FLUENCIA TRANSCULTURAL

Distintos registros comunicativos

La cadena de registros comunicacionales diferenciados. Origen y su potencialidad.

La cosa hablada no es lo mismo que la cosa en sí. Por si fuera poco la cosa hablada lo es en distintos registros alterando las formas representacionales de su contenido. El lenguaje que habla de objetos a su vez es un objeto que habla de sí mismo autoreferenciándose continuamente. Vocabularmente se le da valor de cosa al objeto tangible, material, tridimensional y escrutable. Las cosas completan el mundo de lo visible pero honestamente también deben formar parte del no visible. Mucho de lo que está por conocer tambien llegará a poblar el universo de las cosas: desde tecnoaparatos que resolverán operativamente problemas que ahora no están resueltos a temáticas que tendrán el trato de cosas aunque no pasen por la tangibilidad.

Es más apropiado el termino objeto al de cosa para referir todo aquello de lo que se habla pase o no por la forma de su materialidad. Los objetos incluyen las cosas tridimensionales conocidas pero también a las bidimensionales. Una foto en la pantalla es un objeto y la pantalla misma es otro. Un signo es un objeto y la tecla que se presiona para digitalizarlo es otro. La universalidad del objeto es tan extensiva que se funde con la objetividad entendida esta como el conjunto de cosas existentes: desde una galaxia a una onda. La palabra cosa a pesar de su valor de uso tiene escaso valor conceptual por la alta polisemia que ha adquirido. La cosa es separada del hecho olvidando a la ligera que los hechos se componen de cosas. El acto se hace con gestos que tambien son valorados en funcion de las cosas que manejan.

Para evitarnos conflictos semánticos el uso de la palabra cosa en la terminología habitual es conveniente referirla mentalmente como objeto. Un objeto es una idea tan válida para manejar un artefacto intelectual como para referir cualquier expresión de la materia en la forma, color y fabricación que sea.

Las palabras mismas también son objetos de los que nos valemos para comunicarnos y para tratar de comprendernos. A la vista de tantas inconveniencias confusionistas no se puede asegurar que el lenguaje garantice la precisión y posibilite el consenso. En su lugar funcionan sensaciones de acuerdo y el supuesto de la agotabilidad argumental de un tema dado. Después de un cierto tiempo de un habla continuada los hablantes, física y mentalmente cansados, se prestan a la connivencia en parte por la seducción del argumento que se erija como dominante (que no tiene porque coincidir con el mas lógico o racional) y en parte por el embotamiento sensorial.

En cada espacio de acogida de una temática discursiva el recurso a la comunicación de lo personalístico es posible e inmediato. Cruzar la línea entre una temática de la llamada objetividad y saltar a la llamada subjetividad es enormemente fácil. Depende la capacidad del hablante de mantenerse en una posición estrictamente aséptica de aquel tema objetivo que desarrolla no permitiéndose la menor ligereza para ejemplificar lo conceptual saltando al campo de la personalización. En la clase didáctica y en la ponencia científica el hablante correcto es el que se ajusta a tema y no lo banaliza saltando a la anecdótica. Por otra parte el texto mas llano y accesible es el que saltándose el protocolo austero de la exposición la hace diáfana hablando con naturalidad de la cotidianidad y lo concreto.

Como que la mayoría de conversaciones son extra-doctas y funcionan en los campos personales la exposición de la ideas cursan en mezclas de historias narrativas sin pretensión alguna de elaboración. El peso de las impresiones sentimentales está por encima de su racionalización. Lo que es más la impulsividad desde el irracional reclama el mismo derecho a ser que la moderación participativa desde la racionalidad.

La comunicación oral maneja informaciones y conceptos que están vinculados por interpretaciones de hechos. Su trasiego en el decir de cada hablante la va condicionando. Lo que un sujeto A le dice a los sujetos B y C por separado sufre una transformación temática cuando B y C lo hablan por su cuenta. El primer nivel de infocomunicación que proporciona A se convierte en un segundo nivel en la producción verbal de B y C sobre el mismo tema. Cuando B habla con D y E vehiculando el mismo tema por su cuenta y por separado con cada uno de estos y C lo hace con F y G trasladando tambien el mismo tema se va a producir un tercer registro en la síntesis que hagan estos. Y así sucesivamente. Esa unidad de triangulación simple se complejiza enormemente ya que en la practica de la oralidad de las palabras cada hablante tiene una pluralidad de depositarios de sus informaciones asi como una pluralidad de emisores de las que recibe y cada temática no cursa como algo aislado y controlado sino mezclado con otras.

