FLUENCIA TRANSCULTURAL

Vivir reciclando lo despreciado.

Vivir integralmente de la reutilización y del reciclaje[1].

La economía de la sostenibilidad suena muy bien pero si no se entiende como  una filosofía completamente distinta por lo que hace a otro modelo de organización social y aprovechamiento de los recursos va a ser una filfa demagógica más. La poltrona gubernamental trata de conciliar el enunciado de la sostenibilidad con  crear más puestos de trabajo y más industria, olvidando que el más y más del desarrollismo capitalista es antitético con la sostenibilidad.

La economía de futuro a escala planetaria  existirá en tanto en cuanto se replantee una racionalización de los recursos, entendiéndolos en su maxi sentido, el de los recursos naturales y energéticos y el de los recursos de las cosas producidas que siguen teniendo una vida útil. Los organismos de planificación que no pongan como eje en sus agendas de planning la tesis del reciclaje  no van a ser cooperativos con los enfrentamientos a las crisis periódicas y con alternativas de vida en la paz y el sosiego. Aunque cada vez hay más planteamientos empresariales en las tareas de reciclaje, este sigue siendo ideológica y masivamente rechazado a pesar de que las escenas cotidianas de los recicladores no paran de aumentar. Personas bien vestidas montan guardia ante un hallazgo encontrado al pie de un container mientras otras van a por el coche. El perfil del reciclador va evolucionado: ha saltado del rebuscador de basuras y del acumulador de trastos viejos e inservibles al superviviente inteligente que no se le caen los anillos ni se avergüenza por hacerlo.

Es conocida la práctica de ir de basuras para amueblar pisos alquilados vacíos y de temporada. El superávit de enseres despreciados y tirados ha sido y sigue siendo de tal envergadura que solo falta caminar con los ojos abiertos para encontrarse cosas útiles. Esto ha llegado a tal extremo que es difícil salir a la ciudad a pasear y no encontrar algo despreciado por otros y que siga teniendo una utilidad. Evidentemente, depende de las necesidades de cada cual en si lo recogerá o no. Una cosa puede seguir siendo útil y sin embargo no ser necesitada por el primero que se la encuentra.

Conociendo el valor de las cosas cuando son echadas empieza a extenderse el fenómeno de dejar las cosas aún útiles junto a containers para facilitar precisamente su recogida por quienes viven de recogerlas o pueden aprovecharlas.

Mi experiencia personal es doble tanto facilitando cosas de las que me he desprendido dejándolas de tal manera para que sean aprovechadas por otros como recogiéndolas al encontrármelas por casualidad. Más de una vez al ir al container a tirar cristal y basuras de plástico (la orgánica la aprovecho para las plantas de casa) recojo algún material que puede servirme. Me he encontrado lotes de libros, ropa, azulejos, maderas, viguetas de aluminio y otras  muchas cosas. Ir de shopping (de tiendas) o de reciclajes (ir de basuras) ya no guarda tanta diferencia. Ambas conductas comparten el objetivo común de obtener objetos o materiales para cubrir unas necesidades.

El origen de la tienda o comercio era para cubrir un servicio con el objeto que se compraba. Los índices de fraude y de victimidad han  puesto una buena parte del comercio entrecomillada por su falta de eficacia y sus altos precios. A veces he comprado cosas que las he visto  un par de días después tiradas, otras al ir a una ferretería a comprar algo me he encontrado de camino, también tirado, lo que andaba necesitando.  Una de las curiosidades de la modernidad es que a veces vamos a comprar objetos de trinca que ya hemos olvidado que seguimos teniendo en alguna parte del garaje o del almacén.

En la actualidad hay tanto y de todo que seguir fabricando podría estar seriamente cuestionando. En todo caso la lógica industrialista pasa por modificar formas más que superar funciones. Algunos objetos en sus últimas versiones son peores que sus primeras versiones históricas. Ya entiendo que la necesidad industrial es la de renovarse (o te renuevas o te mueres, es la oración con la que se duerme multitud de empresarios cada noche) pero a menudo se confunde eso con maquear las cosas. Uno de los fraudes internacionales más elocuentes de la industria mundial es la infinita variedad de formas de artilugios para cumplir idénticas funciones. Si las empresas y marcas no se han puesto de acuerdo- ni nada indica que lo hagan a largo plazo- en unificar enchufes o alimentadores,  ¿Cómo vamos a creer en que las negociaciones diplomáticas a escala internacional para resolver problemas de sociedad más graves: hambrunas, epidemias, armamentismo, tráfico de personas y de órganos, guerras,..tengan voluntad política para resolverlo?

Un modelo de economía sostenible pasa justamente por lo contrario: el menos pero suficiente, menos cosas y más eficaces (poliútiles y más bien construidas para que tengan una mayor longevidad). Trabajar menos en el doble sentido: dedicar menos tiempo laboral por día (posiblemente con el equivalente de una hora de producción diaria  por persona en edad de trabajar la economía mundial iría sobrada para cubrir las necesidades de la humanidad entera) y conseguir más tiempo para la creatividad lúdica, la cultura, la filosofía existencial y el placer de la existencia. De hecho, la cifra apuntada es exagerada pero no por defecto sino por exceso.

