeta de Mile Davis en el álbum Ascenseur pour l' echaffaud llena mi espacio en un itnerludio entre un silencio y otro. El proceso hacia un final no quita el placer del viaje aunque no haya fin ni propósito. Mientras los unos nos sigamos haciendo de auxiliares de viaje de los otros, de apoyos tácticos para la discusión y el reto de comprendernos la suerte del vivir seguirá estando de nuestra parte.

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