Las temáticas trasegadas son tanto mas desvirtuadas cuanta menor exactitud hay en sus referencias y menos honestidad expositiva se da. Ese factor explica porque hablando no necesariamente se entiende la gente y al proyecto comunicativo le sobreviene una perversión lingüística y deliberados equívocos interpretativos.

Si en un primer registro lingüístico (el del traslado de un fenómeno de la realidad a la verbalización que lo describe) ya concurre una traición a la cosa en sí en aras a su sustitución por el objeto lingüístico que la representa, en los siguientes registros lingüísticos -donde los hablantes ya se han separado totalmente de los materiales primigenios de la naturaleza referidos – la confusión puede ir a mas. Una parte de las comunicaciones interhumanas se basan en datos aportados por la comunidad científica (una nanométrica parte de la población mundial) que el resto de la sociedad consensúa implícitamente. De sus datos y argumentaciones se nutren millones de conversaciones en paralelo sobre las verdades de la vida y de la existencia. Eso hace que casi todos los hablantes queden situados de entrada en un segundo registro lingüístico ya que están privados o no tienen acceso directo a las investigaciones directas de la realidad fenoménica en su conjunto. Sin embargo hay unos materiales primeros: el de la sensaciones y el de las experiencias vitales, el de los sentimientos y el de la conducta por tanto, a los que pueden acceder todos los hablantes en tanto que vivientes. Al hacerlo puede comunicarlo todo de si en un estado de lucidez y transparencia tal que pueda decirlo todo. La mejor situacion para la comunicación ideal es la que no tiene que silenciar nada

por temor a herir o por temor a ser mal interpretado. Esa idealización de la comunicación implicaría la extralimitación de toda confidencialidad.

En la práctica social ordinaria lo que se dice a uno no se le dice a otro, lo que se declara en un lugar no se hace en otro ámbito. Los mismos espacios: desde las embajadas a las salas de espera, desde los bares a los asientos de un taxi, predeterminan protocolariamente los límites del habla. Confundir la gestión de la información a cada quien que le sea dable como le factor de responsabilidad en exclusiva de la hipocresía social es una simplificación extremista. El silencio forma parte de las pautas para la verdad y no todo lo hablado contribuye a esclarecer hechos o personalidades. El habla contiene unidades de significado mezcladas con cuadros expositivos que tienen por mayor significación no querer decir algo importante. En el primer registro lingüístico (el del traslado a palabras de las cosas de la realidad, las tangibles y las intangibles, las visibles y las invisibles) la honestidad intelectual es crucial para hacer una conversación fiel pero el mismo traslado de la cosa a la palabra ya la somete a una cierta desvirtuación. En el segundo registro las palabras de las palabras, es decir la referencialidad con una nueva tanda de producciones verbales la anterior tanda ya hay otro grado de desvirtuación pues sigue rigiendo el riesgo de deformación en la interpretación siguiente. Puesto que los hablantes no hablamos de un solo tema a no ser que en unas condiciones muy controladas de estudio lo exigieran así y mezclamos temas y relacionamos datos, la vida de las palabras es un continuo trasiego de combinaciones. El carisma del hablante existe a partir de sus habilidades expresivas en mezclar de maneras inusuales las palabras. Esto no puede ser al azar. La posibilidad matemática combinatoria de un cierto numero de palabras distintas y repetidas de un texto dado del tamaño que sea (de 100 vocablos o de cien mil) da lugar en el segundo caso a millones de formas organizacionales de las que su aplastante mayoría serian descartables por no tener valor de significación, serian la pura locura. De la minoría que tuvieran sentido los hablantes se distinguen entre quienes se someten a los clichés expresivos aburridos y a los que juegan con el lenguaje inventando nuevas maneras alegóricas de impactar en los egos de sus lectores u oidores.

Aunque el sujeto hablante no tenga motivos para silenciar información personal de su vida que le competa, basta que el receptivo que a su vez traslade la información a un segundo registro ordenándola de manera distintas para que la interpretación resultante sea sustancialmente distinta a la dada en su primer registro. Dos frases exactamente idénticas no tienen el mismo valor en un contexto que en un otro, tampoco en un hablante que en otro. Por eso se malogra la inteligencia cuando un criterio apto elaborado desde la lógica se convierte en un material doctrinario dándole el peso de un dogma.