El problema a escala mundial no es el de la escasez y el déficit sino todo lo contrario, el del superávit y las políticas de presión (chantaje y extorsión) que se hace con ella, aceptando antes malbaratar recursos que facilitar su uso y consumo por la gente.  Tirar cosas para seguir con unos ritmos y precios lo hacen tanto grandes empresas sin escrúpulos como pequeñas unidades domésticas, aunque sea por razones diferentes: nos cansamos de usar la misma ropa o se preferimos cambiar de mobiliario y vehículo aun a sabiendas que todo ello puede tener un segundo uso. Lo lógico es facilitarlo.

 Mientras no se remodelen los puntos de calle donde se tiran las basuras, como puntos ya de reparto in situ para que se lleve gratuitamente objetos que le sean útiles quien se los encuentre, cabe prever el aumento tanto de rebuscadores que siguen itinerarios de basuras como personas que las recogen sin haberlo planificado porque ese día tenían que ir a comprar eso mismo a la tienda. Los grandes y pequeños comercios no se alegrarán si pierden parte de sus ventas porque parte de sus clientes se equipan con objetos reciclados de los contenedores de basuras.  Ese tipo de disgusto a escala vecinal refleja el que hay a escala de todo un sistema ante ideas de supervivencia alternativa sin gastar tantos recursos energéticos y materiales. El planeta no puede con todas las ambiciones de tantos ambiciosos. Ecológicamente tiene más sensatez el reciclaje que el despilfarro. Mientras los hábitos para reducir objetos de consumo no se implementen con mayor fuerza el reciclaje de cosas para reutilizarlas tal cual están o reparándolas o para aprovechar sus componentes seguirá siendo una buena opción tanto individual, como doméstica, como para empresas que quieran inaugurarse en este sector.

Dada la enorme cantidad de cosas que se tiran y siguen tirando, actualmente es posible vivir únicamente del reciclaje. No, no me he equivocado. Se puede, sin que eso suponga mal vivir. El reciclaje no solo incluye cobijo, materiales y ropa sino también comida. Esa idea, no lo dudo, va a ser tildada de imposible y de loca. La imagen harapienta de quienes se dedican a hurgar contenedores hace pensar en pobres gentes y no siempre cuerdas. Para demostrar la factibilidad de esta verificación se tendría que tomar como hipótesis secundada por una cierta cantidad de gente dispuesta a demostrarla durante un tiempo considerable, un mínimo de un año, con criterios estrictos con respecto al concepto reciclar, incompatible con aceptar subvenciones o limosnas y con un reto innegociable: vivir y vivir bien, no solo sobrevivir como las ratas.  

En una ocasión para demostrar las posibilidades del comercio electrónico por internet se aisló un grupo provisto de tarjetas de crédito para que compraran todas sus necesidades desde el primer día, sin salir de casa, desde el champú, a la comida. El experimento demostró esa posibilidad. El experimento que me propongo es el de demostrar que es posible vivir (desde la construcción del cobijo a la consecución de la comida) utilizando materiales desechados y solo desechados, no aceptando donativos ni actos de caridad ni solidaridades. Si tuviera dinero a raudales me constituiría en mecenas para sufragar ese proyecto, es decir para conseguir una muestra humana considerable dispuesta a llevarlo a cabo puesto que la idea anunciada no tiene por ahora la fuerza suficiente como  banderín de enganche para que el personal crea esa posibilidad aceptando dedicarse a ella.  El mecenas (por si alguno quiere hacer suya la idea) no pagaría nada directamente a los implicados pero negociaría el mantenimiento de sus puestos de trabajo o el pago de sus facturas en sus domicilios a cambio de que se prestaran a vivir sin pagar un céntimo con la condición de vivir bien, vivir para el ocio supeditando los tiempos de trabajo (recogidas de cosas y materiales) para la creación de una zona residencial digna.

Como todos los experimentos este es posible dadas las curvas de despilfarro que se dan en la sociedad en la que se vive. En otra sociedad racionalizada sin tantos materiales desperdiciados esta propuesta no daría a lugar.

A  un año colmado después de anunciar la terrible crisis en la que se metía el país se habla de la lenta recuperación. Otra crisis que se quiere archivar rápida sin aprender mucho, todo para preparar otra gran crisis, comparativamente mucho mayor, a un plazo por ver cuál será. Quizás, cuando un día la gente vea que su dinero se ha devaluado y no le sirve para comprar productos en la tienda o no haya gasolina en sus estaciones o que el agua corriente no le lleve al domicilio, empiece a reaccionar.

Roger Myerson (universidad de chicago., nobel de economía del 2007) se apunta al grupo de propuestas intervencionistas en la irracional dinámica neoliberal sugiriendo una reforma limitada y clara del sistema bancario ya que considera que el shock del sistema financiero ha estado en el origen de la última crisis, colocando en un segundo plano los estímulos fiscales o para el empleo.

Para otros puntos de vista, el sistema capitalista vive permanentemente en crisis y ante cada una de sus crestas no se puede dejar de observar que para cuando a unos les llega la crisis otros vienen viviendo en ella desde que nacieron porque son los más desheredaros que nunca pudieron aspirar a nada.

 



[1] http://foros.expansion.com/showthread.php?p=769074#post769074

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