FLUENCIA TRANSCULTURAL

Co-Pensar en voz alta

El Debate o Co-Pensar en voz alta.

Lo verdaderamente constitutivo de un debate es el aprendizaje mutuo de los/las polemistas en lo que se dice y/o va discurriendo. Se sabe cuando se forma parte de un debate por la importancia que tiene centrar el tema en sus ejes principales concatenando las distintas tesis que van saliendo y volviendo una y otra vez a ellas dentro de un proceso simbiótico en la medida de lo posible. El objetivo del debate no es el speech del conferenciante en persuadir sino el de revisar las propias posiciones teóricas y aprender de las que concurran. Si ese presupuesto inicial no es dado y la pretensión dominantes de unos o de todos es el de prevalecer a toda costa para imponer el criterio propio a toda costa, el escenario hablado más que ser el de la polémica dentro de una entente cordiale será el de una jaula de grillos en las que todos vocean y nadie se escucha (y pido excusas a los grillos como siempre que utilizo una frase hecha que implica un substantivo que nombra a alguna especie animal).

Que un debate sea fluido, correcto hasta la impecabilidad y fértil hasta la sabiduría, depende del conjunto de polemistas que participen, de la cantidad de erudición expositiva que concurra, del respeto a los turnos de habla y escucha, y, especialmente, de la finura y honestidad intelectual que se emplee. En el debate concurren distintos tipos de energías psíquicas: la emocional y la intelectual no están tan separadas aunque los protocolos implicados en el razonamiento no tendrían porque verse comprometidos por reactancias emocionales. Sabiéndolo, toca distinguir de cada hablante cuando habla (o escribe) dejándose llevar por la pasión generada por su herida o por su emocionalización repentina y cuando lo hace exponiendo desde la serenidad su saber.

En el debate con presencia oral las formas de conducta son distintas a cuando se hace impresencialmente en foros donde se escribe (aquí, inexplicablemente, aún se participa con pseudónimos, nicks enmascaradores y ausencias de fotos). El espacio presencial suele inhibir los comportamientos mas maleducados mientras que el impresencial los exacerba por el margen de clandestinidad que permite. En principio esconder la imagen y el nombre real no tienen porque ser determinantes para las malasartes. Se puede ser clandestino y ético, pero son factores que coadyuvan a un tipo de sujetos a participar de malos modos confundiendo un debate de conceptos y realidades con una discusión de lo personal.

Lo que hace a los debates (escritos u orales) fastidiosos es el encadenamiento de entradas escuetas que se van contestando las unas a las otras despegándose del tema central. Diríase que estas situaciones lo que predomina es la pulsión de intervenir más que el deseo de aclarar. Lo interesante de las aportaciones, cuando son realmente aportaciones y no regurgitaciones de fraseología hecha, es que vincula a quien la hace con lo que ha dejado escrito. No puede negar haber dicho de lo que escribiera una nota antes aunque si desdecirse y reconocer su error por un argumento superior que lo desenmascara.

En la observación de las cadenas de textos fragmentados (algunos tan cortos que su falta de desarrollo se presta a numerosos equívocos, también por las ausencias de comas o su descolocación) toca distinguir si cada aporte es por un pequeño detalle de la entrada anterior o tiene relación con la o las tesi/s que se están barajando. Además hay que tener en cuenta que si el debate oral se presta a oratorias excelsas y retóricas artísticas el escrito también se presta a potenciar literaturas que además de informar y formar buscan compartir el placer de la lectura como extensión del placer de su escritura. Es así que todo debate además de lo que debate como nodo central tambien debate colateralmente sus formas y maneras, su metodología o no, su versatilidad o su falsación. Las maneras son siempre muy importantes. Cuando alguien antepone su visceralidad a su razonamiento es porque le sobra de aquello y le falta de esto. Determinados apeamientos del trato ayudan a la discusión pero tan pronto es reemplazada por el insulto a lo que se están enfrentando los demás polemistas es a una exhibición de ignorancia. Quien no tiene nada relevante que decir se descerraja con frases hechas y palabras hirientes o bien palabras elogiosas pero que en ambos casos no contribuyen a nada salvo al malgasto de espacio. Ante líos veredictos lapidarios todo lo que puede hacer un intelectual es centrar la atención en lo esencial y prescindir de las formas. Un debate prevalece si se discute lo esencial no la multitud de subtemas derivados a los que va dando a lugar. Un sesgo común en los foros con colas de comentarios es que el ultimo que comenta algo discute un aspecto del subúltimo y así sucesivamente alejándose del planteamiento de partida.