La sociedad en sus complejidades trasiega continuamente con la información. De hecho es la materia prima de mayor coste. Se pagan impresionantes fortunas para saber a tiempo datos antes de que lo sepan los competidores. En el momento de escribir esto todavía se esta discutiendo acerca del despilfarro para pagar informes de estudios urbanos1. No dudo de tales despilfarros con cifras impresionantes. Las inversiones en estudios superfluos con minutas supercaras de gabinetes que se podrían llevar a cabo con la misma eficacia o mayor de maneras económicas ejemplifica como la información además de trasladar datos trafica en si misma con influencias.

A los habitantes de una sociedad no transparente en la que se oculta casi todo ante casi todos (siempre hay ropa tendida a tener en cuenta antes de hablar) nos ha tocado movernos dentro de culturas restrictivas y condenadamente hipócritas. La definición más simple de hipocresía es la de pensar una cosa y decir otra. Se distingue totalmente de la inconsecuencia (pensar una cosa y hacer otra) aunque el decir es una forma de hacer y eso lleva a convertir en aliadas la una de la otra. Hay otras razones no especulativas ni de cobardía para callar informaciones, en particular en el campo sentimental. El no deseo de A por C comunicado a B en el primer registro lingüístico como una información sincera puede convertirse en un impacto catastrófico cuando B en una total falta de delicadeza y no sabiendo corresponder a la confidencialidad que la ha depositado A se lo comunica a C ,anticipándose a la prerrogativa de que lo haga A. Es como si el psicoanalista llamara tras la sesión con su consultante a figuras de su constelación para decirles lo que piensa o siente realmente aquel de estas. La triangulación de la confidencialidad en la que está presente el rol del psicoanalista sirve para ilustrarla mejor que nadie. La imposibilidad de hablarlo todo y en partricular de sus síntomas graves a las personas del contexto habitual llevan a la personalidad trastornada a constituirse en analizante para plantearse una cura que en parte pasa por la construcción -o recuperación- de su autodominio por lo que hace a la información que necesita y con la que trasiega en su vida. Un consultante que depositara información personal en un profesional (el elenco de roles se extiende a otras profesiones: abogado, notario, cirujano...) el cual faltara a su código deontológico saltándose el secreto profesional se autodeslegitimaria automáticamente. No han faltado las lecciones de quienes han enseñado como socializar informaciones para el bien común. Jonas Edward Salk descubridor de la primera vacuna contra la polio no hizo negocio con el hallazgo. Al ser preguntado en una entrevista porque no lo había hecho contesto con una pregunta ¿acaso se puede patentar el sol?

A partir de ese principio, en otra etapa posterior totalmente desvirtuado y pervertido, la sociedad vive de espaldas a si misma ocultando información para que patentes, inventos y conocimientos no sean socializados de tal modo que todos tengamos que pagar por repetido por ello. Actualmente la tecnología ya esta permitiendo la existencia de una internáutica autogestionada sin tener que pasar por operadores intermediarios a los que pagar mas allá de sus inversiones ya amortizadas. Volviendo a los datos en sí y no a los espacios o modos de darlos, el sujeto hablante se mueve filtrado por dos grupos de factores de presión distintos: por una parte su necesidad de verdad, tanto de recibirla como de darla; de otro, su consideración para que esas verdades no dañen imprudentemente.

La sociedad de la total transparencia es por ahora inconcebible y no solo por un sistema económico-político que trafica con informaciones sino también por la estructura psicolinguística. En las distintas formas de los hablares cada hablante ya sabe hasta dónde puede extender lo que sabe en los demás, la prudencia o no de hacerlo, su propia necesidad extroversiva en querer decirlo todo aunque no interese y su confiabilidad en la correspondencia del depositario. Desde una temprana edad de las relaciones verbales los prepúberes ya saben o interiorizan que todo no se puede decir y que la información tiene un coste. También aprenden que hay quien la tergiversa y eso da motivos para silenciársela en una siguiente ocasión. Esto pondrá el memorándum subjetivo para uno de los dramas comunicacionales de la existencia humana: la necesidad de decir y los problemas de bloqueo para hacerlo. Este bloqueo puede ser patológico, de origen personal, por una inhibición que somete la personalidad a los propios miedos o ajenos; o puede ser impositivo, de origen extrapersonal, por una represión sometida por figuras de control. Decirlo todo es un slogan que se cae por su propio peso cuando es el torturador el que quiere sonsacar la verdad para destruir la libertad y la vida de los demás.

Habrá siempre que distinguir entre la información dada porque es crucial para una situación y tema, a aquella que es dada para ridiculizar o herir. También de la que es soltada por un acto de impulsividad reflexiva. Quienes son victimas de su impulsividad soltándolo todo sin tener consideración por una situacion dada todo lo que proporcionan es la evidencia de su mismos, de su incotención verbal y de su pulsión buscando una comprensión que no encontraran ni a la que tendrán derecho en un auditorio. Es un revival de la típica pataleta. El loco es loco no porque lo que diga no sea o pueda ser cierto sino porque lo dice en un acto fuera de juego en una situación dada.

El origen de la pluralidad de registros comunicacionales está en las diferentes tomas de posición de partida en relación a los temas de los que se habla. La complejidad aumenta cuando cada sujeto hablante se convierte, a su turno,en objeto temático por otro, con todos sus contenidos hablados que son tantos otros objetos de referencialidad y revisión. Para que cada registro lingüístico tenga validez y credibilidad deberá pasar por encima del encadenamiento de mensajes en los que se ha aumentado su cuota de tergiversación y volver a la fuente original de la toma de datos.

La libertad de expresión apuesta por maximizar la comunicación a la mayor cantidad de ámbitos posible. Esto genera un proceso basado en un ideal. El sujeto hablante sería o es el intermediario entre toda la información que posee y los receptores a los que puede dársela. Como que la información no es una sola ni estática sino pluritemática, creciente y modificable y como que los depositarios no constituyen un parámetro único sino una pluralidad de sensibilidades y capacidad heterogéneas, cada informante lo es a su manera según lo que tiene y lo que puede dar, según cómo y de quien ha recibido datos y según quien y como los quiera. Al hablar de información, la palabra información, la refiero en su amplio sentido no solo al que se circunscribe al campo de las noticias coyunturales. La información es la manera de referir sucesos y pensamientos, el pasado y los planes de futuro, las cosas definibles y los conceptos en ascuas.

En los trasiegos informativos de lo personal una parte considerable de los conflictos y padeceres humanos pasan -siguen discurriendo- por informaciones ciurculantes que dañan. Prematuramente, un hablante pide de otro que elige como confidente a que no diga nadie mas aquello que le comunica. Vuelve a ser un esquema de triangulación en la que se define un tercero para que quede excluso de la información manejada o se elige a un segundo para que lo sepa inmediatamente después de que uno lo sabe el pack temático de lo que sea en curso. Aunque no haya alevosía en estos trasiegos el conjunto de los demás en relación a la información que poseemos se coloca en un orden dado que incluso puede ser espontaneo. No se calla lo que se sabe para esperar a tener el estadio futbolístico lleno para soltarlo. Se van diciendo las cosas conforme se van adquiriendo y según quien o quienes estén a mano para decírselas y formen parte del interés propio en hacerlo y del interés ajeno en escucharlo. Los conflictos interpersonales le deben mucho a la gestión informativa de lo personal. El hablante cuenta mas o menos de su vida a otro según si conecta con su sensibilidad receptiva. Tan pronto no la halla lo descarta como confidente aunque pueda hablar de temas neutros con esa persona y protocolice ademas de protagonizar espacios de sonoridad verbal. Descartar al otro como confidente remite a varias posibilidades: desde su condición de usuario de discurso lesivo a su falta de sentido de confidencialidad a su falta de comprensión.

En los actos de habla se dice de todo: eso le da grandeza y también bajeza. En cuanto un hablante hace afirmaciones irracionales, totalmente infundamentadas o cuando usa falsificaciones tal vez consiga hacer daño a aquellos que implica con su perjurio pero al ser descubierto a quien mas perjudica es a sí mismo porque pierde toda credibilidad. Esa perdida de credibilidad le puede acompañar el resto de su vida.

La potencialidad lingüística de la comunicación es infinita. En tanto que organismo viviente que no para de crecer (en extensión numérica del campo semántico y en intensidad cualitativa de las precisiones gramaticales) el habla es lo que seguimos teniendo para comunicarnos los unos a los otros, para indagarnos y seducirnos, para sentimentalizarnos y aprendernos. Sí, por supuesto, no es lo único pero configura los actos diarios más básicos que corroboran la posición de cada humano ante los demás, ante la sociedad y ante la historia. Cuanto mas selectos sean los hablantes en la forma de elegir sus palabras y mas cuidadosos sean/seamos con nuestros comunicantes más vacíos resolveremos en las culturas en las que nos movemos.


1Concretamente en la ciudad de Barcelona.

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