Entendemos que hay temáticas que se prestan más a la disertación indeterminada que potras. Cuanto mas opinativo sea un tema mas cancha para el participacionismo se da, sin embargo lo intreresante de la participación extensiva es que no caiga en una pérdida fatal de calidad. Ademas de aprender los unos de los otros discutiendo posiciones incorrectas, la misma discusión lleva a informarse mejor y a formarse con el recurso a otras fuentes para desatascar una polémica viciada.

Hay temáticas como la de la condición de mortalidad del ser humano y la hipótesis de su alma viajera que no suelen dejar a nadie indiferente. Dan lugar a hablas espirálicas interminables que se podrían prolongar todo lo que se quisiera si un imperativo no las cerrara. De hecho desde que la humanidad se autopiensa como especie privilegiada con su cultura y sus credos, los rituales, las creencias y las arquitecturas que giran en torno a la vida después de la vida no se han extinguido por acientíficas que sean sus defensas argumentísticas.

Una discusión estricta que quiera evitar los derrapajes es la que plantea sus puntos de un modo ordenado e implícitamente numerado. Discutir una o dos de las n cosas que un interviniente plantea, para que el siguiente haga otro tanto con esa intervención y así sucesivamente lleva a un arrastramiento penoso de déficit estructural de la discusión por mucho que se prolongue en el calendario y en la extensión gráfica. Lo interesante de un debate no es tanto persuadir como absorber, no es tanto vencer como convencer, no es tanto imponer el propio criterio como entender la lógica del criterio del otro. No hay nadie que pueda prescindir de la sinergia intelectiva por muy alto que sea su nivel formativo y su capacidad para la discusión. El debate, a diferencia de otros espacios de habla a los que las dinámicas de relaciones nos llevan, es donde mas se demuestra la advertencia de que un hablante es dueño de su silencio pero esclavo de su palabra, trocando este ultimo término por el de compromiso con ella. Cada sentencia que afirma o que niega hace algo mas que declarar a favor o en contra de algo, tambien posiciona alguien en una u otra lista de actitudes, según lo cual se va a acetar y esperar o no su cooperación. Determinadas frases colocan tanto a sus hablantes en lo que son que aun antes de conocerlos presencialmente ya se descarta la hipótesis de hacerlo. Uno de los deseos mas excelsos es el de encontrar en nuestros semejantes maestros de la vida y personas compañeras con las que vibrar en la comprensión mutua. Cuando las discusiones revelan actitudes de sabotaje o de rabiosidad dogmática o de afirmas que no dicen mas que el porqué sí o porque está escrito, nos encontramos ante planteamientos fundamentalistas y que empujan a hacer presunción de sus peligros por la via del dogmatismo y el imposicionismo.

Para evitar la aparición de las malas energías es mejor no morder el anzuelo de las personalizaciones en ningún caso y dejar que las afirmaciones por injuriosas o calumniantes y falsas que sean, sean desbancadas por la observación objetiva de los demás. Es necesario distinguir entre la circulación de un dato inexacto o de un bulo sin intencionalidad malévola dado el desconocimiento de quien lo divulga a quien pervierte la discusión sacándola de madre. En la peor de la situaciones de desmadre quien sale fuera de juego tambien forma parte de la cancha psicolingüística. Tanto quien calla como quien dice barbaridades son interpretables por su no compromiso con los caldos verbales en plena ebullición. Decir una barbaridad es una forma de escapada coyuntural, una suspensión del raciocinio, que puede ser mas o menos grave según lo mas o menos consciente que se sea de ella quien la haga ante un desenlace en curso. Lo que menos se aprende en escuelas y universidades es la metodología científica con su proyección aplicada a la controversia. Se carece de intencionalidad constructiva y suele andar sobrada de sobrados que no emplean el principio de humildad como un componente esencial para la sinergia.

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